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Categoría: Biografías

HYPATIA / HIPATIA DE ALEJANDRIA

Posteado por: retratosdelahistoria el 26 oct En: Biografías Temas - sin comentarios

HYPATIA DE ALEJANDRÍA

Hypatia, fue la primera matemática de cuya vida y obra se tiene un conocimiento razonable y es uno de esos personajes de la historia que rompe con todos nuestros esquemas.

Nació alrededor del año 370 d.C. en Alejandría, entonces parte de Roma. Hija del matemático Teón, quien fuera profesor y último rector del célebre Museion, lo que podría considerarse la Universidad de Alejandría de entonces. Su padre se propuso hacer de Hypatia un perfecto ser humano, en el más puro sentido clásico griego y parece ser que desde su infancia la rodeó de una atmósfera que estimulara su disposición a explorar, cuestionar y aprender. Al parecer la educación de Teón consiguió su objetivo pues a decir de Sócrates Escolástico, historiador de Hypatia, 120 años después de su muerte: "la belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron legendarios y superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente en la observación de los astros".

Como parte de su educación Hypatia hizo varios viajes al extranjero por un periodo de alrededor de diez años; al menos en uno de esos viajes estuvo en Atenas y fue discípula de Plutarco y de Temisteo, filósofos griegos fundadores de la escuela neoplatónica. Cuando volvió a Alejandría las autoridades del Museion la invitaron a formar parte del cuerpo de profesores y allí pasó gran parte de su vida dedicada a investigar y enseñar Matemáticas, Geometría, Astronomía, Lógica, Filosofía y Mecánica, ocupaba la cátedra de Filosofía platónica por lo que sus amigos y compañeros la llamaban "la filósofa". Ganó tal reputación que al Museion asistían estudiantes de todo el mundo conocido a escuchar sus enseñanzas sobre "la Aritmética de Diofanto" y su casa se convirtió en un gran centro intelectual. Citando nuevamente a Sócrates Escolástico: "consiguió un grado tal de cultura que superó con mucho a todos los filósofos contemporáneos. Heredera de la escuela neoplatónica de Plotinio, explicaba todas las ciencias filosóficas a quien lo deseara. Con este motivo, quien deseaba pensar filosóficamente iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba... pero a más de saber filosofía era también una incansable trabajadora de las ciencias matemáticas".

A pesar de su inteligencia y su belleza nunca se casó ni tuvo descendencia aunque se le atribuyeron varios romances, entre ellos con el prefecto de Roma, Orestes.

A finales del siglo IV el imperio romano, del cual formaba parte Alejandría, estaba muy dividido, tanto en el aspecto religioso como en la lucha por el poder político y social. Aunque la religión oficial era el cristianismo, la Iglesia se había visto en la necesidad de convivir con otras religiones. Los pueblos, que a su paso hacia el oriente, había conquistado Alejandro Magno, profesaban desde el judaísmo hasta una buena cantidad de religiones paganas y sectas consideradas herejes por los cristianos.

Hasta el año 412, a pesar de la situación de efervescencia que se vivía en el Imperio Romano, Hypatia se había mantenido al margen de esta lucha por el poder. Tal vez gracias a que su interpretación del neoplatonismo, más intelectual que mística, podía conciliarse con ciertas tendencias liberales del cristianismo. Además, estaba muy bien relacionada con la iglesia y con el estado. La percepción favorable de la Iglesia se debía a que uno de sus discípulos, Sinecio de Cirene (sobrino del hasta entonces obispo de Alejandría, Teófilo) tenía una posición muy importante dentro de la misma. Convertido al cristianismo, contribuyó a formular la doctrina de la trinidad, utilizando los principios de la filosofía neoplatónica aprendida de Hypatia. Sinecio tenía una gran admiración y un afecto especial por su maestra y la protegió mientras vivió. Además a Hypatia la amparaba su amigo Orestes, prefecto de Roma que había permanecido leal al paganismo.

Toda esta situación cambió cuando después de la muerte de Sinecio y de su tío Teófilo, nombraron a Cirilo obispo de la ciudad de Alejandría. Para ese entonces la iglesia cristiana había declarado una lucha frontal lo mismo contra las otras religiones como contra el estado laico representado por Orestes.

Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer científica, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo la tónica general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana.

Además, la filosofía neoplatónica de la cual Hypatia era su estandarte, fue declarada hereje por Cirilo. En esta atmósfera explosiva surgieron una serie de desavenencias entre Orestes y Cirilo que dieron origen a revueltas y violentos motines.

Hypatia había sido señalada como hereje y como muy influyente sobre Orestes por el nuevo obispo Cirilo. Así pues, un día del mes de marzo del año 415, Hypatia fue asesinada de la manera más cruel por un grupo de monjes fanáticos. Los hechos están recogidos por un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio. En sus escritos justifica la masacre que se hizo durante aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hypatia. Cuenta cómo un grupo de cristianos atolondrados, impetuosos y violentos, seguidores de un lictor llamado Pedro fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesareo; allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con conchas afiladas hasta que murió; a continuación descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron donde finalmente lo quemaron.

De esta manera creyeron dar muerte a lo que ellos llamaban idolatría y herejía. La biblioteca de Alejandría unida al Museion fue incendiada poco después de la muerte de Hypatia. Desaparecieron miles de ejemplares de una de las más grandes bibliotecas que jamás hayan existido, desaparecieron también los animales vivos y disecados, los aparatos, los instrumentos de medición, los instrumentos musicales, los grandes salones, las fuentes, los patios. Los académicos que allí trabajaban e investigaban fueron perseguidos y en algunos casos asesinados.

Orestes, el prefecto romano amigo de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por "falta de testigos", se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. Con la muerte de Hypatia se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. El interés por las ciencias fue debilitándose, pudo sobrevivir en Bizancio y poco después empezó de nuevo a florecer en el mundo árabe.

El obispo Cirilo fue después canonizado por la Iglesia y es conocido como San Cirilo en la Iglesia Ortodoxa.

 

La Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio (1514-1516)

Muchos siglos después, el pintor Rafael presentó en Roma su obra "La Escuela de Atenas" y algunos obispos y sacerdotes preguntaron:

-¿Quién es esa mujer que está en el centro?

- Hypatia, la estudiante más famosa de la Escuela de Atenas. -respondió Rafael.

- Quitadla de ahí. Sus conocimientos y su ciencia iban en contra de la fe. -le amonestó uno de los sacerdotes-, por lo demás el cuadro es aceptable.

- Como ordeneis, -le contestó el artista que no tenía elección.

Pero Rafael se salió con la suya, utilizando a Francesco Maria della Rovere como modelo, que por sus suaves facciones podía pasar por una mujer.

Texto de Maralvi / "Hypatia de Alejandría" para Retratos de la Historia.

 

HIPATIA DE ALEJANDRÍA / in Wikipedia

Hipatia

(/hy.pa.'ti.a/; Griego: Ὑπατία; Alejandría, 355 ó 370 - Ibídem, marzo de 415 ó 416 ) fue una filósofa y maestra neoplatónica romana, natural de Egipto, que destacó en los campos de las Matemáticas y la Astronomía, miembro y líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, destacándose entre ellos el obispo de Ptolemaida, Sinesio de Cirene -que mantuvo una importante correspondencia con su maestra-, Hesiquio el Hebreo y Orestes, que era prefecto imperial de Egipto cuando murió la filósofa alejandrina.

Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la historia de la humanidad de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios -instrumentos que permiten determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste- e inventó un hidrómetro.

Hipatia murió a una edad avanzada, 45 ó 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento), linchada por una turba de cristianos. Su asesinato se produjo en el marco de la hostilidad cristiana hacia el declinante paganismo y las luchas políticas entre las distintas facciones de la Iglesia, el patriarcado alejandrino y el poder imperial, representado en Egipto por el prefecto Orestes, ex alumno de la filósofa. La fuente antigua más cercana a los hechos (la Historia Eclesiástica de Sócrates Escolástico) afirma que la muerte de Hipatia fue causa de no poco oprobio para el Patriarca Cirilo de Alejandría y la iglesia de Alejandría. Otras fuentes antiguas, tanto paganas como cristianas (Damascio, Juan de Nikiû), insisten en la responsabilidad del Patriarca y su entorno, por lo que muchos consideran probada o muy probable la implicación de Cirilo en los hechos, aunque el debate sobre el tema sigue abierto.

Su carácter singular de mujer entregada al pensamiento y la enseñanza en plena Tardoantigüedad, su fidelidad al paganismo en el momento de auge del catolicismo teodosiano como nueva religión del Estado, y su muerte a manos de cristianos le han conferido gran fama. La figura de Hipatia se ha convertido en un verdadero mito: desde la época de la Ilustración se la presenta como a una "mártir de la ciencia" y símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del Cristianismo.[6] Sin embargo, en la actualidad se destaca que su asesinato fue un caso excepcional y que, de hecho, la escuela neoplatónica alejandrina perduró hasta el siglo VII.

Por su parte, los movimientos feministas la han reivindicado como paradigma de mujer liberada. Según la Suda, estuvo casada con otro filósofo, Isidoro, y se mantuvo virgen. Damascio refiere una anécdota que ilustra la actitud de Hipatia ante el sexo: cuando un discípulo le confesó que estaba enamorado de ella, la filósofa le arrojó un paño manchado con su sangre menstrual, indicando: "De esto estás enamorado, y no tiene nada de hermoso".

También se la ha asociado con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, si bien no hay ninguna referencia literaria que vincule a ambas: la Gran Biblioteca desapareció en un momento incierto del siglo III, o quizá del IV, y su sucesora, la Biblioteca-hija del Serapeo, fue expoliada en 391. Según las fuentes, Hipatia enseñaba a sus discípulos en su propia casa.

VIDA

"Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales alcances en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción." Sócrates Escolástico.

Hipatia nació en Alejandría, capital de la diócesis romana de Egipto, a mediados del siglo IV, en 370, según algunas referencias, y en 355, al decir de otras. Pero dado que su discípulo Sinesio de Cirene nació en torno a 375, esta última fecha parece la más correcta. Su padre fue Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo, muy apreciado por sus contemporáneos, que probablemente debió trabajar y dar clases en la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la legendaria Gran Biblioteca ptolemaica. Hipatia, por su parte, se educó en un ambiente académico y culto, dominado por la escuela neoplatónica alejandrina, y aprendió matemáticas y astronomía de su padre, quien además le transmitió su pasión por la búsqueda de lo desconocido.

Según el filósofo pagano del siglo VI Damascio, la maestra alejandrina era "de naturaleza más noble que su padre, [y] no se conformó con el saber que viene de las ciencias matemáticas, en las que había sido introducida por él, sino que se dedicó a las otras ciencias filosóficas con mucha entrega". Hipatia aprendió también sobre la historia de las diferentes religiones que se conocían en aquel entonces, sobre oratoria, sobre el pensamiento de los filósofos y sobre los principios de la enseñanza. Viajó a Atenas y a Roma, siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar. Damascio afirmaba que "además de conseguir el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar, era justa y sabia, y se mantuvo toda la vida virgen", dato confirmado por la Suda, una enciclopedia bizantina del siglo XI, que sin embargo añade que fue "esposa de Isidoro el Filósofo".

La escuela de Hipatia

En torno al año 400 se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos, y, de acuerdo a la Suda, se dedicó a la enseñanza de la filosofía, centrándose en las obras de Platón y Aristóteles. La casa de Hipatia se convirtió en un lugar de enseñanza donde acudían estudiantes de todas partes del mundo conocido, atraídos por su fama. Entre sus alumnos había cristianos, como su alumno predilecto Sinesio de Cirene, futuro obispo de Ptolemaida (409-13), perteneciente a una familia rica y poderosa, que mantuvo una gran amistad con su maestra. Este personaje dejó escrita mucha información sobre Hipatia, y gracias a él conocemos sus obras, aunque ninguna se haya conservado. Dirigió a Hipatia las cartas 10, 15, 16, 46, 81, 124 y 154 de su epistolario. En esta correspondencia se mencionan los nombres de varios alumnos de Hipatia que fueron condiscípulos suyos: el hermano menor de Sinesio, su tío Alejandro, Herculiano, del que fue gran amigo, y al que consideraba "el mejor de los hombres", Olimpio, un rico terrateniente de Seleucia Pieria amigo de Sinesio, Isión, íntimo de Sinesio, Hesiquio de Alejandría, gramático y gobernador de Libia Superior, y su hermano Eutropio, el sofista Atanasio, Gayo, pariente de Sinesio, el gramático Teodosio y el sacerdote Teotecno, y unos tales Pedro y Siro, además del futuro prefecto imperial de Egipto, Orestes. Se han propuesto algunos otros nombres mencionados en las cartas de Sinesio, pero no hay pruebas de ello. En todo caso cabe indicar que sus alumnos fueron un grupo muy unido de aristócratas paganos y cristianos, algunos de los cuales desempeñaron altos cargos.

El mencionado Herculiano era probablemente hermano de Flavio Tauro Seleuco Ciro, destacado miembro de la Corte Imperial, que con posterioridad llegó a ser prepósito del sacro cubículo, prefecto urbano de Constantinopla, prefecto pretoriano de Oriente (439) y cónsul (441), convirtiéndose en el hombre más poderoso del Imperio de Oriente después del propio emperador Teodosio II.

El propio Sinesio manifiesta con elocuencia la devoción que Hipatia despertó en sus discípulos: en la carta 16 de su epistolario la saludaba como "madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho".

Egipto al comienzo del siglo V

Hipatia era pagana y le tocó vivir en tiempos duros para el declinante paganismo. Egipto se había convertido en sede de una de las comunidades cristianas más importantes del Imperio, y el Patriarca de Alejandría gozaba del máximo prestigio e influencia, junto a sus colegas de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma. Sin embargo, la teórica primacía de Roma no se traducía en autoridad suprema. Durante los siglos IV y V las luchas de poder entre los patriarcados, y en especial entre Alejandría y Constantinopla, fueron constantes.

Teodosio I el Grande había convertido el llamado catolicismo en religión de Estado por el Edicto de Tesalónica de 380, imponiendo la ortodoxia nicena. Ello provocó la reacción tanto de los paganos como de las distintas interpretaciones del cristianismo, ahora oficialmente convertidas en herejías a perseguir y erradicar. A lo largo de las décadas siguientes tuvieron lugar grandes controversias y disputas entre las distintas facciones de cristianos, que llegaron en ocasiones a la violencia. Los filósofos neoplatónicos como Hipatia pronto fueron objeto de fuertes presiones. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hipatia no consintió en ello, a pesar de los consejos de sus amigos, como Orestes, prefecto imperial y alumno suyo, que se había bautizado en Constantinopla antes de ir a desempeñar su cargo en Egipto. A pesar de su paganismo, Hipatia contó con la estima y protección de estas élites intelectuales cristianas, e incluso 120 años después de su muerte el historiador Sócrates Escolástico, muy valorado por su imparcialidad, la consideraba, a pesar de su religión, un "modelo de virtud". Orestes se dejaba aconsejar por Hipatia en los asuntos políticos y municipales, y el filósofo pagano Damascio confirma que Hipatia fue popular como consejera de las más altas magistraturas de Alejandría. Su alumno Hesiquio sentencia que era adorada y reverenciada en Alejandría: "Vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, o de Aristóteles, o de cualquier filósofo, a todos los que quisieran escuchar (...) Los magistrados solían consultarla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad..."; añadía que había recibido "muchas distinciones cívicas".

Por entonces el enérgico patriarca de Alejandría era el copto Teófilo (385-412), que, según Sinesio de Cirene, tenía tanta influencia entre las clases altas de Alejandría como la propia Hipatia. Gozaba de un inmenso poder, y en 391 obtuvo del emperador Teodosio una orden para demoler los templos paganos de su ciudad, entre ellos el Serapeum. Se supone que fue entonces cuando fue saqueada, o al menos vaciada, su biblioteca, sucesora de la gran Biblioteca de Alejandría. En 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, afirmando que «sus armarios vacíos de libros fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo». Hipatia evitó enfrentarse con Teófilo, cuyo gran enemigo fue el antioqueno Juan Crisóstomo, discípulo de Libanio y patriarca de Constantinopla, quien pretendía someterle a su autoridad. Teófilo obtuvo su gran victoria sobre Crisóstomo en el Sínodo de la Encina, en 403, logrando su deposición y exilio.

A pesar de todo cuanto se dijo en su contra, tras estos disturbios el episcopado de Teófilo trajo consigo a Alejandría una tranquilidad social desconocida durante la mayor parte del siglo IV, pletórico de tumultos sangrientos. Además, sus construcciones le granjearon las simpatías de la clase trabajadora.

Teófilo falleció el 17 de octubre de 412, y por su sucesión compitieron el arcediano Timoteo y Cirilo, hijo de una hermana de Teófilo. No era una querella baladí por motivos puramente religiosos, ya que el influyente patriarcado alejandrino era capaz de interrumpir los envíos de grano a la capital imperial y gozaba de una riqueza inmensa, que había permitido a Teófilo realizar grandes y lujosas construcciones, que asombraron a sus contemporáneos y escandalizaron a sus enemigos. Además, Egipto acogía una de las mayores y más organizadas comunidades cristianas del Imperio. Abundancio, el comandante de las fuerzas imperiales en Egipto (dux militum Aegypti), apoyó a Timoteo en contra de Cirilo, ya que la corte imperial pretendía ahorrarse problemas evitando la elección de otro militante anticonstantinopolitano como Teófilo. Sin embargo, Cirilo logró el patriarcado gracias al buen recuerdo dejado por su tío (que llegaría a ser santo de la Iglesia Copta) y a la antipatía de los alejandrinos hacia todo lo que viniera de Constantinopla.

El episcopado de Cirilo muestra una notable continuidad con la política de Teófilo: presión contra los paganos, herejes y judíos, conservación del apoyo de las grandes comunidades monásticas, cultivo de la alianza con Roma y oposición por todos los medios a la creciente influencia del Patriarcado de Constantinopla, íntimo aliado del trono imperial. Empezó por perseguir a los novacianos, a pesar del edicto de tolerancia que había promulgado hacia ellos Teodosio el Grande en 381. Se apoderó de todos sus objetos sagrados, y quitó al obispo novaciano Teopompo todas sus posesiones. Comenzó así una serie de enfrentamientos y una amarga hostilidad entre el Patriarca de Alejandría y el prefecto imperial Orestes, que veía en el poderoso obispo un detractor del poder y autoridad absolutos del Emperador.

Durante los motines antijudíos que tuvieron lugar en esos años, azuzados por Cirilo, Orestes trató de proteger a los hijos de Israel, tras una serie de incidentes de gran violencia, Cirilo logró expulsarlos y permitió que sus bienes fueran robados por la multitud. Con todo, los crímenes de los judíos contra los cristianos también estaban extendidos, y en general imperaba en Oriente un odio entre ambas confesiones religiosas.

Orestes puso estos hechos en conocimiento del Emperador, y, a juzgar por el relato de Sócrates Escolástico, debió solicitar la deposición y destierro de Cirilo, el cual buscó entonces la reconciliación con el prefecto imperial, a lo que éste se negó. Llegaron entonces 500 monjes procedentes del Desierto de Nitria para proteger al Patriarca, y provocaron una sedición. Al ver al prefecto, que circulaba en un carro, se abalanzaron sobre él llamándole adorador de ídolos y pagano, e insultándole. El prefecto gritó que era cristiano y que le había bautizado el propio Patriarca de Constantinopla. Uno de los monjes, llamado Amonio, hirió a Orestes de una pedrada en la cabeza, por lo que fue detenido, torturado y muerto. Cirilo enterró su cadáver en una iglesia y le tributó honores de mártir, con lo que la ruptura entre el Patriarca y el representante imperial fue total.

