VICIOS & ENFERMEDADES REGIAS -1ª Parte-
el 31 may En: Temas - 1 comentario
VICIOS
La pequeña historia está plagada de detalles sobre los distintos monarcas europeos, algunos más conocidos que otros, pero que en su conjunto dan una imagen más humana y cercana de lo que fueron estas testas coronadas, más allá de la pompa y ceremonia con la que se las suelen adornar de cara a la galería. Pero, quien esté libre de culpa, que tire la primera piedra...

Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547), aparte de "consumir" esposas, tenía un notorio y pantagruélico apetito. En la mesa, para redondear sus comidas, exigía que se presentase, a diario, una amplia lista de postres en la que se incluían nada menos que 6 tartas: 2 de manzana, 2 de ciruelas y 2 de fresas. Una tras otra las devoraba sin dejar migaja alguna. En consecuencia, se convirtió en un obeso aquejado de úlceras en las piernas, y un diabético de corazón enfermo y riñones destrozados, con una importante retención de líquidos en su organismo.
Tan gordo era al final de su vida, que le era imposible desplazarse. Se sabe que sus criados estaban obligados a sacarle de palacio por una ventana, atándolo a unas cuerdas que, accionadas por poleas y un nutrido grupo de hombres tirando de ellas, le hizaban en el aire y le bajaban lentamente hasta ensillarlo a su pobre montura.
Cuando Iván IV "el Terrible" (1530-1584), zar de Rusia, decidió tomar esposa a los 17 años de edad, exigió que le presentasen nada menos que 1.500 vírgenes para escoger con cual deseaba casarse. La afortunada de aquella reñida "tómbola" de novias en potencia, fue Anastasia Zakharina Koshkina (una antepasada de los Romanov), la cual falleció en 1560 después de darle 6 hijos. A ésta le sucedieron 4 mujeres más.
No contento con casarse, alternaba sus deberes matrimoniales con su particular harén de amantes, pero su mayor deseo (una fijación sin duda) era desposar a una noble dama inglesa. El deseo nunca pudo cumplirse... La formal pedida de mano a la altiva Lady Mary Hastings, hija del conde de Huntingdon, por parte del zar se tradujo en una rotunda negativa. A la inglesa le parecía impensable casarse con aquel "bárbaro" de tan mala fama, por muy rey que fuese.

Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia (1566-1625), tuvo 2 hijos y 2 hijas de su matrimonio con la princesa Ana Dagmar de Dinamarca, pero a este monarca le gustaba jugar a dos bandas. La prueba es que tuvo un buen puñado de favoritos a los que concedía oro a manos llenas, títulos y hasta el más nimio capricho.
Célebre fue el hermoso Robert Carr, al que concedió el título de 1er conde de Somerset en 1611, un puesto en su consejo y un sitio en su cama. Enamorado como una colegiala, Jacobo I le escribía encendidas cartas de amor. Esa relación entre rey y cortesano no impidió que Robert Carr cayera bajo los encantos de la tenebrosa Lady Frances Howard, esposa del 3er conde de Essex. Sus planes de casarse con ella, una vez ésta obtuviese el divorcio, chocaron frontalmente con la oposición de su amigo y secretario Sir Thomas Overbury. En 1613, éste dió con sus huesos en una celda de la Torre de Londres, mientras el rey se pronunciaba a favor de la disolución matrimonial de los condes de Essex, muriendo envenenado (a instancias de Lady Frances Howard, según parece). Divorciada por fin, Frances Howard pudo casarse con Robert Carr y convertirse en la condesa de Somerset. Un año después, Carr era eclipsado por Buckingham en el favor del rey, y la pareja fue acusada de haber hecho envenenar a Overbury, que se había mostrado siempre contrario a la boda. Cuatro inculpados en el crimen cayeron, pero los Somerset, tras ser alejados de la corte, se beneficiaron del perdón real gracias a los gratos momentos que Carr había hecho pasar al monarca entre las sábanas...

