LUIS XIV DE FRANCIA "El Grande" 1638-1715 (1)
el 17 may En: Biografías Reyes de Francia - 2 comentarios
LUIS XIV "EL GRANDE"
REY DE FRANCIA & DE NAVARRA
1638 - 1715

FICHA TÉCNICA:
-Nacido el 5 de septiembre de 1638, en el Castillo Real de Saint-Germain-en-Laye
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-Hijo de: Luis XIII, rey de Francia y de Navarra, y de la archiduquesa Ana de Austria, Infanta de España.
-Proclamado Rey de Francia y de Navarra el 14 de mayo de 1643, en Saint-Germain-en-Laye.
-Coronado el 6 de junio de 1654, en la Catedral de Reims.
-Casado:
1º/- el 9 de junio de 1660, en San-Juan-de-Luz, con la archiduquesa María-Teresa de Austria, Infanta de España, hija del rey Felipe IV de España y de Elisabeth de Francia.
2º/- el 9 de octubre de 1683, con Francisca d'Aubigné, Marquesa de Maintenon, en el Palacio Real de Versailles (matrimonio morganático).
-Hijos habidos del 1er matrimonio:
-Luis, Gran Delfín de Francia, 1661-1711
-Ana Elisabeth de Francia, 1662-1662.
-María-Ana de Francia, 1664-1664.
-María-Teresa de Francia, 1667-1672.
-Felipe de Francia, duque de Anjou, 1668-1671.
-Luis-Francisco de Francia, 1672-1672.
-Hijos naturales habidos: => 16
con Louise de La Baume-Le Blanc, Duquesa de La Vallière:
-Carlos de Borbón, 1663.
-Felipe de Borbón, 1665-1666.
-Luis de Borbón, 1665-1666.
-1 hija, 1666.
-Maria-Ana de Borbón, 1666-1739. (legitimada)
-Luis de Borbón, Conde de Vermandois, 1667-1683. (legitimado)
con Françoise-Athénaïs de Rochechouart-Mortemart, Marquesa de Montespan:
-1 hijo, 1669.
-1 hija, 1669-1672.
-Luis-Augusto de Borbón, Duque du Maine, 1670-1736. (legitimado)
-Luis-César de Borbón, Conde de Vexin, 1672-1683. (legitimado)
-Luisa-Francisca de Borbón, Melle. de Nantes, 1673-1743. (legitimada)
-Luisa-María-Ana de Borbón, Melle. de Tours, 1674-1681.
-Francisca-María de Borbón, Melle. de Blois, 1677-1749. (legitimada)
-Luis-Alejandro de Borbón, Conde de Toulouse, 1678-1737. (legitimado)
con Claude de Vin des Oeillets:
-Luisa de La Maisonblanche, 1676-1718.
con Marie-Angélique de Scorailles de Roussilles, Duquesa de Fontanges:
-1 hija, 1681.
-Fallecido el 1 de septiembre de 1715, en el Palacio Real de Versailles.
La Regencia
El heredero que ya no se esperaba tras 22 años de matrimonio de Luis XIII con Ana de Austria, fue llamado Luis Diosdado y había nacido ya con dos dientes, señal de gran precocidad. Cuando su padre tenía ya un pie en la tumba, se decidió bautizarle al contar los 4 años de edad con el nombre dinástico de Luis (era tradición en la Casa Real el esperar que los infantes crecieran para imponerles el nombre de pila, aunque al nacer ya se les imponía un título nobiliario y el agua de socorro sin más). Cuando Luis XIII le preguntó qué nombre le habían dado, el entonces delfín contestó orgullosamente: -"Me llamo Luis XIV!"; a lo que el rey añadió: -"Todavía no, hijo mío, todavía no!"

Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra (1638-1715), siendo aún un niño.
En aquel año de 1643, sube al trono de San Luis otro rey-niño de apenas 5 años y con el ordinal de Luis XIV, nombre que marcaría el curso de un país y de toda Europa. Dada la corta edad del sucesor de Luis XIII, se establece otra regencia materna con la reina-viuda Ana de Austria, que durará hasta 1652, fecha en la que el joven monarca llegaría a su mayoría de edad exigida para tomar las riendas del Gobierno Galo.