La muerte de Hipatia

Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, un grupo de fanáticos, dirigidos por un lector de nombre Pedro se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con tejas hasta descuartizarla, y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo (por su nombre, se supone que un crematorio), donde los incineraron. Debía tener unos 60 años en el momento de su muerte.

Hesiquio sugería que el vínculo entre la astrología y la adivinación y la magia negra causaron su muerte. Un exaltado obispo copto del siglo VIII, Juan de Nikiû, la consideraba en plena ocupación árabe una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y entre Orestes y Cirilo. Consideraba que la muerte de Hipatia no fue accidental, sino deseada por el obispo alejandrino, y la estimó una respuesta justificada a las provocaciones de la filósofa. No obstante, hay que señalar que Sócrates Escolástico caracterizó a los asesinos como poseídos por un "ímpetu furioso", y no por el "celo divino" que caracterizaba y legitimaba los actos de violencia religiosa.

Sócrates Escolástico achacó indirectamente a Cirilo la responsabilidad del asesinato de Hipatia, al manifestar que "este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos", ya que no hay nada más opuesto al espíritu del cristianismo que el crimen. Las demás fuentes narran el suceso de manera similar. El historiador arriano coetáneo Filostorgio se limitó a echar la culpa a los homousianos, fieles al credo de Nicea. El historiador bizantino del siglo VI Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva (lo fue después de muerta), pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también a la propia naturaleza de los habitantes de Alejandría, violentos y "acostumbrados a toda licencia". Juan de Éfeso decía en la misma época que eran "una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. De hecho, pocos años después, en 422, el sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto, fue muerto en un nuevo tumulto. También se ha llegado a sugerir que la turba estaba enloquecida por los rigores del ayuno de Cuaresma.

Finalmente, la entrada referente a Hipatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como Suda atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, y da una clave para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a los crueles asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia (m. 361) y Proterio (m. 457). El primero fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y el segundo arrastrado por las calles y arrojado al fuego, asesinatos muy similares al de la propia Hipatia.

Se ha especulado con la intrigante posibilidad de que Cirilo mantuviera contactos con Hipatia a través de su ex alumno el obispo Sinesio de Cirene, amigo de su difunto tío el patriarca Teófilo. La muerte de Sinesio en 413 podría explicar en parte la repentina entrada de Hipatia en la política local y su oposición al Patriarcado. En todo caso, con las fuentes de las que disponemos no deja de ser una mera conjetura.

Sobre la motivación que Cirilo podría haber tenido para ordenar o inducir la muerte de la filósofa, los historiadores han concluido la confluencia de al menos cinco móviles:

La propia intolerancia del obispo hacia el paganismo y el neoplatonismo, que tanto había influido en el arrianismo.

La amistad e influencia de la filósofa sobre el prefecto imperial Orestes y las clases altas de Alejandría.

Los deseos de vengar la muerte del monje Amonio, ordenada por Orestes, quizá aconsejado por su ex-maestra.

La hostilidad de Hipatia hacia Teófilo y su sobrino por la destrucción del Serapeo y el saqueo de su biblioteca en 391, que posiblemente la llevara a azuzar el enfrentamiento entre el prefecto imperial y el patriarca.

El deseo de lanzar una seria advertencia a Orestes, mediante la muerte de alguien tan cercano como Hipatia.

Se ha argumentado que resulta poco verosímil que un político tan avezado como Cirilo llevara a cabo una acción tan contraproducente, y que se demostró perniciosa para los intereses del poderoso patriarcado alejandrino. Christopher Haas, de la Universidad John Hopkins, concluye que, con las fuentes de las que actualmente disponemos, "jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque, o si, al igual que en la agresión contra Orestes, ciertos partidarios se decidieron unilateralmente a luchar en favor del patriarcado".

María Dzielska apunta, sin embargo, que, incluso si el crimen sucedió a sus espaldas, Cirilo debe ser considerado responsable en gran medida, por ser el instigador de la campaña contra la filósofa, como medio de combatir al prefecto imperial y su facción política, contraria a los excesos del Patriarcado.

Consecuencias

La muerte de Hipatia levantó un gran revuelo. Tras el cruel asesinato, Orestes informó de los hechos y pidió a Constantinopla que interviniera. La Suda afirma que el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, tanto por justicia como por ser un gran protector de las enseñanzas filosóficas (cuya propia esposa, Eudocia, era una filósofa de origen ateniense), pero, a la postre, la reacción imperial se limitó a retirar al Patriarca los 500 monjes que le servían como guardia, lo que ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron éstos, y no el populacho mencionado en todas las fuentes, los responsables del asesinato de la filósofa. La medida fue sin embargo rescindida al cabo de dos años, permitiéndose además aumentar su número a 600. Que Cirilo saliera tan bien parado fue posiblemente debido a la influencia de la hermana del Emperador, la augusta Pulqueria, cristiana devota de gran ascendente sobre su hermano, en cuyo nombre gobernaba mientras éste se dedicaba a tareas intelectuales.

Según todas las fuentes, el asesinato de la filósofa fue un crimen oprobioso para los cristianos y redujo la influencia política del patriarcado alejandrino. Tras la muerte de Hipatia, sus relaciones con la Corte Imperial se suavizaron y la veneración hacia el monje Amonio desapareció, ya que los mismos alejandrinos reconocían que había merecido la muerte por su atentado y no por haber sido obligado a renegar de Cristo. Cirilo no pudo impedir que su rival doctrinal, Nestorio, gozara del favor imperial y fuera elegido Patriarca de Constantinopla en 428, pero logró finalmente su deposición en el Concilio de Éfeso de 431. Convertido en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia, a su muerte en 444 fue santificado, y es considerado uno de los Doctores de la Iglesia debido a su extensa obra doctrinal.

No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió floreciendo hasta pleno siglo VII, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I (529).

Obras

Ninguna de sus obras se ha conservado, pero se conocen gracias a sus discípulos, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, el Hebreo.

Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría.

Canon astronómico.

Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga, su obra más importante.

Tablas astronómicas: revisión de las del astrónomo Claudio Tolomeo, conocida por su inclusión en el Canon astronómico de Hesiquio.

Edición del comentario de su padre a Los Elementos de Euclides.

Además de cartografiar cuerpos celestes, confeccionando un planisferio, también se interesó por la mecánica. Se sabe que inventó un destilador, un artefacto para medir el nivel del agua y un hidrómetro graduado para medir la densidad relativa y gravedad de los líquidos, precursor del actual aerómetro, descrito por Sinesio de Cirene:

...es un tubo cilíndrico con la forma y dimensiones de una flauta, que en línea recta lleva unas incisiones para determinar el peso de los líquidos. Por uno de los extremos lo cierra un cono, adaptado en posición idéntica, de manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del tubo. Cuando se sumerge en el líquido ese tubo, que es como una flauta, se mantendrá recto, y es posible contar las incisiones, que son las que dan a conocer el peso.

Sinesio de Cirene, Carta 15, a Hipatia.

Sinesio también la defendió como inventora del astrolabio, aunque astrolabios más tempranos precedan el modelo de Hipatia al menos un siglo -y su propio padre fue famoso por su tratado sobre ellos.

LA GRAN BIBLIOTECA DEL MUSEION DE ALEJANDRÍA

En una de las paredes de la Biblioteca de Alejandría estaba escrito:
"Alimento para el espíritu"

El libro, entendido como expresión de un sistema de escritura realizado sobre un material duradero y a cuyo contenido se puede acceder sin la presencia del autor, tuvo su primera aparición histórica con los sumerios quienes utilizaron las tablillas de arcilla como soporte de la escritura cuneiforme que realizaban. Esta forma de escritura fue adoptada por otros pueblos como los acadios, babilonios y asirios, creadores todos ellos de vastos imperios e importantes civilizaciones.

En las civilizaciones del mediterráneo oriental se utilizó el papiro como soporte para la escritura. El libro egipcio tenía forma de rollo y se escribía por una sola cara. El texto se dividía en columnas, a modo de las páginas de un libro, que se leían conforme se desenvolvía el rollo. El título se colocaba al final del texto o en una etiqueta que pendía del extremo del eje, al que luego llamarán los romanos umbiculus.

Alejandría fue fundada en el año 332 a.C. por el general macedonio Ptolomeo en honor de Alejandro Magno, rey de Macedonia. Tras la caída del imperio, Ptolomeo se esforzó en lograr para la nueva capital, Alejandría, el predominio, no sólo político y económico, sino también cultural. Él, y especialmente su hijo, Ptolomeo II, llamaron a sabios griegos y les ofrecieron una desahogada posición como miembros de una especie de comunidad religiosa, una academia radicada en el nuevo templo de las Musas, el Museion, a semejanza de la famosa escuela peripatética de Atenas, fundada por Aristóteles. El Museion estaba dedicado a la enseñanza y a la investigación y la gran biblioteca formada allí a lo largo del siglo III a. de C. era sumamente completa.

Este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano.

Por allí pasó Eratóstenes, que demostró que la Tierra era redonda llegando incluso a calcular su radio; Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría; Dionisio de Tracia, que hizo un estudio sistemático de la estructura del lenguaje; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón, inventor de cajas de engranajes y máquinas de vapor; Apolonio de Pérgamo, con su famoso estudio de las cónicas; Hipatia, matemática y astrónoma, poco después de cuya muerte a manos de un motín popular, la Biblioteca fue destruida definitivamente.

"Cuando César conquistó Alejandría en 47 a. de C. ardió una parte de la sección mayor de la biblioteca, pero fue más tarde compensada, si es cierto que Antonio regaló a la reina Cleopatra 200.000 rollos procedentes de la biblioteca de Pérgamo, lo que parece inverosímil. La biblioteca de Alejandría fue destruida probablemente en 391 d. de C., cuando los cristianos, bajo la guía del arzobispo Teófilo de Antioquía, destruyeron el templo de Serapis"

Historia del libro, Svend Dahl

De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeion, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. De los libros que allí había sólo sobrevivió una pequeña fracción y algunos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas que gira alrededor del Sol, y que las estrellas son soles que están a una enorme distancia de nosotros. Sus afirmaciones eran correctas, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Cómo me gustaría leer ese libro para saber cómo llegó a estas conclusiones. Sin embargo, se perdió para siempre. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

 

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -3-

Posteado por: retratosdelahistoria el 24 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

3ª PARTE

¿Qué fue de Königsmarck?

Retrato del Duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Elector de Hannover de 1692 a 1698; grabado de finales del siglo XVII.

Ésa fue la pregunta que se repetía tanto en Hannover como en las otras cortes vecinas. Todo el mundo estaba al tanto del idilio de Philipp Christoph von Königsmarck con la kurprinzessin Sofía-Dorotea, pero la extraña desaparición del amante permanecía siendo una incógnita. Ante la falta de pistas y pruebas fehacientes, los rumores empezaron a multiplicarse a medida que se adelantaban las más inverosímiles especulaciones.

Oficialmente, en la corte hannoveriana no se hablaba del tema. De hecho, el Elector Ernesto-Augusto I y su hermano el Duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle intentaron por todos los medios que se ocultase la verdad y se propagase la noticia fuera de la corte. Pudieron callar bocas durante un mes... pero, pasados 30 días, el vergonzoso "secreto de Estado" hacía aguas por todas partes y se propagó por toda Europa.

Ciertos contemporáneos no dudaron en dar sus propias versiones de los hechos acontecidos en la dramática noche del 1 al 2 de julio de 1694. Algunos afirmaron que los trabanes, tras asesinar al conde, se deshicieron del cadáver metiéndolo en un saco junto con unas pesadas piedras y tirándolo a las aguas del río Leine, que atraviesa la capital. Otros, como Sir Horace Walpole, especularon que habían incinerado el cuerpo en un horno para luego ocultar su esqueleto bajo el entarimado de uno de los salones del palacio de Herrenhausen. Esta última versión es, desde luego, la más escabrosa y siniestra que se ha llegado a contar..., aunque otra versión similar tampoco se queda atrás: habrían supuestamente descuartizado el cadáver de Königsmarck para luego diseminar los trozos, enterrarándolos bajo los parterres que rodean el palacio del elector.

Los que trataron de dar con los restos de Königsmarck, basándose en los delirantes rumores de entonces, no tuvieron éxito. Jamás se encontró su cadáver, y bien puede ser que la teoría del río Leine sea, quizá, la más creíble de todas.

De lo que no hay duda, es de las implicaciones del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y de la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund en la desaparición del pobre conde, y que su asesinato no fue más que la consecuencia de una vendetta femenina, disfrazada con una falsa acusación de adulterio y tentativa de rapto para que el elector diera orden de ejecutarle.

En 1700, en su lecho de muerte, la condesa von Platen presa de remordimientos, confesaría su crimen, denunciando de paso la complicidad del Elector Ernesto-Augusto I. Otros protagonistas en el asesinato, y más concretamente uno de los trabanes que mataron a Königsmarck y que era italiano*, confesó haber recibido la exorbitante suma de 10,000 táleros (pagados por el mismísimo elector) en recompensa por su participación en el linchamiento.

La Princesa Electriz Sofía de Hannover junto con su hijo el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover, futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, representados en un cuadro de finales del siglo XIX, realizado por Dieckmann.

¿Estuvo al corriente el marido de Sofía-Dorotea? No cabe duda sobre ello. Fue puntualmente informado por su padre una vez consumados los hechos. Algunos llegarán a barajar la posibilidad de que la orden partió de él y que estuvo implicado desde el primer momento, pero la teoría entra en conflicto con las últimas palabras del que sería Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda en su lecho de muerte: "Fisette! Fisette!... "Yo no he sido! No! No!"

"Fisette" era el apodo que Jorge-Luis y el resto de la familia electoral daban a Sofía-Dorotea.

En cuanto a Sofía-Dorotea, ni siquiera presenció el asesinato como tampoco se enteró enseguida de la suerte que corrió su pobre enamorado.

(*)_se trata del sacerdote Don Nicoló Montalban, convertido en asesino a sueldo. Se le atribuye el golpe fatal que mató a Königsmarck.

Divorcio y sentencia

Pocos días después de que Königsmarck se esfumara de la faz de la Tierra, la Kurprinzessin Sofía-Dorotea fue formalmente arrestada por orden de su suegro el Elector Ernesto-Augusto I. Bajo una fuerte escolta, fue sacada de palacio y trasladada al castillo de Lauenau, dejándole bien claro que ahora era una prisionera del Estado en espera de una sentencia. Su dama de honor corrió una suerte parecida: Eleonore von dem Knesebeck fue separada de la princesa, metida a la fuerza en una carroza con las cortinas echadas y, con nutrida escolta, entregada a sus carceleros de la fortaleza de Scharzfels (*). Su repentino encierro respondía a una medida preventiva en nombre del secreto de sumario.

Internada en el vetusto castillo de Lauenau, Sofía-Dorotea intentó recurrir a sus padres. Pero su padre el duque estuvo de acuerdo con las medidas emprendidas por su hermano el elector. Sofía-Dorotea se había comportado como una cualquiera, deshonrando su alto rango y su familia al permitirse unas libertades impropias de una mujer casada con un príncipe heredero que, para colmo, también era el pretendiente al trono británico. No cabía piedad para ella desde la óptica paterna, ya que era motivo de vergüenza para los suyos. La única que se apiadó fue su madre, la duquesa Eléonore, conmovida por su dramática situación. Intentó, por todos los medios, que no se perjudicase en exceso a la "esposa adúltera", buscando en vano consensuar los términos de una separación entre Jorge-Luis y ella. Pero no hubo miramiento alguno con la madre de la despendolada nuera. Ni siquiera la escucharon.

El 28 de diciembre de 1694, el consistorio de Hannover pronunció oficialmente el divorcio de Jorge-Luis y Sofía-Dorotea, basándose en el intento de "abandono" del hogar conyugal de la esposa (planeado por Königsmarck y ella) y no en la más que dudosa "infidelidad" de la misma, puesto que el verdadero adúltero que, para colmo, vivía en concubinato con la condesa von der Schulenburg y había reconocido a sus bastardos, era el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover. Y califico de dudosa la infidelidad o adulterio de Sofía-Dorotea con Königsmarck porque, según numerosos historiadores y estudiosos de este caso, hay altas probabilidades de que nunca hubo sexo entre los dos amantes y que su apasionada correspondencia fuera, sino en parte, una maquiavélica falsificación para cubrir de lodo a la princesa (se conservan un total de 600 cartas!). Dicho esto, no pongo en tela de juicio su idilio que ya venía de la adolescencia, ni el enamoramiento que surgió entre ambos, pero de ahí a fornicar en los rincones sin que fuesen sorprendidos y que no se ventilase...

Posteriormente, los Jacobitas escoceses e irlandeses adjudicaron un orígen espúrio a Jorge II y a su hermana la reina consorte de Prusia, señalando al conde de Königsmarck como su más que probable padre natural. Pero no eran más que unas malintencionadas conjeturas cuyo armazón no se sostiene de ninguna manera. Las relaciones de Königsmarck con Sofía-Dorotea se inician realmente el 1 de julio de 1690 como mucho, tal y como lo atestigua la abundante correspondencia de los amantes, iniciada en esa fecha; la primera respuesta de Sofía-Dorotea tan solo se produciría en 1692! A todas luces, los nacimientos del futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña y de la futura reina Sofía-Dorotea de Prusia son muy anteriores: en 1683 y 1687 respectivamente.

Y, si es cierto que Sofía-Dorotea y Philipp Christoph von Königsmarck se conocían con mucha más anterioridad, tan solo se trataba de un idilio de adolescentes. El primer encuentro se produce en la corte de Celle en 1680, cuando la Condesa von Königsmarck, madre de Philipp, acude a ella con sus hijos y solicita la mano de la princesa Sofía-Dorotea de entonces 14 años, no para Philipp sino para Carl-Johan, su hijo mayor. Dos años después, a mitades del mes de diciembre de 1682, Königsmarck vuelve a reaparecer por la corte ducal de Celle y la abandona un 15 de enero de 1683, tras la boda de Sofía-Dorotea con Jorge-Luis. Luego, Philipp se dedica a las campañas bélicas imperiales, bajo las órdenes del Elector de Sajonia en Hungría, regresando a "casa" en 1688 y comprometiéndose con la condesa von Rantzau en el curso del verano de ese mismo año; compromiso que fue, por cierto, roto poco después. Tras una breve estancia en Venecia, donde rehusa una oferta de la Serenísima, el joven coronel ingresa en el ejército hannoveriano en mayo de 1689 y es nombrado capitán de dos compañías de la Guardia de Palacio. Participa en la campaña del Rhin contra los Franceses, al mando de un cuerpo de élite, y regresa a Hannover en el invierno de 1689-1690, fechas en las que inicia sus amoríos con la condesa von Platen-Hallermund. Toma luego parte en otra campaña en el Henao, desde donde envía su primera carta de amor a Sofía-Dorotea y rehusa reanudar sus relaciones sexuales con la von Platen.

