Grigori Yefimovich Rasputin ha tenido el honor de perdurar en la memoria de los rusos de muchas maneras. Pero, de todas ellas, sin duda la más original es la exposición de su miembro viril en un museo erótico de San Petersburgo, en la clínica del urólogo Igor Kniazkin. Según este médico, el "aparato" del ilustre iluminado y libidinoso monje y "starets", mide nada menos que 28,5 cm. de largo y, aunque no se dan las medidas de anchura que completaría el dato, con solo echar un vistazo a la foto realizada, uno se puede hacer a la idea de su tamaña monstruosidad.

Al urólogo, semejante adquisición le costó la friolera suma de 8.000 dólares, cuando se la compró a un anticuario francés. No existen más datos (de momento) acerca de las peripecias del falo de Rasputin, para explicar cronológicamente cómo vino a parar a manos del anticuario galo, y si fue obra del Príncipe Félix Yusupov (uno de sus asesinos) dicha extracción post-mortem que, como sabemos, abandonó Rusia para instalarse con su esposa en Francia durante la Revolución Rusa. ¿Hemos de suponer que el Príncipe Yusupov pretendió guardar semejante colgajo de su víctima, a modo de trofeo y exponerlo en una de sus vitrinas, para recordar su hazaña? No son más que conjeturas... pero todo puede ser.

Quizás la chica, al mirar más detenidamente el "trofeo" conservado en un bote de cristal con formol, alcance a comprender cual era uno de los principales secretos de seducción de G.Y. Rasputin, que tantos estragos hizo entre sus adeptas y seguidoras...