HITLER & LA LANZA DE LONGINOS
el 1 mar En: Misterios - 2 comentarios
Adolf Hitler & El Ocultismo:
La Lanza De Longinos
La lanza sagrada que atravesó el costado de Cristo en su crucifixión llegó a las manos de los guerreros teutónicos, quienes la convirtieron en su talismán. En el siglo XX, Hitler, que conocía su significado místico, se apoderó de ella.
En 1913, por las calles de Viena, un miserable ex estudiante de arte intentaba en vano ganarse la vida vendiendo pequeñas acuarelas. Ocasionalmente, cuando el frío le impedía salir a la calle, vagaba por los corredores del museo del palacio de La Hofburg. Se sentía especialmente fascinado por un conjunto de piezas valiosas, conocidas como «las insignias de los Habsburgo». Entre ellas el joven vagabundo Adolf Hitler prestaba especial atención a la Santa Lanza, que la leyenda identifica con la que atravesó el costado de Cristo después que éste expirara en la Cruz.
La leyenda de la Santa Lanza se origina en el Evangelio según San Juan, 19: 33-37:
... pero llegando a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó con su lanza el costado y al instante salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio y su testimonio es verdadero; él sabe que dice verdad para que vosotros creáis; porque esto sucedió para que se cumpliese la Escritura: «No romperéis ni uno de sus huesos». Y otra Escritura dice también: «Mirarán al que traspasaron». El versículo siguiente cuenta cómo José de Arimatea obtuvo permiso para llevarse el cuerpo de Jesús y, ayudado por Nicodemo, lo colocó en una tumba en la noche de viernes santo.
Otras tradiciones orales y escritas, que comenzaron con los primeros cristianos y continuaron en la Edad Media, aseguran que el rico judío José de Arimatea se preocupó de preservar la cruz, los clavos, la corona de espinas y el sudario del que Cristo se levantó al tercer día. Por medio de las claves que dejó José, Helena, la madre del primer emperador cristiano, Constantino, pudo redescubrir estas reliquias.
Pero, según las mismas tradiciones, José había empezado su colección antes de la muerte de Cristo: después de la última cena, guardó la copa en la que Jesús había consagrado el pan y el vino. Después de la Resurrección, José conservó la copa junto con la lanza citada en el Evangelio: fueron llamados, respectivamente, el Santo Grial y la Santa Lanza.
Los viajes posteriores de José con el Grial y la Lanza fueron tema de relatos folklóricos y leyendas en casi todos los países de Europa. En España, en la catedral de Valencia se conserva uno de los «Santos Griales» mejor documentados: se dice que los primeros papas lo habían utilizado en Roma (adonde lo habría llevado San Pedro) hasta el año 258, en que fue enviado por San Lorenzo a Huesca, para rescatarlo de la persecución imperial. Posteriormente estuvo en San Juan de la Peña y en Zaragoza. Pero ésta es sólo una de las muchas historias en torno al Grial.
Los escritores medievales, comenzando por el poeta francés Chrétien de Troyes alrededor de 1180, vincularon el destino del Santo Grial y de la Santa Lanza con la aventura del Rey Arturo y los Caballeros de la Tabla Redonda, sobre todo con Lanzarote, Gawain y Perceval.
Paralelamente a estas historias -basadas en tradiciones celtas y en fragmentos de hechos históricos- subsistía la historia de que la Lanza, por lo menos, había sobrevivido a los siglos, pasando a veces a buenas manos, a veces a otras menos dignas. Quien la poseía adquiría un poder que podía ser usado para el bien o para el mal.
A principios de este siglo existían por lo menos cuatro «Santas Lanzas» en Europa. Quizá la más conocida fuera la que se conservaba en el Vaticano, aunque la Iglesia Católica parecía considerarla sólo una curiosidad. Ciertamente, las autoridades papales nunca le atribuyeron poderes sobrenaturales.
Una segunda lanza estaba en París, adonde había sido llevada por San Luis en el siglo XIII, cuando volvió de la cruzada a Palestina.
Otra, conservada en Cracovia (Polonia), era sólo una copia de la lanza de los Habsburgo. Ésta es, posiblemente, la que posee una genealogía mejor. Fue descubierta en Antioquía, en 1098, durante la primera cruzada, pero el misterio -y posiblemente la imaginación- oscurecieron las circunstancias del hallazgo. Los cruzados habían sitiado con éxito la ciudad y la habían ocupado, cuando una banda de sarracenos fuertemente armada llegó e invirtió la situación, encerrando a los cruzados dentro de las murallas de la ciudad. Tres semanas después la comida y el agua escaseaban, y la rendición parecía el único camino. Entonces, un sacerdote dijo haber tenido una visión milagrosa de la Santa Lanza, enterrada en la iglesia de San Pedro. Cuando las excavaciones en ese sitio revelaron la presencia de una lanza de hierro, los cruzados se sintieron llenos de un renovado ardor y rompieron el cerco, derrotando a sus enemigos.
