La Joya de la Corona: Versailles


el primitivo Castillo Real de Versailles, construído para Luis XIII y embrión o núcleo del futuro palacio real que iba a evolucionar arquitectónicamente a su alrededor, bajo el reinado de Luis XIV a partir de la década de 1660, y a lo largo de 20 años.

Luis XIV no gusta residir en el vasto y sombrío Palacio del Louvre, lleno de malos recuerdos para él. Maravillado por la magnificencia insultante del castillo de Vaux-le-Vicomte, obra de un equipo genial formado por el arquitecto Le Vau, el pintor Le Brun y el paisajista-jardinero Le Nôtre, el monarca expresa su deseo de crear su propia residencia a imagen y semejanza de su gloria, un templo solar de incomparable magnificencia, a partir de 1660. Despreciando su capital y a su tumultuosa población, Luis XIV desea fijar su residencia definitiva lejos de París y escoge la localidad de Versailles que, antaño, había sido propiedad de la aristocrática familia de los Gondi de Retz y comprada por Luis XIII para construir allí un modesto castillo que sirviera de real sitio para sus cacerías. El terreno, compuesto por varias hectáreas, se encontraba poblado por molinos y modestas casas en las inmediaciones del castillo de ladrillo rojo, pizarra y piedra blanca, e insalubres marismas llenas de mosquitos en verano. En 1661, se inician las obras que durarían dos décadas bajo supervisión del equipo de Vaux-le-Vicomte que dirige todo un ejército de creadores y artistas. Del inicial castillo construido por Philibert Le Roy para Luis XIII en 1634, partirá la titanesca construcción palatina en cuatro fases marcadas: 1668, 1671, 1674 y 1710; en 1668, la edificación primitiva rigurosamente conservada por orden del monarca, se amplia con grandes dependencias anejas; en 1671, se elevan las Alas del Rey y de la Reina alrededor de una terraza; en 1674, el arquitecto Mansart cubre la terraza para edificar el cuerpo que albergará la famosa "Galería de los Espejos", y construye las alas de los Ministros y las Reales Cuadras; en 1710, Mansart ha concluído las Alas del Norte y del Mediodía, y Robert de Cotte termina la Capilla Real de San Luis, concluyéndose el conjunto palatino en su totalidad. En las inmediaciones del palacio real, sería construído el castillo del Grand-Trianon. No muy lejos, se edificaría también el Real Sitio de Marly.


El Palacio Real de Versailles, tal y como era en 1715, al final del reinado de su constructor Luis XIV.

Al final del reinado, la obra magna de su reinado había costado 80 millones de libras, y 12 millones habían sido gastados en las reformas urbanas de París; a notar la construcción de la columnata del Palacio del Louvre (ordenada por Colbert) y la finalización de las obras del Palacio de Las Tulerías, anexionado al Louvre mediante la Gran Galería del Muelle del Sena desde los reinados de Carlos IX, Enrique IV y Luis XIII, y la edificación del real sitio de Vincennes, compuesto por dos grandes pabellones: el de la Reina y del Rey.

Las mujeres del Rey


Luis XIV "el Grande" (1638-1715), Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715; retrato obra de Henri Testelin -Palacio de Versailles-.


"Todo le era bueno... las campesinas, las sirvientas, las hijas de jardineros, las casquivanas, las damas de alcurnia" aseguraba la cuñada del rey, la célebre Princesa Palatina, segunda esposa del Duque de Orléans, aludiendo a su temperamento ardiente. Y es que Luis XIV amaba a las mujeres como un hombre goloso y dominante. En medio de hermosas mujeres, elegantes, ingeniosas y capaces de mantener una brillante conversación, el soberano se abandonaba a los placeres del ingenio y de la seducción. Las más bellas damas se convertían en el mejor ornato de su corte y consistían en el principal atractivo de ésta para los foráneos.


Louise de La Baume-Le Blanc, Duquesa de La Vallière, de Vaujours y de Saint-Christophe (1644-1710); fue la tercera amante de Luis XIV, sucediendo a María Mancini y a la Duquesa de Orléans, de la que era dama de honor, aunque fue la primera en adquirir rango de Favorita Oficial del Rey.


Françoise Athénaïs de Rochechouart de Mortemart (1640-1707), Marquesa de Montespan; la soberbia y hermosa hija del duque de Mortemart, casada con un orgulloso aristócrata de Gascuña, heredero de la linajuda Casa de Antin, pasó de ser dama de palacio de la reina Maria-Teresa a ser la amante titular del Rey y madre de 8 bastardos.


Marie-Angélique de Scorailles de Roussille, Duquesa de Fontanges (1661-1681); la bella dama de honor de la Princesa Palatina, tuvo un breve "reinado" sobre el corazón de Luis XIV. Mal repuesta de un parto, enfermó y murió bajo la sospecha del envenenamiento...

