ANASTASIA
GRAN DUQUESA DE RUSIA
1901 - 1918 ?


LA HIJA DEL ÚLTIMO ZAR

Anastasia Nicolaïevna Romanova-Holstein-Gottorp, Gran Duquesa de Rusia (Peterhof, 18 de junio de 1901 - Yekatrinburg, 17 de julio de 1918); cuarta hija del zar Nicolás II de Rusia, emperador de 1894 a 1917, y de la princesa Alix de Hessen-Rhin, rebautizada como Alexandra Feodorovna al abrazar la religión ortodoxa rusa. Por parte de padre, Anastasia es nieta del zar Alejandro III de Rusia y de la zarina María Feodorovna (Maria-Dagmar, Princesa de Dinamarca); por parte de madre, es nieta del Gran Duque Luis IV de Hessen-Rhin y de la Princesa Alice Mary Maud de Gran-Bretaña e Irlanda.

Su padre, Nicolás II, sería destronado en 1917 y forzado a abdicar la corona imperial en su hermano el gran duque Miguel "Misha" Alexandrovich (Miguel IV), consciente de que su joven hijo, aquejado de hemofilia y sin grandes esperanzas de llegar a la edad adulta, no es apto en sucederle. Las causas son varias: la derrota militar rusa frente a Japón y la revolución de 1905 son el principio de la caída del régimen zarista; la desastrosa 1ª Guerra Mundial, en la que se involucra Rusia al lado de Gran-Bretaña y Francia contra Alemania y las Potencias Centroeuropeas, junto con la segunda ola revolucionaria de 1917 (Revolución de Octubre), firman la sentencia de muerte de la Rusia Imperial. A partir de esa fecha, la suerte de la Familia Imperial se asemeja a la de un navío a la deriva, a merced de la tempestad revolucionaria y condenado a naufragar. Al autocrático y desahuciado gobierno zarista, le sucede el Gobierno Provisional del socialista moderado Kerensky, que dispone el arresto domiciliario primero y el alejamiento luego de los Romanov de San Petersburgo con la intención de protegerles de los Bolcheviques, aunque en realidad, los zares y sus hijos son prisioneros. Cuando Lenin, líder de los Bolcheviques consigue tumbar el Gobierno de Kerensky, la suerte de la Familia Imperial se ennegrece aún más.

A raíz de la brutal ejecución de la Familia Imperial en los sótanos de la Casa Ipatiev, en la localidad de Yekaterinburg (17 de julio de 1918), nació el rumor de que la gran duquesa Anastasia habría sido salvada por un soldado bolchevique, partícipe de la matanza, y trasladada a Rumanía en el mayor anonimato. De ahí a su súbita aparición en Berlín, a punto de suicidarse en el Spree; surge entonces y gracias al silencio sistemático del Gobierno Ruso sobre la verdadera suerte de la Familia Imperial Rusa, el enigma más controvertido, tenebroso y apasionante de la Historia del Siglo XX.

Anastasia y la Familia Imperial

En 1901, al alba del convulso siglo XX, un 18 de junio nace la última hija de los zares Nicolás II Aleksandrovich y Alexandra Feodorovna de Rusia en el Palacio Imperial de Peterhof. Le precedían en ese orden sus hermanas Olga, Tatiana, María y le seguiría un hermano, el último hijo de la pareja imperial nacido en 1904, llamado Aleksei Nicolaïevich (Alexis) y destinado a ser el heredero del Trono de Todas las Rusias...

Nicolas II & Alexandra Feodorovna con sus tres últimos retoños: María, Anastasia (sostenida por su padre) y el recién nacido zarevich Alexis (en brazos de su madre); fotografía de 1904.

Una peculiaridad sobre nuestra protagonista: sufría de una desviación en el 1er dedo del pie al nacer, denominada médicalmente "hallux valgus" pero, en lenguaje de calle, se le denomina popularmente "juanete".


Alexander Palace o Palacio Aleksandr, en las inmediaciones de Tsarskoie Selo y a pocos kilómetros de San Petersburgo, fue la residencia del último zar y de su familia.