Las tradiciones germánicas, que no coinciden demasiado con esas fechas, afirman que la lanza de los Habsburgo fue llevada como talismán por Carlomagno, en el siglo IX, durante 47 campañas victoriosas. También le había conferido poderes de clarividencia. Carlomagno murió cuando la dejó caer accidentalmente.
La lanza pasó a manos de Heinrich el Cazador, quien fundó la casa real de Sajonia y empujó a los polacos hacia el este... una prefiguración de su propio destino, pudo haber pensado luego Hitler. Después de pasar por las manos de cinco monarcas sajones, llegó a manos de los Hohenstauffen de Suabia, que les sucedieron. Un destacado miembro de esta dinastía fue Federico Barbarroja, nacido en 1123. Antes de morir, 67 años más tarde, Barbarroja conquistó Italia y obligó al Papa a exiliarse; de nuevo, Hitler bien pudo haber admirado la dureza brutal de aquel personaje, combinada con una personalidad carismática que fue la clave de su éxito. Pero, al igual que Carlomagno, Barbarroja cometió el error de dejar caer la lanza mientras vadeaba un arroyo en Sicilia. Murió pocos minutos después.
La Fascinación De La Lanza
Ésta era la leyenda del arma que tanto fascinaba al joven Hitler. Durante su primera visita a la lanza la estudió con todo detalle. Medía 30 cm de longitud, y terminaba en una punta delgada, en forma de hoja; en algún momento, el filo había sido ahuecado para admitir un clavo -al parecer, uno de los usados en la crucifixión-. El clavo estaba sujeto con un hilo de oro. La lanza se había partido y las dos partes estaban unidas por una vaina de plata; dos cruces de oro habían sido incrustadas en la base, cerca del puño.
Estos detalles que describen la fascinación de Hitler ante la lanza de los Habsburgo provienen del testimonio del doctor Walter Johannes Stein, matemático, economista y ocultista que afirmaba haber conocido al futuro Führer justo antes de la guerra del 14. Stein, que había nacido en Viena en 1891, era hijo de un rico abogado. Sería un erudito y un aventurero intelectual hasta su muerte, en 1957. Se licenció en ciencias y se doctoró en investigaciones psicofísicas por la Universidad de Viena. Luego se convirtió en experto en arqueología, arte bizantino primitivo e historia medieval; durante la primera guerra mundial, como oficial del ejército austríaco, fue condecorado por su valor.
En 1928 publicó un excéntrico panfleto, Historia del mundo a la luz del Santo Grial, que circuló por Alemania, Holanda y Gran Bretaña. Cinco años después, el Reichsführer Heinrich Himmler ordenó que se obligara a Stein a trabajar en el «Buró ocultista» de los nazis, pero Stein huyó a Gran Bretaña. La segunda guerra mundial le sorprendió trabajando como agente del espionaje británico. Después de colaborar en la obtención de los planes de la «Operación Sealion» -la invasión de Inglaterra que proyectaba Hitler- fue consejero de Churchill, como asesor sobre las creencias ocultistas del líder alemán.
Retrato de Heinrich Himmler, Reichsfürher de las SS (1900-1945).
Stein nunca publicó sus memorias, pero antes de morir se hizo amigo de un ex oficial de comandos de Sandhurst, ahora periodista, Trevor Ravenscroft. Usando las notas y las conversaciones de Stein, Ravenscroft publicó en 1972 el libro Spear of Destiny (La lanza del destino) que por primera vez llamó la atención del público sobre la fascinación que sentía Hitler por la lanza de los Habsburgo.
¿Qué atractivo podía ofrecer la Santa Lanza, un símbolo cristiano, para el ex católico y violentamente anticristiano Adolf Hitler? Ya se había entregado a violentos desvaríos antisemitas, era un devoto discípulo del Anticristo de Nietzsche y sostenía su condena del cristianismo como «la última consecuencia del judaísmo».
Parte de la respuesta se encuentra en una tradición ocultista medieval vinculada con la historia de la Santa Lanza.
Como cuenta el evangelio de San Juan, el soldado romano que hirió el cuerpo de Cristo cumplió, sin saberlo, las profecías del Antiguo Testamento (los huesos de Cristo no serían rotos). Si no hubiese hecho lo que hizo, el destino de la humanidad habría sido diferente. Según San Mateo y San Marcos, la verdadera naturaleza de Cristo fue revelada en ese momento al soldado, que se llamaba Cayo Casio Longinos: «Viendo el centurión que estaba frente a Él de qué manera expiraba, dijo: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios». (San Marcos, 15:39)
Para la mentalidad ocultista, un instrumento usado para un propósito tan importante se transforma en un foco de poder mágico. Y, como dice suscintamente Richard Cavendish, hablando del Grial y la Lanza en su libro El rey Arturo y el Grial:
Una cosa no es sagrada porque es buena. Es sagrada porque contiene un poder misterioso y terrible. Es tan poderosa para el bien o el mal como una fuerte descarga eléctrica. Si es mal usada, por importantes y comprensibles que sean las razones, las consecuencias pueden ser catastróficas para personas totalmente inocentes.
