GRAN DUQUESA DE RUSIA
1901 - 1918 ?

7ª Parte
De Witte a Stolipin
Nicolás y Alejandra hicieron lo que siempre habían hecho en tales ocasiones: echaron a Witte la culpa de sus desgracias. En su correspondencia con su madre la emperatriz viuda, Nicolás II dijo que estaba tratando de obligar a Witte a actuar más enérgicamente. En otra carta, concluía que nunca había visto a un hombre tan camaleón, y que ahora tenía ganas de ahorcar y fusilar a todo el mundo.
En lugar de respaldar la política de Witte y darle tiempo para lograr sus propósitos, Nicolás le animó a redactar una serie de Leyes Fundamentales encaminadas a reducir los poderes tan recientemente conferidos a la Duma. La Ley I rezaba: "Al Emperador de Todas las Rusias pertenece el supremo poder autocrático". En virtud de la cual pidió a Witte que dimitiese y nombró en su lugar a un "lacayo" suyo, por decirlo así, un caballero anciano y sin relieve, un completo lerdo en política llamado Goremikin.
La primera Duma tan solo duró un par de meses. Aparte de los partidos revolucionarios de Lenin y Trotski, se alzaron otros partidos liberales denominados Cadetes y Octubristas. Cuando la Duma se reunió en mayo de 1906, sus 524 diputados representaban a estos cuatro partidos.
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Nicolás II, Zar & Emperador de Rusia (1868-1918)
Sin embargo, Nicolás II se quedó aterrado cuando recibió la petición de establecer el Sufragio Universal, las reformas agrarias, la libertad para los presos políticos y el firme compromiso de la Corona para nombrar solamente ministros con la previa aprobación de la Duma. En la sesión de apertura, los oradores atacaron mordazmente al gobierno de Nicolás II y blandieron toda suerte de recriminaciones; y cuando, en julio de 1906, el desbordado primer ministro Goremikin dimitió y Stolipin le sucedió en el puesto, el zar le instó a clausurar el Parlamento, cosa que el flamante primer ministro hizo de inmediato.
Stolipin, hombre de gran estatura, cara pálida como la de un cadáver y barba negra como el azabache, fue el primer ministro más capacitado que jamás tuvieron los rusos. "No me es posible deciros hasta qué punto he llegado a querer y respetar a ese hombre..." escribiría más tarde Nicolás II a su madre.
Stolipin no era contemporizador. Aunque al zar le hubiera gustado que el Parlamento permaneciese en suspensión permanente, el primer ministro insistió en que se respetase el Manifiesto de Octubre. Así, en el mismo año, se reunió una segunda Duma con un resultado francamente peculiar: treinta diputados socialdemócratas fueron deportados a Siberia y otros fueron puestos bajo estrecha vigilancia policial. Stolipin publicó entonces una nueva ley electoral que abolía el Sufragio Universal y concentraba el poder electivo principalmente en manos de la clase media rural. La 3ª Duma iba entonces a reunirse a finales del año 1907 y durar hasta 1912.
Un paréntesis para los últimos fulgores
Bajo la severa dirección de Stolipin y sus imaginativas reformas, Rusia empezó entonces a apaciguarse. De nuevo los palacios de San Petersburgo se iluminaron con profusión de luces; de nuevo la "Belle Société" rusa regresaba a sus casas cuando despuntaba el alba sobre la capital tomada por los hielos, o montaban en sus troikas y se deslizaban sobre la nieve hacia las islas, a escuchar las melancólicas canciones gitanas.

el retrato de la Princesa Olga Constantinova Orlova (1872-1923), realizado por Serov en 1911, es una muestra de los últimos destellos de la Rusia Imperial antes de la hecatombe de 1917. La Princesa Orlova era entonces una de las"reinas" de la "Belle Société" rusa; pasaba por ser la dama más elegante y distinguida de San Petersburgo...En 1918, era una de las ilustres rescatadas de Crimea por el buque de guerra británico HMS Marlborough, junto con la madre, hermanas, tíos y primos del zar Nicolás II.