Las princesas de entonces lo tenían rematadamente mal a la hora de poner cuernos a sus maridos, porque siempre estaban acompañadas y estrechamente vigiladas, mientras que los príncipes gozaban de una mayor intimidad y libertad a la hora de cometer adulterio: estaba bien visto, muchas veces alentado por su entorno, y no se podía recriminar porque se asumía naturalmente como una prerrogativa del hombre. La mujer "infiel", a lo sumo, coqueteaba, se dejaba amar, robar besos aprovechando el descuido de la servidumbre, intercambiaba encendidas misivas con la complicidad de sus damas que hacían de correo, pero fornicar, lo que se dice fornicar,...

Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera, Princesa-Electriz de Hannover (1630-1714), consorte del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y presunta heredera del trono de Gran-Bretaña e Irlanda.

A todas luces, parece ser que algunos poderosos personajes de la corte de Hannover, véase la familia política de Sofía-Dorotea, tuvieron algo que ver con esa campaña de difamación. Avalados por su odio hacia ella, podemos hacer resaltar las antipáticas figuras de la Princesa Electriz Sofía del Palatinado, secundada por su hijo Jorge-Luis, la amante de éste Melusine von der Schulenburg, y por la influyente amante del Elector, la condesa von Platen-Hallermund, que tenía motivos más personales si cabe para destrozar a la princesa.

La familia electoral no se apiadó de la suerte de Sofía-Dorotea. Ni siquiera cuando la duquesa Eléonore de Brünswick-Celle intentó recurrir a su inveterada enemiga, la Princesa Electriz Sofía, creyendo en vano que conseguiría conmoverla. Con su sequedad habitual, Sofía del Palatinado se negó a interceder personalmente para atenuar el castigo de su nuera.

Con el divorcio publicado (**), Sofía-Dorotea dejó de ser Su Serenísima Alteza la Kruprinzessin de Hannover, para volver a tener su apellido de soltera. Pero la sentencia no se paraba aqui: se le quitaba toda potestad sobre sus hijos, asi como el contacto con éstos, y se la confinaba de por vida en el vetusto castillo de Ahlden, en el ducado paterno de Celle, confiando su custodia y estrecha vigilancia a 40 guardias. Se le prohibía terminantemente salir del castillo y recibir visitas que no fueran especialmente aprovadas por el Príncipe-Elector Ernesto-Augusto I.

Condenada, en cierta manera, a una muerte civil, Sofía-Dorotea se vio despojada de todo lo que amaba (familia, hijos, amigos) y tan solo mencionada como la "Princesa de Ahlden". Su madre, la duquesa de Celle, desengañada y profundamente dolida con toda esa farsa, abandonó a su marido para reunirse con su hija en Ahlden, y compartir con ella esa "muerte en vida".

(*)_Eleonore von dem Knesebeck conseguiría evadirse de la fortaleza de Scharzfels la noche del 5 de noviembre de 1697.

(**)_el 7 de enero de 1695 (otras fuentes citan el 7 de marzo), ocho juristas de Hannover reunidos por el Elector Ernesto-Augusto I y el Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle, estudiaron el caso de la princesa Sofía-Dorotea, haciendo sobretodo hincapié en su intento de fuga con el conde von Königsmarck, y se pronunciaron favorablemente sobre el divorcio solicitado por el Kurprinz Jorge-Luis, a quien le acordaron la custodia de los hijos habidos con su ex-mujer. Los mismos juristas condenaron a la princesa a ser recluída de por vida.

Final de una tragedia Shakespeariana

El Castillo de Ahlden, lugar de reclusión a perpetuidad de la "Princesa de Ahlden" Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, entre 1695 y 1726; grabado de finales del siglo XVII.

Menos de 4 años después de producirse su encierro, la Parca empieza a barrer el escenario; su suegro el alcoholizado Elector Ernesto-Augusto I fallecía y ascendía al poder su marido Jorge I Luis (1698). En 1700, la muerte se llevó a la condesa von Platen-Hallermund, la vengativa asesina de Königsmarck y la autora de la caída en desgracia de Sofía-Dorotea. En 1705, era el severo e inflexible padre de Sofía-Dorotea, el duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle quien fallecía. Nueve años más tarde, en 1714, era su odiosa suegra la Princesa-Electriz Sofía quien rendía el alma, tras ser sorprendida por la tormenta durante uno de sus paseos diarios por los jardines de Herrenhausen; una mala fiebre la llevaba a la tumba. El mismo año, Jorge-Luis se convertía en el nuevo rey de Gran-Bretaña e Irlanda con el ordinal de Jorge I, y su hijo Jorge-Augusto era investido Príncipe de Gales.

Sofía-Dorotea, condenada al olvido, pasaría más de treinta años entre los muros de Ahlden. En esas tres décadas, tan solo tuvo el consuelo de la cálida compañía de su madre, que fallecería el 5 de febrero de 1722, casi ciega. Las únicas noticias que le llegaban del exterior, desde 1706, eran por medio de las cartas que le escribía su hija la flamante Princesa Heredera de Prusia, Sofía-Dorotea de Hannover, que se había convertido en la nuera del rey Federico I, Elector de Brandenburgo. La lectura de sus esperadas cartas eran motivo de alegría en aquella espartana cárcel, y más cuando se enteró que su adorada hija se había convertido en la nueva reina consorte de Prusia en 1713.

Retrato de Sofía-Dorotea de Hannover (1687-1757), Reina consorte de Prusia y Electriz de Brandenburgo, esposa del rey Federico-Guillermo I "el Rey Sargento" y madre del futuro rey Federico II "el Grande"; inmortalizada en su viudedad por Antoine Pesne.

Esas pocas alegrías actuaron, sin duda, como un bálsamo para la prisionera de Ahlden, mientras le consumía lentamente un cáncer de garganta. Exhaló su último suspiro la noche del 13 de noviembre de 1726, a las 23 horas. Tenía 60 años, de los cuales pasó 32 encarcelada.

Su rencoroso ex-marido, el rey Jorge I de Gran-Bretaña y Elector de Hannover (en la miniatura de la izq.), nunca hizo nada para suavizar su cautiverio. Fingió olvidarse de ella y prohibió que se mencionase su nombre en su presencia; eso no le salvó de los ágrios reproches de su hijo y heredero Jorge-Augusto, Príncipe de Gales, que le detestaba profundamente. Padre e hijo se odiaron cordialmente y fueron irreconciliables hasta el final por culpa de la pobre prisionera de Ahlden.

Jorge I sobreviviría a su ex-esposa tan solo 8 meses. Un repentino ataque le fulminaría en el curso de una de sus estancias en Hannover, concretamente en Osnabrück. En su lecho de muerte, el monarca farfulló palabras incomprensibles para los que le atendían, sin embargo fueron muy reveladores; pareció atormentado por el fantasma acusador de Sofía-Dorotea hasta el último momento. Expiró el 11 de junio de 1727, a la edad de 67 años, y su cuerpo inerte sería sepultado el 4 de agosto en la cripta familiar de Herrenhausen. Nadie sintió su muerte, tanto en Londres como en Hannover.

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 22 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

2ª PARTE

La Pareja mal avenida

Puesto que se trataba de un asunto político que requería un grado de sacrificio por parte de los contrayentes, Sofía-Dorotea no pudo hacer otra cosa que tomarse su boda como lo que era, un trámite en una operación inmobiliaria familiar en la que no cabían sentimientos. Y dicho sacrificio implicaba, naturalmente, que la flamante esposa cumpliera con la tediosa y no menos peligrosa misión de acostarse con Jorge-Luis y parirle hijos varones que diesen continuidad a la dinastía.

Jorge-Luis, por su parte, tenía bien comido el coco por su madre, la altiva Princesa Palatina Sofía, contagiándole esa actitud fría y distante, llena de desdén incluso, respecto a Sofía-Dorotea. La despreciaba y se mostraba insensible a sus encantos femeninos, tratándola con rudeza a la hora de la coyunda y con indiferencia fuera de la cama. Las relaciones sexuales con su marido dejaban fría a Sofía-Dorotea, e incluso le llegaron a provocar una visceral repugnancia hasta el punto de no poder soportar que la tocase.

Sobreponiendose al asco que le daba cohabitar con el rudo y abrupto Jorge-Luis, Sofía-Dorotea cumplió con su deber de consorte de la que se espera que engendre herederos. Mientras se comunicaba oficialmente a la corte de Herrenhausen que la Princesa Heredera Sofía-Dorotea estaba en estado de buena esperanza, su marido le ponía públicamente los cuernos con una hermosa condesa de quince primaveras, que figuraba como damisela de honor de la Princesa Sofía: Ehrengard Melusine von der Schulenburg, hermana del mariscal Johann-Matthias von der Schulenburg.

Retrato del Duque Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727).

La detestable suegra de Sofía-Dorotea pareció alegrarse con la elección de su hijo, y la alentó dando su consentimiento para que se consumara el adulterio.

En noviembre de 1683, Sofía-Dorotea salió de cuentas y parió al ansiado heredero varón: Jorge-Augusto de Brünswick-Lüneburg, futuro príncipe de Hannover*. Cuatro años más tarde, otra vez encinta, la pobre esposa engendraba en marzo de 1687 a una niña, a la que bautizaron como ella: Sofía-Dorotea de Brünswick-Lüneburg**. Fue su último gesto en el cumplimiento del deber. Después del nacimiento de su hija, Sofía-Dorotea pasaba a un tercer plano en la corte de Herrenhausen, ninguneada por su marido y su suegra, y eclipsada por la brillante y ambiciosa condesa von der Schulenburg, convertida en la amante oficial de Jorge-Luis.

(*)_Jorge-Augusto, Duque de Brünswick-Lüneburg, Príncipe Hdo.de Hannover (1683-1760), sería a la postre el futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda a partir de 1727.

(**)_Sofía-Dorotea, Duquesa de Brünswick-Lüneburg y Princesa de Hannover (1687-1757), contraería matrimonio en 1706 con el heredero del rey Federico I en Prusia, Elector de Brandenburgo, el kronprinz y futuro "rey-sargento" Federico-Guillermo I de Prusia.

 

Leyes dinásticas y concesiones imperiales

En el curso del año 1682, el duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg y de Hannover (en la ilustración de la izquierda), de acuerdo con su hijo mayor, instituye como ley dinástica el "derecho de primogenitura" que viene a complementar la ley sálica que solo otorgaba a los miembros varones de la familia a heredar. Hasta entonces, cada vez que un padre y jefe de familia fallecía, sus estados eran divididos entre sus herederos varones. A partir de ahora, tan solo podrá heredar el primer hijo varón del soberano, mientras que los segundones se verán privados de la herencia paterna, sin derechos a reclamar compensación alguna y condenados a buscarse el sustento.

A todas luces, su primogénito el príncipe Jorge-Luis era el beneficiado, y la implantación del derecho de primogenitura era clave para asegurar la duradera unión de los Estados y su íntegra transmisión de generación en generación.

Las incesantes quejas de sus otros hijos menores, que reclamaban tierras y feudos en los que establecerse, no fueron de su agrado y contrariaban su política unionista. Se habían acabado los tiempos de repartos, divisiones y saqueos patrimoniales; ahora, tan solo el primogénito Jorge-Luis iba a heredar de todos los ducados que, años atrás, se habían pacientemente reunido.

Mapa del Electorado de Hannover en 1720, en el que figuran las nuevas anexiones territoriales de Bremen, Verden y de Lauenburg. / Abajo, blasón de la Casa Electoral de Hannover.

Por otro lado, aprovechando las necesidades del Emperador Leopoldo I de Austria en su guerra contra los Turcos, Ernesto-Augusto prestó gustosamente sus servicios y ejércitos al César, e incluso acudió personalmente a combatir al invasor. Como pago a su preciosa contribución contra el infiel, Leopoldo I le confirió la dignidad de Elector del Sacro Santo Imperio (1692), creando en su favor un noveno electorado que venía a coronar su exitosa reunión de estados en uno solo: el ducado-principado de Hannover.

Asi pues, Ernesto-Augusto I se convirtió en el primer Elector de Hannover (Kurfürst von Hannover), y su hijo y heredero Jorge-Luis en el Kurprinz.

 

El Amante de la Princesa Heredera de Hannover

Retrato de la Princesa Hda. Sofía-Dorotea de Hannover junto con sus hijos los Príncipes Jorge-Augusto y Sofía-Dorotea de Hannover.

Arrinconada como un trasto inútil que se relega a las golfas, víctima de un ostracismo generalizado por parte de la corte hannoveriana gracias a los desprecios de su suegra y de su marido, Sofía-Dorotea se vuelca en sus hijos intentando encontrar consuelo en su compañía, y sobrellevando con buena cara los desaires que recibe diariamente de su familia política. Quizá, por las noches, haya rezado para que un milagro ocurriese y cambiase su desdichada vida. Fuera cierta esta suposición o no, el milagro va a producirse pero para hacerle aún más desgraciada.

El Palacio de Herrenhausen, a las afueras de la capital de Hannover, según un grabado de 1706. Herrenhausen se debe en gran parte al deseo del Duque Juan-Federico de Brünswick-Calenberg de emular el Palacio de Versailles y sus jardines a la Francesa, que lo mandó construir en la 2ª mitad del siglo XVII. Su ampliación corrió luego a cargo de los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía de Hannover, quienes añadieron más pabellones y palacetes. / Abajo, retrato de Clara-Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), esposa del Primer Ministro de Hannover y amante del Elector Ernesto-Augusto I.

Mientras Jorge-Luis se deleitaba pública y privadamente con la compañía de Melusine, arribó a la corte de Herrenhausen el antiguo pretendiente de Sofía-Dorotea, Philipp Christoph von Königsmarck, aureolado de un recién adquirido prestigio duramente ganado en los campos de batalla húngaros. Al mando de un regimiento de coraceros suecos al servicio del Emperador Leopoldo I de Austria, se había distinguido por su arrojo y valentía en la segunda batalla de Mohacs contra los Turcos. Con semejante hoja de servicios, Philipp se presenta nuevamente ante la Kurprinzessin Sofía-Dorotea, su antigua prometida, convertido en un hombre hermoso, elegante, distinguido y galante a principios de 1690. A su paso, todas las damas de la corte suspiran y muchas de ellas esperan ansiosamente atraer su atención y conquistarle. La que no pierde el tiempo y le abre las puertas de su alcoba y las sábanas de su cama es la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund, nacida von Meysenburg (1648-1700)*, esposa del mariscal de palacio y favorita oficial a la par que madre de dos bastardos del flamante Elector de Hannover, Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, suegro de Sofía-Dorotea.

Pese a la diferencia de edades (Philipp tiene 25 años y Clara 42 primaveras), la Condesa von Platen-Hallermund y el apuesto Königsmarck se convierten en amantes y su "affaire" pronto está en boca de todos.

Pero Philipp von Königsmarck sigue estando enamorado de Sofía-Dorotea, y acabará declarándole su amor. La sabe desgraciada, desdeñada y ninguneada por su marido Jorge-Luis, su suegra la Princesa Sofía y por la amante de éste, Melusine von der Schulenburg. Pese a su escandaloso comercio con la Platen-Hallermund, Königsmarck intenta devolver la ilusión de vivir a la que es realmente la destinataria de su amor. Loca de celos, la condesa von Platen-Hallermund conseguirá alejarle nuevamente de la corte de Herrenhausen, pero será tan solo por un corto espacio de tiempo. Königsmarck regresa con más fuerza y determinación si cabe. Conocedor de las intrigas de Clara para alejarle, se permite el lujo de rechazarla todas las veces que ella intenta reanudar con él las tórridas sesiones de cama a las que la tenía acostumbrada. Dolida y herida en su orgullo de fémina cuarentona, que se ve preferida por una veinteañera, que para colmo es la esposa del kurprinz Jorge-Luis, Clara rumiará su venganza en silencio.

Adulterio, rapto fallido y asesinato

Mientras, Sofía-Dorotea se deja vencer por sus sentimientos y cede ante los avances de Philipp, hasta el punto de escribirle encendidas cartas de amor que, según algunos, aún siguen quemando sobre el papel... Reanudaron su flirteo que, prontamente, pasó a ser un tórrido romance prohibido. La pasión de los amantes fue tal, que se conducieron de la manera más imprudente que se pueda, sin tener cuidado en mantener el decoro y las apariencias ante sirvientes y extraños. En poco tiempo, el romance entre la princesa heredera Sofía-Dorotea y el apuesto conde von Königsmarck hizo reguero de pólvora en la corte. Los chismosos cortesanos no tardaron en soltar ingeniosas frases y ácidas burlas sobre la flamante cornamenta del príncipe heredero que, prontamente se repetían sin pudor hasta en los salones de la furibunda Princesa-Electriz Sofía (en la ilustración contigua).

La resentida condesa von Platen no tardará en poner al marido al corriente de la indecorosa conducta de su mujer, y repetirle las crueles burlas que circulan sobre su persona.

Por su lado, ajenos a la peligrosa publicidad que se hacía de su adulterio, Königsmarck y Sofía-Dorotea planeaban puerilmente su huída lejos de Hannover para vivir abiertamente su historia de amor y proclamarlo a los cuatro vientos.

Retrato de Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y Duquesa de Brünswick-Celle (1639-1722), madre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover. / Abajo, retrato del Príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727), en un grabado realizado en 1706.

Alarmada al enterarse del idilio de su hija con el aventurero sueco, la Duquesa de Brünswick-Celle intervino para hacerle entrar en razón. Pero sus recriminaciones y sabios consejos cayeron en oídos sordos: eufórica y ciega de amor, Sofía-Dorotea tan solo supo responderle que debía alegrarse por ella, que por fin iba a ser feliz y que pronto dejaría atrás a ese odioso hombre que le habían dado por marido.

Todos los intentos de Eléonore para que su hija pusiera un término a sus dislates fueron en vano. Sofía-Dorotea no pensaba renunciar una segunda vez a su suspirante, el único capaz de hacerle sentirse viva.

Poco después, estalla el escándalo (1694). Preso de ira, Jorge-Luis irrumpe en los aposentos de Sofía-Dorotea, la cubre de insultos, la persigue, la agarra de los pelos, le propina varios golpes y se abalanza sobre su cuello para retorcerselo. La escena es espantosa. El marido burlado clama venganza y pretende estrangular a la desvergonzada que ha osado ponerle la cornamenta. A duras penas damas y caballeros consiguen separarlos y tranquilizar a Jorge-Luis. Asustada y magullada, Sofía-Dorotea huye despavorida para refugiarse en casa de sus padres, en Celle. Pretende pedir asilo, pero la acogida no puede ser más gélida en el hogar paterno. Sus padres, aconsejados por el ministro Bernstorff y sin dejarse conmover por sus cardenales y la cara hinchada de su hija, la devuelven de inmediato a Hannover, donde deberá asumir sus faltas e implorar clemencia.

Retrato del Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle (1624-1705), padre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover.

Técnicamente, Sofía-Dorotea acaba de abandonar el hogar conyugal para refugiarse en casa de sus padres. Y ese hecho pesará en el futuro de la princesa heredera... y será sabiamente explotado por sus suegros y marido.

