LA CONSPIRACIÓN DE CINQ-MARS (2)
el 12 may En: Temas - 7 comentarios
LA CONSPIRACIÓN DE CINQ-MARS (2ª parte)
El arresto de los conjurados
El 12 de junio de 1642, el Conde de Chavigny, secretario de Estado para los Asuntos Exteriores, llegó a Narbona portador de un mensaje de Richelieu para el Señor Sublet de Noyers, secretario de Estado para La Guerra. Los dos ministros se personaron ante el rey, sorprendiéndole conversando con el marqués de Cinq-Mars. Tomando del brazo al rey, Chavigny apartó al marqués con un tono autoritario alegando que tenía que entretener a Su Majestad de una importante noticia.

Léon Bouthillier, Conde de Chavigny (1608-1652), Secretario de Estado y Ministro de Asuntos Exteriores.
Los tres hombres se retiraron para hablar en secreto y, en el curso de la audiencia privada, Luis XIII se dejó convencer para firmar el arresto de los señores de Cinq-Mars, de Thou y de Bouillon.

Luis XIII, Rey de Francia y de Navarra (1601-1643), coronado por la Victoria; cuadro de Philippe de Champaigne (Museo del Louvre).
Uno se puede hacer idea de la incredulidad del monarca en ese momento, preguntando más tarde si no se habían confundido de persona al implicar al marqués de Cinq-Mars. Richelieu, con copia en mano de ese tratado, se había anticipado a las reticencias del soberano ordenando a Chavigny convencerle de que se arrestase a Cinq-Mars en primera instancia, y que si las acusaciones eran falsas, se le liberaría poco después.
El mismo día, François de Thou fue arrestado. El día siguiente y tras intentar huír, fue el turno del marqués de Cinq-Mars. Parece ser que, asaltado por los remordimientos, Luis XIII intentó prevenirle de que su vida peligraba.
A pesar de sus dudas, el rey no podía deshacerse de su amistad con el favorito.
En el momento de su ingreso en la fortaleza de Montpellier, donde fue inicialmente encarcelado, Cinq-Mars murmuró:
-"¿Y pues?¿Hay que morir a 22 años?¿Hay que conspirar contra su patria desde tan temprana edad?"
El mismo 12 de junio, el rey mandó a Casale, en Italia, al señor de Castellan para que arrestase al Duque de Bouillon. Buscando huír, los soldados descubrieron al duque escondido en una granja de alfalfa. Se puede decir que fue un momento poco glorioso para ese orgulloso militar. El duque fue encarcelado en la lúgubre fortaleza de Pierre-Scize, en Lyon.
Frédéric-Maurice de La Tour d'Auvergne, 2º Duque de Bouillon y Príncipe soberano de Sedan (1605-1652).
En cuanto al marqués de Fontrailles, éste había olido que las cosas se ponían feas mucho antes de que se descubriera el complot, y se había refugiado en el extranjero. Antes de partir, había hecho advertencias a Cinq-Mars y al duque de Orléans. El favorito no quiso oír sus consejos; estaba enamorado de la princesa María de Gonzaga y manifestaba la típica imprudencia de la juventud.
Las declaraciones del Duque de Orléans
No contento con los arrestos, el cardenal juzgaba de suma importancia someter a interrogatorio al Duque de Orléans. Usando de un estratagema, Luis XIII impidió que tomara éste el camino de la huída, invitándole a tomar el mando del ejército de Champaña. Sensible a ese gesto de confianza, Gastón de Orléans cayó en la trampa y permaneció dentro del país.

el Príncipe Gastón de Francia, Duque de Orléans (1608-1660); hermano menor del rey Luis XIII.
Mediante una segunda carta, el rey informaba a su hermano del arresto de Cinq-Mars, con pretexto de sus "insolencias". Gastón de Orléans escribió entonces una carta al cardenal de Richelieu:
"Primo mío, el Rey mi Señor me ha hecho el honor de escribirme cual ha sido finalmente el efecto del ingrato Monsieur le Grand (Cinq-Mars, llamado "Monsieur le Grand" por su cargo de Montero Mayor del Reino). Es el hombre del Mundo más culpable de haberos decepcionado después de tantas bondades. Las gracias que recibía de Su Majestad me han hecho desconfiar de él y de todas sus actitudes. Asi es, pues, primo mío, que conservo por Vos mi estima y mi amistad enteras."