El gran duque Vladimiro Alexandrovich de Rusia (1847-1909) y su inteligentísima esposa la gran duquesa Maria Pavlovna -nacida Princesa María de Mecklemburgo-Schwerin, 1854-1920- (la tercera dama de Rusia, después de la zarina Alexandra Feodorovna y de la emperatriz viuda Maria Feodorovna), tíos del zar Nicolás II, en lugar de las oscurecidas ventanas del Palacio de Invierno, instauraron una corte alternativa a la ya inexistente y fantasmal Corte Imperial Rusa, mucho más brillante y atractiva que atrajo a toda la flor y nata de la alta sociedad. En los vastos salones de su palacio, los grandes duques acogían a lo más granado de la aristocracia, de las letras y de las artes rusas. En sus fiestas de alto copete, princesas, condes, empresarios, bailarines, escritores, pintores y músicos se codeaban indistintamente alrededor de su mesa.

la Gran Duquesa Maria Pavlovna de Rusia (1854-1920), esposa del Gran Duque Vladimiro Alexandrovich, nacida Princesa Gran Ducal María de Mecklemburg-Schwerin. Era la tía política del zar Nicolás II, siendo su marido el segundo hermano del zar Alejandro III. De ella desciende el desaparecido gran duque Vladimiro Kyrilovich (1917-1992), pretendiente al trono en el exilio, y la gran duquesa Maria Vladimirovna -actual pretendiente-, su bisnieta.
La afilada lengua de la gran duquesa Maria Pavlovna no perdonaba a la zarina Alexandra, a quién hacía responsable del fracaso de Nicolás II en el cumplimiento de sus deberes sociales. En cierta ocasión, al visitar Bulgaria, fue felicitada por un funcionario por su impecable memoria y ella le espetó lacónicamente: "Debo conocer mi oficio. Podéis decir esto a la Gran Corte."
Su marido el gran duque Vladimiro era presidente de la Academia de Bellas Artes y se interesó especialmente por el ballet. En 1907, trabó amistad con un empresario del ramo, Diaghilev, quien se quejaba de que la dirección del Teatro Imperial (el célebre Teatro Mariinski) era demasiado conservadora. Diaghilev tenía un sueño: reunir una compañía de artistas del Mariinski y llevarlos al extranjero de mayo a septiembre, cuando el teatro ruso cerraba sus puertas al terminar la temporada invernal. Él les procuraría nuevas coreografías y partituras musicales.

Sergei Diaghilev (1872-1929), el empresario teatral que fundó los célebres "Ballets Russes", con estrellas como Maria Pavlova y Vaslav Nijinsky, su amante; retratado por Serov, 1909.
El gran duque apoyaba a Diaghilev y le patrocinaba con una sustanciosa financiación de su propio bolsillo. Entre los años 1909 y 1914, su genial protegido causó sensación en las capitales de Occidente con su armoniosa música y la poesía de sus coreografías, de un concepto jamás conocido y concebido hasta entonces en Europa. Diaghilev creaba nuevos ballets que alternaba con otras conocidas producciones del Teatro Mariinski, proyectando sobre ellas su propia magia. Empleaba a los decoradores Benois y Bakst, a coreógrafos como Fokine, y a Stravinski para componer música para el ballet.
Obviamente, el innovador concepto de Diaghilev, que rompía con lo tradicional y académico, resultó chocante para una parte del público como cuando se estrenó en París, en 1913, "Le Sacre du Printemps" (la Consagración de la Primavera); la obra fue acogida con rechifla y burla, y el barullo fue tan grande que casi interrumpe la interpretación. En Londres, el crítico del "Daily Mail" describió los pasos del bailarín Nijinski como "cómicos", y la música de Stravinski como "mera anarquía".
"Se me acusa de crimen contra la gracia -replicó el célebre bailarín- . Realmente, yo tengo horror precisamente a esa palabra. Las palabras "gracia" y "encanto" me ponen enfermo... Yo detesto la poesía convencional del ruiseñor y de la rosa; mis propias inclinaciones son "primitivas". Yo como mi carne sin Sauce Béarnaise!".

Vaslav Nijinsky (1890-1950), el 1er bailarín del Teatro Mariinski y estrella incontestable de los "Ballets Russes".
