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Categoría: Portugal

LA MARQUESA DE POMBAL -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 20 feb En: Biografías Portugal - sin comentarios

ELEONOR ERNESTINA, CONDESA VON und ZU DAUN

MARQUESA DE POMBAL & CONDESA DE OEIRAS

1721 - 1789

LA ESPOSA DEL HOMBRE MÁS PODEROSO DE PORTUGAL

-Segunda Parte-

Poder absoluto y enemistades

Retrato de Don Sebastiao José de Carvalho e Melo (1699-1782), 1er Conde de Oeiras y de Redinha en 1759, 1er Marqués de Pombal en 1769, Secretario de Estado y Primer Ministro de Portugal de 1756 a 1777. 

El Terremoto de 1755 fue el orígen del gran poder de Sebastiao José de Carvalho. Su energía y eficacia produjeron en el ánimo del rey José I una honda impresión que, desde entonces, comenzó a confiar ciegamente en él. Confianza que se vio reforzada por la gran popularidad del ministro entre los lisboetas y supervivientes de la tragedia, agradecidos por sus medidas y ayudas. Pese a su éxito, Carvalho no consiguió vencer los odios y envidias de la nobleza que si bien no las ocultaban, las disfrazaban con hipócritas lisonjas. Ya nadie podía ponerle palos en las ruedas: se había convertido en el nuevo primer ministro de la monarquía y el rey confiaba plenamente en su buen juicio para llevar los asuntos de Estado, siguiendo al pie de la letra todos sus consejos.

Detalle de un retrato de Don José I de Braganza (1714-1777), Rey de Portugal, de los Algarves y de Brasil entre 1750 y 1777.

En 1756, José I nombró a Carvalho secretario del reino (que viene a ser el equivalente a primer ministro), al estar vacante desde la muerte de Pedro da Mota, y nombró para la cartera de Asuntos Exteriores y de la Guerra a Luis da Cunha Manuel, hechura de Carvalho. Aprovecharía el flamante primer ministro para deshacerse de Diogo de Mendonça Corte-Real y lo reemplazó por Tomé Joaquim da Costa Corte-Real que, al poco tiempo, también cayó en desgracia y fue desterrado a Leiria. Estaba en un momento en el que ya no podía tolerar oposición alguna, ya que las interpretaba como un acto de rebeldía contra el poder absoluto del rey. De ahí la dura represión que llevó a cabo en febrero de 1757, al producirse un motín en Porto. La interpretó como una rebelión formal contra la persona del monarca y a sus autores como responsables de un crimen de lesa-majestad, aunque en el fondo supiera que dicha sublevación no tenía tanta importancia como se le quiso dar, pero convenía considerarla así para enseñar a los portuenses que no se podían desatender impunemente sus órdenes, y para concienciarlos de que él mismo era tan inviolable como la persona del rey, que sus órdenes debían ser acatadas como si hubiesen salido por boca del mismísimo soberano ya que él estaba bien arropado por el manto régio. El hecho de que Carvalho siempre dijera públicamente "el Rey mi amo", significaba claramente que entendía gobernar como el delegado del poder absoluto y sagrado del monarca.

Doblegando asi, mediante la represión de los tumultos de Porto, las resistencias municipales dirigidas contra su enérgica administración, ahora Carvalho pensaba en rebajar igualmente la insolencia de la nobleza como después se empleó en despedazar a ese formidable poder organizado como el de la Compañía de Jesús. Los nobles, soliviantados con su despotismo, empezaron a conspirar contra él y contra el rey, su principal valedor. La aristocracia, que poseía muchos privilegios, se mostró desde un principio hostil a un Carvalho que, por su parte, no perdía ocasión para restringirlos paulatinamente.

Retrato del aristócrata Don Lourenço José de Brotas de Lencastre e Noronha (1735-1801) 5º Marqués das Minas y 8º Conde do Prado por su matrimonio con la heredera Maria-Francisca de Sousa a partir de 1761; era hijo y heredero de Don Afonso de Noronha y nieto de Don Marcos de Noronha, 4º Conde dos Arcos y de Maria-Josefa de Távora. El cuadro fue pintado por Francisco Vieira de Matos aka "Vieira Lusitano" entre 1750 y 1755 (Museo Nacional de Arte Antiga, Lisboa). 

De sus muchos enemigos aristócratas, fue uno en concreto, Don José de Mascarenhas da Silva e Lencastre (1708-1759) 8º Duque de Aveiro, que se empleó en las peores bajezas para heredar la casa y los títulos de los Duques de Aveiro -blasón del linaje de Lencastre, Casa Ducal de Aveiro, a la izq.-; ahora pretendía que pasaran a sus manos las ricas encomiendas que habían sido administradas por los antiguos duques y que daban sustanciosos dividendos. El rey, a instancias de Carvalho, no lo consintió y de ahí nacerá el odio y rencor visceral del duque y de su familia hacia don José I.

A pesar de todo, el misterio que envolvió los hechos relativos a este proceso (me refiero al proceso de los Távora-Aveiro), parece incontestable que el Duque de Aveiro tuvo la idea de asesinar al rey, que para eso recurrió a su ayudante de cámara Manuel Alvares Ferreira y que éste lo planeó conjuntamente con su hermano y con otro pariente, José Policarpo de Azevedo. Y que es innegable que, en la noche del 13 de septiembre de 1758, cuando el rey volvía en su carruaje a Ajuda de una cita amorosa, recibió varios balazos entre la Quinta do Meio y la Quinta da Cima, y que solo se salvó de una muerte segura gracias a la rápida reacción de su cochero, que también recibió varias heridas. Don José I y su cochero consiguieron escapar de sus tres asesinos y regresar a Ajuda, siendo inmediatamente atendidos por los reales cirujanos, mientras Carvalho ordenaba que se silenciara la noticia hasta que no hubiera concluído la investigación de los hechos y se diera con los culpables. En este atentado, Carvalho vio la oportunidad de deshacerse de dos enemigos potenciales y la aprovechó arremetiendo contra la alta nobleza, encarnada por los Távora y los Aveiro, y contra los jesuitas.

Azulejos del Palacio de Galveia (ex-palacio de Távora), en los que se cree está representada como divinidad marina la célebre Leonor Tomásia de Távora, 3ª Marquesa de Távora (1700-1759), musa de la oposición aristocrática y víctima del Marqués de Pombal.

Concibió entonces su plan, con una sangre fría extraordinaria, ordenando que se guardase el mayor de los secretos sobre las heridas del rey y se llevasen con gran diligencia y discreción las pesquisas. Tres meses después, el 13 de diciembre, todos los sospechosos e implicados en el crimen fueron apresados sin previo aviso, a excepción de José Policarpo de Azevedo, que escapó de milagro al no tener el ministro conocimiento de su complicidad. Los apresados no fueron tan solo el Duque de Aveiro y sus gentes, sino que también fueron arrestados los miembros de la familia Távora -blasón de los Marqueses de Távora, a la izq.- por ser la principal de las familias nobles abiertamente descontentas, y sobretodo el marqués Luis Bernardo de Távora, cuya esposa había sido la favorita y amante del rey y que por eso se creía que éste estaba resentido con el soberano. De hecho, los marqueses de Távora eran enemigos declarados del ministro y habían convertido su palacio en el centro de reunión de los descontentos y en la fuente de todas las hostilidades hacia él. En cualquier caso, se encontraron indicios suficientes para procesarlos a todos y, aparte del Duque de Aveiro, del Marqués de Alorna, de Távora y del Conde de Atouguia, fueron también apresadas unas pocas damas como la Duquesa de Aveiro, las dos marquesas de Távora, la Condesa de Atouguia, la Marquesa de Alorna y sus hijas.

El 13 de Enero de 1759, tuvo lugar en la Plaza de Belém, en Lisboa, la atroz ejecución de todos los miembros de la Casa de Távora y del 8º Duque de Aveiro, en presencia de la Familia Real y toda la Corte Lusa. En medio del patíbulo, yace el cuerpo decapitado de la 3ª Marquesa de Távora.

Al mismo tiempo, se creó una junta o tribunal especial presidido por los tres ministros de Estado que debían juzgar a los acusados. La nominación de un tribunal especial fue, sin duda, la primera de las iniquidades cometidas a lo largo del proceso, permitiendo que fuera presidido por los secretarios de Estado y que, aunque algunos de ellos no tuvieran intereses en el asunto, siempre permanecían siendo los representantes del rey y, por consiguiente, los representantes de la acusación.

Suplicio y ejecución de José de Mascarenhas da Silva e Lencastre, 8º Duque de Aveiro (1708-1759), el 13 de Enero de 1759.

Todo ese lúgubre proceso se desarrolló en el mayor de los secretos, y los pocos rumores que llegaban desde las cárceles venían a sobresaltar, de cuando en cuando, la opinión pública. Las confesiones fueron arrancadas a base de crueles torturas, hasta conseguir que unos y otros se acusaran de complicidad, pero lo cierto es que muchas de ellas no se aguantaban por ningún lado y que hubieron más víctimas inocentes que auténticos culpables en este juicio arbitrario.

En cuanto al tema de su guerra particular contra los jesuitas, huelga decir que Sebastiao José de Carvalho intentó por todos los medios encontrar indicios de complicidad de la Compañía en el atentado contra el rey, aunque sin éxito. Y es que, desde que había accedido al poder, Carvalho se vio constantemente frenado en sus reformas por el inmobilismo de los jesuitas, por lo que le era vital tumbar semejante obstáculo. Los jesuitas eran su gran preocupación por ser un obstáculo invencible a su programa de regeneración social. Dominaban en todas partes, reinaban sobre las conciencias desde los confesionarios, sobre los espíritus desde las aulas escolares y universitarias, y la educación del pueblo dirigida por ellos era la más funesta que podía haber con su inmobilidad perpétua. Peor aún, defendían la teoría de que el rey debía someterse a la voluntad del pueblo y no al revés, lo que se interpretaba como una propaganda subversiva en el Gobierno. Y, por si fuera poco, se habían hecho fuertes en las colonias de ultramar con sus misiones que se iban multiplicando a un ritmo imparable, poniendo no pocas trabas a las iniciativas de los gobernadores generales y virreyes. La situación había adquirido tintes inadmisibles, sobretodo cuando España cedió a Portugal la colonia de Paraguay, completamente dominada por la Compañía de Jesús, y que se resistió al dominio portugués. Fue necesario emprender contra los paraguayos una campaña en toda regla, dirigida por el gobernador de Río de Janeiro, Gomes Freire de Andrade, como en ambos lados del Amazonas fue necesario que el hermano del ministro, Francisco Xavier de Mendonça, tomase medidas enérgicas para conseguir que se cumpliera el tratado entre las dos naciones en relación a los límites brasileños del Norte.

Retrato de Don Francisco Xavier de Mendonça Furtado (1700-1779), Capitán General y Gobernador General de Grao-Pará y Maranhao (Brasil) entre 1751 y 1759.

Decidido a acabar con esta oposición, denunció ante Roma la decadencia y corrupción de la Compañía de Jesús, requiriendo que fuese investigada por el cardenal patriarca de Lisboa, llegando al papa Benedicto XIV -en el retrato de la izq.-numerosos informes negativos sobre el estado de la orden. Luego, consiguió que fuesen suspendidos de ejercicio todos los jesuitas y apartados de sus confesionarios y púlpitos en todas las diócesis portuguesas y, al mismo tiempo, ordenaba la expulsión de los confesores jesuitas de la corte. En cuestión de semanas, Carvalho -que ya era Conde de Oeiras desde el 15 de julio de 1759- mandaba rodear las casas de los jesuitas por el ejército y decretaba la expulsión de la Compañía fuera de todos los territorios portugueses, asi como la confiscación de todos sus bienes (3 de septiembre de 1759), pese a las recomendaciones de Roma para que no fuesen desterrados. Haciendo caso omiso del nuevo papa Clemente XIII y de sus disposiciones, el flamante Conde de Oeiras mandó a los jesuitas a Roma por vía marítima, hizo saber al núncio apostólico Cardenal Acciaioli que ya no era persona grata en la corte lusa y en el país, mandándolo escoltar por un destacamento de 30 dragones hasta la frontera, y llamaba a consulta a su embajador Francisco de Almada interrumpiendo así las relaciones entre Lisboa y Roma. Luego vendrían las repetidas instancias al Vaticano para que se procediera a la extinción y disolución de la Compañía de Jesús. Es de imaginar la presión diplomática ejercida conjuntamente por Portugal, España, Francia, Parma y Nápoles-Sicilia para que el papa sentenciara la orden. Clemente XIII intentó resistirse pero, al ver coaligada casi toda la Europa Católica contra él y los jesuitas, murió aterrado dejando la patata caliente a su sucesor Clemente XIV quien, en 1773, puso fin al tema sancionando la supresión de la orden.

Vencidos sus enemigos, abatida la oposición reaccionaria del alto clero, suprimida la censura eclesiástica y neutralizada la Inquisición, Pombal pudo dar cuerpo a todas sus reformas y sacudir de su letargo a todo un pueblo que llevaba demasiados siglos inmerso en la beatería y la devoción más retrógrada de toda Europa. De hecho, entre 1762 y 1777, se establece la época más brillante de la administración pombalina y la figura del ministro se convierte en la referencia por excelencia del reformismo ilustrado europeo, en el ejemplo a seguir, a imitar. La fama y la influencia de Pombal serán, desde luego, grandes.

La Marquesa de Pombal

Retrato de la Condesa Eleonora "Leonor" Ernestina von und zu Daun, Condesa de Oeiras y de Redinha y Marquesa de Pombal (1721-1789). / Abajo, las armas blasonadas de Don Sebastiao José de Carvalho e Melo, como 1er Conde de Oeiras y de Redinha, representadas en un documento de la época.

A medida que su marido se convierte en el hombre más poderoso de Portugal, Leonor aprovecha para gobernar su casa e interviene en todas las decisiones concernientes al hogar. Ella misma deja su huella en la construcción del magnífico palacio que poseen en Oeiras, asi como en el diseño de los jardines a la francesa. Al fin y al cabo, Sebastiao José está demasiado absorbido por los asuntos de Estado que requieren una dedicación plena. Huelga decir que le brindará, por cierto, tal posición en la corte lisboeta que se multiplicarán los desaires y las envidias alrededor de la pareja. Si de Leonor no pueden decir mucho porque es una Daun, con Sebastiao José se ensañan a gusto metiéndose con los orígenes de su linaje fidalgo, menospreciándole abiertamente en los salones de la alta aristocracia encarnada, sobretodo, por la altiva Marquesa Leonor de Távora y su pariente el Duque de Aveiro.