Ana de Austria (1601-1666), Reina-Regente de Francia; retrato atribuido a los hermanos Beaubrun.
Antes muy dada a servir los intereses de España, la reina-regente opera un giro de 180º, teniendo motivos de sobras por los que luchar: defender las prerrogativas políticas de la Corona de su adorado hijo Luis frente a una legión de grandes señores y a un Parlamento que buscan su revancha y sacar partido de la minoría de edad del rey, con el fin de instaurar un gobierno aristocrático y relegar a la monarquía al mero papel de institución representativa sin poder de intervención.
Ana de Austria no es, desde luego, una gran mujer de Estado pero no le falta intuición ni firmeza en el momento de tomar decisiones importantes. Sabe que el Cardenal Mazarino es el hombre del momento y no duda en convertirle en su primer ministro, entregándole la gerencia de los asuntos del Gobierno, siempre que haya una estrecha colaboración. La primera preocupación de Mazarino es la de proseguir la guerra contra los Imperiales, empezada bajo el reinado anterior. El ejército francés será victorioso en Rocroi (1643), conquista la riba izquierda del Rhin (1644) y recoge los laureles del triunfo en Nördlingen (1645). Los tratados de Westfalia, en 1648, ponen un término a una agotadora guerra y Francia obtiene importantes puntos de apoyo en Alsacia. Pero el conflicto ha traído consigo dificultades económicas y financieras crecientes, a los que Mazarino intenta poner remedio con expedientes para alimentar las arcas del Estado.

el joven Luis XIV retratado en 1648 por H. Testelin.
La Familia Real ha abandonado el Palacio del Louvre para instalarse en el Palais-Royal (Palacio Real), heredado por Luis XIII del Cardenal de Richelieu, ya que esa residencia vecina al Louvre se denominaba entonces Palacio-Cardenal; en ese edificio, más fácil de vigilar y considerado como más seguro que el Louvre, crecerá el pequeño rey junto a su hermano el duque de Anjou. En 1648, justo cuando está a punto de culminar la paz en Europa, el Parlamento de París da los primeros quebraderos de cabeza a la reina-regente. La política de Mazarino conduce, desde ese año, a una creciente oposición que desemboca en la Fronda, última manifestación brutal y desordenada de contestación armada a la autoridad real, cuya frustración confirmará el triunfo de la monarquía absoluta en Francia. Harta de los desórdenes promovidos por los parlamentarios, la regente dispone del arresto de los cabecillas, entre ellos Broussel y otros cuatro magistrados; el cardenal de Retz, Paul de Gondi, interviene a favor de los detenidos ante la soberana. La noticia del arresto recorre como un reguero de pólvora provocando la sublevación armada de los parisinos, y el erizamiento de barricadas en las calles de la capital.
Para apaciguar al populacho, la regente liberará a Broussel, pero los ataques contra Mazarino no cesan sino que van en aumento. Siendo amenazada la seguridad de la Familia Real (el populacho invadirá el Palais-Royal ante el falso rumor de la huída de los reyes, para asegurarse de que siguen en París), Ana de Austria opta por abandonar en secreto la capital junto a sus hijos Luis y Felipe; la noche de Reyes, de 1649, la Familia Real consigue huír del Palais-Royal y salir de la capital tomando el camino de Saint-Germain-en-Laye. Príncipes, ministros y cortesanos les siguen. La inesperada llegada de la corte en el real sitio de Saint-Germain provoca tal confusión que hasta el más encumbrado dignatario debe dormir encima de un jergón de paja, al no encontrarse disponibles ni sábanas ni muebles (el mobiliario, la vajilla y demás enseres solían viajar en el mismo cortejo de la Familia Real y de su corte, por norma siempre itinerante). En ese preciso instante, la Corona se tambalea; ha llegado la terrible noticia de la ejecución capital del rey Carlos I de Inglaterra, el 30 de enero de 1649, ordenada por el Parlamento de Londres, y el exilio de la reina Enriqueta-María (hermana de Luis XIII), junto a sus hijos y en la mayor indigencia.
Mazarino se verá obligado a negociar la Paz de Saint-Germain, pero la Fronda se convertirá en la revuelta armada de los príncipes en 1650, desembocando en una auténtica guerra civil, con el agravante de que el Príncipe Luis II de Condé se alía a España, que sigue estando en guerra contra Francia. El cardenal Mazarino se verá entonces obligado a exiliarse por dos veces, en 1651 y en 1652, para favorecer el apaciguamiento. Pero los desbordamientos de los príncipes, sus disputas internas, y el terror que hace reinar Condé en París, desembocan en la victoria final del cardenal (su regreso del exilio) y del poder real.

Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra (1638-1715); retrato ecuestre.
Vueltas las aguas a su cauce, Luis XIV hace su triunfal entrada en París a lomos de su caballo, vitoreado por los parisinos el 21 de octubre 1652. La corte se instala nuevamente en el Palacio del Louvre, pero el joven monarca ha aprendido la lección: su odio por París y los parisinos perdurará hasta su muerte. A partir de noviembre, Luis XIV prohibe tajantemente al Parlamento que se inmiscuya en los asuntos de Estado y de las Finanzas. En diciembre, ordena el arresto del cardenal de Retz, involucrado en las revueltas. El cardenal Mazarino vuelve a la capital en febrero del año siguiente, consumandose así el final de la Fronda. No queda más que concluír la guerra contra España, que proseguirá hasta 1659 y marcada por combates en la frontera española y en el Norte de Francia. Finalmente, la victoria francesa en la batalla de las Dunas (1658), desemboca en la firma del Tratado de los Pirineos (1659), que otorgan a Francia el Rosellón, la Cerdaña, el Artois y numerosas plazas fuertes en Flandes. El mencionado tratado prevee también la unión matrimonial del Rey con la hija mayor del rey de España, la Infanta María-Teresa de Austria, que se celebraría en 1660.

unión religiosa de Luis XIV con su prima la Infanta Maria-Teresa de Austria, en San-Juan-de-Luz (1660).
Luis, el hombre hecho monarca
Tempranamente consciente de su rango, Luis XIV ha recibido inmejorables influencias; de su madre, la práctica de una devoción exigente y el sentido de la Etiqueta (protocolo cortesano); de Mazarino, el gusto por las cosas hermosas, la pasión por el secreto y el trabajo. Nada tiene que ver Luis XIV con sus antecesores en el trono: es un gran burócrata como su antepasado Felipe II de España, y posee un sentido de la majestad inigualable. De hecho, es rey de Francia con toda su majestad hasta sentado en el retrete. Obsesionado por la guerra civil que le infligió insoportables humillaciones, desconfía de todos y desprecia la capital como desprecia a los grandes aristócratas. De su abuelo Enrique IV, ha heredado una extraordinaria vitalidad; cazador nato, incansable Nemrod, agota a sus acompañantes, perros y caballos en la cinegética, su pasatiempo favorito. Baila hasta el amanecer, corretea sobre los tejados de palacio para sorprender a las damas vistiéndose y da una engañosa (y calculada) imagen de frivolidad para enmascarar sus proyectos de futuro. Pero también es carne de contradicciones: su devoción religiosa choca frontalmente con su temperamento sensual.

Maria Mancini (1639-1715); la bella sobrina del Cardenal Mazarino que rozó con los dedos la Corona de Francia...
Sus amoríos con la bella María Mancini, sobrina del cardenal Mazarino, dan fe de su pasión y de su inicial decisión de casarse con ella por amor. Su madre y el cardenal tuvieron que hacer titanescos esfuerzos para convencerle de que no llevase a cabo semejante locura, dando al traste con uno de los más importantes compromisos políticos adquiridos con España en la Paz de los Pirineos: su unión con la hija mayor de Felipe IV.

El encuentro de la Isla de los Faisanes (1660), entre Luis XIV de Francia, secundado por el cardenal Mazarino, su madre la reina Ana de Austria y su hermano Felipe, Duque de Anjou, y el rey Felipe IV de España y la Infanta Maria-Teresa.
La grandeza de la monarquía, idea inculcada en Luis XIV por su mentor Mazarino y por su madre Ana, exigía sacrificios tales como el del amor. Teniendo prioridad la corona y el prestigio de su monarquía sobre la voluntad del hombre particular, Luis XIV se avino a las razones expuestas y renunció a María Mancini.

Luis XIV, retratado en su madurez por el artista Hyacinthe Rigaud en 1701.
Luis XIV, contrariamente a la tan difundida leyenda, no fue jamás un hombre de pequeña estatura. Del metro sesenta y ocho que se le atribuyen, la realidad es totalmente opuesta: 1m85, una estatura que estaba muy por encima de la media de sus contemporáneos. Altura que, por cierto, llegó a alcanzar más del metro noventa entre los tacones altos tan de moda, y las pelucas elevadas. Poseía, además, una abundante y larga cabellera, motivo de orgullo para él, castaña y rizada y hasta muy entrado su reinado, se negó a llevar peluca. Ojos pequeños pero brillantes, de color avellana y rasgados, que rara vez abría por completo pero que daba la sensación de que todo lo veía; su característica más sobresaliente era su nariz, muy Borbón, grande, aguileña que, con la edad, adquiriría descomunal importancia. Su figura, piernas, pies y manos perfectas a decir de sus contemporáneos. Su boca era definitivamente Habsbúrguica, el labio inferior sobresaliente, desdeñoso, muy propio de los Austrias, y el mentón hendido siendo señal de su carácter voluntarioso y resuelto. Legendario fue su noble aspecto y su gracia extraordinaria; jamás hizo un gesto descortés. Su educación, muy pulida y esmerada, le llevaba a saludar desde las más simples criadas que se cruzaban a su paso hasta a la más encumbrada princesa o duquesa de su corte. Su higiene personal era de las más cuidadas: siempre se lavaba varias veces al día las manos con alcohol, las uñas siempre cuidadas, bien cortadas y limpias. Contrariamente al tópico de la extrema suciedad de la época, Luis XIV impuso la moda de los cuartos de baño, pues así consta en Versailles cuando mandó instalar en sus aposentos un cuarto con una bañera de mármol, tendida de paños blancos para amortiguar el frío de la piedra. Sus criados cuidaban a diario de afeitarle, de hacerle la manicura y la pedicura. Cuando la moda de la peluca masculina se impuso de forma general, Luis XIV se avino a afeitarse la cabeza para hacer más llevadero el porte de unas pelucas que alcanzaban la friolera de 3 kgr. de peso.