Ya que su padre le prohibe que permanezca en Celle, Sofía-Dorotea no tendrá más remedio que volver a Herrenhausen e intentar resolver el desaguisado. Pero su fatal error parece no tener solución. Inflexibles, sus suegros y su marido la confinan en sus aposentos de Leineschloss, el palacio de invierno de Hannover. Dentro de poco la sacarán del palacio de Leineschloss para trasladarla al castillo de Lauenau, con la única compañía de su fiel damisela de honor y confidente, la señorita Eleonore von dem Knesebeck. Los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía pretenden zanjar el tema, y buscan una solución favorable para su hijo Jorge-Luis: piensan en el divorcio como única solución viable, pero se guardarán mucho de esgrimir contra Sofía-Dorotea el reproche del adulterio, ya que Jorge-Luis fue el primero en serle públicamente infiel. Ante todo, quieren evitar cubrir de ridículo a su heredero...

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694).

Para rescatar a su amada, Philipp von Königsmarck se presenta en la corte de Celle y reclama a los padres de la princesa nada menos que 2.000 coronas para huír con ella y la damisela von dem Knesebeck, escoltados por seis trabanes**, e instalarse en la corte de Wolfenbüttel bajo la protección del duque Anton-Ulrich, y casarse allí. He aqui su solución al problema, viviendo en la vana esperanza de que los duques Jorge-Guillermo I y Eléonore acepten su plan para salvar a su hija de un destino peor.

Maqueta a escala del Palacio de Herrenhausen, (fachada de los jardines) en los alrededores de Hannover. / Abajo, antiguo grabado de 1636 representando la residencia de invierno de los Electores de Hannover en su capital, el Palacio de Leineschloss, cuyo nombre procede del río que pasa a sus pies, el Leine, y posible escenario de la tragedia que se desarrolló en la noche del 1 al 2 de Julio de 1694.

Königsmarck recibirá entonces una carta, supuestamente de la señorita Eleonore von dem Knesebeck y, pensando en una respuesta positiva, decide abandonar su residencia la noche del 1 al 2 de julio de 1694, y presentarse en el palacio de Leineschloss ante Sofía-Dorotea para llevársela lejos, tal y como tenía planeado. Extrañada, Sofía-Dorotea le responde que no le ha escrito carta alguna y pide verla, comprendiendo que se trataba de una falsificación, de un cebo para que Königsmarck cayese de lleno en una trampa que le han tendido... y ha funcionado!

En el mismo instante en que Philipp constataba que le habían engañado para que acudiera a los aposentos de Sofía-Dorotea, la despechada condesa von Platen despertaba al Elector Ernesto-Augusto, que dormitaba, y le informó malévolamente que en ese preciso momento el conde von Königsmarck andaba consumando el delito de adulterio en los aposentos de su nuera. Sin frenarse en su cruel venganza, la condesa von Platen le obliga a levantarse de la cama y le arrastra hasta su escritorio para que firme una orden de ejecución contra el amante de Sofía-Dorotea. Con la orden en mano, Clara Elisabeth von Platen-Hallermund transmite personalmente la consigna a cuatro trabanes para que la sigan hasta las puertas del apartamento de la princesa heredera. Apenas sale Königsmarck de los aposentos, éstos se abalanzan sobre él y, sin mediar palabra, lo cosen a sablazos en presencia de la vengativa amante.

La mañana del 2 de julio, la servidumbre de la casa del conde von Königsmarck se extraña ante la ausencia de su señor. Por mucho que lo busquen, nadie da con él. Nadie sabe nada y las pesquisas no aportan más pistas que la que lleva hasta las puertas de los aposentos de Sofía-Dorotea. Parece haberse esfumado literalmente de Hannover...

La noticia de la desaparición del conde no tarda en llegar a la corte de Dresden, donde vive su hermana Maria-Aurora von Königsmarck (en el retrato de la izq.) amante oficial del Elector Federico-Augusto I de Sajonia. El mismísimo elector sajón, que había sido el superior de Philipp en la campaña imperial contra los Turcos y su amigo, exige que se abra una investigación exhaustiva para dar con el paradero de su "cuñado". La servidumbre de Philipp intentará ayudar a Aurora en sus pesquisas. Pronto la corte de Dresden reclama explicaciones a la corte de Herrenhausen. Las respuestas del Elector Ernesto-Augusto I no son más que vaguedades y el Elector Federico-Augusto I, nada satisfecho, amenazará con romper las relaciones diplomáticas con Hannover.

Muy a pesar de las presiones diplomáticas por parte de Sajonia, de las investigaciones llevadas a cabo bajo la batuta de Aurora von Königsmarck, nada se aclara y todo permanece confuso. Los más delirantes rumores empiezan a circular sobre la suerte del conde en todas las cortes europeas que, por medio de sus espías y embajadores, se han hecho eco del siniestro suceso.

(*)_Clara Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), amante y favorita de Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, Elector de Hannover, sería la madre de sus dos hijos bastardos: el conde Ernst-August von Platen-Hallermund (1674-1726) y la condesa Sophie-Charlotte von Platen-Hallermund (1675-1725), casada en 1701 con el Barón Johann Adolf von Kielmansegg (1668-1717), futura Condesa de Darlington y de Leinster en la paridad inglesa e irlandesa.

(**)_Los Trabanes constituían la guardia personal de los duques de Brünswick-Lüneburg y electores de Hannover, a imagen y semejanza de los Cien-Suizos al servicio de los reyes de Francia o del Pontífice Romano. Sus componentes eran elegidos entre los caballeros de extracción noble.

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 19 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

1ª PARTE

 

La Enrevesada Familia Ducal de Brünswick-Lüneburg

 

Retrato del Duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, Príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641).

Cuando el 2 de abril de 1641 murió el duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641), éste dejaba tras de si a cuatro varones y una hija habidos con su esposa la landgravina Anna-Eleonore von Hessen-Darmstadt, lo suficiente para asegurar la continuidad de su casa:

-Christian Ludwig, el primogénito (1622-1665), duque de Brünswick-Calenberg reinante en Hannover entre 1641 y 1648, duque de Lüneburg en 1648 y de Celle hasta 1665.

-Georg Wilhelm, el segundo (1624-1705), duque de Brünswick y de Calenberg reinante en Hannover 1648-1665, y luego duque de Brünswick-Lüneburg y de Celle 1665-1705.

-Johann Friedrich, el tercero (1625-1679), duque de Brünswick-Lüneburg y duque de Calenberg en 1665-1679.

-Ernst August I, el cuarto (1629-1698), príncipe-obispo de Osnabrück en 1662, duque de Brünswick-Lüneburg, duque de Calenberg y de Grubenhagen reinante en 1679-1692 y 1er Elector de Hannover en 1692-1698.

-Sophia-Amalia, la única hija, casaría con el rey Federico III de Dinamarca y de Noruega.

Sin embargo, la dinastía Güelfa no se rige por una ley de sucesión por derecho de primogenitura como las otras monarquías europeas; cuando el jefe y padre de familia fallece, sus feudos, tierras y títulos, siguiendo la vieja tradición germana, son repartidos entre su numerosa prole masculina quienes, a su vez, reparten aún más si cabe su feudo heredado entre sus retoños. Es lo que ocurre a la muerte del duque Jorge I en abril de 1641: sus 4 hijos varones se repartirán el pastel con más o menos fortuna y hasta irán a gobernar conjunta y sucesivamente los principados y ducados en un caótico sistema de co-reinados que confunden a sus súbditos. El más perjudicado en el reparto de 1641 sería el príncipe Ernesto-Augusto, el benjamín de los cuatro hermanos que, en apariencia, no parece tener un destino bien definido como tampoco se cree que liderará la dinastía.

El mayor de todos y que parecía ser el nuevo cabeza de familia, el duque Christian-Luis I, casaría el 9 de octubre de 1653 con la princesa germano-danesa duquesa Dorotea von Schleswig-Holstein-Sonderborg-Glücksborg (ob.1689). De 1641 a 1665, Christian-Luis asumió la soberanía sobre el ducado de Calenberg (o Kalenberg) y, en 1648, heredaba de su tío Federico de Brünswick el vasto ducado de Lüneburg, lo que le convertía en el duque soberano de Brünswick y de Lüneburg. Buen hermano, cedió entonces su ducado de Calenberg a Jorge-Guillermo y nombró al más pequeño, Ernesto-Augusto, príncipe-obispo de Osnabrück. Pero, muerto Christian-Luis sin descendencia, el aún soltero Jorge-Guillermo asume a su vez el ducado de Brünswick-Lüneburg (1665) y el de Celle -o Zelle-, como Jorge-Guillermo I (en la ilustración de la izq.) y cede Calenberg a su penúltimo hermano Juan-Federico.

El nuevo cabeza de familia parecía destinado a morir soltero y dejar el sitio a sus dos hermanos menores. Ya en la boda del benjamín de la familia, el príncipe-obispo de Osnabrück Ernesto-Augusto con la Princesa Palatina Sofía de Baviera, celebrado un 30 de septiembre de 1658, el duque Jorge-Guillermo I le había prometido o al menos insinuado que un día "todo" sería para él y su futura prole. Ciertas fuentes afirman incluso que el duque firmó un documento en el que se comprometía a no casarse para asi beneficiar al benjamín y que se operase, a su muerte, una reunión de todos los feudos.

Retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera (1630-1714), Duquesa en Brünswick-Lüneburg & Princesa consorte de Osnabrück tras casarse con Ernesto-Augusto.

Contra todo pronóstico, Ernesto-Augusto había desposado con una de las hijas de los destronados reyes de Bohemia y electores del Palatinado y del Rhin, Federico V y Elizabeth Stuart, nacida ésta princesa real de Inglaterra, Escocia e Irlanda*. El flamante matrimonio iba a ser prolífico, ya que en 1660 nacería el primer hijo varón** de la pareja, seguido por otros seis retoños.

Un encuentro que lo cambió todo

Pero en el invierno de 1664, Jorge-Guillermo I tuvo la ocurrencia de realizar una visita oficial en la corte del Landgrave Guillermo V de Hessen-Cassel, acompañado por su hermano Juan-Federico, duque de Calenberg. Allí coincidieron ambos con otra ilustre visitante, Marie de La Tour d'Auvergne***, princesa francesa calvinista más conocida como Duquesa de Thouars, cuyo hijo, Henri Charles, Duque de La Trémoïlle, estaba casado con la landgravina Amalia de Hessen-Cassel (desde 1648), hija del landgrave Guillermo V. Y, desde 1662, había concedido la mano de su hija Marie-Charlotte al Duque Bernardo II de Sajonia-Iéna.

Retrato del Príncipe Juan-Federico de Brünswick-Lüneburg, Duque de Calenberg (1625-1679).

Es pues en la corte hessiana que el duque Jorge-Guillermo I y su hermano Juan-Federico conocen a la damisela de honor de la Duquesa de Thouars, una belleza morena de hechizante encanto llamada Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse (1639-1722) -en la ilustración de la izq.-, hija de unos nobles calvinistas**** franceses del Poitou. Venía con la sexagenaria duquesa desde La Haya, donde tenía su residencia invernal, y por su cargo estaba obligada a seguirla en todos sus desplazamientos, como el que estaba realizando en Cassel por motivos familiares.

En el mismo instante en que se produjo el encuentro, los dos hermanos cayeron rendidos bajo el encanto de la damisela, alabando su noble porte, su natural dignidad y su gracia, amén de su morena belleza. A Eléonore quizá le pareciera muy halagador tener a sus pies a dos suspirantes altezas Güelfas, pero no le resultó cómodo ni muy decente que el duque de Brünswick-Lüneburg y el duque de Brünswick-Calenberg la cortejasen simultáneamente y compitiesen para ganarse su corazón y su cama. Llegaron a ser los hermanos tan solícitos, que pronto la situación adquirió tintes de vodevil que era menester parar en seco. Eléonore acabaría eligiendo a Jorge-Guillermo por ser sus sentimientos más verdaderos en comparación con los de Juan-Federico, que más bien parecían fruto de un calentón momentáneo. Halagada y enamorada, Eléonore se dejó querer y amar por el duque y, ante la evidencia de que aquello acabaría trascendiendo, la damisela de honor presentó su renuncia formal a la respetable Duquesa de Thouars, para convertirse en la amante oficial de Jorge-Guillermo.

(*)_Elizabeth Stuart era la hija mayor de los reyes de Inglaterra Jacobo I y Ana-Dagmar, princesa de Dinamarca y Noruega, y hermana del malogrado príncipe Enrique-Federico de Gales y del decapitado rey Carlos I.

(**)_el futuro Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, 2º Elector de Hannover en 1698 y Rey de Gran-Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge I en 1714.

(***)_Marie de La Tour d'Auvergne (1601-1665), nacida Princesa de Bouillon, era la hija de Henri de La Tour d'Auvergne, Duque de Bouillon, Príncipe de Sedan y de Elisabeth de Nassau, y hermana del célebre Vizconde de Turenne. Casó en 1619 con su primo el Duque Henri III de La Trémoïlle, Duque de Thouars, Príncipe de Talmont y de Tarento y Par de Francia (1598-1674), con el que tuvo 6 hijos. Pese a la conversión al catolicismo de su marido, permaneció en la fe calvinista y protegió a los hugonotes franceses dentro y fuera de sus posesiones. Su suegra, la duquesa-viuda de La Trémoïlle, era Carlota-Brabantina, nacida princesa de Orange-Nassau e hija, a su vez, de Guillermo I de Orange "el Taciturno", primer estatúder de las Provincias-Unidas.

(****)_Éléonore Marie Desmier d'Olbreuse era hija de Alexandre II Desmier, señor d'Olbreuse y de Jacquette Poussard de Vendre. Es la antepasada común de la reina Elizabeth II de Gran-Bretaña y del difunto François Mitterrand, Presidente de la República Francesa, asi como del Príncipe Ernesto Augusto de Hannover, tercer esposo de la Princesa Carolina de Mónaco, por citar unos pocos.

La Amante del Duque de Brünswick-Lüneburg-Celle

Si algo parecía quedar claro es que Jorge-Guillermo I y Eléonore serían tan solo amantes, que no un futuro matrimonio. Además, estaba el dichoso compromiso del duque con su hermano menor Ernesto-Augusto, en el que había prometido no contraer matrimonio alguno, y ciertamente aquella promesa le empezara a pesar más de la cuenta cuando miraba a su encantadora francesita. De todos modos, Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse no tenía rango como tampoco título que la pudiera equiparar a cualquier otra linajuda cortesana hannoveriana; no pertenecía a la alta nobleza y, por si fuera poco, tampoco tenía fortuna y mucho menos dote, asi que sus posibilidades de casarse con Jorge-Guillermo eran nulas, o al menos eso pensaban los altivos cortesanos hannoverianos.

Para los alemanes de entonces, más que el dinero, el linaje y la nobleza de sangre primaba sobre cualquier consideración. Cuando un noble pretendía casarse, tenía que examinar con lupa la genealogía de su futura esposa con la esperanza de no encontrar alguna alianza deshonrosa que diera que hablar. En el caso de Eléonore, de ínfima nobleza y con padres vetados en la sociedad francesa por ser hugonotes, no era como para presumir de ello.

Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera-Simmern, Princesa de Osnabrück y Duquesa en Brünswick-Lüneburg, representada en dama india.

En 1665, al fallecer la antigua protectora de Eléonore, la Duquesa de Thouars, Jorge-Guillermo empezó a asediar a su cuñada Sofía del Palatinado, para que le hiciese un hueco entre sus damas de compañía. Sopesando los inconvenientes, la cuñada del duque consideró que si se negaba ante tal demanda, éste se empeñaría aún más en su relación con la francesa, que se encontraba en ese momento sin oficio ni beneficio; por tanto, Sofía accedió (no sin iniciales reticencias) y acogió a su servicio a la amante de su cuñado quien, para mejorar su situación frente a las demás damas de la Princesa Palatina, le otorgó el título de Dama von Harburg. Por su lado, la consorte de Ernesto-Augusto confiaba en que, andando el tiempo, el idilio se desgastaría hasta que, un buen día, Jorge-Guillermo se aburriera y decidiera sencillamente deshacerse de ella como quien se deshace de un traje pasado de moda.

El Castillo de Celle o Zelle, también llamada Residenzschloss, por ser la sede de los Duques de Celle y de su corte. En ese palacio nació Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle en septiembre de 1666.

Muy a pesar de las previsiones de la princesa Sofía, el amor que Jorge-Guillermo profesaba por Eléonore iría creciendo cada vez más. A medida que pasaba el tiempo, el vínculo sentimental que les unía se fortalecía y alcanzó una intensidad que culminó cuando Eléonore, entre avergonzada y preocupada, declaró públicamente que estaba preñadísima de su serenísimo amante. El duque acogió la noticia con una alegría que difícilmente pudo disimular; cubrió de mimos y regalos a la madre de su futuro hijo, y la instaló lujosamente en el castillo ducal de Celle.

Pero las ilusiones iniciales se agriaron. El fruto del amor de Jorge-Guillermo con Eléonore, estaba destinado a ser, legalmente, un bastardo con todas sus letras...

Boda Ducal & Conflictos Familiares

Leopoldo I de Austria (1640-1705), Emperador Romano de 1658 a 1705; detalle de un retrato realizado por Block en 1672.

Cuando nace la pequeña Sofía-Dorotea von Harburg, titulada condesa von Wilhelmsburg, el 15 de septiembre de 1666, y pese a ser la niña bonita de sus padres, no es mirada de otro modo que como lo que es: una hija natural, una bastarda. Por si fuera poco, el parto se reveló tan difícil y peligroso que, en un momento dado, se creyó que la madre no sobreviviría. Jorge-Guillermo y Eléonore, de hecho, se han casado en secreto y morganáticamente. Empezaron entonces a hacer las pertinentes gestiones entre Celle y Viena, para que el Emperador Leopoldo I de Austria diera su permiso para que se celebrase un matrimonio en condiciones y que quedase legitimada y debidamente reconocida la recién nacida, con rango de princesa de Brünswick-Celle.

Huelga decir que las negociaciones entabladas entre las dos cortes, la ducal y la imperial, no fueron bien recibidas en el hogar de los príncipes Ernesto-Augusto y Sofía. Incluso llegarían a intrigar para impedir, a cualquier precio, que se encontrase una solución honrosa para la concubina y la bastarda del duque. Para ambos se trataba de un escándalo inaceptable, una mácula en el honor de la familia, una vergüenza. Es más, podía poner en peligro la política de reunión de los Estados que se estaba llevando cabo.

Entre 1666 y 1674, Jorge-Guillermo y Eléonore no cejaron en su empeño para legalizar su amor y proporcionar un honorable estatus social a su querida hija Sofía-Dorotea. Ocho años de lucha, de discusiones a veces amargas, con desencuentros y desaires por parte de la familia del duque, no amedrentaron la voluntad de la pareja para llegar a sus fines. Y, por fin, en 1674, la situación pareció despejarse y resolverse favorablemente para Jorge-Guillermo. Aprovechando la baza que se presentaba en el complicado panorama político de los territorios germánicos, el duque "vendió" su lealtad al Emperador Leopoldo I a cambio de que éste concediese a Eléonore el título de Duquesa von Wilhelmsburg, y diese su consentimiento para legitimar a su hija Sofía-Dorotea. Fue cosa hecha el mismo año... Dos escasos años después, el camino estaba libre para que Jorge-Guillermo I pudiese cumplir con su promesa y casarse con la madre de su hija (1676).

