Un poco de Historia

El nombre de sífilis viene de un poema de Gerolamo Fracastoro, inspirado en una historia de Ovidio en que aparece el nombre de Sipylus. Siguiendo la costumbre de los humanístas de la época, Fracastoro alteró el nombre, y de ahí Syphilis. Fracastoro nació en Verona en 1478; murió a los 75 años. Fracastoro estudió en Padua junto con Copérnico. Fracastoro fue un humanista. De Padua se trasladó a vivir en hermosa finca de Verona. Allí recibía amigos, se tenían veladas musicales y se discutían temas científicos. Fracastoro escribió en latín, se dice, en muy buen latín. En lo médico su interés se centró en la investigación de enfermedades transmisibles. Sus dos obras más importantes son el poema en hexámetros Syphilidis sive de morbo Gallico (La sífilis o sobre el mal francés) y su tratado De contagione et contagiosis morbis et eorum curatione (Del contagio, las enfermedades contagiosas y su curación). En este último se exponen ideas geniales acerca de la transmisión de enfermedades epidémicas y , por primera vez, se fundamenta el concepto de contagio. Este se producía, según el autor, por partículas diminutas, que él denominó seminaria contagiorum, capaces de penetrar y multiplicarse en los cuerpos sanos por contacto directo o por medio de material contaminado.
Una epidemia de sífilis arrasó Europa durante los siglos XV y XVI, lo que dio como resultado miles de muertos, pues no había ninguna terapéutica eficaz: sólo se disponía de las plegarias. El miedo a la enfermedad condujo a la incorporación de uno de los 14 Santos de Urgencia de la Iglesia: San Dionisio fue el Patrono de los sifilíticos. En Munich, existe en la biblioteca del estado Bávaro, una breve plegaria de intercesión a este santo. En cada una de las esquinas inferiores, hay pintado un penitente con una erupción cutánea, cuya cabeza mira al cielo en súplica.
Ambas entidades han sido descritas desde la antigüedad. Hay escritos chinos que datan de hace más de 2 500 años que describen una infección en la uretra tratable con esencia de soja. Una enfermedad de transmisión sexual, que podía haber sido la gonorrea, fue la que la Biblia describe que afectó a Sara, la mujer de Abraham, según aparece en Génesis, capítulo 12. La misma infección puede haber sido la plaga que se extendió por la corte del faraón y sus concubinas. Las alteraciones de la fertilidad debidas a esta infección podrían también haber sido la causa de la incapacidad de Sara para concebir, hasta muy tardíamente.
El libro del Levítico describe una enfermedad que era de transmisión sexual. Moisés, no solamente describe la contagiosidad de la gonorrea, sino que además da normas para prevenir el contagio y la diseminación. En el libro de los Números podemos aprender más sobre las enfermedades de transmisión sexual que tienen lugar en tiempo de guerra. Esta enfermedad -probablemente la gonorrea- tuvo lugar cuando los israelitas guerreaban contra los madianitas. Moisés discutió el significado del problema y prohibió las relaciones sexuales durante el tiempo correspondiente al inicio de los síntomas. Como hoy sabemos, valía de muy poco.
Pero también se pueden encontrar más descripciones de la enfermedad en el papiro de Eber. No solamente se describen los síntomas de una uretritis aguda en estos escritos, sino también se da una fórmula que permite la cura por medio de la instilación intrauretral de aceite de sándalo.
Hipócrates (del 460 al 355 antes de Cristo) hace una de las primeras descripciones científicas de la infección gonocóccica. Disecó la uretra de los hombres que estaban infectados por este agente y notó la existencia de modificaciones en el tejido epitelial, a la vez que una secreción. Describió el hallazgo de la estenosis uretral que con tanta frecuencia acompaña al problema. Galeno fue el que acuñó el término gonorrea.
Los avances en el conocimiento médico en los siguientes 900 años se desconocen. No obstante, una ley del siglo XII en Londres, prohíbe a los dueños de burdeles el contratar mujeres que padecieran de escozor en los genitales. Se podía interpretar, referido a las mujeres que tuvieran molestias, hasta la sensación de ardor al realizar la micción.
En el año 1300 John Ardeme, cirujano de Ricardo II y Enrique IV de Inglaterra, fue el primero en utilizar el término purgación. El origen de esta palabra es poco claro y puede hacerse referencia a la palabra francesa clap ploir, que significa buba; a le clapier, casa de prostitución; o a la palabra clappers, que eran unos instrumentos para hacer ruido y que se utilizaban para advertir la proximidad de los leprosos.