Mientras Diaghilev atormentaba, consternaba y sorprendía al público europeo en sus giras, el mundo elegante de Rusia se hallaba enteramente dedicado a la Bolsa. Aristocráticos oficiales de la Guardia Imperial, que antes jugaban a las cartas, ahora especulaban con el acero o la lana. La gran duquesa Maria Pavlovna deleitaba a sus invitados presentándolos a promotores industriales... El Príncipe Yusupov multiplicaba su fortuna invirtiendo en el extranjero, gracias a esos encuentros en casa de la gran duquesa.
El dinero, fácilmente ganado, se gastaba con la misma facilidad, y el imponente edificio de pilares de granito, en el Morskaia, donde Fabergé presentaba sus fabulosas joyas, estaba siempre lleno de opulentos compradores. El célebre orfebre de la Corte Imperial Rusa había alcanzado el apogeo de su fama en 1900, al crear un Gran Huevo de Pascua Siberiano, en conmemoración de la presidencia de la Compañía del Ferrocarril Transiberiano, que tiempo atrás había ostentado el propio zar Nicolás II.
El Gurú de los Zares & Stolipin
Si el zar había encontrado en Stolipin al hombre que necesitaba para llevar en la buena dirección al Estado, la zarina Alexandra, casi al mismo tiempo, había hallado otro hombre, no sólo necesario, sino además adorado, divinizado. Este hombre había de resultar fatídico en la vida de los soberanos. A mediados de 1905, no había ya la menor sombra de duda de que el zarevich Alexis sufría de hemofilia, enfermedad hereditaria que proviene de la fragilidad de los vasos sanguíneos más pequeños, que afecta a las mujeres y se transmite sólo a los varones. La portadora, en este caso, era la reina Victoria I de Gran-Bretaña. Su hijo el príncipe Leopoldo, padeció la enfermedad; y varias de sus nietas, la Princesa Enriqueta de Prusia, la Reina Victoria-Eugenia de España y la Emperatriz Alexandra de Rusia, por citar tres, la transmitieron, a su vez, a sus respectivos hijos. La más ligera contusión puede ocasionar hemorragias y tumefacciones, ya que la sangre no puede coagularse y esto hace que el paciente sufra días, a veces semanas, de agudísimos dolores.
La Reina Victoria I de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperatriz de la India (1819-1901), apodada "La Abuela de Europa" sencillamente porque sus hijas y nietas enlazaron con casi todas las Casas Reales Europeas de entonces y transmitieron una enfermedad sanguíneahereditaria y mortal... / Cuadro de Laurits R. Tuxen, 1887: la reina Victoria rodeada de su familia (fragmento).
El conocimiento de que su hermoso y único hijo, el heredero del Imperio Ruso, estaba condenado a una vida de retiro y sufrimiento, causaba en la zarina tal angustia, que se arrojó en los brazos de la religión con la misma exaltada entrega con que lo había hecho otra princesa de Hessen-Darmstadt, la emperatriz María Alexandrovna, consorte del zar Alejandro II. Alexandra no podía aceptar que la dolencia fuese incurable. Donde los médicos fracasasen, Dios proveería. Era tan solo cuestión de fe.
Tal era el estado de ánimo de Alexandra, cuando las supersticiosas princesas montenegrinas, casadas con los grandes duques rusos, introdujeron ante la Familia Imperial a un inculto y huraño santo varón o starets. El 1 de noviembre de 1905, el zar Nicolás II escribió en su diario: "Hemos conocido a un hombre de Dios: Grigori, de la provincia de Tobolsk". Grigori Yefimovich Raspútin era alto y moreno, con barba negra y espesa, y con boca juzgada sensual. Pero "toda la expresión de su personalidad -escribió el diplomático galo Maurice Paléologue- parecía concentrada en sus ojos. Eran de color azul claro, de brillo, profundidad y atractivo excepcionales. Su mirada era a la vez penetrante y acariciadora, ingénua y astuta, lejana y absorta. Cuando se entregaba a conversaciones serias, sus pupilas parecían irradiar magnetismo. Despedía un fuerte olor animal, como el olor de una cabra."
el starets Grigori Yefimovich Raspútin (1872-1916)
Desde el primer instante, este asombroso hombre pareció capaz de aliviar al niño, de disipar las cefaleas, de hacerle dormir. Cuando Alexis fue creciendo, no se le permitía bajo ningún concepto corretear, jugar ni montar en bicicleta como los demás niños. De todas formas, los chichones y las contusiones no faltaban, y solamente Raspútin podía aplicar el remedio. "Llamad a eso como queráis -decía Teglova, la niñera del zarevich- , pero ese hombre podría en verdad prometerle la vida de su hijo..."