La boda ducal, bendecida desde Viena, supuso un bofetón para Ernesto-Augusto y Sofía que habían hecho lo indecible para que jamás llegase a buen puerto. Los ánimos se caldearon y el intercambio de reproches no se hizo esperar entre hermanos y cuñadas. Indignados, los príncipes rehusaron acudir al enlace y dieron la espalda a los recién casados con una soberbia insultante. Las relaciones entre Jorge-Guillermo y Ernesto-Augusto se interrumpieron de manera brutal, mientras que Sofía del Palatinado dedicó sus más duras palabras a Eléonore, a la que señalaba como auténtica culpable de la discordia familiar.

En 1679, fallecía Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1)_en el retrato contiguo_. Durante los funerales, los hermanos volvieron a verse las caras en un triste a la par que tenso encuentro delante del ataúd del finado. Para colmo, el difunto cedía mediante testamento sus ducados de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen a Ernesto-Augusto.

(1)_Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1625-1679) casó con la Condesa Palatina Benedicta-Henrietta de Baviera-Simmern el 30 de noviembre de 1668, y tuvieron tan solo 4 hijas: dos de ellas (Charlotte-Felicitas y Wilhelmina-Amalia) fueron casadas con el duque Rinaldo III de Módena y el archiduque José I de Austria, futuro Emperador del Sacro Santo Imperio, respectivamente.

Reconciliación & Compromiso

Retrato del Príncipe Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Príncipe-Obispo de Osnabrück, Duque en Brünswick y Lüneburg, Duque de Hannover, de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen, y futuro Príncipe-Elector de Hannover a partir de 1692. Tenía fama de ambicioso, borracho y glotón, pero gracias a su política unionista, reagrupó todos los ducados y principados hereditarios para conformar un solo Estado bajo su única soberanía, e instauró el derecho de primogenitura para la sucesión. Se le considera como el fundador de la Casa de Hannover.

Pero con el paso del tiempo, las diferencias van enfriándose, aplanándose y perdiendo importancia. No se sabe muy bien quién da el primer paso, pero los hermanos acaban por concertar un reencuentro amistoso, con el objetivo de arreglar sus diferencias. Se celebra una reunión entre Jorge-Guillermo I y el ambicioso Ernesto-Augusto, y ambos convergen en una extraña solución, en un posible arreglo satisfactorio para las dos partes: ofrecer la mano de la duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle al hijo primogénito del duque Ernesto-Augusto, el príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg... ¿qué mejor solución para sellar la paz fraternal que estrechando lazos?

Retrato de la Duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle (1666-1726), Duquesa Heredera de Brünswick-Lüneburg y Princesa Hereditaria de Hannover, Kurprinzessin de Hannover a partir de 1692. Era la única hija habida entre Jorge-Guillermo I, Duque de Celle, y Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y consorte de Celle.

Si la idea convence a los dos duques hermanos, las cuñadas están horrorizadas. Cada una por su lado, ponen el grito en el cielo. A la duquesa Sofía, le provoca un visceral rechazo la sola idea de ver a su querido hijo llevar ante el altar a una chiquilla marcada con el estigma de la bastardía, por muy legitimada que sea. Para Jorge-Luis, en quien deposita todas sus ambiciosas esperanzas como futuro heredero de los ducados y presunto heredero del trono británico, Sofía planea un enlace más brillante, a la altura de su rango.

Retrato del Duque Anton-Ulrich I de Brünswick-Wolfenbüttel (1633-1714), según H. Rigaud en 1700.

En cuanto a la duquesa Eléonore, la idea no era de su agrado; prefería una boda más discreta pero con más números de proporcionar a su hija una mayor felicidad... El duque Anton-Ulrich de Brünswick-Wolfenbüttel, que siempre les había hecho costado en las disputas familiares y buscaba estrechar lazos, le brindaba a Eléonore la oportunidad de escoger marido para Sofía-Dorotea entre sus hijos. Y si no encontraba entre éstos a su futuro yerno, siempre cabía esperar que se presentase la candidatura de algún aristócrata francés.

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694), el apuesto pretendiente de la adolescencia de Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle.

De hecho, la joven Sofía-Dorotea se había enamorado de un apuesto y joven soldado sueco, el conde Philipp Christoph von Königsmarck*. Tuvieron un inocente flirteo de adolescentes pubertosos en la corte de Celle, pero lo suficientemente importante como para grabar sus nombres en una ventana, acompañado de un "no me olvides"... El joven conde habría deseado obtener la mano de la princesa de Celle para convertirla en su esposa. No era mal partido: nieto de un ilustre y laureado mariscal de Suecia, sobrino de un no menos reverenciado general y eficaz embajador sueco en París, hijo de un general caído en el asedio de Bonn, tenía un hermano mayor también militar con el rango de general de caballería y, sorprendentemente, también caballero de la Orden de Malta, asi como una hermana mayor que se había convertido en la amante del Elector Federico-Augusto I de Sajonia.

Pero todo fue en vano. Tanto Jorge-Guillermo como Ernesto-Augusto estaban decididos a unir sus retoños tal y como lo habían acordado en su reunión. El duque comunicó a su adorada hija que la decisión era irrevocable, y Sofía-Dorotea no pudo hacer más que desmayarse del disgusto entre los brazos de su madre.

La entrevista organizada entre Sofía-Dorotea y Jorge-Luis (en un retrato de 1680, a la izq.) por sus respectivos padres fue fría y tensa, tanto, que la princesita de dieciséis primaveras sufrió un nuevo desmayo. Las protestas y ruegos de la novia sirvieron de poco; en cuanto al novio, estaba dispuesto a cumplir fríamente con su papel porque estaba en juego la reunión del ducado de Celle al resto de los territorios que ya se habían unido bajo la mano de su padre.

El 18 de noviembre de 1682, en la capilla del castillo de Celle, Sofía-Dorotea fue llevada al altar por su padre para unirse al heredero de los estados de Brünswick, Jorge-Luis, en una atmósfera harto enrarecida y carente de alegrías. Ni el novio lo había querido, ni la novia lo había deseado, como tampoco sus respectivas madres estaban de acuerdo con ese enlace. Todo era puramente político: reunir todos los feudos en un solo Estado para beneficio de Jorge-Luis, erigido en el gran heredero y futuro jefe de la dinastía Güelfa. El sacrificio de los novios era, para ello, necesario.

Decepcionado, el conde von Königsmarck toma la decisión de abandonar Celle para enrolarse en la caballería imperial y ponerse al servicio del Emperador Leopoldo I combatiendo al invasor Turco. Ya que el amor le es negado, espera hacer fortuna en el ejército imperial haciendo saltar unos cuantos turbantes y ganarse asi unos laureles.

(*)_Philipp Christoph von Königsmarck o Koenigsmark (1665-1694), era hijo del general y conde Kurt Christoph von Königsmarck (1634-1673) y de la condesa Maria-Christine von Wrangel (1628-1691), ambos de ilustre y nobilísimo linaje germano-sueco. Su abuelo paterno era el famoso conde Hans-Christoff von Königsmarck, Mariscal de Suecia (1605-1663), compañero de armas y consejero privado del rey Gustavo II Adolfo que le colmó de honores por sus grandes servicios durante la guerra de los Treinta Años, a cuyo final contribuyó al tomar la ciudad de Praga en 1648. Su padre había muerto en acto de servicio durante el asedio de la ciudad de Bonn, y su tío el general y conde Otto Wilhelm von Königsmarck (1639-1688), entonces embajador de Suecia en Londres y París que, en 1686, entraría al servicio de la República Veneciana para combatir a los Turcos.

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JORGE III DE GRAN-BRETAÑA -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 28 ago En: Biografías Reyes de Gran-Bretaña Himnos / Anthems - 6 comentarios

JORGE III

REY DE GRAN-BRETAÑA E IRLANDA

ELECTOR DE HANNOVER

1738 - 1820

 

EL BUEN REY JORGE / 1ª Parte

El Príncipe Jorge de Gales

El Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales nació prematuramente el 4 de junio de 1738, en Norfolk House (St. James' Square, Londres), fruto del matrimonio entre Federico Luis de Hannover, Príncipe de Gales y de la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, princesa de Gales, y primer varón de la pareja. En la cuna ya le había precedido una hermana, la princesa Augusta Carlota de Gales. Como primer nieto varón del rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, estaba destinado a ceñir, en un futuro lejano, la triple corona de las Islas Británicas (Inglaterra, Escocia e Irlanda) y el bonete electoral de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Por parte de su padre, Federico-Luis, presunto heredero de la corona, era nieto de los reyes Jorge II de Gran-Bretaña y de la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach (de la Casa de Hohenzollern) y biznieto de los reyes Jorge I de Gran-Bretaña y de la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle. Por parte de su madre, Augusta, princesa consorte de Gales, era nieto del duque Federico II de Sajonia-Gotha y de la princesa Magdalena Augusta von Anhalt-Zerbst; dicho esto, es una obviedad subrayar que el principe era alemán por los cuatro costados.

Sus padres habían abandonado precipitadamente su residencia campestre de Cliveden House cuando los primeros sintomas del parto se hicieron sentir en la princesa de Gales. Por aquel entonces, era imperativo que el posible heredero varón tan deseado naciera en Londres. Bautizado el 4 de julio de 1738, en uno de los salones de Norfolk House con los nombres de Jorge Guillermo Federico por el obispo de Oxford, Thomas Secker, fue doblemente apadrinado por el rey Federico I de Suecia y el duque Federico II de Sajonia-Gotha, mientras que su única madrina fue Sofia-Dorotea de Hannover, Reina de Prusia. No tuvo por otro título que el de "Su Alteza Real el Príncipe Jorge de Gales", siendo el segundo en el rango de pretendiente al trono británico, después de su padre.

Precedido por su hermana mayor la princesa Augusta Carlota de Gales, nacida el 31 de agosto de 1737, Jorge fue seguido por siete hermanos más:

-Eduardo Augusto de Gales, futuro duque de York y de Albany (14 de marzo de 1739).

-Elizabeth Carolina de Gales (30 de diciembre de 1740).

-Guillermo Enrique de Gales, futuro duque de Gloucester y de Edimburgo (14 de noviembre de 1743).

-Enrique Federico de Gales, futuro duque de Cumberland y de Strathearn (27 de noviembre de 1745).

-Luisa Ana de Gales (8 de marzo de 1749).

-Federico Guillermo de Gales (13 de mayo de 1750).

-Carolina Matilde de Gales (11 de julio de 1751).

Cosas de familia

A diferencia de sus predecesores (bisabuelo, abuelo y padre), el joven príncipe fue el primer jefe de su dinastía en nacer en territorio inglés. Perteneciente a la Casa Electoral de Hannover, procedente ésta de la Casa Ducal de Brünswick-Lüneburg (Braunschweig en alemán) que, a su vez, descendía de la nobilísima Casa de Este, dinastía italiana que tenía su origen en los antiguos marqueses de Módena y de Ferrara. Claro que, en medio de esa época de tinieblas en que el linaje principesco pasa de la Casa de Este a la de Brünswick, se metamorfosea en la Casa Welfen o de los Güelfos, a raíz del conflicto entre güelfos y gibelinos que sacudió los cimientos del Sacro Santo Imperio.

Jacobo II Stuart, Duque de York (1633-1701) y luego Rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre 1685 y 1688, como sucesor de su hermano el rey Carlos II, artífice de la Restauración de 1660. / Abajo, fotografía de un bonete de un príncipe-elector del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.

Los duques y príncipes electores de Hannover se vieron llamados a ceñir la corona británica gracias a una estúpida postura religiosa del último Estuardo, Jacobo II, cuyo catolicismo ya venía levantando ampollas entre la élite anglosajona desde el reinado del alegre Carlos II, y chocaba frontalmente con el ya anclado anglicanismo tudoriano que garantizaba la independencia religiosa de las Islas Británicas frente al catolicismo romano. Si los irlandeses comulgaban con las convicciones religiosas de Jacobo II, Inglaterra no estaba dispuesta a tolerar a que se operase una reintroducción del catolicismo en sus instituciones vitales. Gracias a las deserciones que se multiplicaron entre generales y nobles tras el desembarco del Príncipe de Orange con un ejército, yerno protestante de Jacobo II, el último Estuardo se vio obligado a huir y a encontrar refugio en las costas francesas, condenando asi a su descendencia a correr la misma suerte: el exilio.

La Reina Ana I de Gran-Bretaña e Irlanda junto con su esposo, el Príncipe-Consorte Jorge de Dinamarca, Duque de Cumberland (retrato debido a Charles Boit).

Tras el co-reinado de Guillermo III de Orange y de María II, el trono fue asegurado por la última hija de Jacobo II habida de su primer matrimonio, la reina Ana I, cuyo reinado vio nacer el Reino de Gran-Bretaña tras operarse la unión forzada de Escocia a Inglaterra. A pesar del prolífico matrimonio de Ana I con el príncipe Jorge de Dinamarca, duque de Cumberland, ambos se quedaron sin descendencia para asegurar la continuidad dinástica de los Estuardos anglicanos, al fallecer toda su prole en la cuna o antes de la edad adulta.

Retrato de la Princesa Elizabeth de Inglaterra (1596-1662), Electriz Palatina del Rhin y Reina de Bohemia, hija de los reyes Jacobo I Stuart y Ana-Dagmar de Dinamarca, y hermana del rey Carlos I. / Abajo, retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera-Simmern (1630-1714), Princesa-Electriz de Hannover y Duquesa de Brünswick-Lüneburg por su matrimonio con Ernesto-Augusto I de Hannover.

Ante tamaño problema, ya previsto bajo el reinado del estéril Guillermo III de Orange, el parlamento londinense ya había redactado a instancias del monarca una ley de sucesión destinada a excluir a los descendientes del destronado Jacobo II por su condición de príncipes católicos (Act of Settlement 1701 / Acta de Establecimiento), favoreciendo a la descendencia protestante y alemana de la difunta Elizabeth de Inglaterra, reina de Bohemia y Electriz Palatina del Rhin, hija de los reyes Jacobo I y de Ana de Dinamarca, soberanos de Inglaterra, Escocia e Irlanda. Siguiendo la filiación de dicha princesa anglo-escocesa, que nunca había renunciado a sus derechos dinásticos, los parlamentarios ingleses reconocieron los derechos hereditarios de la entonces princesa-electriz Sofia de Hannover (1630-1714), nacida princesa Palatina del Rhin, a la que erigieron en primera pretendiente a la corona británica por ser nieta de Jacobo I Estuardo; derechos que, obviamente, eran transmitidos a sus hijos habidos con el elector Ernesto Augusto de Hannover (fallecido el 23 de enero de 1698).

El mero hecho de que la electriz-viuda Sofia de Hannover falleciera el 8 de junio de 1714, un mes antes de que muriera su prima Ana I de Gran-Bretaña, hizo que la corona británica fuese a parar a manos de su primogénito, el elector Jorge Luis de Hannover, duque de Brünswick-Lüneburg (1660-1727), que se había divorciado (en 1694) de su esposa la duquesa Sofia-Dorotea de Brünswick-Celle, por haberle dado el salto con el hermoso militar sueco conde Philip Christopher von Königsmarck*. Asi pues, el divorciado príncipe-elector se convirtió en el nuevo rey Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda el 1 de agosto de 1714, fecha de la defunción de la reina Ana.

(*)_El verdadero motivo expuesto para la disolución del matrimonio de Jorge Luis de Hannover con Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, fue el supuesto abandono del hogar conyugal por parte de ésta, y no por infidelidad o adulterio. Tras pronunciarse el divorcio, su ex-esposa fue condenada a vivir recluída de por vida en el castillo de Ahlden, privándole de la custodia de sus hijos.

Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, Elector de Hannover (1660-1727), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1714 y 1727; retrato según Sir Godfrey Kneller.

De su corte alemana de Herrenhausen, Jorge I se trasladó a la británica de Saint-James con su hijo y nuera, llegando el 18 de septiembre, mientras su ex-mujer se pudría recluída en el castillo de Ahlden. El nuevo soberano inglés no entendía siquiera la lengua de su nueva patria, ni tampoco mostró interés en aprenderla; es más, despreció las costumbres de sus nuevos súbditos y su carácter autoritario chocaba frontalmente con el espíritu y el sentido del humor británico. Acostumbrado a ver reptar a sus cortesanos germanos a sus pies, a que sus órdenes siempre fuesen marcialmente acatadas y jamás discutidas, no contribuyó a que Jorge I se encariñase con sus nuevos súbditos, muy independientes, orgullosos de serlo y condescendientes, acostumbrados a poner "peros" a todo y a subrayar su apego por las libertades adquiridas al filo de las sucesivas revoluciones, y a su institución más preciada: el Parlamento. Pronto, los británicos dieron muestras de su rechazo al rey germano, y se mofaron abiertamente de su persona, cosa que no facilitó que el hannoveriano se sintiera "en casa"; de ahí las repetidas y prolongadas ausencias de Su Graciosa Majestad lejos de Inglaterra, que prefería viajar hasta su querido Hannover, donde todos eran más proclives a ejecutar sus deseos con solo arquear una ceja.

Gracias a la inhibición de Jorge I, la institución monárquica perdió paulatinamente su influencia en los asuntos del Estado, fomentando la transición hacia el sistema de gobierno de "gabinetes" ministeriales dirigidos por un primer ministro. Por otro lado, la latente amenaza de un posible retorno de los pretendientes Estuardos en suelo británico (alentado por las potencias católicas y los Jacobitas), llevó a Jorge I a apoyarse en el partido de los Whigs y principalmente en su líder, Sir Robert Walpole, que sería el 1er primer ministro de facto de Su Graciosa Majestad entre 1721 y 1742, y el 1er inquilino de la casa Nº10 de Downing Street.

Retrato del Príncipe Jorge Augusto de Hannover (1683-1760), Príncipe de Gales como presunto heredero de su padre el rey Jorge I (obra de Kneller).

Jorge I había llegado a Londres con su único hijo varón y heredero, el príncipe Jorge Augusto (que sería investido Príncipe de Gales), mientras que su hija la princesa Sofía-Dorotea ya era reina consorte de Prusia desde febrero de 1713 (se había casado en 1706 con el futuro rey Federico-Guillermo I de Prusia) y vivía en Berlín.

El Príncipe de Gales, Jorge Augusto de Hannover, había contraído matrimonio con la margravina Carolina de Brandenburgo-Ansbach un 22 de agosto de 1705 (en el retrato de la izq.). Reputada inteligente y atractiva, la princesa de Gales había contribuído con sus partos para agrandar la nueva Familia Real Británica: tuvo 8 hijos. Pero no sirvió de mucho: la relación existente entre Jorge I y su heredero era extremadamente pobre en todos los sentidos; el hijo siempre reprochó al padre la desdicha de su exiliada madre y el alejamiento que le privó del cariño materno. Con tales resentimientos, las fricciones fueron numerosas hasta que, en 1717, por culpa del bautizo de su quinto hijo, el Príncipe de Gales se enzarzó en una agria discusión con el Rey al elegir como padrino al Duque de Newcastle, a quien el monarca no podía ver ni en pintura. Después del escándalo, Jorge I expulsó a su hijo, nuera y nietos del Palacio de Saint-James (que tuvieron que mudarse a Leicester House) y los excluyó de todo evento y ceremonia pública.