Robert Carr, Conde de Somerset (1587-1645)
George Villiers, 1er duque de Buckingham, conquistó el corazón de Jacobo I y apartó de en medio al conde de Somerset, tomando su puesto. Llegó incluso a superar a su antecesor, consiguiendo ser uno de los nobles más ricos de Inglaterra a partir de 1614. Su arrogancia y su confianza en la protección real, le atrajeron multitud de enemigos tanto en la corte como en la calle. También hizo un excelente matrimonio al obtener la mano de una de las hijas del conde de Rutland, Lady Katherine Manners, y ésta tuvo que compartir a su hermoso marido con el monarca.
Incluso después de la muerte de Jacobo I, Buckingham supo mantenerse en la cumbre con Carlos I, ganándose su favor y su confianza. Para colmo, se hizo con las riendas del poder donde demostró con creces no tener madera de estadista, aumentando si cabe el número de descontentos e irritando hasta el paroxismo la clase política. Su meteórica carrera fue bruscamente interrumpida por el puñal de un puritano llamado Felton (1628), en el momento en que iba a encabezar una flota encargada de socorrer a los protestantes franceses asediados por los ejércitos del cardenal de Richelieu.

George Villiers, Duque de Buckingham (1592-1628)
Carlos II de Inglaterra (1630-1685), el "Alegre Monarca" de la Restauración de 1660, contrajo una enfermedad venérea en 1677, a la edad de 47 años. Lo que extraña es que no la contrajera antes, en vista de su proverbial actividad sexual. Carlos II no tuvo menos de 13 amantes reconocidas, una larga lista inaugurada por Lucy Walter cuando tenía 18 años y andaba exiliado en Holanda. Ésta le dió un hijo bastardo, James Crofts-Scott, 1er duque de Monmouth, que a la postre encabezaría una sublevación armada para disputar el trono a su tío Jacobo II. Su intento acabó en un estrepitoso fracaso y fue ejecutado.
Aparte de Lucy Walter, se pueden retener los nombres de Lady Byron, la duquesa de Cleveland (Barbara Villiers Palmer, Lady Castlemaine), la duquesa de Portsmouth, Hortensia Mancini (sobrina del cardenal Mazarino, 1er ministro de Francia), la actriz Moll Davies o la católica Nell Gwynn...
Casi todas ellas le proporcionaron un sinfín de hijos ilegítimos, nacimientos que, por otro lado, compensaba la evidente esterilidad de su esposa la infanta Catalina de Portugal.

Carlos II de Inglaterra (1630-1685)
Cuando en 1655, Luis XIV de Francia (1638-1715) cumplía los 17 años, contrajo la gonorrea, regalo de la baronesa de Beauvais (dama de compañía de la reina Ana de Austria) que tuvo el privilegio de desvirgar al joven monarca y que era 20 años mayor que éste. A raíz de esa primera experiencia, Luis XIV se distinguió por su pronunciado gusto por el sexo y la cacería, sus dos deportes favoritos que practicó hasta muy avanzada edad. Cuando tenía 70 años, remangaba dos veces al día las faldas de la marquesa de Maintenon (su 2ª esposa desde 1683), para honrarla. La dama, de 75 años, se quejaba entonces a su confesor de la frecuencia con que el rey cumplía con sus deberes conyugales. Irónicamente, cuando el rey abusaba de ensaladas (hortaliza con fama de aminorar la actividad sexual), Madame de Maintenon se quejaba también de que no viniera a "atormentarle".

Luis XIV de Francia (1638-1715)
Jorge I de Gran-Bretaña (1660-1727), se distinguió por su extraño gusto por las mujeres más feas de su corte. Cuanto más repulsivas eran, más asiduo era con ellas, lo que le convertía en el hazmerreír de sus cortesanos y en el centro de sus burlas. Una de ellas era extraordinariamente gorda, como un cetáceo, y otra se asemejaba a un sapo...
Cuando Carolina de Brandemburgo-Ansbach agonizaba en su lecho de muerte en 1737, rogó a su marido, el rey Jorge II de Gran-Bretaña (1683-1760) que volviera a casarse. Galantemente, éste le respondió que no iba a volver a casarse ya que con sus amantes tenía más que suficiente. Entre éstas se pueden resaltar dos nombres, como la condesa von Walmoden, de la cual tuvo un hijo bastardo, y Lady Deloraine. Pero por lo visto, Jorge II no le hacía ascos al sexo masculino... Persistentes rumores le adjudican un "affaire" con el 2º duque de Argyll, uno de sus más leales generales escoceses.
En su vejez, anduvo casi siempre clavado en cama, sufriendo agudos ataques de gota.

Jorge II de Hannover, rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1727 a 1760
(continuará...)

Si hay algo que me entusiasma de la Historia con mayúscula, son los entresijos -dónde todo se cuece-, y los chismes de salón. Estupendo artículo. Espero leer próximamente la continuación de éste, asi que os ruego no tardar demasiado ¿sería posible? Gracias de antemano.
Bye.