Tras sus iniciales aventuras con María Mancini, sobrina del cardenal-duque Julio Mazarino, y con su cuñada Enriqueta-Ana de Inglaterra, duquesa de Orléans, Luis XIV pasó de mantener relaciones secretas en vida de su madre, a mantenerlas abiertamente a ojos de todos y en oficializar sus adulterios sucesivos: Louise de La Baume-Le Blanc, Duquesa de La Vallière, fue la primera "maîtresse-en-titre" (amante oficial) y madre de 6 de sus bastardos, dos de los cuales fueron legitimados; a ésta sucedió Françoise-Athénaïs de Rochechouart de Mortemart, Marquesa de Montespan, que le dió 8 bastardos, 6 de los cuales fueron también legitimados. Mademoiselle des Oeillets y la dulce Marie-Angélique de Scorailles de Roussilles, Duquesa de Fontanges, fueron dos paréntesis fugaces. Se computan, evidentemente, muchas más amantes reales como la Princesa de Soubise, y fruto de sus pasiones nada menos que 16 hijos naturales. Pero jamás favorita o amante alguna pudo jactarse de haber ejercido el menor poder sobre el Rey, ya que éste había adoptado una firme actitud de separar asuntos de Estado de asuntos de alcoba; desconfiaba de las estrategias amorosas y temía el poder que podía ejercer sobre él la tierna elocuencia de la elegida. La malignidad y las astucias femeninas le inquietaban tanto que se prohibió a si mismo hablar de "cosas importantes" con sus amantes. Igual que el poeta La Fontaine, estimaba que las mujeres eran incapaces de guardar un secreto, tanto por ligereza y descuido que por ambición. A la única mujer por la que sintió veneración, fue su madre la reina Ana de Austria, sabedor que ésta le había entregado una Corona restaurada, fuerte y poderosa, aunque jamás cedió a sus ruegos en asuntos amorosos y públicos. Su madre habría deseado que Luis adoptase una conducta más formal en su vida matrimonial, en vez de ofender a su esposa al mostrar públicamente a sus amantes.


Françoise d'Aubigné (1635-1719), la Viuda Scarron, luego Marquesa de Maintenon, ya era una distinguida anfitriona de la alta sociedad parisina antes de convertirse en la aya de los bastardos del Rey y de su amiga la Marquesa de Montespan, a la cual reemplazaría como amante. Al final, Luis XIV la desposó secretamente al poco de fallecer la reina en 1683.

La última amante en la sombra del gran monarca, fue esa oscura viuda del poeta Scarron, Françoise d'Aubigné, descendiente de un compañero de armas del rey Enrique IV; gracias a sus grandes relaciones sociales, tejidas a raíz de su generosa hospitalidad en su salón parisino, dónde la flor y nata de la alta sociedad se reunía semanalmente, Françoise d'Aubigné se convirtió en la amante del mariscal-duque de Albret y de Louis de Mornay, marqués de Villarceaux. Por los d'Albret, entró en contacto con la fastuosa e ingeniosa Marquesa de Montespan, pariente política del mariscal. Cuando la Montespan se convirtió en la amante oficial del Rey, y empezó a dar a luz a sus bastardos, ésta se acordó de la viuda Scarron para que desempeñara el papel de aya en el mayor secreto. A partir de entonces, Françoise d'Aubigné entra en contacto casi permanente con Luis XIV, cuando éste acude regularmente a visitar a sus hijos. La dama era entonces considerada como una escultural belleza morena, cuya discreción y penetrante e irresistible inteligencia propició el interés del soberano. Los historiadores suponen que alrededor de 1674, Françoise d'Aubigné cedió a los avances del Rey, convirtiéndose en su amante secreta a espaldas de la Marquesa de Montespan. Loca de celos, la Montespan inició una encarnizada lucha contra esa rival, sometiéndola a toda clase de humillaciones hasta que, con ánimo de justicia, el Rey convirtió a Françoise d'Aubigné en marquesa de Maintenon. El escándalo de los venenos intervino de manera decisiva para que cayese en desgracia la Marquesa de Montespan y se elevase por encima de ella la flamante Marquesa de Maintenon.


Maria-Teresa de Austria, Reina de Francia y de Navarra (1638-1683); la sufrida consorte de Luis XIV, fallecería al poco de ser intervenida de un tumor benigno bajo la axila, dejando sitio a la Marquesa de Maintenon, a la cual estaba enormemente agradecida por haberle devuelto al rey tras deshacerse de la Marquesa de Montespan...

