María Eleonora de Brandenburgo
Reina de Suecia
1599 - 1655
el retrato de una desconocida

Para aquellas féminas que desean tener vida de reinas, resulta espantoso confirmar que la monarca María Eleonora de Brandenburgo, soberana de Suecia por su matrimonio con Gustavo II Adolfo tuvo una vida llena de dolores y sinsabores...muy divorciada de los cuentos de hadas con que alienan algunos las cabecitas de sus niñas.Sin embargo, la madre de la famosa, erudita, fea y muy desdichada reina Cristina de Suecia pasa a la historia por haber parido precisamente a una de las grandes intelectuales de todos los tiempos.

María Eleonora de Brandeburgo nació en el seno de la dinastía germana de Hohenzollern (margraves de Brandenburgo, duques de Prusia y electores del Sacro Santo Imperio Romano Germánico) un 11 de noviembre de 1599, siendo su padre el elector Juan Segismundo y su madre Ana de Prusia. Entre sus ancestros estaban un puñado de azulísimos desquiciados, y su mismo hermano padecía de crisis maníaco-depresivas. Para colmo el progenitor de María Eleonora era un glotón incontenible y borracho consuetudinario que casi no podía respirar por sus dimensiones elefantiásicas y la gota que le hinchaba los pies. Sin embargo este señor no dejaba de ser un buen hombre cuando estaba sobrio, y en 1614 emitió un edicto de tolerancia permitiendo libertad de culto en todos en sus dominios. En 1616, cuando María Eleonora ya se estaba poniendo hermosa, el monarca sueco de 22 años Gustavo II Adolfo andaba de cacería matrimonial. Buscaba una princesa protestante con quien compartir su trono, y cuando le hablaron de lo bella que era la princesa brandenburguesa, se juntaron el hambre con las ganas de comer. Juan Segismundo encontró altamente paladeable a Gustavo II Adolfo de Suecia como prospecto de yerno, pero Ana le hizo la típica cara de suegra agria y afirmó no gustar de él para yerno.

el Elector Juan-Segismundo I de Brandenburgo (1572-1619)


Gustavo II Adolfo Vasa, Rey de Suecia

María Eleonora era, además, codiciada por otros príncipes, como el príncipe Guillermo de Orange, el rey Ladislao de Polonia, el rey Carlos I de Inglaterra (quien luego perdería la cabeza y no precisamente por amor sino ante el cadalso) y Ana esperaba ver a su hija bien entronizada. María Eleonora dio muestras de ver con agrado a Gustavo II Adolfo, pero el compromiso se interrumpió cuando un 23 de diciembre de 1623 al gordinflón de su padre, se le ocurrió morirse. De nada sirvió que Gustavo II hubiera gastado una pequeña fortuna en redecorar su residencia en Suecia para recibir a su futura esposa. Ana para colmo, antes de enviudar, había enviado una carta ácida y descortés en la cual le decía a Gustavo que casar a María Eleonora con él sería el colmo de lo perjudicial para Brandenburgo.
Pero el rey sueco no estaba dispuesto a perder a su ansiada novia y con una cara más dura que el cemento armado se personó en Berlín para exigir la mano de la princesa.

Ana mantuvo la cortesía con una capa de frialdad, pero el interés de María Eleonora por el sueco fue más que obvio. Tras soltar el ultimátum de que si ella no cumplía con su palabra se casaba con otra princesa protestante, volvió a Berlín solo para encontrar a su futura suegra convertida en un pozo de miel, y tras obtener el sí de María Eleonora volvió aprisa a Suecia para hacer los preparativos de la boda. Jorge Guillermo, el nuevo elector y por cierto hermano de la pretendida, no quería saber del caso. Sin embargo, la boda se realizó en Estocolmo un 25 de noviembre de 1620. Al inicio María Eleonora y su marido fueron felices, ya que compartían el gusto por la música y la arquitectura. Tras la luna de miel, la flamante reina se enamoró perdidamente de su esposo, y fue ahí donde comenzarían sus problemas. No soportaba que Gustavo II se fuera a la guerra, y aunque era graciosa como anfitriona, quería a su hombre solo para ella, y preferiblemente en el lecho. Las ausencias de su marido herían profundamente su frágil psique y lloraba a mares cuando él se iba a guerrear. Ni la presencia de bufones y enanos la alegraban. No le gustaba el clima helado de Suecia y se quejaba por todo.