Desde el famoso incidente, el heredero de la corona formó su propia corte y se rodeó de simpatizantes para contratacar y criticar la política patrocinada por su padre, alentando cualquier oposición en el parlamento. Walpole intervino en 1720 para reconciliar al Rey y al Príncipe de Gales, lo que le valdría finalmente ser primer ministro al año siguiente y a perder momentáneamente el favor de los príncipes de Gales. Sin embargo, la reconciliación auspiciada por Sir Robert duró poco.

Retrato oficial de Jorge II de Hannover (1683-1760), Rey de Gran-Bretaña e Irlanda entre 1727 y 1760, según Sir Charles Jervas, fecit 1727. / Abajo, retrato del Príncipe Federico-Luis de Hannover, Duque de Gloucester (1707-1751) Príncipe de Gales a partir de 1729, como presunto heredero de su padre Jorge II.

Jorge I fallecería durante una estancia en Hannover, el 11 de junio de 1727, por lo que Jorge Augusto de Gales se convirtió en el nuevo rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda. Apenas coronado en Westminster (11 de octubre de 1727), Jorge II tuvo a su vez problemas con su primogénito, Federico Luis, nuevo Príncipe de Gales, que hasta entonces había residido de forma permanente en Hannover, lejos de sus padres. Jorge II y Carolina tuvieron que acoger a su primogénito al abandonar Hannover para que se instalase, como correspondía a su posición de heredero del trono, en la corte británica. Una vez conseguido el objetivo parlamentario de reunir a la Familia Real (1728), las trifulcas en su seno siguieron en aumento. Ya adulto, Federico Luis no estaba dispuesto a soportar el yugo paterno y materno, y que le dictasen su conducta como si fuera un crío; educado a distancia y por preceptores que le consintieron todos los caprichos, el príncipe de Gales había adquirido malos hábitos, un criterio y una independencia que no gustaron en absoluto a sus progenitores. Contrario a la autoridad de sus padres, se metió en política criticando abiertamente al Rey y a su gobierno, llevando paralelamente una vida disipada y repleta de aventuras amorosas tanto con mujeres como con hombres.

La reina, para meter en vereda a su hijo calavera y, sin duda, para amargarle la vida, dirigió personalmente la selección de princesas protestantes en edad de merecer, para que se casara y disfrutara de la infelicidad conyugal que tenía planeado para él. De este modo, Carolina escogió a la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha y obligó a su hijo a aceptarla como su esposa en 1736.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha (1719-1772), Princesa de Gales, en un retrato de Philips realizado en 1736, año de su boda con Federico-Luis.

Apenas celebrada la boda, Federico Luis pidió al rey un incremento de su renta, juzgada insuficiente para mantener a su esposa y futuros retoños (también porque había acumulado muchas deudas), cuando los reyes habían visto aumentar su lista civil asegurándose una renta anual de 800,000 Libras Esterlinas. Pese a su insistencia, Jorge II le negó dicho aumento y el Parlamento tuvo que intervenir para concederle una renta más adecuada a su rango, lo que empeoró sensiblemente la ya de por si fría relación padre-hijo. En cualquier caso y en contra de las previsiones de la reina, la boda transformó al Príncipe de Gales cuando su esposa se puso manos a la obra para darle descendencia: Federico Luis acabaría convirtiéndose en un atento esposo.

Pocos meses después de la real unión, la flamante Princesa de Gales quedó preñada por Federico Luis, lo que contrarió muchísimo a la reina Carolina, que tenía esperanzas de que el matrimonio no funcionara y no diera frutos. Peor aún, el hecho de que el heredero del trono saliera con su esposa preñada a hurtadillas y nocturnamente de Hampton Court, para que pariese en Londres a su primer bebé, lejos de sus padres, colmó el vaso de la paciencia de los reyes...

Y la historia se repitió con una brutal ruptura entre padres e hijo; el rey y su esposa expulsaron a su heredero de la corte. Poco después, la reina Carolina fallecía disgustada y renegando de su hijo... (1737). Jorge II, a decir de algunos, habría deseado exiliar a su heredero en las colonias británicas de ultramar, pero sus ministros le hicieron desistir de tan extraordinaria idea.

Los Príncipes de Gales, declarados personas non gratas en la corte, se instalaron fuera de Londres, en la mansión campestre de Cliveden House (Buckinghamshire), que había sido propiedad de Lord Orkney, sin renunciar a su residencia londinense de Norfolk House, aquella mansión que el 9º Duque de Norfolk les había ofrecido amablemente como regalo de boda.

Federico-Luis & Augusta, Príncipes de Gales

Retrato de Federico-Luis de Hannover, Príncipe de Gales (1707-1751), según Jean-Baptiste Van Loo.

Federico Luis de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Hannover, había nacido en el castillo de Herrenhausen el 20 de enero de 1707, siendo el primer hijo varón de 8 retoños habidos entre los entonces príncipes herederos Jorge-Augusto y Carolina de Hannover.

Retrato de Jorge I de Hannover, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda (1660-1727), según Michael Dahl.

Al subir al trono británico su abuelo Jorge I (1 de agosto de 1714), sus padres tuvieron que abandonar el electorado para instalarse en Londres, dejando atrás a Federico Luis con apenas 7 añitos de edad, al cuidado de los preceptores y del ayo que le habían asignado para su educación. La separación entre padres e hijo duraría hasta 1728, fecha en la que, por motivos obvios (el fallecimiento del rey Jorge I en 1727 y el ascenso de Jorge II) se requirió su presencia en la corte británica al ser el príncipe heredero.

Ya con anterioridad, su abuelo le había concedido el título de Duque de Gloucester (1717) y finalmente los títulos de Duque de Edimburgo, Marqués de la Isla de Ely, Conde de Eltham, Vizconde de Launceston y Barón Snowdon (26-07-1726). Se cree que los motivos reales que hubieron para justificar la mala relación entre Federico Luis y sus progenitores, fuesen que Jorge I decidiera designarlo como representante de la Casa de Hannover en el seno del Sacro Santo Imperio, saltándose así una generación. En calidad de representante de su casa, tuvo por tanto que presidir muchas ceremonias oficiales en ausencia de sus padres y de su abuelo. De hecho, no le permitieron pisar suelo inglés hasta que Jorge II fuese coronado rey en Westminster (11-06-1727). Para entonces, Jorge II y Carolina habían tenido 7 hijos más y la llegada del primogénito, con 20 años de edad y con una personalidad ya formada, provocó el rechazo y la incomodidad de sus padres. Tanto Jorge II como Carolina acogieron fríamente a su heredero, como quien acoge a un extraño a regañadientes, tachándole de "recogido" y apodándole despectivamente "Griff" (diminutivo de Griffin, Grifo, la bestia mítica de la mitología griega, mitad águila y mitad león). A Federico Luis, sus padres le preferían abiertamente su hermano menor, Guillermo Augusto, duque de Cumberland (1721-1765), al que habían criado y al que querían por encima de todo, hasta el punto de desear que se convirtiera en el sucesor y futuro rey de Gran-Bretaña.

Retrato del Príncipe Guillermo Augusto de Hannover, Duque de Cumberland (1721-1765), el hijo predilecto de los reyes Jorge II y Carolina de Gran-Bretaña, en un lienzo de Charles Jervas c.1728. / Abajo, retrato del músico y compositor Georg Friedrich Händel o Haendel, protegido de los reyes Jorge II y Carolina.

Muy a pesar de sus padres los reyes, Federico Luis fue finalmente investido y jurado Príncipe de Gales el 8 de enero de 1729, respetando el orden sucesorio que ellos habrían deseado modificar en favor de Guillermo Augusto.

En su nuevo papel de Príncipe de Gales, Federico Luis se erigió en la figura de proa de la oposición al rey, reuniendo a su alrededor no solo políticos sino también artistas y figuras importantes de la cultura británica. Rivalizando con el patronato del rey sobre el Teatro de Drury Lane, que protegía a Haendel, el príncipe patrocinaba a los oponentes del músico dando su apoyo a la ópera de la nobleza en Lincoln's Inn Fields. Genuino amante de la música e intérprete del cello, Federico Luis también sentía interés por las artes y las ciencias naturales.

A diferencia de su padre, el príncipe tenía un extenso bagaje cultural y, siendo un gran amateur de pintura, se convirtió en el principal mecenas de artistas venidos del extranjero como el italiano Jacopo Amigoni, o el belga Jean-Baptiste Van Loo, seguidos por Philip Mercier, John Wootton, Philipps y el francés Joseph Goupy. Aparte de su mecenazgo, Federico Luis también llevó una vida privada bastante alocada y dispendiosa; flirteos, romances y aventuras secretas (en las que tampoco desdeñaba a los de su propio sexo), hicieron que se encontrase padre de 3 bastardos, y responsable de unas deudas colosales.

Retrato de la Duquesa Augusta de Sajonia-Gotha, Princesa de Gales (1719-1772), según Jean-Baptiste Van Loo.

El 8 de mayo de 1736, el Príncipe de Gales casó con la duquesa Augusta de Sajonia-Gotha en la capilla del palacio de St. James. Matrimonio de conveniencia, forzado por su madre la reina Carolina, quien eligió personalmente a la novia de apenas 16 primaveras entre el gotha europeo y según su parecer, resultó ser al poco tiempo una unión exitosa que no hizo otra cosa que empeorar aún más la mala relación entre los reyes y el príncipe.

La boda de Estado, que no revestía ningún interés político y menos aún estratégico, respondía al deseo de su madre de que la unión fuera un fracaso, que la pareja fuera mal avenida y que, por tanto, no hubieran hijos para asi beneficiar a su otro hijo Guillermo Augusto, duque de Cumberland. Como hecho expresamente, resultó que la flamante pareja se entendió de maravilla desde el primer momento: la noche de bodas, exitosa en todos los sentidos, traería una buena nueva que disgustaría sobremanera a los reyes al confirmarse que la princesa se había quedado preñada. Consternada por la noticia, la reina llegó incluso a desmayarse (detalle del retrato de la reina Carolina de Ansbach, a la izq.).

Augusta era una joven aplicada que estaba decidida a cumplir con su cometido: la de traer niños al mundo para formar una familia numerosa. Esto, obviamente, no entraba en los planes de sus suegros. Agradecido, Federico Luis sentó cabeza, lo que le convirtió en una persona virtuosa, solícita, amable y cortés con su consorte quien, agradecida, le hizo costado y no dudó en apoyar a su marido en aquellas riñas familiares.

La Princesa Augusta de Gales retratada rodeada de sus tres primeros hijos y de familiares, según el pintor J.B. Van Loo, c.1739. / Abajo, retrato oval del Príncipe Federico-Luis de Gales en una miniatura de la época.

Como el tren de vida del príncipe contribuía a un creciente endeudamiento, éste se vio obligado a recurrir a su amigo financiero George Bubb Dodington, quien le consiguió una renta para cubrir sus gastos más urgentes. Sin embargo, la ayuda no fue suficiente y Federico Luis pidió al rey que se le concediese un aumento de sus rentas para mantener dignamente su posición en la corte. En aquellos años, Sir Robert Walpole había conseguido aumentar sensiblemente la lista civil de Jorge II, asegurándole una anualidad de 800,000 Libras Esterlinas votada y aprobada por el Parlamento. Pese a todo, los reyes rehusaron conceder a su heredero un aumento y tuvo que intervenir penosamente el Parlamento para que se votase una renta más adecuada a las necesidades de la onerosa casa de los Príncipes de Gales, poniendo asi en evidencia la racanería de Jorge II y Carolina ante la opinión pública. La intervención de Westminster Hall en aquel asunto pecuniario supuso, una vez más, una afrenta para los reyes.

El Palacio Real de Hampton Court, según un grabado del siglo XVIII.

Ocurriría algo peor. Estando a punto de dar a luz, la Princesa de Gales y su marido se encontraban en Hampton Court junto a los reyes y la corte. Dado que iba a producirse el primer parto de la princesa Augusta, y como el príncipe no deseaba que la reina se metiera de por medio, decidió buenamente que el primer retoño real naciera en Londres, lejos de la nefasta presencia de sus padres. Con alevosía y nocturnidad, los príncipes de Gales y un pequeño séquito abandonó a hurtadillas el palacio de Hampton Court para dirigirse al palacio de St. James, apenas empezaron las primeras contracciones. Con las prisas por llegar a St.James, los príncipes encontraron el palacio vacío y sin alistar; la princesa se vio entonces reducida a parir en una habitación sin muebles y en una cama desprovista de sábanas el 31 de julio de 1737, naciendo una niña, Augusta Carlota, a la que tuvieron que arropar con un mantel encontrado casualmente en una de las desangeladas estancias de palacio.

El Palacio Real de Saint-James, residencia oficial de los reyes y de la corte británica en Londres, según un grabado realizado en 1715.

La fuga nocturna de los príncipes de Gales y el nacimiento de la primera hija, casi en medio de una deliberada clandestinidad, sentó como una bofetada a los reyes. Ante tamaño desagravio, el iracundo Jorge II expulsó a su heredero junto con su pequeña familia, prohibiéndoles volver a pisar la corte y a participar en cualquier evento público. La reina estaba fuera de si: "Nunca he visto un monstruo semejante!", soltó clavada en su cama de moribunda. Sería el último disgusto que tendría con aquel hijo que nunca consiguió apreciar ni mucho menos amar.

La reina Carolina había parido una decena de veces a lo largo de 32 años de matrimonio y su salud se había resentido. Unas complicaciones derivadas de un desgarramiento del útero tendrían un desenlace fatal para la soberana, quien fallecería el 20 de noviembre de 1737. En medio de su agonía, rogó a Jorge II que se casara de nuevo y éste le declaró en francés: "No, tan solo tendré amantes!". De hecho, el buen entendimiento de la real pareja no impidió que el rey tuviera múltiples devaneos con otras damas, como con Lady Henrietta Howard, condesa de Suffolk y camarera de la reina, y la no menos famosa Amalie von Wallmoden-Gimborn, condesa de Yarmouth**.

Jorge II, Rey de Gran-Bretaña e Irlanda, Elector de Hannover (1683-1760), en un retrato oficial debido a Thomas Hudson.

Y es que Jorge II era frecuentemente abrumado por la inteligencia y extensa cultura de su consorte; Carolina, que siempre brilló por sus grandes cualidades intelectuales, llegó incluso a eclipsar a su marido hasta el punto que circulaban versos alabando sus capacidades, subrayando su peso político y empequeñeciendo la figura e importancia del rey. Asi que no era de extrañar que el soberano se diese la libertad de libar otras flores en el jardín de la corte, como para reafirmarse a si mismo y menoscabar la aplastante relevancia de la reina.

(**)_Amalie-Sophie von Wendt, esposa del conde von Wallmoden-Gimborn, amante oficial y compatriota de Jorge II quien le concedió el título británico de Condesa de Yarmouth, le dió un hijo bastardo: el conde Johann Ludwig von Wallmoden-Gimborn (1736-1811).

Muerta la reina y expulsados los príncipes de la corte, éstos encontraron refugio en la finca solariega de Cliveden House, antaño propiedad del difunto Conde de Orkney en Buckinghamshire. No obstante, Federico y Augusta siguieron frecuentando Londres, conservando la mansión de Norfolk House (hasta 1741) y luego alojándose en Leicester House. Cada vez que Augusta andaba a punto de parir un nuevo hijo, regresaban a Londres para que diera a luz.

Aria original de "Rule Britannia" con letra de James Thomeson y música de Thomas Arne, estrenado el 1 de agosto de 1740 en Cliveden House.

En Cliveden, los Príncipes de Gales recibían casi de manera constante: artistas, arquitectos, científicos, políticos e intelectuales acudían encantados a sus invitaciones. Fue en el curso de aquellas refinadas veladas en Cliveden, donde se escribió e interpretó el himno Rule Britannia, una de las más conocidas canciones patrióticas que se sigue reverenciando en Inglaterra. El autor de la letra, irónicamente, fue un poeta y autor teatral escocés, James Thomson, cuya canción formaba parte de su obra épica Alfred, interpretada por vez primera en Cliveden House el 1 de agosto de 1740, con música del compositor Thomas Arne.

A diferencia de su real y teutónico progenitor, que apenas conseguía entender todos los matices de la lengua inglesa y prefería expresarse en francés o en alemán con sus ministros, el Príncipe de Gales se empeñó en convertirse en un británico más. Anglófilo hasta la médula, Federico Luis exigió que su esposa también utilizara corrientemente la lengua inglesa y la inculcase a sus hijos, para asi evitar que los súbditos británicos siguieran tachando de "extranjera" a la Familia Real. Por ello no hizo nada al hazar y todo respondía a sus ambiciones personales y políticas, la de ser considerado un futuro monarca tan británico y orgulloso de serlo como sus súbditos. De allí que patrocinara el teatro de Lincoln's Inn Fields, apoyando a autores ingleses para que rivalizaran con el compositor alemán Georg Friedrich Händel, que gozaba entonces del patronato real y producía sus obras en el teatro de Drury Lane. También patrocinó y alentó, junto con su amigo Charles Lennox, 2º duque de Richmond, el deporte nacional por excelencia: el cricket, llegando incluso a formar su propio equipo en 1731 para ofrecer competiciones públicas.

Por la década de 1730, Federico Luis encargó al arquitecto y paisajista Sir William Chambers la construcción de un palacio en Kew, para ofrecérselo a su mujer, la princesa Augusta. En la misma finca, se creó un extenso jardín botánico que aún sigue despertando mucho interés y al que acude gran número de visitantes cada año. Sin embargo, las obras no serían concluídas hasta 1757. En 1802, el palacio de Kew sería en gran parte demolido, sobreviviendo tan solo la "Dutch House" o actual Kew Palace, construído en 1631 para Samuel Fortrey, imitando el estilo arquitectónico holandés. Ese mismo edificio fue frecuentemente la residencia de recreo favorita de los príncipes de Gales, quienes alojaron entre sus paredes a los poetas James Thomson y Alexander Pope. Un cuadro de Philip Mercier, pintado en 1733, inmortalizó al Príncipe de Gales junto con sus tres hermanas interpretando música en sus jardines y ante la fachada de Kew Palace.

El Príncipe Federico-Luis de Gales junto con sus hermanas las Princesas Ana, Amelia y Carolina tocando instrumentos de música en los jardines de Kew. En el fondo, se divisa la "Dutch House" o Kew Palace, residencia de recreo de los príncipes de Gales. Obra de Philip Mercier, c.1733.

Lamentablemente, todos los ambiciosos planes que tenía preparado para el día en que iba a ser rey se vieron brutal e inesperadamente truncados a raíz de un accidente deportivo. Federico Luis recibió el violento impacto de una pelota de tenis o de cricket que, a la larga, le resultó fatal. Su salud se degradó bruscamente al producirse un abceso en su sistema respiratorio, transformándose en una afección pulmonar que le llevaría a la tumba el 31 de marzo de 1751, en su residencia londinense de Leicester House. En aquel momento fatídico, la princesa de Gales esperaba a su noveno retoño que nació póstumamente el 11 de julio siguiente: la princesa Carolina Matilde de Gales.

Retrato del Príncipe Jorge Guillermo Federico de Gales (1738-1820), Duque de Edimburgo y Príncipe de Gales tras el fallecimiento de su padre Federico-Luis; según el pastelista suizo Jean-Etienne Liotard, c.1754.

