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Categoría: Biografías

RICHELIEU, EL OTRO CARDENAL

Posteado por: retratosdelahistoria el 26 nov En: Biografías - sin comentarios

ALPHONSE-LOUIS DU PLESSIS DE RICHELIEU

CARDENAL DE RICHELIEU, 1582 - 1653

El otro Cardenal de Richelieu

Alphonse-Louis du Plessis de Richelieu, nació en París en 1582 y falleció en su arzobispado de Lyon el 23 de marzo de 1653. Segundo hijo varón de los seis vástagos nacidos de François III Tristan, Señor de Richelieu (m.1590) y de Suzanne de La Porte, fue destinado desde niño a la carrera eclesiástica y a recibir el obispado de Luçon, tan vinculado a su familia que casi pasaba por ser un cargo hereditario. Tras él venía su hermano Armand-Jean, destinado a la carrera de armas (nacido en 1585) y su hermana Nicole, futura marquesa de Brézé (nacida en 1587). A estos tres les precedían en la cuna la primogénita Françoise (nacida en 1578), futura dama de Craon y marquesa du Pont de Courlay (o Pont-Courlay), y Henri, futuro cabeza de familia y señor de Richelieu (nacido en 1580). Gracias a recientes investigaciones, el historiador Roland Mousnier ha puesto sobre la mesa las evidencias de la existencia de otra hermana llamada Isabelle du Plessis de Richelieu, e incluso se nombra a otra hija llamada Marguerite, inscrita en el registro de nacimientos de la iglesia de Braye-sous-Faye, parroquia del castillo de Richelieu en la provincia de Poitou, aunque por falta de más elementos, se puede concluír que ésta falleció siendo niña.

Aunque Alphonse-Louis tenía vocación religiosa y percibía las rentas del obispado de Luçon que le estaba destinado, rehusó consagrarse como tal y dimitió a favor de su hermano Armand-Jean, pues su voluntad era entrar como un simple monje en la orden de los Cartujos. La madre, alarmada por su decisión -que amenazaba con provocar la pérdida del obispado de Luçon-, y ahogada por las deudas que pesaban sobre su casa, recurrió a Armand-Jean para rogarle que abandonase la vida de soldado y entrase en la clerical para salvarles de una ruina inminente. Ante tan acuciantes problemas pecuniarios, Armand-Jean no tuvo más remedio que recoger el guante y solicitar su ingreso en la Iglesia.

Armand-Jean du Plessis de Richelieu, huérfano de padre a la edad de 9 años, había sido enviado a París para ser educado en casa de su tío materno Amador de La Porte quien, en setiembre de 1594, le hizo ingresar en el Colegio de Navarra para estudiar filosofía. De ahí pasaría a formarse en la renombrada escuela de Monsieur de Pluvinel, que se encargaba de los jóvenes gentileshombres destinados a la carrera militar, bajo el título de "Marqués du Chillou", señorío de su familia.

Quizá deberíamos puntualizar que la familia de Richelieu, de antigua nobleza del Poitou aunque pobre, era honorablemente conocida por entonces: su padre había sido un soldado y cortesano que ocupó el cargo de Gran Preboste de Francia; su madre, era la hija de un famoso jurista. Cuando fallece el padre el 10 de junio de 1590 en acto de servicio, en calidad de capitán de la guardia del rey Enrique IV y durante las Guerras de Religión, deja tras de si una familia endeudada aunque la generosidad del monarca le permite evitar las dificultades financieras y satisfacer a sus acreedores. Para recompensar los servicios del finado Señor de Richelieu, cuando aún reinaba Enrique III, la Corona le otorgó a la familia el obispado de Luçon. De este modo, los Richelieu percibían para su uso particular la mayoría de las rentas del obispado, lo que disgustaba al clero que habría preferido que esos fondos fueran usados por la Iglesia.

Es pues en 1605 cuando Armand-Jean ingresa como seminarista e inaugura sus estudios de teología, para ser poco después nombrado obispo de Luçon el 18 de diciembre de 1606, por el rey Enrique IV. Mientras tanto, su hermano Alphonse-Louis abandona su antiguo cargo al que ha renunciado, para ingresar como monje en el monasterio de la Gran Cartuja.

Todo hay que decirlo: aunque las circunstancias obligaban a Armand-Jean a dejar su carrera militar y a tomar el sendero clerical, que aseguraba sólidos beneficios, éste acogió con cierto alivio la idea de convertirse en obispo ya que tenía de por si una naturaleza delicada y enfermiza, que le predisponían a una vida más calmada y estudiosa.

De cualquier modo, siendo tan joven (21 años), el flamante obispo tendrá que viajar hasta Roma para solicitar una dispensa papal que le permita ser obispo a los 22 en vez de los 23 años requeridos. Es cosa hecha el 14 de abril de 1607: Armand-Jean du Plessis de Richelieu recibe la investidura canónica de manos del Pontífice Paulo V.

De vuelta a su diocesis, será el primer obispo reformador de Francia que pondrá en pie las reformas institucionales que el Concilio de Trento había promulgado entre 1545 y 1563. El resto de su carrera es bien conocida, con sus altibajos iniciales en su camino hacia el poder supremo, haciéndose con el timón del gobierno de Francia.

En cuanto a Alphonse-Louis, convertido en un sencillo monje cartujo, parece ajeno a la ascensión de su hermano menor si no fuera porque éste se empeñará en sacarle de su estado monacal para elevarle por encima de sus sencillas pretensiones. Será él quien presionará para que el bueno de Alphonse-Louis sea nombrado arzobispo de Aix-en-Provence el 6 de diciembre de 1625, para luego otorgarle el arzobispado de Lyon en setiembre de 1628. Elevado al rango cardenalício el 19 de noviembre de 1629, el flamante Cardenal Alphonse-Louis du Plessis de Richelieu sería promovido Gran Limosnero de Francia en 1631, importantísimo cargo que requería de su presencia constante en la corte de Luis XIII. Un año después, en 1632, sería nombrado por el rey abad de Saint-Etienne de Caen.

El hermano del gran cardenal de Richelieu era, sobretodo, un hombre bueno sin otras ambiciones más que las de hacer el bien y llevar a cabo su misión religiosa. Artífice de grandes cambios operados en sus arzobispados de Aix-en-Provence y de Lyon, su comportamiento durante la gran peste de la ciudad de Lyon fue, por lo menos, heróica. Su único vicio conocido fue su amor incondicional al chocolate, que tomaba siempre como un remedio eficaz contra los "vapores" y el mal humor. Por otro lado, existía en él un rasgo de cierta locura pasajera e intermitente: en ciertos momentos, estaba convencido que sus nalgas eran de cristal, y rehusaba sentarse por miedo a que se rompieran.

Cuando su hermano falleció en 1642, Alphonse-Louis permaneció inconsolable. Como él, asumiría el cargo de gran rector de la universidad de La Sorbona entre 1642 y 1653, y en cuyo frente hizo muchos méritos.

Olvidado por la Historia, fue sin embargo un gran embajador de Francia en la corte Vaticana, aunque su bondad y modestia desdibujaron su persona frente al genio y figura de su hermano menor.

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ANTOINE ROSSIGNOL & EL GRAN CÓDIGO DE LUIS XIV

Posteado por: retratosdelahistoria el 24 nov En: Biografías Curiosidades Apuntes - sin comentarios

LOS ROSSIGNOL, CRIPTÓGRAFOS DE SU CRISTIANÍSIMA MAJESTAD

ANTOINE ROSSIGNOL & EL GABINETE NEGRO

En Francia, desde el siglo XVIII, la palabra "rossignol" (ruiseñor), se convirtió en una palabra coloquial para expresar la idea de una clave o de un juego de llaves "passe-partout" para abrir cualquier cerradura, y no por culpa del pájaro sino por que Antoine Rossignol fue uno de los mejores expertos en códigos y descifrados, fuese para elaborar o para descifrar las comunicaciones secretas de su tiempo. Su hijo y su nieto siguieron la tradición y estuvieron a sueldo de la Corona Francesa de por vida.

Natural de la ciudad de Albi, Antoine Rossignol nació en 1600 y murió en 1682. Su infancia y adolescencia siguen siendo una incógnita, por la falta de información disponible sobre el personaje que nos interesa. Sin embargo, aparece en escena durante el sitio de la ciudad de Réalmont, villa hugonota (protestante) que se ha sublevado contra la autoridad real, y cuyo asedio es dirigido por el Duque Enrique II de Borbón, Príncipe de Condé. Sus soldados interceptan un correo cifrado de los rebeldes hugonotes y piden a Antoine Rossignol, entonces un matemático de 26 años de edad, que tenía la reputación de ser un goloso de códigos secretos, que descifre la misiva de los sitiados. En pocas horas, Rossignol desvela el contenido del mensaje interceptado y lo traduce para llevarlo al Príncipe de Condé; revela entonces las dificultades de los sitiados para conseguir munición con el que poder continuar la resistencia, ya que se habían quedado sin pólvora y sin balas...

Al día siguiente, el Príncipe de Condé envía a un grupo de soldados con un oficial al frente y portador de un mensaje para el gobernador de Réalmont. Sin florituras, el representante del Príncipe de Condé pone las cartas sobre la mesa y le hace saber que están al corriente de que se han quedado sin municiones y exigen, de paso, una rendición inmediata si no quieren sufrir un asalto en toda regla. Desarmados, los hugonotes capitulan y abren las puertas de la ciudad al ejército de Condé.

Este hecho llamó poderosamente la atención del primer ministro de Luis XIII, el Cardenal de Richelieu, que encontraba en el cifrado un medio de gran utilidad para sus actividades diplomáticas y de espionaje. Y, cuando Rossignol volvió a lucirse al descifrar otra misiva encriptada de los protestantes rebeldes de La Rochelle, en 1628, el cardenal no dudó un instante para asegurarse sus servicios.

El Servicio Secreto de Luis XIV

Convertido en un precioso servidor de la Corona y del Estado, Antoine Rossignol mejoró el sistema de cifrado por sustitución, utilizado en la Corte gala para sus correos. El nuevo sistema, bautizado como "nomenclatura", consistía en un sistema híbrido entre código y cifrado llamado "sistema de repertorios". Palabras particularmente importantes entraban en el código, antes que enunciarlas, mientras que la mayoría del mensaje estaba sencillamente cifrado. Ese método de sustitución, basado en un diccionario cifrado, ponía en correspondencia palabras enteras y particularmente importantes (nombres de personalidades, de lugares, etc...) con su equivalente codificado. Lo revolucionario del sistema Rossignol, era sobretodo que el receptor del mensaje cifrado necesitaba de dos índices (dos diccionarios) para descifrar completamente la misiva.

Retrato de Luis XIV "el Grande" (1638-1715), Rey de Francia y de Navarra de 1643 a 1715; según Mignard.

Durante el reinado de Luis XIV, Rossignol y su hijo Bonaventure, asociado al trabajo paterno y a sueldo de la Corona, estuvieron trabajando tanto en su residencia señorial de Juvisy, a las afueras de París, como en un despacho contiguo al gabinete privado del Rey en el Palacio de Versailles. Para él, los Rossignol padre e hijo concibieron "le Grand Chiffre" (La Gran Cifra), también conocido como "la Gran Cifra de Luis XIV". Lo dominaron hasta el punto de que no dudaron un solo instante a la hora de codificar todas las cartas, notas de servicio y archivos de Estado. Dado el gusto de los Rossignol y del Rey por los secretos, se creó en Francia el célebre "Cabinet Noir" (Gabinete Negro), fundado bajo el ministerio del Marqués de Louvois y que fue tan eminente que su nombre sería prontamente traducido al inglés "The Black Chamber", convirtiéndose en el término internacional para todos los servicios de códigos de otros países.

Antoine Rossignol, Consejero Privado de Su Majestad, falleció en diciembre de 1682, a la edad 82 años según "Le Mercure de France" (el primer periódico oficial francés del siglo XVII) en su mansión de Juvisy. Su pensión anual de 12.000 libras pasó entonces a su hijo y sucesor en el cargo (al frente del Gabinete Negro), Bonaventure Rossignol. De hecho, Bonaventure y su hijo Antoine-Bonaventure (nieto del difunto), fueron promovidos ambos al puesto de presidente de la Corte de Cuentas.

El Código Indescifrable descifrado

Cuando el nieto falleció, el gran código o "Grand Chiffre" murió con él, llevándose a la tumba las claves para descifrar todos los papeles de Estado que estaban clasificados como secretos. Sin claves y sin las bases del concepto, Étienne Bazeries, oficial del Ejército Francés de la IIIª República al frente del departamento militar de criptografía, necesitó tres largos años de árdua investigación para conseguir las claves de los Rossignol (1890). Lo realmente increíble de esta anécdota, es que tanto la IIIª República como los regímenes que la precedieron y que surgieron después de la Revolución Francesa, no pudieron leer los archivos diplomáticos franceses de la época hasta después de 1890.

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EL MARQUES DE CONDORCET 1743-1794

Posteado por: retratosdelahistoria el 16 nov En: Biografías - sin comentarios

MARIE-JEAN-ANTOINE-NICOLAS DE CARITAT

MARQUÉS DE CONDORCET, 1743 - 1794

Nacido en Ribemont, Departamento de l'Aisne, el 17 de septiembre de 1743, murió en extrañas circunstancias el 28 de marzo de 1794, en Bourg-la-Reine. Condorcet fue un notorio filósofo, matemático y politólogo francés.

Procedía de la ilustre familia Caritat, que sacaba su título de la ciudad de Condorcet, en el Delfinado, cuna de su linaje. Su padre murió cuando él era aún un niño, mientras que su madre, muy devota, confió su educación a los Jesuitas de Reims, pasando luego al Colegio de Navarre, en París.

El joven Marqués de Condorcet se distinguió rápidamente por sus apreciables capacidades intelectuales. Las primeras distinciones públicas que recibió fueron en matemáticas. A sus 16 años de edad, sus capacidades de análisis llamaron la atención de D'Alembert y de A.C. Clairaut, convirtiéndose casi de inmediato en el alumno aventajado de D'Alembert.

De 1765 a 1774, se concentró sobre todo en las Ciencias. En 1765, publicó su primer trabajo sobre las matemáticas, titulado "Ensayo sobre el cálculo integral", que gozó de una gran acogida y le sirvió para empezar su carrera de matemático de renombre. Ese ensayo no sería más que el primero de una larga serie.

El 25 de febrero de 1769, fue elegido para ingresar en la Real Academia de las Ciencias.

Retrato de Anne Robert Jacques Turgot, Barón de L'Aulne (1727-1781).

En 1772, publicó nuevos trabajos sobre el cálculo integral, que fueron unánimamente aplaudidos y considerados como revolucionarios en muchos campos. Poco después, entablaría amistad con el economista Turgot, que iba a convertirse en administrador de provincias bajo el reinado de Luis XV (1772), y luego en Controlador General de las Finanzas bajo Luis XVI (1774).

Por la misma época, el Marqués de Condorcet contrae un brillante matrimonio con la noble normanda Sophie de Grouchy (1764-1822) -en la ilustración contigua-, hermana del Marqués Emmanuel de Grouchy (y futuro Mariscal del 1er Imperio Napoleónico), él mismo siendo ya cuñado de Cabanis. Su mujer era una escritora de cierto renombre, dedicada sobretodo a la filosofía y, una vez instalada con su marido, abrió un afamado salón parisino concurrido por la flor y nata de las artes y letras francesas.

En 1774, el Marqués de Condorcet fue nombrado Inspector General de la Moneda por Turgot. A partir de ese acontecimiento, Condorcet desplaza su centro de interés por las matemáticas hacia la filosofía y la política. En los años siguientes, tomó la defensa de los derechos del Hombre, y particularmente el derecho de las Mujeres y de los Negros. Asimiló las innovadoras ideas de los recién creados Estados-Unidos, y propuso en Francia proyectos de reformas políticas, administrativas y económicas.

En 1776, Turgot fue obligado a dimitir de su puesto de Controlador General y, en consecuencia, Condorcet elige dimitir de su puesto de Inspector General de La Moneda, aunque su dimisión fue rechazada por el Rey, lo que le obligó a quedarse hasta 1791. Más tarde, Condorcet escribiría "La Vida de M. Turgot" (1786), dónde expondría y probaría la validez de las teorías económicas de Turgot.

Condorcet continuaría acumulando funciones por lo menos prestigiosas: en 1777, es nombrado secretario de la Academia de Ciencias, y en 1782, se convierte en secretario de la Academia Francesa.

En 1785, Condorcet publicó uno de sus principales trabajos: el "Ensayo sobre la aplicación del análisis en la probabilidad de las decisiones dadas a la pluralidad de las voces". En esa obra, explora la "Paradoja Condorcet", que describe como la intransividad posible de la mayoría: entre un mismo electorado y durante una misma elección, es posible que una mayoría prefiera A a B, que otra mayoría prefiera B a C, y que una tercera mayoría prefiera C a A. Las decisiones tomadas a una mayoría popular mediante ese tipo de escrutinio serían pues incoherentes frente a aquellas que tomaría un individuo racional. Condorcet precisa él mismo, en sus trabajos, cómo poner en pie su paradoja, indicando qué cuestiones de tiempo práctico del escrutinio rinden las soluciones que prevee, imposibles, al menos en su época.

Hay que tomar nota de que, contrariamente a la opinión generalizada (entre otras por Robert Badinter en su biografía de Condorcet), esta paradoja no pone en duda más que la coherencia de "algunos sistemas de votación", y no la democracia en si misma.

El Teorema de la Imposibilidad de Arrow afirmará, sin embargo, en el siglo XX, que el problema es inherente a la democracia, sobre la base de hipótesis razonables, y evidentemente discutidas teniendo en cuenta el alcance del problema.

Su ensayo expone también el método de Condorcet, un método concebido para simular elecciones por parejas de candidatos. Ese mismo método es utilizado hoy día en "data mining".

En 1786, Condorcet trabajó de nuevo sobre el cálculo integral y las ecuaciones diferenciales, mostrando un nuevo modo de abordar los cálculos infinitesimales. Esos trabajos no fueron jamás publicados. En 1789, publicó "La Vida de Voltaire", dónde se muestra totalmente opuesto a la Iglesia como lo fue Voltaire.

En 1789, cuando estalla la Revolución en Francia, Condorcet mantiene un papel notable, él, gran defensor de numerosas causas liberales, quien esperaba una reconstrucción racionalista de la sociedad. Por ello, en 1791, fue elegido representante de París en el seno de la Asamblea Legislativa, convirtiéndose incluso en el secretario de dicha Asamblea. La Asamblea adoptó, por sistema educativo de la Nación, la estructura propuesta por Condorcet: introducción de la noción fundamental de laicidad en la enseñanza. Llegó incluso a presentar un borrador de constitución para la nueva Francia. A más a más, tomó parte activa por la causa de las Mujeres, pronunciándose a favor del voto femenino en un artículo del "Periódico de la Sociedad de 1789", y publicando en 1790 su "Sobre la Admisión de las Mujeres en el derecho de ciudadanía".

Desgraciadamente, Condorcet se encontró prontamente en mala postura. Dos corrientes ideológicas se enfrentaban sobre cómo reformar el Estado Francés: los Girondinos, favorables a una reconstrucción pacífica del país, y los Jacobinos, dirigidos por Maximilien de Robespierre, que abogaban por una purga radical del pasado imperial francés. Condorcet militaba en las filas Girondinas y votó contra la ejecución del rey Luis XVI.

Los Girondinos perdieron el control de la Asamblea a favor de los Jacobinos en 1793. El Jacobino Marie-Jean Hérault de Séchelles propuso entonces una nueva constitución, muy diferente de la propuesta por Condorcet. Éste último la criticó abiertamente, lo que provocó que fuera condenado por... "trahición". El 3 de octubre de 1793, la orden de arresto fue dictada contra Condorcet.

Amenazado de arresto, Condorcet se vió obligado a esconderse, encontrando refugio en casa de Madame Vernet, en la calle Servandoni (París), por espacio de cinco meses. Aprovechó su enclaustramiento para escribir su "Esbozo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano", que fue publicado después de su muerte, en 1795.

El 25 de marzo de 1794, abandonó su refugio convencido que ya no estaba seguro, e intentó huír de París. Arrestado en Clamart, dos días después (el 27), es inmediatamente encarcelado. Lo encontraron muerto dos días después en su celda, habiéndose aparentemente suicidado, aunque algunos sospecharon de que lo habían asesinado.

Cita del Marqués de Condorcet:

"Un día, el sol tan solo iluminará sobre la tierra a los hombres que no reconocen más señor que su razón."

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FELIX LOPE DE VEGA CARPIO 1562-1635

Posteado por: retratosdelahistoria el 15 nov En: Biografías - sin comentarios

Retrato de Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), Caballero de la Orden de Malta.

La personalidad de Lope de Vega es tan escurridiza y contradictoria que no cabe encerrarla en las líneas de una biografía. Habitualmente, su vida se nos presenta como una agitada sucesión de aventuras, una intensa crónica sentimental que ha sorprendido y admirado a varias generaciones de lectores. Sin embargo, fue una vida sedentaria, pobre en acontecimientos externos. Lope no salió nunca de la Península, exceptuando su participación en una expedición a las Azores y su discutido enrolamiento en «La Invencible». Lope fue un aventurero íntimo. Los múltiples y a veces turbulentos azares de su vida fueron esencialmente sentimentales y afectivos. Detalles tan recónditos de su existir no podríamos conocerlos si el propio poeta no hubiera ido trasponiendo esos pormenores a su obra literaria. Notario lírico de sí mismo, basta que nos asomemos a su romancero morisco o al pastoril para ver al trasluz de Azarque, de Zaide, o de Belardo, al joven arrebatado y sentimental que fue o creyó ser. Sus versos cultos son plasmación casi inmediata de las tormentas que pasaba su alma. Incluso en la poesía épica o dramática, tan ajenas a la expresión de la subjetividad, encontramos alusiones a sus odios y amores, a los momentos de felicidad o amargura que el destino tuvo a bien depararle.

Lope sentía la necesidad de dejar testimonio de sí mismo. Esta pasión, que tanto ha ayudado a sus biógrafos, encierra también sus trampas y peligros. Es evidente que el protagonista no es -no puede ser nunca- un narrador imparcial. Sobre todos los acontecimientos pondrá el filtro de la subjetividad. Pero a esa distorsión debe añadirse otra: Lope gustaba de verse a sí mismo como personaje literario y recreaba su propia imagen según los tópicos del momento, a los que dotaba de una nueva vitalidad y calor. Añadamos a esto que tuvo siempre sus manías y entre ellas se contó el acrecentar el número, en verdad grandísimo, de sus obras y el restar algunos de sus años. Las referencias autobiográficas que dejó en verso y prosa hay que mirarlas al trasluz para adivinar en ellas, no tanto el dato concreto que en ocasiones aportan, cuanto el proceso psicológico que insinúan o esconden. En casi todas sus obras encontraremos la vida invadida por la literatura y, como corolario, la literatura impregnada de vida. Si Ramón Gómez de la Serna dijo de Quevedo que «tenía vocación de muerto», de Lope de Vega pudo decir muy bien que tenía «vocación de vivo». Gran parte de la vida del gran poeta la transformará en poesía.

Félix Lope de Vega Carpio nació en Madrid a finales de 1562. Hay discusión acerca de la fecha exacta. El primero de sus biógrafos, su discípulo Juan Pérez de Montalbán, señaló el 25 de noviembre, «día de San Lope, obispo de Verona», pero W. T. McCready ha apuntado que el día de San Lope es el 2 de diciembre, por lo que también se apunta esta última fecha. Sus padres fueron Félix de Vega y Francisca Fernández Flórez, naturales -al parecer- del Valle de Carriedo, en la Montaña santanderina. Félix de Vega, bordador de profesión, debió de acudir a Madrid en 1561, atraído por las posibilidades profesionales y económicas que le brindaba la recién estrenada capitalidad. Años después, Lope se inventó una novela, o poco menos, a propósito de su nacimiento. En una carta a una poetisa indiana, que llama Amarilis, y que parece que es invento suyo también, le dice cuál es su procedencia:

Tiene su silla en la bordada alfombra

de Castilla el valor de la Montaña

que el valle de Carriedo España nombra.

Allí otro tiempo se cifraba España,

allí tuve principio: mas ¿qué importa nacer laurel y ser humilde caña?

Falta dinero allí, la tierra es corta;

vino mi padre del solar de Vega:

así a los pobres la nobleza exhorta.

Siguióle hasta Madrid, de celos ciega,

su amorosa mujer, porque él quería

una española Elena, entonces griega.

Hicieron amistades, y aquel día

fue piedra en mi primer fundamento

la paz de su celosa fantasía.

En fin, por celos soy, ¡qué nacimiento!

Imaginadle vos, que haber nacido

de tan inquieta causa fue portento.

Lope se jactó siempre del origen montañés que apunta en el texto citado y de la «nobleza» que le venía de sus antepasados. Esa hidalguía estaba más en su imaginación que en los documentos o en la consideración social. Se ha insinuado la posibilidad de que Lope fuera de origen converso. Quizá se trate de un mero fruto de la marea provocada por los escritos de Américo Castro. En los textos de Lope se recrea con cierta frecuencia el caso del hombre valioso cuyo ascenso se ve injustamente dificultado por su origen. No obstante, en otras obras no faltan puntazos antijudaicos, que reafirman los viejos tópicos de la comunidad cristianovieja y nos muestran que el poeta había asimilado los valores imperantes en la sociedad de su tiempo.

El que sería conocido como «Fénix de los ingenios españoles» comenzó estudiando en la escuela de Madrid que regentaba Vicente Espinel, a quien siempre trata con veneración y respeto en sus escritos. Continuó su formación en el estudio de la Compañía de Jesús, que más tarde se convertiría en Colegio Imperial. Posteriormente, parece que cursó cuatro años (1577-1581) en Alcalá de Henares, aunque sin alcanzar ningún título. Había entrado siendo muy joven al servicio del obispo de Cartagena, inquisidor general y más tarde obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique. Algún estudioso ha apuntado la posibilidad de que también estudiara en la Universidad de Salamanca, pero de esto no existe más indicio que una ambigua alusión en la presentación del apócrifo Tomé de Burguillos. La inspiración salmantina y universitaria de algunas de sus obras (El bobo del colegio, El dómine Lucas...) puede y debe explicarse, mientras no dispongamos de noticias más concretas y fidedignas, por su estancia en Alba de Tormes en 1590-1595.

En junio de 1583 zarpó de Lisboa, tras alistarse en la escuadra que, al mando del marqués de Santa Cruz, tenía como objetivo reducir la resistencia que en la isla Terceira (Azores) oponía el prior de Crato, aspirante al trono portugués, a la autoridad de Felipe II. Al regreso, conoció a la primera de las numerosas mujeres que amó: Elena Osorio, Filis, hija del empresario teatral Jerónimo Velásquez, separada de su marido. En 1587, al saber que un importante personaje, Francisco Perrenot Granvela, lo desplazaba del amor de Elena, hizo circular contra ella y su familia unos poemas insultantes, por lo que fue condenado a cuatro años de destierro de Madrid y a dos del reino de Castilla. Pero el 10 de mayo de 1588 contrae matrimonio por poderes con Isabel de Alderete (Belisa) o de Urbina, hija del famoso pintor. Por esas fechas aseguró Lope que se alistó en la Gran Armada que se dirigía contra Inglaterra, luchando en el galeón San Juan, pero es dudoso; en la corta travesía, que probablemente no abandonó la costa hispano-portuguesa, escribió un poema épico al modo ariostesco: La hermosura de Angélica.

En diciembre de 1588 volvió derrotada «La Invencible» y con ella debió regresar Lope, que se dirigió a Valencia, tras incumplir la condena que se le había impuesto al pasar por Toledo. Con Isabel de Urbina vivió en la capital del Turia, donde afianza su estética teatral junto a notables dramaturgos como Tárrega, Gaspar Aguilar, Guillén de Castro, Carlos Boil y Ricardo del Turia.

Tras cumplir los dos años de destierro del reino, Lope se trasladó a Toledo y allí sirvió a don Francisco de Ribera Barroso, más tarde segundo marqués de Malpica, y entró al servicio del quinto duque de Alba, don Antonio de Toledo y Beaumont (en la ilustración contigüa). Como gentilhombre de cámara se incorporó a la corte ducal de Alba de Tormes, donde vivió entre 1592 y 1595. Allí murieron Isabel de Urbina (en otoño de 1594), al dar a luz a Teodora, y las hijas habidas en el matrimonio. Escribió por entonces su novela pastoril La Arcadia.

En diciembre de 1595 le llega el anhelado perdón y regresa a Madrid, donde es acogido calurosamente. Una nueva pasión le aguarda: Micaela Luján, Celia o Camila Lucinda en sus versos, mujer bella e inculta, también casada, con la que mantiene relaciones hasta 1608, y de la que tendrá cinco hijos, entre ellos dos de sus predilectos: Marcela (1606) y Lope Félix (1607). A partir de 1608 se pierde el rastro literario y biográfico de Micaela de Luján. Lucinda es la única de las amantes mayores del Fénix cuya separación no dejó huella en su obra. Pero en 1598 había contraído segundas nupcias, tal vez por dinero, con Juana de Guardo, hija de un rico abastecedor de carnes, vulgar y poco agraciada. Sólo en los poemas dedicados a su amado hijo Carlos Félix (el matrimonio tuvo, además, tres hijas) asoma la figura borrosa de la esposa. Durante bastantes años Lope se dividió entre los dos hogares. A pesar de tan ajetreada existencia, esta época fue pródiga en impresiones. Para entender en su justa dimensión lo que significa esta avalancha de papel impreso, debemos tener presente que en el Siglo de Oro los poetas, por timidez o despreocupación, se resistían a imprimir los frutos de su ingenio. La obra de Lope se había difundido manuscrita y a través de ediciones que el autor no había promovido ni autorizado. Espera hasta los treinta y ocho años -él, que era famoso desde los veintipocos- para resolverse a patrocinar con su nombre las ediciones.

En 1605 conoce y traba amistad con don Luis Fernández de Córdoba y de Aragón, duque de Sessa, con el que mantendrá a lo largo de toda su vida una extraña relación en la que se mezclan los papeles de secretario, confidente y alcahuete.

En septiembre de 1610 Lope se traslada definitivamente a Madrid y compra la casa de la calle Francos (hoy de Cervantes), en la que vivirá el resto de sus días. En 1609 había ingresado en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento en el oratorio de Caballero de Gracia y al año siguiente se adscribió al oratorio de la calle del Olivar.

Pero no duró mucho esta experiencia plácida y sin contratiempos. Doña Juana sufre frecuentes enfermedades y en 1612 Carlos Félix, al que había dedicado poco antes Los pastores de Belén, muere de unas calenturas. El poeta escribirá una de las más bellas elegías de nuestra lengua («Éste de mis entrañas dulce fruto...»), pero poco intensa, porque Lope era demasiado vital. El 13 de agosto del año siguiente Juana de Guardo muere también, al dar a luz a Feliciana. El 24 de mayo de 1614 decide ordenarse de sacerdote. La huella literaria de esta crisis y sus arrepentimientos irá a parar a las Rimas sacras, publicadas en 1614, que contienen sin disputa los más bellos sonetos sacros del Barroco. La emoción poética, tan patente, procede de la angustia de sentirse preso en un pasado y vislumbrar al mismo tiempo otros gozos espirituales. Todo lo que fue entrañable y apasionada poesía amorosa se convierte ahora en poesía a lo divino, por decirlo así. Las Rimas sacras contienen esos bellísimos sonetos que figuran en todas las antologías, «¿Qué ceguedad me trujo a tantos daños?», «Pastor, que con tus silbos amorosos» y «¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?», en el cual se dan cita algún versículo del Cantar de Cantares con Horacio y la experiencia de un Lope amante de Elena Osorio cuando pasaba muchas noches tendido en el suelo de la casa de la amante. Ahora bien, Lope también pagó su tributo a aquella poesía conceptista de Bonilla y Ledesma, que tantos estragos causó, como el dedicado a San Roque, que comienza «Jaque de aquí con este santo Roque»; pero al que sigue otro soneto lleno de desengaño barroco: «¡O engaño de los hombres, vida breve!». Pero tampoco lo pasaba muy bien con la «nueva poesía», que se había divulgado mucho, y tampoco Góngora dejaba pasar ninguna oportunidad de zaherir a Lope, quien, a su vez, le admiraba y temía.

El recién ordenado entró enseguida en la carrera de los beneficios eclesiásticos. Por medio del duque de Sessa consiguió una «prestamera» en la diócesis de Córdoba y en 1615 solicitó una capellanía que instituyó en Ávila su antiguo protector Jerónimo Manrique. En octubre de ese mismo año acompañó a su señor en la comitiva que acudió a Irún con la infanta Ana de Austria y dio escolta de honor hasta Madrid a Isabel de Borbón, la futura esposa de Felipe IV.

Poco duró la castidad del nuevo sacerdote. Además de la relación con una comedianta («La loca») durante su viaje a Valencia de 1616, Lope tiene el último gran amor de su vida en otra mujer casada, Marta de Nevares, a la que en los textos literarios llamará Amarilis y Marcia Leonarda. Cuando se conocieron, la muchacha tenía veintiséis años y el poeta rondaba los cincuenta y cuatro. Estos amores sacrílegos se divulgaron muy pronto por Madrid y no tardaron en aparecer críticas mordaces y sangrientas. Marta, que apenas alcanzaba los treinta años cuando enviudó, gozaba, a juzgar por el retrato que nos dejó Lope, de una singular belleza. Lo espiritual no iba por detrás de lo físico. Amarilis tenía verdadera afición al arte y animó a Lope a proseguir su carrera literaria e incluso a experimentar nuevos géneros que hasta entonces no había cultivado. Así nacieron las cuatro novelas italianas que, dedicadas a la señora Marcia Leonarda, aparecieron en La Filomena (1621) y La Circe (1624).

De mediados de 1620 es la famosa Justa poética en honor a San Isidro, en la que hizo figurar a Tomé de Burguillos. Su hijo Lope ingresaba en el ejército y su hija Marcela profesaba en las Trinitarias descalzas, lo que poetizará Lope en una carta a Francisco de Herrera Maldonado. En cambio, la que dirigió a Francisco de Rioja es un breve Laurel de Apolo, con pequeños elogios y sin olvidar a los enemigos.

En 1621 Marcela, la hija de Lucinda, ingresó en el cercano convento de las trinitarias. Por las mismas fechas, quizá algo antes, Marta de Nevares pierde la vista, lo que será el prólogo de otra serie de desgracias familiares que acometerán al viejo poeta. En tanto, Lope trata de acercarse a los nuevos gobernantes. Desde 1621 reinaba Felipe IV y gobernaba don Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares. A éste y a su hija dedica alguna obra, pero no consigue el favor buscado. El desaire de los poderosos irá engendrando un sentimiento de desengaño y frustración que impregnará sus obras de vejez.

Parece que en 1628 Marta sufrió ataques de locura. A pesar de todo, el Fénix sigue publicando: el Laurel de Apolo (1629), El castigo sin venganza (1631), La Dorotea (1632). En este último año, el 7 de abril, muere, con poco más de 40 años, Marta de Nevares. El entierro lo pagó oficialmente Alonso Pérez, el librero amigo del poeta y padre del discípulo predilecto.

Con la muerte de Amarilis no terminaron las desdichas y las inquietudes de Lope, porque en 1634 moría su hijo Lope Félix, y su hija Antonia Clara, la que tuvo con Marta de Nevares, se fugaba de casa con Cristóbal Tenorio, lo que lamentará bellísimamente Lope en la égloga «Filis». Sigue, no obstante, dando a la escena nuevas comedias, como Las bizarrías de Belisa, y, en medio de este torbellino de sucesos, tiene Lope el humor de publicar las Rimas humanas y divinas del Licenciado Tomé de Burguillos, uno de los libros más encantadores y llenos de humor de la poesía española de todos los tiempos. En el prólogo, Lope asegura con gracia haber conocido a Tomé de Burguillos en Salamanca y que «parecía filósofo antiguo en el desprecio de las cosas que el mundo estima». Quevedo, en su Aprobación, dice: «El estilo es, no sólo decente, sino raro, en que la lengua castellana presume victorias de la latina, bien parecido al que solamente ha florecido sin espinas en los escritos de frey Lope de Vega Carpio, cuyo nombre ha sido universalmente proverbio de todo lo bueno, prerrogativa que no ha concedido la fama a otro nombre.»

Lope no dejó de escribir hasta cuatro días antes de su muerte. Muchos de estos poemas de los últimos tiempos se publicaron póstumamente en La vega del Parnaso (1637).

El 25 de agosto de 1635 sufrió un desmayo que le obligó a guardar cama. Dos días después, el lunes 27, moría en su casa de la calle de Francos cuando contaba setenta y tres años. El martes lo enterraron solemnemente en la iglesia de San Sebastián. Las honras fúnebres las costeó el duque de Sessa y se convirtieron en un homenaje multitudinario. El funeral acordado por el ayuntamiento de Madrid fue prohibido por el Consejo de Castilla; la vida irregular que había llevado el poeta le persiguió aun después de muerto.

Lope de Vega cultivó la mayor parte de los géneros vigentes en su tiempo, muchas veces con extraordinaria calidad. Y tan copiosamente, que ello le valió el título de «Monstruo de la naturaleza». Su obra lírica es muy extensa. Estrictamente líricos son sus libros Rimas sacras (1604), Romancero espiritual (1619), Triunfos divinos con otras rimas sacras (1625) y una serie de folletos con uno o varios poemas, como Cuatro soliloquios (1612) y las églogas Amarilis (1633) y Filis (1635). Libros misceláneos son las Rimas (1602), formado por doscientos sonetos, y los poemas épicos La hermosura de Angélica y La Dragontea; y las burlescas Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (1634), donde incluye La Gatomaquia. Intercala poesías líricas en varios de sus volúmenes en prosa, las junta a diversos poemas épicos y las mezcla con prosas y comedias en La vega del Parnaso (1637).

Prolonga en sus composiciones más refinadas la lírica que Garcilaso había instaurado, pero no olvida la poesía octosilábica del Cancionero y revitaliza formas líricas populares, que suele insertar en sus comedias. Contribuye, además, a la creación del Romancero nuevo; muchos de sus romances constituían una crónica de sus amores y gozaban de enorme popularidad. Pero Góngora, prestigioso entre los doctos, lo ataca cruelmente. Lope se defiende, lo zahiere sobre todo en sus comedias, lo envidia y admira a la vez. Y, sin modificar su conducta poética -sencillez, «conceptos» al modo cancioneril, adorno moderado compatible con la claridad-, cede a veces al estilo gongorino.

La vena épica de Lope se desarrolla, primero, bajo el influjo del espíritu lozano y entusiasta de Ariosto y, más tarde, bajo el más austero de Tasso. Pertenecen a este género La Dragontea (1598; sobre la derrota y muerte del corsario Drake), El Isidro (1599; excepcionalmente compuesto en quintillas octosilábicas, en correspondencia con el carácter popular del santo madrileño cuya vida narra), La hermosura de Angélica (1602;única contribución de Lope a la épica imaginaria ariostesca, irregular y farragosa) y Jerusalén conquistada (1609; en veinte cantos, como la «liberata» de Tasso, y unas mil octavas reales, centradas en la tercera cruzada).

Estos poemas y, desde luego, su teatro disgustaban a los doctos fieles a las doctrinas aristotélicas. Tres de ellos, Pedro Torres Rámila, Cristóbal Suárez de Figueroa y Juan Pablo Mártir Rizo, publican un feroz libelo contra Lope, la Spongia (1617), donde juzgan despectivamente sus novelas pastoriles y descalifican toda su épica; llaman a La Dragontea «deshonor de España» y califican la Jerusalén de «pedestre oración». Pero Lope, aunque amargado -culteranos y aristotélicos lo descalifican-, prosigue con sus intentos épicos. Tras el Polifemo de Góngora, ensaya la fábula mitológica extensa con cuatro poemas: La Filomena (1621; donde ataca a Torres Rámila), La Andrómeda (1621), La Circe (1624) y La rosa blanca (1624; blasón de la hija del conde-duque, cuyo complicado origen mítico expone). Vuelve a la épica histórica con La corona trágica (1627, en 600 octavas sobre la vida y muerte de María Estuardo). Por fin, en 1634, con el buen humor que había inspirado las Rimas de Burguillos, compone La Gatomaquia, gracioso poema épico-burlesco de 2.811 versos, donde narra las peripecias amorosas de los gatos Marramaquiz, Zapaquilda y Micifuz.

Ya en prosa, sólo tres géneros narrativos dejaron de interesarle: el caballeresco, el morisco y el picaresco. Y así, escribió dos novelas pastoriles, La Arcadia (1589; cuyo argumento encubre peripecias amorosas del duque de Alba) y Los pastores de Belén (1612; con tema sacro, desarrollado con particular encanto). En 1604, cediendo al prestigio europeo de la novela bizantina, publica El peregrino en su patria, obra miscelánea en que las aventuras de los protagonistas se entremezclan con poesías y comedias. Conforme al modelo de la novella italiana que Cervantes había introducido, escribe sus cuatro novelas dedicadas a Marcia Leonarda: Las fortunas de Diana (1621; incluida en el volumen de La Filomena), La desdicha por la honra, La prudente venganza y Guzmán el Bravo, publicadas con La Circe (1624). Sigue los pasos de Cervantes, a quien estimaba poco y al que, sin embargo, dice, «no faltó gracia ni estilo».

Mientras, viejo y cansado, cuida a Marta de Nevares, ultima Lope una obra maestra, elaborando tal vez materiales muy anteriores: La Dorotea (1632, año en que muere Amarilis), donde evoca sus amores mozos con Elena Osorio. La denominó «acción en prosa»; está dividida en cinco actos, y es un largo texto irrepresentable, en la estela de La Celestina, en donde los personajes encubren apenas a los protagonistas de aquellos episodios juveniles.

Como escritos apologéticos y doctrinales y cartas, puede abrirse en la obra de Lope un apartado, en el que se incluiría el poema Arte nuevo de hacer comedias (1609; en 376 endecasílabos sueltos dirigidos a la Academia de Madrid, con los que, irónicamente, defiende su estética teatral); Isagoge a los reales estudios de la Compañía de Jesús (1629; novela en silvas para las fiestas de fundación del Colegio Imperial), El laurel de Apolo (1630; casi 7.000 versos en alabanza de escritores y pintores españoles y extranjeros) y Triunfo de la fe en los reinos del Japón (1618; en prosa, sobre hechos acaecidos en las misiones de los jesuitas). Se conservan, además, casi 800 cartas dedicadas, en su mayor parte, al duque de Sessa, de enorme valor biográfico.

Lope declaró haber escrito 1.500 piezas dramáticas; se conservan 426 comedias a él atribuidas (de las que sólo 314 son seguras) y 42 autos sacramentales. Aprovechando hallazgos de precursores, como los valencianos citados más arriba, de Juan de la Cueva, y de La Celestina, fija la fórmula de la comedia (nombre genérico dado a cualquier pieza teatral larga), que obtiene una triunfal acogida popular. Quebranta las unidades de lugar, tiempo y acción, exigidas por los preceptistas (y también por escritores como Cervantes, frustrado como autor dramático por el triunfo de Lope). Y mezcla lo cómico y lo trágico tratando, dice, de imitar a la naturaleza. Al servicio de este ideal, forja la «figura del donaire», que media con su sentido común y su buen humor entre los espectadores y la escena. Pero al postular tal mezcla, renuncia a la tragedia (El castigo sin venganza es bastante excepcional) y se predispone para componer comedias propiamente dichas, y tragicomedias, entre las que destacan las de comendadores, con asuntos de honra. Escribe en verso, con variedad de metros (predomina el octosílabo) y estrofas conforme a las exigencias de la peripecia. Adopta la división en tres actos o jornadas, y acoge temas de muy variada naturaleza, sumiéndolos en un clima intensamente español: de historia antigua (El esclavo de Roma) y extranjera (El gran duque de Moscovia), religiosos (La buena guarda), mitológicos (El laberinto de Creta), de enredo inventado (El acero de Madrid, La dama boba y El perro del hortelano), etc. Especialmente importantes son las obras inspiradas en temas de la Historia y leyendas españolas, con que contribuía a la forja de una conciencia nacional (El mejor mozo de España, El mejor alcalde el rey, Fuente Ovejuna, Las paces de los Reyes y judía de Toledo; se le ha atribuido, pero no es suya, La Estrella de Sevilla). Algunas de sus mejores tragicomedias se inspiran en canciones populares (Peribáñez y el comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo). Otras comedias (El villano en su rincón) dramatizan también motivos folklóricos. Probablemente, ningún otro escritor ha interpretado tan profundamente a su pueblo.

FUENTES:

-"Lope de Vega, poeta" de José Manuel Blecua in "Lecciones de Literatura Universal. Siglos XII a XX", Edit. J. Llovet, Ed. Cátedra, Madrid 1996.

-"Félix Lope de Vega Carpio" de Fernando Lázaro Carreter in "Diccionario de Literatura Española e Hispanoamericana", Ed. Alianza, Madrid 1993.

-"Lope de Vega" in "Perfil Biográfico" de Felipe B. Pedraza Jiménez, Ed. Teide, Barcelona 1990.

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/lope/a_biografico.shtml

 

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HYPATIA / HIPATIA DE ALEJANDRIA

Posteado por: retratosdelahistoria el 26 oct En: Biografías Temas - sin comentarios

HYPATIA DE ALEJANDRÍA

Hypatia, fue la primera matemática de cuya vida y obra se tiene un conocimiento razonable y es uno de esos personajes de la historia que rompe con todos nuestros esquemas.

Nació alrededor del año 370 d.C. en Alejandría, entonces parte de Roma. Hija del matemático Teón, quien fuera profesor y último rector del célebre Museion, lo que podría considerarse la Universidad de Alejandría de entonces. Su padre se propuso hacer de Hypatia un perfecto ser humano, en el más puro sentido clásico griego y parece ser que desde su infancia la rodeó de una atmósfera que estimulara su disposición a explorar, cuestionar y aprender. Al parecer la educación de Teón consiguió su objetivo pues a decir de Sócrates Escolástico, historiador de Hypatia, 120 años después de su muerte: "la belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron legendarios y superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente en la observación de los astros".

Como parte de su educación Hypatia hizo varios viajes al extranjero por un periodo de alrededor de diez años; al menos en uno de esos viajes estuvo en Atenas y fue discípula de Plutarco y de Temisteo, filósofos griegos fundadores de la escuela neoplatónica. Cuando volvió a Alejandría las autoridades del Museion la invitaron a formar parte del cuerpo de profesores y allí pasó gran parte de su vida dedicada a investigar y enseñar Matemáticas, Geometría, Astronomía, Lógica, Filosofía y Mecánica, ocupaba la cátedra de Filosofía platónica por lo que sus amigos y compañeros la llamaban "la filósofa". Ganó tal reputación que al Museion asistían estudiantes de todo el mundo conocido a escuchar sus enseñanzas sobre "la Aritmética de Diofanto" y su casa se convirtió en un gran centro intelectual. Citando nuevamente a Sócrates Escolástico: "consiguió un grado tal de cultura que superó con mucho a todos los filósofos contemporáneos. Heredera de la escuela neoplatónica de Plotinio, explicaba todas las ciencias filosóficas a quien lo deseara. Con este motivo, quien deseaba pensar filosóficamente iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba... pero a más de saber filosofía era también una incansable trabajadora de las ciencias matemáticas".

A pesar de su inteligencia y su belleza nunca se casó ni tuvo descendencia aunque se le atribuyeron varios romances, entre ellos con el prefecto de Roma, Orestes.

A finales del siglo IV el imperio romano, del cual formaba parte Alejandría, estaba muy dividido, tanto en el aspecto religioso como en la lucha por el poder político y social. Aunque la religión oficial era el cristianismo, la Iglesia se había visto en la necesidad de convivir con otras religiones. Los pueblos, que a su paso hacia el oriente, había conquistado Alejandro Magno, profesaban desde el judaísmo hasta una buena cantidad de religiones paganas y sectas consideradas herejes por los cristianos.

Hasta el año 412, a pesar de la situación de efervescencia que se vivía en el Imperio Romano, Hypatia se había mantenido al margen de esta lucha por el poder. Tal vez gracias a que su interpretación del neoplatonismo, más intelectual que mística, podía conciliarse con ciertas tendencias liberales del cristianismo. Además, estaba muy bien relacionada con la iglesia y con el estado. La percepción favorable de la Iglesia se debía a que uno de sus discípulos, Sinecio de Cirene (sobrino del hasta entonces obispo de Alejandría, