ROBERT KERR (CARR), 1er CONDE DE SOMERSET
1587 - 1645
"AUGE & CAÍDA DE UN GRAN FAVORITO"
2ª Parte.
Robert Kerr o Carr, Vizconde de Rochester y Conde de Somerset (1587-1645).
Siendo un hombre de alta posición y gran poder, Robert Kerr gozaba de tanta influencia sobre el Rey como nunca otro hombre llegó a tener, y atrajo la atención sobre su persona llevándole a tener su propio favorito y hombre de confianza. Ese hombre fue Sir Thomas Overbury, que mostró tener un talento esencial para dar alas a las ambiciones de Lord Somerset y juntos aspiraron a conseguir el poder político, el último escalafón que le faltaba a Kerr para completar su meteórico ascenso social. Pero el rey Jacobo I se sintió molesto con la presencia de Overbury en la intimidad de Somerset, y pronto tuvo serias sospechas sobre la naturaleza de las relaciones entre su favorito y Sir Thomas Overbury, temiendo que hubiesen pasado a ser físicas y mucho más íntimas de lo que estaba dispuesto a tolerar. Otra razón existente para que el monarca detestara a Overbury era que éste estaba al corriente de demasiados secretos de Estado, incluso más que el propio Consejo Privado de la Corona. A esos disgustos se sumaron la frontal oposición de Overbury al proyecto matrimonial de Lord Somerset con la Condesa de Essex. En un esfuerzo por deshacerse del oscuro e inquietante personaje, Jacobo I le ofreció un puesto de embajador que rechazó casi de inmediato. La negativa de Overbury fue la perfecta excusa tan ansiada por el Rey para enviarle como huésped de La Torre de Londres, y apartarle de Lord Somerset.
Sir Thomas Overbury (1591-1613), secretario de Lord Somerset.
Durante su encarcelamiento, Sir Thomas Overbury escribió regularmente a Robert Kerr, pidiendole ayuda y su mediación para obtener su libertad, afirmando que contaba con su promesa incondicional respecto a su rescate; a sus misivas desesperadas, Lord Somerset instó a su secretario a tener paciencia, siendo el momento poco propicio para que su liberación fuera exitosa.
A medida que pasó el tiempo y que ninguna intervención parecía provocar su liberación, Overbury comenzó a desesperar y empezó a amenazar a Somerset: "... No quisiera llegar al extremo de difundir algo de lo que usted y yo tanto nos arrepentimos...". Y las amenazas se hicieron cada vez más persistentes porque, tal y como nos podemos imaginar, Overbury era conocedor de demasiados secretos y si decidiera hablar, hasta los cimientos de la Corona se verían desastrosamente mermados, sin hablar de la reputación de Somerset, que caería por los suelos. De hecho, prometió a su antiguo protector y valedor que "... sabrán del amor de nueve años y de secretos de toda índole...".
Obviamente, Sir Thomas Overbury estaba convencido de que sus recuerdos serían suficientes para conmover al olvidadizo e ingrato Lord Somerset, y pasó claramente al chantaje: "... He tenido estas vacaciones para escribir la historia entre nosotros desde el primer beso hasta el día de hoy..." , y menciona "... los secretos de lo sucedido entre nosotros...". Para más señas, Overbury hacía alusión al asunto sentimental existente entre él y Lord Somerset, que provocó el real enfado y las fundadas sospechas del rey Jacobo I sobre la verdadera naturaleza de aquella amistad.
Overbury informó a Somerset, en otra misiva, que su "Historia" estaba terminada y que la había "cerrado bajo ocho llaves y enviado a un amigo de absoluta confianza", ... por si las moscas. La falta de acción con respecto a esas amenazas, por parte de Lord Somerset, indica que no se hallaba demasiado perturbado por ellos y cuando, en septiembre de 1613, Sir Thomas Overbury murió sospechosamente en su celda de La Torre de Londres, las cosas parecieron asentarse y la buena estrella de Somerset pareció brillar nuevamente en el firmamento cortesano.

