LUIS XIV DE FRANCIA "El Grande" 1638-1715 (2)
el 19 may En: Biografías Reyes de Francia - 5 comentarios
Maria-Teresa de Austria, "la reina anónima"

Maria-Teresa de Austria (1638-1683), Reina de Francia y su primogénito Luis, el Gran Delfín de Francia (1661-1711) -obra de Mignard, Palacio de Versailles-.
El 9 de junio de 1660, Luis XIV contrae matrimonio con la Infanta de España, María-Teresa de Austria (su prima-hermana), en la iglesia de San-Juan-de-Luz. La nueva reina consorte de Francia es mitad española y mitad francesa: su madre, Elisabeth (o Isabel), había sido la hermana de Luis XIII. La infanta es una rubia de ojos azules, de aspecto rollizo y figura un tanto banal.

Maria-Teresa de Austria, Infanta de España (1638-1683) -obra de Velázquez-.
La moda española, con sus enormes miriñaques y sus peinados estrafalarios, resulta chocante para los franceses y, a decir de los testigos, afeaba bastante a la princesa casadera. A pesar de su fama de mujer culta (sus autores preferidos eran los autores griegos), era una sosez de esposa: demasiado devota, tímida, retraída, con proverbial afición a rodearse de enanos y a preparar ella misma el chocolate, acabó por desconcertar a su marido. El rey buscaba en la mujer la chispa del ingenio, la buena conversación y el buen humor, además de la belleza física. El único mérito de Maria-Teresa fue la de dar casi de inmediato un heredero al trono en 1661, al que siguieron tres hijas y dos hijos más que, desgraciadamente, murieron en la cuna o a temprana edad. La extrema devoción y retraímiento de la reina chocaban frontalmente con la sed de emociones del rey. Aburrido, Luis XIV la abandonó para buscar en otros brazos lo que no encontraba entre los suyos. Se sabe que Luis era tremendamente exigente con la gente como lo era consigo mismo, y quizás más duro a su respecto que con los demás. Estoica, Maria-Teresa pasó a un segundo plano, cediendo el protagonismo a otras mujeres mucho menos apocadas. Su consuelo: su suegra y tía paterna, la reina-madre Ana de Austria, en la que encontró una auténtica amiga y su principal apoyo hasta 1666. A partir de aquella fatídica fecha en la que desaparece su suegra, Maria-Teresa se diluye en la oscuridad de sus aposentos, rodeada de sus perros falderos, sus loros, sus monos, sus libros y sus tazas de chocolate, pasando a ser "la reina anónima", totalmente eclipsada por su marido y por las amantes de éste.

la Reina Maria-Teresa de Austria(1638-1683).
Cuando Maria-Teresa falleció repentinamente en julio de 1683, Luis XIV admitió afectado: -"Es el primer disgusto que me ha dado la Reina." Y ciertamente, la reina nunca se comportó como una fémina histérica, a imagen y semejanza de la temible María de Médicis, ni mostró en público su disgusto por las infidelidades. Pasase lo que pasase, nunca perdió la compostura conforme a su rango de primera dama de Francia; sus penas las lloraba en silencio, lejos de miradas indiscretas. Su matrimonio era un asunto de alta política y su misión consistía en ceñirse a dar el esperado heredero a la Corona de Francia. Esa misión la cumplió a rajatabla. Testigo privilegiado de sus sinsabores fue la Marquesa de Maintenon, aya de los hijos bastardos del rey habidos con la Marquesa de Montespan; refiriéndose a la favorita, cuenta que la reina exclamó: -"Esta puta me hará morir!"
El Gran Delfín
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Luis, Gran Delfín de Francia (1661-1711) -obra de Rigaud-
Nacido el 1 de noviembre de 1661, Luis, Gran Delfín de Francia, heredero del apolíneo Luis XIV y titulado "Gran Delfín" porque todo lo cercano al rey era "grande", supuso para su progenitor un disgusto que se pareciese a su madre Maria-Teresa. Los contemporáneos de entonces, cortesanos chismosos y crueles, afirmaban que tenía pocas luces, nada de gusto, un físico tendente a la obesidad y que temblaba en presencia de su padre. En una palabra, una sola, le describen (en un panfleto) y califican de "imbécil". La realidad es que el heredero padecía un grave sentimiento de inferioridad ante la divinizada figura de su progenitor, del cual parecía manar toda perfección y gracia.
