HYPATIA / HIPATIA DE ALEJANDRIA
el 26 oct En: Biografías Temas - sin comentarios
HYPATIA DE ALEJANDRÍA
Hypatia, fue la primera matemática de cuya vida y obra se tiene un conocimiento razonable y es uno de esos personajes de la historia que rompe con todos nuestros esquemas.
Nació alrededor del año 370 d.C. en Alejandría, entonces parte de Roma. Hija del matemático Teón, quien fuera profesor y último rector del célebre Museion, lo que podría considerarse la Universidad de Alejandría de entonces. Su padre se propuso hacer de Hypatia un perfecto ser humano, en el más puro sentido clásico griego y parece ser que desde su infancia la rodeó de una atmósfera que estimulara su disposición a explorar, cuestionar y aprender. Al parecer la educación de Teón consiguió su objetivo pues a decir de Sócrates Escolástico, historiador de Hypatia, 120 años después de su muerte: "la belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron legendarios y superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente en la observación de los astros".
Como parte de su educación Hypatia hizo varios viajes al extranjero por un periodo de alrededor de diez años; al menos en uno de esos viajes estuvo en Atenas y fue discípula de Plutarco y de Temisteo, filósofos griegos fundadores de la escuela neoplatónica. Cuando volvió a Alejandría las autoridades del Museion la invitaron a formar parte del cuerpo de profesores y allí pasó gran parte de su vida dedicada a investigar y enseñar Matemáticas, Geometría, Astronomía, Lógica, Filosofía y Mecánica, ocupaba la cátedra de Filosofía platónica por lo que sus amigos y compañeros la llamaban "la filósofa". Ganó tal reputación que al Museion asistían estudiantes de todo el mundo conocido a escuchar sus enseñanzas sobre "la Aritmética de Diofanto" y su casa se convirtió en un gran centro intelectual. Citando nuevamente a Sócrates Escolástico: "consiguió un grado tal de cultura que superó con mucho a todos los filósofos contemporáneos. Heredera de la escuela neoplatónica de Plotinio, explicaba todas las ciencias filosóficas a quien lo deseara. Con este motivo, quien deseaba pensar filosóficamente iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba... pero a más de saber filosofía era también una incansable trabajadora de las ciencias matemáticas".
A pesar de su inteligencia y su belleza nunca se casó ni tuvo descendencia aunque se le atribuyeron varios romances, entre ellos con el prefecto de Roma, Orestes.

A finales del siglo IV el imperio romano, del cual formaba parte Alejandría, estaba muy dividido, tanto en el aspecto religioso como en la lucha por el poder político y social. Aunque la religión oficial era el cristianismo, la Iglesia se había visto en la necesidad de convivir con otras religiones. Los pueblos, que a su paso hacia el oriente, había conquistado Alejandro Magno, profesaban desde el judaísmo hasta una buena cantidad de religiones paganas y sectas consideradas herejes por los cristianos.
Hasta el año 412, a pesar de la situación de efervescencia que se vivía en el Imperio Romano, Hypatia se había mantenido al margen de esta lucha por el poder. Tal vez gracias a que su interpretación del neoplatonismo, más intelectual que mística, podía conciliarse con ciertas tendencias liberales del cristianismo. Además, estaba muy bien relacionada con la iglesia y con el estado. La percepción favorable de la Iglesia se debía a que uno de sus discípulos, Sinecio de Cirene (sobrino del hasta entonces obispo de Alejandría, Teófilo) tenía una posición muy importante dentro de la misma. Convertido al cristianismo, contribuyó a formular la doctrina de la trinidad, utilizando los principios de la filosofía neoplatónica aprendida de Hypatia. Sinecio tenía una gran admiración y un afecto especial por su maestra y la protegió mientras vivió. Además a Hypatia la amparaba su amigo Orestes, prefecto de Roma que había permanecido leal al paganismo.
Toda esta situación cambió cuando después de la muerte de Sinecio y de su tío Teófilo, nombraron a Cirilo obispo de la ciudad de Alejandría. Para ese entonces la iglesia cristiana había declarado una lucha frontal lo mismo contra las otras religiones como contra el estado laico representado por Orestes.
Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer científica, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo la tónica general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana.
Además, la filosofía neoplatónica de la cual Hypatia era su estandarte, fue declarada hereje por Cirilo. En esta atmósfera explosiva surgieron una serie de desavenencias entre Orestes y Cirilo que dieron origen a revueltas y violentos motines.
Hypatia había sido señalada como hereje y como muy influyente sobre Orestes por el nuevo obispo Cirilo. Así pues, un día del mes de marzo del año 415, Hypatia fue asesinada de la manera más cruel por un grupo de monjes fanáticos. Los hechos están recogidos por un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio. En sus escritos justifica la masacre que se hizo durante aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hypatia. Cuenta cómo un grupo de cristianos atolondrados, impetuosos y violentos, seguidores de un lictor llamado Pedro fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesareo; allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con conchas afiladas hasta que murió; a continuación descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron donde finalmente lo quemaron.
De esta manera creyeron dar muerte a lo que ellos llamaban idolatría y herejía. La biblioteca de Alejandría unida al Museion fue incendiada poco después de la muerte de Hypatia. Desaparecieron miles de ejemplares de una de las más grandes bibliotecas que jamás hayan existido, desaparecieron también los animales vivos y disecados, los aparatos, los instrumentos de medición, los instrumentos musicales, los grandes salones, las fuentes, los patios. Los académicos que allí trabajaban e investigaban fueron perseguidos y en algunos casos asesinados.
Orestes, el prefecto romano amigo de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por "falta de testigos", se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. Con la muerte de Hypatia se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. El interés por las ciencias fue debilitándose, pudo sobrevivir en Bizancio y poco después empezó de nuevo a florecer en el mundo árabe.
El obispo Cirilo fue después canonizado por la Iglesia y es conocido como San Cirilo en la Iglesia Ortodoxa.
La Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio (1514-1516)

Muchos siglos después, el pintor Rafael presentó en Roma su obra "La Escuela de Atenas" y algunos obispos y sacerdotes preguntaron:
-¿Quién es esa mujer que está en el centro?
- Hypatia, la estudiante más famosa de la Escuela de Atenas. -respondió Rafael.
- Quitadla de ahí. Sus conocimientos y su ciencia iban en contra de la fe. -le amonestó uno de los sacerdotes-, por lo demás el cuadro es aceptable.
- Como ordeneis, -le contestó el artista que no tenía elección.
Pero Rafael se salió con la suya, utilizando a Francesco Maria della Rovere como modelo, que por sus suaves facciones podía pasar por una mujer.

