OBRAS : realización de un autorretrato paso a paso
el 10 may En: Obras - sin comentarios
Ésta es la primera fotografía que he realizado al poco de atacar el lienzo de 60 x 73 cm; el proyecto, obviamente, era el de plasmar un autorretrato académico, claramente inspirado en una obra particularmente apreciada del maestro Jean-Auguste Dominique INGRES (1780-1867): el retrato del Conde Nicolai Dimitrievich Guriev.

Conde Nicolai D. Guriev (obra de J.A.D. Ingres)
La preparación del lienzo, que siempre me resulta tediosa, tiene sin embargo su importancia para dar realce a los colores de la paleta. Siempre pinto una capa fina de "Tierra de Siena" o, como en este caso, de "Ocre Amarillo", diluidas con aguarrás para que se seque lo más pronto posible. A diferencia del aceite de lino o de la esencia de trementina, que siempre retrasan mucho el secado de la pintura al óleo pero le da un tremendo brillo, el aguarrás permite al pintor trabajar con rapidez; lo malo es que apaga el brillo y el frescor del óleo.
Tras la preparación del fondo de la tela con el ocre amarillo, me ocupo de dibujar a grandes trazos el esbozo de lo que tiene que caber en el lienzo. En este caso, el retrato es de medio cuerpo. Y, lo primero que me preocupa, después de cuadrar las proporciones del "retratado", es subrayar las principales líneas del dibujo perfilando con pintura negra, pese a que muchos artístas siempre han rechazado el uso del negro puro como tengo entendido. Secado el perfilamiento, paso enseguida a dar color a la cabeza y a la mano descubierta, utilizando toda una gama de pinturas que puedan aportar carnosidad y verosimilitud, sin olvidar "moldear" con sombras para darle relieve visual tanto a la cara como a la mano que recoje la capa cruzada.
"Autorretrato" (primera fase), Abril 2007.
Digamos que los primeros "brillos" o claridades son importantes como base a la evolución de la carnosidad, así como las "sombras" previas, que ayudarán a determinar el resultado final con un sutil juego de transpariencias, combinando la superposición de finas capas de color. La cuestión es simple: tratar de suavizar los rasgos, de fundirlos sin hacerlos desaparecer, insinuarlos.
Como el resultado me parecía convincente, me dispuse entonces a ocuparme de lo fundamental: el traje negro, básicamente negro (lo que facilita la tarea ya que el trabajo en sí se simplifica a la hora de trabajar los matices del color, sus sombras e iluminación), y la manga de la camisa que sobresale sobre la mano.
"Autorretrato" (segunda fase); abril 2007.
Ya en esta tercera fotografía, se pueden apreciar los cambios y la evolución del cuadro a medida que se va pintando.
Como es básicamente oscuro el traje y la capa, a excepción del forro (dejado para lo último), me animé a trabajar los matices de los pliegues con un poco de blanco de zinc mezclado con el negro marfil -un curioso nombre para un color negro-, en mayor proporción. De paso, me ocupaba del cuello, igual de blanco que la manga abiertade la camisa.
El resultado se puede inicialmente apreciar en la foto superior.
Tras finalizar con la negrura del traje, imperaba ocuparse del forro rojo de la capa, mucho más complicada por sus brillos aterciopelados. Por cuestiones de luz, de iluminación, las tonalidades del forro adquieren distintos tintes y requieren algo de acierto en la paleta por mi parte. Hay días en que todo me sale bien y otros, mejor no contar.
"Autorretrato" (Tercera fase); abril 2007.
El resultado inicial es éste (foto superior), aunque por desgracia, los reflejosdel flash del aparato malmeten bastante los matices de los rojos degradados del forro. Es un engorro porque no reproduce con fidelidad lo que el ojo ve, pero es lo que hay de momento.
"Autorretrato" (inacabado); óleo sobre lienzo de 60 x 73 cm. Barcelona, abril 2007.
¿Por qué un autorretrato? y, ¿por qué no? ¿Quien mejor que uno mismo para conocerse y plasmarse tal y como se ve en el espejo? Transmitir su estado de ánimo a través de la mirada -una tarea bastante árdua-, de una pose, de un gesto, utilizando no tan solo la expresión del rostro sino también el fondo que acompaña, para dar, en conjunto, la idea que tiene uno de si mismo en aquel instante. Y transmitirlo al que lo mirará cuando esté acabado. Es como fabricar un mensaje encriptado destinado a ser descifrado o interpretado por el observador.
Por otro lado, copiar está bien aunque a mi, en particular, no me guste demasiado ser tan literal. Prefiero inspirarme de una obra en concreto para transformarla a mi gusto y que se hallen diferencias claras por eso de que "una obra tiene que ser personal y tener su propio sello", igual que solía hacer el maestro Bacon con el famoso retrato de un cardenal español (aunque en su caso, pareciera casi una obsesión ese retrato en particular) y que me recordaba sutilmente "El Grito" de Munch, pero con mayor violencia e intensidad, más desgarrador.
Más que centrarme en la psicología del personaje retratado, me recreo en los detalles de la ropa, las formas, los colores conseguidos y la extraña magia que se desprende y que me fascina, así como en la técnica del pintor.
Hoy día, el género del retrato se ha visto lamentablemente relegado a un tercer plano para ser eclipsado por un arte o una manera de pintar nada figurativa; todo suele ser abstracto e incomprensible para el profano, y éste, dificilmente puede llegar a comprender con exactitud lo que el pintor pretende transmitirle. ¿Quién es capaz, realmente, de interpretar una obra de Miquel Barceló, de Tápies, de Miró? Resulta mucho más sencillo opinar sobre un Van Gogh o un Chagall.

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