LUIS XV "EL BIEN AMADO"
REY DE FRANCIA & DE NAVARRA
1710 - 1774

FICHA TÉCNICA:
-Nacido el 15 de febrero de 1710, en el Palacio Real de Versailles.
-Hijo de: Luis de Francia, Duque de Borgoña y Delfín de Francia, y de la Princesa María-Adelaïda de Saboya.
-Proclamado Duque de Anjou al nacer.
-Proclamado Delfín de Francia, el 18 de febrero de 1712.
-Proclamado Rey de Francia y de Navarra, el 1 de septiembre de 1715.
-Coronado el 25 de octubre de 1722, en la Catedral de Reims.
-Casado el 5 de septiembre de 1725, en el Castillo Real de Fontainebleau, con María Leszczýnska, Princesa Real de Polonia, hija del Rey Estanislao I de Polonia y de la condesa Catalina Opalinska.
-Hijos habidos:
-María Luisa Elisabeth de Francia, Duquesa de Parma, 1727-1759.
-Ana-Enriqueta de Francia, Madame Segunda, 1727-1752.
-Luisa María de Francia, Madame Tercera, 1728-1733.
-Luis Fernando, Delfín de Francia, 1729-1765.
-Felipe de Francia, Duque de Anjou, 1730-1733.
-María Adelaïda, Madame Cuarta, 1732-1800.
-Victoria-Luisa, Madame Quinta, 1733-1799.
-Sofía Filipina, Madame Sexta, 1734-1782.
-Teresa Felicidad, Madame Séptima, 1736-1744.
-Luisa-María, Madame Octava, Abadesa, 1737-1787.
-Hijos naturales habidos: 8
con Pauline-Félicité de Mailly-Nesle, Marquesa de Vintimiglia:
-Carlos-Manuel de Vintimiglia, Marqués du Luc, 1741-1814.
con Marie-Louise O'Murphy:
-Agata Luisa de Saint-Antoine de Saint-André, 1754-1774.
con Marguerite Hainault:
-Inés Luisa de Montreuil, 1760-1837.
-Ana-Luisa de La Réole, 1762-1831.
con Lucie d'Estaing-Saillans:
-Inés Lucía Auguste, 1761-1822.
-Afrodita Lucía Auguste, 1764-1819.
con Anne Coupier de Romans:
-Luis Amado de Borbón, abad, 1762-1787.
con Jeanne-Louise Tiercelin de La Colleterie:
-Benedicto-Luis de Borbón, abad, 1764-1837.
-Fallecido el 10 de mayo de 1774, en el Palacio Real de Versailles.
Un niño en el trono
El último vástago superviviente de una familia real aniquilada por la viruela o "asesinada" por los cirujanos -auténticos carniceros-, debía su vida a su aya y gobernanta la Duquesa de Ventadour, que le arrancó de las zarpas de una legión de galenos al enfermar de viruelas como sus dos hermanos mayores, ya difuntos y matados por los que se suponían salvadores de vidas. Con ayuda de experimentadas comadronas y curanderas, el que iba a ser rey fue salvado de la muerte por aquella mujer que le dió el amor maternal y la protección que necesitaba un desemparado huérfano como Luis XV. Sus padres, Luis de Francia y María-Adelaïda de Saboya, duques de Borgoña y delfines de Francia, habían fallecido casi al mismo tiempo (en 1712), de viruelas al año de desaparecer el Gran Delfín.

el joven Luis XV, Rey de Francia y de Navarra (1710-1774), retratado por Gobert en 1715, el mismo año de su subida al trono, con apenas 5 años de edad.

el padre de Luis XV: Luis de Francia, Duque de Borgoña (1682-1712) y luego efímero Delfín de Francia entre 1711 y 1712 antes de fallecer de viruelas; retratado por Rigaud en 1704.