Texto de Maralvi / "Hypatia de Alejandría" para Retratos de la Historia.
HIPATIA DE ALEJANDRÍA / in Wikipedia
Hipatia
(/hy.pa.'ti.a/; Griego: Ὑπατία; Alejandría, 355 ó 370 - Ibídem, marzo de 415 ó 416 ) fue una filósofa y maestra neoplatónica romana, natural de Egipto, que destacó en los campos de las Matemáticas y la Astronomía, miembro y líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, destacándose entre ellos el obispo de Ptolemaida, Sinesio de Cirene -que mantuvo una importante correspondencia con su maestra-, Hesiquio el Hebreo y Orestes, que era prefecto imperial de Egipto cuando murió la filósofa alejandrina.
Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la historia de la humanidad de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios -instrumentos que permiten determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste- e inventó un hidrómetro.
Hipatia murió a una edad avanzada, 45 ó 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento), linchada por una turba de cristianos. Su asesinato se produjo en el marco de la hostilidad cristiana hacia el declinante paganismo y las luchas políticas entre las distintas facciones de la Iglesia, el patriarcado alejandrino y el poder imperial, representado en Egipto por el prefecto Orestes, ex alumno de la filósofa. La fuente antigua más cercana a los hechos (la Historia Eclesiástica de Sócrates Escolástico) afirma que la muerte de Hipatia fue causa de no poco oprobio para el Patriarca Cirilo de Alejandría y la iglesia de Alejandría. Otras fuentes antiguas, tanto paganas como cristianas (Damascio, Juan de Nikiû), insisten en la responsabilidad del Patriarca y su entorno, por lo que muchos consideran probada o muy probable la implicación de Cirilo en los hechos, aunque el debate sobre el tema sigue abierto.
Su carácter singular de mujer entregada al pensamiento y la enseñanza en plena Tardoantigüedad, su fidelidad al paganismo en el momento de auge del catolicismo teodosiano como nueva religión del Estado, y su muerte a manos de cristianos le han conferido gran fama. La figura de Hipatia se ha convertido en un verdadero mito: desde la época de la Ilustración se la presenta como a una "mártir de la ciencia" y símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del Cristianismo.[6] Sin embargo, en la actualidad se destaca que su asesinato fue un caso excepcional y que, de hecho, la escuela neoplatónica alejandrina perduró hasta el siglo VII.
Por su parte, los movimientos feministas la han reivindicado como paradigma de mujer liberada. Según la Suda, estuvo casada con otro filósofo, Isidoro, y se mantuvo virgen. Damascio refiere una anécdota que ilustra la actitud de Hipatia ante el sexo: cuando un discípulo le confesó que estaba enamorado de ella, la filósofa le arrojó un paño manchado con su sangre menstrual, indicando: "De esto estás enamorado, y no tiene nada de hermoso".
También se la ha asociado con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, si bien no hay ninguna referencia literaria que vincule a ambas: la Gran Biblioteca desapareció en un momento incierto del siglo III, o quizá del IV, y su sucesora, la Biblioteca-hija del Serapeo, fue expoliada en 391. Según las fuentes, Hipatia enseñaba a sus discípulos en su propia casa.
VIDA
"Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales alcances en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción." Sócrates Escolástico.
Hipatia nació en Alejandría, capital de la diócesis romana de Egipto, a mediados del siglo IV, en 370, según algunas referencias, y en 355, al decir de otras. Pero dado que su discípulo Sinesio de Cirene nació en torno a 375, esta última fecha parece la más correcta. Su padre fue Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo, muy apreciado por sus contemporáneos, que probablemente debió trabajar y dar clases en la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la legendaria Gran Biblioteca ptolemaica. Hipatia, por su parte, se educó en un ambiente académico y culto, dominado por la escuela neoplatónica alejandrina, y aprendió matemáticas y astronomía de su padre, quien además le transmitió su pasión por la búsqueda de lo desconocido.
Según el filósofo pagano del siglo VI Damascio, la maestra alejandrina era "de naturaleza más noble que su padre, [y] no se conformó con el saber que viene de las ciencias matemáticas, en las que había sido introducida por él, sino que se dedicó a las otras ciencias filosóficas con mucha entrega". Hipatia aprendió también sobre la historia de las diferentes religiones que se conocían en aquel entonces, sobre oratoria, sobre el pensamiento de los filósofos y sobre los principios de la enseñanza. Viajó a Atenas y a Roma, siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar. Damascio afirmaba que "además de conseguir el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar, era justa y sabia, y se mantuvo toda la vida virgen", dato confirmado por la Suda, una enciclopedia bizantina del siglo XI, que sin embargo añade que fue "esposa de Isidoro el Filósofo".
La escuela de Hipatia
En torno al año 400 se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos, y, de acuerdo a la Suda, se dedicó a la enseñanza de la filosofía, centrándose en las obras de Platón y Aristóteles. La casa de Hipatia se convirtió en un lugar de enseñanza donde acudían estudiantes de todas partes del mundo conocido, atraídos por su fama. Entre sus alumnos había cristianos, como su alumno predilecto Sinesio de Cirene, futuro obispo de Ptolemaida (409-13), perteneciente a una familia rica y poderosa, que mantuvo una gran amistad con su maestra. Este personaje dejó escrita mucha información sobre Hipatia, y gracias a él conocemos sus obras, aunque ninguna se haya conservado. Dirigió a Hipatia las cartas 10, 15, 16, 46, 81, 124 y 154 de su epistolario. En esta correspondencia se mencionan los nombres de varios alumnos de Hipatia que fueron condiscípulos suyos: el hermano menor de Sinesio, su tío Alejandro, Herculiano, del que fue gran amigo, y al que consideraba "el mejor de los hombres", Olimpio, un rico terrateniente de Seleucia Pieria amigo de Sinesio, Isión, íntimo de Sinesio, Hesiquio de Alejandría, gramático y gobernador de Libia Superior, y su hermano Eutropio, el sofista Atanasio, Gayo, pariente de Sinesio, el gramático Teodosio y el sacerdote Teotecno, y unos tales Pedro y Siro, además del futuro prefecto imperial de Egipto, Orestes. Se han propuesto algunos otros nombres mencionados en las cartas de Sinesio, pero no hay pruebas de ello. En todo caso cabe indicar que sus alumnos fueron un grupo muy unido de aristócratas paganos y cristianos, algunos de los cuales desempeñaron altos cargos.
El mencionado Herculiano era probablemente hermano de Flavio Tauro Seleuco Ciro, destacado miembro de la Corte Imperial, que con posterioridad llegó a ser prepósito del sacro cubículo, prefecto urbano de Constantinopla, prefecto pretoriano de Oriente (439) y cónsul (441), convirtiéndose en el hombre más poderoso del Imperio de Oriente después del propio emperador Teodosio II.
El propio Sinesio manifiesta con elocuencia la devoción que Hipatia despertó en sus discípulos: en la carta 16 de su epistolario la saludaba como "madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho".
Egipto al comienzo del siglo V
Hipatia era pagana y le tocó vivir en tiempos duros para el declinante paganismo. Egipto se había convertido en sede de una de las comunidades cristianas más importantes del Imperio, y el Patriarca de Alejandría gozaba del máximo prestigio e influencia, junto a sus colegas de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma. Sin embargo, la teórica primacía de Roma no se traducía en autoridad suprema. Durante los siglos IV y V las luchas de poder entre los patriarcados, y en especial entre Alejandría y Constantinopla, fueron constantes.
Teodosio I el Grande había convertido el llamado catolicismo en religión de Estado por el Edicto de Tesalónica de 380, imponiendo la ortodoxia nicena. Ello provocó la reacción tanto de los paganos como de las distintas interpretaciones del cristianismo, ahora oficialmente convertidas en herejías a perseguir y erradicar. A lo largo de las décadas siguientes tuvieron lugar grandes controversias y disputas entre las distintas facciones de cristianos, que llegaron en ocasiones a la violencia. Los filósofos neoplatónicos como Hipatia pronto fueron objeto de fuertes presiones. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hipatia no consintió en ello, a pesar de los consejos de sus amigos, como Orestes, prefecto imperial y alumno suyo, que se había bautizado en Constantinopla antes de ir a desempeñar su cargo en Egipto. A pesar de su paganismo, Hipatia contó con la estima y protección de estas élites intelectuales cristianas, e incluso 120 años después de su muerte el historiador Sócrates Escolástico, muy valorado por su imparcialidad, la consideraba, a pesar de su religión, un "modelo de virtud". Orestes se dejaba aconsejar por Hipatia en los asuntos políticos y municipales, y el filósofo pagano Damascio confirma que Hipatia fue popular como consejera de las más altas magistraturas de Alejandría. Su alumno Hesiquio sentencia que era adorada y reverenciada en Alejandría: "Vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, o de Aristóteles, o de cualquier filósofo, a todos los que quisieran escuchar (...) Los magistrados solían consultarla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad..."; añadía que había recibido "muchas distinciones cívicas".
Por entonces el enérgico patriarca de Alejandría era el copto Teófilo (385-412), que, según Sinesio de Cirene, tenía tanta influencia entre las clases altas de Alejandría como la propia Hipatia. Gozaba de un inmenso poder, y en 391 obtuvo del emperador Teodosio una orden para demoler los templos paganos de su ciudad, entre ellos el Serapeum. Se supone que fue entonces cuando fue saqueada, o al menos vaciada, su biblioteca, sucesora de la gran Biblioteca de Alejandría. En 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, afirmando que «sus armarios vacíos de libros fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo». Hipatia evitó enfrentarse con Teófilo, cuyo gran enemigo fue el antioqueno Juan Crisóstomo, discípulo de Libanio y patriarca de Constantinopla, quien pretendía someterle a su autoridad. Teófilo obtuvo su gran victoria sobre Crisóstomo en el Sínodo de la Encina, en 403, logrando su deposición y exilio.
A pesar de todo cuanto se dijo en su contra, tras estos disturbios el episcopado de Teófilo trajo consigo a Alejandría una tranquilidad social desconocida durante la mayor parte del siglo IV, pletórico de tumultos sangrientos. Además, sus construcciones le granjearon las simpatías de la clase trabajadora.
Teófilo falleció el 17 de octubre de 412, y por su sucesión compitieron el arcediano Timoteo y Cirilo, hijo de una hermana de Teófilo. No era una querella baladí por motivos puramente religiosos, ya que el influyente patriarcado alejandrino era capaz de interrumpir los envíos de grano a la capital imperial y gozaba de una riqueza inmensa, que había permitido a Teófilo realizar grandes y lujosas construcciones, que asombraron a sus contemporáneos y escandalizaron a sus enemigos. Además, Egipto acogía una de las mayores y más organizadas comunidades cristianas del Imperio. Abundancio, el comandante de las fuerzas imperiales en Egipto (dux militum Aegypti), apoyó a Timoteo en contra de Cirilo, ya que la corte imperial pretendía ahorrarse problemas evitando la elección de otro militante anticonstantinopolitano como Teófilo. Sin embargo, Cirilo logró el patriarcado gracias al buen recuerdo dejado por su tío (que llegaría a ser santo de la Iglesia Copta) y a la antipatía de los alejandrinos hacia todo lo que viniera de Constantinopla.
El episcopado de Cirilo muestra una notable continuidad con la política de Teófilo: presión contra los paganos, herejes y judíos, conservación del apoyo de las grandes comunidades monásticas, cultivo de la alianza con Roma y oposición por todos los medios a la creciente influencia del Patriarcado de Constantinopla, íntimo aliado del trono imperial. Empezó por perseguir a los novacianos, a pesar del edicto de tolerancia que había promulgado hacia ellos Teodosio el Grande en 381. Se apoderó de todos sus objetos sagrados, y quitó al obispo novaciano Teopompo todas sus posesiones. Comenzó así una serie de enfrentamientos y una amarga hostilidad entre el Patriarca de Alejandría y el prefecto imperial Orestes, que veía en el poderoso obispo un detractor del poder y autoridad absolutos del Emperador.
Durante los motines antijudíos que tuvieron lugar en esos años, azuzados por Cirilo, Orestes trató de proteger a los hijos de Israel, tras una serie de incidentes de gran violencia, Cirilo logró expulsarlos y permitió que sus bienes fueran robados por la multitud. Con todo, los crímenes de los judíos contra los cristianos también estaban extendidos, y en general imperaba en Oriente un odio entre ambas confesiones religiosas.
Orestes puso estos hechos en conocimiento del Emperador, y, a juzgar por el relato de Sócrates Escolástico, debió solicitar la deposición y destierro de Cirilo, el cual buscó entonces la reconciliación con el prefecto imperial, a lo que éste se negó. Llegaron entonces 500 monjes procedentes del Desierto de Nitria para proteger al Patriarca, y provocaron una sedición. Al ver al prefecto, que circulaba en un carro, se abalanzaron sobre él llamándole adorador de ídolos y pagano, e insultándole. El prefecto gritó que era cristiano y que le había bautizado el propio Patriarca de Constantinopla. Uno de los monjes, llamado Amonio, hirió a Orestes de una pedrada en la cabeza, por lo que fue detenido, torturado y muerto. Cirilo enterró su cadáver en una iglesia y le tributó honores de mártir, con lo que la ruptura entre el Patriarca y el representante imperial fue total.
La muerte de Hipatia

Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, un grupo de fanáticos, dirigidos por un lector de nombre Pedro se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con tejas hasta descuartizarla, y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo (por su nombre, se supone que un crematorio), donde los incineraron. Debía tener unos 60 años en el momento de su muerte.
Hesiquio sugería que el vínculo entre la astrología y la adivinación y la magia negra causaron su muerte. Un exaltado obispo copto del siglo VIII, Juan de Nikiû, la consideraba en plena ocupación árabe una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y entre Orestes y Cirilo. Consideraba que la muerte de Hipatia no fue accidental, sino deseada por el obispo alejandrino, y la estimó una respuesta justificada a las provocaciones de la filósofa. No obstante, hay que señalar que Sócrates Escolástico caracterizó a los asesinos como poseídos por un "ímpetu furioso", y no por el "celo divino" que caracterizaba y legitimaba los actos de violencia religiosa.
Sócrates Escolástico achacó indirectamente a Cirilo la responsabilidad del asesinato de Hipatia, al manifestar que "este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos", ya que no hay nada más opuesto al espíritu del cristianismo que el crimen. Las demás fuentes narran el suceso de manera similar. El historiador arriano coetáneo Filostorgio se limitó a echar la culpa a los homousianos, fieles al credo de Nicea. El historiador bizantino del siglo VI Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva (lo fue después de muerta), pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también a la propia naturaleza de los habitantes de Alejandría, violentos y "acostumbrados a toda licencia". Juan de Éfeso decía en la misma época que eran "una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. De hecho, pocos años después, en 422, el sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto, fue muerto en un nuevo tumulto. También se ha llegado a sugerir que la turba estaba enloquecida por los rigores del ayuno de Cuaresma.
Finalmente, la entrada referente a Hipatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como Suda atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, y da una clave para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a los crueles asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia (m. 361) y Proterio (m. 457). El primero fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y el segundo arrastrado por las calles y arrojado al fuego, asesinatos muy similares al de la propia Hipatia.
Se ha especulado con la intrigante posibilidad de que Cirilo mantuviera contactos con Hipatia a través de su ex alumno el obispo Sinesio de Cirene, amigo de su difunto tío el patriarca Teófilo. La muerte de Sinesio en 413 podría explicar en parte la repentina entrada de Hipatia en la política local y su oposición al Patriarcado. En todo caso, con las fuentes de las que disponemos no deja de ser una mera conjetura.
Sobre la motivación que Cirilo podría haber tenido para ordenar o inducir la muerte de la filósofa, los historiadores han concluido la confluencia de al menos cinco móviles:
La propia intolerancia del obispo hacia el paganismo y el neoplatonismo, que tanto había influido en el arrianismo.
La amistad e influencia de la filósofa sobre el prefecto imperial Orestes y las clases altas de Alejandría.
Los deseos de vengar la muerte del monje Amonio, ordenada por Orestes, quizá aconsejado por su ex-maestra.
La hostilidad de Hipatia hacia Teófilo y su sobrino por la destrucción del Serapeo y el saqueo de su biblioteca en 391, que posiblemente la llevara a azuzar el enfrentamiento entre el prefecto imperial y el patriarca.
El deseo de lanzar una seria advertencia a Orestes, mediante la muerte de alguien tan cercano como Hipatia.
Se ha argumentado que resulta poco verosímil que un político tan avezado como Cirilo llevara a cabo una acción tan contraproducente, y que se demostró perniciosa para los intereses del poderoso patriarcado alejandrino. Christopher Haas, de la Universidad John Hopkins, concluye que, con las fuentes de las que actualmente disponemos, "jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque, o si, al igual que en la agresión contra Orestes, ciertos partidarios se decidieron unilateralmente a luchar en favor del patriarcado".
María Dzielska apunta, sin embargo, que, incluso si el crimen sucedió a sus espaldas, Cirilo debe ser considerado responsable en gran medida, por ser el instigador de la campaña contra la filósofa, como medio de combatir al prefecto imperial y su facción política, contraria a los excesos del Patriarcado.
Consecuencias
La muerte de Hipatia levantó un gran revuelo. Tras el cruel asesinato, Orestes informó de los hechos y pidió a Constantinopla que interviniera. La Suda afirma que el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, tanto por justicia como por ser un gran protector de las enseñanzas filosóficas (cuya propia esposa, Eudocia, era una filósofa de origen ateniense), pero, a la postre, la reacción imperial se limitó a retirar al Patriarca los 500 monjes que le servían como guardia, lo que ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron éstos, y no el populacho mencionado en todas las fuentes, los responsables del asesinato de la filósofa. La medida fue sin embargo rescindida al cabo de dos años, permitiéndose además aumentar su número a 600. Que Cirilo saliera tan bien parado fue posiblemente debido a la influencia de la hermana del Emperador, la augusta Pulqueria, cristiana devota de gran ascendente sobre su hermano, en cuyo nombre gobernaba mientras éste se dedicaba a tareas intelectuales.
Según todas las fuentes, el asesinato de la filósofa fue un crimen oprobioso para los cristianos y redujo la influencia política del patriarcado alejandrino. Tras la muerte de Hipatia, sus relaciones con la Corte Imperial se suavizaron y la veneración hacia el monje Amonio desapareció, ya que los mismos alejandrinos reconocían que había merecido la muerte por su atentado y no por haber sido obligado a renegar de Cristo. Cirilo no pudo impedir que su rival doctrinal, Nestorio, gozara del favor imperial y fuera elegido Patriarca de Constantinopla en 428, pero logró finalmente su deposición en el Concilio de Éfeso de 431. Convertido en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia, a su muerte en 444 fue santificado, y es considerado uno de los Doctores de la Iglesia debido a su extensa obra doctrinal.
No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió floreciendo hasta pleno siglo VII, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I (529).
Obras
Ninguna de sus obras se ha conservado, pero se conocen gracias a sus discípulos, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, el Hebreo.
Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría.
Canon astronómico.
Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga, su obra más importante.
Tablas astronómicas: revisión de las del astrónomo Claudio Tolomeo, conocida por su inclusión en el Canon astronómico de Hesiquio.
Edición del comentario de su padre a Los Elementos de Euclides.
Además de cartografiar cuerpos celestes, confeccionando un planisferio, también se interesó por la mecánica. Se sabe que inventó un destilador, un artefacto para medir el nivel del agua y un hidrómetro graduado para medir la densidad relativa y gravedad de los líquidos, precursor del actual aerómetro, descrito por Sinesio de Cirene:
...es un tubo cilíndrico con la forma y dimensiones de una flauta, que en línea recta lleva unas incisiones para determinar el peso de los líquidos. Por uno de los extremos lo cierra un cono, adaptado en posición idéntica, de manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del tubo. Cuando se sumerge en el líquido ese tubo, que es como una flauta, se mantendrá recto, y es posible contar las incisiones, que son las que dan a conocer el peso.
Sinesio de Cirene, Carta 15, a Hipatia.
Sinesio también la defendió como inventora del astrolabio, aunque astrolabios más tempranos precedan el modelo de Hipatia al menos un siglo -y su propio padre fue famoso por su tratado sobre ellos.
LA GRAN BIBLIOTECA DEL MUSEION DE ALEJANDRÍA
En una de las paredes de la Biblioteca de Alejandría estaba escrito:
"Alimento para el espíritu"
El libro, entendido como expresión de un sistema de escritura realizado sobre un material duradero y a cuyo contenido se puede acceder sin la presencia del autor, tuvo su primera aparición histórica con los sumerios quienes utilizaron las tablillas de arcilla como soporte de la escritura cuneiforme que realizaban. Esta forma de escritura fue adoptada por otros pueblos como los acadios, babilonios y asirios, creadores todos ellos de vastos imperios e importantes civilizaciones.
En las civilizaciones del mediterráneo oriental se utilizó el papiro como soporte para la escritura. El libro egipcio tenía forma de rollo y se escribía por una sola cara. El texto se dividía en columnas, a modo de las páginas de un libro, que se leían conforme se desenvolvía el rollo. El título se colocaba al final del texto o en una etiqueta que pendía del extremo del eje, al que luego llamarán los romanos umbiculus.
Alejandría fue fundada en el año 332 a.C. por el general macedonio Ptolomeo en honor de Alejandro Magno, rey de Macedonia. Tras la caída del imperio, Ptolomeo se esforzó en lograr para la nueva capital, Alejandría, el predominio, no sólo político y económico, sino también cultural. Él, y especialmente su hijo, Ptolomeo II, llamaron a sabios griegos y les ofrecieron una desahogada posición como miembros de una especie de comunidad religiosa, una academia radicada en el nuevo templo de las Musas, el Museion, a semejanza de la famosa escuela peripatética de Atenas, fundada por Aristóteles. El Museion estaba dedicado a la enseñanza y a la investigación y la gran biblioteca formada allí a lo largo del siglo III a. de C. era sumamente completa.
Este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.
Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano.
Por allí pasó Eratóstenes, que demostró que la Tierra era redonda llegando incluso a calcular su radio; Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría; Dionisio de Tracia, que hizo un estudio sistemático de la estructura del lenguaje; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón, inventor de cajas de engranajes y máquinas de vapor; Apolonio de Pérgamo, con su famoso estudio de las cónicas; Hipatia, matemática y astrónoma, poco después de cuya muerte a manos de un motín popular, la Biblioteca fue destruida definitivamente.
"Cuando César conquistó Alejandría en 47 a. de C. ardió una parte de la sección mayor de la biblioteca, pero fue más tarde compensada, si es cierto que Antonio regaló a la reina Cleopatra 200.000 rollos procedentes de la biblioteca de Pérgamo, lo que parece inverosímil. La biblioteca de Alejandría fue destruida probablemente en 391 d. de C., cuando los cristianos, bajo la guía del arzobispo Teófilo de Antioquía, destruyeron el templo de Serapis"
Historia del libro, Svend Dahl
De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeion, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. De los libros que allí había sólo sobrevivió una pequeña fracción y algunos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas que gira alrededor del Sol, y que las estrellas son soles que están a una enorme distancia de nosotros. Sus afirmaciones eran correctas, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Cómo me gustaría leer ese libro para saber cómo llegó a estas conclusiones. Sin embargo, se perdió para siempre. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

