EL INFANTE DON LUÍS DE BORBÓN
1727-1785

Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, Infante de España, Cardenal-Primado, Arzobispo de Toledo y de Sevilla, XIIIº Conde de Chinchón, nació en Madrid en 1727 y falleció en Arenas de San Pedro en 1785.
Fue el menor de los hijos varones de Don Felipe V de Borbón y Baviera (1683-1746) y de Doña Isabel de Farnesio, Princesa de Parma (1692-1766), Reyes de España y de las Indias. Tuvo por hermanos a los reyes Luis I (1707-1724), Fernando VI (1713-1759), Carlos III (1716-1788) e infantes María-Ana (1718-1781) reina de Portugal, Felipe I (1720-1765) duque de Parma, de Plasencia y de Guastalla, María-Teresa (1726-1746) Delfina de Francia, y de María-Antonia (1729-1785) reina de Cerdeña y Piamonte.
La Infancia de un Infante de España

El 25 de Julio de 1727 nació Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, Infante de España, en el Palacio del Buen Retiro de Madrid. Su primer nombre de pila le fue impuesto en honor y en memoria de su ya fallecido medio-hermano mayor Luis I, rey de España en 1724, siendo apadrinado por su otro medio-hermano Don Fernando, Príncipe de Asturias (y futuro rey Fernando VI en 1746). Fue criado y amamantado por 3 nodrizas manchegas a lo largo de dos años.
En 1728 su padre no estando muy en sus cabales y pasando por momentos de crisis, intentó en repetidas ocasiones renunciar formalmente a la corona en favor de su heredero Fernando, gestos sucesivamente evitados "in extremis" por Isabel de Farnesio, la cual tuvo a bien hacer desaparecer del alcance de su marido tinteros, plumas y papeles para que no llegara a redactar su abdicación.

Retrato del Rey Felipe V de España, según Jean Ranc, c.1723.
En 1729, la corte de Madrid celebraba el doble enlace de la infanta María-Ana con Don José de Portugal, Príncipe de Beira (futuro rey José I de Portugal), y de la hermana de éste, la infanta María Bárbara de Portugal con el Príncipe de Asturias Don Fernando. Ese doble enlace hizo menguar el entorno familiar ya que la infanta española, convertida en Princesa de Beira, pasó a la corte lisboeta y los Príncipes de Asturias fijaron su residencia en el vetusto Alcázar de Madrid.
El 27 de Enero de 1729, con objeto de mejorar la depresión crónica del rey Felipe V, la Familia Real se traslada con toda la corte a Sevilla, donde poco a poco se hizo notable la mejoría del soberano. De allí se trasladó en 1731, el Infante Don Carlos a Italia para hacerse cargo de los ducados de Parma, Plasencia y de Toscana. Ese año, el Infante Don Luis contaba con 4 años de edad y no volvería a ver a su hermano hasta pasado 28 años, y como Carlos III, rey de España.

Retrato del Infante Don Carlos I de Borbón, Duque de Parma (1716-1788), en un lienzo de 1733.
A principios de 1733 estalla la guerra de sucesión polaca, provocando el regreso de la Familia Real a Madrid, ante la posibilidad de aprovechar el conflicto en beneficio de la Corona Española y recuperar los reinos de Nápoles y de Sicilia. El mismo año, la Familia Real se instala en el Real Sitio de Aranjuez, donde el infante Don Luis pasaría el resto de su infancia en compañía de su madre y hermanos/as.
En 1734, en plena guerra, el Infante Don Carlos, entonces duque de Parma, conquista los reinos de Nápoles y de Sicilia, con la consiguiente pérdida de sus ducados del Norte de Italia. Ese mismo año, en Noche Buena, arde el viejo Alcázar de Madrid y los Príncipes de Asturias tienen que trasladar su residencia al Palacio del Buen Retiro, dándose a conocer la imposibilidad física del heredero del trono de engendrar hijo alguno.
De Infante a Cardenal-Primado