Pero el starets no era tan solo sucio y maloliente, sino además, borracho y lascivo. Las damas que lo visitaban, buscando su salvación, a menudo acababan en la cama con él. Organizaba orgías que, al poco, llamaron la atención de la Policía, y ya hacía mucho tiempo que el vínculo que le unía a la Familia Imperial había llegado a ser tema de ansiosas conjeturas para los ministros del zar. Nadie, sin embargo, conocía la razón por la que la emperatriz se hallaba tan sujeta a Raspútin, debido a que la dolencia que aquejaba a Alexis constituía un secreto de Estado celosamente guardado. Los padres temían que el zarevich no fuese aceptado como heredero del trono, si llegara a conocerse su estado físico. Los más pensaban que Raspútin se había granjeado el favor imperial a causa del fanatismo religioso de la emperatriz.
Era ya de por sí curioso que Raspútin no visitara asiduamente a Alexis personalmente. Mientras la emperatriz estuvo en contacto con él, lo que hacía a través de su amiga y confidente Anna Vyrubova, él pudo ejercer sus poderes desde la lejanía. Sin embargo, no era hombre capaz de ocultar sus relaciones con el emperador y la emperatriz. Les llamaba "papá" y "mamá", al puro estilo campesino y generalmente hacía alarde de la estima en que se le tenía.
A principios de 1911, el Primer Ministro Stolipin ordenó investigar a la policía la vida licenciosa de Raspútin, y envió un sorprendente y detallado informe al zar Nicolás II. El monarca se negó a tomar medidas al respecto y la zarina rechazó de plano, indignadísima, todas las acusaciones como una sarta de mentiras: "Los santos siempre son calumniados -dijo a una amiga-. Le odian porque nosotros le amamos."
la Zarina Alexandra Feodorovna (1872-1918) y su único hijo el Zarevich Alexis Nicolaievich (1904-1918).
Stolipin estaba tan asqueado del libertinaje de Raspútin, que por su propia autoridad le mandó que abandonase San Petersburgo y abandonase la corte. Aunque la zarina se enfureció como una diablesa, Nicolás II tuvo miedo de reprochar a su Primer Ministro su decisión. Desde aquel día, la emperatriz Alexandra odió a Stolipin de un odio implacable hasta después de su muerte. De hecho, no tuvo que soportar al ministro mucho tiempo, ya que a finales de aquel mismo año, Stolipin fue mortalmente tiroteado por un terrorista mientras asistía a una función en la Opera de Kiev, en presencia de los zares que habían acudido también. El Primer Ministro fue llevado urgentemente al hospital y aún vivió durante 3 días. Su amigo y colega de Gabinete, Kokovtsov, que pasó la mayor parte de su tiempo en el hospital, afirma en sus "Memorias", que la Familia Imperial no se dignó visitar al moribundo ni mucho menos expresar su pesar por lo acontecido. Solamente lo hizo cuando Stolipin ya había fallecido (en eso, podemos reconocer la firma de la rencorosa zarina Alexandra). La viuda Stolipin estaba tan indignada y enojada, que se negó a recibir a la pareja imperial cuando ésta pretendía presentarle sus condolencias.
Kokovtsov sucedió a su fallecido colega, en calidad de Primer Ministro de manera casi esperada y lógica, y le sorprendió la frialdad con que la zarina aludió a su predecesor en el cargo: "Buscad apoyo en la confianza del Zar -le dijo-. El Señor os ayudará. Estoy segura que Stolipin murió para haceros sitio a Vos, y todo ello para el bien de Rusia."
El Tricentenario de la Dinastía Imperial

Armas de la Casa Romanov, Dinastía Imperial Rusa desde 1613 a 1917, aunque, técnicamente se extinguió con la zarina Elisabeth I en 1762 y dio paso al esqueje Romanov-Holstein-Gottorp con el zar Pedro III, su sobrino.