Huelga hacer cualquier tipo de comentario al respecto.
El 28 de junio, Luis XIII y Richelieu debían reencontrarse en Tarascón para una primera entrevista tras muchos meses de separación. No fue sin duda un banal espectáculo que el de asistir al reencuentro de estos altos personajes del Estado, tan enfermo el uno como el otro, y estirados en dos camas puestas para este fin. Únicamente asistieron al evento los ministros Chavigny y Sublet de Noyers, fieles servidores del cardenal. Naturalmente, el cardenal comprendió que el rey había traicionado su confianza durante los últimos meses. Habló pues con firmeza y amargura.

el Cardenal Armand-Jean Du Plessis De Richelieu, 1er Duque de Richelieu y de Fronsac (1585-1642) -detalle de un retrato obra de Philippe de Champaigne-.
A tres contra uno, el rey capituló y otorgó plenos poderes a su primer ministro para arreglar el proceso judicial de los conjurados y los asuntos militares del Rosellón. Era entonces indispensable que Gastón de Orléans admitiera su culpabilidad en el triste asunto.
Chavigny, enviado del cardenal, previno al hermano del rey que todo se sabía de su implicación y que nadie respondía de su cabeza para salvarla, al haber cometido semejante crimen contra el rey y el reino.
Aterrorizado, el duque de Orléans envió misivas al monarca y al cardenal, y también a su propio confesor el abad de La Rivière, para que testimoniara en su favor ante ellos. Luis XIII respondió que su clemencia dependía de si le explicaba todo cuanto había que saber sobre el asunto.
Mientras tanto, todas las personas comprometidas en el complot empezaron a hablar de buena gana dando asombrosos detalles de toda la operación. De este modo, Richelieu supo del intento fracasado de su asesinato a manos del marqués de Cinq-Mars y de sus amigos en Lyon.
Por su parte, Luis XIII se encontraba sometido a una presión psicológica organizada sutilmente por el Cardenal y destinada a inclinar la balanza real a su favor y en contra, obviamente, de Cinq-Mars. No se omitieron detalles, como la famosa respuesta del favorito cuando le preguntaron por la mala salud del rey durante el asedio de Perpiñán: -"¡Se retrasa!"
El proceso de los conjurados
Dada la presencia del Duque de Bouillon en Pierre-Scize y de Gastón de Orléans en Annecy, refugiado en las posesiones de su hermana Cristina, Duquesa Regente de Saboya, el Cardenal de Richelieu escogió la ciudad de Lyon para abrir allí el proceso judicial.
Se personó allí en barco, remontando por el río Ródano, llevando consigo y bajo escolta a François de Thou. Tras una tentativa frustrada de evadirse, el Marqués de Cinq-Mars fue transportado en carroza y rodeado por 600 guardias, desde Montpellier hasta la fortaleza de Pierre-Scize.
Henri de Coiffier de Ruzé d'Éffiat, Marqués de Cinq-Mars (1620-1642).
Los primeros interrogatorios no dieron resultados, ya que Cinq-Mars y De Thou se obstinaron a negarlo todo de forma sistemática.
Dado que el documento original del tratado había desaparecido, era indispensable que una copia fuese autentificada. A la espera del primer ministro, la comisión extraordinaria encargada del juicio y presidida por Pierre Séguier, canciller de Francia, se encontró con Gastón de Orléans en la localidad de Villefranche-sur-Saône el 29 de agosto de 1642.
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Giulio Mazarino, Cardenal Mazarino (1602-1661) -Jules Mazarin-.
Giulio Mazarino había obtenido la clemencia del rey para el Duque de Orléans y la restitución de sus posesiones en contrapartida del reconocimiento del tratado. Pero Gastón rehusó de forma categórica un careo con Cinq-Mars, lo que no le impidió revelar en veinte artículos todo lo que sabía y autentificar la copia del tratado. Añadió que fue solicitado por Cinq-Mars para unirse a los conspiradores y para colaborar en la caída del cardenal. Si el hermano del rey hacía, por norma, gala de gran arrojo y valentía en los campos de batalla, en ese momento mostraba una vez más su lamentable cobardía en los asuntos políticos.
