
Los rumores tienen la vida difícil
¿Qué interés hay, quizás os preguntéis, en volver sobre la cuestión después de tantos siglos? Por rechazo a los clichés o estereotipos facilones. Enrique III de Francia era un hombre refinado, sus adversarios hicieron de él un hombre afeminado. Es víctima de una homofobia que confunde feminidad y homosexualidad.
Enrique III no era, probablemente, homosexual. Aquello habría entrado en contradicción con su gran piedad. Era un rumor alimentado por sus adversarios políticos para desprestigiarlo, justificando así su reemplazo y evitar a un rey protestante en el trono de Francia, en la persona de su sucesor y primo (y cuñado) el rey Enrique III de Navarra (futuro rey Enrique IV de Francia). Las críticas eran, de hecho, fruto de los partidarios de la familia de Guisa y de los católicos opuestos a la relativa tolerancia del rey hacia los protestantes o hugonotes.
Dos fundamentos fueron esenciales a estos rumores. Primero el extremado refinamiento de su corte. Fue él quien introdujo en Francia el uso del tenedor para comer, impuso a su entorno el uso del jabón y el frecuente cambio de ropa interior (camisas, medias, calzones, etc..), y lleva al colmo del refinamiento el vestuario para los hombres e imponiendo un ceremonial cortesano complejo. Pero las mentalidades de entonces no estaban preparadas para asimilar esas nuevas normas de aseo y comportamiento: no se podía ser a la vez limpio y bravo, elegante y heterosexual. Hoy día, Enrique III de Francia habría pasado por ser un "metrosexual": un hombre que, cuidadoso de su apariencia física y de su aseo personal, habría sido igual de ambiguo para nuestra prensa.
Luego están los favores políticos y financieros prodigados a sus amigos, escogidos entre los más jóvenes por su fidelidad y devoción, no por su cuna ni procedencia linajística. Para los príncipes de entonces, furiosos de verse apartados del poder y del favor real, echando por tierra el orden social y la jerarquía de las edades, aquello debía ser necesariamente fruto de una naturaleza degenerada. Al manifestar un gran dolor cuando 8 de sus amigos se mataron entre sí en el "Duelo de los Mignons", se comporta como un particular aplastado de dolor y no como un rey, que no debería manifestar ningún sentimiento aparente. Las circunstancias políticas hicieron el resto. Su sucesor siendo tan solo un lejano primo, nadie estimó necesario restablecer la verdad y rehabilitar la figura de Enrique III, como tampoco restaurar el honor perdido del último Valois de cara a la posteridad.
Una última precisión sobre el vocabulario. A principios del siglo XVI, el término "mignon" estuvo reservado al hijo predilecto. La juventud e indulgencia paternal de Enrique III hacia sus fieles, hizo que se les apodasen por boca de su corte, "los mignons del Rey", lo que venía a ser "los favoritos". No es hasta después del asesinato del monarca por un monje fanático, que el término "mignon" fue utilizado para designar al joven amante de un hombre.
Todo esto está fundado sobre trabajos históricos recientes, rigurosos y serios, aunque encuentren todo lo contrario escrito en todas partes. Sin embargo, para quien le interese, siempre se puede echar mano de la última y excelente biografía de Enrique III escrita por Jean-François Solnon, publicada en francés por las Ediciones Perrin (París) en abril del 2001.

Visto así, no me extraña que Enrique III pareciera un bicho raro entre sus contemporáneos; de calificarle de original a invertido, solo hay un paso. Pero reconozcamos su contribución a las costumbres domésticas: el uso del tenedor, el lavarse con jabón, el mudarse de ropa con frecuencia, ponerse un pendiente (en el caso de los hombres), la moda... Si nos trasladaran a todos repentinamente al siglo XVI, creo que pasaríamos por una pandilla de invertidos y degenerados a ojos de aquellas gentes de entonces. Solo hay que fijarse en los piercings, los tattoos, el maquillaje, los peinados y la estética de cada tribu urbana... Acabaríamos todos en la hoguera, seguro.
no sé pero visto el careto y komo iba disfrazao, un poko moña si ke parecia ¿no?
Con los rumores hay que tener cuidado a la hora de juzgar a los personajes de la Historia, es verdad, pero también hay que tener en cuenta que los rumores, sobre todo cuando provienen de la misma época y de las personas que lo trataron y conocieron personalmente, son fuentes históricas dignas de tenerse en cuenta. Tan falso podría ser afirmar tajantemente que Erique III tenía sexo con sus mignons como negarlo, pues sobre este tipo de actividades de alcoba, máxime si era entre dos hombres, lógicamente no se dejaba por escrito ningún testimonio. Pero la verdad, y leyendo como yo leo (pues he publicado incluso) todo lo referente a este rey, mi intuición como historiador y como persona de mundo me hace pensar que sí era homosexual, y de ahí a haber practicado el sexo con cualquiera de sus mignons en privado, no habría más que un paso. Esto, además, no desmiente su enfermiza obsesión sadomasoquista de flagelarse en público y de su místicismo religioso, yo creo que, al contrario, confirma un sentimiento de preocupación por la salvación de su alma y de remordimiento.
"Enrique III no era, probablemente, homosexual. Aquello habría entrado en contradicción con su gran piadosidad". A parte de que, en mi opinión, estas dos frases no tienen ningún sentido lógico, he tenido que parar de leer al encontrarme con una palabra que ni siquiera aparece en el diccionario. Es una pena, porque el tema me resulta muy interesante.
La errata ha sido corregida. Son cosas que pasan cuando piensas en varios idiomas... Claro que no todo el mundo cae en la cuenta de que eso les suele pasar a los políglotas.
Un saludo.