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Categoría: Reyes de Gran-Bretaña

ENRIQUE VIII DE INGLATERRA

ENRIQUE VIII

el rey, el hombre y sus males

Enrique VIII (1491-1547), rey de Inglaterra y Señor de Irlanda entre 1509 y 1547, queda enmarcado en la memoria colectiva por sus seis esposas a las que, por un motivo u otro, repudió o mandó al cadalso de forma inapelable. Tan solo dos le sobrevivieron; la 4ª, Anne, princesa de Clèves y la 6ª y última, Lady Catherine Parr, aunque a ésta le fue de un pelo acabar como la 2ª y la 5ª de no haber sido por la providencial muerte del rey.

Nacido en Greenwich Palace el 28 de junio de 1491 -a poca distancia de Londres-, es el tercer hijo de los reyes Enrique VII y Elizabeth de York. Precedido en la cuna por su hermano mayor Arturo, Príncipe de Gales, no opta por la sucesión al trono más que como segundón y parece ser que su educación académica está hecha para orientarle hacia una carrera eclesiástica. A los 3 años de edad, su padre le concede el título de Duque de York, de Conde-Mariscal de Inglaterra y de Lord Teniente de Irlanda. En el curso de su formación llegará a hablar con fluidez el latín, el francés y el castellano. De hecho, Enrique se convertirá en un príncipe intelectual que gustaba escribir, componer poesías y pequeñas obras musicales. Alternó esas aficiones con el deporte de su época: el tenis, la caza y las justas caballerescas que, por culpa de un accidente que iba a marcar el curso de la historia y de su salud física y mental, tuvo que dejar de lado a regañadientes. Gran aficionado a los juegos de azar, se convirtió en un consumado jugador de dados, de cartas y en un obseso de las apuestas.

Retrato de Arturo Tudor, Príncipe de Gales, heredero del rey Enrique VII y hermano mayor del que será Enrique VIII de Inglaterra.

En 1501, el entonces Príncipe de Gales contrae matrimonio con la Infanta Catalina de Aragón y de Castilla para sellar una alianza anglo-española forjada entre Enrique VII y los Reyes Católicos Isabel y Fernando. Veinte semanas después del enlace, el heredero del trono muere súbitamente y el Duque de York se convierte en el nuevo Príncipe de Gales. Para resolver el problema de la muerte sin descendencia del príncipe Arturo, y la pérdida de interés del rey por la alianza con los monarcas castellano-aragoneses, el que será el nuevo monarca consentirá desposar a su cuñada pese a la creencia de que aquello solía traer mal fario al contrayente. A partir de ese momento clave, se determina el consabido futuro de la Corona Inglesa y sus consecuencias.

Menos de ocho años después, Enrique VII fallece y el Príncipe de Gales se convierte en el nuevo rey Enrique VIII. Nueve semanas antes de ser coronado en la abadía de Westminster, el flamante soberano de apenas 18 años, desposa a la Princesa Vda. de Gales haciendo caso omiso de los consejos del papa Julio II y del arzobispo de Canterbury, William Warham. Tanto Enrique como Catalina serían ungidos, consagrados y coronados reyes de Inglaterra el 24 de junio de 1509.

Retrato del rey Enrique VIII de Inglaterra, realizado en los inicios de su reinado.

Al año siguiente, en 1510, se da pública noticia en todo el reino de que la reina Catalina está en estado de buena esperanza. Meses después, lo que iba a ser un feliz acontecimiento: alumbrar a un posible heredero, se queda en un aborto. Enrique VIII, que no cejaba en su empeño por ser padre, volvió a dejar a la reina encinta y el primer día del año nuevo de 1511 nacía un varón: Enrique, Duque de Cornwall... La alegría del rey será breve: el heredero muere el 22 de febrero siguiente. A esos nubarrones domésticos se unieron otros más preocupantes en el ámbito de la política exterior: el rey prometió ayudar a España en su guerra contra Francia y, en 1513, se permitió el lujo de hacer una incursión en territorio galo y derrotar a los franceses, provocando que su vecino escocés, el rey Jacobo IV -aliado de Luis XII-, hiciera su propio "paseíllo" al Norte de Inglaterra hasta darse mortalmente de bruces frente a los ingleses en Flodden Hill. Porque por su lado ya había solucionado sus diferencias con Francia, Fernando II de Aragón se desentendió de su alianza con Enrique VIII y, los demás implicados, imitaron al primero dejando en la estacada al soberano inglés (1514). Por culpa de esos reveses, la reina Catalina tuvo que soportar estóicamente las iras de su esposo, que se sentía traicionado por todos, e incluso habló de repudiarla para castigar así a la Casa Real Castellano-Aragonesa. Pasada la tormenta, Enrique VIII volvió a plantearse su relación con España tras la ascensión al trono de Francia de Francisco I (1515), sucesor y yerno del rey Luis XII que, poco antes de morir, había contraído matrimonio con la princesa María de Inglaterra, su hermana menor, para sellar la paz entre los dos reinos rivales.

Retrato de Catalina de Aragón, Reina de Inglaterra, según una miniatura de la época. / Abajo, reproducción de un retrato del rey Enrique VIII realizado en el año 1520.

En 1516, la reina Catalina da a luz a una hija sana: la princesa María; un hecho que renueva las esperanzas de un Enrique obsesionado con proporcionar a Inglaterra un sucesor que dé continuidad a la dinastía que él representa y que necesita imperativamente consolidarse. Ese mismo año, fallece su suegro Fernando II de Aragón, entonces regente en nombre de su hija Juana I "la Loca" de Castilla y León, y le sucede en el poder su nieto Carlos I, sobrino de la reina Catalina de Aragón. Tres años más tarde, en 1519, al morir el emperador Maximiliano de Austria, se abrió la veda para postular por el solio imperial; aunque oficialmente Enrique VIII respaldaba la candidatura del rey Francisco I de Francia, frente a la de su sobrino político Carlos I de España -nieto de Maximiliano-, no dudó en presentar secretamente la suya propia, aunque en vano. Aquello le convirtió en el mediador entre dos potencias rivales que se daban de codazos para gozar de sus favores, y le otorgó el manejo del equilibrio del poder europeo hasta que, en 1521, su influencia empezó a diluirse en la nada.

1518 es el año en el que la reina Catalina de Aragón queda por sexta o séptima y última vez preñada de Enrique VIII. De entre sus abortos y sus alumbramientos, tan solo sobreviviría hasta la edad adulta la princesa María, esa misma que la historia acabaría bautizando como "María la Sangrienta". Enrique se quedaba, por tanto, sin heredero varón que diera continuación a la Casa de Tudor y, consciente de que los ingleses no parecían muy proclives a aceptar una sucesión femenina, empezó a creer que era menester convertir en heredero a su hijo bastardo habido con Lady Elizabeth Blount en 1519: Lord Henry FitzRoy, 1er Conde de Nottingham. Por ello, no dudó en elevarle al más alto rango nobiliario, otorgándole nada menos que dos ducados: los de Richmond y de Somerset; y, no contento con ello, pretendió hacerle pasar por delante de su legítima heredera, María, en el orden sucesorio a la Corona. Las cosas se agravaron aún más cuando en 1526 quedó patente que Catalina de Aragón no podría tener más hijos... Puesto que la reina había dejado de ser útil a sus propósitos de perpetuación, Enrique VIII se sintió libre para cultivar otros jardines. De hecho, ahí empezó a encapricharse de Lady Anne Boleyn.

Retrato en miniatura de Henry FitzRoy, 1er Conde de Nottingham (1519-1536), luego 1er Duque de Richmond y de Somerset. / Abajo, fotomontaje con los retratos del rey Enrique VIII y de Ana Bolena, su segunda consorte.

Aunque las culpas recayeron en la reina Catalina, y me refiero al problema de dar hijos sanos, las recientes investigaciones de historiadores y médicos forenses señalan al rey Enrique VIII como el principal causante de esa falta de descendencia o, mejor dicho, de esa mala calidad reproductora. Todo parece apuntar que padecía del Síndrome de McLeod, una enfermedad que hacía prácticamente inviable que tuviera hijos varones y más aún que fueran sanos y llegasen a la edad adulta.

El Síndrome de McLeod consiste en una alteración genética que bien puede llegar a afectar el riego sanguíneo, el cerebro, el sistema nervioso periférico, la musculatura y el corazón; todo ello estaría causado por una mutación en el gen XK del cromosoma X, con carácter hereditario recesivo. El citado gen XK sería el responsable de una proteína llamada "antígeno Kell" sobre la superficie de los hematíes que provoca distrofia muscular y una alteración en el grupo sanguíneo. Los síntomas, que son progresivos a medida que el paciente llega a los cincuenta, incluyen signos de neuropatía periférica, miocardiopatía y anemia hemolítica; se añaden otros signos visibles como tics faciales, convulsiones, demencia y graves alteraciones en el comportamiento. Queda por precisar que las hijas de un enfermo con síndrome de McLeod son portadoras de dicha dolencia, mientras que los hijos lo son en un 50%.

Con estos datos en la mano, podemos entender la evolución en el carácter del rey Enrique VIII y el por qué de su irascibilidad, de sus ataques de ira, de sus paranoias. A éstos se añade el famoso accidente padecido en el curso de una justa en 1536, que le provocó la reapertura de una anterior herida sufrida en el curso de una cacería y le incapacitó para continuar con el ejercicio físico del que tanto gustaba. Por culpa de la inacción y de los atroces dolores que sufría, Enrique VIII centró su atención en la comida hasta niveles alarmantes; la gordura se apoderó del monarca de tal forma que llegó a padecer obesidad mórbida (con una cintura de 137 cms.) y una diabetes de tipo II. Uniendo una más que probable gota a esa obesidad progresiva con la herida ulcerada y pestilente que no dejaba de supurar pus, Enrique VIII se vio pronto obligado a hacer uso de un bastón para poder caminar y, cuando ya no bastó el bastón, se tuvo que recurrir a inventos mecánicos para poder desplazar al monarca de un lado a otro, o incluso para sacarlo de palacio a través de alguna que otra ventana -ya que por algunas puertas no cabía- con ayuda de poleas y hombres forzudos, asi como para ensillarle en su montura.

Queda, sin embargo, descartada la vieja teoría que barajaba que el rey padeciera de sífilis, como su homólogo francés Francisco I. Esa enfermedad venérea ya era de sobras conocida por los médicos del siglo XVI y, de haberla padecido, los galenos que se ocupaban del monarca inglés así lo habrían constatado y dejado por escrito en sus informes.

Por otro lado, cabe reseñar el problema sexual que tenía Enrique VIII. Pese a ser un hombre de gran prestancia en su juventud, fuerte y musculoso, de talla imponente, sus genitales no iban en proporción a la imagen de su imponente físico. Consta que Lady Anne Boleyn, su segunda esposa, se quejó amargamente del tamaño del real pene de Su Graciosa Majestad. Más cruda fue Lady Catherine Howard, su 4ª consorte, quien dejó escrito de su puño y letra que el miembro viril del rey no conseguía hacerle gozar y que su cuerpo seboso le causaba cierta repulsa, amén del pestilencial hedor que destilaba aquella herida ulcerada en su pierna. No nos ha de extrañar que aquélla le pusiese los cuernos con el joven y apuesto ayuda de cámara del rey, Sir Thomas Culpeper, que estaba mejor dotado y mucho más apetecible que un hombre de 50 años y con 136 kgs. de peso...

El historiador francés Georges Minois precisa sobre las costumbres sexuales de Enrique VIII:

"Enrique nunca fue un hombre refinado y galante; como en todo lo demás, sus maneras amorosas eran brutales y directas, los preámbulos muy cortos, los desarrollos restringidos y la conclusión abrupta; el amor físico fue siempre reducido por él a lo esencial, un rito biológico sin fantasía, con el solo objetivo de procrear. La galante Catherine (Howard) había conocido algo mucho mejor antes de casar con el rey, cuya apariencia carecía de todo atractivo."

Enrique VIII moriría a sus 55 años, el 28 de enero de 1547 en el Palacio de Whitehall, Londres. Sus últimas palabras fueron éstas: "Monjes! Monjes! Monjes!" .
En el momento de trasladar su cuerpo desde Whitehall hasta Windsor, su féretro se partió en dos debido al enorme peso del difunto.
Se le dio sepultura junto a aquella a la que consideró su auténtica esposa, Lady Jane Seymour, madre de su único hijo varón y sucesor Eduardo VI, en la Capilla de San Jorge del Castillo de Windsor.

LAS ALHAJAS RUSAS DE MARY DE TECK

MARY DE TECK & LAS JOYAS RUSAS

Un turbio asunto de estafa familiar en Buckingham Palace

La reina Mary de Teck (1867-1953), consorte del rey Jorge V de Gran-Bretaña e Irlanda, tuvo una infancia marcada por grandes estrecheces pecuniarias gracias a un padre frívolo y a una madre manirrota que dilapidaron su fortuna.

De aquellos años como "pariente pobre" del Gotha Europeo, la reina Mary había adquirido una fobia enfermiza a la pobreza (Peniafobia). Incluso casada con Jorge V, su nuevo estatus de reina consorte y la fortuna de aquél no consiguieron vencer su miedo. Para ella, todos los medios eran válidos con tal de hacerse aún más rica y, a ese comportamiento obsesivo se unió una cualidad muy fea: la racanería.

A lo largo de su vida como soberana consorte, se dedicó a acumular todo tipo de tesoros que pudiesen salvaguardarla de la pobreza: servicios de plata, cuadros, obras de arte y, sobretodo, joyas.

Cuando en ciertas ocasiones era recibida por las familias de la rancia aristocracia británica, éstos se veían en la obligación de esconder todos los objetos valiosos que pudieran atraer su atención o provocar su admiración. Y es que ya estaba en boca de toda la alta sociedad el estiloso modo que tenía la reina Mary para conseguir que, aquello que le agradaba, le fuera ofrecido amablemente. Sabía cómo hacerse con cuadros, joyas u objetos: se pasmaba, se extasiaba de tal manera ante éstos que sus propietarios, entre presionados y queriendo congraciarse a la reina, se veían casi obligados a regalárselos (aunque fuera a regañadientes).