El regreso de Colón al Nuevo Mundo y la explosión de sífilis en la Europa Continental tuvo como resulta de que se originara gran confusión. De todos son conocidas las teorías precolombina y colombina en cuanto al origen de la sífilis. Los pacientes que padecían tanto la gonorrea como la sífilis, llevaron a muchos a creer que ambas enfermedades estaban relacionadas y que la gonorrea era un síntoma temprano de la sífilis. Hay que recordar que por aquella época se creía que el origen de las enfermedades se debía a los humores y al aire y los problemas que planteaba la sífilis no podían ser resueltos por los hombres del Renacimiento, pues el hombre del siglo XV era científicamente poco desarrollado. Este siglo dio figuras de la talla de Girolano Fracastorius y de Paracelso. El primero bautizó la enfermedad con el nombre de "sífilis" -esto para algunos historiadores- y recomendó el guavacol y los mercuriales como tratamiento, y el segundo afirmó que madres sifilíticas daban hijos sifilíticos.
Por esta época y durante mucho tiempo se utilizaron los mercuriales para el tratamiento de la sífilis. Este tratamiento mató más enfermos que la propia sífilis, si a esto añadimos que en algunos hospitales, después de la cura, le propinaban al enfermo una tunda de palos para castigar "la carne pecadora".
Hunter fue uno de los que creyó que la gonorrea era un síntoma precoz de la sífilis y se inoculó a sí mismo con el pus de la uretra de un paciente con gonorrea y contrajo la sífilis. Murió, según algunos historiadores de un aneurisma sifilítico de la aorta. Fue un mártir de la ciencia.
Bell, en 1700, inoculó a estudiantes de medicina y fue capaz de determinar que sífilis y gonorrea eran entidades clínicamente diferentes. Sin embargo, esta idea no se aceptó de inmediato, debido a la fuerte influencia de Hunter en toda la época.
Las disputas sobre el origen determinaron que a la sífilis se le conociera como "enfermedad de La Española", "mal francés", "mal napolitano", etcétera.
No fue hasta mediados de 1800, cuando un médico nacido en Baltimore, Phillip Reicort, que practicaba la medicina en París, llevó a cabo más de 1 000 estudios y fue capaz de demostrar de forma inequívoca que sífilis y gonorrea eran entidades diferentes. Veinte años después, Sims describió tumores inflamatorios en la mujer y los relacionó con la gonococia. Esto fue comprobado por Werthein , que cultivó el pus de las trompas.
Los hitos fundamentales de la historia posterior de ambas afecciones incluyen la introducción de la sulfamida y la revolución ocasionada por el descubrimiento de la penicilina, que pasa por los aportes clínicos hechos en el siglo XIX por Hutchinson, Ricord, Fournier y Hallopeau. Fue un decir común durante mucho tiempo de todo aquel que practicó el tratamiento con los mercuriales: "Por una hora con Venus, veinte años con Mercurio".
La sífilis parece haber cambiado su forma inicial virulenta a una menos rápida y a una infección más predictible. Es posible que la enfermedad haya cambiado menos que sus víctimas y que la propia tecnología; un público en algunas ocasiones más educado, en otras más preocupado por la aparición de otras enfermedades más acuciantes, sobre todo por su mortalidad, consulta más pronto al médico. Pero a pesar de todo y de los avances de la ciencia, estas infecciones siguen siendo un importante problema de salud y, probablemente seguirán siéndolo en el futuro, quizás por mucho tiempo.

Célebres sifilíticos de la Historia

En la Edad Media, la sífilis era casi tan temida como la peste bubónica, y Deodato, el cruel segundo marido de la reina ostrogoda Amalasuntha, también sucumbió a ella pero antes hizo asesinar en la bañera a su consorte. Las raras costumbres del papa Bonifacio VIII el que se vio sopapeado por órdenes del rey galo Felipe IV-le hicieron víctima de esta enfermedad No sería el único Papa sujeto a los sufrimientos de una enfermedad venérea, ya que Alejandro VI (Rodrigo Borgia, padre de Lucrecia) también se vio infectado de sífilis debido a sus orgías. Para colmo, su hijo César (uno de los criminales más grandes de la historia) también padeció del mismo mal. Posteriormente hubo rumores que Julio II, el Papa también andaba "con las bubas".
