Hacia la emancipación



Felipe II, Duque de Orléans (1674-1723) Regente de Francia durante la minoría de edad del rey Luis XV.

La regencia del Duque de Orléans, bien empezada, se vuelve a la postre tremendamente impopular. El principal ministro del Regente, el Cardenal Guillaume Dubois, antiguo preceptor suyo y compañero de orgías, es odiado por la opinión pública. Es él quien decide reabrir las doradas verjas del Palacio de Versailles y desempolvar las estancias del templo solar, para que Luis XV regrese en ese magnífico escenario donde mejor representará su papel de gran monarca, rodeado de autómatas serviles como antaño. Después de tanto tiempo, la Corte vuelve a formarse entorno al soberano, devolviendo al Real Sitio su animación y brillantez de antaño.


el Cardenal Guillaume Dubois (1656-1723), Arzobispo de Cambrai; antiguo preceptor del Duque de Orléans, este virtuoso de la diplomacia secreta fue el artífice de la Triple Alianza, consiguiendo un reacercamiento entre Gran-Bretaña y Francia para contrarrestar las maquinaciones del Rey Felipe V de España.



La Corona del Rey Luis XV (1722); especialmente creada para su coronación en la catedral de Reims, luce entre otras piedras preciosas el famoso diamante "El Regente", adquirido en 1717 por el Duque de Orléans por la suma de 650.000 Libras Esterlinas; nuevamente tallado en Londres, su peso se redujo a 140,5 quilates. Hoy se puede admirar entre los "Tesoros de la Corona" expuestos en la Galería de Apolo, del Museo del Louvre (París).

En 1722, el propio Cardenal Dubois se encarga de organizar la ceremonia de coronación del rey en la catedral de Reims, y de que los joyeros y orfebres reales fabriquen una nueva corona, más ligera que la de Carlomagno y más moderna en su diseño, en la que se engarzará gran número de diamantes y piedras preciosas que forman parte de la Real Colección de Su Cristianísima Majestad (la fabulosa herencia de Luis XIV, gran coleccionista de gemas). Desde la última coronación, habían pasado nada menos que sesenta y ocho años, y los franceses, muy atraídos por las celebraciones pomposas, no querían perderse la más importante del reinado. El joven soberano tiene entonces 12 años de edad cumplidos, cuando sube los peldaños que le llevan hasta el trono de San Luis.


el joven Luis XV, Rey de Francia y de Navarra (1710-1774), retratado en 1722 con los hábitos ceremoniales de su coronación, a la edad de 12 años.

El Regente ha encontrado, por su lado, una prometida para Luis XV, una infanta española: María-Ana Victoria de Borbón Farnese, hija mayor de los reyes de España Felipe V e Isabel de Parma, de ocho años más joven que su novio (tiene 5 añitos). A la Infanta se le asigna residencia oficial en el Palacio de Las Tulerías, tras llegar a París en enero de 1722, para que se la educase en las costumbres galas. La posible unión de la Infanta con el rey era una garantía para reasegurar la paz entre las dos ramas, anteriormente muy comprometida por la fallida conspiración urdida por la Corte de Madrid y sus simpatizantes franceses, los Duques du Maine (que reclamaban para si la regencia, que el Duque de Orléans les había arrebatado cuando hizo anular el testamento político de Luis XIV en 1715, echándoles del Consejo de Regencia), y el embajador español Cellamare contra la Casa de Orléans (el regente era el eventual sucesor de Luis XV si llegara a morir sin descendencia legítima). Para completar y asegurar esa paz tambaleante, una hija del Duque de Orléans, la princesa Luisa-Isabel (1709-1750) casará con el Infante Don Luis, Príncipe de Asturias, con tal de sellar el trato hispano-francés.


Luis-Augusto de Borbón, Duque du Maine, Príncipe de Dombes y Conde de Eu (1670-1736); este hijo legitimado de Luis XIV y de Madame de Montespan, se dejó enredar en la "Conspiración de Cellamare" a instancias de su ambiciosa mujer y por una cuestión de revancha contra el Duque de Orléans, quien le había privado de su puesto de co-regente de Francia gracias a la anulación testamentaria de su padre por parte del Parlamento de París, favorable a Orléans. Aliado a España, pretendían que la Corona Francesa recayese en Felipe V y él asumase la regencia en su nombre, tras el previo asesinato del duque de Orléans y lamás que probable muerte del joven Luis XV, dada su precaria salud.

Cuando Luis XV celebra su décimo tercer cumpleaños, el 15 de febrero de 1723 (fecha de su declaración de mayoría de edad), el Duque de Orléans deja de ser regente y se presenta ante el imberbe monarca para anunciarle su renuncia formal al Gobierno, aunque le inducirá a permitirle permanecer al frente de los Asuntos de Estado en calidad de primer ministro suyo. Luis XV, consciente de su inexperiencia, aceptará la propuesta de su tío, pero la salud de Felipe II de Orléans decae gravemente a consecuencia de sus innumerables excesos. Diez meses después de su nominación como "primer ministro", el Duque Felipe II de Orléans fallece brutalmente de un fulminante ataque de apoplejía en su gabinete de Versailles. El antiguo preceptor del Rey, el venerable y bondadoso obispo de Fréjus, André-Hercule de Fleury, entrará en el Consejo Real pero dejará que sea el Duque de Borbón, primo del soberano y acérrimo enemigo del difunto Duque de Orléans, quien asuma las riendas del poder en calidad de primer ministro.