Luis XIV, Rey de Francia y de Navarra (1638-1715); según A. Lucas-Fauchon.
Aunque hoy en día no se le puede encontrar atractivo físico, en su época pasó por serlo y gustaba mucho a las damas de su corte. Para muchos, Luis XIV fue un genial actor que supo encarnar a la perfección su papel de deidad, de Rey-Sol, las veinticuatro horas del día. Nunca jamás renunció a su divinidad, ni siquiera en privado, fuese en el momento de hacer el amor con su amante de turno o en el momento de hacer sus necesidades en público: la majestad jamás le abandonaba. Tampoco dejó que los demás supieran lo que en realidad pensaba, siendo sencillamente impenetrable.
Luis XIV recibe a su mesa al actor y dramaturgo Molière, en Versailles (cuadro de J.L. Gérôme, 1863).
Figurando como el mayor "gourmet" de su corte, dotado de un apetito pantagruélico, sus almuerzos y cenas se hacían eternas para los cortesanos que acudían a ellos y permanecían de pie. La respuesta se dió en 1715, cuando al fallecer se le practicó una autopsia y se descubrió que su estómago e intestinos eran el doble de grandes que en un hombre normal. El rey siempre comía solo, sentado en un sillón con apoya-brazos (privilegio del monarca) y en una mesa cuadrada, forma geométrica que simbolizaba la perfección y la unidad del Estado. Los oficiales de la Corona ejecutaban entonces un desfile cronometrado, presentando al Rey el vino, el agua, el pan, el lava-manos, la servilleta: por únicos cubiertos un cuchillo y una cuchara sopera; el monarca despreciaba el uso de los tenedores si no era para servirse de una bandeja de viandas. Según él, si Dios ha dado dos manos al hombre es para que éste les saque partido: comer con los dedos, por ejemplo. El menú diario era interminable: al rey se le presentaban los platos propuestos y elegía. Lo que era deshechado, volvía a las cocinas para ser repartido entre los pobres, los mendigos, los criados, los que no tenían qué llevarse a la boca.
(Continuará)
bufff, cuantos datos. madre mía. Yo conocía datos sobre Luis XIV, pero me enteré de su perfidia y de su culpa en la merma de España cuando comencé a estudiar a Felipe V. No se si el abuelo tenía tantos problemas mentales como el nieto, pero vaya, que se nos fueron los Austrias y nos entraron los Borbones, con sus ventajas y sus desventajas, a nivel de imperio claro. Siempre me he preguntado cómo hubiera sido la historia si Carlos II hubiese tenido descendencia. Desde luego que España se estaba quedando aislada, y era un país muy "dentro de mí", pero... ¿cómo hubiera sido la historia?. Siempre y cuando, claro, el heredero no hubiese recibido la herencia genética decadente que iba recibiendo. Pobre rey, Carlos II. Oye, por cierto, ¿te das cuenta de que nadie habla de Fernando VI?. Está claro que uno no puede ser un buen rey y pasar a la historia. Casi nadie le conoce. En fin, muy interesante tu blog.
Catman, tienes toda la razón, poco o nada se sabe de Fernando VI de España pese a que su reinado fue uno de los más beneficiosos política y culturalmente para nuestro país; una verdadera lástima. De todas formas, yo tengo por aqui un artículo sobre este monarca que, en su momento, me complacerá publicar en este blog. Un poco de justicia no vendrá mal al personaje.
En cuanto a si Carlos II hubiese tenido descendencia... el pobre ya era en si mismo un milagro al sobrevivir a la cuna. De su padre sifilítico había heredado un rosario inacabable de achaques físicos; la salud mala y la mente peor aún gracias a la endogamia familiar de los Austrias. No creo que en condiciones tales, hubiese podido engendrar algo que diera esperanzas a la monarquía y a sus súbditos. La manzana estaba podrida y su semilla habría sido catastrófica para el futuro.
Bueno, me queda agradecerte el comentario... que aqui son escasos pero valiosos!
Un saludo y gracias.