La sífilis hizo diabluras con muchas cabezas coronadas. Enrique VIII de Inglaterra ostentaba unas llagas fétidas pavorosas, así como Iván "El Terrible" de Rusia, zar a quien la hija del Enrique VIII (la genial Elizabeth I) le rechazó la mano en matrimonio. El segundo marido de la reina María Estuardo de Escocia-Lord Henry Darnley- tampoco pudo salvarse de resultar infectado de sífilis en una de sus francachelas, y estaba apenas tratando de recuperarse de sus chancros cuando la choza donde estaba confinado voló por los aires en una violenta explosión probablemente orquestada por Lord Bothwell, el que sería el tercer marido de la libidinosa María. La sífilis también hubiera matado al príncipe turco Ahmed, hijo de Bayaceto II, pero su hermano Selim se le adelantó a las fiebres y lo hizo asesinar para poderse quedar él con el trono otomano.
En Francia, Francisco I contrajo sífilis, infectando a su primera mujer Claudia de Bretaña quien murió de eso -y luego a Leonor de Habsburgo, su segunda mujer-. Los Habsburgo fueron una familia continuamente aquejada por la vergonzante sífilis. Felipe II de España la contrajo en relaciones con meretrices a pesar de que afirmaba ser tan religioso, y luego las fiebres que sufrió su tercera esposa Isabel de Valois indican que la pobre muchacha resultó contagiada. Su hijo anormal Carlos habido con su primera esposa portuguesa- también ostentaba síntomas de sífilis hereditaria. El nieto de Felipe II-el rey Felipe IV de España-contrajo la sífilis de su amante María Calderón y luego su hijo Carlos II contrajo este mal desde el vientre de su madre, Mariana de Austria.
La sífilis de Carlos II incluso ocasionó severos defectos congénitos en el desafortunado rey. Por otro lado, la rama de los Habsburgos de Austria abundó en sifilíticos. Francisco José I, el flamante esposo de la bella Sissí, ya estaba enfermo cuando se casó con ella y le contagió. El hijo de ambos, Rodolfo de Habsburgo, por su parte contrajo la sífilis en los burdeles de Viena, infectó a su esposa Estefanía y luego contagio a su amante María Vetsera antes que ambos "se suicidaran" en Mayerling en 1889.
El hermano de Francisco José I-Maximiliano- contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad a su adoradora esposa Carlota de Bélgica. Ambos estaban destinados a ser los emperadores artificiales de México. Tras la ejecución del emperador Maximiliano, Carlota enloqueció y fue recluída.
El loco rey Alfonso VI de Portugal no solo era tarado, sino que también se infectó de sífilis en sus noches de juerga por Lisboa, donde buscaba prostitutas para luego azotarlas. Pedro I de Rusia contrajo su sífilis de Catalina, quien antes de ser su consorte y luego emperatriz, fue una prostituta llamada Martha Skavronskaya. La nobleza menor también se vio azotada por sífilis. El Marqués de Sade contrajo sífilis tras un romance tempestuoso con Laura de Lauris.
Lord Randolph Churchill padre del gran Sir Winston Churchill la adquirió en sus correrías de burdeles antes de casarse con Jennie Jerome. La bailarina y cortesana Lola Montez se dio el lujo de infectar al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, pero ella misma murió loca, pobre y en desgracia en Nueva York. No sería Franz Liszt el único músico en verse afligido por la sífilis, ya que Franz Schubert (que además tenía fama de no lavarse nunca) la contrajo con la meretriz cuyas caricias le inspiraron la Sinfonía Inconclusa.
La intelectualidad también contrajo sífilis, entre los más conocidos está el cuentista francés Guy de Maupassant, Stendhal, Lord Byron el poeta inglés, el novelista irlandés James Joyce, el poeta francés Arturo Rimbaud, el bardo francés Paul verlaine, el gran poeta galo Charles Baudelaire, el filósofo germano Federico Nietszche, el bardo alemán Enrique Heine, el genial poeta gay irlandés Oscar Wilde, los pintores Vicente Van Gogh y Paul Gauguin, además del gran pintor español Francisco de Goya y el gran fabricante de armas Samuel Colt, padre del revólver. Benito Mussolini, dictador italiano cuyas locuras espeluznaban a muchos, también padeció de sífilis, pero no se ha podido confirmar si efectivamente Cristóbal Colón la padecía.