ANASTASIA: La Hija del Último Zar
9ª Parte

Objetivo: el starets

La relación de Raspútin con Palacio era del dominio público. Todo el mundo sabía que el starets gozaba de la total confianza de la zarina, y el hombre de la calle suponía que ella era su ramera. Pero quizá lo peor fue el rumor de que el santón estaba a sueldo de los alemanes. Su oposición a la guerra era bien notoria; y la costumbre que tenía de cenar semanalmente con un banquero de Petrogrado, Manus, parecía confirmar las sospechas del pueblo. Raspútin no se distinguía precisamente por su discreción, y su lengua se desataba aún más a causa de las bonitas mujeres y de la bebida que Manus le proporcionaba. Hasta la Familia Imperial andaba convencida de que los informes de Raspútin caían en manos del enemigo. El tema tomaba un cariz tan escandaloso que se murmuraba que era menester deportar a la emperatriz y, por qué no, asesinarla.

Vladimir Purishkevich (1870-1920)

El 2 de diciembre de 1916, un diputado de la derecha, Purishkevich, ardiente defensor de la monarquía zarista, se levantó en la Duma y, por espacio de dos horas, estuvo denunciando las "fuerzas tenebrosas" que estaban destruyendo la máxima institución rusa. En tono enérgico, dijo que sólo se necesitaba la recomendación de Raspútin para elevar a altos cargos a los ciudadanos más abyectos; luego, volviéndose hacia los ministros, les rogó que tuviesen el suficiente valor para decirle que la multitud ya se ha vuelto amenazadora en su cólera. Añadió que la revolución "es inminente" y que un oscuro mujik no debe gobernar Rusia por más tiempo.

el Príncipe Félix Felixovich Yusupov (1887-1967) y su esposa, la Gran Duquesa Irina Alexandrovna de Rusia, Princesa Yusupova (1895-1970).

Un prestigioso aristócrata, de nombre ilustre y de linaje aún más brillante, el Príncipe Félix Felixovich Yusupov, joven e inmensamente rico, yerno de la hermana del zar, la gran duquesa Xenia Alexandrovna de Rusia y del gran duque Alejandro Mikhailovich, oyó el discurso de Purishkevich y, al día siguiente, le visitó. Sabía por experiencia, tal y como fue demostrado en el caso de sus padres convertidos en parias, que el emperador no querría escuchar ninguna crítica contra Raspútin; por consiguiente, había decidido matar al starets, pero necesitaba ayuda y cómplices. El diputado le ofreció la suya y se unieron otros tres personajes: el gran duque Dimitri Pavlovich de Rusia, hijastro de la Princesa Olga Paley, de 26 años y primo del zar; un oficial del ejército, Sukhotin, y un médico, el doctor Lazovert.

Luego, la lista de los conspiradores se amplió con la colaboración de dos agregados militares de la embajada británica.

Fachada del Palacio Yusupov, sobre el Muelle de La Moika (San Petersburgo).

Dimitri Pavlovich, Gran Duque de Rusia (1891-1941)

El plan era bastante sencillo: Yusupov invitaría a Raspútin a su casa, el lujoso Palacio del Muelle de La Moika, y le envenenaría la comida y la bebida. A cargo de los otros correría la tarea de desembarazarse del cadáver. Todo salió conforme al plan trazado, salvo que Raspútin no parecía querer morir. El príncipe le condujo a un salón del sótano, donde solía reunirse con sus amigos calaveras para no despertar a los demás ocupantes del palacio, y le ofreció un refrigerio. El starets bebió dos copas de vino envenenado, devoró también dos pasteles sazonados con arsénico y se puso a cantar. Yusupov, exasperado, se ausentó un momento del cuarto para subir a la planta superior en busca de un revólver. Al volver, llamó la atención del "mujik" sobre un icono colgado en la pared y le disparó por la espalda. La víctima se desplomó, aparentemente muerta. Cuando el príncipe se dispuso a subir nuevamente las escaleras, oyó un ruido; Raspútin se había reincorporado y avanzaba en su dirección tambaleándose. Asustado, Yusupov llamó a sus cómplices para que acudiesen en su ayuda mientras Raspútin intentaba salir del palacio y escapar de sus asesinos. Acribillado a tiros, se desplomó en el patio. Los conjurados le ataron de pies y manos, le envolvieron en una lona, practicaron un agujero en el hielo que recubría las aguas del canal del Pequeño Neva y deslizaron su cuerpo por él.