Pero los acontecimientos posteriores darán un giro en beneficio de la familia Carvalho-Daun...

Leonor se reveló como un importante e inestimable apoyo en la vida de su marido, manifestando en su correspondencia personal mucho afecto, determinación y una gran serenidad que dejó vislumbrar en la forma en que reaccionó en algunos momentos importantes de su existencia. Un buen ejemplo de su temple lo encontramos durante la tragedia que tuvo lugar el 1 de noviembre de 1755, con el fatídico terremoto que arrasó Lisboa. Después de salvar a sus hijos de morir aplastados, se fue con ellos por las calles en ruinas y sorteó los innumerables escombros de los edificios hundidos o incendiados en busca de su marido, sin dejarse dominar por el pánico en ningún momento.

A raíz del terremoto de Lisboa, Sebastiao José, que había demostrado mucha sangre fría y determinación para evitar epidemias entre los lisboetas damnificados, obtuvo del rey mayores poderes sobre los demás ministros de la Corona y libertad de acción para llevar los asuntos de Estado. Su ascensión en el seno del Consejo Real no fue sin provocar mayores recelos entre la alta nobleza y el clero, y las fricciones se multiplicaron en el seno de la corte. Sus ideas ilustradas y su programa de reformas inspiradas en los filósofos franceses disgustaban soberanamente en los cenáculos de la aristocracia proverbialmente conservadora que, además, se veía paulatinamente apartada de los grandes empleos y del poder. Tampoco fue bien acogida su reconstrucción de la capital arrasada por el seísmo, que seguían los nuevos e innovadores dictados de la arquitectura urbana europea en boga, con sus trazados rectilíneos, sus plazas, avenidas y calles anchas... Los nobles echaban de menos la antigua estructura medieval de la capital.

Perspectiva de la nueva Plaza de Comercio sobre el antiguo emplazamiento del "Terreiro do Paço", en cuyo centro fue erigida la estátua ecuestre del Rey Don José I de Portugal y solemnemente inaugurada en 1776.

Años amargos

Tanto en lo bueno como en lo malo, Leonor siempre estuvo apoyando o consolando a su marido. Después de los brillantes años que van de 1750 a 1777, en los que Leonor se convierte sucesivamente en 1ª condesa de Oeiras y de Redinha (1759) y en 1ª marquesa de Pombal (1769) y ostenta un cargo en la corte como dama de la reina Mariana-Victoria de Borbón, vinieron los años lúgubres en los que la nueva soberana María I se ensañó con ellos, aunque sobretodo con el marqués entre 1777 y 1782. No contenta con cesarle a golpe de decreto, tras fallecer el rey José I el 24 de febrero de 1777, le desterró junto con su familia e intentó procesarle por varias causas, pero las penas nunca pudieron ser aplicadas. Sus antiguos enemigos, liberados de las cárceles o regresados del destierro, se emplearon a fondo para difamarle y difundir insultantes calumnias a las que intentó replicar enérgicamente. Otros, que antaño habían firmado contratos con Pombal, le demandaron judicialmente para obtener indemnizaciones. Mandaron, además, arrancar su efigie grabada en un medallón de bronce que figuraba en el pedestal de la estátua ecuestre de Don José I -que él mandó erigir en medio de la Plaza del Comercio de Lisboa e inaugurada en 1776-, para reemplazarla con otra representando un navío, símbolo de la ciudad de Lisboa; no sería hasta 1833, cuando se decidió, mediante decreto, reparar aquella barbaridad y reintegrar el perfil de Pombal en el lugar exacto del pedestal, por haber sido el mayor y el mejor de los estadistas que Portugal había conocido a lo largo de su historia.

Modelo en terracota de la estátua ecuestre del Rey Don José I de Portugal, destinada a presidir la Plaza del Comercio de Lisboa, y que se encuentra en la Colección de Pombal en el Palacio de Oeiras.

En el poder, fue reemplazado por el afamado a la par que inútil erudito de salón don Pedro José de Noronha Camoes de Albuquerque Moniz e Sousa, 3er Marqués de Angeja (1716-1788) quien, gracias a su posición de amigo íntimo del Infante Don Pedro III y gracias a la flaqueza de la reina María I (que no sabía negarse a una petición de su consorte), accedió al gobierno como presidente de la Real Hacienda.

Había sido siempre contrario al gobierno reformista y racionalista del Marqués de Pombal, pero lo disimuló tan bien que jamás el gran ministro lo consideró como un enemigo, admitiendo a sus próximos que Angeja "era de esos pocos hombres en cuyos pensamientos e intenciones nunca pude penetrar". El caso es que, como principal ministro del nuevo gobierno formado por María I a partir de 1777, Angeja carecía de experiencia y le dominaba un único objetivo: deshacer todo lo que había hecho Pombal durante el reinado anterior. Reaccionario y conservador, mandó incluso interrumpir momentáneamente la reconstrucción y modernización de Lisboa. Fue entonces cuando el pueblo portugués empezó a echar de menos al antiguo gran ministro y a acuñar la popular expresión de "mal por mal antes Pombal".

Doble retrato de la Reina María I de Portugal (1734-1816) y de marido y tío el Infante Don Pedro III de Braganza, rey consorte (1717-1786), en un cuadro fechado en 1777, año de su ascensión al trono luso.

A pesar de cumular distintos cargos en el seno del Gobierno Luso y en la corte, el Marqués de Angeja no parece haber hecho nada útil y relevante durante su ministerio que fuera digno de mención. Lo único que se sabe, es que se dedicó a prodigar favores a sus amigos y parientes, y a constituirse una gran colección de arte en su palacio lisboeta. En 1783, dimitía de todas sus funciones ministeriales por motivos de salud, siendo reemplazado por Tomás Xavier de Lima Nogueira Vasconcelos Teles da Silva, Vizconde de Vila Nova da Cerveira (futuro 1er Marqués de Ponte de Lima en 1790), quien asumíría las carteras de Asuntos Exteriores y de la Guerra, asi como la de Hacienda, convirtiéndose en el primer ministro de la monarquía entre 1786 y 1788.

Sería interesante enumerar a los sucesores de Pombal al frente del Gobierno en calidad de primer ministros: Aires de Sá e Melo entre 1777 y 1785, y Martinho de Melo e Castro entre 1785 y 1786, predecesores de Tomás Xavier Teles da Silva.

Perdón y muerte

Las contrariedades, difamaciones y penurias sufridas por el marqués pasarían factura a su delicada salud. Después de padecer lo indecible, y tras solicitar el perdón real por escrito, la reina María I tuvo a bien perdonarle en atención a sus años y achaques mediante un real decreto firmado el 16 de agosto de 1781. Pombal tenía entonces 82 años. En realidad, la reina tuvo que poner un término a su persecución contra el marqués, so pena de condenar también públicamente a su propio padre y predecesor Don José I. El perdón cayó como en saco roto, en medio de una general indiferencia y en una época en que la opinión pública, si es que existía entonces, no echaba de menos al gran ministro como tampoco le compadecía en sus desgracias. Al marqués no le consoló el saberse perdonado sino que más bien le debió de sentar como una humillante bofetada por parte de una corona desagradecida. Diez meses sobrevivió al vergonzoso y tardío perdón real; largos y penosos, en los que la enfermedad se cebó dolorosamente con el marqués.

La muerte le sobrevino la noche del 8 de mayo de 1782, a la edad de 83 años, en su residencia de Pombal y rodeado por su mujer, hijos, nueras y nietos que le lloraron sinceramente. El 11 de mayo siguiente, su cadáver fue conducido hasta su última morada en la iglesia del convento pombalino de San Antonio, sobre un carruaje fúnebre tirado por seis caballos. La ceremonia fue oficiada por su fiel amigo el obispo de Coimbra, Francisco de Lemos, acompañado por el fraile benedictino Fray Joaquim de Santa Clara, notable orador religioso de su época y autor de su oración fúnebre.

Sus restos serían más tarde exhumados y trasladados, en medio de unas solemnes exequias, a la capilla familiar de la Iglesia de Nuestra Señora de las Mercedes en Lisboa (1 de junio de 1856). Para entonces, la figura del marqués de Pombal ya había sido rehabilitada y honrada su memoria en los libros de historia.

Leonor Ernestina von Daun, Marquesa vda. de Pombal, tenía entonces 60 años cuando se despide del hombre de su vida a pie de sepultura. Si hay algo que reseñar sobre ella, es que siempre se condujo de manera discreta y prefirió, al protagonismo típico de las trepas, permanecer a la sombra de su marido que, por cierto, eclipsaba a cualquiera por razones de sobras conocidas. Devota esposa e intachable señora de su casa, la marquesa viuda supo atraerse la amistad de dos reinas (Maria-Ana Josefa de Austria, consorte de Juan V & Mariana-Victoria de Borbón, consorte de José I) y de todos los que pudieron tratarla, gozando además de la estima y respeto de su servidumbre y de las gentes de Pombal, Oeiras y Lisboa. No se han encontrado testimonios que la acusasen de haberse aprovechado de su alta posición durante el largo mandato de su esposo. Soportó estóicamente, junto al marqués, el exilio y la encarnizada persecución de la que fue víctima sin desfallecer un solo momento, del mismo modo que permaneció junto a él cuidándole hasta el último minuto de vida.

Leonor Ernestina sobrevivió al marqués casi siete años, falleciendo en su palacio de la Rua Formosa de Lisboa el 3 de enero de 1789, a la edad de 68 años y recibiendo sepultura en la capilla familiar de la Iglesia de Na. Sra. de las Mercedes.

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LA MARQUESA DE POMBAL -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 18 feb En: Biografías Portugal - 2 comentarios

ELEONOR ERNESTINA, CONDESA VON und ZU DAUN

MARQUESA DE POMBAL & CONDESA DE OEIRAS

1721 - 1789

LA ESPOSA DEL HOMBRE MÁS PODEROSO DE PORTUGAL

-Primera Parte-

La Familia de Leonor

Los portugueses la conocen como doña Leonor Ernestina (de) Daun y, obviamente, como la 1ª condesa de Oeiras y 1ª marquesa de Pombal, y suelen confudirse respecto a su procedencia genealógica colocándola como "hija" del célebre mariscal austríaco Leopold Joseph von Daun, Príncipe de Thiano; nada más lejos de la realidad.

La Condesa Eleonora Ernestine von und zu Daun nació en Viena el 2 de noviembre de 1721, siendo la quinta hija del Conde Heinrich Reichard Lorenz von und zu Daun (1673-1729) y de su segunda mujer la Condesa Maria Violante Josepha von Poymund und Payersberg (1692-1758). El padre de nuestra dama pertenecía a un ilustre linaje de la alta y orgullosa nobleza austríaca, siendo el penúltimo de cinco hermanos nacidos del matrimonio entre del Mariscal Conde Wilhelm Johann von und zu Daun (1621-1706) y de su segunda esposa la Condesa Anna Maria Magdalena von Althann (1635-1712)*. Le precedían en la cuna a éste los siguientes:

-Condesa Beatrix Franziska von und zu Daun (1666-1701); c.c. Thomas Gundacker, Conde von Starhemberg (1663-1745).

-Wirich Philipp, Conde von und zu Daun (1668-1741), 1er Marqués de Rívoli (1706), 1er Príncipe de Thiano (1711); c.c. Condesa Maria Barbara von Herberstein (1675-1735).

-Condesa Dorothea Constantia von und zu Daun (+1738); c.c. Hannibal Alphons Emanuel, Príncipe Porcia (1679-1737).

-Heinrich Dietrich Martin, Conde von und zu Daun (1678-1761)

(*)_Anna Maria Magdalena, nacida Condesa von Althann y, por matrimonio, Condesa consorte von und zu Daun, era hija del Conde Eustachius Rudolf von Althann (+1642) y de la Baronesa Anna Maria von Teuffenbach (+1643).

Retrato del Conde Wirich Philipp Lorenz von und zu Daun (1669-1741), 1er Marqués de Rívoli y 1er Príncipe von Thiano, G.E. & Caballero del Toisón de Oro; fue el tío paterno de la futura Marquesa de Pombal. / Abajo, a la izq., retrato de Carlos VI de Austria (1685-1740), Emperador Romano Germánico de 1711 a 1740.

Su hermano mayor, el conde Wirich Philipp Lorenz von und zu Daun nació en Viena el 19 de octubre de 1669 y fallecería en la misma ciudad el 30 de julio de 1741. Orientado a la carrera militar tal y como le correspondía, empezó en el seno del regimiento de su propio padre, que era mariscal de campo. Dicha carrera fue, por lo menos, afortunada en muchos sentidos: se ilustró siendo ya mariscal de campo (desde 1694) bajo las órdenes del príncipe Eugenio de Saboya-Carignano, durante la Guerra de Sucesión Española y se cubrió de gloria durante el asedio de Turín en 1706, consiguiendo mantener el control de la ciudadela y de la capital piamontesa frente a los asaltos del ejército franco-español del 17 de junio al 7 de septiembre, fecha en que Turín fue finalmente liberada. Aquello le valió el reconocimiento del Duque Víctor-Amadeo II de Saboya, quien le confirió el título de Marqués de Rívoli (1706). En 1707, conquistó la plaza napolitana de Gaeta y luego estuvo al mando del ejército imperial (como sustituto del príncipe Eugenio) para la campaña de conquista de Cerdeña, que llevó a cabo con éxito, lo que le mereció el posterior nombramiento imperial de virrey de Nápoles en 1707-1708 y nuevamente en 1713, sucediendo en el cargo a sus antecesores Georg Adam von Martinitz y el príncipe Carlo Borromeo. Como virrey de Nápoles consiguió, sorprendentemente, hacerse estimar universalmente por los napolitanos, por lo que gozó de gran popularidad. Al cabo de seis años de virreinato, sería relevado por Johann Wenzel Gallas. Previamente, el emperador Carlos VI le había otorgado el ducado napolitano de Teano, en la provincia de Caserta, que había sido anteriormente confiscado a la Duquesa de Medina Sidonia. Sin embargo, el afortunado mariscal de campo solicitó permutar el ducado napolitano por la tierra de Ablöse, en Austria. En cualquier caso, Carlos VI le confirió el título de Príncipe von Thiano y del S.S.I.R.G. (reichsfürst von Thiano), que venía a ser una deformación germana del nombre del ducado de Teano (1711). Por otro lado, se le concedió la Grandeza Española y el collar de la Orden Austríaca del Toisón de Oro, que no era poco, con beneplácito del rey Felipe V. En 1719, el emperador le ponía al mando de la Artillería Imperial (cargo que ostentó hasta 1725) y le nombraba gobernador militar de la ciudad de Viena. Por esas fechas, encomendó al arquitecto de la corte Lukas von Hildebrandt la construcción del Palacio Daun-Kinsky en la capital del Danubio.