A pesar de que la emperatriz Alexandra Feodorovna resultaba antipática a casi todas las personas con quienes se relacionaba o cruzaba, ya próximo el año 1913, la aristocracia petersburguesa esperaba que ésta se esforzaría por ganarse la popularidad, y por estar a la altura de las circunstancias: 1913 era el año del Tricentenario de la Dinastía Imperial de los Romanov (aunque de Romanov, al zar Nicolás II le quedase poco más que el apellido). Tres siglos atrás, los boyardos habían ido en busca de Miguel Romanov y le encontraron viviendo tranquilamente en la abadía de Ipatiev (curiosa coincidencia, ¿no creen?), cerca de Kostromo. Lo escoltaron de regreso a Moscú y lo coronaron zar de Moscovia. Nicolás II, descendiente de Miguel -por las mujeres-, no sólo era el zar de Moscovia, sino el soberano de un vasto Imperio. Aunque Turgenev invocase la imagen de la Santa Rusia sumida en el estupor de la embriaguez, con "la cabeza en el Polo y los pies en el Cáucaso", nadie podía negar que las proporciones del coloso iban aumentando constantemente.
Regalia Imperial Rusa (1762): la corona imperial del zar, creada para Catalina II "la Grande", el orbe y el cetro imperial con el famoso diamante "Orlov", y la corona imperial de la zarina consorte.
Tan sólo por este motivo la conmemoración debía haber sido triunfal. En cambio, hasta el Te Deum en la catedral de Kazán, el 6 de marzo de 1913, que señaló el comienzo de las celebraciones, despertó poco entusiasmo. Llovía copiosamente y la gente que se alineaba a lo largo de la ruta imperial era deprimentemente escasa. Abrían el desfile todos los famosos regimientos de la Guardia, con sus estandartes; luego venía una victoria abierta (especie de calesa) en que iban sentados el zar y su hijo, de ocho años de edad. Seguían dos coches oficiales, el primero de los cuales transportaba a la zarina Alexandra Feodorovna y a su suegra, la emperatriz viuda Maria Feodorovna, y el segundo a las cuatro hijas de los zares, las grandes duquesas Olga, Tatiana, María y Anastasia de Rusia.

La catedral estaba ocupada por los más altos dignatarios del Estado y de la Corte Imperial, y cuando la Familia Imperial entró, el silencio se adueñó de la concurrencia. El zarevich Alexis, con la mirada triste, delgado y pálido, iba en brazos de un cosaco. ¿Qué le pasaba al niño? Nadie lo sabía. Por otro lado, la zarina Alexandra aparecía tan distante y desdeñosa como siempre, cubierta de diamantes y hierática cual una estátua. Pero, aunque la escena parecía como sacada de un cuento de hadas, no había entre la multitudinaria asistencia sentimientos de afecto, sino tan sólo de irritación y un sordo rechinar de dientes.
Nicolás II se negó, sorprendentemente, a ofrecer un baile de gala en el Palacio de Invierno y la emperatriz declinó asistir a dos de las recepciones celebradas por el zar. En el único lugar en el que se dejó ver en público, fue en el Teatro Mariinski, donde se entonó "La Vida por el Zar" , de Glinka. La hija del embajador de Gran-Bretaña, Muriel Buchanan, dejó escrita la escena: "Su hermoso semblante trágico era inexpresivo, casi austero, mientras se hallaba de pie al lado de su esposo, en tanto sonaba el himno nacional. Ni una vez esbozó una sonrisa su inmóvil seriedad... Al cuerpo diplomático se le habían reservado asientos a lo largo de la primera fila, y nuestro palco se encontraba al lado mismo del palco imperial, y sentados a tan poca distancia, podíamos ver cómo el abanico de plumas de águila blanca que la emperatriz tenía en la mano, temblaba convulsivamente, podíamos ver cómo un ligero rubor iba extendiéndose por encima de su palidez, casi podíamos percibir la fatigosa respiración que hacía que los diamantes que cubrían sus vestidos subiesen y bajasen, centelleando y temblando como mil inquietas chispas de luz."
Unos minutos después, la emperatriz abandonó el palco y una ola de resentimiento recorrió el teatro. ¿No era siempre la misma historia?