La madre de Luis XV: Maria-Adelaida de Saboya, Princesa de Piamonte y Duquesa de Borgoña (1685-1712); su hermana era entonces la esposa del rey Felipe V de España...
Muerto el septuagenario rey Luis XIV de gangrena, en septiembre de 1715, subía al trono su único bisnieto superviviente con 5 años de edad con el nombre de Luis XV. El Palacio de Versailles se vació de la noche a la mañana y la corte se dispersó, cerrándose por vez primera las pesadas rejas doradas del templo solar. Los grandes cortesanos se retiraron a sus posesiones provinciales o a sus palacetes parisienses, permaneciendo tan solo los grandes oficiales de la Corona al servicio del niño-rey, instalado en primera instancia en el "Ala del Rey" del Real Sitio de Vincennes mientras se acondicionaba el viejo Palacio de las Tulerías, designado como nueva residencia oficial de la monarquía en la ciudad del Sena.

El Castillo Real de Vincennes (pintura de finales del s.XVII): se aprecia en 1er plano los dos grandes pabellones del Rey y de la Reina y, a lo lejos, el antiguo castillo-fortaleza medieval que servía de cárcel del Estado...
De Vincennes a Las Tulerías

El Palacio de Las Tulerías, tal y como era en pleno siglo XVIII, visto desde la vasta esplanada del Patio del Carrusel.
El vetusto palacio parisiense es una prolongación del Palacio del Louvre, unido a éste por una larga galería que recorre el Muelle del Louvre, construida a instancias de Carlos IX y acabada bajo el reinado de Luis XIII. El palacio de Las Tulerías debía su creación a la regente Catalina de Médicis quien, tras la predicción de que iba a morir cerca de Saint-Germain, abandonó el proyecto al estar en las cercanías de la parroquia del mismo nombre. El edificio fue a parar a manos de Gastón de Orléans y, de éste, a su hija y heredera la Duquesa de Montpensier, quien lo ocupó hasta que, al término de la Fronda de los Príncipes, marchó exiliada al castillo de Saint-Fargeau. La residencia palatina acogió momentáneamente al rey Luis XIV quien acabaría por desdeñarlo a favor de su nuevo palacio de Versailles. El palacio era una auténtica mole, larga y rectangular, con dos grandes fachadas, cinco pabellones rematados por altas cúpulas de pizarra, ocho terrazas y con una altura de tres pisos, codeándose varios estilos arquitectónicos que iban desde el siglo XVI hasta el XVII; comunicaba con el Palacio del Louvre mediante la citada Gran Galería que daba sobre el muelle, a través del Pabellón de Flora, rodeando en cierto modo el gran patio del Carrusel. Más allá de Las Tulerías y de sus hermosos jardines a la francesa, el visitante entraba de lleno en el campo. La capital francesa aún no se ha ensanchado como en la actualidad, pero el conjunto de edificios regios unidos entre sí dan cuerpo al palacio más grande de Occidente. El ministro de Finanzas, Colbert, remodeló y ensanchó los palacios de Las Tulerías y del Louvre, embelleció su arquitectura como la decoración de los Aposentos Reales y de las Salas de Estado con la ayuda del equipo de Versailles, en un vano intento de retener al rey Luis XIV en París. Los sucesivos reyes o emperadores volverían, en el siglo XIX, a vivir entre sus muros añadiendo más dependencias y alas paralelas a la Gran Galería del Louvre.
La Regencia y el milagro de John Law