En 1724, cambiaba de destino y se hacía cargo de la gobernación general de los Países Bajos Austríacos por espacio de cuatro años. En 1728, era nombrado nuevo gobernador del Milanesado.

En Milán, no fue tan afortunado y cayó en desgracia, al no conseguir repeler el ataque de las tropas del duque Carlos-Manuel III de Saboya, rey de Cerdeña y aliado de Francia -en la ilustración superior izq.-. Vencido, tuvo que rendirse a los sardos y abandonarles el Milanesado. Mal acogida la noticia en Viena, Carlos VI le fulminó cesándole en todos sus cargos y mandos militares. Depuesto, fue reemplazado en el mando por el mariscal de campo Conde Claudius-Florimund von Mercy (1666-1734) -en la ilustración derecha- y llamado a Viena para defenderse de las acusaciones en un consejo de guerra, cuyo veredicto no le fue en absoluto favorable. Años después, tras una constante lucha personal por defender sus actuaciones y su honor, conseguiría ser finalmente rehabilitado.

El 4 de marzo de 1696, contrajo matrimonio con la Condesa Maria Barbara von Herberstein (1675-1735), quien le dio un único hijo varón: el Conde Leopold Joseph von und zu Daun (1705-1766), 2º Marqués de Rívoli y Príncipe von Thiano, nacido el 24 de septiembre de 1705, y que sería el célebre mariscal universalmente conocido en la Historia por su papel en las guerras de sucesión Austríaca y de los Siete Años. Éste casaría el 1 de marzo de 1745 con la Condesa Maria Josepha Fuchs von Bimbach (1711-1764), que le daría tan solo una hija llamada Maria-Theresia von und zu Daun (1745-1777).

Retrato del Feldmarschall Conde Leopold Joseph von und zu Daun (1705-1766), 2º Marqués de Rivoli y Príncipe von Thiano; el primo-hermano de la futura Marquesa de Pombal.

Queda, por tanto, bien aclarado que Leonor Ernestina es la sobrina carnal del conde Wirich Philipp Lorenz y prima-hermana de su hijo el conde Leopold Joseph von und zu Daun.

Precisar también que, tanto su padre como su otro tío Heinrich Dietrich Martin abrazaron igualmente la carrera militar con más o menos fortuna, aunque éstos no tuvieron la misma relevancia histórica pese a sus rangos de mariscales de campo del ejército austríaco y las distinciones conseguidas.

El padre de nuestra dama fue, aparte de su rango en el seno del ejército, secretario de Estado para la Guerra y Guarda Mayor General del S.S.I.R.G. Por otro lado, precisar que se había casado por dos veces, teniendo de ambos matrimonios un total de doce retoños. Viudo en primeras nupcias de Johanna Anna Katharina von Sporck, tuvo de ésta dos hijos varones:

-Johann Franz Bernhard, Conde von und zu Daun (n.1698-m.1745)

-Johann Benedikt Bernhard, Conde von und zu Daun (n.1700-m.1766)

Casado en segundas nupcias con Maria Violante Josepha von Poymund, Condesa von Payersberg, ésta le dio 10 hijos más, entre los cuales se encuentra nuestra Eleonora o Leonor:

-Heinrich August, Conde von und zu Daun (n.1715) -muerto en la cuna-

-Condesa Elisabeth Ernestine Maria Anna von und zu Daun (n.1716) -muerta en la cuna-

-Condesa Maria Leopoldine Barbara von und zu Daun (n.1718-m.1777); c.c. Carlo-Francesco Cicogna-Mozzoni, Conde di Terdobbiate Ternaco e Peltrengo => con descendencia

-Philipp Wirich Lorenz, Conde von und zu Daun, Obispo de Thiano

-Condesa Eleonore Ernestine von und zu Daun (n.1721-m.1789); c.c. Sebastiao José de Carvalho e Melo, 1er Marqués de Pombal y 1er Conde de Oeiras (n.1699-m.1782) => con descendencia

-Condesa Josepha Eleonora von und zu Daun (n.1726-m.1727)

-Condesa Maria Antonia Josepha von und zu Daun (n.1723) -muerta en la cuna-

-Karl Wilhelm Stanislaus, Conde von und zu Daun (n.1724-m.1792); c.c. Jakobine Walburga von Königsfeld (n.1720-m.1788) => con descendencia

-Franz von Paula Joseph, Conde von und zu Daun (n.1727); c.c. Condesa Maria Antonia von der Schulenburg-Oeynhausen => ?

-Condesa Maria Elisabetha Josepha von und zu Daun (n.1730); c.c. Nikolaus Heinrich Beckers, Barón von Wallhorn => ?

 

Encuentro y boda

Retrato de Sebastiao José de Carvalho e Melo (1699-1782), Embajador de Portugal en Viena entre 1745 y 1749. / Abajo, retrato de Manuel Teles da Silva, Conde Silva-Tarouca (1696-1771), diplomático luso afincado en Viena.

Eleonora Ernestine von Daun tenía 24 años cuando le presentaron al entonces embajador y ministro plenipotenciario del rey Juan V de Portugal en la corte de Viena, Sebastiao José de Carvalho e Melo**, quien tenía la misión de mediar en un conflicto surgido entre la Corona Imperial y la Santa Sede. La amistad trabada por Sebastiao José con el noble compatriota don Manuel Teles da Silva, Conde Silva-Tarouca y del S.S.I.R.G., que llevaba muchos años residiendo en Viena y tenía el cargo de consejero de la Casa Real, le abrieron las puertas de la flor y nata de la sociedad vienesa.

A fuerza de frecuentar con asiduidad los eventos oficiales que se producían en los palacios imperiales de La Hofburg y de Schönbrunn, y de figurar siempre entre los invitados de las múltiples fiestas y saraos que se ofrecían en los palacios vieneses de la aristocracia, Carvalho y la condesa von Daun se vieron repetidas veces.

Aunque Sebastiao José ya computaba 46 años -lo que se podría llamar una edad "otoñal" para su tiempo-, y había enterrado a su primera esposa, seguía teniendo el mismo temperamento apasionado que, en su juventud, le empujó a raptar a la que fue su amada para casarse con ella. En cuanto a la joven condesita austríaca, con sus 24 primaveras y con miedo a que se le pasara el arroz, ésta se mostró receptiva a los avances del viudo y diplomático portugués. La idea agradó sobremanera a la Reina de Portugal, nacida archiduquesa Maria-Ana Josefa de Austria, quien pensaba que con semejante unión se reforzarían los lazos y el buen entendimiento entre ambas cortes; aprobó y respaldó las pretensiones del suspirante, lo favoreció y allanó todo lo que buenamente pudo el terreno para que los Condes von Daun padres dieran su visto bueno. La familia de ella tuvo serios e iniciales reparos en conceder la mano de Eleonora al fidalgo luso, creyendo que éste no era lo bastante noble como para desposarse con su hija. Para conseguir que se avinieran a dar el permiso, la reina Maria-Ana tuvo que intervenir confirmándoles la añeja nobleza del linaje de los Carvalho. Tras obtener el doble permiso de la emperatriz Maria-Teresa y de sus padres, la joven condesa Eleonora Ernestine concedió con gusto su hermosa mano al cuarentón. La noticia del compromiso tuvo buena acogida en el seno de la familia real lusa como entre los miembros de la familia Carvalho en Lisboa.

Se casaron pues el 18 de diciembre de 1745 en Viena y pronto cayó encinta la flamante esposa. Sus tres primeros hijos verían, de hecho, la luz en la capital austríaca; los otros cuatro nacerían en Portugal. De los siete retoños habidos en total, tan solo cinco llegarían a la edad adulta:

-Henrique José de Carvalho Melo e Daun (1748-1812), 2º Marqués de Pombal, 2º Conde de Oeiras en 1782; (1784) c.c. Maria Antonia de Menezes => sin descendencia legítima

-Teresa Violante Eva de Carvalho Melo e Daun (1746-1823); (1759) c.c. Antonio de Sao Paio de Melo e Castro Moniz Torres de Lusignan, 1er Conde de Sao Paio => Marqueses de Sao Paio

-Maria Francisca de Carvalho Melo e Daun (n.1751-m.?); (1763) c.c. Cristovao Manoel de Vilhena => 1 hija Condesa de Alpedrinha

-Jose Francisco Xavier Maria de Carvalho Melo e Daun (1753-1821), 3er Marqués de Pombal, 3er Conde de Oeiras en 1812; (1768) c.c. Isabel Juliana Sousa Monteiro Paim; (1776) c.c. Francisca Maria de Paula do Pópulo Alburquerque da Silveira e Lorena => Marqueses de Pombal, Condes de Oeiras y de Redinha

-Maria Amalia de Carvalho Melo e Daun (n.1756-m.?); (1769) c.c. Joao Vicente de Saldanha Oliveira e Sousa, 1er Conde de Rio Maior => Condes de Rio Maior, de Alpedrinha, da Azinaga y Duques de Saldanha

Regreso y vida en Portugal

La feliz y serena pareja pasaría cuatro años en Viena hasta que Sebastiao José, en una carta dirigida al rey Juan V, rogó que le diesen el permiso para regresar a Lisboa, dando por terminada su estancia en la corte imperial. De hecho, el clima vienés no parecía sentarle nada bien al futuro marqués de Pombal, y su médico el afamado Doctor Van Swieten le recomendó que regresara a su patria, por tener un clima mucho más suave y benéfico para su salud. En el curso del año de 1749, el ministro de Asuntos Exteriores Luso resolverá aceptar su dimisión y su regreso a Lisboa, tras estar al tanto de su mala salud. Es pues a finales de 1749, cuando el matrimonio Carvalho-Daun hace sus baúles y se despide de las delicias vienesas, llegando a Lisboa el 1 de diciembre.

Vista del Palacio Real da Ribeira en Lisboa, a orillas del Tajo, y el famoso "Terreiro do Paço" o plaza del palacio, en un grabado de 1750, cinco años antes del terrible terremoto-maremoto que iba a arrasarlo todo.

Eleonora Ernestine pasará a ser llamada "donha Leonor" y tendrá que aclimatarse al ambiente cortesano portugués, que nada tiene que ver con la sonriente sociedad vienesa y la relajada etiqueta imperial que se ha deshecho de las protocolarias rigideces burgundas. Lisboa, desde luego, no es Viena. En la corte lusa, impera la influencia de la grandeur de Versailles, objeto de admiración por el melómano monarca Juan V que pretende emularla. Todo tiene que ser elegante, refinado, sofisticado, pomposo, teatral, ceremonioso,... a la francesa. Al rey le encanta la ópera, novedad importada de Italia por su madre; el teatro en menor medida, pero se suceden las representaciones, los saraos, conciertos y bailes en la corte.

Sin embargo, Sebastiao José de Carvalho e Melo tendrá una tensa audiencia con un enfermo e inválido Juan V. El soberano no está nada contento con su dimisión y tampoco satisfecho con sus gestiones en Viena; más bien las considera mediocres y lo despacha sin darle más destino que el de retirarse con su mujer e hijos a su residencia lisboeta, un palacio recién adquirido en la Rua Formosa. Bien puede ser que, ya entonces, algunos personajes de la corte que rodeaban al monarca, presintiendo que el caballero de Carvalho iba a tener una carrera prometedora visto su potencial, se dedicasen por celos a cortarle la hierba bajo los pies y a ponerle palos en las ruedas de su ascensión dentro de la administración. Cabe por tanto creer que ya tenía enemigos en el entorno real. Más benevolente, la reina Maria-Ana los felicita a ambos por su matrimonio y su hermosa prole, asegurándoles su amistad y protección... que no es poco.

Sebastiao José de Carvalho e Melo, Marqués de Pombal (1699-1782), rodeado de sus dos hermanos: Monseñor Don Paulo de Carvalho e Mendonça, Gran Prior de Guimaraes, Arzobispo y Cardenal Patriarca de Lisboa (1702-1770), y Don Francisco Xavier de Mendonça e Furtado (1700-1779), Capitán General y Gobernador General de Grao-Pará y Maranhaos.

El retiro será breve, ya que la reina nombrará a su tocaya para un puesto de dama de honor de su séquito. Alternando con los trajines cortesanos, Leonor encuentra el tiempo para atender a sus hijos ya nacidos y parir unos más, cuidar de su "casa" y recibir de cuando en cuando a sus cuñados, el Gran Prior de Guimaraes don Paulo de Carvalho e Mendonça -futuro arzobispo patriarca de Lisboa y cardenal- y al oficial don Francisco Xavier de Mendonça e Furtado -futuro Capitán General y Gobernador General de Grao-Pará y Maranhaos en Brasil-.

Al año siguiente (31 de julio de 1750), Juan V fallece y sube al trono su hijo José I quien, aconsejado por su madre la reina-viuda Maria-Ana, hace llamar a Sebastiao José a palacio para ofrecerle un puesto en el Consejo Real. El resto de la historia es conocida: la ascensión de Carvalho será progresiva e imparable hasta conseguir hacerse con el primer puesto y convertirse en el primer ministro de facto de Su Fidelísima Majestad.

El primer ministro de la monarquía lusa

El 3 de agosto de 1750, José I le entrega la cartera de la Guerra y de Asuntos Exteriores, siendo al mismo tiempo nombrado para la secretaría de Marina y de Ultramar Diogo de Mendonça e Corte-Real, hijo éste del antiguo ministro de Don Juan V. Al frente de la secretaría de Estado estaba entonces Pedro da Mota, que ya ejercía desde el reinado anterior en calidad de primer ministro.

Retrato de Don José I de Braganza (1714-1777), Rey de Portugal, de los Algarves y de Brasil de 1750 a 1777.