Las Joyas Rusas & la Reina Cleptómana

Retrato de la Zarina Maria Feodorovna (1847-1928) Emperatriz consorte de Todas las Rusias y viuda del Zar Alejandro III, padres ambos del último Zar Nicolás II. Nacida Princesa Maria Dagmar de Dinamarca, era la hermana de Alexandra, Reina consorte de Gran-Bretaña e Irlanda y cuñada del rey Eduardo VII, lo que la convertía en la tía carnal del rey Jorge V... Fue de los pocos miembros de la Familia Imperial Rusa que consiguió escapar de la masacre de los Bolcheviques. / Abajo, fotografía de la Gran Duquesa Xenia Aleksandrovna de Rusia (1875-1960) -derecha- y de su hermana la Gran Duquesa Olga Aleksandrovna de Rusia (1882-1960) -izquierda-.

A la muerte de la Emperatriz Viuda Maria Feodorovna de Rusia (1928), su importante colección de joyas fue puesta en venta por sus hijas las grandes duquesas Xenia y Olga Aleksandrovna. Éstas, que tenían la reputación de no saberse manejar muy bien en los negocios, cometieron el craso error de dejar que su pariente la reina Mary se ofreciese, como quien no quiere la cosa, de intermediaria en las transacciones.

Una estimación de 350,000 Libras Esterlinas fue presentada por entonces, pero el resultado que habría permitido a las dos hermanas vivir holgadamente hasta el final de sus vidas no pareció concretarse. Tan solo se les dio un tercio de la cantidad estimada!

Ante la extrañeza de las grandes duquesas en el momento de percibir la irrisoria suma de dinero, la reina Mary les explicó que la venta de las alhajas había ido mal. Más extrañadas estuvieron cuando, al poco tiempo, vieron a la reina Mary lucir ostentosamente las mejores y más preciadas alhajas de la Emperatriz Vda. Maria Feodorovna en los actos oficiales de la corte británica. Olga y Xenia, aprovechando un encuentro con la reina, le hicieron notar su malestar con elegancia, y Mary de Teck les replicó sin florituras que debían estar agradecidas por los esfuerzos que había hecho el rey para darles techo y comodidades que, por cierto, suponían una carga para el real bolsillo. Pese al disgusto, las grandes duquesas callaron su indignación por no hacerle un feo al rey Jorge V, que había tenido la gentileza de acogerlas en Londres y proporcionarles alojamiento gratis en la finca real de Hampton Court.

La Reina Mary de Teck (1867-1953), consorte del rey Jorge V de Gran-Bretaña e Irlanda. En la fotografía, posa con la famosa diadema de la Gran Duquesa Maria Pavlovna de Rusia, que pasó a la Emperatriz Vda. Maria Feodorovna y de ésta a sus hijas Xenia & Olga. / Fotografía -abajo- de la diadema de la Gran Duquesa María Pavlovna, actualmente en la colección privada de la reina Elizabeth II.

Tras el deceso de la reina Mary en 1953, el grueso de sus joyas personales fueron legadas a su nieta la reina Elizabeth II, su principal heredera. Otras pocas fueron a parar a la hermana de la soberana, la Princesa Margaret, Condesa de Snowdon que, posteriormente fueron vendidas por sus hijos tras su fallecimiento.

Al producirse la muerte de la gran duquesa Olga de Rusia (1960), sus hijos descubrieron finalmente la verdad. La reina Mary de Teck había metido mano en aquellas suntuosas alhajas imperiales y escogido las piezas que más le gustaban. Dicho de otro modo, la esposa de Jorge V se había servido y apropiado indebidamente de aquellas alhajas pagando un precio irrisorio!

Entre aquel botín que representaban las alhajas de la penúltima zarina de Todas las Rusias, destacaba una hermosa diadema de diamantes y perlas que había pertenecido a la gran duquesa Maria Pavlovna (1854-1920), esposa del gran duque Vladimir Aleksandrovich de Rusia, nacida princesa de Mecklenburg-Schwerin ( en la fotografía de la izq.).

Tihon y Guri Kulikovsky, los hijos de la gran duquesa Olga que descubrieron el pastel, no se quedaron de brazos cruzados y se dirigieron directamente a la reina Elizabeth II para que saldara la deuda de su abuela usurera. El escándalo estaba servido...

Tras consultar con sus abogados, Elizabeth II satisfizo rápidamente la cuantía exigida por los hijos de las grandes duquesas estafadas.

Habían pasado 33 años desde la defunción de la gran duquesa Olga, pero Elizabeth II no quería separarse de su diadema preferida, y prefirió pagar las alhajas al precio actualizado de 1993 antes que devolverlas a sus hijos. Por fortuna, los trapos sucios fueron lavados en privado y no tuvieron que ser aireados ante los tribunales.

La Reina Elizabeth II de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte, posando con la diadema de la Gran Duquesa Maria Pavlovna de Rusia, heredada de su abuela la Reina Mary de Teck, en una foto oficial como soberana de Canadá.

JORGE III DE GRAN-BRETAÑA -1-

JORGE III

REY DE GRAN-BRETAÑA E IRLANDA

ELECTOR DE HANNOVER

1738 - 1820

 

EL BUEN REY JORGE / 1ª Parte

El Príncipe Jorge de Gales

El Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales nació prematuramente el 4 de junio de 1738, en Norfolk House (St. James' Square, Londres), fruto del matrimonio entre Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales y de la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, princesa de Gales, y primer varón de la pareja. En la cuna ya le había precedido una hermana, la princesa Augusta Carlota de Gales. Como primer nieto varón del rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, estaba destinado a ceñir, en un futuro lejano, la triple corona de las Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda) y el bonete electoral de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Por parte de su padre, Federico-Luis, presunto heredero de la corona, era nieto de los reyes Jorge II de Gran-Bretaña y de la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach (de la Casa de Hohenzollern) y biznieto de los reyes Jorge I de Gran-Bretaña y de la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle. Por parte de su madre, Augusta, princesa consorte de Gales, era nieto del duque Federico II de Sajonia-Gotha y de la princesa Magdalena Augusta von Anhalt-Zerbst; dicho esto, es una obviedad subrayar que el principe era alemán por los cuatro costados.

Sus padres habían abandonado precipitadamente su residencia campestre de Cliveden House cuando los primeros sintomas del parto se hicieron sentir en la princesa de Gales. Por aquel entonces, era imperativo que el posible heredero varón tan deseado naciera en Londres. Bautizado el 4 de julio de 1738, en uno de los salones de Norfolk House con los nombres de Jorge Guillermo Federico por el obispo de Oxford, Thomas Secker, fue doblemente apadrinado por el rey Federico I de Suecia y el duque Federico II de Sajonia-Gotha, mientras que su única madrina fue Sofia-Dorotea de Hannover, Reina de Prusia. No tuvo por otro título que el de "Su Alteza Real el Príncipe Jorge de Gales", siendo el segundo en el rango de pretendiente al trono británico, después de su padre.

Precedido por su hermana mayor la princesa Augusta Carlota de Gales, nacida el 31 de agosto de 1737, Jorge fue seguido por siete hermanos más:

-Eduardo Augusto de Gales, futuro duque de York y de Albany (14 de marzo de 1739).

-Elizabeth Carolina de Gales (30 de diciembre de 1740).

-Guillermo Enrique de Gales, futuro duque de Gloucester y de Edimburgo (14 de noviembre de 1743).

-Enrique Federico de Gales, futuro duque de Cumberland y de Strathearn (27 de noviembre de 1745).

-Luisa Ana de Gales (8 de marzo de 1749).

-Federico Guillermo de Gales (13 de mayo de 1750).

-Carolina Matilde de Gales (11 de julio de 1751).

Cosas de familia

A diferencia de sus predecesores (bisabuelo, abuelo y padre), el joven príncipe fue el primer jefe de su dinastía en nacer en territorio inglés. Perteneciente a la Casa Electoral de Hannover, procedente ésta de la Casa Ducal de Brünswick-Lüneburg (Braunschweig en alemán) que, a su vez, descendía de la nobilísima Casa de Este, dinastía italiana que tenía su origen en los antiguos marqueses de Módena y de Ferrara. Claro que, en medio de esa época de tinieblas en que el linaje principesco pasa de la Casa de Este a la de Brünswick, se metamorfosea en la Casa Welfen o de los Güelfos, a raíz del conflicto entre güelfos y gibelinos que sacudió los cimientos del Sacro Santo Imperio.

Jacobo II Stuart, Duque de York (1633-1701) y luego Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre 1685 y 1688, como sucesor de su hermano el rey Carlos II, artífice de la Restauración de 1660. / Abajo, fotografía de un bonete de un príncipe-elector del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Los duques y príncipes electores de Hannover se vieron llamados a ceñir la corona británica gracias a una estúpida postura religiosa del último Estuardo, Jacobo II, cuyo catolicismo ya venía levantando ampollas entre la élite anglosajona desde el reinado del alegre Carlos II, y chocaba frontalmente con el ya anclado anglicanismo tudoriano que garantizaba la independencia religiosa de las Islas Británicas frente al catolicismo romano. Si los irlandeses comulgaban con las convicciones religiosas de Jacobo II, Inglaterra no estaba dispuesta a tolerar a que se operase una reintroducción del catolicismo en sus instituciones vitales. Gracias a las deserciones que se multiplicaron entre generales y nobles tras el desembarco del Príncipe de Orange con un ejército, yerno protestante de Jacobo II, el último Estuardo se vio obligado a huir y a encontrar refugio en las costas francesas, condenando asi a su descendencia a correr la misma suerte: el exilio.

La Reina Ana I de Gran-Bretaña e Irlanda junto con su esposo, el Príncipe-Consorte Jorge de Dinamarca, Duque de Cumberland (retrato debido a Charles Boit).

Tras el co-reinado de Guillermo III de Orange y de María II, el trono fue asegurado por la última hija de Jacobo II habida de su primer matrimonio, la reina Ana I, cuyo reinado vio nacer el Reino de Gran-Bretaña tras operarse la unión forzada de Escocia a Inglaterra. A pesar del prolífico matrimonio de Ana I con el príncipe Jorge de Dinamarca, duque de Cumberland, ambos se quedaron sin descendencia para asegurar la continuidad dinástica de los Estuardos anglicanos, al fallecer toda su prole en la cuna o antes de la edad adulta.

Retrato de la Princesa Elizabeth de Inglaterra (1596-1662), Electriz Palatina del Rhin y Reina de Bohemia, hija de los reyes Jacobo I Stuart y Ana-Dagmar de Dinamarca, y hermana del rey Carlos I. / Abajo, retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera-Simmern (1630-1714), Princesa-Electriz de Hannover y Duquesa de Brünswick-Lüneburg por su matrimonio con Ernesto-Augusto I de Hannover.

Ante tamaño problema, ya previsto bajo el reinado del estéril Guillermo III de Orange, el parlamento londinense ya había redactado a instancias del monarca una ley de sucesión destinada a excluir a los descendientes del destronado Jacobo II por su condición de príncipes católicos (Act of Settlement 1701 / Acta de Establecimiento), favoreciendo a la descendencia protestante y alemana de la difunta Elizabeth de Inglaterra, reina de Bohemia y Electriz Palatina del Rhin, hija de los reyes Jacobo I y de Ana de Dinamarca, soberanos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Siguiendo la filiación de dicha princesa anglo-escocesa, que nunca había renunciado a sus derechos dinásticos, los parlamentarios ingleses reconocieron los derechos hereditarios de la entonces princesa-electriz Sofia de Hannover (1630-1714), nacida princesa Palatina del Rhin, a la que erigieron en primera pretendiente a la corona británica por ser nieta de Jacobo I Estuardo; derechos que, obviamente, eran transmitidos a sus hijos habidos con el elector Ernesto Augusto de Hannover (fallecido el 23 de enero de 1698).

El mero hecho de que la electriz-viuda Sofia de Hannover falleciera el 8 de junio de 1714, un mes antes de que muriera su prima Ana I de Gran-Bretaña, hizo que la corona británica fuese a parar a manos de su primogénito, el elector Jorge Luis de Hannover, duque de Brünswick-Lüneburg (1660-1727), que se había divorciado (en 1694) de su esposa la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle, por haberle dado el salto con el hermoso militar sueco conde Philip Christopher von Königsmarck*. Asi pues, el divorciado príncipe-elector se convirtió en el nuevo rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda el 1 de agosto de 1714, fecha de la defunción de la reina Ana.

(*)_El verdadero motivo expuesto para la disolución del matrimonio de Jorge Luis de Hannover con Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, fue el supuesto abandono del hogar conyugal por parte de ésta, y no por infidelidad o adulterio. Tras pronunciarse el divorcio, su ex-esposa fue condenada a vivir recluída de por vida en el castillo de Ahlden, privándole de la custodia de sus hijos.

Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, Elector de Hannover (1660-1727), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1714 y 1727; retrato según Sir Godfrey Kneller.

De su corte alemana de Herrenhausen, Jorge I se trasladó a la británica de Saint-James con su hijo y nuera, llegando el 18 de septiembre, mientras su ex-mujer se pudría recluída en el castillo de Ahlden. El nuevo soberano inglés no entendía siquiera la lengua de su nueva patria, ni tampoco mostró interés en aprenderla; es más, despreció las costumbres de sus nuevos súbditos y su carácter autoritario chocaba frontalmente con el espíritu y el sentido del humor británico. Acostumbrado a ver reptar a sus cortesanos germanos a sus pies, a que sus órdenes siempre fuesen marcialmente acatadas y jamás discutidas, no contribuyó a que Jorge I se encariñase con sus nuevos súbditos, muy independientes, orgullosos de serlo y condescendientes, acostumbrados a poner "peros" a todo y a subrayar su apego por las libertades adquiridas al filo de las sucesivas revoluciones, y a su institución más preciada: el Parlamento. Pronto, los británicos dieron muestras de su rechazo al rey germano, y se mofaron abiertamente de su persona, cosa que no facilitó que el hannoveriano se sintiera "en casa"; de ahí las repetidas y prolongadas ausencias de Su Graciosa Majestad lejos de Inglaterra, que prefería viajar hasta su querido Hannover, donde todos eran más proclives a ejecutar sus deseos con solo arquear una ceja.

Gracias a la inhibición de Jorge I, la institución monárquica perdió paulatinamente su influencia en los asuntos del Estado, fomentando la transición hacia el sistema de gobierno de "gabinetes" ministeriales dirigidos por un primer ministro. Por otro lado, la latente amenaza de un posible retorno de los pretendientes Estuardos en suelo británico (alentado por las potencias católicas y los Jacobitas), llevó a Jorge I a apoyarse en el partido de los Whigs y principalmente en su líder, Sir Robert Walpole, que sería el 1er primer ministro de facto de Su Graciosa Majestad entre 1721 y 1742, y el 1er inquilino de la casa Nº10 de Downing Street.