Su primer embarazo se malogró pero, en 1623, María Eleonora pudo tener al fin una hija. La dicha no fue duradera, pues un año luego la niña moriría. Su tercera preñez desembocó en un heredero varón, pero éste también moriría en la cuna. Tras esta muerte, los esfuerzos de obtener descendencia se dificultaron cuando Gustavo II se fue a guerrear contra Polonia. Tras derrotar a los polacos en 1626, corrió a casa solo para manufacturarle a su mujer quien sería una de las reinas más controversiales de la historia: Cristina de Suecia. Al nacer esta niña un 7 de diciembre de 1626 estaba tan cubierta de pelo que creyeron que era un varón, pero al examinarla comprendieron que era chica. Gustavo tomó la situación con humor, y dijo,"Será sagaz y astuta, pues desde su nacimiento nos tomó el pelo." María Eleonora, sin embargo, manifestó su decepción y odió a su hija desde el momento en que supo que no era el ansiado heredero varón que se había prometido engendrar.

Intentó estrangularla con una sábana, luego hizo que una viga cayera sobre la cuna. En otra ocasión, instruyó a la niñera de Cristina que la dejara caer al suelo de fría piedra. De esta caída, uno de los hombros de Cristina quedaría permanentemente deforme. El tufo de este intento de infanticidio sería una mácula imborrable sobre la figura de María Eleonora. Gustavo II Adolfo llegó a adorar a la niña, a quien ya llevaba a sus maniobras militares y celebraba que no se asustara del ruido de los cañones. Gustavo II crió a su niña como si fuera un varón pero, desgraciadamente, esta buena relación entre padre e hija se vería brutalmente interrumpida cuando el rey murió durante la batalla de Lützen. Tras ser encontrado desnudo en el lodo con solo la camisa puesta, el cadáver del monarca fue llevado (en 1633) finalmente de vuelta a Suecia en un buque, escoltado por su viuda, quien desde entonces lloró con más ganas.


Cristina I, Reina de Suecia (1626-1689)

María Eleonora obligaba a Cristina a dormir con ella en una cama incómoda y espartana, con el corazón del rey en una urna colgando encima del lecho, lo más macabro que se pueda uno imaginar. La reina viuda solía llorar día si y día también, sin parar hasta que la cara se le hinchaba como la de un sapo, a tal punto que acabó perdiendo la tutela de su hija en 1636 cuando la declararon incapacitada. En 1640, María Eleonora huyó a Dinamarca al verse apartada de la corte por todos, incluído por su propia hija. En Dinamarca fue huésped del rey Cristian IV, y hubo quien afirmara que María Eleonora y el rey se habían hecho amantes. No podía volver a Brandenburgo pues su hermano no le perdonaba que ella se hubiera casado contra su voluntad. Al morir el hermano de María Eleonora, el sobrino de ésta pidió que Suecia la mantuviera, que él no se hacía cargo de su "díscola" tía. En 1650, Cristina I fue coronada reina de Suecia y su madre estuvo orgullosamente presente en la ceremonia; pero en 1654 Cristina habría de convertirse al catolicismo y abdicaría. María Eleonora creía que se moriría de vergüenza y hasta vertió un mar de lágrimas al preocuparse por su manutención, pero el nuevo rey Carlos X Gustavo -primo y sucesor de Cristina- prometió darle una pensión vitalicia con la que pudiese vivir holgadamente su vejez. Pero la vergüenza que le propinó Cristina a su madre acabó por matarla de pena, sobre todo tras enterarse que Cristina paseaba agarrada de la mano con otra mujer. María Eleonora de Brandenburgo, reina viuda de Suecia, murió amargada en 1655, apenas un año después de la abdicación de su extrañísima hija.


el Rey Christian IV de Dinamarca; según Karel van Mander