A raíz del terrible incendio del Hospital de Todos los Santos (10 de agosto de 1750), Carvalho adquirió notoriedad e influencia en el seno del Consejo del Rey. Dícese que gracias a su inteligencia superior y a su enérgica voluntad, Carvalho subyugó fácilmente a sus colegas con sus aplaudidas iniciativas. Lo cierto es que el futuro marqués de Pombal había entrado en el Consejo Real con proyectos ya concebidos y madurados largamente, con la firme intención de ejecutarlos y, si fuera necesario, pasar por encima de sus colegas con tal de llevarlos a cabo. Era un reformador en toda la extensión de la palabra. Estaba decidido a levantar su país hasta que alcanzase el nivel de las otras naciones europeas en todos los campos. El Cardenal de Richelieu era su modelo a seguir, su mejor ejemplo de determinación y eficacia; como él, deseaba consolidar el poder de la Corona con una única finalidad: la de introducir profundas alteraciones en el régimen portugués. Obviamente, tuvo en muchos casos ideas erróneas muy de su tiempo, también ideas preconcebidas y prejuicios personales,... pero poseía sobretodo ideas administrativas de gran alcance. Conocía muy bien los abusos del régimen vigente, los vicios del gobierno y del ejercicio del poder, percibiendo que un pueblo, so pena de caer en la decadencia, no podía persistir en sus atrasos y carencias. Por eso nunca le sorprendió ninguno de los progresos de su época, siempre decidido a aplicarlos en la sociedad portuguesa pese a los obstáculos y a las presiones contrarias de sectores que no admitían cambios ni modernizaciones.

Consideró una desgracia nacional la dependencia de Portugal respecto a Gran-Bretaña, amén de los tributos que se le pagaban anualmente con enormes sumas para adquirir productos británicos, entendiendo la necesidad de prohibir la exportación de metales preciosos bajo severas penas, queriendo asi restablecer el equilibrio de la balanza del comercio exigiendo que los ingleses se llevasen de Portugal mercancías cuyo valor correspondiese al precio de aquellas que les enviaban.

Pese a cometer algunos errores en el ámbito comercial y económico, no todo fueron desaciertos; Carvalho hizo un gran y generoso gesto cuando decretó e hizo efectiva la emancipación de los Indios de Brasil (27 de enero de 1751), reformó el ejército requiriendo el servicio de militares prusianos para restaurar la mermada disciplina en los cuarteles, restauró el orden y la seguridad policial en Lisboa, simplificó la percepción de los impuestos directos e indirectos, fundaba compañías comerciales y multiplicaba las fortificaciones de plazas y puertos costeros y fronterizos.

Dotado de una asombrosa energía y de un genio organizador, Carvalho hizo frente a la terrible catástrofe humanitaria que supuso el famoso Terremoto del 1 de Noviembre de 1755, demostrando estar a la altura de las circunstancias. Vino en ayuda de los damnificados, procurándoles abrigo y alimento para paliar su miseria, restableciendo el orden en la capital y cortando por lo sano los pillajes con ejecuciones ejemplarizantes a pie de calle. Al día siguiente de la tragedia, ya reunía a su alrededor a todo un equipo de arquitectos e ingenieros para abordar la reconstrucción de Lisboa, con una planificación urbanística mucho más vasta y regular de la que jamás tuvo la antigua capital. Encargó al arquitecto Eugenio dos Santos los trazados de las nuevas construcciones y mandó demarcar los terrenos de cada propietario, obligándolos a levantar sus casas dentro de un plazo máximo so pena de perderlos, ciñéndolos obligatoriamente a respetar los nuevos diseños arquitectónicos indicados. De esa "dictadura" urbanística resultó la regularidad del casco antiguo reformado y hoy conocido como Baixa Pombalina.

La reconstrucción de la capital del reino fue tan diligente que levantó la admiración del embajador francés quien, en su correspondencia con Versailles, aseguró que no existía obra que Carvalho no pudiera emprender. En poco menos de un año, la mitad de la ciudad estaba levantada de nuevo.

Una de las medidas más provechosas que el gran ministro adoptó, fue la creación de una tasa del 4 % sobre todas las mercancías que entraban en el puerto de la capital, un verdadero impuesto sobre el consumo que aportó a las arcas del Estado una lluvia de millones que, en gran parte, sirvieron para financiar la reconstrucción de los edificios oficiales del Gobierno (ministerios), la Plaza del Comercio, el arsenal de la Marina, el arsenal del ejército, la edificación de la fortaleza Lippe en Elvas y las reparaciones y fortificaciones de muchas otras plazas del reino.

(**)_Sebastiao José de Carvalho e Melo (1699-1782), había contraído un primer matrimonio el 16 de enero de 1723 con la sobrina de los Condes de Arcos, Teresa de Noronha e Bourbon (1689-1739), dama de honor de la reina e hija de Don Bernardo de Noronha y de Doña Maria-Antonia de Almada, ya viuda de un anterior matrimonio contraído en 1714 con su primo Don Antonio de Mendonça e Furtado, fallecido en 1718. Los suegros no contribuyeron a que la pareja tuviese una vida apacible y, hartos de las trifulcas familiares, abandonaron la casa de éstos para instalarse en una finca que tenía él en Soure.

Sebastiao José de Carvalho había abrazado la carrera de Derecho en la Universidad de Coimbra, pero su temperamento soportó bastante mal las estrictas normas universitarias y abandonó sus estudios para enrolarse en el ejército portugués, adquiriendo el rango de cadete. Dado que las exigencias de obediencia eran aún más implacables que en la universidad, Sebastiao José no tardó en dimitir para dedicarse a una vida más ociosa, sin por ello dejar de lado sus estudios de historia, política y derecho. En esa época se benefició de la preciosa amistad del Cardenal Mota, prelado influyente de la corte lisboeta y amigo de su tío el arcipreste Paulo de Carvalho, ya que éste le introdujo en palacio recomendándole para que sirviera en el ministerio de Asuntos Exteriores.

En 1739, obtuvo su nominación como ministro plenipotenciario en Londres, prestando allí relevantes servicios y mostrando su gran energía e inteligencia al conseguir arrancar al ministerio del Duque de Newcastle, muchas licencias para los negociantes lusos que operaban en la ciudad del Támesis. También consiguió el derecho, para el Gobierno Luso, de castigar los excesos y abusos de los capitanes de los navíos ingleses en territorio portugués.

Fue en el curso de su embajada londinense cuando tuvo el disgusto de perder a su esposa, fallecida el 27 de marzo de 1739. Ésta le había dejado todos sus cuantiosos bienes, tras testar en su favor. Por otro lado, el rey Juan V le ordenó que reuniese en Inglaterra una colección de bíblias hebráicas y todo cuanto tuviera que ver con los ritos, leyes y costumbres de los judíos en cualquier lengua viva. Aquella preciosa colección llegaría a Lisboa en 1743, siendo destinada a enriquecer la ya de por si impresionante biblioteca del Palacio Real da Ribeira.

El modo en que el hábil Sebastiao José de Carvalho dirigió los asuntos en Londres, llamó la atención del Gobierno Portugués y empujó al rey a darle un nuevo destino como embajador y mediador en Viena, aprovechando una disputa entre el emperador Francisco I y el papa Benedicto XIV (1745). Ciertamente, sus gestiones llevaron el espinoso tema a buen puerto: Francisco I había encajado muy mal que el Vaticano no confirmase a la persona de su elección para el importante electorado-arzobispado de Magúncia. Finalmente, consiguió que ambas partes se pusieran de acuerdo y el incidente diplomático se dio por cerrado.

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EL MARQUES DE POMBAL

Posteado por: retratosdelahistoria el 14 feb En: Biografías Portugal - sin comentarios

SEBASTIAO JOSE DE CARVALHO E MELO

1er Marqués de Pombal & Conde de Oeiras

1699 - 1782

 

El personaje:

Sebastiao José de Carvalho e Melo, más conocido por su título de Marqués de Pombal y Conde de Oeiras, fue un aristócrata y gran estadista portugués.

Primer ministro del rey José I de Portugal, siendo aún considerado, a día de hoy, una de las figuras más controvertidas y carismáticas de la Historia Portuguesa, representó el despotismo ilustrado en su país, a lo largo de la 2ª mitad del siglo XVIII. Desempeñó un papel crucial en la aproximación de Portugal a la realidad económica y social de los países del Norte de Europa, mucho más dinámica que la lusa. Inició varias reformas administrativas, económicas y sociales. Acabó con la práctica de los Autos de Fe en Portugal y con la discriminación de los cristianos nuevos, a pesar de no extinguir oficialmente la Inquisición Portuguesa, que estuvo en vigor hasta 1821.

Principal responsable de la expulsión de los Jesuitas de Portugal y de sus colonias de ultramar, su administración fue marcada por dos contrariedades notables: el terremoto de Lisboa de 1755, un desafío que le confirió el papel histórico de renovador arquitectónico de la ciudad y, poco después, el Proceso de los Távora, una intriga nobiliaria con consecuencias dramáticas.

Nota: en 1759, el rey don José I le concede el título de 1er conde de Oeiras para premiar sus servicios a la Corona. Diez años después, en 1769 y contando 71 años de edad, se le confiere el título de 1er marqués de Pombal.

Familia:

Padre: don Manuel de Carvalho e Ataíde (n.1676-m.?)

Madre: doña Teresa Luisa de Mendonça e Melo (n.1684-m.?)

Hermanos:

1/-don Francisco Xavier de Mendonça e Furtado (n.1700-m.1779), Capitán General & Gobernador Gal.

2/-Cardenal don Paulo de Carvalho e Mendonça (n.1702-m.1770), Arzobispo Patriarca de Lisboa. 

casado con:

1º)-doña Teresa de Noronha e Bourbon Mendonça e Almada (n.1689-m.1739)

2º)-doña Leonor Ernestina, Condesa von und zu Daun (n.1721-m.1789) 

Hijos del 2º matrimonio:

-Henrique José de Carvalho Melo e Daun, 2º Marqués de Pombal, 2º Conde de Oeiras; c.c. Maria Antonia de Menezes

-Teresa Violante Eva de Carvalho Melo e Daun; c.c. Antonio de Sao Paio de Melo e Castro Moniz Torres de Lusignan, 1er Conde de Sao Paio.

-Maria Francisca de Carvalho Melo e Daun; c.c. Cristovao de Vilhena

-Jose Francisco Xavier Maria de Carvalho Melo e Daun, 3er Marqués de Pombal, 3er Conde de Oeiras;  c.c. Francisca de Paula de Lorena.

-Maria Amalia de Carvalho Melo e Daun; c.c. Joao Vicente de Saldanha Oliveira e Sousa, 1er Conde de Rio Maior.

Biografía:

Nacido el 13 de mayo de 1699 en Lisboa (Portugal), falleció el 8 de mayo de 1782. Hijo de un provinciano fidalgo al servicio de la Casa Real Lusa, el capitán de caballería Manuel de Carvalho e Ataíde, gentilhombre de la Cámara Real, que tenía su solar en la región de Leiria y de una descendiente de la ilustre Casa de Távora (o Tábora, en castellano), Teresa Luisa de Mendonça e Melo. Pasó su juventud estudiando derecho en la Universidad de Coimbra y sirvió en el ejército en un corto período de tiempo. Cuando se mudó a la capital, Lisboa, era entonces un joven turbulento hasta que se casó con la que iba a ser su primera esposa, Teresa de Noronha e Bourbon de Mendonça e Almada (1689-1737), en 1723, sobrina ésta del conde de Arcos. El matrimonio fue fruto de un arreglo familiar después de un rapto consentido que provocó un sonado escándalo. Faltando el pecunio suficiente para llevar una vida acorde a su posición en la urbe lisboeta, y porque los suegros eran insoportables, se retiraron en sus propiedades próximas a la localidad de Pombal.

Retrato de Don Juan IV de Braganza (1689-1750), Rey de Portugal y de los Algarves entre 1706 y 1750, en un grabado ejecutado a partir del original al óleo de Carlo-Antonio Leoni.

Retrato de la Archiduquesa Maria-Ana Josefa de Austria (1683-1754), Reina consorte de Portugal y de los Algarves, en un grabado ejecutado según el original realizado por Jean Ranc.

En 1738, un año antes de quedarse viudo, Sebastian Jose de Carvalho fue nombrado para su primer cargo público como embajador de Portugal en Londres. En 1745 fue transferido a Viena. Después de la muerte de su primera esposa, la reina de Portugal, Maria-Ana Josefa de Austria, teniendo amistad con el flamante embajador, intervino para arreglar un nuevo enlace de éste con una prima-hermana del mariscal austríaco Conde von Daun y Príncipe von Thiano, hija de una dama de honor de la emperatriz viuda. Sin embargo, el rey Juan V se mostró poco satisfecho con los servicios rendidos por Carvalho y a su regreso a Portugal en 1749, no le dio nuevo destino ni empleo. Al año siguiente, el monarca fallecía y, de acuerdo con una recomendación de la reina viuda, el nuevo rey José I de Portugal nombró a Sebastián de Carvalho nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Al contrario de su padre y predecesor en el trono, José I se mostró más benévolo con él, confiandole gradualmente el control del Gobierno Luso.

Retrato de Don José I de Braganza (1714-1777), Rey de Portugal y de los Algarves entre 1750 y 1777.

El año de 1755 marca el zénit de la carrera política de Carvalho, puesto que en ese momento José I le convierte en su primer ministro. Gobernó con mano de hierro, imponiendo el cumplimiento de la ley a todas las clases sociales, desde las más humildes hasta las más encumbradas. Impresionado por el éxito económico inglés, intentó con fortuna implantar similares medidas en el sistema económico luso. Bajo su gobierno, el vino de Porto adquirió un prestigio internacional en el mercado, consiguiendo exportarlo a todas las cortes europeas y, particularmente, siendo muy apreciado en la corte y alta sociedad británica.

En su gestión, el marqués de Pombal puso en práctica un vasto programa de reformas, cuyo objetivo era racionalizar la administración estatal sin perjudicar el poder de la corona. Para llegar a la meta fijada, el ministro incorporó algunas de las nuevas ideas divulgadas en Europa por los filósofos ilustrados, al mismo tiempo que conservaba aspectos del absolutismo y de la política mercantilista.

Pombal fue la figura clave del gobierno luso entre 1750 y 1777. Su gestión fue un claro ejemplo de despotismo ilustrado, forma de gobierno que combinaba la monarquía absolutista con el racionalismo ilustrado del siglo XVIII. Una de las notables realizaciones de Pombal, en 1774, fue la fundación de la Villa Real de Santo Antonio, cerca del río Guadiana, al sur del reino.

Abolió la esclavitud en las colonias de las Indias y liberó a los indígenas, reorganizó el ejército y la marina, reestructuró la Universidad de Coimbra y acabó con la discriminación social de los cristianos-nuevos (al menos en parte). Pero su más importante aportación fueron las reformas en el campo económico y financiero, con la creación de varias compañías y asociaciones corporativas que regularon la actividad comercial, así como la reforma del sistema fiscal. Naturalmente, todo ese cúmulo de reformas le granjearon la enemistad de las altas clases sociales, en especial la nobleza que lo despreciaba tachándole de "nuevo rico".