Era entonces corriente, ver políticamente necesario, perdonar a los Príncipes de la Sangre, pero la actitud de Gastón de Orléans hacia los demás conjurados tuvo que herir sensiblemente a muchas conciencias:
"....y porque Monsieur estaba desgraciadamente envuelto en este asunto que los hizo perecer, hasta el punto que se ha creído que su sola confesión hecha ante el Señor Canciller fue la que más los inculpó, y que fue causa de sus muertes. El acomodamiento de Monsieur (Gastón de Orléans) se hizo, y volvió a París bajando a mis aposentos tan alegre y dicharachero como si los señores de Cinq-Mars y De Thou no se hubiesen quedado por el camino. Admito que no pude verle sin pensar en ellos, y que en mi alegría sentí que la suya me daba pena."
Así lo atestigua en sus "Memorias" la Duquesa de Montpensier, la mismísima hija de Gastón de Orléans que, en aquella época, contaba ya 15 años de edad.
la Princesa Ana-Maria-Luisa de Orléans, Duquesa de Montpensier, Princesa de Dombes y Condesa d'Eu (1627-1693); la hija primogénita del Duque Gastón de Orléans y sobrina carnal del rey Luis XIII. / Retrato en acuarela sobre marfil de Werner.
El Duque de Bouillon tampoco demostró ser más valiente y olvidó su palabra dada. En su careo con el Marqués de Cinq-Mars, declaró desconocer todo acerca del famoso tratado y explicó que solo habría librado la plaza de Sedan al enemigo en el caso de que muriera el rey. Todo lo demás era responsabilidad del marqués. Para salvar su cabeza, el duque aceptó ceder la plaza de Sedan que su padre había heredado de su primera esposa, Charlotte de La Marck.
El golpe de gracia fue dado por el rey en persona el 6 de agosto. Escribió al canciller Séguier:
"... pues ese impostor y calumniador, el mayor que nunca hubo, no olvidó nada de todo lo que pudo hacer para disponerme contra mi Primo el Cardenal de Richelieu. Pero, cuando sobrepasó los límites hasta llegar al extremo de proponerme que me deshiciera de mi Primo, ofreciéndose para hacerlo, tuve en horror esos malos pensamientos y los odié, de manera que, al no encontrar mi apoyo para sus temibles planes, se puso en contacto con el Rey de España contra mi persona y mi Estado por desespero de no poder conseguir lo que deseaba."

Pierre Séguier, Duque de Villemor (1602-1661), Canciller de Francia y Custodio de los Reales Sellos -ministro de Justicia-.
Ese escrito fue arrancado del rey por el Conde de Chavigny y el Señor de Noyers. Pero, ¿qué tenía que esconder el escrupuloso Luis XIII para comportarse de tal manera? La suerte del Marqués de Cinq-Mars estaba echada, pero los cargos fallaban contra François de Thou.
Richelieu perseguía a De Thou con un odio mal comprendido por los historiadores. Haciendo gala de un encarnecimiento indigno de un gran ministro que hacía temblar Europa, usó de un miserable estratagema.
El 10 de septiembre, por medio del Barón de Laubardemont, hombre de confianza de Richelieu y miembro de la comisión, el cardenal hizo creer a Cinq-Mars que De Thou había confesado su total implicación en la trama. Si quería evitar la tortura y salvar la cabeza, tan solo tenía que firmar un documento confirmando así todo lo dicho por su amigo. Obviamente era una mentira, pero Henri de Coiffier de Ruzé d'Effiat, Marqués de Cinq-Mars, cayó de lleno en la trampa.
El 12 de septiembre, de buena mañana, el juicio celebró su comienzo con un careo entre François de Thou, sus "supuestas confesiones" y el Marqués de Cinq-Mars. El favorito, en un gesto que le honra, tomó entonces la defensa de su amigo, explicando que este último había hecho todo lo posible para disuadirle de llevar a cabo ese proyecto, cuando fue informado de la existencia del tratado con los españoles. Pero ya era demasiado tarde.
