CARLOS ALEJANDRO DE LORENA, 1712 - 1780
"el hermano del Augusto César"
Linaje y juventud
Carlos Alejandro de Lorena, Príncipe de Lorena, nació en el Castillo de Lunéville el 12 de diciembre de 1712 y falleció en el Castillo de Tervuren, en las proximidades de Bruselas, el 4 de julio de 1780. Era el duodécimo retoño de la prolífica pareja formada por el Duque Leopoldo I de Lorena y de Bar, y de la Princesa Elisabeth-Charlotte de Orléans, sobrina carnal del rey Luis XIV de Francia (en la ilustración contigua, retratada junto al príncipe heredero Luis de Lorena). Por lado paterno, el joven Carlos-Alejandro descendía de los Habsburgo vieneses a través de su abuela la archiduquesa Eleonor de Austria, reina viuda de Polonia, mientras que del lado materno, aparte de emparentarse directamente con los Borbones, su otra abuela era la famosa Princesa Palatina del Rhin Elisabeth-Charlotte de Baviera, segunda esposa de "Monsieur" Felipe de Francia, duque de Orléans, y más conocida en la corte de Versailles como "Madame".
Retrato de Leopoldo I, Duque de Lorena y de Bar (1679-1729), en un grabado de la época.
Por nacimiento, Carlos Alejandro tan solo figurará en el último lugar de la línea de sucesión al trono ducal, después de sus hermanos que le preceden. Ya en mayo de 1711, una epidemia de viruela que tiene tintes de pandemia, asola Europa y se lleva a la tumba al Emperador José I de Austria y al Gran Delfín de Francia, asi como a los tres primeros hijos de los Duques de Lorena. Entre ellos ha muerto el príncipe heredero de Lorena, Luis, por lo que la sucesión a la corona ducal recae en el jovencísimo príncipe Leopoldo-Clemente, de tan solo 4 años.
En 1722, los jovenes vástagos de Lorena se únen a sus padres para asistir en Reims, en calidad de invitados, a la coronación de su joven primo el rey Luis XV de Francia y de Navarra. La estancia en territorio francés dará la posibilidad a los príncipes de Lorena para saludar a su abuela materna la Duquesa Vda. de Orléans, quien dejará escritas sus inmejorables impresiones acerca de sus tres nietos en sus cartas... Elogió en ellas la belleza de sus rasgos, el buen carácter y las buenas maneras de sus nietos, no pudiendo evitar compararlos con sus otros malcriados y aborrecidos nietos franceses, hijo e hijas del Regente.
Al año siguiente, el duque Leopoldo I piensa en enviar a su heredero a la corte de Viena con la finalidad de completar su educación bajo la protección y supervisión del Emperador Carlos VI, su primo y amigo de infancia, del cual se siente muy próximo. Por desgracia, el príncipe Leopoldo-Clemente contrae la viruela y fallece de esta horrible enfermedad a la edad de 16 años (en la ilustración de la izq.).
Será pues el príncipe Francisco, de 15 años y nuevo heredero de Lorena y de Bar, quien será enviado a Viena. El Emperador lo educa y forma como si se tratase de su propio hijo y heredero, pensando ya en convertirlo en su yerno casándole con su primogénita la archiduquesa Maria-Teresa, heredera de los Estados Hereditarios de Austria y de las coronas de Bohemia y Hungría. En poco tiempo, se oficializaría el tan cacareado noviazgo de la heredera imperial con el heredero loreno.
Educación Vienesa
Retrato del Príncipe Francisco Antonio Esteban de Lorena (1708-1765), Duque de Bar y Príncipe Heredero de Lorena a partir de 1723. / Abajo, detalle de un retrato de Carlos VI de Austria (1685-1740), Emperador Romano Germánico entre 1711 y 1740.
Es quizás en el curso del año de 1727 cuando Leopoldo I decide también mandar a su benjamín Carlos Alejandro a la corte imperial, para que se convierta en el compañero de su mayor. Cabe reseñar que, desde la corta edad de 4 años, Carlos Alejandro tiene en propiedad un regimiento de Infantería Imperial del cual es coronel. Carlos VI acogerá al principe quinceañero con los brazos abiertos y velará para que reciba una excelente formación cultural y militar entre los muros de La Hofburg: es iniciado principalmente en la ingeniería militar, en ciencias políticas y en lenguas extranjeras con excelentes resultados. Tratado como un hijo adoptivo de los Emperadores, Carlos Alejandro sería solemnemente recibido caballero de la Orden del Toisón de Oro el 5 de abril de 1729.