Felipe II de Borbón, Duque de Orléans (1674-1723), Regente de Francia entre 1715 y 1723; este sobrino y yernode Luis XIV, tuvo que urdir un "golpe" para anular el testamento del rey con el fin de hacerse con la regencia y apartar al Duque du Maine del poder...
Es pues allí que el rey-niño crecerá, al menos durante gran parte del año. Aunque la gran corte de Luis XIV se ha esparcido por la capital, los leales servidores de la Monarquía cumplen escrupulosamente con sus quehaceres diarios reservados a sus cargos, aunque duerman en sus palacetes y se diviertan en los incontables bailes de máscaras que se organizan en el Teatro Real de la Opera hasta bien entrada la madrugada. Pero Las Tulerías no son el centro de atención de los parisinos, sino un palacio vecino, el Palais-Royal, residencia del Duque Felipe II de Orléans (1674-1723), regente de Francia en nombre del rey Luis XV. Casado a la fuerza con una hija natural legitimada del rey Luis XIV, su tío, y de la Marquesa de Montespan, es hijo del difunto príncipe Felipe de Francia, Duque de Orléans, y de la Princesa Palatina Elisabeth-Carlota de Baviera "Liselotte", y hermano de la Duquesa de Lorena (Elisabeth-Carlota de Orléans, esposa del duque Leopoldo I de Lorena y madre del futuro emperador Francisco I Esteban).
De su matrimonio tiene 6 hijas y 1 hijo varón. Se le considera un hombre sumamente atractivo, brillante, cultivado y libertino que, además, ha instaurado una era de fiestas incesantes y de moral relajada. Después de tanta devoción e hipocresía, se impone la alegría de vivir, el libertinaje, los amores adúlteros, el lesbianismo o la homosexualidad sin tapujos. En esa época abundan también los aventureros. Las especulaciones con las acciones de la Compañía del Mississippi y de la Compañía de Las Indias, hacen surgir de la nada a multimillonarios que antes fueron lacayos de algún gran señor de alta alcurnia y que dormían con los caballos.