El hermoso e inconsciente Marqués Henri de Cinq-Mars fue condenado a la pena capital por unanimidad, y su amigo François de Thou por 12 votos contra 2. El cardenal acababa apenas de dejar la ciudad de Lyon cuando recibió la noticia en Lentilly. Al mismo tiempo, como una buena noticia nunca llega sola, Richelieu se enteraba que Perpiñán había capitulado el 9 de septiembre.
El final
El mismo día, a finales de la tarde, los condenados fueron llevados desde el palacio de Justicia hasta el lugar de su suplicio, en la plaza des Terreaux. Contrariamente a la costumbre observada para esas ocasiones, no fueron en un carro sino en carroza!
Cinq-Mars se sorprendió del trato del cual eran objeto, preguntándose por qué no les habían maniatado y llevados en un carro como les correspondía normalmente a los reos. Divertido, preguntó: -"¿Cómo señor, nos llevan en carroza?¿Es así como nos vamos al Paraíso?"
Un testigo apuntó en su diario que el marqués iba elegantemente vestido, llevando un traje en tela de Holanda, de color pardo y cubierto con pasamanería de encaje de oro ancho de dos dedos, y un sombrero de ala ancha negro.
El patíbulo tampoco era el esperado. En lugar del tradicional tronco tallado, se había puesto una columna de madera alta de 3 pies y encajada en el estrado. Los condenados debían abrazarse a ella, apoyando las rodillas en un pequeño banco. Este insólito patíbulo había sido reclamado por un ejecutor ocasional que reemplazaba al oficial de turno que estaba en cama al haberse quebrado una pierna.
El mismo testigo relata:
"...el ejecutor seguía la carroza a pie, era un hombre de edad avanzada, contrahecho, vestido como un mano de obra que asiste a los masones y que jamás había realizado ejecución alguna, aparte de manejar el hacha, de la cual tuvo que servirse ya que no había otro ejecutor, estando el de Lyon con la pierna rota..."
La carroza llegó en la plaza donde una considerable muchedumbre se agolpaba para asistir a la ejecución capital. Bajó primero el Marqués de Cinq-Mars del coche. Tres trompetas impusieron el silencio y se dió lectura de la condena. François de Thou quedó en la carroza.
Cinq-Mars subió dignamente las escaleras del estrado. Padeciendo los preparativos, recitó el "Salve Regina" con su confesor y rehusó que le vendasen los ojos. Arrodillado y abrazado a la columna, espetó al verdugo:
-"¿Y bien?¿a qué esperas?"
El hacha no cortó de buenas a primeras la cabeza del cuello. El espectáculo fue horrendo. El marqués, con la cabeza casi colgando, hizo ademán de levantarse. El verdugo tuvo que dar la vuelta alrededor de su víctima para cogerle por los cabellos y terminar su oficio. La cabeza rodó hasta los pies del patíbulo de donde fue lanzada al estrado por un testigo. Ese macabro incidente debía ser frecuente...
El cuerpo decapitado del marqués fue apartado, arrastrado hasta un rincón y cubierto por una lona. Le llegó el turno a François de Thou, quien subió sin vacilar las escaleras del patíbulo, perdonó y abrazó al ejecutor. Impresionado por la abundante sangre de su amigo, aceptó que le vendasen los ojos. Fue recitando el "In Manus Tuas" que el pobre De Thou recibió el primer golpe de hacha del verdugo en el cráneo. El ejecutor aficionado se mostró aún más torpe que antes y, bajo los silbidos de la muchedumbre, tuvo que rematarle de 4 golpes para decapitarle!
Siniestro eco de la Historia, esta ejecución respondía a la del Conde de Chalais, realizada en Nantes en 1626, y en la cual el verdugo, también novato, tuvo que rematar al condenado con más de una decena de golpes para cumplir con su cometido.
CONSECUENCIAS:
La noticia de la muerte del Marqués de Cinq-Mars hizo la vuelta del país y produjo una viva emoción. La impopularidad del cardenal de Richelieu llegó entonces a un nivel alarmante. Sin embargo, el cardenal aún no había acabado con sus enemigos. Exigió el despido de los capitanes comprometidos, y cuya presencia en el entorno del rey le inquietaba no sin razón. Muy reticente, Luis XIII se negó a ceder, sobre todo en el caso del Conde de Tréville al que tenía en muy alta consideración, confianza y estima. Finalmente tuvo que ceder...