Ésa fue la pregunta que se repetía tanto en Hannover como en las otras cortes vecinas. Todo el mundo estaba al tanto del idilio de Philipp Christoph von Königsmarck con la kurprinzessin Sofía-Dorotea, pero la extraña desaparición del amante permanecía siendo una incógnita. Ante la falta de pistas y pruebas fehacientes, los rumores empezaron a multiplicarse a medida que se adelantaban las más inverosímiles especulaciones.
Ciertos contemporáneos no dudaron en dar sus propias versiones de los hechos acontecidos en la dramática noche del 1 al 2 de julio de 1694. Algunos afirmaron que los trabanes, tras asesinar al conde, se deshicieron del cadáver metiéndolo en un saco junto con unas pesadas piedras y tirándolo a las aguas del río Leine, que atraviesa la capital. Otros, como Sir Horace Walpole, especularon que habían incinerado el cuerpo en un horno para luego ocultar su esqueleto bajo el entarimado de uno de los salones del palacio de Herrenhausen. Esta última versión es, desde luego, la más escabrosa y siniestra que se ha llegado a contar..., aunque otra versión similar tampoco se queda atrás: habrían supuestamente descuartizado el cadáver de Königsmarck para luego diseminar los trozos, enterrarándolos bajo los parterres que rodean el palacio del elector.
La familia electoral no se apiadó de la suerte de Sofía-Dorotea. Ni siquiera cuando la duquesa Eléonore de Brünswick-Celle intentó recurrir a su inveterada enemiga, la Princesa Electriz Sofía, creyendo en vano que conseguiría conmoverla. Con su sequedad habitual, Sofía del Palatinado se negó a interceder personalmente para atenuar el castigo de su nuera.
Menos de 4 años después de producirse su encierro, la Parca empieza a barrer el escenario; su suegro el alcoholizado Elector Ernesto-Augusto I fallecía y ascendía al poder su marido Jorge I Luis (1698). En 1700, la muerte se llevó a la condesa von Platen-Hallermund, la vengativa asesina de Königsmarck y la autora de la caída en desgracia de Sofía-Dorotea. En 1705, era el severo e inflexible padre de Sofía-Dorotea, el duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle quien fallecía. Nueve años más tarde, en 1714, era su odiosa suegra la Princesa-Electriz Sofía quien rendía el alma, tras ser sorprendida por la tormenta durante uno de sus paseos diarios por los jardines de Herrenhausen; una mala fiebre la llevaba a la tumba. El mismo año, Jorge-Luis se convertía en el nuevo rey de Gran-Bretaña e Irlanda con el ordinal de Jorge I, y su hijo Jorge-Augusto era investido Príncipe de Gales.
En el curso del año 1682, el duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg y de Hannover (
Por otro lado, aprovechando las necesidades del Emperador Leopoldo I de Austria en su guerra contra los Turcos, Ernesto-Augusto prestó gustosamente sus servicios y ejércitos al César, e incluso acudió personalmente a combatir al invasor. Como pago a su preciosa contribución contra el infiel, Leopoldo I le confirió la dignidad de Elector del Sacro Santo Imperio (1692), creando en su favor un noveno electorado que venía a coronar su exitosa reunión de estados en uno solo: el ducado-principado de Hannover.