Luis IV Enrique, Duque de Borbón y 7º Príncipe de Condé (1692-1740); acérrimo enemigo del Duque de Orléans y temeroso de que éste o sus hijos reinasen, desbarató el noviazgo franco-español amparado en la urgencia de que Luis XV casase con una princesa núbil y en edad de darle larga descendencia, con el fin de asegurar la supervivencia de la rama primogénita de la dinastía, aunque ello suponiera para él y los suyos alejarse del trono. Su error, como Primer Ministro, consistió en favorecer descaradamente a los especuladores y financieros, y en retomar las persecuciones contra los protestantes.



Luis I, 3er Duque de Orléans (1702-1752); el hijo del Regente era el presunto heredero del Trono de Francia si Luis XV viniese a fallecer sin hijos. Había casado con una princesa alemana y católica, Augusta-Maria-Juana de Baden-Baden, que iba a morir de sobreparto en 1726...

Dadas las frecuentas enfermedades del rey, el Duque de Borbón decide casarle cuanto antes con una princesa que sea núbil y con posibilidades de engendrar un sucesor. Para ello, tendrá que anular el anterior compromiso con la Infanta de España, aún una chiquilla, y devolverla a Madrid. La medida provoca un tremendo incidente diplomático entre Madrid y Versailles. A todas luces, la actuación unilateral del Duque de Borbón responde al temor de ver al Duque Luis I de Orléans (hijo del regente), suceder en el trono a Luis XV si éste viniera a fallecer inesperadamente. Para él, es prioritario que el rey obtenga descendencia cuanto antes y, con ello, relegue a los Orléans lejos de los peldaños del trono. Para sus fines matrimoniales, el Duque de Borbón manda redactar una extensa lista de princesas casaderas, con un total de 89; de éstas, 25 son católicas, 3 protestantes anglicanas, 13 protestantes calvinistas, 55 protestantes luteranas y... 3 griegas ortodoxas!


Luis XV, Rey de Francia y de Navarra (1710-1774); retratado en 1725 por H. Rigaud, con el atuendo de la coronación y con los símbolos de la monarquía francesa...

El duque mirará en primera instancia hacia el otro lado del Canal de La Mancha, solicitando por vía diplomática extraordinaria la mano de una de las tres hijas del Príncipe de Gales, nietas de Su Graciosa Majestad el rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda (aprovechando que Francia y las Islas Británicas están en paz y han firmado una alianza, algo frágil, desde 1715). Las princesas Ana y Amalia de Gran-Bretaña eran adecuadas, pero el Parlamento londinense mostró cierta tibieza y el asunto fue, lamentablemente, abandonado. Luego se barajaron 17 nombres, cada uno de ellos acompañados por una corta apreciación de cada diplomático: a la Infanta de Portugal, Maria-Josefa de Braganza, la deshecharon por su mala salud y los antecedentes de fragilidad mental en la dinastía Lusa; la princesa Carlota-Amalia de Dinamarca, luterana, resultó ser una novia sin ventajas políticas para Francia; las Grandes Duquesas Ana e Isabel Petrovna de Rusia, marcadas por los humildes orígenes de la madre (había sido una prostituta de burdeles frecuentados por la soldadesca) y por las brutales costumbres rusas, aparecían como dos candidatas con serios inconvenientes; la princesa Elisabeth de Lorena tampoco parecía aportar ventajas políticas y la simpatía que los Duques soberanos de Lorena sentían por la Casa Imperial de Austria, disgustaba enormemente... Y así, hasta llegar a los números 16 y 17, que escondían las candidaturas de las dos hermanas del propio Duque de Borbón, las princesas Enriqueta-María y Teresa-Alejandrina de Borbón-Condé. Pero una boda con una de ellas habría dado demasiado poder e influencia al duque, y el asunto fue desestimado. El Duque de Borbón prefirió no insistir...

Una Princesa para el Rey


Estanislao I Leszczýnski, Rey de Polonia (1677-1766); este magnate polaco, conde palatino de Posnania, fue elegido rey de Poloniareinando de1704 a 1709, como candidato de Carlos XII de Suecia para frenar la influencia rusa; destronado por su rival el Elector Federico-Augusto II de Sajonia, pro-ruso,acabó refugiado en Francia y con sus enormes bienes secuestrados, dependiendo de la bondad del Estado Francés...