Don Luis había pasado sus primeros 7 años al cuidado de las mujeres, conforme a lo que estipulaban las costumbres de la Casa Real Española. Al cumplir los 7 años de edad, el Infante pasó a depender del cuidado de los hombres de su cámara, siendo nombrado como ayo suyo el marqués Aníbal Scotti. En esos años de aprendizaje, estudió geografía, historia, religión, música, dibujo, francés, italiano, castellano y todo cuanto un príncipe debía saber.
En el ámbito familiar, el Príncipe de Asturias se preparaba para suceder en el trono a Felipe V, el Infante Don Carlos se había hizado hasta los tronos de Nápoles y de Sicilia con el nombre de Carlos VII, y aún se albergaban esperanzas de recuperar los ducados italianos de Parma y de Toscana para el Infante Don Felipe, puesto que la reina Doña Isabel era la heredera legal de los Farnesio de Parma y de los Médicis de Toscana. Para el Infante Don Luis no parecía quedar otra vía que la carrera eclesiástica... En 1734 había fallecido el cardenal-primado de España Don Diego de Astorga y Céspedes, arzobispo de Toledo, lo que atrajo la atención de la reina Isabel, la cual pensó oportuno que su último vástago por colocar obtuviera una mitra que simbolizaba la máxima autoridad eclesiástica del reino. Fue dicho y hecho: Felipe V cursó petición al Vaticano mostrándose deseoso de que Toledo fuera para su último retoño varón y, aunque el Papa Clemente XII tuvo reparos en conceder semejante petición (más que nada por la tierna edad del príncipe postulante), y ya molesto por la creciente influencia de los Borbones en Italia, se acabó por cerrar el asunto a favor del joven infante español. El 10 de Noviembre de 1735, es nombrado administrador perpétuo en lo temporal de la diócesis de Toledo y, el 9 de diciembre siguiente, se le concede el capelo cardenalício contando los escasos 8 años de edad, como cardenal-diácono de la Santa Romana Iglesia de Sta. María della Scala.

Doble retrato de Don Felipe V & Doña Isabel de Parma, Reyes de España, según L.M. Van Loo en 1743.
Al concluír en 1736 la guerra de sucesión polaca, la corte española pareció entrar en una época pacifista, pero ante el temor de una recaída en la salud del rey Felipe V, la reina multiplica las actividades de la corte: conciertos, bailes, cacerías... El 13 de marzo del mismo año, el Infante Don Luis toma oficialmente posesión de su diócesis toledana y, el 26 de Noviembre de 1737, el Papa Clemente XII le otorga la administración espiritual de la misma.
En esa época recae gravemente el rey y la reina manda traer al castrato Farinelli, cuyo canto calmaba en los momentos críticos al soberano. El 25 de agosto, en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, el canto de Farinelli produce la milagrosa recuperación de Felipe V... Se convierte entonces el cantante en el "inseparable" compañero de sus majestades, cuya voz parece mantener al rey dentro de los límites de la razón, alejándole de la locura y de la melancolía.
El bullício y las actividades culturales de la corte española están entonces en su auge. 1738 y 1739 son fechas que marcan reales enlaces en el seno de la Casa Real: Carlos VII de Nápoles y de Sicilia casa con la princesa Maria-Amalia de Sajonia, hija del rey Augusto III de Polonia, y el Infante Felipe, duque de Parma, desposa a la primogénita del rey Luis XV de Francia.

Retrato del Infante Don Felipe de Borbón, Duque de Parma (1720-1765), según Jean Ranc.
En 1740, al fallecer en Viena el último representante varón de la Casa Imperial de Habsburgo, el emperador Carlos VI de Austria, se abre de nuevo la veda para una guerra a escala europea: es la Guerra de Sucesión Austríaca. Un año más tarde, el Infante Don Luis es investido arzobispo de Sevilla y administrador temporal el 19 de noviembre de 1741. En febrero de 1742, su hermano Felipe marcha a Parma para posesionarse de sus ducados italianos. No se volverían a ver jamás.

Retrato del Cardenal-Infante Don Luis de Borbón, fechado en 1742-1743 y según el pintor González Ruiz.
Del 12 al 14 de febrero de 1743, se celebró en Madrid la concesión del capelo cardenalicio al Infante Don Luis, con gran solemnidad. Al poco, es su hermana la Infanta María-Teresa la que abandona España para casarse con el Delfín de Francia, heredero del rey Luis XV. Ésta fallecería 3 años después y tras dar a luz a dos hijas muertas en la cuna.
Durante la minoría de edad del cardenal-Infante, las sedes arzobispales estuvieron a manos de administradores, y durante su estancia en la corte, el príncipe mostró su poca inclinación por la vida monástica, albergando serias dudas sobre su carrera en el seno de la Iglesia. No llegaría nunca a ser ordenado sacerdote. Sin ser especialmente un príncipe brillante y de grandes prendas, Don Luis sufría de una madre absorbente y muy posesiva, amén de una pobre educación, pareciendo irresponsable, callado y distante. Su único interés radicaba en la cinegética, la gran pasión de todos los Borbones.
La Renuncia