Retrato del Príncipe Jorge Augusto de Hannover (1683-1760), Príncipe de Gales como presunto heredero de su padre el rey Jorge I (obra de Kneller).

Jorge I había llegado a Londres con su único hijo varón y heredero, el príncipe Jorge Augusto (que sería investido Príncipe de Gales), mientras que su hija la princesa Sofía-Dorotea ya era reina consorte de Prusia desde febrero de 1713 (se había casado en 1706 con el futuro rey Federico-Guillermo I de Prusia) y vivía en Berlín.

El Príncipe de Gales, Jorge Augusto de Hannover, había contraído matrimonio con la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach un 22 de agosto de 1705 (en el retrato de la izq.). Reputada inteligente y atractiva, la princesa de Gales había contribuído con sus partos para agrandar la nueva Familia Real Británica: tuvo 8 hijos. Pero no sirvió de mucho: la relación existente entre Jorge I y su heredero era extremadamente pobre en todos los sentidos; el hijo siempre reprochó al padre la desdicha de su exiliada madre y el alejamiento que le privó del cariño materno. Con tales resentimientos, las fricciones fueron numerosas hasta que, en 1717, por culpa del bautizo de su quinto hijo, el Príncipe de Gales se enzarzó en una agria discusión con el Rey al elegir como padrino al Duque de Newcastle, a quien el monarca no podía ver ni en pintura. Después del escándalo, Jorge I expulsó a su hijo, nuera y nietos del Palacio de Saint-James (que tuvieron que mudarse a Leicester House) y los excluyó de todo evento y ceremonia pública.

Desde el famoso incidente, el heredero de la corona formó su propia corte y se rodeó de simpatizantes para contratacar y criticar la política patrocinada por su padre, alentando cualquier oposición en el parlamento. Walpole intervino en 1720 para reconciliar al Rey y al Príncipe de Gales, lo que le valdría finalmente ser primer ministro al año siguiente y a perder momentáneamente el favor de los príncipes de Gales. Sin embargo, la reconciliación auspiciada por Sir Robert duró poco.

Retrato oficial de Jorge II de Hannover (1683-1760), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1727 y 1760, según Sir Charles Jervas, fecit 1727. / Abajo, retrato del Príncipe Federico-Luis de Hannover, Duque de Gloucester (1707-1751) Príncipe de Gales a partir de 1729, como presunto heredero de su padre Jorge II.

Jorge I fallecería durante una estancia en Hannover, el 11 de junio de 1727, por lo que Jorge Augusto de Gales se convirtió en el nuevo rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda. Apenas coronado en Westminster (11 de octubre de 1727), Jorge II tuvo a su vez problemas con su primogénito, Federico Luis, nuevo Príncipe de Gales, que hasta entonces había residido de forma permanente en Hannover, lejos de sus padres. Jorge II y Carolina tuvieron que acoger a su primogénito al abandonar Hannover para que se instalase, como correspondía a su posición de heredero del trono, en la corte británica. Una vez conseguido el objetivo parlamentario de reunir a la Familia Real (1728), las trifulcas en su seno siguieron en aumento. Ya adulto, Federico Luis no estaba dispuesto a soportar el yugo paterno y materno, y que le dictasen su conducta como si fuera un crío; educado a distancia y por preceptores que le consintieron todos los caprichos, el príncipe de Gales había adquirido malos hábitos, un criterio y una independencia que no gustaron en absoluto a sus progenitores. Contrario a la autoridad de sus padres, se metió en política criticando abiertamente al Rey y a su gobierno, llevando paralelamente una vida disipada y repleta de aventuras amorosas tanto con mujeres como con hombres.

La reina, para meter en vereda a su hijo calavera y, sin duda, para amargarle la vida, dirigió personalmente la selección de princesas protestantes en edad de merecer, para que se casara y disfrutara de la infelicidad conyugal que tenía planeado para él. De este modo, Carolina escogió a la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha y obligó a su hijo a aceptarla como su esposa en 1736.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha (1719-1772), Princesa de Gales, en un retrato de Philips realizado en 1736, año de su boda con Federico-Luis.

Apenas celebrada la boda, Federico Luis pidió al rey un incremento de su renta, juzgada insuficiente para mantener a su esposa y futuros retoños (también porque había acumulado muchas deudas), cuando los reyes habían visto aumentar su lista civil asegurándose una renta anual de 800,000 Libras Esterlinas. Pese a su insistencia, Jorge II le negó dicho aumento y el Parlamento tuvo que intervenir para concederle una renta más adecuada a su rango, lo que empeoró sensiblemente la ya de por si fría relación padre-hijo. En cualquier caso y en contra de las previsiones de la reina, la boda transformó al Príncipe de Gales cuando su esposa se puso manos a la obra para darle descendencia: Federico Luis acabaría convirtiéndose en un atento esposo.

Pocos meses después de la real unión, la flamante Princesa de Gales quedó preñada por Federico Luis, lo que contrarió muchísimo a la reina Carolina, que tenía esperanzas de que el matrimonio no funcionara y no diera frutos. Peor aún, el hecho de que el heredero del trono saliera con su esposa preñada a hurtadillas y nocturnamente de Hampton Court, para que pariese en Londres a su primer bebé, lejos de sus padres, colmó el vaso de la paciencia de los reyes...

Y la historia se repitió con una brutal ruptura entre padres e hijo; el rey y su esposa expulsaron a su heredero de la corte. Poco después, la reina Carolina fallecía disgustada y renegando de su hijo... (1737). Jorge II, a decir de algunos, habría deseado exiliar a su heredero en las colonias británicas de ultramar, pero sus ministros le hicieron desistir de tan extraordinaria idea.

Los Príncipes de Gales, declarados personas non gratas en la corte, se instalaron fuera de Londres, en la mansión campestre de Cliveden House (Buckinghamshire), que había sido propiedad de Lord Orkney, sin renunciar a su residencia londinense de Norfolk House, aquella mansión que el 9º Duque de Norfolk les había ofrecido amablemente como regalo de boda.

Federico-Luis & Augusta, Príncipes de Gales

Retrato de Federico-Luis de Hannover, Príncipe de Gales (1707-1751), según Jean-Baptiste Van Loo.

Federico Luis de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Hannover, había nacido en el castillo de Herrenhausen el 20 de enero de 1707, siendo el primer hijo varón de 8 retoños habidos entre los entonces príncipes herederos Jorge-Augusto y Carolina de Hannover.

Retrato de Jorge I de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1660-1727), según Michael Dahl.

Al subir al trono británico su abuelo Jorge I (1 de agosto de 1714), sus padres tuvieron que abandonar el electorado para instalarse en Londres, dejando atrás a Federico Luis con apenas 7 añitos de edad, al cuidado de los preceptores y del ayo que le habían asignado para su educación. La separación entre padres e hijo duraría hasta 1728, fecha en la que, por motivos obvios (el fallecimiento del rey Jorge I en 1727 y el ascenso de Jorge II) se requirió su presencia en la corte británica al ser el príncipe heredero.

Ya con anterioridad, su abuelo le había concedido el título de Duque de Gloucester (1717) y finalmente los títulos de Duque de Edimburgo, Marqués de la Isla de Ely, Conde de Eltham, Vizconde de Launceston y Barón Snowdon (26-07-1726). Se cree que los motivos reales que hubieron para justificar la mala relación entre Federico Luis y sus progenitores, fuesen que Jorge I decidiera designarlo como representante de la Casa de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio, saltándose así una generación. En calidad de representante de su casa, tuvo por tanto que presidir muchas ceremonias oficiales en ausencia de sus padres y de su abuelo. De hecho, no le permitieron pisar suelo inglés hasta que Jorge II fuese coronado rey en Westminster (11-06-1727). Para entonces, Jorge II y Carolina habían tenido 7 hijos más y la llegada del primogénito, con 20 años de edad y con una personalidad ya formada, provocó el rechazo y la incomodidad de sus padres. Tanto Jorge II como Carolina acogieron fríamente a su heredero, como quien acoge a un extraño a regañadientes, tachándole de "recogido" y apodándole despectivamente "Griff" (diminutivo de Griffin, Grifo, la bestia mítica de la mitología griega, mitad águila y mitad león). A Federico Luis, sus padres le preferían abiertamente su hermano menor, Guillermo Augusto, duque de Cumberland (1721-1765), al que habían criado y al que querían por encima de todo, hasta el punto de desear que se convirtiera en el sucesor y futuro rey de Gran-Bretaña.

Retrato del Príncipe Guillermo Augusto de Hannover, Duque de Cumberland (1721-1765), el hijo predilecto de los reyes Jorge II y Carolina de Gran-Bretaña, en un lienzo de Charles Jervas c.1728. / Abajo, retrato del músico y compositor Georg Friedrich Händel o Haendel, protegido de los reyes Jorge II y Carolina.

Muy a pesar de sus padres los reyes, Federico Luis fue finalmente investido y jurado Príncipe de Gales el 8 de enero de 1729, respetando el orden sucesorio que ellos habrían deseado modificar en favor de Guillermo Augusto.

En su nuevo papel de Príncipe de Gales, Federico Luis se erigió en la figura de proa de la oposición al rey, reuniendo a su alrededor no solo políticos sino también artistas y figuras importantes de la cultura británica. Rivalizando con el patronato del rey sobre el Teatro de Drury Lane, que protegía a Haendel, el príncipe patrocinaba a los oponentes del músico dando su apoyo a la ópera de la nobleza en Lincoln's Inn Fields. Genuino amante de la música e intérprete del cello, Federico Luis también sentía interés por las artes y las ciencias naturales.

A diferencia de su padre, el príncipe tenía un extenso bagaje cultural y, siendo un gran amateur de pintura, se convirtió en el principal mecenas de artistas venidos del extranjero como el italiano Jacopo Amigoni, o el belga Jean-Baptiste Van Loo, seguidos por Philip Mercier, John Wootton, Philipps y el francés Joseph Goupy. Aparte de su mecenazgo, Federico Luis también llevó una vida privada bastante alocada y dispendiosa; flirteos, romances y aventuras secretas (en las que tampoco desdeñaba a los de su propio sexo), hicieron que se encontrase padre de 3 bastardos, y responsable de unas deudas colosales.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, Princesa de Gales (1719-1772), según Jean-Baptiste Van Loo.

El 8 de mayo de 1736, el Príncipe de Gales casó con la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha en la capilla del palacio de St. James. Matrimonio de conveniencia, forzado por su madre la reina Carolina, quien eligió personalmente a la novia de apenas 16 primaveras entre el gotha europeo y según su parecer, resultó ser al poco tiempo una unión exitosa que no hizo otra cosa que empeorar aún más la mala relación entre los reyes y el príncipe.

La boda de Estado, que no revestía ningún interés político y menos aún estratégico, respondía al deseo de su madre de que la unión fuera un fracaso, que la pareja fuera mal avenida y que, por tanto, no hubieran hijos para asi beneficiar a su otro hijo Guillermo Augusto, duque de Cumberland. Como hecho expresamente, resultó que la flamante pareja se entendió de maravilla desde el primer momento: la noche de bodas, exitosa en todos los sentidos, traería una buena nueva que disgustaría sobremanera a los reyes al confirmarse que la princesa se había quedado preñada. Consternada por la noticia, la reina llegó incluso a desmayarse (detalle del retrato de la reina Carolina de Ansbach, a la izq.).

Augusta era una joven aplicada que estaba decidida a cumplir con su cometido: la de traer niños al mundo para formar una familia numerosa. Esto, obviamente, no entraba en los planes de sus suegros. Agradecido, Federico Luis sentó cabeza, lo que le convirtió en una persona virtuosa, solícita, amable y cortés con su consorte quien, agradecida, le hizo costado y no dudó en apoyar a su marido en aquellas riñas familiares.

La Princesa Augusta de Gales retratada rodeada de sus tres primeros hijos y de familiares, según el pintor J.B. Van Loo, c.1739. / Abajo, retrato oval del Príncipe Federico-Luis de Gales en una miniatura de la época.

Como el tren de vida del príncipe contribuía a un creciente endeudamiento, éste se vio obligado a recurrir a su amigo financiero George Bubb Dodington, quien le consiguió una renta para cubrir sus gastos más urgentes. Sin embargo, la ayuda no fue suficiente y Federico Luis pidió al rey que se le concediese un aumento de sus rentas para mantener dignamente su posición en la corte. En aquellos años, Sir Robert Walpole había conseguido aumentar sensiblemente la lista civil de Jorge II, asegurándole una anualidad de 800,000 Libras Esterlinas votada y aprobada por el Parlamento. Pese a todo, los reyes rehusaron conceder a su heredero un aumento y tuvo que intervenir penosamente el Parlamento para que se votase una renta más adecuada a las necesidades de la onerosa casa de los Príncipes de Gales, poniendo asi en evidencia la racanería de Jorge II y Carolina ante la opinión pública. La intervención de Westminster Hall en aquel asunto pecuniario supuso, una vez más, una afrenta para los reyes.

El Palacio Real de Hampton Court, según un grabado del siglo XVIII.

Ocurriría algo peor. Estando a punto de dar a luz, la Princesa de Gales y su marido se encontraban en Hampton Court junto a los reyes y la corte. Dado que iba a producirse el primer parto de la princesa Augusta, y como el príncipe no deseaba que la reina se metiera de por medio, decidió buenamente que el primer retoño real naciera en Londres, lejos de la nefasta presencia de sus padres. Con alevosía y nocturnidad, los príncipes de Gales y un pequeño séquito abandonó a hurtadillas el palacio de Hampton Court para dirigirse al palacio de St. James, apenas empezaron las primeras contracciones. Con las prisas por llegar a St.James, los príncipes encontraron el palacio vacío y sin alistar; la princesa se vio entonces reducida a parir en una habitación sin muebles y en una cama desprovista de sábanas el 31 de julio de 1737, naciendo una niña, Augusta Carlota, a la que tuvieron que arropar con un mantel encontrado casualmente en una de las desangeladas estancias de palacio.

El Palacio Real de Saint-James, residencia oficial de los reyes y de la corte británica en Londres, según un grabado realizado en 1715.

La fuga nocturna de los príncipes de Gales y el nacimiento de la primera hija, casi en medio de una deliberada clandestinidad, sentó como una bofetada a los reyes. Ante tamaño desagravio, el iracundo Jorge II expulsó a su heredero junto con su pequeña familia, prohibiéndoles volver a pisar la corte y a participar en cualquier evento público. La reina estaba fuera de si: "Nunca he visto un monstruo semejante!", soltó clavada en su cama de moribunda. Sería el último disgusto que tendría con aquel hijo que nunca consiguió apreciar ni mucho menos amar.