El terremoto de 1755

El desastre se abatió sobre Portugal la mañana del 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos. En esta fecha, Lisboa fue arrasada por un violento temblor de tierra con una intensidad estimada en 9 puntos en la escala de Richter. La ciudad fue completamente devastada por el temblor, seguido del maremoto y por los incendios. Sebastiao José de Carvalho sobrevivió al desastre por suerte, aunque no pareció impresionarle: no perdió la sangre fría ni la cabeza, como tampoco dejó contagiarse por el pánico generalizado. Inmediatamente trató el asunto de la reconstrucción de la capital. Célebre quedó su respuesta en aquel momento: "¿Y ahora? Enterremos a los muertos y alimentemos a los vivos."

Grabado de las ruinas de Lisboa, el Día 2 de Noviembre de 1755 / Abajo, otro grabado representando la destrucción del casco urbano lisboeta el Día 3 de Noviembre de 1755, tras el terremoto seguido de un maremoto y de un incendio generalizado que arrasó la capital a orillas de la desembocadura del Tajo.

A pesar de la calamidad, Lisboa no sufrió las temidas epidemias y, menos de un año después ya estaba reconstruida. La ciudad fue rediseñada por un grupo de arquitectos, con una orientación particular y novedosa que implicaba una resistencia a futuros terremotos. Se construyeron modelos para testar dicha resistencia, simulando terremotos con la colaboración de las tropas militares. De paso, Pombal hizo una importante contribución para la sismología: ordenó la elaboración y envío de una encuesta a todas las parroquias portuguesas afectadas, requiriendo todo tipo de detalles percibidos por la gente antes de la tragedia tales como el comportamiento de los animales domésticos, el nivel del agua de los pozos, la cantidad de edificios destruídos, etc.

Todas esas cuestiones permitieron a los científicos portugueses realizar una reconstrucción del terremoto, marcando el nacimiento de una nueva ciencia: la sismología.

Retrato de Don Sebastiao-José de Carvalho e Melo, 1er Marqués de Pombal y Conde de Oeiras (1699-1782), representado en 1766 como el reconstructor de Lisboa y artífice de la nueva prosperidad comercial de Portugal, según L.M. Van Loo.

La conspiración Távora-Aveiro

A consecuencia de la tragedia humanitaria de 1755, el rey otorgó a su primer ministro mayores poderes, convirtiéndole casi en un dictador. A medida que su poder iba acrecentándose, sus enemigos aumentaban en número y las disputas con la alta nobleza se volvieron más frecuentes.

Grabado reproduciendo el atentado del 13 de Septiembre de 1758 contra el Rey José I de Portugal. Regresando de incógnito a la residencia real de Ajuda después de estar con su amante, el monarca y su cochero fueron interceptados nocturnamente por tres jinetes que intentaron asesinarles.

En 1758, don José I fue herido en un atentado fallido. La ilustre familia de Távora y el duque de Aveiro fueron implicados en el intento de regicidio y ejecutados tras un juicio rápido. Dada la implicación de algunos jesuitas en la conspiración, Pombal no dudó en dictar la orden de expulsión de la Compañía de Jesús, porque su influencia en la sociedad portuguesa y sus conexiones internacionales se habían convertido en una traba al fortalecimiento del poder de la monarquía.

Grabado reproduciendo la ejecución capital de las familias de Távora y Aveiro el 13 de Enero de 1759, en la Plaza lisboeta de Belém.

Pombal no mostró piedad alguna persiguiendo a los conspiradores, incluyendo a sus mujeres y criados. Con este golpe mortal al poder de la aristocracia lusa, el primer ministro obtuvo una sonada victoria sobre sus enemigos más acérrimos. Por su rápida actuación en el fallido regicidio, éste se vió recompensado por el rey con el título de 1er conde de Oeiras y de Redinha (1759) -en la ilustración de la izq., el blasón del linaje de Carvalho que fue llevado por el marqués de Pombal-.

Después del Caso Távora, el flamante conde de Oeiras no encontró oposición alguna y buena prueba de ello es la obtención del marquesado de Pombal (1769) de manos del rey José I, y la acumulación de atribuciones ministeriales que le convirtieron en el nuevo "visir" de Portugal, en el valido y auténtico gobernante del reino luso hasta la defunción del monarca en 1777.

Su sucesora, la reina María I -que fue la primera mujer en subir al trono luso- y su marido y tío, el rey consorte don Pedro III detestaban al marqués de Pombal. María I nunca perdonó al primer ministro su falta de piedad a la hora de llevar ante los tribunales a la ilustre familia Távora, inculpada en el intento de regicidio junto a otros altos personajes y religiosos jesuitas y, al posesionarse del trono, le retiró todos los cargos que había acumulado en los años de servicio a la Corona. Tras exigir su dimisión, ordenó que Pombal no pudiera encontrarse a menos de 20 millas de la corte lusa (lo que correspondería hoy día a una orden de alejamiento), estuviera ésta donde estuviera. Y si, por casualidad, una de las propiedades del marqués se encontrase en el itinerario de viaje de la corte, Pombal debía abandonar de inmediato su residencia para permanecer apartado hasta que hubiese pasado de largo el cortejo real y se encontrase a 20 millas de su persona.

Cuando, por descuido, un cortesano osaba mencionar el nombre de Pombal en presencia de la reina María I, ésta entraba en un tremendo ataque de ira. En su odio hacia el ex-primer ministro de su padre, María I intentó llevarle a los tribunales, pero su avanzada edad impidió que cualquier sentencia se hiciese efectiva o se ejecutase.

El marqués de Pombal moriría exiliado en su finca de Pombal, el 8 de mayo de 1782. Sus últimos días los pasó entre Pombal, su Palacio de Oeiras y la Quinta de Gramela, propiedad que tenía en heredad de su tío, el arciprestre Paulo de Carvalho e Ataíde, desde 1713.

Hoy es honrado con una imponente estátua de bronce presidiendo una de las más importantes plazas de Lisboa, bautizada con su nombre.

Reformas

Pese a los problemas, Sebastiao José de Carvalho e Melo llevó a cabo un ambicioso programa de reformas. Entre otras realizaciones, su gobierno procuró incrementar la producción nacional en relación con la concurrencia extranjera, desarrollar el comercio colonial e incentivar la creación de manufacturas y fábricas. En el espíritu de esa política, en 1756 fue creada la Compañía de Agricultura de las Viñas del Alto Duero, a la cual el ministro concedió exenciones fiscales en las exportaciones y en el comercio con las colonias, estableciendo así la primera zona de producción vinícola demarcada del mundo, instaurando los célebres "marcos pombalinos" en los límites de la región.

En 1773, surgía la Compañía General de las Reales Pescas del Reino del Algarve, destinada a controlar la pesca en el Sur de Portugal.

Al mismo tiempo, el marqués creó estímulos fiscales para la instalación de pequeñas manufacturas dedicadas al mercado interno portugués y al mercado, también, de Portugal con sus colonias. Esa política proteccionista englobaba medidas que favorecían la importación de materias primas y encarecían los productos importados similares a los de fabricación nacional (en este sentido, se inspiró del "Colbertismo" francés). Como resultado, surgirían centenares de manufacturas productoras de los más diversos bienes.

También fundó el Banco Real de Portugal en 1751, y estableció una nueva estructura para administrar el cobro de los impuestos, centralizada por la Real Hacienda de Lisboa y bajo su control directo.

Las ansias reformadoras de Pombal también se extendieron al ámbito político y estatal. En ese campo, el primer ministro se empeñó en fortalecer el absolutismo del rey y en combatir los sectores e instituciones que naturalmente se oponían a su dominio. Disminuyó el poder de la Iglesia, subordinando el Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) al Estado y, en 1759, expulsó a los jesuitas de la metrópoli y de las colonias, confiscando sus bienes, alegando que la Compañía de Jesús actuaba como un poder autónomo dentro del Estado Portugués.

Pese a que la Inquisición no llegó a ser oficialmente desmantelada, ésta sufrió un importante receso con las medidas impuestas por Pombal.

-El 5 de octubre de 1768, obligó por decreto a los nobles portugueses anti-semitas, llamados "puritanos", que tuviesen hijos en edad de casarse, a organizar enlaces matrimoniales con familias judías.

-El 25 de mayo de 1773, hizo promulgar una ley que extinguía las diferencias entre cristianos viejos (católicos sin sospechas de tener antepasados judíos) y cristianos nuevos, convirtiendo en inválidos todos los anteriores decretos y leyes que discriminaban a estos últimos. Pasó a prohibirse el uso de la palabra "cristiano nuevo", tanto por escrito como oralmente. Las penas por cada infracción eran duras: para los pobres-plebeyos, apaleamiento y latigazos en una plaza pública y deportación a Angola (Africa); para los nobles, pérdida de títulos nobiliarios, cargos, pensiones y condecoraciones; para los clérigos, expulsión de Portugal de por vida.

-El 1 de octubre de 1774, publicó un decreto que supeditaban los veredictos del Santo Oficio a la Sanción Real, lo que equivalía en la práctica a la anulación de dichas sentencias eclesiales por orden del rey. Se prohibieron los Autos de Fe en todo el reino luso.

En la esfera educacional, Pombal introdujo importantes modificaciones en el sistema de enseñanza tanto en el reino luso como en sus colonias -que, en aquella época, dependía totalmente de la Iglesia-, pasando a estar totalmente controlado por el Estado. La Universidad de Évora, por ejemplo, regentada por padres jesuitas, fue cerrada y declarada extinta; la Universidad de Coimbra sufrió profundas reformas para ser totalmente modernizada.

La reforma universitaria del Marqués de Pombal incluía también el fin de la vieja prohibición de acceso de alumnos y profesores con ascendencia judía en los establecimientos de enseñanza.

La Política Pombalista en Brasil

Existe una abismal apreciación popular de las actuaciones del Marqués de Pombal entre portugueses y brasileños, ya que los primeros lo consideran como un héroe nacional y los segundos lo ven como un tirano opresor.

Desde el gobierno portugués, la administración de la colonia brasileña debía tener siempre como meta la gerencia de sus riquezas en beneficio del reino metropolitano. Ese principio no se modificó bajo la administración del marqués. El régimen del monopolio comercial, por ejemplo, no sólo se mantuvo, sino que fue accentuado causando mayores deficiencias en la administración colonial.

Entre 1755 y 1759, fueron creadas, respectivamente, la Compañía General de Comercio de Grao-Pará y Maranhao, y la Compañía General de Comercio de Pernambuco y Paraíba, empresas monopolistas destinadas a dinamizar las actividades económicas al Norte y Noreste de la colonia. En la región minera, instituyó la derrama en 1765, con la finalidad de obligar a los mineros a pagar los impuestos atrasados. La derrama era una tasa per capita, en quilos de oro, que la colonia estaba obligada a mandar a la metrópoli, independientemente de la real producción de oro.

Las mayores alteraciones ocurrieron en la esfera político-administrativa y en la educación. En 1759, el régimen de capitanías hereditarias fue definitivamente abolido, con su incorporación a los dominios de la Corona Portuguesa. Cuatro años después, en 1763, la sede del gobierno-general de la colonia fue transferida de Salvador a Río de Janeiro, cuyo crecimiento señalizaba el dislocamiento del eje económico del Noreste en beneficio de la región central-Sur.

Mapamundi con las posesiones y asentamientos coloniales de ultramar que conformaban el Imperio Portugués en América, Africa y Asia y en el Océano Atlántico.

Con la violenta y expeditiva expulsión de los jesuitas del imperio portugués, el marqués determinó que la educación de la colonia pasase a ser administrada por y en las Aulas Regias. La enseñanza formal permanecía a cargo de la Iglesia. El primer ministro reguló el funcionamiento de las misiones, apartando a los jesuitas de su administración, y creó en 1757 el Directorio, órgano compuesto por hombres de confianza del gobierno portugués, cuya función era regentar los antiguos asentamientos jesuitas.

Complementando ese paquete de medidas, el marqués procuró dar mayor uniformidad cultural a la colonia, prohibiendo la utilización del Nheengatu, lengua general mezcla de lenguas nativas con el portugués hablada por los "bandeirantes", haciendo obligatorio el uso del idioma portugués. Algunos historiadores afirman que, con esta medida, Brasil dejó de ser un país bilingüe.

 

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ISABEL-LUISA DE PORTUGAL, PRINCESA DE BEIRA

Posteado por: retratosdelahistoria el 8 feb En: Biografías Portugal - 2 comentarios

DOÑA ISABEL LUISA DE BRAGANZA

INFANTA DE PORTUGAL

PRINCESA DE BEIRA

1669 - 1690

LA NOVIA ETERNA

Isabel Luisa Josefa de Braganza, Infanta de Portugal y Princesa de Beira, nació en el Palacio Real da Ribeira de Lisboa el 6 de enero de 1669, única hija nacida del matrimonio del entonces Infante Don Pedro, regente de Portugal -el que fuera rey Pedro II- con su primera consorte y cuñada Maria-Francisca de Saboya-Nemours.

Un año antes, don Pedro había llegado al poder dando un golpe de Estado el 27 de enero de 1668, deponiendo a su hermano el rey Alfonso VI y encarcelándolo en el palacio real de Sintra, aunque desde 1667 ya detentaba efectivamente la regencia portuguesa. Poco después, inició el proceso para la anulación matrimonial de su hermano mayor con la reina Maria-Francisca de Saboya, alegando la no-consumación de la unión por la manifiesta indiferencia de Alfonso VI hacia su consorte, obteniendo finalmente de Roma la anulación y el permiso para casarse con ella.

Alfonso VI y la pugna por el poder

Retrato de Don Juan IV "el Restaurador" (1603-1656), Duque de Braganza y Rey de Portugal y de los Algarves entre 1640 y 1656, en un grabado del siglo XVII.

En realidad, y desde los 3 o 4 años de edad, siendo entonces el rey Alfonso VI de Portugal (1643-1683), tan solo Infante de Portugal y el segundo en el orden sucesorio a la Corona Lusa, había sufrido una "fiebre maligna" que le afectó el lado derecho del cuerpo (1646-47); la dolencia repercutiría inevitablemente en casi todos los aspectos de su vida: desde los políticos hasta los familiares y sexuales. Se cree, hoy día, que se trató de una afectación del sistema nervioso central tal vez debida a una meningitis, como propone Montalvao Machado.