Mucho tuvieron que ver en ese estado psicológico sus educadores, haciendo de él un príncipe temeroso de la autoridad paterna. A eso se suma cómo fue tratado por los miembros de la corte versallesca: con soberana indiferencia. Nadie se privó jamás de hacer un chiste de mal gusto, de burlarse de él, como si supiesen con antelación que nunca llegaría a reinar. En efecto, fallecería prematuramente el 14 de abril de 1711, cuatro años antes que su padre, dejando tras de si a tres hijos varones habidos de su primer matrimonio con la princesa María-Ana Cristina Victoria de Baviera: Luis, duque de Borgoña (segundo en la orden de sucesión al Trono Galo), Felipe, duque de Anjou (el que fuera rey de España con el nombre de Felipe V) y Carlos, duque de Berry.

"La Familia del Gran Delfín"; el heredero rodeado de su mujer y de sus tres hijos varones, los duques de Borgoña (extremo derecha), de Anjou (sentado en un cojín)y de Berry (en la falda de su madre).
Luis XIV nunca consideró a su heredero como un digno sucesor: todo lo que él hacía parecía no satisfacerle nunca. Cuando el Gran Delfín quiso tener casa propia, a imagen y semejanza del Palacio de Versailles, mandó erigir el castillo de Meudon, en un paraje de frondosos bosques y reputado por su venado. Cuando el castillo de Meudon estuvo listo para instalar a su familia, invitó a su padre y a la corte para que lo visitaran. Con tono despectivo, su padre sentenció: -"Más bien parece la casa de un burgués que la residencia digna de un príncipe!"
En semejante apreciación, se puede afirmar que Luis XIV obró de mala fe. Meudon, lugar apacible y de aire sano, era la cita ideal para vivir en contacto con la naturaleza y cazar el mejor venado de los alrededores, lejos de la podredumbre urbana que iba desarrollandose en las inmediaciones del palacio de Versailles.
Residencia de prestigio, adquirió importancia bajo el reinado de Luis XV, considerado como un inmejorable y saludable real sitio donde educar a los infantes reales, según las apreciaciones del prestigioso doctor Tronchin, médico del duque de Orléans. Lamentablemente, durante la guerra franco-prusiana de 1870, los alemanes lo destruyeron y sus restos albergan, hoy día, un observatorio astronómico y su afamado parque sirve de cita preferida para los descansos dominicales de los parisinos hambrientos de paz, tranquilidad y aire puro.
Si es cierto que el Gran Delfín nunca fue un apasionado lector, ni un erudito de los griegos clásicos como lo fue su madre la reina Maria-Teresa, tenía un curioso pasatiempo: leer las necrológicas. Más allá de su fúnebre "hobby", era un entusiasta de antigüedades y acudía regularmente a París para frecuentar los mercadillos y las tiendas, en busca de "rarezas" que adquirir; otra afición suya era comprar cuadros y mostró tener un excelente juicio a la hora de hacerse con pinturas maestras que, a su muerte, fueron integradas en las colecciones reales de su padre. Se sabe por algunos testigos, que en Versailles había mandado hacer en sus aposentos una serie de magníficas salas, entre las cuales un sorprendente gabinete de espejos con efectos ópticos que hacían las delicias de los pocos visitantes admitidos. Lejos de ser el "imbécil" merecedor del desprecio de sus contemporáneos, era un hombre de gustos refinados y certeros, en absoluto dado a la extravagancia tan propia de su padre, aficionado a los pequeños placeres cotidianos y un empedernido cazador (como todos los Borbones) que amaba el ejercicio al aire libre. A él se debe, por cierto, que se extinguieran los lobos en la Isla-de-Francia...
El Hermano del Rey

el Príncipe Felipe de Francia "Monsieur" (1640-1701), Duque de Anjou y luego Duque de Orléans.
Al hermano menor de Luis XIV, "Monsieur" Felipe de Francia, duque de Anjou y finalmente duque de Orléans a partir de 1660 (al fallecer su tío Gastón de Orléans, sin herederos varones), le habían educado como a una niña para evitar que se repitiera la historia de Luis XIII con Gastón de Orléans. Le obligaron a llevar faldones hasta una edad avanzada, saliendo del todo afeminado. Acicalado como una coqueta damisela, cubierto de joyas y diamantes, Felipe pasaba días enteros cambiándose de ropa masculina y femenina indistintamente. Solía presentarse a los bailes vestido de mujer, desenvolviéndose igual que ellas y rodeado por todo un tropel de caballeros travestidos como sus "damas de honor". Sus salidas de tono desencadenaban todo tipo de comentarios, su aspecto provocaba gran hilaridad y causaba gran malestar (véase vergüenza ajena) en su hermano el rey.