Nadie, excepto la Familia Imperial, sabía que la ansiedad que la emperatriz sentía por su hijo Alexis, había trastornado su sistema nervioso; que sufría de histeria psicosomática, que le causaba vértigos y palpitaciones. En realidad, en Tsarskoie Selo, Alexandra vivía casi como una inválida, pasando la mitad del día reclinada en un diván de su famoso salón color malva. Era como si hubiera plasmado en si misma, la invalidez y fragilidad de su hijo. Incluso se dejaba pasear por los jardines del Palacio Aleksandr, cómodamente sentada en una silla de ruedas.
Tanto la aristocracia como el público en general ignoraban que el zarevich sufría de hemofilia. Seis meses antes, en el curso de una estancia de la Familia Imperial en el palacio Spala (Polonia), en el otoño de 1912, Alexis había estado a punto de morir por culpa de una estúpida caída. Se facilitaron partes y la prensa especuló atropelladamente sobre cual podría ser la índole de su enfermedad. Algunos periodistas especularon que había nacido con un número insuficiente de capas en la epidermis; otros que padecía de una incurable enfermedad de los huesos (lo que hoy se conoce como "huesos de cristal"). La verdad es que Alexis había tropezado con la pierna al bajar de una barca, para dirigirse al pabellón de caza de su padre. Sobrevino una hemorragia interna que originó la formación de un tumor en la ingle. El dolor era agudísimo. La hinchazón presionaba sobre los nervios inflamados de su pierna, y la temperatura subió de un modo alarmante. Hacía 11 días que la emperatriz no se mudaba de ropa, ni se acostaba, ni se reclinaba en su diván más de una hora al día. Pasaba las horas sentada, acariciando la frente de su hijo, que yacía acurrucado de costado, gimiendo de dolor, con la pierna izquierda encongida con tanta violencia, que casi un año después le era imposible enderezarla del todo. Nadie creía entonces que el zarevich pudiera seguir viviendo.
Y entonces, obró un milagro. Las oraciones de Raspútin curaron milagrosamente al zarevich. No es de extrañar entonces que la emperatriz considerase al starets indispensable. Después del drama de Spala, ella creía plenamente que era un hombre de Dios. Y Alexandra no sólo se volvió a él para mitigar los dolores de su hijo, sino también para instruir al emperador acerca de cómo había de regir su Imperio.
(Continuará...)

Paso de vez en cuando por aquí para leer la siguiente parte de tan interesante y bien documentada historia, no nos hagas esperar mucho.
Un saludo
¿Es posible que haya visto el cuadro de la Reina Victoria al natural? ¿Dónde está ? Es maravilloso, por cierto, qué lujerío la Pavlona, que sería una asquerosa, pero mona, iba mona, mona
Me fascina la figura de Rasputín, deberíais dedicarle un post para él sólo, fue un tío de esos que fascinan. por algo se metió a la zarina en el bolsillo, ¿o sería por el tamaño de ese órgano que ahora está en un bote de formol en un museo? Quién sabe, la aristocracia era muy viciosilla...
Solo para invitarles a visitar mi pagina web sobre la vida del Tsarevich Alexei y su familia.
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Gracias
Ok, Tsarsurfer, visto y aprobado, felicidades por el esfuerzo invertido en tu web, sigue asi.
Un saludo.
sin duda el mejor texto acerca del final de los zares de Rusia, te felicito! Sin quitarle protagonismo a las fotos que son grandiosas. Un saludo!
Florencia Sosa
Muchas gracias Florencia :)
me encanto la pagina, y estoy asombrada de la cantidad de gente que le interesa este tema . segire visitandote . suerte
Esta página es una de las más completas sobre la vida de la familia imperial de Rusia, sugiero que la visiten a fin de rememorara a Sus magestades Imperiales y recuerden el esplendor de una época que puede volver, pues la historia no es más que la repetición de los mismos dramas .
se puede saber de que narices estas hablando de Anastasia ode los zares
Magnifica la web, sobre el último zar - Nicolás II - , y esgttraordinaria la información sobre la famosa princesa Anastasia.
Maria Paulova, intento durabte aaños decir que era la hija de la Zarina, pero la historia ha demostrado - por desgracia - que Anastia murio gfusilada ante la inminengte llegada de los "blancos" a salvarles. Lenin lo tenia todo preparado.
Enhorabuena y gracias.