La reina Carolina había parido una decena de veces a lo largo de 32 años de matrimonio y su salud se había resentido. Unas complicaciones derivadas de un desgarramiento del útero tendrían un desenlace fatal para la soberana, quien fallecería el 20 de noviembre de 1737. En medio de su agonía, rogó a Jorge II que se casara de nuevo y éste le declaró en francés: "No, tan solo tendré amantes!". De hecho, el buen entendimiento de la real pareja no impidió que el rey tuviera múltiples devaneos con otras damas, como con Lady Henrietta Howard, condesa de Suffolk y camarera de la reina, y la no menos famosa Amalie von Wallmoden-Gimborn, condesa de Yarmouth**.

Jorge II, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Elector de Hannover (1683-1760), en un retrato oficial debido a Thomas Hudson.

Y es que Jorge II era frecuentemente abrumado por la inteligencia y extensa cultura de su consorte; Carolina, que siempre brilló por sus grandes cualidades intelectuales, llegó incluso a eclipsar a su marido hasta el punto que circulaban versos alabando sus capacidades, subrayando su peso político y empequeñeciendo la figura e importancia del rey. Asi que no era de extrañar que el soberano se diese la libertad de libar otras flores en el jardín de la corte, como para reafirmarse a si mismo y menoscabar la aplastante relevancia de la reina.

(**)_Amalie-Sophie von Wendt, esposa del conde von Wallmoden-Gimborn, amante oficial y compatriota de Jorge II quien le concedió el título británico de Condesa de Yarmouth, le dió un hijo bastardo: el conde Johann Ludwig von Wallmoden-Gimborn (1736-1811).

Muerta la reina y expulsados los príncipes de la corte, éstos encontraron refugio en la finca solariega de Cliveden House, antaño propiedad del difunto Conde de Orkney en Buckinghamshire. No obstante, Federico y Augusta siguieron frecuentando Londres, conservando la mansión de Norfolk House (hasta 1741) y luego alojándose en Leicester House. Cada vez que Augusta andaba a punto de parir un nuevo hijo, regresaban a Londres para que diera a luz.

Aria original de "Rule Britannia" con letra de James Thomeson y música de Thomas Arne, estrenado el 1 de agosto de 1740 en Cliveden House.

En Cliveden, los Príncipes de Gales recibían casi de manera constante: artistas, arquitectos, científicos, políticos e intelectuales acudían encantados a sus invitaciones. Fue en el curso de aquellas refinadas veladas en Cliveden, donde se escribió e interpretó el himno Rule Britannia, una de las más conocidas canciones patrióticas que se sigue reverenciando en Inglaterra. El autor de la letra, irónicamente, fue un poeta y autor teatral escocés, James Thomson, cuya canción formaba parte de su obra épica Alfred, interpretada por vez primera en Cliveden House el 1 de agosto de 1740, con música del compositor Thomas Arne.

A diferencia de su real y teutónico progenitor, que apenas conseguía entender todos los matices de la lengua inglesa y prefería expresarse en francés o en alemán con sus ministros, el Príncipe de Gales se empeñó en convertirse en un británico más. Anglófilo hasta la médula, Federico Luis exigió que su esposa también utilizara corrientemente la lengua inglesa y la inculcase a sus hijos, para asi evitar que los súbditos británicos siguieran tachando de "extranjera" a la Familia Real. Por ello no hizo nada al hazar y todo respondía a sus ambiciones personales y políticas, la de ser considerado un futuro monarca tan británico y orgulloso de serlo como sus súbditos. De allí que patrocinara el teatro de Lincoln's Inn Fields, apoyando a autores ingleses para que rivalizaran con el compositor alemán Georg Friedrich Händel, que gozaba entonces del patronato real y producía sus obras en el teatro de Drury Lane. También patrocinó y alentó, junto con su amigo Charles Lennox, 2º duque de Richmond, el deporte nacional por excelencia: el cricket, llegando incluso a formar su propio equipo en 1731 para ofrecer competiciones públicas.

Por la década de 1730, Federico Luis encargó al arquitecto y paisajista Sir William Chambers la construcción de un palacio en Kew, para ofrecérselo a su mujer, la princesa Augusta. En la misma finca, se creó un extenso jardín botánico que aún sigue despertando mucho interés y al que acude gran número de visitantes cada año. Sin embargo, las obras no serían concluídas hasta 1757. En 1802, el palacio de Kew sería en gran parte demolido, sobreviviendo tan solo la "Dutch House" o actual Kew Palace, construído en 1631 para Samuel Fortrey, imitando el estilo arquitectónico holandés. Ese mismo edificio fue frecuentemente la residencia de recreo favorita de los príncipes de Gales, quienes alojaron entre sus paredes a los poetas James Thomson y Alexander Pope. Un cuadro de Philip Mercier, pintado en 1733, inmortalizó al Príncipe de Gales junto con sus tres hermanas interpretando música en sus jardines y ante la fachada de Kew Palace.

El Príncipe Federico-Luis de Gales junto con sus hermanas las Princesas Ana, Amelia y Carolina tocando instrumentos de música en los jardines de Kew. En el fondo, se divisa la "Dutch House" o Kew Palace, residencia de recreo de los príncipes de Gales. Obra de Philip Mercier, c.1733.

Lamentablemente, todos los ambiciosos planes que tenía preparado para el día en que iba a ser rey se vieron brutal e inesperadamente truncados a raíz de un accidente deportivo. Federico Luis recibió el violento impacto de una pelota de tenis o de cricket que, a la larga, le resultó fatal. Su salud se degradó bruscamente al producirse un abceso en su sistema respiratorio, transformándose en una afección pulmonar que le llevaría a la tumba el 31 de marzo de 1751, en su residencia londinense de Leicester House. En aquel momento fatídico, la princesa de Gales esperaba a su noveno retoño que nació póstumamente el 11 de julio siguiente: la princesa Carolina Matilde de Gales.

Retrato del Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales (1738-1820), Duque de Edimburgo y Príncipe de Gales tras el fallecimiento de su padre Federico-Luis; según el pastelista suizo Jean-Etienne Liotard, c.1754.

El primogénito de los príncipes de Gales, Jorge, tenía 12 años cuando su padre le dejó huérfano. En medio de tan triste circunstancia, el joven nieto del rey Jorge II fue declarado heredero del trono e investido Duque de Edimburgo, casi de inmediato. Tres semanas después, Jorge II le reconocía como nuevo Príncipe de Gales (abril de 1751), y le invitaba a vivir con él en la corte.

CRONOLOGÍA DE LOS REYES DE INGLATERRA & GRAN-BRETAÑA

REYES DE INGLATERRA Y DE GRAN-BRETAÑA

Cronología de los reinados de los monarcas Británicos

Dinastía de Normandía

-Guillermo I "el Bastardo", Duque de Normandía, 1027-1087, Rey de Inglaterra de 1066 a 1087

-Guillermo II "Rufus", 1056-1100, Rey de Inglaterra de 1087 a 1100

-Enrique I, 1068-1135, Rey de Inglaterra de 1100 a 1135

-Esteban I de Blois, 1096-1154, Rey de Inglaterra de 1135 a 1154

-Matilde I, 1103-1167, Reina de Inglaterra en 1141 (no gobierna)

Dinastía de Plantagenêt

-Enrique II "Plantagenêt", Conde de Anjou, 1133-1189, Rey de Inglaterra de 1154 a 1189

-Ricardo I "Corazón de León", 1157-1199, Rey de Inglaterra de 1189 a 1199

-Juan I "Sin Tierra", 1167-1216, Rey de Inglaterra de 1199 a 1216

-Enrique III, 1207-1272, Rey de Inglaterra de 1216 a 1272

-Eduardo I, 1239-1307, Rey de Inglaterra de 1272 a 1307

-Eduardo II, 1294-1327, Rey de Inglaterra de 1307 a 1327 (depuesto / asesinado)

-Eduardo III, 1312-1377, Rey de Inglaterra de 1327 a 1377

-Ricardo II, 1367-1400, Rey de Inglaterra de 1377 a 1399 (depuesto / prisionero)

Dinastía de Plantagenêt / Casa de Lancaster

-Enrique IV, Duque de Lancaster, 1366-1413, Rey de Inglaterra de 1399 a 1413

-Enrique V, 1387-1422, Rey de Inglaterra de 1413 a 1422

-Enrique VI, 1421-1471, Rey de Inglaterra de 1422 a 1461 (depuesto / asesinado)

Dinastía de Plantagenêt / Casa de York

-Eduardo IV, Duque de York, 1442-1483, Rey de Inglaterra de 1461 a 1483

-Eduardo V, 1470-1483, Rey de Inglaterra de 1483 a 1483 (depuesto / asesinado)

-Ricardo III, 1452-1485, Rey de Inglaterra de 1483 a 1485 (asesinado)

Dinastía de Tudor

-Enrique VII, Conde de Pembroke, 1457-1509, Rey de Inglaterra de 1485 a 1509

-Enrique VIII, 1491-1547, Rey de Inglaterra de 1509 a 1547

-Eduardo VI, 1537-1553, Rey de Inglaterra de 1547 a 1553

-Juana I Grey, Lady Dudley, 1537-1554, Reina de Inglaterra de 1553 a 1553 (depuesta / ejecutada)

-María I "la Sangrienta", 1516-1558, Reina de Inglaterra de 1553 a 1558

-Elizabeth I "la Reina Virgen", 1533-1603, Reina de Inglaterra de 1558 a 1603

Dinastía de Stuart de Escocia

-Jacobo I, 1566-1625, Rey de Escocia en 1567, Rey de Inglaterra de 1603 a 1625

-Carlos I, 1600-1649, Rey de Inglaterra y de Escocia de 1625 a 1649 (depuesto / ejecutado)

-Carlos II, 1630-1685, Rey de Escocia e Irlanda en 1649 (no gobierna / exiliado)

Revolución Inglesa de 1642 a 1649 / 1ª República de la Commonwealth 1649-1660

Restauración Monárquica en 1660

Dinastía de Stuart

-Carlos II "el Alegre Monarca", 1630-1685, Rey de Inglaterra y de Escocia de 1660 a 1685

-Jacobo II, 1633-1701, Rey de Inglaterra y de Escocia de 1685 a 1689 (depuesto / exiliado)

La "Gloriosa Revolución" de 1689

Dinastía de Nassau-Orange & Stuart

-María II, Princesa de Orange, 1662-1694, Reina de Inglaterra y de Escocia de 1689 a 1694

-Guillermo III, Príncipe de Orange, 1650-1702, Rey de Inglaterra y de Escocia de 1689 a 1702

-Ana I, 1665-1714, Reina de Inglaterra en 1702, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda de 1707-1714

Dinastía Güelfa de Brünswick-Lüneburg / Casa de Hannover

-Jorge I, Elector de Hannover, 1660-1727, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1714 a 1727

-Jorge II, 1683-1760, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1727 a 1760

-Jorge III, 1738-1820, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1760 a 1820, Rey de Hannover en 1814

-Jorge IV, 1762-1830, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1820 a 1830, Rey de Hannover en 1820

-Guillermo IV, 1765-1837, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1830 a 1837, Rey de Hannover en 1830

-Victoria I, 1819-1901, Reina de Gran-Bretaña e Irlanda de 1837 a 1901

Dinastía de Sajonia-Coburgo-Gotha

-Eduardo VII, 1841-1910, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1901 a 1910

Dinastía de Windsor

-Jorge V, 1865-1936, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1910 a 1936

-Eduardo VIII, 1894-1972, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1936 a 1936 (abdica / exiliado)

-Jorge VI, 1895-1952, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda de 1936 a 1952

-Elizabeth II, 1926-...., Reina de Gran-Bretaña e Irlanda del Norte de 1952 a ....

 

HIMNOS BRITÁNICOS: "GOD SAVE THE QUEEN" & "RULE BRITANNIA"

 

MARLBOROUGH HOUSE

MARLBOROUGH HOUSE

Residencia de Herederos y de Reinas Viudas

Litografía del siglo XVIII representando la mansión de Marlborough House, residencia de los Duques de Marlborough en Londres y vecina al Saint-James Palace entre 1711 y 1817, debida al arquitecto Sir Christopher Wren.

Fue el célebre arquitecto Sir Christopher Wren quien recibió el encargo de construir la mansión londinense del primer Duque de Marlborough, pero en realidad es a la esposa del duque, Sarah Jennings, a quien debe el edificio su realización y existencia. La idea de tener una casa en la capital del Támesis corresponde a la duquesa de Marlborough que, con ese pensamiento, perseguía el objetivo de tener una residencia vecina al palacio real de Saint-James, residencia de la reina Ana I. Fue también ella quien eligió a Wren en detrimento de Sir John Vanbrugh, arquitecto de Blenheim Palace, la magnífica residencia del Duque de Marlborough en Oxfordshire.

Sarah Jennings Churchill, 1ª Duquesa de Marlborough (1660-1744), en una miniatura ovalada fechada en 1720.

Cuando la duquesa Sarah despidió a Wren, fue ella misma quien supervisó los acabados de la mansión que, una vez viuda, se convertiría en su principal residencia y donde fallecería en 1744.

La Duquesa de Marlborough puso ella misma la primera piedra en 1709 y las obras fueron terminadas en 1711. El actual diseño fue probablemente realizado por Christopher Wren "el Joven", bajo la supervisión de su padre Sir Christopher Wren. De líneas simples y austeras, sin renunciar a ese aire de dignidad que corresponde a un edificio señorial, contrasta con los interiores decorados con espléndidas pinturas que relatan las batallas victoriosas del Duque de Marlborough, y que cubren las paredes del salón central y de las escaleras principales.

Fotografía actual de Marlborough House, cuyo aspecto ha sufrido una sensible remodelación desde su construcción finalizada en 1711, fruto de las modificaciones emprendidas por Sir James Pennethorne en 1863. Ha perdido las estátuas que anidaban en las ventanas falsas o nichos y ha ganado dos plantas más.

Construída con ladrillos rojos holandeses, éstos fueron especialmente traídos de los Países Bajos por los soldados del ejército del duque.

Después de su primera ocupante y constructora, la duquesa Sarah, sus descendientes los Duques de Marlborough (Spencer-Churchill) vivieron regularmente en Marlborough House hasta 1817.