Sir Francis Bacon, Barón Verulam y Vizconde de Saint-Albans (1561-1626); retrato obra de Paul Van Somer.
Pese a los tintes políticos, la muerte de Overbury tuvo mucho que ver con su frontal oposición al inminente divorcio de Lady Frances Howard, oposición que tenía sin duda mucho que ver con su temor a verse prontamente reemplazado por otra persona en el afecto y la consideración de Robert Kerr. Estaba celoso y "desconfiaba de cualquier colega en el favor de mi señor de Somerset", según sus propias palabras. A ello se añadía su desagrado con los Howard, en contra de quienes declaró su odio y oposición.
Obviamente, la muerte de Sir Thomas Overbury no aconteció por causas naturales. Como comentó en su época Sir Francis Bacon, Lord Verulam y Vizconde de Saint-Albans, que en aquellos tiempos era Procurador General, Overbury había sido conducido a la muerte, veneno tras veneno; primero con realgar, luego con arsénico, finalmente sublimado con mercurio,... Los detalles se hicieron públicos en 1615 y, el 13 de octubre del mismo año, fue ordenada una investigación completa bajo la batuta del Presidente de la Corte Suprema, Sir Edward Coke, magistrado.

Sir Edward Coke (1552-1634),Presidente de la Corte Suprema de Justicia de Inglaterra.
El 17 de octubre, Robert Kerr, 1er Conde de Somerset y esposa, Frances Howard, fueron puestos bajo arresto domiciliario. Jacobo I nombró una comisión compuesta por tres pro-hombres para que investigaran los hechos. La rapidez con que se movió dicha comisión fue paralela a la forma en que decayó la relación del Rey con los condes de Somerset y el distanciamiento de la Corona de tales sucesos. Las peticiones de Robert Kerr para que se diera carpetazo a la investigación y sus quejas contra la composición de la comisión investigadora cayeron en oídos sordos. Tampoco valieron de nada sus amenazas en las que la Corona sufriría al perder el apoyo de la influyente familia Howard, si la investigación continuaba.
Overbury había sido el preso del Rey, y él hizo responsable al Estado de su cuidado, por lo que la responsabilidad del Estado en salvaguardar a un preso forzaba, obviamente, a que se investigaran las circunstancias en las que el preso fue muerto, y aclarase quienes eran los responsables de dicha muerte.
Otras tres personas habían sido arrestadas e interrogadas en relación con el "Caso Overbury": Sir Gervase Elwes, guardián de La Torre de Londres; Richard Weston, asistente del guardián; y la Sra. Turner, que tenía claras relaciones con la Condesa de Somerset. Los tres personajes habían sido sospechosamente nombrados en sus cargos poco antes de que Sir Thomas Overbury fuese arrestado y encarcelado en la Torre. Los tres sospechosos acabaron por confesar su implicación directa en el homicidio y fueron ahorcados a principios del mes de noviembre de 1615.