Mientras Jorge-Luis se deleitaba pública y privadamente con la compañía de Melusine, arribó a la corte de Herrenhausen el antiguo pretendiente de Sofía-Dorotea, Philipp Christoph von Königsmarck, aureolado de un recién adquirido prestigio duramente ganado en los campos de batalla húngaros. Al mando de un regimiento de coraceros suecos al servicio del Emperador Leopoldo I de Austria, se había distinguido por su arrojo y valentía en la segunda batalla de Mohacs contra los Turcos. Con semejante hoja de servicios, Philipp se presenta nuevamente ante la Kurprinzessin Sofía-Dorotea, su antigua prometida, convertido en un hombre hermoso, elegante, distinguido y galante a principios de 1690. A su paso, todas las damas de la corte suspiran y muchas de ellas esperan ansiosamente atraer su atención y conquistarle. La que no pierde el tiempo y le abre las puertas de su alcoba y las sábanas de su cama es la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund, nacida von Meysenburg (1648-1700)*, esposa del mariscal de palacio y favorita oficial a la par que madre de dos bastardos del flamante Elector de Hannover, Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, suegro de Sofía-Dorotea.
Pese a la diferencia de edades (Philipp tiene 25 años y Clara 42 primaveras), la Condesa von Platen-Hallermund y el apuesto Königsmarck se convierten en amantes y su "affaire" pronto está en boca de todos.
Alarmada al enterarse del idilio de su hija con el aventurero sueco, la Duquesa de Brünswick-Celle intervino para hacerle entrar en razón. Pero sus recriminaciones y sabios consejos cayeron en oídos sordos: eufórica y ciega de amor, Sofía-Dorotea tan solo supo responderle que debía alegrarse por ella, que por fin iba a ser feliz y que pronto dejaría atrás a ese odioso hombre que le habían dado por marido.