Ya antes del nacimiento de su hermano Alexis, Anastasia y el resto de la Familia Imperial se instaló en el vasto Palacio Aleksandr, ocupando, junto con María, una de las doscientas habitaciones palatinas reservadas a la familia; en una habitación contigua estaban sus dos otras hermanas Olga y Tatiana.


El titanesco Palacio de Invierno de San Petersburgo, era la residencia oficial de la monarquía rusa desde el reinado de la zarina Catalina II "la Grande", su primera ocupante, con sus más de 1.000 habitaciones.

Eso no presuponía, evidentemente, que la Familia Imperial dejase de residir puntualmente en el titanesco Palacio de Invierno de San Petersburgo, a orillas del Neva. Pero, tanto Nicolás II como Alexandra y sus hijas, odiaban esa residencia oficial por varias razones que se nos antojan lógicas y aceptables: demasiado grande, demasiado gélido (las corrientes de aire eran insoportables en los grandes apartamentos oficiales), demasiado húmedo (el hedor producido por la humedad se impregnaba y enranciaba el ambiente, el mobiliario y la ropa) y, demasiado peligroso. Las condiciones de vida en palacio eran tan precarias e insalubres que era fácil enfermar con sólo beber agua del grifo y pillar la tiña. Por las noches, las camas estaban infestadas de chinches y las cucarachas campaban a sus anchas, lo que convertía el simple hecho de dormir en una auténtica pesadilla. Ya en tiempos del zar Nicolás I, a mediados del siglo XIX, el Palacio de Invierno ardió y tuvo que ser reconstruido, pero lo más grave era la accesibilidad descontrolada de la gente por las estancias palatinas anulando cualquier medida de seguridad en una época en que el movimiento anarco-terrorista sacudía la cotidianeidad de la Familia Imperial. Qué mejor ejemplo hay, citando la anécdota en la cual unos anarquistas que se habían colado hasta los aposentos imperiales, pusieron una bomba en el comedor de los zares; al estallar, hundió todo el piso en un momento en el cual, por fortuna, la Familia Imperial había abandonado por los pelos la estancia. El susto, aunque huelga decirlo, fue de "muerte".

Con tales antecedentes, era obvio que la Familia Imperial prefiriera residir en el Palacio Aleksandr, mucho mejor situado y seguro para ella. Allí, la tranquilidad estaba asegurada y la residencia ofrecía ventajas como la lejanía del núcleo urbano, la pureza del aire y una gran calidad de vida para sus habitantes. En palacio, la seguridad del zar y de su familia era más fácil de llevar a cabo eficazmente por la Guardia Imperial y la policía, y las comunicaciones con la capital estaban aseguradas por la línea del ferrocarril privado del zar que cubría el trayecto de Tsarskoie Selo a San Petersburgo en 10 o 15 minutos de reloj. En su defecto, se contaba con la flotilla de automóviles del zar para cualquier desplazamiento de la Familia Imperial.


de izquierda a derecha y rodeando al zar Nicolas II: Olga, María, la zarina Alexandra, Anastasia, el zarevich Alexis y Tatiana.

En verano, la Familia Imperial embarcaba a bordo de su yate, el Standart, para iniciar su crucero anual tradicional en el golfo de Finlandia y por el Báltico. Incluso iban cada año a pasar una temporada en Polonia, donde el zar tenía a modo de residencia veraniega el Palacio de Spala, totalmente construido en madera; allí, Nicolás II gustaba de pasar sus días de relax cazando con amigos y parientes. Las estancias de la Familia Imperial Rusa en Spala se interrumpieron justo después del fatal accidente sufrido por el zarevich Alexis, que casi le cuesta la vida en 1912. A partir de ese momento tan angustiante para la emperatriz Alexandra, ésta rehusó volver a Polonia. A Spala se le prefirió Yalta, la finca imperial de Livadia (Crimea, a orillas del Mar Negro) donde la Familia Imperial tenía un palacio de verano desde tiempos del abuelo Alejandro III. Allí, la Familia Imperial gozaba de una libertad de movimiento que se sabía imposible en San Petersburgo; les permitía incluso ir de tiendas y dar largos paseos sin miedo a ser molestados o amenazados por algún terrorista. A tal punto estaban tranquilos, que se podían ofrecer el lujo de dormir a pierna suelta con las ventanas abiertas.

(continuará...)