Tras la muerte de su hermano mayor Teodosio, entonces presunto heredero del trono, Alfonso se convirtió en el nuevo Príncipe de Beira -título de los herederos de la Corona de Portugal-, el 13 de mayo de 1653, contando con casi 10 años de edad. Poco después, entre 1654 y 1655, el rey Juan IV dotaba al Infante Pedro, su otro hijo menor, con un vasto patrimonio de señoríos que habían sido en gran parte confiscados a los nobles partidarios de la dominación española, y que andaban diseminados a lo largo de todo el territorio luso, desde el Norte hasta el Bajo Alentejo, conformando lo que más tarde se conocería como "La Casa del Infantado" o "Señorío del Infantado", para asi asegurar su manutención y posición como segundo presunto heredero de la Corona.

Retrato de Don Pedro de Braganza, Infante de Portugal y 1er Señor del Infantado (1648-1706). Tercer hijo varón de los reyes Juan IV y Luisa de Guzmán, fue nombrado Regente de Portugal en 1667 en nombre de su hermano el rey Alfonso VI. Principal artífice del golpe de palacio de 1668, urdido contra el ministerio de Castelo Melhor, depuso a su hermano, asumió la dirección del gobierno luso y casó con su cuñada Maria-Francisca de Saboya.

El 6 de noviembre de 1656, Juan IV, artífice de la Restauración Portuguesa (1640), fallecía y su hijo Alfonso VI asumía con 13 años la pesada carga que suponía dirigir la monarquía lusa instaurada por su padre dieciséis años atrás. El 15 de noviembre siguiente, se procedió a la ceremonia de entronización y proclamación oficial del nuevo rey, pese a las iniciales dudas que asaltaron a los miembros de la corte dado el estado en el que se encontraba el monarca adolescente. De hecho, el timón del gobierno fue a parar a manos de la reina-viuda Doña Luisa de Guzmán* -de la Casa Ducal de Medina Sidonia-, quien asumió el papel de regente desde la fecha hasta su derrocamiento el 22 de junio de 1662, tal y como rezaban las disposiciones testamentarias del difunto Juan IV.

En estos tiempos tan difíciles y delicados para Portugal, la regente procuró organizar el gobierno de modo que se impusiera a las facciones palatinas que luchaban por el poder. Tras nombrar al conde de Odemira como ayo de su hijo Alfonso VI, la reina Luisa mantuvo los oficios de la Casa Real en manos de los que habían ejercido bajo el reinado de su marido. En cuanto a los asuntos públicos, éstos siguieron siendo dirigidos por los mismos secretarios de Estado. Creó, no obstante, un consejo especial llamado Junta Nocturna -porque se reunía por las noches-, compuesto por consejeros de su confianza, ante la creciente rivalidad entre el conde de Odemira y el conde de Cantanhede, y que resultó ser extremadamente eficaz para la buena marcha de los asuntos de Estado.

Aunque durante su gobierno el ejército portugués consiguió una gran y decisiva victoria sobre el español en las Líneas de Elvas (14 de enero de 1659), evitando que Lisboa cayera en manos enemigas, la regente tuvo que afrontar al partido alfonsino dirigido por el 3er conde de Castelo Melhor, que pretendía liberar al rey del yugo materno y devolverle la autoridad. En 1661, tan mal estaban las cosas que la regente consideró renunciar al poder para evitar que Portugal se escindiera en dos bandos enemigos; pero temiendo una administración desastrosa por parte de su hijo, resolvió mantenerse al frente del gobierno y desbaratar la oposición.

Erigiéndose en garante de la libertad e independencia del reino portugués, Luisa de Guzmán fue la artífice de la alianza con Inglaterra en 1662, sellada por la boda de la Infanta Catalina con el rey Carlos II de Inglaterra.

En cuanto al joven rey Alfonso VI, los sobresaltos y escándalos se sucedieron gracias a sus excentricidades. Solía divertirse observando, desde una ventana del palacio real, a los chavales de baja condición en sus malabarismos, sus luchas y gamberradas, a los que aplaudía sin cohibirse e incitando a uno u otro para que se dieran tortazos, entre paradas de mercaderes y comerciantes que allí hacían sus negocios. Entre ellos se distinguía un genovés llamado Antonio Conti, que vendía cintas, medias y adornos femeninos. Se congració al rey y premiaba a los luchadores que ganaban, para agradarle aún más. En poco tiempo, consiguió ser recibido por Alfonso VI, e introdujo en su presencia a su hermano y a toda una serie de chicos de la calle, incluyendo a negros, lacayos, moros y otros chavales de peor calaña y fama. Puesto que el rey había tomado posesión de su Casa el 7 de abril de 1660, ni corto ni perezoso dispuso que se diera alojamiento a Antonio Conti junto a su propio dormitorio y se le nombrara mozo de su guardarropa, causando un gran revuelo en la corte. Solían entretenerse en combates de perros dentro del recinto palatino y luego en la plaza del Terreiro do Paço y a la vista de todos los transeúntes. Con el rey, Antonio Conti y sus "amiguetes" formaban una pandilla de gamberros nada recomendable, dedicándose a recorrer de noche las calles de Lisboa para sembrar el terror, apedreando ventanas y arremetiendo contra cualquiera que anduviera por calles y callejuelas. Dada la incapacidad física del rey, el espectáculo era aún más patético cuando los transeúntes, enfadados y molestos por las gamberradas, amenazaban con darle una paliza, y Alfonso VI se veía obligado a darse a conocer para evitar que le maltratasen. A estas excursiones nocturnas se sumaba el poco decoroso jolgorio que se solía montar en los apartamentos del rey, cuando Conti y los suyos arrastraban a palacio a toda una pandilla de prostitutas, para que el monarca yaciera con unas y otras, sin llegar jamás a consumar el acto sexual debido a sus impedimentos.

Vista del Palacio Real da Ribeira de Lisboa desde el Terreiro do Paço (actual Plaza del Comercio), residencia de la Familia Real Portuguesa y sede de la Corte y Gobierno Lusos, según una pintura de mediados del siglo XVII -reinado de Don Juan IV-.

Puesto que el hábil Antonio Conti sabía divertir al rey con sus ocurrentes gamberradas, Alfonso VI no tardó en nombrarle caballero, concediéndole una encomienda y el hábito de la Orden de Cristo para luego honrarle con el cargo de "gentilhombre de cámara" con las llaves de los aposentos reales y una pensión de 1.000 cruzados.

La reina-regente intentó poner freno a los desmanes de su hijo y a sus liberalidades con el rufián de Conti, más cuando estalló el escándalo de que Alfonso y el genovés solían visitar nocturnamente a las monjas del convento de Odivelas, y levantarles los hábitos para satisfacer sus vicios. Peor aún, en un intento por impresionar a unas novicias, Alfonso VI pretendió torear en el mismísimo patio del convento, acabando magullado y maltrecho. Las medidas de la regente no pudieron ser más drásticas: expulsó al rufián genovés de la corte condenándole al destierro en Brasil, asi como a toda la pandilla de gamberros que entraban y salían de palacio de manera incesante, por lo que el rey, privado de sus "amigos, entró en una ira difícil de aplacar.

En cualquier caso, la reina cometió el craso error de nombrar a los condes de Castelo Melhor y de Atouguia como nuevos ayos y gentileshombres de cámara de su hijo. Éstos, partidarios de la emancipación del rey, se confabularon con otros cortesanos afines para dar un golpe en palacio y apartar del poder a la regente. El complot triunfó el 23 de junio de 1662, provocando el fin de la regencia materna y la partida del rey a Alcántara, con la excusa de buscar medios para afrontar la guerra contra España y aligerar a su madre de la pesada carga del gobierno. Aunque trató de resistir, Luisa de Guzmán no pudo salir airosa del enfrentamiento con el cabecilla de la conspiración: el conde de Castelo Melhor**, quien estaba decidido a asumir la dirección del gobierno en nombre de Alfonso VI.

La reina, tratada con el mayor de los respetos por los conspiradores alfonsinos, permaneció momentáneamente en el palacio real de Lisboa hasta marzo de 1663, fecha en la que es trasladada al convento de los Agustinos Descalzos, inaugurando asi su retiro de la vida pública.

En cuanto al entorno del rey, éste se vio prontamente en la necesidad de casarle con una princesa, preferentemente francesa ya que se buscaba la alianza gala para hacer frente común contra España. Ya en 1652, se barajaba desposar a Alfonso con una hija del príncipe de Parma, luego con la Duquesa de Montpensier prima-hermana del rey Luis XIV de Francia, y con una hija del Duque de Orléans, sin que se concretasen los proyectos matrimoniales. Finalmente, se encontró mejor disposición en los duques de Nemours, príncipes de la Casa de Saboya. Éstos consintieron entregar a su hija Maria-Francisca Isabel de Saboya, más conocida como "Mademoiselle d'Aumale", a Alfonso VI de Portugal, firmándose el contrato el 24 de febrero de 1666 en París. La flamante novia, que tenía una dote de 1.800.000 libras, llegaría a Lisboa el 2 de agosto siguiente, tras celebrarse la boda por poderes el 27 de junio en La Rochelle, quedando impresionado el rey al descubrir su gran belleza.

1668: Golpe en Palacio

Se creyó erróneamente que aquella boda proporcionaría la tan deseada estabilidad. Incapaz de consumar el acto la misma noche de bodas, el rey rehuyó enseguida a la reina y ésta, arrinconada, se dejó conquistar por su cuñado, el encantador Infante Don Pedro. A raíz de aquello, tuvo lugar la escena más lamentable de la Historia Lusa: la reina Maria-Francisca apareció ante el Cabildo de Lisboa con una petición de anulación matrimonial, dando público testimonio de la impotencia de su marido y de su incapacidad física para consumar la unión.

Ya antes de que la anulación viniera del Vaticano, las mismas Cortes rogaron al Infante Don Pedro que tomase por esposa a la reina Doña Maria-Francisca para asegurar la estabilidad de la Corona y la sucesión real. Cuando el 24 de marzo de 1668 se recibió la anulación formal concedida por el Papa, Don Pedro acudió a palacio al día siguiente para obligar a su hermano a abdicar. Con la dispensa papal en mano, el infante pudo finalmente casar con la reina el 2 de abril siguiente.

Con Alfonso VI depuesto y confinado en la Isla Terceira, en las Azores, el Conde de Castelo Melhor fuera de combate y casado con la reina Maria-Francisca, Pedro tuvo las manos libres para asumir los plenos poderes en calidad de regente.

Pedro II & Maria-Francisca de Saboya

En enero de 1669, nacía la única hija del Infante Pedro con Maria-Francisca, la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal. Fue una alegría a medias... Don Pedro esperaba que pariese a un varón. Los sucesivos intentos de la pareja no dieron fruto alguno y la decepción acabó por hacerse patente, resintiéndose la aparente felicidad matrimonial.

A finales del año 1673, se descubrió una conspiración para favorecer el regreso del rey Alfonso VI a Portugal. Don Pedro, poco proclive a ser bondadoso con sus enemigos, mandó a la horca a varios de los conspiradores y cursó la orden de que trajeran de nuevo a su hermano, que llevaba 5 años pudriéndose en las Azores. Traído a Lisboa el 14 de setiembre de 1674, Alfonso VI fue recluído en el Palacio de Sintra los nueve años siguientes, asistido por una servidumbre de entera confianza del duque de Cadaval, su carcelero. A inicios de 1683, el real rehén se encontró mal y fue sangrado, tomó purgas y, el 30 de mayo volvió a enfermar quejándose de grandes dolores. La mañana del 12 de setiembre fue fulminado por una apoplejía que le dejó sin habla, muriendo horas después.

Fotografía actual del Palacio Real de Sintra, dónde estuvo 9 años encerrado el depuesto rey Alfonso VI de Portugal por orden de su hermano el regente y futuro rey Pedro II.

Según el historiador Montalvao Machado, Alfonso VI habría muerto de tuberculosis pulmonar, como los demás hijos de Juan IV y Luisa de Guzmán. No faltó quien hiciera correr el rumor de que le habían envenenado.

Paralelamente, la salud de Maria-Francisca de Saboya se degradó al padecer hidropesía. Gracias a la oportuna defunción de Alfonso VI en setiembre, el regente y su consorte la "princesa" se convirtieron en los nuevos reyes de Portugal, pero la satisfacción de la nuevamente reina iba a durar más bien poco. Tan solo sobreviviría a Alfonso VI tres meses, falleciendo repentinamente el 27 de diciembre de 1683.

Dejaba tras de si una única hija sobre la que descansaban todas las esperanzas de los portugueses.

La segunda boda de Pedro II

Retrato de la Princesa Palatina Maria-Sofía Isabel de Baviera-Neoburgo (1666-1699), Reina de Portugal y de los Algarves como segunda consorte de Don Pedro II, y madre de sus siete hijos entre los cuales figuraron el futuro rey Juan V de Portugal, asegurandose asi el porvenir de la Casa de Braganza.

Su viudo, el rey Pedro II apodado "el Pacífico", tardaría cuatro años en contraer un segundo matrimonio para intentar obtener descendencia masculina, casándose el 11 de agosto de 1687 con la condesa palatina Maria-Sofia Isabel de Baviera-Neoburgo (1666-1699), hermana de la reina de España y de la princesa hda. de Parma. Tuvieron los siguientes hijos:

-Juan de Braganza, Príncipe de Brasil (30-08-1688_16-09-1688)

-Juan V, Rey de Portugal y de los Algarves (1689-1750)

-Francisco Xavier, Infante, Duque de Beja & Condestable de Portugal, 2º Señor del Infantado (1691-1742)

-Antonio, Infante de Portugal (1695-1747)

-Teresa, Infanta de Portugal (1696-1704)

-Manuel, Infante de Portugal (1697-1766)

-Francisca Josefa, Infanta de Portugal (1699-1736)

Fuera del matrimonio, Pedro II tuvo también varios hijos naturales con tres damas distintas:

Con Maria da Cruz Mascarenhas:

-Luisa de Braganza e Mascarenhas (1679-1732), c.c. Luis de Melo, 2º Duque de Cadaval / c.c. Jaime de Melo, 3er Duque de Cadaval => Casa Ducal de Cadaval

Con Anne Armande Pastre de Verger:

-Miguel de Braganza e Verger (1699-1724) c.c. Luisa Casimira de Sousa Nassau e Ligne, 1ª Duquesa de Lafoes (1694-1729), heredera de la Casa de Arroches => Casa Ducal de Lafoes

Con Francisca Clara da Silva:

-José de Braganza e Silva (1703-1756), doctor en teología y Arzobispo de Braga.