Su hermano el Duque de Lorena
En 1729, fallece el padre de los príncipes y el mayor, Francisco, es llamado a sucederle en el trono ducal con el ordinal de Francisco III (1708-1765) -en la ilustración contigua-, poniendo término a cinco años de estancia en la corte austríaca. Regresa a Lunéville, sede de la corte lorena, y emprende una serie de reformas urgentes que concluyen en apenas dieciocho meses. Sin embargo, su frialdad germánica no le brinda la general simpatía de sus súbditos como cabía esperar. Es más, sus constantes choques con su madre la duquesa viuda no contribuyen a mejorar el ambiente en Lunéville; Elisabeth-Charlotte de Orléans ambiciona intervenir en todos los asuntos del ducado y sentarse en el consejo, para guiar a su hijo. Francisco, en cualquier caso, se siente de sobras preparado para asumir las riendas del gobierno y no concibe que su madre le tutele como si fuese un chiquillo.
En 1721, el duque Francisco III de Lorena decide emprender una gira por Europa, por lo que acaba confiando la regencia a su madre. En el curso de sus viajes, aparece por Versailles para prestar homenaje al Rey de Francia, Luis XV, por una parte de su ducado de Bar respetando el modelo feudal que databa de 1301. En Bruselas, aprovecha para saludar a su tía, la archiduquesa Maria-Elisabeth de Austria, gobernadora general de los Países Bajos Austríacos. En Berlin, asiste como invitado a la boda del heredero de la corona de Prusia, el futuro rey Federico II, con una princesa de Brünswick-Wolfenbüttel. Se cree entonces que, en ese momento, es iniciado en la francmasonería.
Retrato de Estanislao I Leszczynski (1677-1766), Rey de Polonia y posteriormente Duque de Lorena y de Bar a partir de 1737; según el pintor Jean-Marc Nattier. / Abajo, retrato en busto del Duque Francisco III de Lorena y de Bar (1708-1765), Virrey de Hungría, según Martin Van Meytens.
En 1731, Francisco III es nombrado virrey de Hungría por el Emperador Carlos VI. La nominación le obligará a abandonar sus Estados que nunca volvería a pisar. De hecho, para poner fin a la Guerra de Sucesión de Polonia, Carlos VI, conforme a las propuestas del Cardenal de Fleury -primer ministro de Francia-, acepta entregar al vencido Estanislao I Leszczynski, suegro de Luis XV de Francia, en compensación por la pérdida de la corona polaca, los ducados de Lorena y de Bar. A cambio de la pérdida de sus ducados, sobre los que su familia llevaba setecientos años reinando, Francisco III se ve ofrecido el gran ducado de Toscana, propuesta que éste -muy a su pesar- acabó por aceptar pese a las vehementes protestas de su madre y de su hermano Carlos Alejandro, y para mayor consternación de sus súbditos.
Este intercambio territorial, negociado en secreto desde 1735 y efectivo en 1737, es formalizado por el Tratado de Viena de 1738.
El Palacio Pitti y sus célebres jardines, residencia oficial de la corte granducal de Toscana en Florencia, a vista de pájaro.
Poco después, Francisco III ordena que todos los muebles, cuadros, obras de arte, joyas y bibliotecas de sus palacios de Nancy, Lunéville, La Malgrange, Commercy... asi como la totalidad de los Archivos Ducales sean empaquetados y enviados a Viena de inmediato. No se trata de rapiña, expoliación y desmantelamiento, sino de un traslado, de una mudanza en toda regla de los bienes muebles del Duque de Lorena y de su familia. De hecho, Florencia se beneficiará de parte de ese traslado ducal cuando Francisco III se instale temporalmente entre los muros del Palacio Pitti y ordene que su valiosa biblioteca y el contenido de su admirable gabinete de ciencias sean instalados convenientemente en algunas de sus estancias palatinas.