El primogénito de los príncipes de Gales, Jorge, tenía 12 años cuando su padre le dejó huérfano. En medio de tan triste circunstancia, el joven nieto del rey Jorge II fue declarado heredero del trono e investido Duque de Edimburgo, casi de inmediato. Tres semanas después, Jorge II le reconocía como nuevo Príncipe de Gales (abril de 1751), y le invitaba a vivir con él en la corte.

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MANUEL DE AMAT, MARQUÉS DE CASTELLBELL

Posteado por: retratosdelahistoria el 17 ago En: Biografías - 2 comentarios

MANUEL DE AMAT y JUNYENT

MARQUÉS DE CASTELLBELL

Gobernador de Chile & Virrey del Perú

1704 - 1790

 

Nació en Barcelona, Cataluña, España, en 1704. La nobleza estaba muy presente en su familia, pues sus padres fueron José de Amat y Planella, Marqués de Castell Bell, y María Junyent y Vergas, Marquesa de Castell Manyá. Él mismo fue Caballero de la Órden de San Juan (Soberana Orden Militar de Malta).

Como muchos otros jóvenes nobles, Manuel de Amat y Junyent abrazó la carrera de las armas a edad muy temprana. En 1715, con 11 años de edad, ya participaba en las tropas reales que combatían a los rebeldes de Cataluña, y cuatro años más tarde (1719) luchó contra las fuerzas francesas en Aragón. Ingresó a los 17 en la Orden de Malta y participó, posteriormente, en la campaña napolitana sobresaliendo en la batalla de Bitonto y en el asedio de Gaeta; dichas victorias le valieron su condecoración de Caballero de la Orden de San Genaro de manos del rey Carlos VII de Nápoles y Sicilia. Su valor militar le valió ir ascendiendo hasta obtener el grado de mariscal de campo.

En 1754, fue nombrado Gobernador de Chile, cargo del que tomó posesión en 1755 y que ejerció hasta 1761, cuando fue promovido a Virrey del Perú (1761-1766). Habiendo terminado su período, Amat se trasladó a Barcelona, donde murió en 1790, sin dejar descendencia.

Los parlamentos

Luego de hacerse cargo de la gobernación de Chile y de realizar varias tareas administrativas en la Zona Central del país, Amat realizó una visita inspectiva a la frontera de Arauco, celebrando un parlamento con los indígenas en el Salto del Laja. La finalidad de esta iniciativa era implementar un sistema de comunicaciones terrestres entre Concepción y Chiloé, lo que implicaba pasar por distintos territorios ocupados por comunidades indígenas.

En Concepción, algunos caciques se comprometieron -aunque sus palabras dejaron algunas dudas en el ánimo del Gobernador-, a colaborar en el proyecto, que contemplaba el desplazamiento simultáneo de dos expediciones, una desde Concepción y la otra desde Chiloé, las que recabarían informaciones geográficas en terreno.

Sin embargo, la columna que había partido de Concepción fue atacada y debió replegarse a Valdivia. Este hecho hizo fracasar la iniciativa (1759) y para tranquilizar los ánimos, Amat convocó a otro parlamento, que esta vez se realizó en la misma capital del Reino (febrero de 1760). Acudieron alrededor de 30 caciques, cuya presencia causó gran impresión entre los vecinos debido a sus coloridos atuendos y a la comitiva que les acompañaba. La reunión tuvo un éxito relativo, pues los jefes indígenas lograron que varios grupos mapuches, pero no la totalidad, depusieran las armas.

Adelantos y el orden público

Amat y Junyent se destacó por sus preocupaciones en pro del adelanto del Reino. Así, fundó los fuertes de Santa Bárbara y las villas de Talcamávida, Hualqui y Nacimiento. En Santiago, decidió prolongar los tajamares del río Mapocho y, procurando el hermoseamiento de la ciudad, suprimió los puestos que algunos comerciantes tenían en la Plaza de Armas.

Una de sus más grandes atenciones fue la mantención del orden público y de la seguridad ciudadana, amenazadas por el accionar de los delincuentes que cometían tropelías de todo tipo y que contaban, tal vez sin quererlo, con la colaboración inconciente de los ciudadanos.

Por ejemplo, en 1758, cuando se preparaba la ejecución de varios delincuentes en la plaza pública, uno de ellos, llamado Pascual de Castro, logró fugarse. Fue auxiliado por varios frailes dominicos que lo trasladaron hasta la iglesia Catedral, recinto donde de acuerdo a las leyes, gozaría del derecho de asilo sin que las autoridades pudieran sacarlo por la fuerza.

En septiembre del mismo año, un numeroso grupo de reclusos se amotinó en la cárcel de Santiago. Al enterarse de los hechos, Amat decidió concurrir personalmente al lugar y fue recibido con piedras, por lo que tuvo que reunir a las tropas y entrar al lugar por la fuerza.

Situaciones como estas, y la proliferación de todo tipo de hechos delictuales, llevaron al Gobernador a establecer la compañía de Dragones de la Reina dedicada a perseguir y detener a los malhechores, contra quienes procedió drásticamente, aplicándoles todo el rigor de la ley.

Virrey del Perú

En 1761, Amat y Junyent dejó la Gobernación de Chile, pues fue ascendido a teniente general y nombrado Virrey del Perú. Este cargo lo desempeñó hasta 1766. En su nuevo puesto, se caracterizó por las medidas militares que adoptó, debido a la guerra que por esos años España sostenía con Gran Bretaña: ordenó la permanente vigilancia sobre el litoral peruano; aceleró los trabajos que se realizaban en el Real Felipe -la fortaleza del Callao- invirtiendo en ello más de 2 millones de pesos; y apertrechó militarmente a las plazas de Chiloé, Valdivia, Valparaíso, Guayaquil, Portobelo y Cartagena de Indias. En otros aspectos, se preocupó del orden público, inauguró la Plaza de Toros de Acho e inició la construcción de varias obras públicas.

En Lima, hicieron fama los amores de Amat y "La Perricholi", una bailarina mestiza llamada Micaela Villegas, conocida por su gracia y belleza, atributos con los que cautivó al ya sesentón Virrey, causando múltiples chismes y comentarios en las tertulias limeñas.


 

Otras fuentes: Wikipedia

Manuel de Amat y Junient

o Manuel de Amat y Junyent (Vacarisses, Barcelona, 1704 - Barcelona, 1782). Militar y administrador colonial español. Gobernador de Chile (1755-1761) y Virrey del Perú (1761-1776).

Nació en el seno de una aristocrática familia catalana. Hijo de Josep de Amat y Planella (marqués de Castellbell) y de María Junyent y Vergés (marquesa de Castell Manyà). Demostró tener dotes castrenses desde muy joven, participando ya en 1719 en acciones bélicas contra los franceses en Aragón. A los 17 años ingresó en la Orden de Malta y marchó a la isla como caballero permaneciendo en ella cuatro años. Sirvió en las guerras de África y por ello obtuvo el mando del Regimiento de los Dragones de Sagunto. Se destacó en la batalla de Bitonto (Reino de Nápoles, 25 de mayo de 1734) con el contingente que al mando del conde de Montemar derrotó a las tropas austríacas de Visconti y Traun, en la guerra de sucesión de Polonia. Asimismo sobresalió en el asedio de Gaeta (1734). En su carrera militar llegó a alcanzar el grado de mariscal de campo.

Gobernador del Reino de Chile

Pasó a América cuando en 1755 fue nombrado Gobernador y Presidente de la Audiencia de Chile. Recorrió todo el país y mandó construir varias fortificaciones en la costa y en la frontera mapuche (por ejemplo, Santa Bárbara) y fundó poblaciones junto a ellas como Talcamávida, Hualqui y Nacimiento. Convocó parlamentos con los mapuches, primero en el Salto del Laja (1758) y después en Santiago (febrero de 1760), con el fin de garantizar la seguridad de las comunicaciones entre Concepción y Chiloé, pero finalmente sólo consiguió un acuerdo parcial.

En Santiago emprendió importantes obras públicas y tareas administrativas, como la prolongación de los tajamares del río Mapocho, un mercado en la Plaza de Armas, la reestructuración de la Real Universidad de San Felipe (1757), y la organización, el 12 de octubre de 1758, del primer cuerpo de policía chileno, el cual se llamó "Dragones de la Reina", denominación que mantuvo hasta 1812 cuando pasó a llamarse "Dragones de Chile". Pidió que se le hiciera un Juicio de Residencia, del cual salió favorecido.

Virrey del Perú

Sucedió como Virrey del Perú en 1761 a José Antonio Manso de Velasco, conde de Superunda, que había gobernado desde 1745. Fue reempladado en 1776 por Manuel de Guirior, marqués de Guirior. Durante su período de gobierno al frente del Virreinato del Perú hizo varias obras de infraestructura en Lima. Quizá las más famosas sean la Alameda de los Descalzos y el Paseo de Aguas en el actual distrito del Rímac. La tradición dice que dichas obras las hizo en honor a su amante Micaela Villegas, más conocida como La Perricholi, que vivía en la Quinta Presa en el mismo distrito.


 

LA PERRICHOLI

Micaela Villegas, más conocida como La Perricholi (Lima, 1748 - id., 16 de mayo de 1819), fue una actriz muy popular del siglo XVIII en el Perú. Tuvo un romance, muy comentado, por diez años (1766-1776) con Manuel Amat y Juniet, quien por entonces había asumido el gobierno del Virreinato del Perú. Fue él quien acuñó el apelativo de La Perricholi.

Micaela Villegas nació en Huánuco (ciudad ubicada al noreste de Lima) en 1748. Fue hija de José Villegas y Teresa Hurtado de Mendoza. Pertenecía a una familia de condición económica modesta, pero sabía leer y escribir, cosa poco usual para una mujer de su época. Le gustaba leer autores clásicos y dotada de imaginación ardiente y fácil memoria recitaba con suma gracia romances caballerescos y escenas cómicas de Alarcón, Lope y Moreto. Tocaba con habilidad la guitarra y contaba con donaire las tonadillas de moda.

Todo esto, además de incrementar su cultura, le permitió desde el primer día que pisó el proscenio del "Coliseo de Comedias" de Lima, hechizar al exigente público. No existiendo en esa época escuelas de arte escénico, Micaela aprendió a actuar y cantar en el escenario. Con sólo dieciocho años, se convirtió en la actriz más mimada de entonces.

Según algunos historiadores, durante las riñas que tenía con su amante el virrey, le decía Perra-chola con el fin de insultarla, pero por su acento catalán pronunciaba dicha palabra como perricholi. Sin embargo hay otros, que sostienen que la palabra deriva del vocablo francés perri-chol que significa: prenda mía.

De la relación entre Perricholi y el virrey nació un hijo, Manuel Amat y Villegas, reconocido por el virrey. Amat terminó sus relaciones con Micaela Villegas en 1776 cuando fue relevado de sus obligaciones por su sucesor el virrey Guirior y llamado por el rey Carlos III de España.

En 1778, dos años después de su separación del virrey, Micaela se despide de los escenarios, más no del teatro, pues continuó en él, pero laborando en la parte empresarial.

La Perricholi fue una de las mujeres peruanas más célebres del siglo XVIII. Su nombre fue conocido en todo el mundo, al punto que ha inspirado películas, novelas, tradiciones, obras teatrales, operetas y óperas. La más famosa de ellas es la opereta bufa francesa La Perrichole de Jacques Offenbach, estrenada en 1868, así como la película Le carrosse d'or de J. Rendir.

Micaela murió en su casa de la Alameda Vieja el 16 de mayo de 1819, a la edad de 71 años, dos años antes de la independencia del Perú.

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RAIMONDO DE SANGRO, PRINCIPE DE SAN SEVERO -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 2 ago En: Biografías Italia - 3 comentarios

RAIMONDO DE SANGRO

VIIº PRÍNCIPE DE SAN SEVERO, 1710-1771

-2ª Parte-

El Coleccionista de Cadáveres, el inventor y el descubridor

En 1765, siempre amenazado y asqueado por las triquiñuelas de Tanucci, enemistado con el cardenal Spinelli, Raimondo de' Sangro toma la decisión de retirarse de la vida pública para dedicarse, en privado, a sus investigaciones y descubrimientos científicos en los sótanos del Palazzo Sangro. El año de 1766, es el año de su creación de la llamada "Máquina Anatómica" junto con el descubrimiento de la "luz eterna", en los sótanos de la Capilla de la Piedad, que acabarán por darle al príncipe ese definitivo e inquietante halo de mago y brujo.

El Palazzo Sangro di Sansevero, en la Piazza San Domenico Maggiore Nº9, de Nápoles (vista parcial de su fachada principal). El palacio de los Príncipes de San Severo tiene fama de estar encantado por el fantasma de la Princesa de Venosa, que fue asesinada junto a su amante y su hijo por su marido Carlo Gesualdo, Príncipe de Venosa y primer propietario del caserón a principios del siglo XVII. En la Plaza de San Domenico Maggiore, se encuentran también otros 3 palacios aristocráticos: el Palazzo Corigliano, el Palazzo Balzo o Petrucci y el Palazzo Casacalenda.

La máquina anatómica constaba primitivamente de tres cuerpos humanos: un hombre, una mujer y un bebé muertos (desaparecido este último) que tienen la peculiaridad de conservar intacto todo su sistema circulatorio, asi como algunas de sus vísceras. Aunque se desconoce el método utilizado por culpa de la negativa de los actuales propietarios de la Capilla a que se realicen análisis científicos de los cadáveres, se cree que Raimondo de' Sangro utilizó una solución de mercurio que petrificó las venas y órganos vitales. Primitivamente, los cadáveres conservaban en parte su piel y musculatura, pero fueron desintegrándose al no darse con un conservante más duradero, dándose la curiosidad de que el sistema circulatorio y las vísceras si se conservaran en su mayoría.

Nunca se llegó a saber de quienes fueron los cadáveres, de dónde procedían, como tampoco quien se encargó de proveerlos al Príncipe de San Severo. Sin embargo, se descubrió posteriormente que esos cadáveres fueron "embalsamados" por un anatomista de Palermo, Giuseppe Salerno, como resultado de un contrato que aún se conserva en el Archivo Notarial de Nápoles, siguiendo escrupulosamente las indicaciones de Raimondo de' Sangro (quien le proporcionó alambre y ceras coloreadas de su propia invención).

La leyenda se encargaría de convertir en auténtica historia de terror la procedencia de los tres difuntos, llegando a sugerir que la mujer (que tiene un brazo levantado) aún estaba viva cuando procedieron a inocularle la letal solución mercúrea y que intentó liberarse de sus ataduras, de ahí que tenga un brazo levantado, y que se puede vislumbrar en los globos oculares una inmortalizada expresión de terror. Otra leyenda llega a afirmar que el cadáver del hombre es del propio Príncipe de San Severo.

Los inventos y descubrimientos del príncipe son, en cualquier caso, apabullantes y sorprendentes. Comenzó a sus 19 años solucionando un problema de espacio, creando un palco de teatro retráctil que dejaba lugar a un espacio adecuado para ejercicios ecuestres en un mismo emplazamiento, en el patio interior de la Escuela de los Jesuitas de Roma. Inventó un cañón de campaña, fabricado en un metal mucho más ligero que el bronce e igual de eficaz, pero más fácil de manejar y transportar por un solo hombre. También creó el arcabuz o fusil de disparo rápido, de un solo cañón y que podía disparar con pólvora o mediante aire comprimido. Añádase su "Máquina Hidráulica" capaz de transportar y bombear agua hasta cualquier altura deseada. Recordemos también su famosa Carroza anfibia, que tanto podía ir por tierra como por mar... Encontró también la manera, por medio de la alquimia, cómo fabricar un "mármol alquímico" como si fuera un tipo de estuco maleable y la posibilidad de "marmorizar" los tejidos, y ese medio fue utilizado en la Capilla de la Piedad para las cornisas y capiteles, y puede que sobre las esculturas del Cristo velado, del Desengaño y del Pudor, aunque leyenda aparte, se cree que el efecto del Cristo velado, del Desengaño y del Pudor tan solo se debe a la asombrosa habilidad y maestría de los escultores Giuseppe Sanmartino, Queirolo y Corradini.

"Carroza Marítima o Anfibia" del Príncipe Raimondo de' Sangro de San Severo; es el único grabado de 1730 que se conserva de aquel estrafalario invento.

Ya que hablamos de mármol, el príncipe consiguió convertir trozos de mármol en gemas falsas de diversos colores, pero que a simple vista no se podían distinguir de las auténticas.

Por otro lado, inventó la imprenta y la tipografía multicolor, que bastaba con una única impresión del papel. Del mismo modo se le ocurrió inventar la epigrafía al negativo. Apasionado de farmacopea, el príncipe intentó en su día encontrar una cura para un mal entonces desconocido en medicina, y aplicar sus ensayos sobre un paciente (el Príncipe Luigi Sanseverino de Bisignano) que resultó tener un tumor en el estómago, suministrándole una sustancia que contenía extracto de "vinca rosea". Aunque el paciente falleció, tras perder todo su cabello durante las curas, resulta que la oncología moderna ha confirmado que aquel tratamiento del príncipe (casi 400 años atrás) no estaba tan equivocado y que se acercaba bastante a los actuales tratamientos de quimioterapia.

Añadamos también que el Príncipe de San Severo hizo mucho por la pirotecnia, consiguiendo que los fuegos artificiales pudiesen ofrecer una variada gama de colores a los espectadores. Y, hablando de colores, creó un tipo de pintura impermeable que la hace más resistente al paso de los años, como lo demuestran los frescos que fueron ejecutados por orden suya en su palacio napolitano (Palazzo Sangro di Sansevero) y en la capilla familiar "della Pietà". A esto se une también la creación del papel ignífugo, según una receta muy particular en la que se aplican por un lado fibras de lana y por otra de seda, haciendo que el papel no pueda prenderse. ¿Acaso sería importante citar que el príncipe descubrió la manera de desalinizar y potabilizar el agua de mar?

San Genaro, Obispo de Benevento y Patrón de Nápoles, con las dos ampollas conteniendo su sangre derramada durante su martirio (que más que sangre parece un clarete). El rey Carlos VII de Borbón (Carlos III de España) fundó la Orden de San Genaro en su honor.

Y si recuerdan el misterio de la supuesta sangre de San Genaro (o San Gennaro), patrón de Nápoles, que tiene la curiosa propiedad de licuarse el día de su festividad, creo que sería interesante apuntar que el mismísimo Príncipe de San Severo, maestro de la alquimia, consiguió reproducir dicho "milagro" de licuación sanguínea de manera idéntica a la sangre del santo patrón. Milagros aparte, por lo visto también supo cómo plastificar en frío el metal, metalizar y petrificar los materiales blandos, y encontrar nuevos procesos de coloración de mármoles y de cristales. Y ¿qué decir de su carbón alquímico? Encontró la manera de producir un tipo de carbón a base de ingredientes animales y vegetales, que tenía la curiosa propiedad de consumirse sin producir cenizas...

Finalmente, dio con la mixtura exacta para convertir objetos en incandescentes, moliendo huesos y calaveras humanas con fosfato de calcio y fósforo, y capaces de producir una llama de larga duración. A su descubrimiento, le llamó "lume eterno" (luz eterna), según consta en sus correspondencias con otros estudiosos de la época.

La Piedra Luminosa o el Rayo Activo

Toda su vida, Raimondo de' Sangro, como maestro de la alquimia que fue, intentó dar con la famosa "Piedra Filosofal" de Nicolas Flamel (1330-1418), supuesta fuente del elixir de vida, de la juventud eterna y capaz de transmutar metales vulgares en oro y plata, véase también como panacea universal para curar cualquier enfermedad física.