La heredera del trono "siempre-novia"

Años antes de que falleciera su madre, la Infanta Isabel Luisa de Portugal asumió el título de los herederos de la Corona Lusa, el de Princesa de Beira el 15 de febrero de 1674, siendo reconocida y jurada como tal por las Cortes de Lisboa el 23 de noviembre, puesto que don Pedro II no tenía heredero varón y era menester asegurar la continuidad dinástica. Estando aún vivo el rey Alfonso VI, se imponía la necesidad de crear una nueva disposición jurídica que reemplazase aquella ley de sucesión votada por las Cortes de Lamego, que había que derogar y que excluía a todo príncipe extranjero a suceder en el trono Luso.

Aunque bastante hermosa y agradable, la flamante princesa nunca gozó de buena salud y eso, desgraciadamente, se supo en las cortes extranjeras. Su padre procuró, en cualquier caso, encontrarle un pretendiente a su altura entre las testas coronadas de Europa. Finalmente, en el curso de 1680, Isabel Luisa fue prometida al duque Víctor-Amedeo II de Saboya, futuro rey de Sicilia y luego de Cerdeña; un proyecto que agradaba sobremanera en Versailles y que tenía el respaldo de Luis XIV.

Isabel Luisa era agraciada y con la cabeza muy bien amueblada; hablaba con soltura el francés, el castellano y el italiano asi como el latín y le apasionaba la historia, por lo que siempre se la veía devorando libros. A eso se añadía una educación y maneras exquisitas, mucha elegancia aunque algo recatada.

Retrato de Don Nuno Alvares Pereira de Melo, 3er Marqués de Ferreira y 1er Duque de Cadaval (1648-1725), Embajador Extraordinario del Rey de Portugal en la Corte de Turín.

El 25 de marzo de 1681, el marqués de Droné, embajador de Saboya en Lisboa, representó entonces al novio para la ceremonia de los esponsales en el Salón de Embajadores del Palacio Real da Ribeira, procediendo luego a la entrega de los regalos a la novia en nombre del duque. Al año siguiente, en 1682, Pedro II envió al Duque de Cadaval en calidad de embajador extraordinario a la corte de Turín, con la misión de acompañar a Víctor-Amadeo II de Saboya en su viaje por mar hasta Lisboa con 8 navíos de la Marina Real. Pero, cuando Cadaval llegó a Turín, se encontró con que el duque de Saboya no quiso recibirle con el pretexto de que estaba enfermo e indispuesto por una pertinaz fiebre. Hubo entonces que posponer la audiencia...

Retrato del Duque Víctor-Amadeo II de Saboya (1666-1732), Príncipe de Piamonte, según un grabado de la segunda mitad del siglo XVII. / Abajo, retrato de Maria Giovanna Battista de Saboya-Nemours, Duquesa Viuda de Saboya (1644-1724), más conocida como "Madama Reale" y regente durante la minoría de edad de su hijo Víctor-Amadeo II.

El contratiempo respondía en realidad a una lucha de partidos en el seno de la corte saboyana. Por un lado, Madama Reale*** -madre del duque de Saboya y regente- deseaba fervientemente que su hijo casase con la heredera portuguesa, para asi asegurarle una corona real mucho más lustrosa que la ducal. Por otro lado, al duque Víctor-Amadeo II le disgustaba la idea de partir hacia una tierra extraña y ver cómo su ducado arriesgaba con caer bajo dominio francés.

El embajador portugués, viendo que el duque no parecía restablecerse nunca, que el partido contrario a su marcha hacia Portugal aumentaba de forma alarmante y que el propio Víctor-Amadeo II lo respaldaba, resolvió volver a Lisboa antes que tener que pasar el invierno anclado en cualquier puerto piamontés.

Huelga decir que aquella mascarada turinesa sentó muy mal en la corte portuguesa.

Poco después, la enfermedad y posterior muerte de la reina Maria-Francisca de Saboya en diciembre de 1683, dieron lugar al definitivo abandono del compromiso entre la princesa de Beira y el duque de Saboya. Y, puesto que el rey Luis XIV de Francia acababa de enviudar, Pedro II pretendió ofrecérsela como segunda consorte, lo que demuestra lo poco al corriente que estaba de la relación de aquél con la marquesa de Maintenon. Pese a la amable negativa de Versailles, se la quiso comprometer con el Delfín,... y de Francia se pasó a España, sugiriendo como posible al desvalido Carlos II , pero tal sugerencia no fue bien acogida por Pedro II. De los grandes monarcas se pasaron a soberanos menores como el gran-duque de Toscana, el duque de Parma o el príncipe-elector Palatino,... Todo fue en vano.

Como la heredera no parecía tener éxito en las cortes europeas, las Cortes de Lisboa presionaron a Pedro II para que contrajera nuevamente matrimonio con una princesa en edad de proporcionarle una amplia descendencia que perpetuase su casa. De este modo y 4 años después de haber enviudado de su primera mujer, el rey Pedro II contrajo nuevamente matrimonio con una hija del elector del Palatinado Felipe-Guillermo de Baviera-Neoburgo.

Se supo más tarde las verdaderas razones que dieron al traste con el compromiso luso-saboyano. Los saboyanos se mostraron recelosos ante la posibilidad de que su duque Víctor-Amadeo II casase con la presunta heredera portuguesa, dejando el camino libre a la influencia preponderante de Luis XIV, que deseaba hacerse con el Piamonte y compensar al novio de esa anexión con la Corona de Portugal.

Con el nacimiento del primer hijo de Pedro II y Maria-Sofía de Neoburgo, el Infante Juan, príncipe de Brasil en agosto de 1688, Isabel Luisa dejó de ser la presunta heredera del trono y reintegró su condición de simple infanta por un breve espacio de tiempo, ya que en setiembre del mismo año moría el príncipe de Brasil y ella volvía a asumir el título de princesa de Beira.

Fue finalmente en octubre de 1689, cuando nació el segundo varón de la pareja real y futuro rey Juan V, cuando la Infanta Isabel Luisa dejó definitivamente de ser la heredera portuguesa.

Un año exactamente después, adoleciendo de la vejiga, la Infanta Isabel Luisa enfermó y murió en el Palacio de Palhava (Lisboa) el 21 de octubre de 1690, a los 21 años. Sería sepultada junto a su madre, en la iglesia del convento del Santo Crucifijo, fundado por su progenitora.

En 1912, ambas serían exhumadas para ser sepultadas en el Panteón de los Braganza, en el Monasterio de Sao Vicente da Fora.

Por sus sucesivos intentos de noviazgo frustrados, se conoce popularmente a la Infanta Isabel Luisa como la "Siempre-Novia".

Notas:

(*)_Luisa de Guzmán y de Sandoval (1613-1666), era la hija del 8º duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán, y de Juana Lorenza Gómez de Sandoval y de La Cerda, los señores más poderosos de Andalucía. Casó con el entonces Duque Juan de Braganza el 12 de enero de 1633, que se convirtió en el nuevo rey de Portugal como Juan IV, tras sublevarse el país contra la ocupación española (1640). Fue, por este motivo, la primera reina de Portugal de la IVª Dinastía (Casa de Braganza).

(**)_Luis de Vasconcelos e Sousa, 3er Conde de Castelo Melhor (1636-1720). Fue primer ministro de Alfonso VI de Portugal entre 1662 y 1668. Artífice del enlace del rey con la princesa Maria-Francisca de Saboya, hija de los duques de Nemours y de Aumale, se enemistó con ésta al ponerle cortapisas a sus ambiciones políticas. El hecho de que estuviera al corriente de los amores de la reina con el infante Pedro, le atrajo el odio de éste quien, tras dar el golpe que depuso a Alfonso VI, le forzó a dimitir de sus cargos y a exiliarse en París.

(***)_La Princesa Maria Giovanna Battista de Saboya-Nemours (1644-1724), segunda consorte del Duque Carlos-Manuel II de Saboya y madre del Duque Víctor-Amadeo II, era conocida en la corte de Turín bajo el nombre de "Madama Reale" (Señora Real), título de uso en la corte francesa y reservado normalmente a las princesas primogénitas de la Casa Real Gala. Era, por tanto, hermana de Maria-Francisca de Saboya-Nemours, esposa sucesivamente de los reyes Alfonso VI y Pedro II de Portugal, y tía carnal de la Infanta Isabel Luisa Josefa de Portugal, princesa de Beira.

 

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LAS JOYAS DE LA CORONA PORTUGUESA -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 5 ene En: Portugal Joyas Históricas - 1 comentario

EL TESORO REAL DE PORTUGAL

2ª Parte

Aprovecho un momento libre para seguir con el despliegue de fotografías que conforman el catálogo de las alhajas reales de los monarcas lusos. En su mayoría, las piezas de gran valor artístico e histórico que se muestran, abarcan desde el 1700 hasta el 1900; doscientos años durante los cuales los sucesivos soberanos de la Casa de Braganza (Bragança en portugués) adquirieron mediante compra, encargo o regalo diplomático toda suerte de joyas y objetos que conforman la Regalia Lusa. Desde la hermosa caja de rapé y la bengala (o bastón) del rey José I, en oro y cuajadas de diamantes de todas las tallas que fueron ejecutadas en París por los mejores joyeros-orfebres galos entre 1750 y 1770, pasando por las esmeraldas, los zafiros, rubís y diamantes (amén del preciado metal como el oro y la plata) procedentes de las minas brasileñas y angoleñas, que fueron talladas y montadas en diademas, collares, anillos y broches, hasta las deslumbrantes joyas y accesorios de las reinas Amelia de Orléans y María-Pía de Saboya, todas ellas tienen su particular historia y son un testimonio importante de lo que fue el Imperio Portugués. Algunas de sus célebres alhajas, como el famoso diamante rectangular "Espelho de Portugal" -Espejo de Portugal-, desaparecieron de la Colección Real para ir a parar en otra o en manos privadas, como pasó con las alhajas de la Casa Real Española durante la Guerra de Independencia, o con las de la Casa Real Francesa, literalmente saqueada por los revolucionarios, los realistas, los ladrones de ocasión y ciertos políticos corruptos como Danton, que quiso comprar la neutralidad de los soberanos extranjeros con ciertas gemas de gran valor.

Pese a las medidas de seguridad que se refuerzan cada vez más alrededor de las antiguas alhajas reales, siguen siendo éstas muy codiciadas por coleccionistas privados, alentando a muchos ladrones para que las roben sin importarles cómo. Esto es, sin lugar a dudas, lo que pasó en La Haya en diciembre de 2002, cuando unos cacos se hicieron con un buen botín a expensas del Tesoro Real Luso. El hecho de que nunca más se volviera a saber de ellas, ni se encontrasen indicios en el mercado negro, hace suponer que estarán en manos de uno de esos ricos coleccionistas que habrá pagado un buen dinero por ellas.

En cualquier caso, volvamos al catálogo de las Joyas de la Corona Portuguesa en el que hay que señalar la "ROSA DE ORO" concedida en 1892 por el Papa León XIII a la Reina Amelia de Orléans (1865-1951), consorte del Rey Carlos I de Portugal -asesinado en 1908- y madre del último monarca luso Manuel II. Es una pieza rarísima por su belleza y delicadeza, además de ser escasamente concedida por los papas... Entre las agraciadas, figura una Reina de España, Maria-Luisa Gabriela de Saboya, consorte del Rey Felipe V, que se hizo merecedora de la Rosa de Oro por ser la primera reina de estirpe italiana en suelo ibérico.

Espada "de Corte" o ceremonial del Rey Juan VI de Portugal, en oro con brillantes; principios del siglo XIX.

Collar de diamantes o chatones de la Reina Carlota-Joaquina de España, consorte de Juan VI de Portugal. -pieza robada en diciembre 2002-.

Gran Cruz / placa de las Tres Ordenes de Portugal, montado en oro y plata, diamantes, brillantes, rubis, esmeraldas, que perteneció a la Reina María I y a su sucesor Juan VI de Portugal; 1789.

Gran Cruz (o placa) y Gran Collar de la Real Orden de La Torre y de La Espada de Portugal; realizado en Río de Janeiro en 1813.

Colgante con la venera de la Orden del Toisón de Oro (finales del siglo XVIII), que perteneció al Rey Juan VI y al Infante Don Miguel de Portugal (Miguel I).

Manto Imperial de la Coronación de los Reyes-Emperadores de Portugal y de Brasil, realizado para Don Juan VI a inicios del siglo XIX y confeccionado en terciopelo, satén, con bordados en hilo de oro y plata.

Manto Real de la Coronación de los Reyes de Portugal, realizado en terciopelo, satén, armiño y con bordados en hilo de oro y plata. Inicios del siglo XIX.

Corona Real de Portugal, ejecutada en oro para el Rey Don Juan VI, en Río de Janeiro (1813). Ha servido para las coronaciones de los monarcas lusos desde Juan VI hasta Manuel II.

Pasador de diamantes de la Reina María I de Portugal (2ª mitad del siglo XVIII).

Pasador de diamantes blancos y amarillos, y rubís del entonces Príncipe de Beira y de Brasil, futuro Rey Juan VI de Portugal (2ª mitad del siglo XVIII).

Rosa de Oro de la Reina Amelia de Orléans, regalado por el Pontífice León XIII a la soberana franco-lusa; fabricado por los orfebres del Vaticano en 1892.

Par de pendientes de zafiros en forma de pera de la Reina María-Pía de Saboya (finales del s. XIX).

Sable de Oro y brillantes, con su funda y su cinturón, que perteneció al Rey Miguel I de Portugal (inicios del siglo XIX).

Anillo de Oro con un Solitario (diamante cortado en cojín) del Rey José I de Portugal, realizado hacia 1750-1755. -pieza robada en diciembre de 2002-.

Caja de sobremesa de despacho (Tintero o Plumier) del Rey Carlos I de Portugal, realizado en oro por los orfebres de Sheffield entre 1901-1902; regalo diplomático de la Ciudad de Londres durante la visita del monarca a Gran-Bretaña en 1904.

Bastón o Bengala de Oro y Brillantes del Rey José I de Portugal -detalle del pomo-, realizado en París entre 1750-1755. -pieza robada en diciembre de 2002-.

Broche pectoral de brillantes y esmeraldas de Brasil, que perteneció a la Infanta Maria-Benedicta de Portugal, Princesa de Beira y de Brasil (siglo XVIII). -pieza robada en diciembre de 2002-.

Tiara "Braganza" de la Reina María-Pía de Saboya (2ª mitad del siglo XIX). 