Según Stein, Hitler tenía conciencia de este concepto ya en 1912; de hecho, fue la obsesión de Hitler por la lanza y su poder de «varita mágica» el motivo de que los dos hombres se conocieran. En el verano de 1912, el doctor Stein compró una edición de Parsival, romance sobre el Grial del poeta alemán del siglo XIII Wolfram von Eschenbach, a un librero ocultista de Viena. Estaba llena de comentarios manuscritos en los márgenes, que mostraban una combinación de sabiduría ocultista y racismo patológico. En las guardas, su anterior propietario había anotado su nombre: Adolf Hitler.
A través del librero, Stein encontró a Hitler y pasó muchas horas con él, horrorizado pero fascinado. Aunque pasarían años antes de que el mísero pintor de cromos diera los primeros pasos por el camino del poder, poseía ya un carisma maligno. A través de su tortuoso discurso, una obsesión destacaba claramente: tenía un destino místico que cumplir y, según Stein, la lanza era la clave.
Hitler describió a Stein cómo había adquirido la lanza su especial significado para él:
Lentamente me apercibí de una presencia poderosa que la rodeaba, la misma impresionante presencia que había experimentado interiormente en esas ocasiones únicas de mi vida en que había sentido que un gran destino me aguardaba... una ventana en el futuro que se abría, a través de la cual veía, en un relámpago de iluminación, un hecho futuro, en función del cual sabía, más allá de toda contradicción, que la sangre de mis venas se transformaría algún día en el vehículo del espíritu de mi pueblo.
Hitler nunca reveló la naturaleza de su «visión», pero Stein creía que se había visto a sí mismo un cuarto de siglo después en la Heldenplatz, frente al palacio de La Hofburg, dirigiéndose a los nazis austríacos y a los desconcertados ciudadanos vieneses. Allí, el 14 de marzo de 1938, el Führer alemán anunciaría su anexión de Austria al Reich alemán... y daría la orden de llevar los atributos de los Habsburgo a Nüremberg, hogar espiritual del movimiento nazi.
Una Curiosa Primacía
La toma de posesión del tesoro constituyó un gesto de benevolencia sorprendente, considerando que Hitler despreciaba a la casa de Habsburgo, a la que consideraba traidora a la raza germánica. Sin embargo, el 13 de octubre, la lanza y otros objetos fueron cargados en un tren blindado provisto de una guardia de SS, y cruzaron la frontera alemana. Fueron instalados en el vestíbulo de la iglesia de Santa Catalina, donde Hitler pensaba instalar un museo de guerra nazi. Stein creía que, cuando Hitler tuviera la lanza en su poder, sus ambiciones latentes de conquista empezarían a crecer y florecer.
Si los conocimientos de Hitler sobre la historia de la lanza eran tan amplios como decía Stein, tiene que haber estado al tanto de las leyendas sobre el destino de Carlomagno, Barbarroja y todos cuantos la habían blandido como un arma y habían perecido cuando escapó a su control. La leyenda parece haber sido confirmada por una inquietante coincidencia que marcó el final de su conexión con la Lanza.
Después de los intensos bombardeos aliados de octubre de 1944, durante los cuales Nüremberg sufrió enormes daños, Hitler ordenó que la lanza, junto con el resto del tesoro de los Habsburgo, fuera enterrada en una bóveda construida especialmente. Seis meses después, el Séptimo Ejército norteamericano había rodeado la antigua ciudad, defendida por 22.000 SS, 100 panzers y 22 regimientos de artillería. Durante cuatro días, la veterana división Thunderbird martilleó a estas formidables defensas hasta que el 20 de abril de 1945 -el día en que Hitler cumplía 56 años- la bandera americana victoriosa fue izada sobre las ruinas.
Durante los días siguientes, mientras las tropas norteamericanas localizaban a los supervivientes nazis y comenzaba el largo proceso de los interrogatorios, la Compañía C del Tercer regimiento del Gobierno Militar, al mando del teniente William Horn, era enviada en busca del tesoro de los Habsburgo. Por casualidad, un proyectil había facilitado su tarea, volando una pared de ladrillo y dejando a la vista la entrada de la bóveda. Después de algunas dificultades con las puertas de acero de la misma, el teniente Horn entró en la cámara subterránea y echó una ojeada a la polvorienta oscuridad. Allí, sobre un lecho de descolorido terciopelo rojo, estaba la fabulosa lanza de Longinos. El teniente Horn extendió la mano y tomó posesión de la lanza en nombre del gobierno de los Estados Unidos. La fecha, 30 de abril de 1945, está registrada en los textos de historia.
Y, por escépticos que sean los críticos -acerca de Walter Stein, el ocultismo en general y las leyendas de la Santa Lanza en particular- también es un hecho histórico que a unos cientos de kilómetros de distancia, en un bunker de Berlín, Adolf Hitler eligió esa tarde para coger una pistola y quitarse la vida.