Pero pese a sus extravagancias, sus vicios y su originalidad transgresora, Luis XIV le profesaba auténtico amor de hermano y hacía la vista gorda. Desgraciadamente, cuando Felipe demostró tener genio militar y dotes de estratega al obtener la victoria de Cassel en 1677, Luis se molestó: la proeza de su hermano hirió su orgullo. Receloso de su gloria y grandeza personal, Luis XIV nunca volvió a concederle mando militar alguno, temeroso de que volviese a darle sombra y empañase su prestigio personal al frente de sus ejércitos. Hay que añadir que el duque de Orléans no fue la única víctima del arrollador orgullo del rey: Luis XIV no estuvo jamás dispuesto a tolerar que ningún pariente suyo sobresaliera en campo alguno y diera lugar a nacientes rivalidades o alimentase ambiciones que pusiesen en duda su incontestable autoridad. La humillante experiencia de la Fronda había hecho mella de manera tan profunda en él, que desconfiaba automáticamente de cualquiera que pareciera despuntar en el arte de la guerra o en el escenario social. Ese recelo resultaría fatal en un futuro próximo para su reinado, al frustrar las prometedoras carreras de su hermano y de todos los príncipes de la joven generación, como el Príncipe de Conti, el Príncipe Eugenio de Saboya-Carignano y el Duque de Chartres (hijo de Felipe de Orléans). Su actitud fue altamente perjudicial para Francia.
Luis XIV, el rey absoluto

Tras la muerte del Cardenal Julio Mazarino en 1661 (el cual le legó su inmensa fortuna), Luis XIV pone sus cartas sobre la mesa: reinar y gobernar personalmente sin primer ministro y de forma absoluta sobre veinte millones de almas, el reino más poblado de Europa. Al desaparecer del escenario el cardenal, el rey se encuentra con un país pacificado, unas finanzas saneadas y un poder real reforzado destinado a instaurar en Francia un régimen absolutista, por lo que su reinado personal (largo de 54 años) se inicia a partir de ese momento. El Alto Consejo no se compone más que de tres ministros: Nicolas Fouquet, superintendente de las Finanzas, Hugues de Lionne en Asuntos Exteriores, y Le Tellier en la Guerra. Fouquet será fulminantemente destituído y arrestado, acusado de malversación (la inauguración de su magnífico castillo de Vaux será el detonante de su caída en desgracia) y reemplazado por Colbert, hechura de Mazarino, quien administrará no solo las Finanzas Reales sino que añadirá a su cartera la Marina. Los tres ministros son hombres de Estado competentes que otorgarán a Francia el rango de primera potencia económica y militar del continente, pero hemos de subrayar que son simples ejecutores de los designios del monarca. Con las medidas proteccionistas de Colbert, los artesanos franceses se ponen a fabricar lo que antes se compraba en el extranjero: "Todo lo mejor y lo más bello del Mundo que uno pueda desear lo encuentra ahora en Francia" escribiría el embajador de Venecia.
La nobleza es totalmente aniquilada y excluída de los asuntos políticos, sobretodo después de fijarse la corte en Versailles (1682). Los parlamentos se ven reducidos al mero papel de registro de los Edictos Reales, los Estados Generales no volverán jamás a ser reunidos y la centralización administrativa se refuerza con los intendentes, nombrados a dedo por el rey. Se desarrolla progresivamente el culto a la majestad real: el "Rey-Sol" se apoya firmemente sobre las teorías de la monarquía de derecho divino. Gracias a un importante impulso económico y a un certero enriquecimiento del país gracias al colbertismo, disponiendo del ejército más poderoso de Europa, servido por grandes generales de la talla de Condé y de Turenne, Luis XIV se encuentra en posición de imponer su ley al Mundo. De su política agresiva con el extranjero, de sus ambiciones territoriales y también de las inquietudes de las potencias europeas surgirán cuatro guerras:
-la Guerra de la Devolución, 1667-1668, contra España concluye con la conquista de plazas fuertes en Flandes, entre ellas la ciudad de Lille.
-la Guerra de Holanda, 1672-1678, marcada por la invasión de los Países-Bajos, degenera en coalición contra Francia pero le permite adquirir, mediante los tratados de Nimega, el Franco-Condado, Artois y ampliar las fronteras del reino al Norte y al Este.