Retrato del Rey Fernando VI de España (1713-1759), según Jean Ranc.
En 1746 muere su padre Felipe V y su madre Isabel de Parma es recluída en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, por orden de su hijastro el nuevo monarca Fernando VI. La incurable propensión de la reina viuda por las intrigas y el entrometimiento en asuntos de Estado, molestan en la corte. Pero a esa molestia, se suma que la nueva reina Bárbara de Portugal no se lleva nada bien con su suegra y viceversa, y como una de las dos sobraba en la corte ya que reina solo puede haber una, la suegra tuvo que hacer sus baúles y alejarse de Madrid. A su retiro se añadieron sus hijos los infantes Luis Antonio y María Antonia, y la esposa de su hijo Felipe, Luisa Isabel de Francia.
A sus 24 años, Don Luis aún estaba bajo la tutela de su anciano ayo italiano el marqués Aníbal Scotti, encontrándose su propia casa en el mayor caos y desorden administrativo. Como el rey Fernando VI le tenía en gran estima, permitió que Luis frecuentara la corte de Madrid con cierta asiduidad, y así aprovechaba para mantener puntualmente informada a su madre de todo lo que ocurría en ella.
Cuando en 1748 ya se da por terminado el conflicto europeo de la Guerra de Sucesión Austríaca, en la que España metió baza para recuperar sus reinos italianos, se consigue a través del Tratado de Aquisgrán que los ducados de Parma, Piacenza y Guastalla sean adjudicados al Infante Don Felipe de Borbón, sucediendo a su hermano Carlos en esos Estados del Norte de Italia, su mujer Luisa Isabel abandona definitivamente el Palacio de La Granja de San Ildefonso para tomar rumbo a Parma y reunirse con Felipe.
En diciembre de 1749, la Infanta María Antonia es desposada con el Príncipe Heredero de Cerdeña, Víctor-Amadeo de Saboya, y se afianzaron los tronos de los Infantes Felipe y Carlos en Parma y en Nápoles respectivamente. El único hermano que se queda en España es, evidentemente, Don Luis que permanece junto a su madre.
Soltero y Emancipado
En 1756 se sabe que los reyes Fernando VI y Bárbara iban con frecuencia a cazar en los alrededores del castillo de Villaviciosa de Odón, junto con el Infante Don Luis. Pero, dos años más tarde, el 27 de agosto de 1758, la reina Bárbara murió de un cáncer de útero tras horrendos sufrimientos. Aquella muerte sumió en una irreversible depresión al rey Fernando que, paulatinamente le arrastraría a un estado de desequilibrio mental.
Ya el mismo día de la muerte de su amantísima esposa, el rey abandonó apesadumbrado Madrid en compañía de su hermanastro Don Luis, retirándose al palacio de Villaviciosa de Odón. Allí iba a pasar sus últimos meses de vida, hablando contínuamente de ella, y negándose a ver a nadie excepto a Don Luis y a unos escogidos amigos cercanos. Su estado mental empeoró en los últimos meses, volviéndose muy violento; cuentan testigos que dormía el rey en un sucio jergón de paja, que no se mudaba de ropa y se hacía encima las necesidades, preso de alucinaciones durante el día, y padeciendo pesadillas por la noche. Obligarle a asearse era toda una aventura, pues estaba convencido que querían envenenarle y no dejaba que nadie le tocara.