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LAS JOYAS DE LA CORONA PORTUGUESA -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 5 ene En: Portugal Joyas Históricas - 2 comentarios

EL TESORO REAL DE PORTUGAL

1ª Parte

Nuestra vecina lusa tiene poco que envidiar a las demás naciones en cuestión de tesoros nacionales. Desde la caída de la Monarquía en 1910, con su último rey Don Manuel II, Portugal ha sido una república que también ha sufrido, como España, de golpistas militares hasta que en 1974, con la "Revolución de los Claveles", se cerró un período dictatorial para establecer un régimen republicano democrático. Pese a todo, esto no ha impedido el regreso a su patria de la exiliada dinastía aunque en condiciones bien distintas. Los descendientes de los reyes de Portugal lo han perdido todo: palacios, fincas, tesoros artísticos y monetarios que han sido nacionalizados e incautados cuando emprendieron el camino al exilio.

Entre los tesoros de gran valor histórico como monetario, podemos distinguir la nada despreciable colección de Joyas de la Corona Portuguesa que, sorprendentemente, jamás ha tenido una publicidad como se merece, como tampoco ha sido exhibida en público. De hecho, muchos portugueses ignoran su existencia o nunca la han visto en un museo de Lisboa.

Casi siempre celosamente guardado el Tesoro Real en el antiguo Palacio Real da Ajuda, fue finalmente desempolvado para ser exhibido en una exposición organizada en La Haya (Países-Bajos) a finales del 2002. Entonces pasó lo peor: una noche de diciembre, aprovechando la deficiente seguridad del museo holandés, unos ladrones bien organizados echaron mano sobre un buen número de diamantes y gemas preciosas, amén de broches, collares, gargantillas, anillos, bengalas y espadas de oro, y desaparecieron sin dejar rastro. Aún hoy dia, la Interpol sigue buscando indicios y ha pedido la colaboración de la gente (e incluso en internet), solicitando cualquier pista con la promesa de una buena recompensa.

Desde entonces, nada.

La aseguradora del museo tuvo que indemnizar al Estado Portugués, lo cual no deja de ser triste porque se trata de una pérdida irreparable para los portugueses, algunos de ellos muy indignados, y el dinero no puede reemplazar esos tesoros históricos de valor incalculable.

Pese a todo, encontré una serie de fotografías del catálogo de las Joyas de la Corona Lusa. Algunas ya desaparecidas, desde luego, pero que sigue siendo importante por las piezas que no fueron robadas en La Haya.

Aqui os dejo la 1ª parte de la serie de fotografías de las alhajas reales.

Broche-Alfiler de diamante amarillo y diamantes blancos, del siglo XVIII.

Par de Alfileres de diamantes, de la Reina Maria I de Portugal.

Binoculos de la Reina María-Pía de Saboya, con diamantes rosas engarzados (1880).

Juego de Botones de plata y brillantes del Rey José I de Portugal (siglo XVIII).

Detalle del pomo de la Bengala o Bastón de oro y brillantes del Rey José I de Portugal (París, 1750-1770). -pieza robada en 2002.-

Brazalete "Serpiente" de oro, brillantes, zafiros y rubis de la Reina María-Pía de Saboya (finales del s. XIX).

Caja de Rapé de oro, brillantes y diamantes del Rey José I de Portugal (París, 1755).

Collar de chatones (diamantes y oro) de la Reina Carlota-Joaquina de España, consorte de Juan VI de Portugal. -pieza robada en 2002-.

Cetro Real de la Reina María II de Portugal (Londres, 1828).

Detalle del cabezal del Cetro de María II, manufacturado en Londres, 1828.

Cetro Imperial de Brasil, realizado para el Emperador Pedro I, en 1813 (Río de Janeiro).

Detalle del cabezal del Cetro Imperial de Don Pedro I de Brasil (1813).

Colgante-Broche de las Tres Ordenes Reunidas de Portugal, del Rey Pedro III consorte de Maria I de Portugal.

Colgante de la Reina María-Pía de Saboya, con brillantes, 4 diamantes y un gran zafiro (s.XIX).

Collar de oro y diamantes de la Reina María-Pía de Saboya.

Diadema de Estrellas de la Reina María-Pía de Saboya.

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LOS AUSTRIAS: FELIPE II, 1527-1598 -4-

Posteado por: retratosdelahistoria el 30 jul En: Biografías Dinastias Reyes de España Portugal - sin comentarios

FELIPE II , REY DE PORTUGAL

Retrato de Don Felipe II de Austria (1527-1598), Rey de las España y de las Indias, Rey de Portugal a partir de 1581 hasta 1598. La real efigie fue realizada entre 1580 y 1581 por un artista anónimo, durante la conquista portuguesa, y cuyo lienzo se encuentra actualmente en la National Portrait Gallery de Londres. 

La Casa Real Portuguesa, representada por la dinastía de Aviz desde 1385, a raíz de su victoria militar en Aljubarrota sobre el rey Juan I de Castilla, con el Gran Maestre Juan I de Aviz, era la IIª Casa reinante de Portugal como sucesora de la 1ª que fue constituida en el s.XI por Enrique de Borgoña, casado con Teresa, hija de Alfonso VI de Castilla y León.

Las sucesivas alianzas matrimoniales entre los monarcas lusos y castellano-aragoneses durante el final del s.XV y principios del s.XVI, en el afán de reunir en una sola dinastía los dos reinos, acabaría por ceder el paso a la Casa reinante española.

La boda de Carlos I de España y V de Alemania con Isabel de Portugal, hija de Manuel I y hermana de Juan III de Portugal, sería decisiva en la jugada dinástica.

El rey Manuel I había contraído matrimonio tres veces consecutivas, tras suceder a su primo-hermano asesinado Juan II (1495) : 1º con Isabel de Aragón, viuda de Alfonso de Portugal y presunta heredera de Castilla y Aragón, que falleció dejando un hijo, Miguel, muerto éste en 1499 ; 2º con María de Aragón (1500), que le dió 7 hijos : Juan, futuro rey como Juan III, Isabel, Beatriz, Luis, Fernando, Enrique y Eduardo ; y por 3ª vez con Leonor de Austria, hija mayor de Juana I de Aragón y Castilla, dándole 2 hijos : Carlos y María.

Retrato de Don Sebastián I de Portugal (1554-1578), Rey de Portugal y de los Algarves entre 1557 y 1578. Fue el penúltimo monarca de la Casa de Aviz, desaparecido en combate durante la batalla de Alcazarquivir y nunca encontrado. A raíz de su misterioso desvanecimiento, nació una leyenda aún viva entre los portugueses...

Don Manuel I falleció el 13.XII.1521, sucedido por Juan III (1502-1557), sucedido éste por su nieto Sebastián I, de 3 años, declarado mayor de edad en 1568 y que fallecería en la batalla de Alcazarquivir, librada contra los moros (1578), siendo aún soltero y sin herederos directos. Su tío-abuelo el Cardenal Enrique de Portugal, le sucedería en el trono hasta su muerte, en 1580, sin dejar herederos legítimos (en la ilustración de la izq.).

Las hijas de Manuel I, Isabel y Beatriz, se habían casado con Carlos I de España y el duque Carlos III de Saboya respectivamente. Y los hermanos de éstas, como Juan III, casó con Catalina de Austria, hermana menor de Carlos I ; Don Luis tuvo un bastardo, Don Antonio de Aviz, Prior de Crato ; Don Fernando murió sin hijos ; Don Enrique entró en el seno de la Iglesia y obtuvo el capelo cardenalício, siendo por lo tanto célibe ; y finalmente Don Eduardo, que contrajo matrimonio con Isabel de Braganza, bisnieta por su madre de Fernando de Portugal, duque de Viseu y hermano del rey Alfonso V, y que le dió tres hijos : María, casada con Alejandro Farnesio, duque de Parma, Eduardo, muerto soltero y Catalina, casada con su primo el duque Juan I de Braganza y con descendencia.

Ante tal expectativa, el pretendiente a la Corona lusitana con más derechos era Felipe II de España, pues era descendiente directo del rey Manuel I "El Afortunado" por su madre Isabel, frente al hijo natural de su tío Don Luis, el Prior Antonio de Crato, que por su nacimiento se encontraba en peor posición, pero que se presentaba como el pretendiente favorito de Portugal, seguido de los duques de Braganza, descendientes del fundador de la Casa de Aviz.

<=Retrato de Don Antonio I de Aviz, Prior de Crato (1531-1595), coronado Rey de Portugal en 1580 pese a ser el bastardo del Infante Don Luis de Portugal. Derrotado por el Duque de Alba en la Batalla de Alcántara, huyó a las Azores para luego exiliarse en Francia, en busca del apoyo francés e inglés para reconquistar Portugal y expulsar a los españoles. Sus intentos fracasaron...

Felipe II tuvo que abrirse camino al trono portugués por las armas, cuando Don Antonio de Aviz, Prior de Crato, fue reconocido rey ; derrotado éste en Alcántara, huyó a Francia ante el avance de las tropas españolas conducidas por el duque de Alba, dejando la vía libre a Felipe II, que fue proclamado nuevo soberano de Portugal como Felipe I (1581).

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JUAN VI DE PORTUGAL: ¿era gay?

Posteado por: retratosdelahistoria el 31 jul En: Apuntes Portugal - sin comentarios

Retrato de Juan VI de Portugal (1767-1826), Príncipe de Beira y de Brasil, Regente entre 1786 y 1816, Rey de Portugal y de Brasil de 1816 a 1826, Emperador de Brasil en 1825.

Según el historiador Tobias Monteiro*, Don Juan VI de Portugal tuvo un "affaire" con el General Francisco Rufino de Sousa Lobato (1773-1830), que figuraba como su favorito desde antes de la marcha de la familia real portuguesa a Brasil, y "(...) que le masturbaba regularmente."

Don Juan VI concedió a Sousa Lobato el título de Vizconde de Vila Nova da Rainha, elevando al rango de nobleza, por vez primera, a un servidor particular de palacio.

Ese dato llevó a Luiz Mott, del Grupo Gay de Bahía, a incluír a Juan VI de Portugal en la lista de los 100 gays más célebres de Brasil. Uno de los descendientes del monarca luso, en una entrevista de la revista Isto É (Esto es), salió por la tangente afirmando que el "caso" pasó hace 200 años y que no existían pruebas de ello.

Sin embargo, fue un tal Padre Miguel, que servía en aquella época como capellán real en la Hacienda de Santa-Cruz, localidad de retiro y de veraneo de la familia real, quien dejó testimonio de los escandalosos ratos de intimidad entre el rey y el favorito, al pillarles in fraganti en plena sesión homoerótica... Mera coincidencia o no, el Padre Miguel sería posteriormente exiliado a Angola, por haber divulgado lo que había visto.

Para más datos, Sousa Lobato fue teniente general, gobernador de la fortaleza de Santa-Cruz, de Rio de Janeiro, alcaide mayor de Castro Marim, del consejo del rey Don Juan VI, maestre de la guardarropa del rey, portero de la real cámara, mantero y tesorero del real bolsillo, maestre del guardajoyas y tapicerías del rey; secretario de Estado de los asuntos de la Casa y Estado del Infantado y su administrador en tiempos de la regencia, escribano y diputado de la Mesa de la Conciencia y del Orden de Brasil (tribunal), oficial mayor de la Casa Real y superintendente del palacio-monasterio de Mafra, entre otros cargos. Resumiendo, Sousa Lobato, que empezó siendo un simple criado de palacio, fue gradualmente elevado hasta ser ennoblecido con el título de barón y luego de vizconde, y destinado a los mejores cargos militares y palatinos gracias a sus habilidades de pajillero real.

Sousa Lobato estuvo casado pero no dejó descendencia.

Retrato ecuestre de Carlota-Joaquina de Borbón, Infanta de España (1775-1830), Reina consorte de Portugal y de Brasil.

Pero Juan VI no fue el único que tenía sus escarceos extramatrimoniales; de sobras era conocida la conducta sexual de su mujer, la reina Carlota-Joaquina que, como digna hija de la "Mesalina" española Maria-Luisa de Parma, tenía reputación de putísima tanto en Lisboa como en Rio de Janeiro, y se disputaba los servicios sexuales de los "chulos" brasileiros con Joao de Almeida de Melo e Castro, 5º Conde de Galveas (1756-1814), fundador del primer laboratorio químico en Brasil y apodado despreciativamente "Doctor Pastorinhas" por ella.

Retrato de la Archiduquesa Mª Leopoldina de Austria (1797-1817), Emperatriz consorte de Brasil.

Otra soberana, la emperatriz de Brasil Mª Leopoldina de Austria, infeliz consorte del emperador Pedro I, ha sido recientemente reconocida como "lesbiana", por las recientes investigaciones históricas llevadas a cabo sobre las historietas de alcoba de la corte brasileña. Por lo visto, las pruebas más contundentes son su voluminosa correspondencia con su dama de compañía, la inglesa Mary Graham, que parecía corresponderle en lo sentimental.

Juan VI fue un gran amante y mecenas de la música, tanto que contrató a un considerable número de castrati italianos para que le cantasen. Estos eunucos, con sus gestos amanerados, sus voces femeninas, sus maquillajes y ropas feminizadas, pululaban entonces por la corte brasileña y sus sueldos eran asumidos por el bolsillo del propio soberano.

Juan VI aparece ante la posteridad como un rey gordo, feo, glotón, cobarde, cornudo manso y poco apto al gobierno; sin embargo, ciertos historiadores no han faltado en resaltar su prudencia y habilidad política, su figura de pionero en la modernización de Brasil, como el fundador de la primera universidad brasileña, del Banco de Brasil y de la indústria nacional. Muchos testigos contemporáneos, en su mayoría foráneos, recalcaron su gran bondad y amabilidad, su generosidad, su sensibilidad, su humanidad... como la vez que rescató a una esclava, cuyos gritos de dolor llamaron su atención cuando pasaba con su carruaje por una finca, y que estaba siendo cruelmente azotada por su señor.

Cierto es que su controvertida vida conyugal con aquella harpía española, Carlota-Joaquina de Borbón, fue desastrosa desde la noche de bodas; la infanta le mordió salvajemente la oreja al asustarse en el momento de la cópula. Pero, después, es de sobras conocido el "carrerón" de la reina que parió a nueve retoños de los cuales cinco proceden, supuestamente, de aventuras extra-conyugales. Por lo visto, le cogió mucho gusto a aquello que tanto le asustó en su primera noche de casada...

(*)_Tobias Monteiro fue el autor de "Historia del Imperio" (1939), y la citación fue sacada del tomo 1, página 97, Ed. Belo Horizonte, Itatiaia, 1981.

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