Escena inmortalizada del "Desayuno Nupcial del 13 de febrero de 1736" en el Palacio Imperial de La Hofburg, ofrecido por los Emperadores Carlos VI y Elisabeth-Christine a su primogénita la Archiduquesa Maria-Teresa de Austria y a su yerno Francisco III de Lorena, Duque de Teschen y Gran Duque de Toscana (a la derecha de la mesa), recién casados, en presencia de la corte imperial.
El 12 de febrero de 1736, Francisco III de Lorena, de 27 años, se casa en Viena con su prometida la Archiduquesa Maria-Teresa de Austria, de 18 años. Tras los festejos organizados en el Palacio de La Hofburg, la joven pareja archiducal hace sus baúles para viajar hasta su nuevo destino: Florencia, capital de su gran ducado toscano.
El Príncipe de Lorena al servicio de Austria
Retrato del Príncipe Carlos Alejandro de Lorena (1712-1780), Caballero de la Orden del Toisón de Oro Austríaco y Mariscal de Austria; pastel debido al retratista suizo Jean-Etienne Liotard.
Privado de su hogar ancestral loreno, el príncipe Carlos Alejandro desestimará permanecer junto a su madre en el último reducto familiar que permanece como propiedad usufructuaria de la Duquesa Vda. Elisabeth-Charlotte, el principado soberano de Commercy. A principios de 1737, opta por trasladarse a la corte de Viena y poner su espada al servicio del Emperador enrolándose en las filas del ejército austríaco. Buscando la gloria y los laureles, participará activamente en la guerra contra la eterna enemiga de Austria, Turquía (1737-1739). Los honores y promociones no se harán esperar demasiado: asciende rápidamente en las graduaciones militares hasta llegar al rango de comandante general por méritos propios.
El difunto Emperador Carlos VI de Austria en su cama funeraria, rodeado de las coronas reales de Hungría, Bohemia, la archiducal de Austria y la Imperial del S.S.I.R.G., el 20 de octubre de 1740 en La Hofburg, Viena.
En 1740, año de la súbita muerte de Carlos VI y ascensión de su hija la archiduquesa Maria-Teresa al trono vienés, Carlos Alejandro se beneficiaría de un nuevo ascenso en la escala militar al ser nombrado mariscal de Austria (22 de noviembre).
Retrato de la Archiduquesa Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), "Rey" de Hungría y de Bohemia y de los Estados Hereditarios Austríacos entre 1740 y 1780; según Martin Van Meytens.
Según las disposiciones de la Pragmática Sanción, reconocida por el conjunto de los Estados Europeos, las posesiones habsburguesas recaen en Maria-Teresa. Sin embargo, Federico II de Prusia exige compensaciones territoriales y los electores de Sajonia y de Baviera, casados con archiduquesas austríacas -hijas del difunto Emperador José I-, rehúsan reconocer a Maria-Teresa como única heredera y elegir a su marido Francisco nuevo emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico. El Rey de Cerdeña, pese a estar casado con una hermana de Francisco y Carlos Alejandro, pretende hacerse con el Milanesado mientras que Francia acaricia la idea de aplastar, de una vez por todas, la Casa de Habsburgo, su rival desde hace 250 años. Todas esas discordias desembocarán en la Guerra de Sucesión de Austria (1740-1748) durante la cual, Francisco de Lorena, lejos de olvidarse de sus orígenes, se mostrará profundamente francófobo yendo hasta promover un acuerdo de paz con Prusia, al precio de abandonarle el ducado de Silesia, tan querido por Maria-Teresa, para facilitar la lucha de Austria contra Francia.
Retrato de la Archiduquesa Maria-Elisabeth de Austria (1680-1741), Gobernadora General de los Países-Bajos Austríacos entre 1725 y 1741. Era hija del Emperador Leopoldo I y de su tercera esposa Eleonor de Baviera-Neoburgo, asi como hermana de los dos últimos Emperadores de la Casa de Habsburgo: José I y Carlos VI. Tenía fama de mujer piadosa y gran melómana; asistió impotente al incendio accidental del Palacio Ducal de Bruselas en 1731. Falleció en el Castillo de Mariemont que dominaba el famoso coto de caza archiducal tan querido por todos los sucesivos gobernadores generales de los Países-Bajos Austríacos desde la época de los Duques de Borgoña.
En abril de 1741, Carlos Alejandro fue designado por su cuñada Maria-Teresa como sucesor al frente de los Países-Bajos Austríacos de la entonces gobernadora general, la archiduquesa María-Elisabeth de Austria, que había fallecido recientemente. El traspaso de poderes se hizo efectivo en agosto siguiente. Sin embargo, por culpa de la guerra, no pudo trasladarse a los Países-Bajos hasta tres años más tarde.
Los infortunios de la guerra y la boda archiducal
Retrato de Carlos-Alejandro de Lorena (1712-1780) Mariscal y Jefe del Estado Mayor Austríaco, Gobernador General de los Países-Bajos Austríacos desde 1741 hasta 1780; obra de Martin Van Meytens.
Convertido en uno de los principales comandantes austríacos, Carlos Alejandro se puso al frente de parte del Ejército Imperial, siéndole asignado como asistente el mariscal de campo Otto Ferdinand von Auersperg-Traun. Sin embargo, aunque la campaña pareció empezar bien para él, la fortuna no pareció estar dispuesta a favorecerle durante mucho tiempo en los campos de batalla. Tras haber llevado exitosamente a cabo la invasión de Alsacia, los reveses empezaron a multiplicarse cuando tuvo que trasladar su campo de acción en Bohemia. En 1742, el hábil Federico II de Prusia le vencía en la batalla de Chotusitz, y una segunda y tercera vez en las de Hohenfriedberg y de Soor (junio y septiembre de 1745). Un año después, sufría un cuarto revés al enfrentarse al ejército francés mandado por el Mariscal Mauricio de Sajonia, en la batalla de Raucoux (1746).
Retrato de la Archiduquesa Maria-Ana de Austria (1718-1744), hermana menor de Maria-Teresa I y consorte del Príncipe Carlos-Alejandro de Lorena. Fue Gobernadora General de los Países-Bajos Austríacos de enero a diciembre de 1744, falleciendo prematuramente tras dar a luz a una niña muerta.
Entre campaña y campaña, y tras recibir la debida dispensa papal, el príncipe Carlos Alejandro de Lorena se casará con su enamoradísima cuñada la archiduquesa María-Ana de Austria, celebrándose la unión religiosa en la iglesia de los Agustinos de Viena el 7 de enero de 1744. Todo hay que decirlo, durante mucho tiempo la archiduquesa, que se había enamorado hasta las trancas del hermano de su cuñado Francisco desde inicios de la década de 1730, insistió reiteradamente para que sus padres le dieran el consentimiento para casarse con él, y cada vez que abordaba el tema el Emperador le contestaba con una negativa. A Carlos VI no le interesaba entregar a su segunda hija a un benjamín cuya importancia era, por lo menos, nula en el ajedrez europeo y, por tanto, no aportaba ventaja o beneficio político alguno a Austria. De hecho, Carlos VI ya venía acariciando la idea de casarla con el Infante Felipe de Borbón, hijo de los Reyes de España -y futuro duque de Parma-, cuando apenas computaba 5 años. Pero la guerra anglo-española y el posterior Tratado de Sevilla firmado en noviembre de 1729, dieron al traste con los planes de boda austro-españoles. Mientras vivió su padre, Maria-Ana no encontró apoyos. Una vez sepultado Carlos VI en la cripta de los Capuchinos, la archiduquesa obtuvo finalmente, y a base de insistir hasta provocar dolores de cabeza, el permiso de su madre Elisabeth-Cristina de Brünswick-Wolfenbüttel, emperatriz viuda. Pero, como María-Ana y Carlos Alejandro eran primos segundos al ser ambos descendientes a la tercera generación del emperador Fernando III, hubo que cursar una solicitud a Roma para obtener la dispensa especial del Pontífice.
Retrato de Elisabeth-Christine von Brünswick-Wolfenbüttel (1691-1750), Emperatriz Vda. Romana Germánica, representada en 1735 por el pintor de la corte Auerbach. / Abajo, retrato en miniatura de la Archiduquesa Maria-Ana de Austria (1718-1744), Gobernadora General de los Países-Bajos Austríacos y consorte de Carlos-Alejandro de Lorena.
Tras una tórrida luna de miel, Carlos Alejandro y María-Ana parten de Viena el 3 de febrero para iniciar un largo viaje hasta los Países-Bajos. Llegan al pueblo de Westwezel el 24 de marzo, dónde son saludados por el Conde Karl Ferdinand von Königsegg-Erps, miembro del consejo supremo de los Países-Bajos, al mando de un destacamento de húsares que tiene por misión darles escolta hasta su destino. No sería hasta el 26 de marzo cuando la flamante pareja hace su solemne entrada en su nuevo hogar: Bruselas, capital administrativa de los Países Bajos Austríacos, tras ser agasajados fastuosamente en Amberes y Malinas. La llegada de los archiduques es celebrada por todo lo alto: presentaciones, ceremonia de besamanos, Te Deum, banquetes y bailes se suceden a un ritmo endiablado.
Dos meses más tarde, Carlos Alejandro tuvo que retomar el mando de los ejércitos imperiales apostados en la franja del Rhin, dejando a su esposa embarazada y sola en Bruselas a cargo del gobierno, asistida por el Conde Wenzel Anton von Kaunitz-Rietberg, ministro plenipotenciario de Austria. Desgraciadamente, la archiduquesa María-Ana fallecería de sobreparto el 16 de diciembre siguiente, tras dar a luz dificultosamente a una niña que nació muerta. Tenía tan solo 26 años.
Poco después se iniciaba la invasión y ocupación francesa de los Países-Bajos (1745-1748), que impidieron su retorno a Bruselas... Instalado temporalmente en Viena, asumió la dirección de la reforma de los ejércitos austríacos entre 1747 y 1749. No sería hasta el 24 de abril de 1749 cuando pudo realmente recuperar su gobierno bruselense con la siguiente recomendación de su cuñada la emperatriz Maria-Teresa: "Sed el primer gallo del país."
El Emperador Francisco I
Al morir inesperadamente el entonces emperador Carlos VII Alberto de Baviera -en la ilustración de la izq.-, Francisco de Lorena fue finalmente elegido Emperador del Sacro Santo Imperio el 13 de septiembre de 1745, por la Dieta de Frankfurt, y coronado como tal el 4 de octubre siguiente, día de San Francisco de Asís su santo patrón. Y si su esposa Maria-Teresa I de Austria no es más que emperatriz consorte, eso no impide que ella administre y gobierne personalmente sus territorios patrimoniales e intervenga en los asuntos imperiales que son, por norma, campo de acción exclusivo de su marido. Para darse cuenta de la influencia y autoridad de Maria-Teresa, basta con citar la ocasión en que la pareja imperial tuvo un serio desencuentro cuando Francisco I se opuso en vano a la alianza franco-austríaca de 1756, y no pudo conseguir casar su hija la archiduquesa Maria-Cristina con su sobrino el príncipe Carlos Mauricio de Saboya, duque de Chablais, hijo de su hermana y del Rey de Cerdeña. Aunque la Emperatriz esté locamente enamorada de su marido, en los asuntos de gobierno no tolera que se le lleve la contraria.
Francisco I de Lorena (1708-1765), Emperador Romano Germánico de 1745 a 1765; retrato debido a Martin Van Meytens.
El único campo en el cual podrá desplegar todas sus aptitudes el Emperador Francisco I, será el financiero que Maria-Teresa le abandona a sabiendas de que es un lumbreras en esas cuestiones que ella no consigue entender. Excelente administrador, Francisco I lo había demostrado tempranamente en 1729 cuando accedió al trono de Lorena, con todo un programa de reformas y medidas urgentes que había que aplicar en sus Estados. Tan solo tardó 18 meses para enderezar unas finanzas ducales comprometidas por su difunto padre, y sanear las cuentas del Tesoro y de su familia. Lo mismo hizo con las arruinadas finanzas de los Austrias y del Imperio: en pocos meses, consiguió que volviera a fluír el oro en las arcas del Tesoro y crear incluso un superávit que les brindó los medios necesarios para ampliar y acabar el castillo de Schönbrunn, suntuosa residencia de veraneo de la Familia Imperial a las afueras de Viena, e incluso añadir más alas al viejo palacio de La Hofburg y restaurar las partes que necesitaban urgentes reformas.
El Castillo de Schönbrunn, residencia imperial de verano, visto desde la glorieta que domina los jardines a la francesa, según el pintor veneciano Canaletto en 1759.
A veces, agobiado por las muestras de afecto amoroso de la emperatriz, Francisco I echa una canita al aire... Se cuentan, entre sus conquistas, a las condesas Pálffy de Erdöd, de Colloredo-Mannsfeld... La más duradera fue su aventura con la princesa Wilhelmina von Auersperg, hija de su amigo el conde von Neipperg, que Maria-Teresa ya había intentado apartar de la corte casándola con el príncipe Johann Adam von Auersperg en 1755 o 1756, confiando en que, de este modo, permanecería alejada. Fue en vano. Francisco I ordenó a Auersperg que viniera a la corte con su bella esposa y los encuentros nocturnos de los amantes en el pabellón de Té de los jardines de Schönbrunn prosiguieron hasta que Maria-Teresa le exigió que terminara con sus vergonzosas escapadas.
Final de una carrera militar
Durante la Guerra de Siete Años, Carlos Alejandro de Lorena asumió nuevamente la dirección de los ejércitos imperiales y se dirigió a Bohemia, librando batalla en Praga donde fue derrotado. Consiguió, sin embargo, vencer al ejército prusiano en la batalla de Breslau (Wroclaw) en 1757. Desgraciadamente, no tuvo la misma suerte en la batalla de Leuthen, dónde Federico II le infligió una severa derrota que, además, supuso para él una caída en desgracia fulminante: fue apartado del alto mando militar austríaco y sustituído por el Conde Leopold Josef von Daun.
Lo único que consiguió suavizar tan tremenda humillación, fue la concesión de la gran cruz de la Orden de Maria-Teresa de manos de su cuñada, como premio a su no siempre afortunada carrera militar. En cualquier caso, fue puesto en reserva indefinidamente, lo que en realidad equivalía a una jubilación forzosa. Desde entonces, nunca volvió a ostentar mando alguno en el ejército imperial.
Gobernador General de los Países Bajos
De lo que no cabe duda es que fue el más popular de todos los gobernadores generales de los Países-Bajos Austríacos (Statthalter der Habsburgischen Niederlande). Gracias a él, los Estados Brabantinos florecieron nuevamente en todos los ámbitos. Se dedicó a reformarlo todo desde la perspectiva ilustrada, a desarrollar la industria, la economía y el comercio, a porteger y promocionar las artes y letras, a sanear las finanzas, a renovar y embellecer con nuevos proyectos urbanísticos la capital y las principales ciudades del país. Fue también él quien patrocinó la creación de la Academia Teresiana de Bruselas en 1772, y el que financió diversos experimentos técnicos e industriales en su castillo de Tervuren. De hecho, al príncipe Carlos Alejandro le entusiasmaba todo lo que sonara a novedoso, a pionero y moderno; apostaba instintivamente por el progreso que, para él, significaba rendimiento, beneficio y avance además de riqueza económica y cultural.
Agradecidos, los Estados Brabantinos financiaron una estátua en su honor, erigida en medio de la nueva y recién terminada Plaza de Lorena de Bruselas, en 1775 (actual Place Royale / Plaza Real), porque sin traicionar los intereses de la corona imperial, Carlos Alejandro consiguió defender los de los Países-Bajos y a hacer respetar sus privilegios.
En su floreciente y provechoso gobierno, Carlos Alejandro fue asistido sucesivamente por el Marqués de Botta-Adorno (1749-53), el Conde von Cobenzl (1753-70) y el Príncipe von Starhemberg (1770-80), que le secundaron en calidad de ministros plenipotenciarios, aunque cabría reseñar que con Cobenzl tuvo relaciones más tensas de las que habría deseado.