Retrato oval en miniatura de la Princesa Carlota de Gales (1796-1817), hija del Príncipe-Regente Jorge de Gales y de Carolina de Brünswick-Wolfenbüttel y presunta heredera del trono británico en segundo lugar. / Abajo, retrato oval que hace pareja al anterior del Príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha (1790-1865), consorte de la Princesa Carlota de Gales y futuro rey de los Belgas en 1831.

Tras la boda en 1816 de la Princesa Carlota de Gales, única hija del entonces Príncipe-Regente y futuro rey Jorge IV, con el príncipe Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha, Marlborough House fue adquirida por la Corona para ser ofrecida como residencia a los novios. Al fallecer prematuramente la presunta heredera de Jorge IV, su víudo el príncipe Leopoldo siguió usando la mansión londinense como residencia habitual hasta que fue elegido y proclamado Rey de los Belgas en 1831.

Retrato del Rey Guillermo IV de Gran-Bretaña e Irlanda (1765-1837), Rey de Hannover, en un cuadro pintado en 1818, siendo aún "Duque de Clarence" y segundo en el orden de sucesión al trono de Jorge III su padre.

Ese mismo año de 1831, reinando Guillermo IV, el Parlamento decidió que Marlborough House se convirtiese en residencia personal ad vitam de la reina consorte Adelaida de Sajonia-Meiningen. Al enviudar del rey en 1837, la reina-viuda Adelaida se trasladó definitivamente de Clarence House a Marlborough House. En esa residencia pasó el resto de su vida y fue allí donde la viuda de Guillermo IV ofreció el banquete de bodas tras la unión religiosa de la joven reina Victoria I con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Retrato de Adelaida de Sajonia-Meiningen, Reina consorte de Gran-Bretaña e Irlanda y Reina de Hannover (1792-1849), esposa del rey Guillermo IV. / Abajo, retrato del Príncipe Eduardo de Gales (1841-1910) -futuro rey Eduardo VII-, heredero de la reina Victoria I, en 1864.

Poco después de la muerte de la reina-viuda Adelaida, Marlborough House fue cedida al heredero de la reina Victoria, el Príncipe Eduardo de Gales (futuro Eduardo VII), con visos a que se convirtiese en su residencia oficial cuando cumpliese sus 18 años. Mientras, la mansión londinense tuvo varios usos públicos; las colecciones de pinturas de Vernon y Turner fueron exhibidas en los salones de su planta baja. Más tarde, la Escuela Estatal de Diseño y el Departamento de Artes Prácticas fueron alojados entre sus muros.

Ante la perspectiva de que Marlborough House se convirtiese próximamente en la residencia oficial del Príncipe de Gales, se hicieron necesarias las reformas y ampliaciones de interiores y exteriores del edificio. Sir James Pennethorne, autor de la gran sala de baile de Buckingham Palace, alteró con sus ampliaciones y modificaciones toda la casa, proveyendola de acomodaciones extras en la parte Norte y añadiendole una planta suplementaria y unas golfas en 1863.

De este modo, Marlborough House pasó a ser la residencia oficial de los Príncipes de Gales, Eduardo y Alexandra, hasta el fallecimiento de la reina Victoria I en 1901, y en el punto de encuentro de la alta sociedad londinense. A partir de 1901, Eduardo VII y Alexandra se trasladan a Buckingham Palace y ceden, en abril de 1903, Marlborough House a su heredero el Príncipe Jorge de Gales -futuro rey Jorge V-.

Alexandra de Dinamarca (1844-1925), Princesa de Gales y posteriormente Reina consorte de Gran-Bretaña e Irlanda como esposa del rey Eduardo VII.

Tras el fallecimiento de Eduardo VII en 1910, su viuda la reina Alexandra vuelve a ocupar la residencia que antaño había sido suya cuando era Princesa de Gales. Lo mismo ocurriría en 1936, al fallecer Jorge V: su viuda la reina Mary de Teck ocupa Marlborough House hasta su muerte acaecida en 1953.

Fotografía de Mary de Teck, Reina consorte de Gran-Bretaña e Irlanda (1867-1953) y esposa de Jorge V. Fue la última ocupante real de Marlborough House.

A partir de septiembre de 1959, la reina Elizabeth II pone Marlborough House a disposición del Gobierno Británico, para que se convierta en la sede oficial del Estado Mayor de la Commonwealth (marzo 1962). Dos años después, la idea de un secretariado internacional e independiente para los servicios de la Commonwealth es propuesto para ocupar Marlborough House; es cosa hecha en 1965. A día de hoy, la antigua mansión de los Duques de Marlborough alberga no solo el secretariado sino también la Fundación de la Commonwealth, en la que se celebran numerosas reuniones, negociaciones y conferencias. Entre 1989 y 1993, Marlborough House fue enteramente restaurada y reacondicionada siguiendo las exigencias de las necesidades del secretariado y de la fundación (Mancomunidad Británica de Naciones).

 

EL DUQUE DE EDIMBURGO & SUS 10 ANÉCDOTAS

DIEZ ANÉCDOTAS DEL PRÍNCIPE PHILIP, DUQUE DE EDIMBURGO

El esposo de la Reina Elizabeth II, el Príncipe consorte Philip, duque de Edimburgo, es famoso en el Reino Unido por su peculiar sentido del humor, sus bromas y mofas, su manera de hablar de los temas sin florituras y expresar lo primero que se le pasa por la cabeza, sin preocuparse por las consecuencias. Esta manera de ser le ha convertido en el personaje real favorito de los periodistas británicos, al ser una fuente inagotable de anécdotas y pifias diplomáticas hilarantes. Aqui os adjunto tan solo una selección de 10 anécdotas protagonizadas por el polémico consorte de la soberana.

ANÉCDOTAS Y FRASES PARA ENMARCAR

Viajando el Príncipe Philip en un tren dirección el Norte de Escocia, éste interrumpe, inopinadamente, el viaje por problemas técnicos parándose en una estación en medio de la nada. Obviamente, el consorte de Elizabeth II sale fuera para estirar las piernas en el andén, mientras se soluciona el problema. El jefe de estación, hecho un manojo de nervios por la inesperada visita real, acude a su encuentro para hacerle los honores e indicarle que vuelva al tren:

-"Vuelva a bordo, Alteza, y le entretendremos en el vagón restaurante de primera clase."

-"¿Por qué?¿Es usted un jodido malabarista?"

Cuando el Príncipe Philip visitaba en la India una histórica tumba en la que reposaban centenares de indios que habían sido asesinados, le entró un hambre tremenda y se giró hacia su guía preguntándole:

-"¿Ya es hora de comer?¡Mataría a un indio!"

A un interlocutor y con ánimo de bromear:

"Si usted ve a un hombre abrirle la puerta de su coche a una mujer, pueden existir dos razones: o tiene una nueva esposa o bien estrena un coche nuevo!"

A una matrona de un hospital caribeño, el Príncipe Philip le dijo:

-"Ustedes tienen mosquitos. Yo tengo la prensa!"

Al Presidente de Nigeria, que vestía el tradicional atuendo nigeriano (una ancha túnica):

-"Se ve que usted va preparado para irse a la cama!"

Acerca del debate sobre el denso tráfico existente en Londres, el Príncipe Philip argumentó:

-"El problema de Londres son los turistas. Causan problemas de circulación y embotellamientos en todas sus calles. Si frenamos el turismo, podremos acabar con el problema de la circulación".

Cuando le preguntaron al Príncipe Philip sobre si le gustaría visitar la Unión Soviética, éste espetó:

-"Esos bastardos me asesinaron a media familia!"

A un británico afincado en Budapest:

-"Usted no debe llevar mucho tiempo aqui. No tiene la barriga cervecera!"

A su esposa la Reina Elizabeth II, justo después de ser coronada:

-"¿Dónde has encontrado este sombrero?"

En el curso de una visita oficial a China, en 1986:

-"Si se queda uno más tiempo aqui, se le achinan los ojos!"

BUCKINGHAM PALACE: historia de una residencia real -2-

BUCKINGHAM PALACE

HISTORIA DE UNA RESIDENCIA REAL

2ª Parte.

Recepciones ordinarias

 

Fotografía de la Sala 1844, presidida por el retrato en pie del Zar Nicolás I de Rusia, a inicios del siglo XX. Más abajo, una fotografía de la Sala de Música o Music Room, donde se suelen bautizar a los miembros de la Casa Real Británica, y otra del Comedor de Gala o State Dinning Room, en cuyas paredes cuelgan los retratos de los reyes de Gran-Bretaña.

Las recepciones ordinarias, como la recepción de cartas de acreditación de los nuevos embajadores, suelen desarrollarse en la Sala 1844, que cité anteriormente y cuya decoración se debe a una visita oficial del Zar Nicolás I en aquel año. En esa misma estancia, la Reina suele ofrecer los desayunos y almuerzos ordinarios con sus invitados del momento, cuando no celebra las reuniones de su Consejo Privado. Cuando se trata de almuerzos oficiales, éstos se celebran en la Sala de Música (Music Room) mientras que las cenas oficiales se sirven en el Comedor de Gala (the State Dinning Room). En todas las grandes ocasiones formales, los alabarderos de la Torre de Londres (The Beefeaters) hacen acto de presencia enfundados en sus anacrónicos uniformes, al igual que otros oficiales de la Corona como el Lord Chambelán.

Desde el bombardeo de la capilla palatina, durante la IIª Guerra Mundial, los bautizos reales suelen celebrarse en la Sala de Música. Los tres primeros hijos de la Reina Elizabeth II fueron allí bautizados sobre una pila de oro. El Príncipe Guillermo (William), primogénito del Príncipe de Gales y segundo en el orden sucesorio al trono británico, fue igualmente bautizado en esa estancia. Sin embargo, su hermano menor el Príncipe Enrique (Henry o Harry), fue bautizado en la Capilla de San-Jorge, en Windsor.

Las celebraciones más relevantes del año son, sin duda, las "Garden Parties" (fiestas en los jardines de palacio), en las que llegan a acudir 8,000 invitados de los que pocos escogidos a dedo por la Reina, pueden tomar el té y degustar emparedados bajo la tienda de la soberana. La llegada de la Reina a la fiesta es anunciada por la orquesta militar, al interpretar el himno nacional británico, y aprovecha para saludar a sus invitados escogidos. No es de extrañar que en esas "Garden Parties", muchos de los invitados no tengan la oportunidad de encontrarse con Elizabeth II y se limiten a conocer a otros invitados mientras pasean por los jardines.

Historia contemporánea

Cuando en enero de 1901 accede al trono Eduardo VII, hijo y sucesor de la reina Victoria I, Buckingham Palace recibe una refrescante bocanada de aire. El nuevo rey y su consorte danesa la reina Alexandra, siempre habían estado al frente de la alta sociedad londinense, y sus amistades conocidas como "la pandilla de Marlborough House" eran consideradas como las personas más importantes de la época. Puntualicemos que la mansión londinense de Marlborough House (antigua residencia de los duques de Marlborough), en las inmediaciones de Buckingham Palace, había sido la residencia asignada a los entonces Príncipes de Gales durante el reinado de Victoria I.

Con sus nuevos ocupantes, Eduardo VII y Alexandra, muchas de las grandes estancias de Buckingham Palace sufrieron una remodelación en su decoración, siguiendo los gustos de la Belle Époque para volver a ser el centro de importancia del Imperio Británico. Las remodelaciones en materia de interiorismo del rey Eduardo VII, supusieron serias críticas por parte de un sector que denunciaba que éstas no respetaban los diseños de Nash. Se acordó entonces que dichas remodelaciones se dejarían por espacio de cien años y luego se volverían a remodelar según los diseños originales del arquitecto.

Las últimas obras de envergadura en Buckingham Palace se realizaron a inicios del reinado de Jorge V cuando, en 1913, Sir Aston Webb rediseñó la fachada Este del palacio a imagen y semejanza de Lyme Park, en Cheshire, obra de Giacomo Leoni. La nueva fachada neoclásica serviría de marco para el monumento del Victoria Memorial, erigido en honor a la soberana más longeva de Gran-Bretaña, precediendo al acceso principal de la residencia real. Jorge V, sucesor de su padre Eduardo VII en 1910, tenía una personalidad mucho más seria que su progenitor y la nueva fachada daba el tono sobre la representación y los deberes reales más que sobre las recepciones mundanas del reinado anterior. La consorte de Jorge V, la reina Mary de Teck era una conocedora de las artes, y se interesó muchísimo a la Colección Real en materia de mobiliario y obras de arte a las que contribuyó en gran medida con sus nuevas adquisiciones. A la reina Mary se debe la instalación de las chimeneas de mármol de estilo Imperio de Benjamin Vulliamy, de 1810. El Salón Azul, antaño Salón de Recepción del Sur, fue enteramente rediseñado por ella; con una longitud de 21 metros y sus magníficos techos de Nash, es considerada la estancia más hermosa del palacio por la autora e historiadora Olwen Hedley.

El Salón Azul o Blue Room, en Buckingham Palace, conserva sus preciosos techos artesonados diseñados por John Nash aunque su decoración fue rediseñada por la reina Mary de Teck en la década de 1920.

La última gran ampliación del palacio data de 1850. En 1999, se censaron en palacio 19 salones oficiales, 52 habitaciones principales, 188 dormitorios reservados al personal doméstico, 92 despachos y 78 cuartos de baño. Aunque esas cifras nos parezcan exorbitantes, son relativamente modestas comparadas con los palacios de los zares en San Petersburgo o Pushkin (Palacio de Invierno y de Catalina), con el palacio apostólico del Vaticano, con el Palacio Real de Madrid o el desaparecido palacio londinense de Whitehall, y ridículas si las comparamos a la Ciudad Prohibida de Beijing (Pekin) o al Palacio de Potala (Tibet).

La relativa exigüidad de Buckingham Palace puede apreciarse mejor desde su interior y desde una ventana que da al patio interior. En 1938, el pabellón anexo Noroeste de John Nash, sería reconvertido en piscina cubierta para la Familia Real Británica.

Retrato en grupo del Rey Jorge V de Gran-Bretaña junto con su esposa la Reina Mary de Teck, la Princesa Mary y Eduardo, Príncipe de Gales, en la White Drawing Room de Buckingham Palace; obra de Sir John Lavery, 1913.