John Law (1671-1729); este hijo de un rico orfebre de Edimburgo tuvo que expatriarse tras batirse en duelo y matar a su rival. Economista brillante y original, revolucionó la economía con su nuevo sistema basado en el papel moneda...
Un economista escocés respondiendo al nombre de John Law, es el culpable de ese general delirio financiero. Tras fundar un Banco Real privado en 1716, se ha puesto a negociar en nombre del Estado y ha fundado la Compañía del Mississippi, prometiendo pingües beneficios a sus accionistas. A cambio de monedas de oro, vende papel moneda y acciones que acabarán por sobrepasar el capital depositado por culpa de la alta demanda. Mientras, y sin comprometerse públicamente, el Regente apoya a Law y saca grandes beneficios devolviendo solvencia a la Real Hacienda y llenando las arcas del Tesoro Público, vacías al empezar la década.
Muchos nobles y caballeros ávidos, tales como los Duques de La Force, de Biron, de Lauzun, se enriquecen escandalosamente al convertirse en marchantes de ricos paños, muebles de lujo, chocolate, velas, azúcar de caña, lino, lana, maderas preciosas, barriles de ron traídos de las colonias americanas, africanas e indias, que acaparan para encarecer los precios en el mercado. El propio Regente y muchos Príncipes de La Sangre, como el Duque de Borbón, no son una excepción; se han enriquecido fabulosamente multiplicando por diez sus fortunas iniciales.
De repente, en mayo 1720, el entusiasmo de los inversores se convierte en pánico general. Los parisinos se peleaban por hacerse con acciones; ahora se agolpan a las puertas del banco emisor para vender y recuperar su capital en oro. Un rumor ha prendido la mecha y Law pronto se encuentra en bancarrota. Los grandes inversores, príncipes de la Casa Real y nobles señores son los primeros en recuperar su dinero, pero los pequeños inversores lo pierden todo o casi, de la noche a la mañana. Muchas familias se suicidan en grupo, otros se tiran por las ventanas o se cuelgan en sus golfas. Los más modestos, que habían cambiado todo su oro por acciones, acaban en el arroyo con deudas colosales impagadas, mendigando en las esquinas. La turba furiosa saqueará la residencia de John Law y le buscarán para lincharle. Law, completamente arruinado al tener que cubrir con su fortuna personal los numerosos reembolsos, buscará la protección del Regente; éste le facilitará un pasaporte y salvo-conducto, y algo de efectivo, para pasar la frontera holandesa, escondido tras las cortinas de su carruaje y expulsado in aeternam de Francia. Flaco favor a un hombre que había llenado las arcas del Estado y los bolsillos del Duque de Orléans...
El nacimiento de la Ilustración
La Princesa Ana-Luisa-Benedicta de Borbón-Condé, Duquesa du Maine(1676-1753); contrajo matrimonio con uno de los hijos bastardos legitimados de Luis XIV y de la Marquesa de Montespan, Luis-Augusto de Borbón, Duque du Maine. Privada de cualquier protagonismo político, se erigió en la anfitriona y musa de un cenáculo de grandes intelectuales ilustrados, a los que reunía en su residencia de Sceaux.
Pero en esa nueva sociedad de principios de siglo, existen contrastes. Por un lado hay los libertinos, entregados a la frivolidad, y por otro los pensadores: filósofos y científicos que se preocupan por el bienestar social, disertan sobre la política y la moralidad como el Barón de Montesquieu o Voltaire. Así como el Palais-Royal es el centro de todos los placeres, con el Regente como maestro de ceremonias, el fastuoso castillo de Sceaux, residencia de los Duques du Maine, se erige en un foco de una nueva manera de pensar, de filosofar y de discutir de política.
François Arouet de Voltaire frecuenta este círculo de libres-pensadores junto con su amiga la Marquesa du Deffand (que mantienen una estrecha relación epistolar), una mujer brillante e inteligente que ataca de lleno los problemas graves de la época y los discute con Voltaire, sea sobre papel o sentados en la mesa de los Duques du Maine. Junto con el genial matemático D'Alembert (hijo natural de la frívola y voluble Condesa de Tencin), Fontenelle, sobrino de Corneille, el Príncipe de Cellamare, embajador de España, los conocidos Jean-Jacques Rousseau, Denis Diderot, Helvetius y el Conde Algarotti, apodado "el Cisne de Pádua", sin olvidar al científico, geólogo y botanista Conde de Buffon, dan vida a las brillantes "noches de Sceaux".
Charles de Secondat, Barón de La Brède y de Montesquieu (1685-1755).
Los escritos del Barón de Montesquieu influyen en la nueva generación del siglo XVIII. Su "Esprit des Lois" o "Cartas Persas", son obras tremendamente polémicas. Para él no existe mejor sociedad que la británica: la monarquía parlamentaria de Jorge I de Gran-Bretaña, la Cámara de los Comunes, el ministerio de Lord Walpole son el centro de atención de ese magistrado de Burdeos. Todo lo inglés es loable y sueña con convertir a su país en una copia exacta de Gran-Bretaña. El círculo de Sceaux es, por tanto, el polo opuesto del Palais-Royal; si el espíritu es rey, el placer es soberano.
Pueblo y Aristocracia
Para el pueblo llano, lo más importante es el pan, lo esencial en su alimentación junto con el queso. Si aumenta el precio del pan, es la revuelta asegurada. Siendo la carne inaccesible por su precio, el pescado es lo que más abunda en los mercados así como las hortalizas. En el Norte como en el Sur, la situación del campesino es harto difícil. De los frutos de su trabajo, sólo le queda un pequeño y flaco porcentaje, teniendo que pagar sus derechos al señor del lugar y abonar el impuesto del Clero. Obviamente, los estamentos superiores dependen del pueblo y, con los gastos que supone al noble el querer vivir holgadamente en París, se preocupan de las cosechas, fuente principal de sus ingresos anuales. Muchos aristócratas, en su afán de superar el lujoso modo de vida de otros, gastan su fortuna en suntuosos palacetes que decoran con precioso mobiliario; para ello, malvenden sus tierras a los nuevos ricos e incluso las fabulosas joyas de sus esposas para pagar las numerosas deudas que contraen con banqueros y prestamistas. Ya en tiempos de Luis XIV, muchos miembros de la Alta Nobleza, venidos a menos o faltos de más dinero para mantener su oneroso tren de vida en la Corte de Versailles, vencieron los viejos prejuicios sociales al casarse con ricas herederas de conocidas familias de la Alta Finanza, burgueses afortunados en el comercio, sedientos de títulos nobiliarios (recuérdese la obra de Molière, "el Burgués Gentilhombre", que satirizaba a la sociedad de entonces y no deja de tener actualidad) y de enlazar sus oscuros árboles genealógicos con los de rancio abolengo, para adquirir lo que el dinero no parecía concederles: honorabilidad, nombre y distinción.