En el mismo instante en que Philipp constataba que le habían engañado para que acudiera a los aposentos de Sofía-Dorotea, la despechada condesa von Platen despertaba al Elector Ernesto-Augusto, que dormitaba, y le informó malévolamente que en ese preciso momento el conde von Königsmarck andaba consumando el delito de adulterio en los aposentos de su nuera. Sin frenarse en su cruel venganza, la condesa von Platen le obliga a levantarse de la cama y le arrastra hasta su escritorio para que firme una orden de ejecución contra el amante de Sofía-Dorotea. Con la orden en mano, Clara Elisabeth von Platen-Hallermund transmite personalmente la consigna a cuatro trabanes para que la sigan hasta las puertas del apartamento de la princesa heredera. Apenas sale Königsmarck de los aposentos, éstos se abalanzan sobre él y, sin mediar palabra, lo cosen a sablazos en presencia de la vengativa amante.
La noticia de la desaparición del conde no tarda en llegar a la corte de Dresden, donde vive su hermana Maria-Aurora von Königsmarck 
Sin embargo, la dinastía Güelfa no se rige por una ley de sucesión por derecho de primogenitura como las otras monarquías europeas; cuando el jefe y padre de familia fallece, sus feudos, tierras y títulos, siguiendo la vieja tradición germana, son repartidos entre su numerosa prole masculina quienes, a su vez, reparten aún más si cabe su feudo heredado entre sus retoños. Es lo que ocurre a la muerte del duque Jorge I en abril de 1641: sus 4 hijos varones se repartirán el pastel con más o menos fortuna y hasta irán a gobernar conjunta y sucesivamente los principados y ducados en un caótico sistema de co-reinados que confunden a sus súbditos. El más perjudicado en el reparto de 1641 sería el príncipe Ernesto-Augusto, el benjamín de los cuatro hermanos que, en apariencia, no parece tener un destino bien definido como tampoco se cree que liderará la dinastía.
El mayor de todos y que parecía ser el nuevo cabeza de familia, el duque Christian-Luis I, casaría el 9 de octubre de 1653 con la princesa germano-danesa duquesa Dorotea von Schleswig-Holstein-Sonderborg-Glücksborg (ob.1689). De 1641 a 1665, Christian-Luis asumió la soberanía sobre el ducado de Calenberg (o Kalenberg) y, en 1648, heredaba de su tío Federico de Brünswick el vasto ducado de Lüneburg, lo que le convertía en el duque soberano de Brünswick y de Lüneburg. Buen hermano, cedió entonces su ducado de Calenberg a Jorge-Guillermo y nombró al más pequeño, Ernesto-Augusto, príncipe-obispo de Osnabrück. Pero, muerto Christian-Luis sin descendencia, el aún soltero Jorge-Guillermo asume a su vez el ducado de Brünswick-Lüneburg (1665) y el de Celle -o Zelle-, como Jorge-Guillermo I 

Es pues en la corte hessiana que el duque Jorge-Guillermo I y su hermano Juan-Federico conocen a la damisela de honor de la Duquesa de Thouars, una belleza morena de hechizante encanto llamada Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse (1639-1722) -


Huelga decir que las negociaciones entabladas entre las dos cortes, la ducal y la imperial, no fueron bien recibidas en el hogar de los príncipes Ernesto-Augusto y Sofía. Incluso llegarían a intrigar para impedir, a cualquier precio, que se encontrase una solución honrosa para la concubina y la bastarda del duque. Para ambos se trataba de un escándalo inaceptable, una mácula en el honor de la familia, una vergüenza. Es más, podía poner en peligro la política de reunión de los Estados que se estaba llevando cabo.
La boda ducal, bendecida desde Viena, supuso un bofetón para Ernesto-Augusto y Sofía que habían hecho lo indecible para que jamás llegase a buen puerto. Los ánimos se caldearon y el intercambio de reproches no se hizo esperar entre hermanos y cuñadas. Indignados, los príncipes rehusaron acudir al enlace y dieron la espalda a los recién casados con una soberbia insultante. Las relaciones entre Jorge-Guillermo y Ernesto-Augusto se interrumpieron de manera brutal, mientras que Sofía del Palatinado dedicó sus más duras palabras a Eléonore, a la que señalaba como auténtica culpable de la discordia familiar.



Pero todo fue en vano. Tanto Jorge-Guillermo como Ernesto-Augusto estaban decididos a unir sus retoños tal y como lo habían acordado en su reunión. El duque comunicó a su adorada hija que la decisión era irrevocable, y Sofía-Dorotea no pudo hacer más que desmayarse del disgusto entre los brazos de su madre.
El Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales nació prematuramente el 4 de junio de 1738, en Norfolk House (St. James' Square, Londres), fruto del matrimonio entre Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales y de la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, princesa de Gales, y primer varón de la pareja. En la cuna ya le había precedido una hermana, la princesa Augusta Carlota de Gales. Como primer nieto varón del rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, estaba destinado a ceñir, en un futuro lejano, la triple corona de las Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda) y el bonete electoral de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.
Los duques y príncipes electores de Hannover se vieron llamados a ceñir la corona británica gracias a una estúpida postura religiosa del último Estuardo, Jacobo II, cuyo catolicismo ya venía levantando ampollas entre la élite anglosajona desde el reinado del alegre Carlos II, y chocaba frontalmente con el ya anclado anglicanismo tudoriano que garantizaba la independencia religiosa de las Islas Británicas frente al catolicismo romano. Si los irlandeses comulgaban con las convicciones religiosas de Jacobo II, Inglaterra no estaba dispuesta a tolerar a que se operase una reintroducción del catolicismo en sus instituciones vitales. Gracias a las deserciones que se multiplicaron entre generales y nobles tras el desembarco del Príncipe de Orange con un ejército, yerno protestante de Jacobo II, el último Estuardo se vio obligado a huir y a encontrar refugio en las costas francesas, condenando asi a su descendencia a correr la misma suerte: el exilio.