El príncipe se caracterizaba por su buen humor, sus maneras desenvueltas y su accesibilidad, despreciando la etiqueta y la intriga palaciega. Bondadoso y activo, brillaba por su desarmante franqueza y su inagotable energía, su incondicional amor a la cinegética y a la vida al aire libre, y sobretodo por su afición a la cerveza belga y la buena mesa. Pese a estar viudo y sin hijos desde 1744, nunca consideró la idea de volver a casarse, permaneciendo fiel a la memoria de su difunta y querida esposa.
Gran Maestre de la Orden Teutónica
Armas del Príncipe Carlos-Alejandro de Lorena, Gran Maestre de la Orden Teutónica.
Cuando en 1761 falleció el príncipe Clemente Augusto de Baviera, gran maestre de la Orden Teutónica, Carlos Alejandro de Lorena fue considerado como el candidato más idóneo de entre todos los nombres barajados. De este modo, y por unanimidad, los caballeros teutones le eligieron gran maestre de su orden el 3 de mayo de 1761. Tras aceptar su nueva dignidad, Carlos Alejandro fue consagrado en el castillo de Mergentheim y se le dispensó pasar las pruebas exigidas por los estatutos de la orden, aunque se le rogó que renunciara a todas las distinciones que se la habían concedido anteriormente. Su blasón puede encontrarse indistintamente esculpido en una de las paredes de la Iglesia de NªSra. del Buen Socorro de Bruselas, y en el frontón de la entrada del castillo de Heuchlingen (en Baden-Württemberg), propiedad de la Orden Teutónica que tuvo a bien restaurar.
Retrato del Príncipe Carlos-Alejandro de Lorena (1712-1780), ostentando las insignias de la Orden Teutónica de la que fue Gran Maestre entre 1761 y 1780. / Abajo, retrato al pastel del Archiduque Maximiliano Francisco de Austria-Lorena (1756-1802), sobrino y heredero universal de Carlos-Alejandro, futuro Gran Maestre de la Orden Teutónica y Arzobispo-Elector de Colonia.
Su actuación al frente de la prestigiosa y antigua orden es todavía recordada como una de las más alabadas. Se ocupó personalmente en sanear y enderezar la situación financiera de ésta, en reformar la institución y fortalecerla, y convocó en 1769 el "Gran Capítulo" para elegir a un coadjutor en la persona de su sobrino el archiduque Maximiliano Francisco de Austria, que fue confirmado y formalmente investido el 9 de julio de 1770, en la Iglesia de los Agustinos de Viena. Tiempo después, eligió a su sobrino como su heredero universal, legándole en su testamento la nada despreciable suma de 580.000 gulden.
Reverenciado por su espíritu conciliador, siempre llevó personalmente los asuntos de la orden sin delegar en otros más que para cumplir con lo que disponía u ordenaba. Sintiéndose responsable del destino de los caballeros teutónicos, presidió siempre que se le requirió los capítulos (reuniones de todos los caballeros) y visitó repetidas veces la sede central de la orden en 1761, 1764 y 1765, aunque hacia el final prefirió dirigir sus asuntos desde su palacio de Bruselas.
Retrato de José II de Austria (1741-1790), Emperador Romano Germánico de 1765 a 1790; obra de Anton von Maron, 1775. / Abajo, detalle de un retrato de la Emperatriz Vda. Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), en su madurez según J. Hickel, circa 1775.
En 1765, su hermano Francisco I fallece repentinamente en el palacio imperial de Innsbrück (18 de agosto), justo después de celebrarse el casamiento del archiduque Leopoldo con la Infanta Maria-Luisa de España. Y aunque suba al trono imperial su sobrino José II, las riendas del gobierno permanecen en las férreas manos de su cuñada Maria-Teresa I; nada se modifica: Carlos Alejandro permanecerá en Bruselas mientras a la Emperatriz le plazca y, en vista de sus éxitos y popularidad como gobernador general, será hasta que uno de los dos muera.
A su muerte, acaecida en su residencia de Tervuren (4 de julio de 1780), su sobrino el emperador José II, que detestaba su aparente desenvoltura, designó como nuevos gobernadores generales de los Países-Bajos a su cuñado Alberto de Sajonia y a su hermana la archiduquesa Maria-Cristina, duques de Teschen. Pocos tiempo después, la emperatriz Maria-Teresa fallecía el 29 de noviembre siguiente.