Durante la Iª Guerra Mundial, Buckingham Palace capeó el temporal sin sufrir daños, lo que no impidió que por precaución se evacuasen hacia Windsor todas las obras de arte y el mobiliario más precioso de palacio, mientras que Jorge V y la Familia Real permanecía en "casa". Durante esa época de privaciones, el Gobierno persuadió al rey para que se cerrasen las bodegas de palacio y se abstuviesen todos los miembros de la Casa Real de consumir alcohol durante la guerra, para dar ejemplo a la clase trabajadora. Sin embargo, la populación londinense nunca se abstuvo de beber y el rey estuvo de mal humor durante todo el conflicto al verse condenado a una abstinencia forzada. Años más tarde, Eduardo VIII, luego Duque de Windsor, confió a un biógrafo que su padre el rey tomaba discretamente una copichuela de Oporto todas las noches antes de cenar, mientras que la reina Mary añadía, a escondidas, un poco de champaña a su copa de ensalada de frutas. Los hijos del rey se hacían fotografiar, en esa época, sirviendo el té a los oficiales heridos en las Reales Cuadras.

Retrato del Rey Jorge VI de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperador de la India, como Gran Maestre de la Orden de la Jarretera; obra de Sir Gerald Kelly, 1941 (National Portrait Gallery).

Fue otro cantar durante la IIª Guerra Mundial, mientras reinaba Jorge VI. Objetivo predilecto de los nazis, Buckingham Palace fue bombardeado en siete ocasiones por la Luftwaffe; y es que Hitler pensaba que destruyendo el palacio real de Londres, contribuía a la campaña de desmoralización de la nación británica. Una de esas bombas cayó en medio del patio interior de Buckingham Palace mientras la Familia Real se encontraba entre sus muros. Aunque muchas ventanas fueron reventadas por la onda expansiva de la explosión, los daños fueron mínimos. En cualquier caso, esos incidentes casi nunca eran filtrados en tiempos de guerra para no hacer el juego de los nazis. El bombardeo más grave y mediatizado fue la destrucción de la Capilla Real de palacio en 1940; la noticia fue ampliamente publicitada en todos los cines británicos para mostrar el sufrimiento común de ricos y pobres en la capital castigada por la aviación alemana. En el reportaje cinematográfico, Jorge VI y su esposa Elizabeth eran mostrados inspeccionando su residencia bombardeada, perfectamente vestidos; en ese momento, la reina declaraba: "Estoy contenta de que hayamos sido bombardeados. Ahora puedo mirar al East End a los ojos!"

Los reyes Jorge VI & Elizabeth conversan con los londinenses afectados por el bombardeo alemán de la capital en 1940, después de rehusar ser trasladados lejos de Londres para su seguridad.

El 15 de septiembre de 1940, un piloto de la RAF, el sargento Ray Holmes (en la fotografía), interceptó un avión alemán que intentó bombardear Buckingham Palace. Sin munición, Holmes decidió derribar al enemigo chocando su avión contra éste; los dos aviones se estrellaron y ambos pilotos sobrevivieron. Ese hecho tan poco usual fue debidamente filmado en ese momento. El héroe británico acabó convirtiéndose en el mensajero personal de Jorge VI hasta 1952. Ray Holmes fallecería a sus 90 años, en 2005, aún recordado y reverenciado por su hazaña kamikaze.

El 8 de Mayo de 1945, el "Día de la Victoria", el Rey Jorge VI y la Familia Real junto con el Primer Ministro, Sir Winston Spencer-Churchill, saludan a los londinenses -que han acudido a aclamarles- desde el balcón principal de Buckingham Palace.

Cuando se dio por terminada la guerra y se celebró la victoria de los aliados el 8 de mayo de 1945, Buckingham Palace fue escenario de las celebraciones británicas por la paz. Jorge VI, rodeado de su esposa la reina Elizabeth y de sus dos hijas, las princesas Elizabeth y Margaret, aparecieron al balcón principal de palacio bajo las ensordecedoras aclamaciones de los londinenses que habían acudido en masa al Mall. La popularidad de la Casa Real estaba entonces en su mejor momento.

El 8 de Mayo de 1945, los londinenses acuden en masa ante las puertas de Buckingham Palace para celebrar con la Familia Real el Día de la Victoria sobre los alemanes. Fotografía de archivo de la revista norteamericana LIFE.

Incidentes y seguridad en Buckingham Palace

Buckingham Palace, de un tiempo a esta parte, ha adquirido mala fama como residencia real, al ser vulnerada en repetidas ocasiones su seguridad por dementes, intrusos y paparazzis camuflados. Quizá se recuerde el famoso incidente protagonizado por un suicida, Michael Fagan en 1982, cuando éste consiguió colarse hasta el dormitorio privado de la Reina Elizabeth II mientras dormía. En 2003, fue un reportero gráfico del Daily Mirror quien pasó dos meses en Buckingham Palace, como sirviente. Su currículum vitae (con sus falsas recomendaciones) no había sido verificado por la secretaría de palacio, y dio lugar a que este reportero disfrazado de sirviente deambulase por Buckingham Palace e hiciera fotografías. El incidente coincidió con una visita oficial del entonces presidente de Estados Unidos George W. Bush, alojado en la Suite Belga. El Daily Mirror publicaría posteriormente las fotos tomadas clandestinamente de la habitación de Bush, de la mesa con el desayuno matutino de la Reina y del dormitorio del Duque de York. El escándalo fue monumental y Buckingham Palace se querelló contra el periódico sensacionalista por violación de la vida privada de sus ocupantes e invitados. El Daily Mirror perdió el juicio y se vio obligado a ceder todos los negativos de las fotografías y a pagar una fuerte indemnización a la Reina por daños y perjuicios en noviembre de 2003.

Fotografía de la Reina Elizabeth II y del Príncipe Philip, Duque de Edimburgo, en 1992.

La mayoría de las brechas ocasionadas en la seguridad de palacio, suelen proceder del exterior. Recordemos el año 1974, cuando Ian Ball intentó raptar a la Princesa Ana a punta de pistola, cuando ésta regresaba a palacio e hiriendo a numerosas personas a su paso por el Mall. En 1981, tres turistas alemanes acamparon en los jardines de Buckingham tras saltar por encima de los muros cubiertos de hilo de espino, pretendiendo creer que estaban en Hyde Park. En 1993, manifestantes anti-nucleares escalaron los muros y organizaron una sentada sobre el césped de los jardines reales. En 1994, un hombre totalmente desnudo aterrizó con su parapente sobre los tejados de Buckingham Palace. En 1995, un estudiante llamado John Gillard arremetió con su coche contra las puertas de la verja principal de palacio, tumbando un batiente de una tonelada y media de peso. En 1997, un paciente de un hospital psiquiátrico fue encontrado deambulando por los jardines de palacio. Más recientemente, en 2004, un manifestante para los derechos de los padres solteros, apareció disfrazado de Batman escalando la cornisa del balcón principal de Buckingham. Otro manifestante, disfrazado éste de Robin, fue arrestado antes de que pudiera encaramarse a la fachada principal; volvería a intentarlo disfrazado de Santa Claus, encadenándose a una farola cercana a la entrada principal.

Vista de Buckingham Palace, con su fachada principal debida a Edward Blore, según una ilustración de 1850.

En el curso de la historia del real edificio, han habido muchos otros incidentes de este tipo. El más increíble es ciertamente el que aconteció en 1837, cuando un chaval de 12 años apodado "Cotton Boy", consiguió colarse en palacio para vivir en sus habitaciones sin que nadie se percatase de su presencia durante todo un año. Se escondía en las chimeneas durante el día y, por las noches, dormía en las camas dejando las sábanas negras de ollín. El joven "fantasma" de palacio fue finalmente atrapado en diciembre de 1838, provocando un sonado escándalo en el Parlamento, dando lugar a no pocas acaloradas discusiones sobre la eficacia de la seguridad de Buckingham Palace.

Fotografía oficial de la Reina Victoria I de Gran-Bretaña e Irlanda, Emperatriz de la India (1819-1901).

Sobre las ocho tentativas de asesinato de las que fue objeto la reina Victoria I, al menos tres de ellas ocurrieron a las puertas de palacio. A principios del siglo XX, la explanada frente al palacio fue el lugar predilecto de las sufragistas que se encadenaban a las doradas rejas de Buckingham Palace. A lo largo de los años, numerosos intrusos fueron arrestados dentro del recinto regio, uno de ellos clamando que quería pedir en matrimonio a la Princesa Ana, y que fue internado en un psiquiátrico tras ser declarado "loco".

El palacio en el siglo XXI

A día de hoy, Buckingham Palace no es solamente la residencia oficial (de lunes a viernes) de la Reina Elizabeth II y del Príncipe Philip, duque de Edimburgo, sino que también lo es del Príncipe Andrew, duque de York (separado de Sarah Ferguson) y del Príncipe Edward y esposa, conde y condesa de Wessex. Y, aunque el Príncipe de Gales conserve en palacio sus oficinas y sus antiguos aposentos, el heredero de la Corona y su segunda esposa, la Duquesa de Cornualles, residen oficialmente en Clarence House desde el deceso de la Reina Madre Elizabeth, su anterior ocupante. En las dependencias de palacio se encuentran igualmente los diversos despachos y oficinas de la Casa Real Británica. Buckingham Palace emplea, además, a 450 personas para suplir todas las necesidades de la institución monárquica.

Clarence House, actual residencia oficial del Príncipe de Gales y de su segunda esposa la Duquesa de Cornualles, fue construída por el arquitecto John Nash en la década de 1820 para los Duques de Clarence, el Príncipe Guillermo -futuro rey Guillermo IV- y la Princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen, en las inmediaciones de St. James Park y Buckingham Palace.

Los fines de semana, la Familia Real suele reunirse en la finca de Sandringham, residencia privada de los monarcas británicos desde que Eduardo VII se convirtiera en su propietario.

Cada año por Buckingham Palace, desfilan nada menos que 50,000 invitados a las famosas "garden parties" de la Reina, a las recepciones oficiales y a los banquetes de Estado. El balcón central de la fachada principal o Ala Este del palacio, suele utilizarse puntualmente para los desfiles militares anuales, presididos por Elizabeth II, mientras que el patio de armas es escenario del relevo de la guardia de palacio, y que supone una de las más populares atracciones turísticas de Londres, teniendo lugar 2 días a la semana en invierno y todos los días en verano.

Pese a la creencia popular, Buckingham Palace (como el Castillo de Windsor) no es una propiedad privada más de la soberana, sino que pertenece a la nación británica y cuya construcción y posterior ampliación fue financiada en su día por el Parlamento. De hecho, el palacio suele recibir una subvención anual de 15 millones de Libras Esterlinas para su óptimo mantenimiento, con un extra de 4 millones para su adecuada conservación, concedidos por el Parlamento. Hubo que esperar, sin embargo, a que Windsor ardiera accidentalmente en 1992, para que en 1993 la Reina aprobase la idea de abrir la zona occidental de Buckingham Palace al público desde agosto hasta septiembre; el producto de las entradas sirvieron entonces para financiar la reconstrucción y reacondicionamiento de las salas de Estado de Windsor que se habían consumido en llamas. Desde mayo de 2009, se ha barajado la posibilidad de ampliar a 60 días la apertura de la residencia real al turismo, y asi recaudar más fondos que sirvan a su oneroso mantenimiento.

Fotografía de la Sala Pennethorne, de la Queen's Gallery, donde se exponen de forma rotativa las obras de arte que constituyen la "Royal Collection", desde cuadros hasta muebles y sillas de mano de la época georgiana. El museo o Galería de la Reina se inauguró en 1962, por iniciativa de Elizabeth II, en el antiguo emplazamiento de la Capilla Real de Buckingham Palace, que fue destruída por las bombas alemanas en 1940.

Buckingham Palace y Windsor Castle, con sus preciosas colecciones de arte pictórico-escultórico, su precioso mobiliario y ornamentos forman parte del patrimonio nacional inglés bajo la denominación de Royal Collection (Colección Real), que tiene su origen en la colección primitiva iniciada por el rey Enrique VIII, de la dinastía Tudor, gran "amateur" de armas y armaduras, de cuadros y de miniaturas preciosas del siglo XVI. A lo largo de los siglos siguientes, casi todos los monarcas contribuyeron activamente a que alcanzase un prestigio y renombre a nivel mundial, al adquirir o encargar muchas de sus obras maestras. Dicha Colección Real suele exhibirse en la Queen's Gallery (Galería de la Reina), instalada en la parte Sur del recinto de palacio y abierta durante todo el año al público, renovándose de manera constante por temporadas.

A diferencia de Windsor y de Buckingham, Sandringham y Balmoral si son propiedad privada de la Reina. Sandringham suele servir de residencia para los fines de semana ordinarios, mientras que el castillo de Balmoral, en Escocia (construído para la reina Victoria I y el príncipe Alberto), sirve de residencia estival para las vacaciones de la Familia Real durante agosto y parte de septiembre.

Retrato del Príncipe Philip Mountbatten, Duque de Edimburgo y consorte de la Reina Elizabeth II, según el pintor Bryan Organ, fecit 1983. El marido de la soberana británica es, sobretodo, famoso por sus reflexiones poco diplomáticas, sus salidas de tono, sus mofas y sus anécdotas trufadas de "reales metidas de gamba", hasta el punto que éstas suelen ser recopiladas en blogs para deleite de los internautas británicos.

Es el príncipe Philip quien dijo en su día a un periodista, a propósito de Buckingham Palace, estas palabras nada reconfortantes: "Sólo conozco en el mundo un lugar tan siniestro como Buckingham Palace: es la tumba de Lénin en Moscú. Es enorme, es triste, es incómodo, huele a moho, en invierno hace un frío espantoso, en verano es húmedo: se siente uno encerrado allí como en un mausoleo."

BUCKINGHAM PALACE: historia de una residencia real -1-

BUCKINGHAM PALACE

HISTORIA DE UNA RESIDENCIA REAL

1ª Parte.

Buckingham Palace es la residencia oficial en Londres de la monarquía británica desde el reinado de Victoria I, iniciado en 1837. Desde esa fecha, han vivido entre sus muros seis monarcas, incluyendo Elizabeth II. El palacio es el lugar donde se producen casi todos los acontecimientos relacionados con la Familia Real Británica, asi como lugar de recibimiento a los Jefes de Estado extranjeros en visita oficial y una atracción turística de gran importancia. Buckingham Palace es, en suma, el punto de convergencia del pueblo británico durante los momentos de celebración, de crisis y de duelo como se ha venido observando a lo largo de su historia como residencia real. Desde 1962, la "Queen's Gallery" (Galería de la Reina) es abierta al público y expone una selección de sus mejores obras de arte. Tras el incendio del Castillo de Windsor de 1992, la Reina decidió abrir las puertas de Buckingham Palace a los turistas y londinenses de agosto a septiembre (época vacacional en el que la Reina y la Familia Real se traslada a Balmoral), para recaudar fondos que financiasen su costosa restauración.

Un poco de historia: de residencia privada a residencia oficial

En la Edad Media, el solar de Buckingham Palace formaba parte de la finca de la mansión señorial de Ebury. Tuvo varios ocupantes regios desde el reinado de Eduardo el Confesor, y ha sido objeto de numerosas especulaciones a propósito de su propietario; una irregularidad en una concesión del rey Carlos I permitió que el solar volviera a formar parte del dominio real en el siglo XVIII.

Las mansiones precursoras de Buckingham Palace fueron Blake House, Goring House, Arlington House y Buckingham House.

Retrato de John Sheffield, 2º Conde de Mulgrave, 1er Duque de Buckingham y de Normanby (1648-1721), propietario de Buckingham House. / Abajo, medallón de oro con el retrato en miniatura de Jorge III, Rey de Gran-Bretaña y de Irlanda, Elector de Hannover (1738-1820), que adquirió Buckingham House y se la regaló a su consorte; obra fechada en 1767.

Construida en 1703 para el 1er Duque de Buckingham y de Normanby, Buckingham House era una mansión privada londinense cuyo cuerpo principal acabaría formando el núcleo del actual palacio real. Comprada en 1762 por el rey Jorge III para convertirla en su residencia privada, ofreció la mansión a su esposa la reina Carlota Sofía, nacida princesa de Mecklemburg-Strelitz. Fue, de hecho, en Buckingham House donde nacieron 14 de los 15 hijos de Jorge III y Carlota. Y, a lo largo de los 75 años siguientes a esa adquisición regia, la residencia creció paulatinamente en manos de los arquitectos John Nash y Edward Blore, quienes añadieron tres alas al cuerpo primitivo formando un palacio más vasto alrededor de un patio de planta cuadrada.

Retrato oficial de la Reina Carlota Sofía de Mecklemburgo-Strelitz (1744-1818), consorte de Jorge III de Gran-Bretaña; obra de Sir Allan Ramsay, c.1760-1762. / Abajo, detalle de un retrato de Jorge IV de Gran-Bretaña e Irlanda (1762-1830), Príncipe-Regente en 1815, por Sir Thomas Lawrence.

Ya durante el reinado de Jorge IV, Buckingham Palace pasó a denominarse palacio real al entrar en un proyecto ya ideado por su padre y antecesor en el trono Jorge III, que planeaba "asociar" Buckingham House a Saint-James Palace (la vieja residencia oficial de los reyes en Londres). Utilizada como escenario de celebraciones oficiales y cortesanas, el rey Guillermo IV y su esposa Adelaida nunca quisieron instalarse entre sus paredes, prefiriendo a su regia grandeza la refinada a la par que sobria intimidad de Clarence House, mansión que se habían hecho construir en las inmediaciones mucho antes de su accesión al trono.

Fue finalmente con la joven sobrina y sucesora de Guillermo IV, la reina Victoria I -que accedió al trono en 1837- entonces nacida y criada en Kensington Palace, que Buckingham Palace consiguió convertirse en la residencia oficial de la Familia Real y de la corte de forma permanente.

Los últimos añadidos estructurales de importancia son de finales del siglo XIX y principios del XX: la imponente Ala Este que se yergue frente al Mall (cerrando la planta cuadrada del palacio) y al momumento conmemorativo del Victoria Memorial fue construida en 1850 por Edward Blore (sucesor de John Nash), y reconstruída y rediseñada en 1913 por Sir Aston Webb, utilizando bloques de piedra calcárea de Portland, creando la "fachada principal" del palacio, con su famoso balcón central.

Actual fachada principal de Buckingham Palace, reformada en 1913 por Sir Aston Webb, por petición del rey Jorge V, y que conforma el Ala Este construída entre 1847 y 1850 por Edward Blore, por encargo de la Reina Victoria I, frente al Mall.

Las decoraciones interiores del siglo XIX son aún visibles, mostrando la intensiva utilización de estucos de colores vivos, de lapis-lazulis azules y rosas, según los consejos de Sir Charles Long. Al rey Eduardo VII se debe una redecoración parcial en tonos crema y oro muy característicos de la Belle-Epoque, mientras que muchos de sus pequeños salones de recepción son amueblados en el estilo Regencia-Chino, con elementos procedentes del pabellón real de Brighton y de Carlton House (residencias de Jorge IV, entonces Príncipe de Gales y Regente de Gran-Bretaña) a partir de 1830.

El Salón Blanco o The White Drawing Room, en el Ala Oeste de Buckingham Palace, presidido por un retrato en pie de la Reina Alexandra de Dinamarca, consorte del rey Eduardo VII.

En cuanto a los apartamentos de Estado (salas oficiales), éstos forman el corazón del Palacio Real y son regularmente utilizados por la Reina y los miembros de la Familia Real para cualquier evento oficial. Siendo el palacio uno de los edificios más populares del mundo, entre sus muros suelen desfilar más de 50,000 personas al año en calidad de invitados a banquetes, almuerzos, cenas, recepciones y "garden parties".

Diseñados inicialmente por Capability Brown, los jardines de Buckingham Palace figuran como el mayor jardín privado de la capital, rediseñados por el paisajista William Townsend Aiton, autor de los reales jardines botánicos de Kew Gardens, y por John Nash. Su lago artificial, alimentado por las aguas del lago Serpentine de Hyde Park, sería terminado en 1828.

El solar

Como dijimos anteriormente, el solar formaba parte de la finca señorial de Ebury (también denominado Eia), situado en medio de un terreno pantanoso alimentado por las aguas del río Tyburn, que sigue discurriendo por el subsuelo del patio de honor y el Ala Sur del actual palacio. Tras pasar por diferentes manos, el solar acabó en posesión del rey Eduardo el Confesor y de su consorte la reina Edith y, tras la conquista de los Normandos, fue a parar a manos de Geoffrey de Mandeville. Éste último acabaría legando la finca a los monjes de la abadía de Westminster.

En 1531, el rey Enrique VIII compra al Colegio de Eton el antiguo Hospital de Saint-James, que convertiría en residencia real para su familia y la corte (Saint-James Palace) en Londres, y adquiere al poco tiempo el señorío de Ebury confiscado a la abadía de Westminster (1536), incorporándolos a los dominios de la Corona.

La propiedad de Ebury sería posteriormente alquilada a diferentes ocupantes. Durante el reinado de Jacobo I, éste vendió una parte de la finca por necesidades pecuniarias, conservando la otra parte para crear un jardín de moras de una hectárea, para criar gusanos de seda importados de China. Bajo el reinado de su sucesor, Carlos I, un tal Clement Walker en su obra Anarchia Anglicana (1649), denuncia los jardines de moreras como una nueva Sodoma en el que se desarrollan nocturnamente todo tipo de encuentros sexuales pecaminosos.

A finales del siglo XVII, la finca acaba en manos de Sir Hugh Audley, heredero de Mary Davies.

Las mansiones

Se cree que la primera mansión erigida en el solar fue la de Sir William Blake, en 1624. El siguiente inquilino, Lord Goring, ampliaría la casa a su gusto transformándola en la mansión Goring House a partir de 1633, y rodeándola de unos vastos jardines muy populares en el Londres de aquella época. Pese a sus intentos, Lord Goring no pudo hacerse con el jardín de moras como tampoco pudo conseguir que Carlos I marcase con su sello real el documento legal de la propiedad a su nombre, al huir el monarca de la capital tras estallar la revolución parlamentaria. Fue esa negligencia la que permitió que la Familia Real Británica pudiese recuperar, tiempo después, la propiedad cedida al Duque de Buckingham y de Normanby en 1762.

Siempre viviendo rodeado de lujo y derrochando a manos llenas, Lord Goring no pagó religiosamente las anualidades a la Corona, por lo que Henry Bennet, 1er Conde de Arlington, pudo adquirir facilmente la finca y ocupar Goring House hasta que ardió accidentalmente en 1674. Tras la deflagración, se erigió una nueva mansión, Arlington House, sobre el emplazamiento de la actual Ala Sur de Buckingham Palace en 1675. Fallecido Lord Arlington, la finca y la mansión serían vendidas en 1702 al 1er Duque de Buckingham y de Normanby, el nuevo propietario.

Buckingham House, mansión londinense del Duque de Buckingham y de Normanby, obra del arquitecto William Winde, según un grabado de 1710-1714.

El duque mandó entonces al arquitecto William Winde, que le construyera una nueva mansión en 1703: Buckingham House. El nuevo edificio palatino, de diseño neoclásico, se compuso de un imponente cuerpo central de tres pisos con dos alas paralelas que conformaban los pabellones destinados a alojar el servicio doméstico de su casa.

Buckingham House sería finalmente vendida en 1762 por el descendiente y heredero del duque, Sir Charles Sheffield, al rey Jorge III por la suma de 21,000 Libras Esterlinas. Como su abuelo y predecesor en el trono, Jorge I, Jorge III rehusó deshacerse del jardín de moreras por lo que Sheffield nunca pudo adquirir la totalidad de la finca.

El Rey Jorge III de Gran-Bretaña (1738-1820) y su esposa la Reina Carlota Sofía de Mecklemburg-Strelitz, con sus seis primeros hijos, retratados en grupo por el artista Johann Zoffany.

En su origen, Buckingham House estaba destinada a servir como lugar de retiro privado para la Familia Real, aunque finalmente fue cedida a la real consorte para su particular uso y disfrute, la reina Carlota Sofia. Paralelamente, el palacio real de Saint-James siguió siendo la residencia real oficial de la monarquía y de su corte hasta 1837, asi como lugar en el que se desarrollaban todas las ceremonias oficiales de la Corona. Actualmente, se respeta la fórmula protocolaria en la que Saint-James Palace es escenario de la recepción de cartas de presentación de los nuevos embajadores extranjeros en la corte, pese a que los representantes de los Estados extranjeros y su personal sean presentados en Buckingham Palace tras su nominación. En consecuencia, nunca se habla de la corte de Buckingham, sino de la corte de Saint-James.

Buckingham House pasó a denominarse popularmente "The Queen's House" -Casa de la Reina-, al ser regalada por Jorge III a su consorte la Reina Carlota Sofía, su nueva propietaria a partir de 1762; grabado coloreado de 1808.

El Palacio de Buckingham

La reina Carlota Sofía murió en 1818, mientras que el rey Jorge III falleció recluído en Windsor en 1820. El entonces Príncipe-Regente, sucesor del anterior, pasó a ser el rey Jorge IV, universalmente conocido por sus gustos lujosos, sus derroches y sus desavenencias matrimoniales.

Retrato de Jorge IV de Gran-Bretaña e Irlanda (1762-1830), como Príncipe de Gales y Regente, según Sir Thomas Lawrence en 1815.

Jorge IV decidió transformar la residencia de su madre en palacio real y ampliarlo para tales menesteres, seis años después de su subida al trono. Contrató al arquitecto John Nash para que se llevase a cabo la conversión de mansión a palacio. El edificio nuevo aprovechaba el antiguo cuerpo central de Buckingham House, dotándolo de dos alas adyacentes abiertas sobre un patio de honor precedido de un arco de triunfo en mármol de Racaccione (que imitaba el Arco de Constantino en Roma) que servía de acceso principal.

Construido con piedra procedente de las canteras de Bath, el nuevo edificio regio estaba dotado con detalles de estilo neoclásico francés, formando una C y con un arco de triunfo que costó la friolera de 34,450 Libras Esterlinas. Para colmo, Jorge IV pretendía coronar el arco con su estátua ecuestre en bronce, cuyo coste fue pagado a regañadientes por el Parlamento; cosa que nunca llegó a ocurrir puesto que el monarca falleció antes de poder ver cumplido su deseo. Los diputados aprovecharon la ocasión para resituar la estátua ecuestre en un rincón de Hyde Park, donde aún sigue en pie.

Por lo que se refiere a la decoración interior del palacio, ésta debía ser de un esplendor sin igual. Aconsejado por Sir Charles Long, Jorge IV quiso que se utilizaran estucos de colores vivos, dominando el azul y el rosa. Fallecido en 1830, las fastuosas decoraciones fueron terminadas por su hermano y sucesor Guillermo IV.

Buckingham Palace, tal y como era en 1837, año en que subió al trono la Reina Victoria I; grabado de la época.

A la muerte de Jorge IV, los costes del palacio aún en obras suscitaron la polémica en el Parlamento y en la Prensa. Guillermo IV prescindió de Nash y contrató a Edward Blore, que estaba más en la línea de esa sobriedad burguesa que agradaba al nuevo soberano. Arquitecto menos idealista pero más emprendedor que Nash, Blore conservó las contribuciones de su antecesor y terminó el palacio respetando a grosso modo el diseño original, aunque le dió un aspecto más macizo y menos pintoresco. El coste final para la nación británica de la reconstrucción de Buckingham Palace, sobrepasó las 719,000 Libras Esterlinas de la época.

Retrato de Guillermo IV, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda y Rey de Hannover (1765-1837), sucesor de su hermano Jorge IV y predecesor de Victoria I entre 1830 y 1837.

Aunque Guillermo IV y la reina Adelaida dieron numerosas recepciones y recibieron a sus cortesanos en sus aposentos reales, jamás vivieron en el palacio, prefiriendo quedarse en la vecina Clarence House, residencia mucho más modesta que ya poseían con anterioridad. Es más, cuando el palacio de Westminster ardió en 1834, el rey ofreció Buckingham Palace aún inacabado a la nación para reemplazar la desaparecida sede del gobierno parlamentario. La oferta fue rehusada y el antiguo Palacio de Westminster fue reconstruído tal y como lo conocemos hoy día, en estilo neogótico con su famosa torre del Big Ben, que se debe a Sir Charles Barry.

Como el palacio real, los jardines guardan numerosas obras de arte, y la más notable quizás sea la vasija de Waterloo, una enorme urna que fue en su día encargada por el emperador Napoleón I para conmemorar sus próximas victorias militares y que, en 1815, aún inacabada, fue presentada al Príncipe-Regente por el Gran Duque Fernando III de Toscana. El entonces futuro rey Jorge IV mandó al escultor Richard Westmacott que se terminase, pensando en convertirla en la pieza central de la nueva sala de Waterloo en el castillo de Windsor. Pero al medir cerca de 4,50 metros de alto y con un peso de 15 toneladas, ningún suelo podía soportar semejante carga; la obra fue entonces presentada en la National Gallery. Más tarde, la propia National Gallery devolvió ese regalo envenenado al rey en 1906. Eduardo VII resolvió el problema instalando la vasija de Waterloo en los jardines de palacio donde aún se encuentra.