existencia no ha sido científicamente comprobada. El caso es que han llegado hasta nuestros días una buena cantidad de grabados del siglo XVIII, contemporáneos de la Bestia de Gévaudan, en donde se representa a la famosa Bestia como una hiena y calificándola como tal a pie de página: representación de la bestia feroz llamada Hiena. Más claro, el agua. Se menciona a la hiena como la Bestia ya desde el momento en que el Capitán Duhamel se encarga de las batidas en la región, porque asi lo prueban una serie de grabados publicados en marzo de 1765. Un año antes, se reproduce un "retrato" de la Bestia atacando a una joven basado en el testimonio del abate Petit de Mende, presente durante ese trágico momento (1764). Otro impreso de 1765 reproduce una hiena donde se puede leer: "Hiena, Animal feroz que azota el Gévaudan tal y como se ha enviado a la corte". Comparando estos grabados que van desde 1764 a 1767, con el grabado correspondiente a la hiena "oficial" vista por el Conde de Buffon, zoologo oficial de la corte del Rey, encontramos similitudes inquietantes que nos inducen a pensar que también tuvo 'algo' que ver en las manipulaciones de Versailles.


La última víctima de la Bestia de Gévaudan fue Jeanne Bastide, de 19 años, degollada a orillas del Gourgayre entre la Gazelle y La Grange, el 17 de junio de 1767 a las cinco de la tarde (17 h.). La mañana siguiente, Jean Chastel mataba a la Bestia en la cuesta de un lugar llamado 'la Sogne' pero que, en realidad, no era 'la Sogne d'Auvers' (porque sencillamente no se ha encontrado en la topografía de la región). Jean Chastel abatió probablemente a la Bestia entre Lesbinières y Lair, donde sí se ubica un lugar bautizado como "La Sogne" y que domina el inquietante "Bosque Negro" de Desges. ¿Qué dijo Jean Chastel a la Bestia antes de dispararle certeramente? pues esto: "Bestia, ya no comerás más!" -Bang!-.
El Sr. François Antoine, 'Monsieur Antoine', por su lado, sacó realmente provecho de su estancia en el Gévaudan. El 1 de octubre de 1765, su hijo Monsieur de Beauterne presentó al rey Luis XV una formidable "Bestia" con una altura de 32 pulgadas, una longitud de 5 pies 7 pulgadas y media, una anchura de 3 pies y un peso de 130 libras. Todo el mundo presente, incluyendo numerosos testigos y picadores de la Lobería Real, especialistas en la materia, reconocen en la "Bestia" presentada como tal a un lobo de gran complexión pero con un inusual pelaje gris acero. Aqui empieza el desafine en la superchería de Chazes... Antoine afirmó rotundamente y ante testigos, que el animal al que había dado muerte no era, ni por asomo, un lobo. Siendo Lobero Mayor del Reino de Francia, ¿alguien podría poner en duda su convicción? Si alguien sabía de lobos, ése era Monsieur Antoine. Luego se moderó, tergiversó, argumentó y acabó por escribir en su informe oficial que jamás había visto ningún lobo que pudiese compararse a ese animal (ahí empieza a "matizar" por no decir "mentir" piadosamente en su informe). Por tanto, cabe suponer que hubieron dos animales bautizados como "la Bestia de Gévaudan", sencillamente porque no era la misma la cazada que la presentada al rey en Versailles. ¿Por qué? se preguntarán. Aqui empieza una anécdota que pone la mosca en la oreja...
Resulta que en el zoológico real (La Ménagerie Royale en francés) ubicado en el Jardín de Plantas de París, regentado por el naturalista Buffon, se encontraba un hermoso ejemplar de gran lobo gris de los Cárpatos cuyos lúgubres aullidos solían hacerse oír de noche en la capital. Ese lobo gris de los Cárpatos era muy popular entre los parisinos. De repente, a inicios de septiembre de 1765, el animal se esfuma misteriosamente de su jaula para no reaparecer jamás. El asunto de la desaparición de la mascota real puso en un aprieto a un conde de Buffon que tenía a cargo su custodia. Hasta aqui bien. Pero, cuando se puso a llevar la investigación sobre el misterioso desvanecimiento del lobo de los Cárpatos, lo hizo con tanta tibieza que nunca le llevó a ninguna parte. De hecho, me inclino mayormente a pensar que tampoco quería llegar a nada ni resolver tamaño misterio encontrando culpables, sencillamente porque él también tuvo, sin duda alguna, mucho que ver con el esfumamiento del pobre lobo gris. Obviamente, no existen pruebas tangibles de tal hipótesis de 'conspiración' en las altas esferas de la corte, porque ese tipo de tejemanejes se organizan con órdenes verbales que no escritas por la autoridad responsable de las decisiones. El caso es que, con toda probabilidad, ese famoso lobo gris transilvano haya formado parte del socorro tan esperado por Monsieur Antoine y, en consecuencia, haya también acabado disecado y ligeramente transfigurado por el cirujano Boulanger para llevarlo en presencia del rey haciéndolo pasar por la "Bestia de Gévaudan".
-SEÑOR D'ENNEVAL o DENNEVAL (Padre):
-CHASTEL:
Para desgracia de las gentes, la Bestia reapareció el 2 de diciembre. Dos chavales de 13 y 6 años que custodiaban su rebaño en La Margeride, fueron atacados en tres asaltos. Si consiguió capturar al benjamín para devorarlo, el mayor consiguió contraatacar a la Bestia clavándole una bayoneta y rescatar al pequeño de sus fauces. Tres días antes de Navidad, una pequeña pastora de Marcillac fue degollada. Días más tarde, en Julianges, otra joven pastora fue enteramente devorada. A mitades de febrero de 1766, la molinera del molino de Badouille, cerca de Lorcières, fue repentinamente atacada mientras estaba ocupada en romper el hielo con un pico, lo que le permitió defenderse de la Bestia. Pese a estar la mujer gravemente herida, consiguió refugiarse en su casa. El 4 de marzo, cerca de Montchauvet, a la hora del crepúsculo, un chiquillo de 8 años que conducía sus bueyes hasta el abrevadero desde la granja, fue atacado por la Bestia. Gracias a sus gritos, los campesinos acudieron y espantaron al monstruo que, sin embargo, había tenido el tiempo suficiente para propinarle varias dentelladas letales. Media hora después, el chaval falleció. Diez días después, fue una chiquilla encontrada muerta en los bosques de Saint-Privat-du-Fau.
A partir de ese 16 de mayo, a la Bestia le queda un mes de vida. Desde finales de marzo de 1767, tras una pausa y luego una lenta y solapada reanudación, todo empieza de nuevo y su campo de acción se extiende a cinco parroquias: La Besseyre, Grèzes, Servières, Nozeyrolle, Saint-Privat-du-Fau... En ocho semanas, la Bestia se llevará por delante a 12 mujeres y niños. Se volvió a hablar de batidas organizadas, pero las gentes estaban ya hartas y conocían de sobras su ineficacia. Se anunció un retiro para rezar a la Virgen. Hubieron grandes mobilizaciones para peregrinar hasta NªSra. de Beaulieu, al pie del Montchauvet y del Montgrand. Cada parroquia montaba su procesión conducida por su respectivo cura, y cada una de ellas acudió para solicitar a la Virgen de Beaulieu que librase el Gévaudan de la Bestia. En el momento de las ofrendas, Jean Chastel hizo que bendicieran su fusil y tres balas de plata que él mismo fabricó fundiendo medallas de la Virgen y un crucifijo. Acompañado por toda su familia, incluyendo a Antoine Chastel "el domador de lobos", pidió ese día a Dios poner fin a ese azote. Testigos dijeron que parecía preocupado, como si hubiese tenido algo que ver con ese azote... En ese momento, se decidió organizar, siempre bajo la dirección del Marqués d'Apcher, una cacería para el viernes 19 de junio en los bosques de La Ténazeyre, pues se sabía de buena fuente que la Bestia había establecido allí sus cuarteles desde hacía varios días.


Queda preguntar por medio de qué prodigio pudo Jean Chastel dar con la Bestia y abatirla sin el menor esfuerzo, con una tranquilidad pasmosa. ¿Acaso no hubo alguien para enviársela tal y como solía hacerlo en pueblos y aldeas para aullar ante las puertas y ventanas? Ese alguien pareció ser ese Antoine Chastel, velludo, arisco, asocial, salvajemente atrincherado en medio de mastines y lobos en una de esas cabañas que habían en los alrededores de La Ténazeyre. Y a ese hijo más o menos poseído por el Diablo, Jean Chastel había sabido llevarle a un increíble cambio: de domador de lobos que enviaba a la Bestia degollar y despedazar mujeres y niños, pasó a ser el que se la había enviado para caer voluntariamente bajo sus benditas balas de plata... Puede que el primero en cambiar fuera Jean Chastel. No hace tanto, aún se hablaba de su mala reputación en todo el país, hasta el punto de que tuvieron que encarcelarlo. Es más, La Besseyre es, por antonomasia, el punto de encuentro de brujos y brujas, y a él le apodan el "masque" (el brujo), como a su madre, porque la família perseguía tradicionalmente a los hombres-lobo por montes y bosques. Pero el hecho de haber visto con sus ojos el sanguinolento e irreconocible cadaver despedazado de la pequeña Denty, por la que sentía cierto afecto, le haya servido de revulsivo. Desde aquel instante, el casi sexagenario Chastel se transforma y se hace más humano, sin duda porque el drama le ha tocado más de cerca; y jura que pondrá fin a esa matanza indiscriminada que lleva azotando la región desde hace tres años. Pasa de ser el malvado y huraño cazador, jefe de una banda y de una familia temida por sus vecinos, a ser un notable de su localidad, respetable, que todos invitan a bodas y bautizos como testigo.