Ante tamaño problema, ya previsto bajo el reinado del estéril Guillermo III de Orange, el parlamento londinense ya había redactado a instancias del monarca una ley de sucesión destinada a excluir a los descendientes del destronado Jacobo II por su condición de príncipes católicos (Act of Settlement 1701 / Acta de Establecimiento), favoreciendo a la descendencia protestante y alemana de la difunta Elizabeth de Inglaterra, reina de Bohemia y Electriz Palatina del Rhin, hija de los reyes Jacobo I y de Ana de Dinamarca, soberanos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Siguiendo la filiación de dicha princesa anglo-escocesa, que nunca había renunciado a sus derechos dinásticos, los parlamentarios ingleses reconocieron los derechos hereditarios de la entonces princesa-electriz Sofia de Hannover (1630-1714), nacida princesa Palatina del Rhin, a la que erigieron en primera pretendiente a la corona británica por ser nieta de Jacobo I Estuardo; derechos que, obviamente, eran transmitidos a sus hijos habidos con el elector Ernesto Augusto de Hannover (fallecido el 23 de enero de 1698).

El Príncipe de Gales, Jorge Augusto de Hannover, había contraído matrimonio con la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach un 22 de agosto de 1705 (
Jorge I fallecería durante una estancia en Hannover, el 11 de junio de 1727, por lo que Jorge Augusto de Gales se convirtió en el nuevo rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda. Apenas coronado en Westminster (11 de octubre de 1727), Jorge II tuvo a su vez problemas con su primogénito, Federico Luis, nuevo Príncipe de Gales, que hasta entonces había residido de forma permanente en Hannover, lejos de sus padres. Jorge II y Carolina tuvieron que acoger a su primogénito al abandonar Hannover para que se instalase, como correspondía a su posición de heredero del trono, en la corte británica. Una vez conseguido el objetivo parlamentario de reunir a la Familia Real (1728), las trifulcas en su seno siguieron en aumento. Ya adulto, Federico Luis no estaba dispuesto a soportar el yugo paterno y materno, y que le dictasen su conducta como si fuera un crío; educado a distancia y por preceptores que le consintieron todos los caprichos, el príncipe de Gales había adquirido malos hábitos, un criterio y una independencia que no gustaron en absoluto a sus progenitores. Contrario a la autoridad de sus padres, se metió en política criticando abiertamente al Rey y a su gobierno, llevando paralelamente una vida disipada y repleta de aventuras amorosas tanto con mujeres como con hombres.


Ya con anterioridad, su abuelo le había concedido el título de Duque de Gloucester (1717) y finalmente los títulos de Duque de Edimburgo, Marqués de la Isla de Ely, Conde de Eltham, Vizconde de Launceston y Barón Snowdon (26-07-1726). Se cree que los motivos reales que hubieron para justificar la mala relación entre Federico Luis y sus progenitores, fuesen que Jorge I decidiera designarlo como representante de la Casa de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio, saltándose así una generación. En calidad de representante de su casa, tuvo por tanto que presidir muchas ceremonias oficiales en ausencia de sus padres y de su abuelo. De hecho, no le permitieron pisar suelo inglés hasta que Jorge II fuese coronado rey en Westminster (11-06-1727). Para entonces, Jorge II y Carolina habían tenido 7 hijos más y la llegada del primogénito, con 20 años de edad y con una personalidad ya formada, provocó el rechazo y la incomodidad de sus padres. Tanto Jorge II como Carolina acogieron fríamente a su heredero, como quien acoge a un extraño a regañadientes, tachándole de "recogido" y apodándole despectivamente "Griff" (diminutivo de Griffin, Grifo, la bestia mítica de la mitología griega, mitad águila y mitad león). A Federico Luis, sus padres le preferían abiertamente su hermano menor, Guillermo Augusto, duque de Cumberland (1721-1765), al que habían criado y al que querían por encima de todo, hasta el punto de desear que se convirtiera en el sucesor y futuro rey de Gran-Bretaña.
Muy a pesar de sus padres los reyes, Federico Luis fue finalmente investido y jurado Príncipe de Gales el 8 de enero de 1729, respetando el orden sucesorio que ellos habrían deseado modificar en favor de Guillermo Augusto.
La boda de Estado, que no revestía ningún interés político y menos aún estratégico, respondía al deseo de su madre de que la unión fuera un fracaso, que la pareja fuera mal avenida y que, por tanto, no hubieran hijos para asi beneficiar a su otro hijo Guillermo Augusto, duque de Cumberland. Como hecho expresamente, resultó que la flamante pareja se entendió de maravilla desde el primer momento: la noche de bodas, exitosa en todos los sentidos, traería una buena nueva que disgustaría sobremanera a los reyes al confirmarse que la princesa se había quedado preñada. Consternada por la noticia, la reina llegó incluso a desmayarse (
Como el tren de vida del príncipe contribuía a un creciente endeudamiento, éste se vio obligado a recurrir a su amigo financiero George Bubb Dodington, quien le consiguió una renta para cubrir sus gastos más urgentes. Sin embargo, la ayuda no fue suficiente y Federico Luis pidió al rey que se le concediese un aumento de sus rentas para mantener dignamente su posición en la corte. En aquellos años, Sir Robert Walpole había conseguido aumentar sensiblemente la lista civil de Jorge II, asegurándole una anualidad de 800,000 Libras Esterlinas votada y aprobada por el Parlamento. Pese a todo, los reyes rehusaron conceder a su heredero un aumento y tuvo que intervenir penosamente el Parlamento para que se votase una renta más adecuada a las necesidades de la onerosa casa de los Príncipes de Gales, poniendo asi en evidencia la racanería de Jorge II y Carolina ante la opinión pública. La intervención de Westminster Hall en aquel asunto pecuniario supuso, una vez más, una afrenta para los reyes.

La fuga nocturna de los príncipes de Gales y el nacimiento de la primera hija, casi en medio de una deliberada clandestinidad, sentó como una bofetada a los reyes. Ante tamaño desagravio, el iracundo Jorge II expulsó a su heredero junto con su pequeña familia, prohibiéndoles volver a pisar la corte y a participar en cualquier evento público. La reina estaba fuera de si: "Nunca he visto un monstruo semejante!", soltó clavada en su cama de moribunda. Sería el último disgusto que tendría con aquel hijo que nunca consiguió apreciar ni mucho menos amar.
En Cliveden, los Príncipes de Gales recibían casi de manera constante: artistas, arquitectos, científicos, políticos e intelectuales acudían encantados a sus invitaciones. Fue en el curso de aquellas refinadas veladas en Cliveden, donde se escribió e interpretó el himno Rule Britannia, una de las más conocidas canciones patrióticas que se sigue reverenciando en Inglaterra. El autor de la letra, irónicamente, fue un poeta y autor teatral escocés, James Thomson, cuya canción formaba parte de su obra épica Alfred, interpretada por vez primera en Cliveden House el 1 de agosto de 1740, con música del compositor Thomas Arne.
Por la década de 1730, Federico Luis encargó al arquitecto y paisajista Sir William Chambers la construcción de un palacio en Kew, para ofrecérselo a su mujer, la princesa Augusta. En la misma finca, se creó un extenso jardín botánico que aún sigue despertando mucho interés y al que acude gran número de visitantes cada año. Sin embargo, las obras no serían concluídas hasta 1757. En 1802, el palacio de Kew sería en gran parte demolido, sobreviviendo tan solo la "Dutch House" o actual Kew Palace, construído en 1631 para Samuel Fortrey, imitando el estilo arquitectónico holandés. Ese mismo edificio fue frecuentemente la residencia de recreo favorita de los príncipes de Gales, quienes alojaron entre sus paredes a los poetas James Thomson y Alexander Pope. Un cuadro de Philip Mercier, pintado en 1733, inmortalizó al Príncipe de Gales junto con sus tres hermanas interpretando música en sus jardines y ante la fachada de Kew Palace.