-la Guerra de la Liga de Augsburgo, 1688-1697, es fruto de una segunda coalición contra Francia cuando la política de Luis XIV consigue la anexión de Estrasburgo en 1681 y de los territorios de la Decápolis Alsaciana, en plena paz. Se concluye con la Paz de Ryswick y Luis XIV debe ceder todas sus adquisiciones posteriores a 1679, excepto Estrasburgo.
-la Guerra de Sucesión Española, 1701-1713, es provocada al fallecer sin herederos el rey Carlos II de España, designando como sucesor suyo al 2º nieto de Luis XIV mediante testamento en 1700; media Europa se coaliciona contra Francia, pero Luis XIV consigue sostener los embites y mantener la integridad de su reino gracias a la victoria de Denain (1712), sin renunciar a ninguna conquista en los tratados de Utrecht y de Rastadt.
Francia saldría exhausta y empobrecida de esas contínuas guerras sostenidas contra las potencias enemigas (Gran-Bretaña, Provincias-Unidas, España, Austria, Portugal). En materia religiosa, Luis XIV se comportaría en jefe de la Iglesia Francesa (regalismo), oponiéndose al Papa en el asunto de la Regalia, persiguiendo a Jansenistas y protestantes tras la revocación del Edicto de Nantes (1685), provocando la emigración de muchos protestantes franceses a Alemania, Holanda e Inglaterra. En el ámbito cultural, Luis XIV juega el papel de gran mecenas de las Artes y Letras propiciando, con su protección, el florecimiento de artistas de gran renombre (Molière, Racine, Boileau, Lully) y la creación de numerosas Academias de prestigio además de numerosas construcciones tales como el palacio de Versailles, la ampliación del palacio del Louvre, el hospital y hogar militar de Los Inválidos, la Real Fábrica de Tapices de los Gobelinos, el Observatorio, la modernización urbana de París y de importantes ciudades de provincias y puertos que nos resultan imposibles enumerar tal es su número.
(Continuará)
Como siempre que leo,me satisfacen los conceptos,comentarios y claridad!
Mil gracias! Un abrazo,Dios los bendiga!
deberíamos de aprender más de la historia....¿cometeríamos menos errores?.. un saludo.
Ser-anonimo, esa consigna sigue vigente y siempre intentamos que quede grabada en la mente de todos, sobretodo de los gobernantes o de los que son llamados a dirigir naciones. Mal nos pese, y en vista de la paupérrima educación que están dispensando en escuelas de todo el mundo, creo que la memoria colectiva hace un "reset" cada 50 años y vuelta a empezar de nuevo. Aún así nos extrañamos que la Humanidad tropiece siempre con las mismas piedras.
Búscame un chaval de 18 años que sepa quienes fueron Goebbels, el Barón von Ribbentrop, Mussolini, Hitler, Franco o algo más lejano como Descartes, von Leibnitz, Marie Curie, Chopin, Becker, Aranda,... Lo dicho, lo tenemos crudo y más viendo las "perlas" que tanto nos hacen gracia (aunque son para llorar) de los exámenes de la ESO.
Un saludo.
Durante un tiempo, di clases en la Universidad... Para echarse a llorar. Al margen de que daba una parte intrascendente de una asignatura que el titular definió como "no es de las más fáciles del curso, es la más fácil", el nivel de incultura era inconcebible (Confundían Carlomagno y Alejandro Magno...) No sólo eso, sino que la ortografía era lamentable, la sintaxis inexistente, la acentuación y puntuación no seguía norma alguna... paupérrimo nivel de expresión y una inexplicable soberbia en la ignorancia... Es muy complejo enseñar a quien no quiere aprender...
como no había futuro en la beca (de 300 euros, por cierto) dejé todo y me metí en la empresa privada...
Un saludo
Me parece muy buen artículo y bien expresado. Tal vez le interese el libro 36 ESTRATEGIAS CHINAS. Puede bajarlo desde
http://www.personal.able.es/cm.perez/36_estrategias_chinas.pdf
Describe estratagemas como "moverse sin ser visto en el mar a plena luz del día", "matar con una espada prestada" o "crear algo a partir de la nada". Cuando usted domine estas 36 estrategias, estará preparado para encontrar soluciones a cualquier tipo de problema y será capaz de adaptarse a toda clase de circunstancias.
Para mas información, y mas temas relacionados con la cultura china y japonesa:
http://www.personal.able.es/cm.perez/
Un saludo