Viviendo en los bosques donde se ubicaba la madriguera de la Bestia, Antoine Chastel pudo haber sido su domador, pero la idea de un animal domado, protegido con una coraza de jabalí, no venía de él. Solos, los Chastel nunca habrían podido llevar a cabo tan maquiavélica empresa. El domador de la Bestia pareció saber mucho sobre los perros de guerra, y la idea de la coraza refuerza la hipótesis. Él o un hombre a su servicio tuvo que ser un experto en cinegética: el conde es un oficial que ha servido durante unos años en un destacamento de la Isla de Menorca con el rango de coronel, de donde habría repatriado a Jean Chastel en 1763 cuando volvió a casa. Es también un noble de alto rango, perteneciente a esa vieja aristocracia muy influyente. Si se llegó o no a sospechar de él, queda claro que, en cualquier caso, se lo pensarían muchísimo antes de atacar a tan prestigioso apellido (
El 15 de diciembre, Antoine Chastel, sin duda preocupado en borrar las pistas, lleva su bestia hacia el noroeste: un asesinato seguido de una decapitación tienen lugar en Sistrière. Luego, las grandes batidas van a hacer migrar a la Bestia y conducirla a lugares más alejados del 20 de diciembre hasta la mitad de abril de 1765. Chastel ya no puede seguirla y la Bestia va por libre; prueba de ello es que corresponde a la temporada más mortífera, con una media de 9 muertes mensuales! El domador ha vuelto hacia La Ténazeyre. Después de ese período sangriento, la Bestia buscó refugio en diversas ocasiones para reencontrarse con su dueño quien, de cuando en cuando, retoma sus incursiones en su compañía. Puede que estuvieran juntos a principios de febrero de 1765, entre Falzet y Saint-Juery, y el 23 en Chabanolles. Están juntos en cada decapitación: el 9 de febrero en Mialanette, el 8 de marzo en Albaret-le-Comtal, el 19 de mayo en Venteuges. Quizás estuviera aún presente a inicios de abril, durante los asesinatos de Dauphine Annez y de Gabrielle Pelissier.
1767, en primavera, la Bestia ha recuperado su ferocidad de las temporadas más mortíferas. Sin embargo, no se aleja mucho del Montmouchet. ¿Antoine Chastel ya no tenía los medios suficientes para alimentarla?¿acaso se ha hecho más independiente y difícil de dominar? Después de haber encubierto durante mucho tiempo las acciones de su hijo, Jean Chastel, que parece haberse humanizado y transformarse en un hombre piadoso, le obligará a poner punto final a sus fechorías.


Cuando Chastel llega a Versailles, la Bestia ya ha entrado en estado de putrefacción. Boulanger, pésimo disecador aficionado, tan solo se limitó a vaciarla y llenarla de paja. El viaje y el calor no han favorecido la conservación del animal. En el momento en que Chastel solicita una audiencia con el rey para presentarle a la verdadera Bestia de Gévaudan, su petición es rechazada al constatar el mal estado del despojo maloliente. En lugar de Luis XV, es el Conde de Buffon en persona quien examina el pútrido trofeo de Chastel, concluyendo que se trata de un lobo de medidas extraordinarias. El hedor es tan insostenible que, tras echarle un ojo, el Conde de Buffon ordena que quiten de su vista semejante monstruosidad en pleno proceso de descomposición y la entierren sin tardanza en los jardines de palacio.







En ese mes de abril de 1765, la historia de la Bestia de Gévaudan se difunde por toda Europa. El Correo de Avignon menciona, de hecho, que varios periodistas ingleses se mofan de la ineficacia de las batidas contra un simple animal. Mientras tanto, el obispo de Mende, asi como los intendentes, deben hacer frente a un aluvión de correos. En ellos, personas de toda Francia proponen métodos más o menos 'extraordinarios' para conseguir abatir a la Bestia.
El domingo 11 de agosto, organiza una gran batida. Pese al despliegue, esa fecha no quedará registrada en la historia por ese hecho en concreto, sino por la hazaña de la "doncella de Gévaudan". Marie-Jeanne Valet, de 20 años de edad aproximadamente, era la sirviente del cura de Paulhac. En el momento en que ella y otras campesinas cruzan una pasarela sobre un riachuelo, la Bestia les ataca. Las mujeres se echan atrás, pero la Bestia se abalanza sobre Marie-Jeanne Valet. Esta última consigue clavarle su lanza en el pecho, y la Bestia cae al agua para desaparecer seguidamente en el bosque. La historia del encuentro de Marie-Jeanne con la Bestia llega a oídos del Sr. Antoine quien se traslada hasta el lugar para constatar que, efectivamente, la lanza está cubierta de sangre y que las huellas encontradas corresponden a las de la Bestia.