En los mismos jardines de Buckingham se encuentra también un pabellón atribuido al arquitecto William Kent, construído hacia 1740.

En junio de 2002, Elizabeth II abrió los jardines reales al público por vez primera, para celebrar su jubileo de oro y en cuyos festejos los londinenses pudieron acudir al concierto "Fiesta en palacio" en el que el guitarrista del grupo QUEEN, Brian May interpretó el "Dios salve a la Reina" en un solo con su guitarra eléctrica desde los tejados de Buckingham Palace. El concierto pop fue precedido la víspera por un concierto de música clásica y, durante las celebraciones del 80 cumpleaños de la Reina en 2006, los jardines sirvieron para acoger una fiesta organizada para 2,000 niños.

La Carroza de Oro de Jorge III, obra de Sir William Chambers y con paneles pintados por Giovanni Battista Cipriani (1762), principal atracción de las Royal Mews de Buckingham Palace, y que forma parte de la flota de medios de transporte de la Casa Real.

En cuanto a las Royal Mews (Reales Cuadras), contiguas al palacio, éstas fueron erigidas siguiendo los planos y diseños de John Nash. En ellas se conservan el famoso carruaje dorado de estilo rococó creado por Sir William Chambers en 1760 para Jorge III, y cuyos paneles fueron pintados por G.B. Cipriani. Fue utilizado la primera vez en 1762, durante la inauguración oficial del Parlamento por el rey Jorge III. Desde entonces, sólo es utilizado por los monarcas para sus coronaciones o durante sus jubileos.

La residencia de Su Graciosa Majestad

Retrato de la Reina Victoria I de Gran-Bretaña e Irlanda (1819-1901), en el año de su subida al trono, 1837.

Tras el advenimiento de la reina Victoria, Buckingham Palace pasó a ser residencia oficial de la Familia Real y de la corte británica en Londres. Pese a la suntuosidad del interiorismo fruto de los trabajos de Nash y Blore, las chimeneas tiraban tan mal que al final no se utilizaban y todos sus ocupantes se veían condenados a temblar de frío en un palacio magnífico pero sin confort. La ventilación era igualmente inexistente en un palacio con un desagradable olor a moho omnipresente y, cuando se tomó la decisión de instalar lámparas de gas, surgieron las inquietudes por la acumulación del gas en los pisos inferiores.

El personal doméstico de palacio, por otro lado, se hacía notar por su descuido y su pereza, por lo que Buckingham Palace tenía fama de residencia sucia y polvorienta.

Tras la boda de la reina Victoria con el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840, el real consorte se encargó de reorganizar todo el personal, el servicio doméstico y corregir el mal gusto en cuestiones de interiorismo. Todo fue corregido y reformado, y los obreros que aún deambulaban por los corredores, abandonaron el palacio el mismo año.

La Reina Victoria I y el Príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, rodeados de sus cinco primeros hijos, en un lienzo realizado por Winterhalter.

En 1847, encontrando el palacio demasiado pequeño para la vida cortesana y, sobretodo, porque su familia iba creciendo, Victoria I y Alberto encargaron una ampliación con una nueva ala concebida por Edward Blore, que cerrase el patio de honor. Es la famosa gran Ala Este, erigida frente al Mall, que desde entonces hace de fachada principal con su balcón central, y desde el cual suele saludar la Familia Real durante las grandes celebraciones o cuando se produce el gran desfile militar anual en el mes de junio.

Buckingham Palace con su fachada principal, el Ala Este construída entre 1847 y 1850, según una fotografía de 1910, reinando Eduardo VII.

Al Ala Este se añadió otra prolongación en la parte Sur-Oeste del palacio, para contener la gran sala de baile, y que se debe al alumno de Nash, Sir James Pennethorne.

La Sala de Baile de Buckingham Palace, diseñada por Sir James Pennethorne para la Reina Victoria, según un cuadro de la década de 1850. / Abajo, fotografía actual de la Sala de Baile que se utiliza como Sala de Banquetes de Estado, para los 150 comensales invitados a la cena de gala ofrecida por la Reina al Jefe de Estado extranjero de visita oficial en Londres.

Durante los años felices, Victoria tuvo fama de amar la música y el baile. Los más importantes músicos de su época acudieron a Buckingham Palace como Félix Mendelssohn Bartholdy y Johann Strauss II, autor de la polka "Alice" que fue interpretada por vez primera en palacio en 1849, en honor a la princesa Alicia de Gran-Bretaña. También fueron famosos los suntuosos bailes de máscaras y de disfraces organizados por Victoria en palacio, además del habitual boato de las ceremonias oficiales, de las investiduras y de las presentaciones.

Cuando Victoria I enviudó en 1861, ésta se retiró de la vida pública y abandonó Buckingham Palace para vivir en los castillos de Windsor y de Balmoral, así como en Osborne House de forma itinerante. Aquella ausencia regia supusieron años de abandono para el palacio por parte de la reina, hasta que la presión de la opinión pública y del Parlamento la obligaron a regresar a Londres. Siempre revistiendo el color del duelo, Victoria I regresó a Buckingham Palace aunque siempre que pudo, se iba a Windsor con toda la corte y allí se realizaban la mayoría de las ceremonias y recepciones oficiales.

Los aposentos de Estado

Las principales salas y habitaciones de Estado se sitúan en el primer piso o piano nobile, como en todo palacio que se precie, orientados sobre los jardines del Oeste. En el centro del Ala Oeste, el gran salón de música con su forma de media rotonda, se encuentra entre los salones de recepción azul y blanco (Blue Drawing Room & White Drawing Room), doblados por una galería interior que divide el edificio y que mide 50 metros de largo, con función de corredor que comunica con todas las demás estancias. En la galería, decorada con numerosas y preciadas pinturas, tronan cuadros de Rembrandt, Van Dyck, Rubens y de Vermeer de Delft entre los más destacados. En el lado que da al cuadrilátero o patio de honor, el Salón Verde sirve de antecámara que precede la Sala del Trono después de atravesar la Sala de los Guardias, presidida por una estátua del Príncipe Alberto, a la cual se accede desde la planta baja subiendo por la Gran Escalera.

The Marble Hall o Recibidor de Mármol, en la planta baja, sirve de acceso a los apartamentos de la planta baja y a la Gran Escalera que lleva a la planta noble, donde se encuentran los apartamentos de Estado.

The Great Staircase o Gran Escalera cuyos peldaños parten del Marble Hall para llevar al visitante a la primera planta del Ala Oeste, donde se encuentran los Aposentos de Estado. De sus muros cuelgan los retratos en pie de los reyes Guillermo IV y Adelaida (a cada lado de la puerta), de los Duques de Kent -padres de la reina Victoria I-, de Jorge IV y Carolina, y de Victoria I y Alberto.

Bajo los apartamentos oficiales, en la planta baja, se suceden una serie de salas menos solemnes y llamados "aposentos semi-oficiales", a los cuales se accede desde el Marble Hall -el recibidor de mármol-. La función de esas estancias son para las ocasiones menos formales, para almuerzos o audiencias privadas. Algunas de ellas son denominadas y decoradas en honor a ciertos visitantes del pasado, como la "Sala 1844" decorada especialmente para la visita oficial del emperador Nicolás I de Rusia.

Plano General de la Planta Baja del Palacio de Buckingham, que incluye todas sus dependencias.

En la planta noble (1er piso) y situados en el Ala Norte, contiguos al Salón Blanco y a la Sala del Trono, se encuentran los aposentos privados de la Reina Elizabeth II y de su marido el Duque de Edimburgo, y otras "suites" reservadas a los cuatro hijos de la soberana que conforman la Familia Real.

Entre 1847 y 1850, cuando aún estaba en obras la nueva Ala Este, se utilizaron elementos decorativos procedentes de las antiguas residencias de Jorge IV (Brighton Pavillion y Carlton House) para amueblar muchas de las estancias palatinas, por lo que gran parte de éstas tienen un aire "oriental" con sus motivos chinescos. La Sala del Almuerzo China roja y azul, por ejemplo, conserva elementos de las salas de banquete y de música del pabellón de Brighton, mientras que la chimenea es de estilo indio, aunque tenga la misma procedencia.

The Chinese Central Room o Sala Central del Ala Este, cuyo balcón da directamente sobre el Mall y el Victoria Memorial, debe su decoración china a la reina Mary de Teck a finales de la década de 1920, con mobiliario procedente del Pabellón Real de Brighton. Desde esas ventanas, la Familia Real sale a saludar a los Londinenses durante los acontecimientos importantes de la Monarquía Británica.

En el centro del Ala Este cuyo balcón principal da al Mall, y tras sus ventanas, se encuentra la Sala Central decorada en estilo chino por disposición de la reina Mary de Teck en los años 20, utilizando puertas lacadas que fueron especialmente traídas de Brighton en 1873. Doblada por una inmensa galería que cubre toda la extensión del Ala Este, éste grandioso corredor tiene todas sus puertas recubiertas de espejos y comunica en cada extremo con el Comedor Chino y con el Salón Amarillo.

Los Jefes de Estado en visita oficial en Londres suelen ocupar la "Suite Belga" de Buckingham Palace, situada en la planta baja de palacio y orientada a los jardines del Norte, justo debajo de los apartamentos reales privados. Su nombre recuerda que esa "suite" fue decorada e inaugurada a mediados del siglo XIX por Leopoldo I, Rey de los Belgas, tío carnal del Príncipe Alberto. A inicios del siglo XX y durante su corto reinado, el rey Eduardo VII los convirtió en sus apartamentos privados. Desde entonces, por sus aposentos han desfilado muchas testas coronadas (entre las que figuran los reyes de España Juan-Carlos I y Sofía de Grecia) y presidentes extranjeros.

Plano parcial del Ala Norte de Buckingham Palace (Planta Baja) con los apartamentos de la "Suite Belga" que fueron ocupados por el rey Eduardo VII y desde entonces sirven de alojamiento a los Jefes de Estado extranjeros de visita oficial en Londres.

Protocolo y ceremonias

Desde que la reina Elizabeth II subió al trono, las ceremonias y el protocolo de Buckingham Palace han sufrido un cambio radical, y la entrada a palacio ha dejado de ser un privilegio exclusivo para la élite gubernamental.

Se operó, además, a una relajación progresiva en el código de la indumentaria que exigía el uso del uniforme formal de la corte. Durante los reinados precedentes, los hombres que no revestían el uniforme militar habían de utilizar los calzones cortos y las medias blancas propios del siglo XVIII, con zapatos de charol con hebillas. Para las mujeres, el vestido de cola larga era obligatorio asi como el porte de una tiara o el adorno de plumas en el peinado.

Después de la Iª Guerra Mundial, la reina Mary de Teck intentó seguir la moda recortando de algunos centímetros sus vestidos; para ello, hizo la prueba con una de sus damas de honor para conocer la reacción de su marido el rey Jorge V. El monarca se horrorizó y la reina abandonó cualquier idea de innovación en su indumentaria. Hubo de esperar el reinado de Jorge VI y de la reina Elizabeth, para que se recortasen los vestidos durante las horas diurnas.

Retrato oficial de Mary de Teck, Reina consorte de Gran-Bretaña e Irlanda (1867-1953), esposa de Jorge V y abuela de la actual soberana Elizabeth II.

En 1924, el primer ministro laborista Ramsay MacDonald fue el primer hombre recibido por un monarca británico en palacio, llevando un traje de calle. Sin embargo, se trató de un hecho excepcional y los trajes de noche o "smokings" siguieron estando a la orden del día hasta la IIª Guerra Mundial.

Desde entonces y actualmente, ya no existe un código de la indumentaria en Buckingham Palace. La mayoría de los hombres invitados a palacio, suelen elegir entre el uniforme o el chaqué. Por la noche, siempre dependiendo de la ocasión, llevan el sempiterno smoking o traje de noche más formal. En el caso de las mujeres, van de corto durante el día, y de largo por la noche, y si tienen una tiara se la ponen.

The Throne Room o Sala del Trono de Buckingham Palace, en el Ala Oeste, es una de las salas más importantes de los Apartamentos de Estado del palacio real. Suele servir de marco ideal para los enlaces regios y las fotografías oficiales de la Familia Real.

Quizá el cambio más importante ocurrió en 1958, cuando Elizabeth II acabó con las solemnes recepciones de presentación de las jovenes hijas de la aristocracia. En esas ceremoniosas veladas de "puesta de largo", las jóvenes damiselas se presentaban a los soberanos en la Sala del Trono, con tres grandes plumas de avestruz en el cabello y vestido de cola larga; entraban, hacían su primera reverencia a los reyes y volvían sobre sus pasos sin dar la espalda a los monarcas ejecutando una inclinación de cabeza hasta llegar a su puesto asignado, siguiendo una antiquísima coreografía cortesana.

La reina Elizabeth II reemplazó esas presentaciones pomposas por "garden parties", en las que acudían un selecto grupo de la élite británica (unas 8.000 personas), invitadas a dedo para tomar el té y comer sandwiches bajo una multitud de tiendas dispuestas en los jardines. A propósito de ese cambio, la difunta hermana de la reina, la Princesa Margaret, habría declarado: "Había que acabar con esto; todas las putas de Londres entraban en palacio."

Hoy día la Sala del Trono solo se utiliza para las grandes ocasiones formales, sean bodas o jubileos.

The Ballroom o Sala de Baile, presidido por los tronos de Elizabeth II y del Príncipe Philip, sirve de sala para las ceremonias de investiduras, ennoblecimientos y condecoraciones, cuando no se celebra un Banquete de Estado en honor al Jefe de Estado extranjero de turno, en visita oficial en Londres.

En cuanto a las investiduras y ennoblecimientos, entre otras ceremonias oficiales de este tipo, se desarrollan en la antigua Sala de Baile construida en 1854 para la reina Victoria I. Con 37 metros de longitud y 20 de anchura, es la sala más grande de Buckingham Palace, y ha reemplazado la Sala del Trono en importancia y en funcionalidad. En esa misma sala se celebran los banquetes ofrecidos a los Jefes de Estado que acuden en visita oficial en su primera noche en Londres, y a los que suelen acudir 150 comensales. La cena se sirve entonces con la mejor vajilla de porcelana, la más delicada cristalería y la soberbia cubertería de oro.