La máquina anatómica constaba primitivamente de tres cuerpos humanos: un hombre, una mujer y un bebé muertos (desaparecido este último) que tienen la peculiaridad de conservar intacto todo su sistema circulatorio, asi como algunas de sus vísceras. Aunque se desconoce el método utilizado por culpa de la negativa de los actuales propietarios de la Capilla a que se realicen análisis científicos de los cadáveres, se cree que Raimondo de' Sangro utilizó una solución de mercurio que petrificó las venas y órganos vitales. Primitivamente, los cadáveres conservaban en parte su piel y musculatura, pero fueron desintegrándose al no darse con un conservante más duradero, dándose la curiosidad de que el sistema circulatorio y las vísceras si se conservaran en su mayoría.
Giuseppe Salerno, como resultado de un contrato que aún se conserva en el Archivo Notarial de Nápoles, siguiendo escrupulosamente las indicaciones de Raimondo de' Sangro (quien le proporcionó alambre y ceras coloreadas de su propia invención).

Y si recuerdan el misterio de la supuesta sangre de San Genaro (o San Gennaro), patrón de Nápoles, que tiene la curiosa propiedad de licuarse el día de su festividad, creo que sería interesante apuntar que el mismísimo Príncipe de San Severo, maestro de la alquimia, consiguió reproducir dicho "milagro" de licuación sanguínea de manera idéntica a la sangre del santo patrón. Milagros aparte, por lo visto también supo cómo plastificar en frío el metal, metalizar y petrificar los materiales blandos, y encontrar nuevos procesos de coloración de mármoles y de cristales. Y ¿qué decir de su carbón alquímico? Encontró la manera de producir un tipo de carbón a base de ingredientes animales y vegetales, que tenía la curiosa propiedad de consumirse sin producir cenizas...
Toda su vida, Raimondo de' Sangro, como maestro de la alquimia que fue, intentó dar con la famosa "Piedra Filosofal" de Nicolas Flamel (1330-1418), supuesta fuente del elixir de vida, de la juventud eterna y capaz de transmutar metales vulgares en oro y plata, véase también como panacea universal para curar cualquier enfermedad física.



Perteneciente al cenáculo ilustrado del monarca de la Casa de Borbón, Carlos VII de Nápoles y de Sicilia y de su esposa la reina Maria-Amalia de Sajonia (hijo y yerna del rey Felipe V de España y de Isabel de Parma), formó parte de la primera hornada de caballeros de la distinguida aunque nueva Orden de San Genaro (


Pese a esos contratiempos, las obras proseguirían con su influencia masónica y sus alegorías esotéricas, siendo una obra maestra del barroco tardío napolitano. En ese templo sobresaldrían sobretodo las esculturas del "Cristo Velado" (pieza central del templo y obra de Giuseppe Sanmartino) y de "el Desengaño", cuyas técnicas y realizaciones siguen maravillando y sorprendiendo al visitante, permaneciendo el misterio de cómo se pudieron realizar los vaciados y drapeados etéreos en un solo bloque homogéneo de mármol. Se sabe que, gracias a sus conocimientos de alquimia y a un descubrimiento fortuito, el príncipe dio con una fórmula capaz de ablandar el mármol, hacerlo maleable y conseguir su traslucidez. ¿Compartió pues su secreta invención con el escultor Sanmartino, para realizar la impresionante escultura del "Cristo Velado" y la del "Desengaño", cuyos asombrosos resultados podemos comprobar hoy día? En cualquier caso, las asombrosas esculturas parecen hablar de la razón del hombre, de su desengaño y de su liberación de la falsa verdad.


El año de 1735, Raimondo de' Sangro había entrado en la logia "la Perfecta Unión" y publica en 1746 su tratado masónico "Liberi Muratori" (con el que pretende dar su propia versión de la masonería, concebida como una entidad universal, cosmopolita y fuertemente esotérica, de inspiración templaria pero alejada del poder, tanto político como religioso, y con sus grados a imagen y semejanza del antiguo rito escocés) convirtiéndose en hermano francmasón de la primera logia napolitana, bajo el nombre de "Rosa d'Ordine Magno", fruto de su propio anagrama. En pocos años, fruto de su gran cultura y de su abnegación, escala la jerarquía hasta convertirse en el "Gran Maestro" de todas las logias napolitanas, a las que unifica bajo un solo rito universal (1750). Sus actividades serían seriamente amenazadas por la Curia Vaticana, y sobretodo denunciadas por los Jesuitas, principales enemigos de los francmasones.
Tras haber evitado, gracias a la intervención del rey Carlos VII en persona, la instauración en Nápoles de un tribunal del Santo Oficio, el príncipe intentó convencer al monarca Borbón para que se afiliara a la masonería. La maniobra, sin embargo, no llego al objetivo deseado y, en 1751, después de que el papa Benedicto XIV hubo renovado la excomunión a todos los miembros pertenecientes a la cofradía francmasona con la bula "Providas Romanorum Pontificum", Carlos VII, con fines de evitar una guerra contra Roma, decide publicar un edicto con el cual proclama el cierre de todas las logias napolitanas y las condena a ser expulsadas del reino. Para evitar mayores castigos y penas a los afiliados, el Príncipe de San Severo, tras haber abjurado, es convencido para facilitar al monarca el elenco de los iniciados. Con semejante acto, Raimondo de' Sangro violaba conscientemente el secreto de la masonería, ganándose asi la "damnatio memoriae" por parte de los hermanos masones de la cofradía universal, pero salvando, aparte de la suya, todas las cabezas de los afiliados de las logias partenopeas, víctimas al fin y al cabo, de una "solemne admonestación" por parte del soberano quien no alberga, en ningún caso, la intención de encarcelar y decapitar a más de la mitad de su corte.


Pero Tanucci no cejó en su empeño de ir contra el Príncipe de San Severo y hundirle. En 1764, el ministro comunicaba por correo al rey Carlos III de España, que las deudas de Raimondo de' Sangro, duque de Torremaggiore y príncipe de San Severo llegaban a los 220,000 ducados. Fue ese año el escenario de una espantosa carestía de alimentos que causaría doscientas mil muertes en todo el reino (en Nápoles se registraron nada menos que 30,000 muertes). También ese año el príncipe de San Severo casaba a su heredero Vincenzo de' Sangro con la princesa Gaetana Mirelli, hija del Príncipe de Teora, que traía consigo una enorme dote que le permitirá a Raimondo saldar sus colosales deudas y disponer de un discreto estipendio mensual.