Chastel y les preguntan sobre la condición del terreno antes de penetrar, a caballo, por un frondoso corredor que atraviesa el bosque. Quieren, más que nada, asegurarse de que no hay ninguna ciénaga por esa zona. Los Chastel les aseguran que el terreno es seguro y entonces, el confiado Pélissier se adentra en el camino. Antes de que pueda darse cuenta, su montura se hunde repentinamente en la tierra movediza y él cae con ella. No sin dificultades, Pélissier consigue salir y sacar su corcel con ayuda de Lachenay mientras oyen las carcajadas de los Chastel. Lógicamente enfadados, Pélissier y Lachenay agarran al más joven de los Chastel con la intención de llevarle ante el Sr. Antoine; es entonces cuando el mayor y el padre Chastel apuntan con sus armas a Lachenay y Pélissier, exigiéndoles que suelten al benjamín. Los dos guardas no podrán ofrecer ninguna resistencia y tendrán que batir retirada. La misma noche, ambos redactan un proceso verbal para relatar los hechos y, sobre la orden del Sr. Antoine, los Chastel son detenidos y encarcelados en Saugues. La consigna que es dada a los jueces y cónsules de la ciudad por Antoine es la siguiente: "No les dejéis salir hasta pasados 4 días después de nuestra marcha fuera de la provincia."


Oficialmente, la Bestia de Gévaudan ha muerto, abatida por el arcabucero del rey, François Antoine. Poco importan los acontecimientos posteriores; el lobo des Chazes era sin duda la Bestia. Ese carácter oficial fue de hecho confirmado cuando en 1770, François Antoine se vio conceder, mediante real cédula, el derecho a llevar un lobo moribundo, simbolizando la Bestia, en su escudo de armas (

La primera persona que la Bestia atacó fue una mujer que vivía cerca de Langogne, pero llegó un rebaño de bueyes que hicieron huir al animal. La mujer en cuestión no tuvo más daños que en su vestido, hecho girones. La primera víctima oficial de la Bestia fue Jeanne Boulet, joven de 14 años, asesinada el 30 de junio de 1764, en las inmediaciones del pueblo des Hubacs, cerca de Langogne, situado en la parroquia de Saint-Étienne-de-Lugdarès, en la región del Vivarais. Dadas las circunstancias de su muerte, el cadáver de Jeanne Boulet fue sepultado sin sacramentos porque no se había confesado anteriormente. Es interesante subrayar sobre la reflexión escrita por el cura de la parroquia, quien menciona que fue "víctima de la feroz bestia", lo que sugiere que no fue en realidad la primera víctima pero si la primera declarada oficialmente.
De este modo y a partir del 15 de septiembre, el capitán Duhamel y sus dragones inauguran sus batidas, armando a los campesinos para que les vinieran a ayudar en su búsqueda. Había entonces cuatro compañías de dragones, voluntarios de Clermont, estacionados en Langogne o en Pradelles y mandadas por Duhamel. Esos militares eran entonces muy presentes en las regiones que rodeaban las Cévennes, desde los conflictos con los 'Camisards' a principios de siglo (1702-1715). En las múltiples batidas llevadas a cabo en el bosque de Mercoire, jamás se dio con la Bestia. Sin embargo, debe ser sin duda por culpa de esas batidas que la Bestia abandona rápidamente esta zona para reaparecer en los confines de la Margeride y del Aubrac, a principios de octubre.
Antes de la llegada de los Denneval, el 12 de enero, la Bestia ataca a 7 niños del Villaret, en la parroquia de Chanaleilles. El combate que la opuso a los jóvenes pastores y el coraje de éstos harían historia. Desde la aparición de la Bestia, se había recomendado no enviar solos a los niños para cuidar del ganado y, en esa región, dominaba sobretodo la cría de vacas y ovejas. Por norma, los hombres adultos estaban ocupados en faenar en los campos... Para limitar las posiciones de debilidad que presentaban los chiquillos por separado, los rebaños son agrupados con la finalidad de que los jóvenes puedan guardar juntos a los animales.
esposa de Pierre Jouve, residente en la masía de La Vessière, en Saint-Alban, se encontraba delante de la casa con tres de sus hijos hacia el mediodía del 14 de marzo cuando, de repente, alertada por un ruido, se da cuenta que su hija de 9 años acaba de ser agarrada por la Bestia, que ha saltado por encima del muro. Para colmo, la niña llevaba de la mano a su hermanito de 14 meses. Jeanne Jouve, sin pensárselo dos veces, se abalanza sobre la Bestia forzándola a soltar a sus hijos. Vuelve nuevamente a la carga para coger al más pequeño, pero la madre se lo impide; la Bestia se abalanza entonces sobre otro niño, de 6 años, cogiéndole por el brazo y se lo lleva. Jeanne Jouve la persigue y pelea ferozmente con ella sin conseguir que libere a su niño... Acaba tirada en el suelo, arañada, mordida en diversas partes de su cuerpo, mientras la Bestia consigue escapar cuando, de repente, se topa con los dos hijos mayores Jouve, que consiguen repelerla y rescatar al niño zarandeado. La Bestia acabará huyendo, pero el niño Jouve de 6 años acabaría por sucumbir dada la gravedad de sus heridas unas horas más tarde. Para recompensar semejante heroicidad, Luis XV premiaría a Jeanne Jouve con 300 libras.
Contrariamente a la creencia popular, el fenómeno OVNI o UFO (para los anglosajones) no es una exclusividad del siglo XX. Pese a que la palabra "platillo" y la expresión "platillos volantes" se deben al piloto estadounidense Kenneth Arnold, testigo de un avistamiento de 9 objetos volantes no identificados en junio de 1947, al Sureste de la ciudad de Seattle (Costa del Pacífico Norte, EE.UU.), la Historia está plagada de esos acontecimientos extraños desde los tiempos antiguos. Alejandro Magno o Alejandro III de Macedonia, debió una de sus conquistas en Oriente Medio gracias a la providencial intervención de varios "escudos llameantes" que dispararon un rayo de luz contra las murallas de la ciudad de Tiro (Líbano), abriendo en ellas tal boquete que sus tropas pudieron penetrar fácilmente en ella y tomarla. Plinio el Viejo, Séneca, Cicerone, Tito Livio o Julius Obsequens dejaron narrados extraordinarios fenómenos y prodigios en los cielos romanos. Los textos 'Vedas', los más antiguos de la India, o el Ramayana del siglo III A.C. hablan de objetos volantes conducidos por 'hombres' y armas terribles capaces de reducir a ceniza ciudades enteras a imagen y semejanza de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Las crónicas del Nihongi, en Japón, remontan hasta la noche de los tiempos para interrumpirse en el año 697 D.C., hablando del "antepasado celeste que descendió sobre la tierra un millón setecientos noventa y dos mil cuatrocientos setenta años atrás..." (1.792.470 años). El abad Grégoire de Tours, historiador del emperador Carlomagno, se refirió a un fenómeno que propició que el monarca sufriera graves heridas al caerse de su montura, tal fue el susto del animal ante la visión de aquel objeto volante que parecía brillar como un segundo sol, en el año 583. El primer emperador de Occidente legisló, de hecho, contra los pobladores del firmamento que abducían a ciertos súbditos del imperio -a los que llamaban "Sylphes" o Silfos- y ordenó darles caza... aunque fue en vano. Otro rey franco, Pepino I, también pretendió cazar a los "Silfos" sin éxito. Tutmosis III, el más grande de los faraones del antiguo Egipto, conocido como el Napoleón egipcio, fue testigo junto a sus escribas y séquito cortesano y militar de la evolución aérea de varios "círculos de fuego" que desprendían un "aliento" fétido. Y los avistamientos se multiplicaron en el cielo de Egipto, provocando lluvia de peces y aves muertas, sembrando el pánico entre los súbditos del faraón. Los relatos de la Grecia antigua sobre esos avistamientos son igualmente numerosos.

He aqui uno de los más antiguos documentos descubierto hace poco (aunque no el único en su especie), fechado en 1608, y redactado por un tal Pierre Ménier, de profesión editor sito en la Puerta de Saint-Victor (París); aqui no se trata de "platillos volantes" dado que el término es del siglo XX. El documento se presenta bajo una forma de antiguo librillo que tanto pululaban durante el siglo XVII. El relato abarca siete páginas y está escrito en francés...
Tengamos en consideración que para esos acontecimientos tan extraordinarios, el autor los compara con elementos que le son familiares y propios de su época. Por ejemplo, la "cabeza en forma de dragón", ¿qué se supone que era un dragón para la gente de entonces? Sea como fuere, los Genoveses vieron formas metálicas surgir de las aguas del Mediterráneo, desplazándose bajo el mar y produciendo un ruido infernal. Puesto que esas "apariciones" o manifestaciones insólitas se reproducen sucesivamente en ese mes de agosto, las autoridades decidieron pasar al ataque.




refuerzos militares destinados al Príncipe Eugenio de Saboya, salidos de la costa de Croacia. De hecho, su testimonio es refrendado por el de su compañero de viaje Cléron de Kerdreux, al mando de la segunda nave de 8 cañones, el Gentille. Dada la mala mar en ese inicio de invierno de 1702, su partida desde el puerto francés de Toulon (Tolón) ha sido accidentada por culpa de las sucesivas inclemencias obligándole, en su ruta hacia Brindisi (Nápoles), a encontrar refugio en el golfo siciliano de Noto. Durante dos horas, la bola luminosa que brillaba como un sol en plena noche (de tal forma que se podía leer cómodamente una carta), permaneció por encima de sus naves insensible a los fuertes vientos de la tempestad. Luego, se apagó lentamente para desaparecer súbitamente en el firmamento. Al parecer, se deduce del texto que el objeto luminoso tenía el tamaño de la luna y flotaba por debajo de los nubarrones.