Sin herederos, Fernando VI testó a favor de su medio-hermano Don Carlos VII, entonces rey de Nápoles y de Sicilia, nombrándole sucesor suyo en el trono de España. El 10 de agosto de 1759, casi un año después de enviudar, el rey rindió el alma y la regencia fue inmediatamente asumida por la reina viuda Isabel de Parma, afligida por una catarata que la deja casi ciega.
Desde Villaviciosa partió Don Luis a Guadalajara, siguiendo las directrices maternas, a recibir a su hermano Carlos, el cual no llegaría hasta el mes de diciembre. De cualquier modo, madre e hijo asumieron la regencia en su ausencia y esperaron a que llegara Don Carlos para posesionarse del trono... Conforme al tratado de Aquisgrán, Carlos debía renunciar al trono napolitano para heredar el español, abdicando en su hermano el Duque Felipe I de Parma, aunque él deseaba hacerlo a favor de uno de sus hijos mayores, cosa que hizo con grandes dificultades: siendo su primogénito Felipe aquejado de imbecilidad, abdicó en su 3er hijo varón menor de edad, Fernando IV, pues el 2º Carlos estaba destinado a ser el próximo príncipe de Asturias y sucesor suyo en España.
Al heredar Carlos la corona española de su difunto medio-hermano Fernando VI, conforme al Tratado de Aquisgrán, debía dejar el reino de Nápoles a su hermano Felipe, duque de Parma y éste, debía devolver sus ducados a Austria y a Cerdeña. No obstante, Carlos VII de Nápoles-Sicilia consiguió que estos, en plena guerra con Prusia y Gran-Bretaña, aceptaran en su defecto una indemnización y consintieran que cediese los tronos napolitano y siciliano a su 3er hijo varón, don Fernando, aún menor de edad. El 1º, don Felipe, por ser retrasado mental fue apartado de sus derechos sucesorios tanto en Nápoles como en España, y el 2º, don Carlos fue designado como apto a la sucesión española y destinado a posesionarse del título de los herederos, el de príncipe de Asturias.
El 19 de julio de 1759, Carlos III fue investido rey de España y su hijo de 11 años, Carlos, jurado príncipe de Asturias. No obstante, el propio Carlos III sabía que ninguno de sus hijos tenía derecho a ser su heredero, por haber nacido y sido educados fuera de España, conforme a la Ley de Sucesión de Felipe V y su subordinación a la Ley de Toro. Eso, en la práctica, quería decir que en realidad el infante que tenía que heredar por ley la corona española después de Carlos III, era el mismísimo Infante Don Luis Antonio de Borbón, puesto que él si había nacido en territorio español.
Desde luego, no hay constancia de la opinión del interesado en ese asunto sucesorio, aunque está bien clara la sumisión del infante ante su hermano mayor Carlos III, por su acatamiento de las órdenes y disposiciones de éste.
En un principio los dos hermanos se alegraron del reencuentro y compartieron, desde entonces, cacerías y entretenimientos, más aún cuando en 1760 falleció repentinamente la reina Maria-Amalia de Sajonia, al poco de instalarse en Madrid. Pero a pesar del afecto fraternal, don Luis Antonio pronto comenzó a verse forzado al celibato, pues su hermano y rey le cerraba el paso a cualquier proyecto matrimonial con princesas extranjeras, para evitarse problemas sucesorios, evidentemente.
El Patrimonio del Infante
Don Luis no contaba con bienes propios que poder dejar a sus futuros descendientes, aunque recibía importantes rentas de muchas encomiendas militares, que le suponían el control de extensísimas propiedades rurales por toda la mitad sur de la península, ya que había sido investido, desde niño, con los habitos de las 4 órdenes militares. Procedió entonces a hacerse con su propio patrimonio.
En 1761, don Luis compró el señorío de Boadilla del Monte a la señora de Mirabel, por la suma de un millón doscientos mil reales, que aumentó con compras a los concejos de Boadilla y Pozuelo de Alarcón, a los premonstratenses de San Joaquín de Madrid y a las monjas de Sta. Clara de Boadilla, y el mismo año compró a su hermano don Felipe I de Parma, por 14 millones de maravedís, el extenso condado de Chinchón, lindante al señorío de Boadilla y de Madrid.
Realizadas las compras, emprendió obras de mejora en todos sus estados y ordenó al arquitecto Ventura Rodríguez la construcción en Boadilla de un palacio de estilo neoclásico entre 1763-1765. Allí empezaría a reunir una rica pinacoteca y una amplia colección de libros, relojes, muebles y varios objetos de valor artístico. En los siguientes 15 años, Boadilla se convirtió en la sede de una pequeña corte ilustrada con la presencia de gran número de artistas y grandes festejos.

Vista parcial del Palacio de Boadilla del Monte, recientemente restaurado, con su fachada principal precedida por una amplia explanada.
Herencia, Soltería y Líos de Faldas

Retrato ecuestre del Rey Carlos III de España (1716-1788).
En 1766, tras el motín de Esquilache, Carlos III se retira al Palacio de Aranjuez, donde fallece su madre Isabel de Parma, viuda de Felipe V. Por testamento, Isabel había dejado a su hijo Luis cantidad de objetos de gran valor, además de una extensa y valiosísima colección de pinturas, que fueron a parar al palacio de Boadilla del Monte. Pero la desaparición de su madre hizo, si cabe, más obvia la falta de familia del infante llevándole a meditar seriamente sobre la posibilidad de contraer matrimonio. Sin embargo, Carlos III seguía empecinado en que Luis se mantuviera célibe para evitar problemas sucesorios. Cualquier intento de abordar el tema, acababa con un "No" rotundo de su hermano el rey. En consecuencia, y dada la líbido del príncipe, éste tuvo que desahogarse y buscar amor y sexo lejos de la corte, y lo encontró en el vivero femenino del pueblo llano para que no pusiese en peligro su alta posición.
La primera de la lista fue una tal Mariquita García que, al quedarse preñada del infante, fue desterrada a Palencia por el presidente del Consejo de Castilla. Dió a luz a un hijo varón sobre cuya paternidad no existen dudas.
Le sucedió Antoñita María Rodríguez, que a su vez dió a luz en 1769, otro hijo ilegítimo al infante llamado José de Flores... Y la lista sigue imparable. A la postre, los devaneos de don Luis le pasaron factura: contrajo una enfermedad venérea, posiblemente la sífilis.