La Debacle

La emperatriz Alexandra supo por su amiga Anna Vyrubova que Raspútin había aceptado una invitación del Príncipe Yusupov y que, desde entonces, no se le había vuelto a ver. Aterrada, sospechando que le habían tendido una trampa, rogó a Nicolás que regresara urgentemente a Tsarskoie Selo. Tres días más tarde, se recuperaba el cadáver de las heladas aguas del Neva.

el cadáver del starets Raspútin, recuperado de las heladas aguas del Pequeño Neva (fotografía forense de 1917).

La zarina, apenada, ordenó que fuera sepultado en una capilla a medio construir en las inmediaciones del Palacio Imperial.

Aunque millares de personas se alegraron de la muerte del "mujik", besándose incluso en las calles, la desaparición del monje maldito no alivió en modo alguno la suerte de Rusia. El daño ya estaba hecho y era demasiado tarde para los zares. A finales de febrero de 1917, en Petrogrado, la situación era harto peligrosa; la tensión se debía principalmente a la escasez de alimentos y de combustible. Muchas panaderías iban a ser saqueadas, los graneros correrían la misma suerte. El Ejército se había llevado a 15 millones de hombres de las granjas; los ferrocarriles fallaban y, en un mes tan frío, mil doscientas locomotoras se helaron. Los insuficientes suministros de harina, carbón y madera quedaron reducidos a nada. El 18 de marzo, las largas colas silenciosas de gente que iba a comprar alimentos se enardecieron repentinamente. Empezaron los saqueos en tiendas y panaderías. La revolución había estallado.

La Revolución

Nicolás II, Zar-Emperador de Rusia (1868-1918)

Dos días más tarde, la mayor parte de los hombres de Petrogrado fueron a la huelga. La gente desfilaba por las calles con pancartas que decían "Dadnos Pan" y "Abajo la Alemana". Los ministros del emperador telegrafiaban a éste, completamente aterrados, que viajaba en su tren privado de camino a los cuarteles generales del Ejército, y le suplicaban que regresase a Petrogrado para hacerse cargo de la situación y nombrase un nuevo Gobierno aceptable para la Duma. En vez de eso, Nicolás II se negó a atender las peticiones de sus ministros y ordenó a la guarnición de Petrogrado que restableciera el orden en las calles. Sin embargo, el ejército se negó a disparar contra los amotinados y empezó a confraternizar con ellos.

el Príncipe Georgy Yevgenyevich Lvov (1861-1925), 1er Presidente del Gobierno Provisional Ruso del 23 de marzo al 21 de julio de 1917.

El 11 de marzo, Nicolás II telegrafió ordenando la disolución de la Duma; ésta también hizo caso omiso del zar y se negó formalmente a disolverse. Al día siguiente, la Asamblea formó su propio gobierno provisional encabezado por el Príncipe Lvov, designando al social-revolucionario Aleksandr Kerenski para el puesto clave de ministro de Justicia. Pero ni siquiera ese hecho logró restablecer la calma en las calles de la capital. Horas después, se habían amotinado los soldados que, tras reunirse, marcharon anárquicamente hacia la Duma sin estar organizados y sin un claro cabecilla que les dirigiera...

Mientras, el zar seguía dando órdenes telegrafiadas desde su tren sin recibir respuestas positivas de acatamiento por parte de nadie. Había dejado de ser el Jefe de Estado de todas las Rusias y ni siquiera tuvo consciencia de ello hasta que lo apresaron en su tren, informándole que debía abdicar formalmente ante el hecho consumado de que lo habían depuesto.

Nota:

-Georgy Yevgenyevich, PRÍNCIPE LVOV (1861-1925). Descendiente de la dinastía Rurikida, procedía de la antigua Casa Principesca y Soberana de Yaroslav. Se licenció en derecho en la Universidad de Moscú. En 1905 se afilió al Partido Constitucional Democrático (liberal) y fue elegido para formar parte de la 1ª Duma.
Tras la revolución de febrero (1917), que provocó la abdicación de Nicolás II, fue el primer Presidente del Gobierno Provisional de Rusia del 23 de marzo al 21 de julio, casi cuatro meses en suma y con funciones de Jefe de Estado y de Gobierno. Su popularidad inicial acabó por degradarse al sostener la continuidad de la guerra contra Alemania y por prometer reformas sociales y políticas que incumplió o no tuvo tiempo de llevar a cabo. Sin apoyos y desprestigiado, su Ministro de Justicia Kerensky le sustituyó en el cargo.
Cuando los bolcheviques tomaron el poder, Lvov fue arrestado pero consiguió escapar y exiliarse a Francia. Murió en París en 1925.

(Continuará...)