Busto del Cardenal-Duque de Richelieu (Museo Nacional de los Castillos de Versailles y de Trianon).
La madre del marqués de Cinq-Mars, la Marquesa d'Effiat (viuda del mariscal), fue exiliada en Touraine. Su hermano fue privado de sus beneficios de abad y el castillo de Cinq-Mars fue arrasado hasta los cimientos.

La Princesa Luisa María de Gonzaga-Nevers (1611-1667); hija del Duque Carlos I de Mantúa y de la Princesa Catalina de Lorena-Mayenne, esposa del rey Ladislao IV de Polonia.
En cuanto a la princesa María de Gonzaga, Richelieu le hizo saber con perfidia, cuando ella reclamó los recuerdos y las cartas depositadas en la carta perteneciente a su enamorado, que se había encontrado tantas cartas y mechones de pelo de diferentes mujeres que era menester que enviase ella misma uno de sus propios mechones y una carta escrita por ella para distinguir cuales eran las suyas.
María de Gonzaga se consoló casando con el rey Ladislao IV de Polonia...
Siguiendo una estrategia habitual para deshacer las crisis, Richelieu presentó al rey su dimisión que, obviamente, Luis XIII rehusó aceptar. Entonces el cardenal se mostró exigente sobre la actitud a la cual debía conformarse entonces el monarca. Se puede decir que Richelieu chantajeó moralmente al rey divulgando cosas horribles supuestamente confesadas por el difunto marqués de Cinq-Mars, declaraciones que, por cierto, nunca fueron escritas por orden del Canciller Séguier.
Se puede afirmar que, a raíz de ese triste asunto, la inquebrantable confianza entre el rey y el cardenal se resquebrajó. El cambio se hizo notar sensiblemente en la correspondencia después del juicio de Lyon: los gestos y muestras de afecto desaparecieron.
El 4 de diciembre del mismo año de 1642, el cardenal de Richelieu falleció, casi tres meses después de la ejecución capital del marqués de Cinq-Mars, su antiguo protegido. La noticia hizo reguero de pólvora por toda Europa e inspiró al Papa Urbano VIII esa curiosa frase:
"Si hay un Dios, lo pagará! Pero si no hay Dios, menudo hombre!"
Luis XIII fallecería cinco meses después, el 14 de mayo de 1643, designando en su cama de moribundo a Ana de Austria como regente del reino de Francia (20 de abril), debidamente asesorada por un consejo formado por Gastón de Orléans, el Príncipe de Condé, el Cardenal de Mazarin, el Canciller Séguier, Bouthillier de Chavigny y el Conde de Chavigny (hijo del anterior).

¡¡Gracias por visitarme!!. Ya veremos como se desenvuelve el nuevo Prediente francés, de momento se ha dado un "homenaje" en yate millonario puesto a su disposición por un "cortesano" (mal comienzo).
Tienes un blog muy interesante para darse un paseo por la Historia. Vendré a tomar el té, mientras tu me cuentas cosas interesantes. Un saludo.
Gracias Isabel, muy amable por tu parte; igualmente interesante tu blog por su variedad de temas, asi que nos leemos ;)
Saludos.
¡Qué blog más interesante! te visitaré a menudo... Un saludo
Gracias Theo, y espero que comentes también :)
Saludos.
Jejeje, muchas gracias, pero me temo que sobre Historia de Francia podré comentar muy poquito; quizá de otros temas me atreva algo más. Un cordial saludo.
No importa, aunque se tenga presente su propia ignorancia en algunos temas, se puede emitir una opinión personal. En este país siempre hemos sido bastante proclives a opinar sobre todo y sobre nada, aunque no tengamos ni la más remota idea (asi nos va). De todos modos, opinar sobre los acontecimientos históricos no trae consecuencias... ya sabes: "agua pasada no mueve molino".
Un gran saludo :)
Estoy completamente de acuerdo con eso; en este país hemos tenido tendencia a cumplir la cita de Goethe:
"Los alemanes... los conozco bien; primero hablan, luego miran, luego callan"
Aquí hablamos, miramos y seguimos hablando como si no hubiésemos visto... "Que la realidad no te impida dar un buen titular". Quizá sea cierto que opinar sobre asuntos históricos no traiga consecuencias, pero es muy osado, jejeje. Gracias!