Cuando falleció repentinamente la reina Maria-Teresa de Austria, en julio de 1683, Luis XIV tomó la decisión de casarse en secreto con la Marquesa de Maintenon; al respecto se aventura una fecha: el 9 de octubre de 1683. En un principio, el Rey pensaba hacer público su segundo enlace pero, al final, éste quedó silenciado y considerado morganático, haciendo de Françoise d'Aubigné una "reina sin corona". A partir de aquella fecha, el monarca vivió maritalmente con ella y dispuso que se instalase en el 1er piso de palacio, contiguos a los suyos propios, y nunca volvió a tener escarceos amorosos con terceras. Con la edad, Luis XIV buscaba la tranquilidad y la paz en un matrimonio estable. Junto a ella, Luis se volvió devoto, cumpliendo puntualmente con sus deberes religiosos. Se sabe que fue la única mujer a la cual acordó su total confianza y gustaba escuchar sus consejos (aunque en su mayoría, siempre mantenía su independencia en los asuntos de Estado), por eso sin duda los contemporáneos acusaron a la marquesa de ser la instigadora de la revocación del Edicto de Nantes (1685), cuando en realidad ella desaprobaba las violentas medidas ejercidas contra los protestantes (recordemos que ella misma había nacido en la fe protestante, antes de convertirse al catolicismo a instancias de su madrina). En el conflicto regalista que opuso a Luis XIV al pontífice Alejandro VIII, la marquesa de Maintenon hizo figura de intermediaria por petición de la Santa Sede; sin duda ejerció de moderadora entre Versailles y Roma para converger hacia un compromiso franco-romano. La influencia de la esposa morganática también se hizo patente en otros ámbitos: ella misma sostuvo al clan Colbert contra el clan Louvois, y favoreció acertadamente la carrera militar y ascenso del Duque de Villars, uno de los mayores generales de finales del reinado. Se pretendió que tuvo parte de culpa en la decisión de Luis XIV de legitimar a sus hijos bastardos, otorgándoles el derecho de sucesión a la Corona en caso de extinguirse los príncipes de la Sangre (los Condé, los Conti y los Orléans), decisión que entraba en conflicto con las leyes fundamentales del reino. En el curso de la Guerra de Sucesión Española, fue la voz discordante que reclamaba en vano la paz con las demás potencias enemigas. A ella también se debió la utilización de la Princesa degli Orsini (Princesa de los Ursinos), como enviada de Francia a la corte de Madrid, responsable de guiar los primeros pasos del rey Felipe V en su nuevo reino.
A la muerte de Luis XIV, optó por retirarse en su establecimiento de Saint-Cyr, en las inmediaciones de Versailles, dónde falleció tranquilamente.

El final de un reinado


Luis XIV rodeado de su hijo y heredero el Gran Delfín Luis -apoyado en el respaldo del sillón-, de su nieto el Duque de Borgoña -a la derecha del cuadro-y de su bisnieto el Duque de Anjou (futuro rey Luis XV), y de la aya de éste, la Duquesa de Ventadour.

La corte de Versailles, a partir de 1685, se hizo cada vez más austera y devota bajo la férula de la Marquesa de Maintenon. Los antiguos compañeros de juergas de Luis XIV habían muerto o envejecido, y las nuevas generaciones, sedientas de diversiones, preferían solazarse en París. La Familia Real había acumulado una serie de duelos: en 1683, fallecía la reina Maria-Teresa; en 1686 moría el Príncipe Luis II de Condé; en 1690 desaparecía la delfina María-Ana Cristina Victoria de Baviera, en 1701 moría de una embolia su hermano, el duque de Orléans, en 1711 le tocó el turno al Gran Delfín, seguido por su hijo primogénito y su nuera los duques de Borgoña en 1712; dos años más tarde el duque de Berry agonizaba de una caída de caballo, muriendo en 1714. En 1704 y 1712, Luis XIV enterraba a dos de sus tres bisnietos. Los tiempos no prestaban a grandes celebraciones ni festejos. La guerra, las malas cosechas, el atroz invierno de 1709 (la peor catástrofe meteorológica de aquellos tiempos en la que murieron millares de personas y millones fueron condenados al hambre), provocan revueltas y amotinamientos en todas las provincias, seguidas por epidemias de disentería, de fiebres tifoideas y de escorbuto, son el orígen del descenso de la natalidad y del aumento de mortandad entre la población francesa. Aquellos catastróficos momentos ponen a prueba al Rey y agotan sus últimos años de reinado personal. Se ha vuelto impopular aunque temido y respetado, pero físicamente Luis XIV se encuentra agotado. Cuando en agosto de 1715 se le empieza a gangrenar una pierna, y sus médicos aconsejan la amputación, Luis XIV rehúsa ponerse en manos de los cirujanos y soporta con estoicidad el dolor del mal que le va devorando. Con casi 77 años de edad y con 72 años de reinado a sus espaldas, Luis XIV se despide de sus familiares y cortesanos con inigualable majestad, sabedor de que vive sus últimos momentos. Deja por único heredero al trono, a su último bisnieto de apenas 5 años de edad, Luis, duque de Anjou y delfín de Francia. Puesto que es inevitable una regencia, dispone que su sobrino y yerno el duque Felipe II de Orléans asuma el cargo junto al duque du Maine (su hijo legitimado y cuñado de Orléans) hasta la mayoría de edad del futuro Luis XV. El 1 de septiembre de 1715, Luis XIV muere cristianamente dando paso a una nueva era.