En una carta codificada y fechada en 1763, destinada al Barón H. Theodor Tschudy (francmasón al servicio del rey Fernando IV), del Regimiento de los Suizos, se descubrió que Raimondo de' Sangro estudió un mineral (que entonces se denominó pechbenda) que de noche era luminescente. El príncipe lo depuró de todas sus impurezas (silicio, plomo, etc.) y descubrió el efecto letal que tenía sobre los animales de su laboratorio, asi como el modo de protegerlos con unas gruesas láminas de plomo. Dicho esto, ¿podría tratarse de sales del uranio?. Obviamente expuesto a las radiaciones de esa piedra bautizada como "pechbenda", el príncipe se vio afectado de un temblor que le acompañó hasta el fin de su vida y que, seguramente, degeneró en cáncer y le llevó a la tumba a sus 60 años cumplidos (22 de marzo de 1771). En cualquier caso, y tal y como se desprende de la carta cifrada, Raimondo de' Sangro había descubierto casualmente la radioactividad que, él mismo, bautizaba acertadamente como "rayo activo". Solo un siglo y medio más tarde se pudo aislar el radio (el francés Henri Becquerel descubrió oficialmente la radioactividad en 1896), y deja en evidencia que Marie Curie no fuera quizá la descubridora de los efectos letales de la radioactividad en sus propias carnes.

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RAIMONDO DE SANGRO, PRINCIPE DE SAN SEVERO -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 1 ago En: Biografías Italia - sin comentarios

RAIMONDO DE SANGRO

DUQUE DE TORREMAGGIORE,

VIIº PRINCIPE DE SAN SEVERO, 1710-1771

EL PRINCIPE ALQUIMISTA

-1ª PARTE-

Retrato de Raimondo de' Sangro, Duque de Torremaggiore, VIIº Príncipe de San Severo, Grande de España y Caballero de la Orden de San Genaro (1710-1771). 

El personaje y su entorno

Raimondo de' Sangro, Duque de Torremaggiore y VIIº Príncipe de San Severo, Grande de España, nació en la localidad italiana de Torremaggiore (Foggia, Nápoles), feudo de su padre, el 30 de enero de 1710, y falleció en la ciudad de Nápoles el 22 de marzo de 1771 a la edad de 60 años. Sus abuelos paternos fueron Paolo IV de' Sangro, 6º Príncipe de San Severo, Grande de España y Caballero del Toisón de Oro, y Gerolama Loffredo. Sus padres fueron: Antonio de' Sangro y Cecilia Gaetani dell'Aquila d'Aragona, Duques de Torremaggiore.

Este gran aristócrata italiano fue un esoterista, inventor, anatomista, militar, escritor, académico y masón fuera de serie; una especie de genio del "settecento" napolitano y europeo, autodidacta y curioso de todo que pasó su vida investigando, inventando, escribiendo y obrando verdaderos "milagros" con sus descubrimientos. Hombre poseedor de una cultura muy superior a la media, se elevó por encima de sus iguales, esos grandes nobles napolitanos y sicilianos de rimbombantes e interminables títulos que conformaban esa vetusta y endiosada aristocracia partenopea, considerada en el resto de las cortes de Europa como extravagante, necia, bruta, viciada, corrupta e ignorante.

Su madre falleció cuando Raimondo apenas computaba 1 año de vida (diciembre de 1710). El padre de nuestro personaje, que distaba mucho de ser un ejemplo a seguir, fue sin duda una buena muestra de esa nobleza napolitana tan denostada; Antonio de' Sangro, Duque de Torremaggiore, superficial y libertino, se había encaprichado de una joven de San Severo a la que pretendía convertir en su amante. Sin embargo, al oponerse el padre de la doncella, el duque mandó asesinarle en un arrebato de furia. Señalado como el mandatario del asesinato de Nicola Rossi, alcalde de San Severo y padre de la muchacha, el duque no tuvo más remedio que huir a Viena donde se convirtió en un amigo íntimo del mismísimo emperador Carlos VI de Austria, y desde allí siguió protestando con vehemencia de su inocencia.

Siendo muy dada a dejarse corromper, la justicia napolitana archivó finalmente el caso y Antonio de' Sangro pudo regresar a sus tierras sin inquietarse. Sin embargo, el duque no tardó en vengarse de su principal acusador mandando que lo asesinasen. Tras cometer semejante error, Antonio de' Sangro tuvo que huir nuevamente para evitar la cárcel. Su fuga acabaría en Roma, pidiendo asilo al Vaticano; haría luego los votos y se retiraría en un convento para expiar sus crímenes de sangre.

A la corta edad de 10 años, fue enviado por sus abuelos paternos a la Escuela de los Jesuitas de Roma, donde permaneció hasta cumplir los 20, adquiriendo una sólida formación y grandes conocimientos en casi todas las materias gracias a su entusiasmo en los estudios. Apasionado de heráldica y de geografía, que dominaba como nadie, estudió retórica, filosofía, lógica, matemáticas y geometría, ciencias, física, griego, latino, hebreo y alemán. Sus grandes aptitudes y su genialidad fueron prestamente apreciadas por sus profesores, tanto que, para una representación escolar, en la cual se trataba de desmontar rápidamente un palco de teatro para dar lugar a un espacio requerido para los ejercicios de equitación en platea, consiguió superar a los ingenieros y técnicos llamados a resolver el problema "inventando" un palco que, con ayuda de un mecanismo, desaparecía en pocos minutos.

El Príncipe de San Severo

Retrato de juventud de Raimondo de' Sangro, VIIº Príncipe de San Severo.

En 1729, al fallecer su abuelo paterno, Raimondo de' Sangro hereda el título de príncipe de San Severo y el de duque de Castelfranco, de Castelnuovo, de Casalvecchio di Puglia entre otros feudos señoriales. A la edad de 20 años, en 1730, el príncipe abandona Roma y la Escuela de los Jesuitas, a los que guardará cierta antipatía, para regresar a su palacio de la piazza San Domenico de Nápoles. El mismo año casaría por procuración con una prima de catorce años de edad, a la que estaba comprometido con anterioridad por obra y arte de sus abuelos paternos: Carlotta Gaetani dell'Aquila d'Aragona. Sin embargo, ambos no se conocerían hasta seis años después de su matrimonio (1736), ya que Raimondo, destinado a Flandes, estaría largo tiempo ocupado en las guerras que se libran en Europa. Para su boda, el príncipe encargó al compositor Pergolesi una serenata que, por desgracia, tuvo que ser completada por un pupilo del músico al fallecer éste repentinamente.

Retrato del Rey Federico II "el Grande" de Prusia (1712-1786), inmortalizado por Antoine Pesne en 1745. El soberano prusiano no solo admiraba y recomendaba el genio militar del Príncipe de San Severo, eran también "colegas" francmasones...

Experto en el arte militar, Raimondo de' Sangro fue ascendido a coronel del Regimiento Capitanata en 1744, distinguiéndose valerosamente en la batalla de Velletri contra los austríacos del General von Lobkowitz, liberando de paso la ciudad ocupada. En aquella época de guerras, se volcó en el diseño de fortificaciones novedosas y en estrategias militares que fueron muy aplaudidas por el rey Federico II de Prusia. Autor del "Vocabulario del Arte Militar de Tierra" (que le costó 8 años de redacción) y de un "Manual de Ejercicios Militares para la Infantería", ambos muy apreciados por Federico el Grande, también redactó varios tratados sobre las fortificaciones militares. A esto debemos añadir su invención de un fusil de disparo rápido (de recarga rápida y que podía disparar con aire comprimido o con pólvora indistintamente), y el diseño y construcción de una carroza anfibia que, para mayor estupor de los napolitanos, vieron avanzar por las aguas del puerto sin hundirse.

Retratos de Carlos VII de Borbón-Farnese (1716-1788) y de Maria-Amalia de Sajonia (1724-1760), Reyes de Nápoles  y de Sicilia entre 1734 y 1759. Bajo su reinado, el reino partenopeo fue enteramente reformado y modernizado en todas sus instituciones, su capital remozada y embellecida con nuevos palacios, y se creó la famosa Real Fábrica de porcelanas de Capodimonte.

Perteneciente al cenáculo ilustrado del monarca de la Casa de Borbón, Carlos VII de Nápoles y de Sicilia y de su esposa la reina Maria-Amalia de Sajonia (hijo y yerna del rey Felipe V de España y de Isabel de Parma), formó parte de la primera hornada de caballeros de la distinguida aunque nueva Orden de San Genaro (cruz de la orden en la ilustración contigua) entre los sesenta caballeros blasonados, creada para asegurarse la fidelidad y apoyo de la aristocracia partenopea. Agradecido, Raimondo de' Sangro le regaló al rey un tejido impermeable de su creación para usarlo en sus trajes de caza y para las batidas; el presente, considerado toda una novedad revolucionaria en la época, fue muy apreciado por Carlos VII, quien mandó confeccionar sus casacas con dicha tela impermeable.

Pero, más allá de su carrera militar y de su posición en la corte de Carlos VII, del cual era consejero privado, el Príncipe de San Severo ampliaba sus horizontes y expectativas. Pronto se le invitó a formar parte de la antigua cofradía de los Rosacruces, que le iniciaron en los antiguos ritos de la alquimia o "Ars Regia", secreta herencia de los antiguos sacerdotes egipcios transmitida a sus discípulos. Perteneciente a la Academia de Ravvivati bajo el seudónimo de "Precipitoso", se une también a la Academia della Crusca con el nombre de "Esercitato", ocupado en estudiar en profundidad la química, la alquimia y las ciencias esotéricas, para luego hacerse francmasón y formar parte de la Logia de Montesquieu. Al mismo tiempo se dedica a la edición e impresión de obras suyas y ajenas de claras influencias masónicas, que se ocupará en hacer circular desafiando a las autoridades eclesiásticas, desde los sótanos de su palacio napolitano; de hecho, inventará una imprenta capaz de imprimir en varios colores de una sola vez.

Cuadro dieciochesco representando la iniciación de un nuevo miembro en una logia masónica.

De la imprenta secreta del príncipe saldría un libro traducido del francés al italiano "el Conde de Gabalis", del Abate Villars de Montfaucon que, por su alto contenido esotérico llevó al príncipe a ser denunciado por los jesuitas ante las autoridades clericales. Se vió obligado a negar que la tipografía hubiera salido de su imprenta con su beneplácito.

Pese a las dificultades y a los riesgos de verse perseguido, Raimondo continuó difundiendo libros prohibidos y condenados por la Iglesia como "El Viaje de Ciro" del escocés Michael Ramsay (francmasón inscrito en la Logia de Montesquieu), que influyó hondamente en la nobleza partenopea y provocó que muchos de sus miembros se hicieran fervientes seguidores de los Iluminati.

La Capilla de La Piedad y la Masonería

Raimondo de' Sangro, VIIº Príncipe de San Severo & Duque de Torremaggiore, Grande de España (1710-1771), representado en un grabado contemporáneo.

En 1744, el príncipe de San Severo pone en marcha la restauración de la capilla familiar contigua a su palacio; construída en el siglo XVII (1613) por su antepasado el Arzobispo de Benevento (Cardenal Alessandro de' Sangro), destinándola a ser la última morada de los miembros de la familia principesca, es considerada como su obra magna, y popularmente conocida entonces como la "Pietatella" o "Capilla Sansevero". Los trabajos de la Capilla de Santa María de la Piedad, muy onerosos, supondrán al príncipe una auténtica fortuna que le llevará a alquilar algunos espacios de su palacio napolitano para montar garitos de juego clandestinos con el fin de resarcirse de sus gastos. Llegaría incluso a alquilar su palco del Teatro de San Carlo... Por ese mismo motivo sería más tarde arrestado y recluído varios meses en la cárcel de Gaeta, por orden del ministro Tanucci.

El Cristo Velado, obra del escultor Giuseppe Sanmartino para la Capilla de Sansevero. Detalle de la escultura en la ilustración inferior.

Pese a esos contratiempos, las obras proseguirían con su influencia masónica y sus alegorías esotéricas, siendo una obra maestra del barroco tardío napolitano. En ese templo sobresaldrían sobretodo las esculturas del "Cristo Velado" (pieza central del templo y obra de Giuseppe Sanmartino) y de "el Desengaño", cuyas técnicas y realizaciones siguen maravillando y sorprendiendo al visitante, permaneciendo el misterio de cómo se pudieron realizar los vaciados y drapeados etéreos en un solo bloque homogéneo de mármol. Se sabe que, gracias a sus conocimientos de alquimia y a un descubrimiento fortuito, el príncipe dio con una fórmula capaz de ablandar el mármol, hacerlo maleable y conseguir su traslucidez. ¿Compartió pues su secreta invención con el escultor Sanmartino, para realizar la impresionante escultura del "Cristo Velado" y la del "Desengaño", cuyos asombrosos resultados podemos comprobar hoy día? En cualquier caso, las asombrosas esculturas parecen hablar de la razón del hombre, de su desengaño y de su liberación de la falsa verdad.

El Desengaño, otra de las asombrosas esculturas que decoran la Capilla Sansevero. Abajo, portal de acceso a la Capilla della Pietà o de Sansevero (Palazzo Sangro di Sansevero, Piazza San Domenico Maggiore, Nápoles).

Abajo, fotografía interior de la Capella della Pietà o Capilla Sansevero, con el Cristo Velado en su centro.

Se asegura, por otro lado, que el templo fue erigido sobre otro más antiguo dedicado a la diosa egipcia Isis durante el Imperio Romano.

El año de 1735, Raimondo de' Sangro había entrado en la logia "la Perfecta Unión" y publica en 1746 su tratado masónico "Liberi Muratori" (con el que pretende dar su propia versión de la masonería, concebida como una entidad universal, cosmopolita y fuertemente esotérica, de inspiración templaria pero alejada del poder, tanto político como religioso, y con sus grados a imagen y semejanza del antiguo rito escocés) convirtiéndose en hermano francmasón de la primera logia napolitana, bajo el nombre de "Rosa d'Ordine Magno", fruto de su propio anagrama. En pocos años, fruto de su gran cultura y de su abnegación, escala la jerarquía hasta convertirse en el "Gran Maestro" de todas las logias napolitanas, a las que unifica bajo un solo rito universal (1750). Sus actividades serían seriamente amenazadas por la Curia Vaticana, y sobretodo denunciadas por los Jesuitas, principales enemigos de los francmasones.

Retrato de Carlos VII de Borbón, Rey de Nápoles y de Sicilia de 1734 a 1759, obra de Giuseppe Bonito. / Abajo, retrato del Pontífice Benedicto XIV, Papa de Roma.

Tras haber evitado, gracias a la intervención del rey Carlos VII en persona, la instauración en Nápoles de un tribunal del Santo Oficio, el príncipe intentó convencer al monarca Borbón para que se afiliara a la masonería. La maniobra, sin embargo, no llego al objetivo deseado y, en 1751, después de que el papa Benedicto XIV hubo renovado la excomunión a todos los miembros pertenecientes a la cofradía francmasona con la bula "Providas Romanorum Pontificum", Carlos VII, con fines de evitar una guerra contra Roma, decide publicar un edicto con el cual proclama el cierre de todas las logias napolitanas y las condena a ser expulsadas del reino. Para evitar mayores castigos y penas a los afiliados, el Príncipe de San Severo, tras haber abjurado, es convencido para facilitar al monarca el elenco de los iniciados. Con semejante acto, Raimondo de' Sangro violaba conscientemente el secreto de la masonería, ganándose asi la "damnatio memoriae" por parte de los hermanos masones de la cofradía universal, pero salvando, aparte de la suya, todas las cabezas de los afiliados de las logias partenopeas, víctimas al fin y al cabo, de una "solemne admonestación" por parte del soberano quien no alberga, en ningún caso, la intención de encarcelar y decapitar a más de la mitad de su corte.

En esa misma época, se descubrían las ruinas romanas de Herculano, Pompeya y Paestum, que bajo el patronato real dieron auge a la arqueología, y a la recuperación y preservación de dichos restos que aún prosiguen a día de hoy. Fruto de esos hallazgos arqueológicos nació el neoclasicismo y se rescataron los antiguos valores morales y democráticos romanos propios de la ideología de los francmasones a los que hacen referencia.

Abdicación de Carlos VII de Nápoles y de Sicilia en su hijo menor de edad, Fernando IV, en el Palacio Real de Nápoles en 1759, en presencia de la corte, de los barones del reino y de los representantes de la alta magistratura del Estado.

Retrato de Fernando IV de Borbón y Sajonia (1751-1825), Rey de Nápoles y de Sicilia a la edad de 9 años, según el pintor bohemio Anton Rafael Mengs c.1760 (Museo del Prado, Madrid).

Cuando en 1759 el rey Carlos VII tuvo que abandonar el trono napolitano para hacerse cargo del español (como Carlos III de España), dejado vacante tras la muerte de su medio-hermano Fernando VI, cedió las dos coronas (Nápoles y Sicilia) a su hijo Fernando IV, menor de edad, demasiado religioso y de escasísimas luces, la vida del Príncipe de San Severo tomó un giro inquietante. Habiendo perdido la ilustre protección de su amigo Carlos VII, se vio a merced de las represalias del Ministro de la Casa Real, el marqués Bernardo Tanucci, que veía en él ( injustamente ) a un enemigo del reino a causa de sus simpatías por el rey de Prusia, Federico II. Tanucci le envió a la cárcel de Gaeta durante unos meses... hasta que intervienen en su favor su esposa la Princesa Carlotta y numerosos a la par que poderosos amigos suyos.

Retrato del Marqués Bernardo Tanucci (1698-1783), Primer Ministro de la Casa Real y Presidente del Consejo de Regencia Napolitano; hombre de confianza de Carlos VII, fue sucesivamente Ministro de Justicia y Ministro de Asuntos Exteriores antes de acceder a la presidencia del Consejo Real y convertirse en el hombre más poderoso de Nápoles. 

Pero Tanucci no cejó en su empeño de ir contra el Príncipe de San Severo y hundirle. En 1764, el ministro comunicaba por correo al rey Carlos III de España, que las deudas de Raimondo de' Sangro, duque de Torremaggiore y príncipe de San Severo llegaban a los 220,000 ducados. Fue ese año el escenario de una espantosa carestía de alimentos que causaría doscientas mil muertes en todo el reino (en Nápoles se registraron nada menos que 30,000 muertes). También ese año el príncipe de San Severo casaba a su heredero Vincenzo de' Sangro con la princesa Gaetana Mirelli, hija del Príncipe de Teora, que traía consigo una enorme dote que le permitirá a Raimondo saldar sus colosales deudas y disponer de un discreto estipendio mensual.

Para homenajear a su nuera, el príncipe hizo venir a Nápoles un piquete de honor constituido por sus propios feudatarios de Puglia; se trataba, en realidad, de una cincuentena de personas que endosaron una especie de uniforme con armamento a juego. Fue la enésima excusa que encontró el Marqués de Tanucci para arremeter otra vez contra el Príncipe de San Severo, acusándole de "invasión armada" de la capital napolitana. Otra vez encarcelado en Gaeta y falsamente acusado, fue liberado poco después por sus familiares y amigos que intercedieron en su favor.

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