Tanto el noble como el burgués coinciden en sus objetivos: el primero quiere el dinero del segundo, y el segundo ansía los títulos del primero. Acabaría por cruzarse, mezclarse y fundirse la sangre noble con la plebeya. Y hay ejemplos claros: el Duque de Choiseul, principal ministro de Luis XV, cuyos antepasados emparentaban con la Casa Real Francesa, casaría con una de las hijas del rico financiero Crozat. Otro, el Duque de Lorges y de Quintin, mariscal y par de Francia, suegro del célebre Duque de Lauzun y que pertenece a una de las más antiguas familias nobles del Sur de Francia (los Durfort de Duras), matrimoniaría con Geneviève Frémont d'Auneuil, hija y heredera de un burgués millonario que obtuvo cartas de nobleza de manos de Luis XIV, tras acceder a relevantes puestos dentro del Gobierno.
Se puede decir que la nobleza gala se renueva y, al lado de las viejas y honorables familias, aparecen otras de orígen más modesto, encumbradas por voluntad real como los Colbert y los Le Tellier, leales a Luis XIV.
La aristocracia de entonces se divide en tres estamentos netamente diferenciados por su procedencia: la primera y más distinguida, la nobleza de "espada", que remonta a las primeras cruzadas medievales; la segunda, la nobleza de "toga", que emerge principalmente en el siglo XVI y perteneciente a la magistratura, y cuyos representantes figuran como jueces, abogados, fiscales, administrativos, etc.; y la tercera y más modesta, la nobleza de "campana", cuyos miembros obtienen cartas de nobleza al desempeñar cargos públicos de menor importancia (parlamentos provinciales, administración, intendencia, alcaldía) y por concesión de sus ciudades.
La Educación de un Rey
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Con la minoría de edad del jovencísimo rey Luis XV, se puede decir que la Corte, tal y como se conocía bajo el reinado de Luis XIV, es inexistente o casi. Los parisinos agradecen que su pequeño rey viva entre ellos, en el bullicioso París de principios de siglo. Las muestras de gratitud del populacho son diarias ante las verjas de la residencia real. Luis es entonces un hermoso niño de ojos pardos, que seduce a todo el mundo. Su educación corre a cargo del obispo de Fréjus, André Hercule de Fleury (1653-1743), que había sido Limosnero de la reina María-Teresa de Austria y luego de Luis XIV, siendo designado preceptor del rey desde 1714. El Ayo del Rey (llamado "Gobernador del Rey"), el Duque de Villeroy, también interviene activamente en la formación del real pupilo, inculcándole las buenas y elegantes maneras de Versailles, como el famoso "Paso de la Perdiz", que designa una majestuosa forma de andar, que Luis XV conservará de manera natural toda su vida. También le da lecciones de política:
"cuando un ministro es popular, se le aguanta el orinal, cuando ya no lo es, hay que volcárselo sobre la cabeza"...

François de Neufville, 2º Duque de Villeroy y Mariscal de Francia (1644-1730); hijo del gobernador de Luis XIV y gobernador, a su vez, de Luis XV, fue amigo y compañero de juegos de Luis XIV; un buen cortesano en suma pero un militar sin suerte.