Robert Kerr, Conde de Somerset (1587-1645)
Jacobo I intentó conseguir que Robert Kerr confesara su implicación en el asesinato, e instó al teniente de La Torre a hacer lo mismo, pero Kerr se mantuvo firme en su negativa y protestó airadamente de su inocencia. A lo largo de la instrucción previa al juicio, Lord Somerset mantuvo su inocencia y lo hizo por escrito en sus declaraciones previas a la celebración del juicio.
En realidad, el Rey temía que Kerr divulgase la verdadera naturaleza de su relación con él, y diera detalles escabrosos sobre su íntimo comportamiento, más que comprobar que estaba realmente involucrado en el envenenamiento de Sir Thomas Overbury. Claro está, dicho temor era compartido por sus consejeros y pro-hombres que instruían el caso, y Sir Francis Bacon desarrolló una estrategia para evitar que Somerset desvelase el "secreto" del Rey; si Robert Kerr desarrollaba su discurso implicando en intimidades al rey, los auxiliares lo harían callar. El plan era francamente sencillo: si Lord Somerset hablaba de cosas que pudiesen poner en duda la sexualidad del monarca, dos hombres se encargarían de sellar la boca del conde, y retirarlo del estrado con violencia si era necesario hacerlo.
El 25 de mayo de 1616, Lord Somerset fue sentado en el banquillo de los acusados junto con su mujer. Pese a que su esposa Lady Frances Howard había confesado ser la instigadora del envenenamiento, el conde mantuvo con vehemencia y hasta el final, su inocencia. Ambos, sin embargo, fueron encontrados culpables de homicidio y sentenciados a muerte por decapitación. Del tajo del verdugo fueron salvados por el Rey quien conmutó la sentencia en cadena perpétua, dejándoles languidecer en la Torre de Londres hasta 1622 (fecha en que el monarca les otorgó la "Gracia").
Resulta irónico comprobar que, aunque nunca hubiese existido el "Caso Overbury", los días de Robert Kerr como "favorito todopoderoso" andaban contados desde 1615. Demasiado imbuído de si mismo, Lord Somerset había perdido la medida y las formas; se había convertido en un hombre terriblemente dominante, caprichoso, engreído y discutidor que no reparaba en traspasar los límites de lo permisible en su actitud frente al Rey, olvidándose con frecuencia con quién discutía. El propio Jacobo I deploraba su histerismo exagerado: "... Nunca me perdonaré pero llevaré esa cruz a la tumba conmigo, la de elevar a un hombre a tan gran altura para que tras hacerlo, osase el perforar mis oídos con tales discursos..."
La frustración del Rey con su antiguo amante y favorito se hace patente en una carta que escribió a éste, aludiendo a su "extraña locura" y a su "insolente orgullo", acusándole de inventar "un nuevo arte de maldecir sobre mí, como con la lengua del diablo", y de tener un "comportamiento hosco, obstinado y constante" hacia él.
Quizá lo peor era constatar que Somerset creía tener sobre él un creciente alejamiento en su reverencia, haciendo lo que quisiera y creyendo que no le ofendería. Ni siquiera quedaba algo de enganche "sexual" entre ellos, porque Jacobo I le recrimina abiertamente que fue él mismo quien dejó de tenderse en su cama. Maltratado y herido en su amor propio, el Rey acabó posando su mirada en otro joven de gran apostura física en 1614: Sir George Villiers (el futuro duque de Buckingham). Puede ser que dicho cambio en el corazón del monarca motivase en Somerset un repentino cambio de humor y su furibundo comportamiento, y el joven George Villiers había sido presentado y apadrinado en la Corte por esa facción cortesana contraria a Somerset, pretendiendo con ello disminuir la influencia del favorito.

Sir George Villiers, Conde luego 1er Duque de Buckingham (1592-1628)
Pese a las actuaciones amigables del Rey, quien pretendió suavizar el deterioro de su relación con Somerset, éste le declaró abiertamente la guerra actuando como actuó, y luchó furiosamente para cortar de raíz el progreso de su rival, Villiers, fracasando de manera estrepitosa. El golpe de gracia le fue dado con el "Caso Overbury", y se vió fulminantemente cesado en todos sus cargos, retirado del escenario público y encerrado en la Torre.
En 1622, los condes de Somerset fueron liberados por el Rey. La relación entre los cónyuges ya se había deteriorado gravemente durante la investigación y el juicio celebrado en 1615-1616. Se vieron, de todos modos, condenados a retirarse en provincia y a vivir una existencia gris en sus posesiones. Dos años más tarde, Robert Kerr fue indultado (1624), así como su esposa, pero ya nada iba a ser como antes, se habían convertido en una pareja de parias.
En 1632 o en 1633, la Condesa de Somerset, Lady Frances Howard (1590-1632/33?) falleció. En 1645, Robert Kerr, Conde de Somerset, murió en el más absoluto olvido y general indiferencia.

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