Entre los nombres de las princesas que no habían sido retenidos, figuraba el de la hija del destronado rey Estanislao I de Polonia, la Princesa María Leszczýnska. Padres e hija se habían refugiado en el castillo de Wissemburgo, en Alsacia (gracias a la bondad del regente Felipe II de Orléans), dónde vivían con estrecheces, recibiendo con irregularidad una renta concedida por el Gobierno Francés. La reina Catalina Opalinska tuvo que empeñar sus joyas en Frankfurt. Estudiada como todas las otras princesas alemanas por el Caballero de Méré, la princesa María fue muy elogiada en sus informes dirigidos al Duque de Borbón. Su situación atrajo entonces el interés de la Marquesa de Prie, amante del duque, pensando en lo ideal que sería tener a una reina de Francia eternamente agradecida por haberla sacado de la miseria.



María Leszczýnska, Princesa Real de Polonia (1703-1768); retratada en 1725, para ser presentada como candidata a futura consorte del rey Luis XV de Francia...

Cuando Luis XV supo que casaría con la princesa de Polonia, de 7 años mayor que él, no expresó alegría ni descontento: pareció acoger la noticia con indiferencia. Se dió entonces por aprobada la propuesta y el 27 de mayo de 1725, se anunciaba oficialmente en la Corte de Versailles, por boca del Duque de Gesvres, la próxima boda de Su Cristianísima Majestad. Huelga decir que la sorpresa fue general. Al pueblo, la noticia disgustó: el hecho de encumbrar a una polaca arruinada y sentarla en el trono de Francia, parecía insultante. La opinión pública se mostró decepcionada por lo que iba a ser una unión sin prestigio para el reino...

El propio duque Luis de Orléans (1702-1752), que se había casado en 1724 con la princesa Augusta María Juana de Baden-Baden, hija del margrave Carlos-Guillermo I de Baden y nieta del famoso "Türkenlouis", consideraba que su boda había sido mucho más brillante que la que iba a hacer su primo el Rey. Pero ya estaba todo discutido.


Pintura rememorando la boda del rey Luis XV con la princesa María Leszczýnska, el 5 de septiembre de 1725 en la Capilla Real del Real Sitio de Fontainebleau...

La boda real se celebró en la capilla del Castillo Real de Fontainebleau, el 5 de septiembre de 1725. Luis XV tenía 15 años de edad y María 22 primaveras en el momento de presentarse ante el altar. Para la ceremonia, la reina endosó el tradicional atuendo de las consortes reales después de 3 horas de preparativos: el vestido de terciopelo azul sembrado de flores de lis bordadas con hilo de oro, con su escote de armiños y encajes, y el amplio y largo manto de las reinas, idéntico al vestido en sus bordados, con las armas de Francia (la flor de Lis) y doblado de armiño, cuya pesada cola era sostenida por cuatro princesas de la Sangre y, sobre su cabeza, la corona de las Reinas de Francia, cuajada de perlas, diamantes, rubíes, zafiros, topacios y esmeraldas de gran tamaño. El rey vistió el atuendo ceremonial de Gran Maestre de La Orden del Espíritu Santo, hecho de seda bordada con hilos de oro y plata, con brillantes engarzados, con una corta capa blanca y negra con encajes y pasamanería de oro y plata, con la gran-cruz de la orden cosida a la altura del hombro izquierdo. En la testa, un sencillo tricornio bordado de pasamanería y un gran penacho de plumas blancas prendidas con el diamante "Regente", a modo de adorno. Precedían a los reyes los caballeros y gran-cruces de la Orden, ricamente vestidos con los suntuosos hábitos de la cofradía.


Luis XV, Rey de Francia y de Navarra (1710-1774), retratado con la coraza de una armadura...

En realidad, Luis XV y María ya estaban legalmente casados desde hacía unas semanas, cuando el duque de Orléans fue enviado a Estrasburgo, en calidad de representante del rey, para casarse "por poderes" con la princesa polaca, en la catedral de la capital alsaciana. Pero aquel 5 de septiembre, y respetando la tradición, la boda real fue bendecida a la una de la tarde. Tras los festejos, el banquete nupcial y la representación teatral, los monarcas se retiraron a sus aposentos sin demora. Se acostaron a las 11 de la noche y no reaparecieron en público hasta la 1 de la tarde del día siguiente. Luis XV estuvo en la alcoba de la reina hasta las 10 de la mañana tras honrar, siete veces consecutivas, a su flamante esposa. Se puede entonces afirmar que la vida matrimonial de los reyes fue excelente durante los primeros años. Luis XV había dejado de ser indiferente; era más alegre y participaba en todas y cada una de las fiestas cortesanas, pese a que su pasatiempo favorito permanecía siendo la caza. Y se sabe a ciencia cierta que el rey visitaba a la reina cada noche, sin faltar una sola vez. En consecuencia, los embarazos de la reina fueron contínuos.


Maria Leszczýnska, Reina de Francia y de Navarra (1703-1768). Fue de las pocascontadísimas reinas consortes que, casada por intereses de Estado, disfrutó en sus primeros años de una vida conyugal feliz y próspera en muchos sentidos...

(Continuará)