Charlotte-Eléonore Madeleine de La Mothe-Houdancourt (1654-1744), Duquesa de Ventadour, Gobernanta de los Infantes de Francia; la aya del niño Luis XV, tuvo un turbulento pasado: algo de frivolidad, ligereza, pasión por el juego y una belleza por la que suspiraron muchos; era la hija de un Par y Mariscal de Francia, el conde Philippe de La Mothe-Houdancourt, duque de Cardona, y de Louise de Prie, marquesa de Toucy; sus hermanas eran las duquesas de Aumont y de La Ferté-Saint-Nectaire. Casada con un feo, impresentable, corrompido y libertino Louis-Charles de Lévis, Duque de Ventadour y gobernador del Limosín, del que tuvo tan solo una hija -que matrimoniaría sucesivamente con el Príncipe de Turenne, del que envíuda prontamente,y con el Príncipe de Soubise-, se separa para vivir su vida de manera independiente en 1673, tras dos años de infernal matrimonio. En 1704, Luis XIV la nombra para el cargo de Aya de los príncipes, hijos de los Duques de Borgoña. Viuda en 1717, abandona su cargo que recupera en 1727, ofrecido nuevamente por Luis XV para que se encargue de los Infantes de Francia. Fallecería a sus 90 años...

el Duque Felipe II de Orléans (1674-1723), regente de Francia entre 1715 y 1723, en su despacho de Versailles junto con su joven sobrino el rey Luis XV (1710-1774), tras el cual se vislumbra al Duque de Villeroy, su ayo (Pintura anónima de 1722).
Por su parte, la Duquesa de Ventadour, su aya, le impone el porte del corsé como prenda habitual para mantenerlo derecho y hacerle cintura. Sin rechistar, el monarca lo llevaría hasta la adolescencia dando muy buen resultado. Excepto el amor maternal prodigado por Madame de Ventadour, y la bondad paternalista del obispo de Fréjus, Luis XV no tiene a nadie. Su tío, el Regente, nunca le quiso ni se preocupó por iniciarle en el díficil oficio de rey. En su soledad, el joven monarca disfruta de la compañía de su gato, dándole gratos momentos, quizás los mejores de su niñez. Sometido desde niño a una agobiante y perpétua representación, rodeado de altivos cortesanos y oportunistas, obligado a leer tediosos discursos o a escucharlos durante horas, a sonreír y a saludar, conceder cartas de nobleza a los arrogantes magistrados o soportar la constante muchedumbre que le rodea, esperando un favor o una buena frase, Luis XV solo anhela sus ratos de ocio, jugar con su gato o saltar sobre su cama. Las circunstancias harán de él un hombre extrañamente tímido, desconfiado y melancólico, indolente y secreto. Si su aspecto es elegante y distinguido, muestra un carácter inestable, muy propenso a las crisis de neurastenia que, con la edad, se harán más frecuentes. Detesta el gentío, hablar en público, tratar con caras nuevas y las ceremonias pomposas. En público parece tan tenso y ansioso que pasa por indiferente e incluso estúpido; los que le conocerán más adelante y se convertirán en miembros de su reducido círculo de amistades, saben que no es lo que parece.

Luis XV "el Bien Amado" (1710-1774), Rey de Francia y de Navarra entre 1715 y 1774.
Luis tiene en gran respeto todo lo establecido por su bisabuelo: el protocolo versallesco es inamovible, aunque le canse. Enmascara su timidez con una actitud fría, reservada y altiva. En la intimidad ríe, habla y juega a cartas con sus amigos, sin restricciones. Es un cazador incansable que agota tanto a sus hombres como a sus monturas. Cada tarde, que llueva, hiele o haga viento, sale de cacería. También es un burócrata, pero a diferencia de su predecesor, conoce a fondo su país. El caso es que prefiere parapetarse tras sus ministros, dejando que caiga sobre ellos el descontento popular. Luis XV es, según las propias palabras del Duque de Croy, "un hombre más objetivo y capaz que los demás pero que siempre creía estar equivocado".
Desconfiado, llevará incluso una doble política creando, para sus fines, el famoso "Secreto del Rey", despacho donde se trataba, a espaldas de sus ministros, de la política exterior y se controlaba una extensa red de espías introducidos en las cortes europeas mediante cartas cifradas; trataba en él todo lo importante y, en consecuencia, se nos muestra como el Jefe de Estado mejor informado de todo Occidente. En ese rasgo se parece tremendamente a su bisabuelo Luis XIV: finge una actitud cuando piensa hacer lo contrario para sorprender mejor. De hecho, el simpático obispo de Fréjus no es extraño a ese comportamiento del rey, es un maestro en el arte de fingir y es él quien se encarga concienzudamente del aprendizaje de Luis XV en materia política.
(Continuará)
Qué bien hizo a la monarquía esa "democratización sanguínea", tanta endogamia nos trajo muchos problemas.¡Cuánto pirado gobernando!
Cada vez que veo el Retrato de Carlos IV de Goya, miro a la reina y es que veo a la Infanta Elena. Con que "mala leche" los retrató.
La Ilustración amigo, que tantos disgustos le dió a la Iglesia y sigue pensando que de ahí parte todo el ateismo vigente.
Gracias por seguir poniéndonos al día en Historia.
Qué vida tan complicada tuvo ese niño. Rodeado, seguro, de advenedizos, educado por ese obispo, haciendo todo el día el paso de ¿la perdiz? jajajaj, daría lo que fuera por ver cómo es eso...
Y... En cuanto a lo de "bien amado" ¡y tanto, como que tuvo 18 hijos! Digo yo que no encargaría en cada polvo que pegara.
Este hombre tiene una película.
Lo que no termina de cuadrarme es que le fuera la fiesta y el folleteo sin freno y, a la vez, fuera un neurasténico tímido para hablar en público y contrario a la pompa... Qué tipo más curioso
Cordialement à vous
Si hay un punto que merece atención, es en el momento de establecer una lista de princesas casaderas para el joven Luis XV, tras romperse el compromiso entre éste y la Infanta Maria-Ana Victoria de España; se fijaron en los antecedentes familiares de algunas candidatas: procedencia, salud mental, ventaja política,... la religión era lo de menos.
El rey estaba tan verde en esos asuntos del sexo que, al casarse, tan solo recibió consejos básicos de cómo copular con su consorte. El libertinaje llegaría más tarde, al descubrir las habilidades acrobáticas de ciertas damas dispuestas a cualquier cosa con tal de obtener favores. Pero la que realmente sorprendió en la cama a Luis XV, fue su última favorita: la condesa du Barry, toda una experta en esas lides.
En cuanto a las contradicciones de su carácter, son hasta cierto punto explicables para cualquier psicólogo (cosa que yo no soy): el monarca era dos hombres en uno; el personaje oficial, encarnación de la monarquía y de la Nación, y el hombre a secas en privado, con sus pasiones, sus aventuras, sus devaneos, sus debilidades... Si Luis XIV, su bisabuelo, fue un actor las 24 horas, Luis XV lo era a tiempo parcial; en público representaba y actuaba, en privado era él mismo.
Un saludo y abrazo para Isabel, Mariliendre y Ser.
;-)
los grandes delfines de francia, una familia controvertida y admirable, es admirable lo que un hombre podia hacer con su palabra y el respeto que le tenian al rey, tanto la corte como la gente, aun que se hablo mucho del romance entre luis xv y madame du barry, la protegida del rey una prostituta que el rey caso con un conde y luego lo desaparecio, para que madame du barry quedara dentro de la corte o la nobleza.
y que decis de la delfina maria antonieta exelente mujer que gasto el dinero de francia hasta el punto que el pueblo se puciera en contra de los monarcas.
pero eta familia es muy interesante, me hubiera gustado vivir esa epoca.
LOS DELFINES DE FRANCIA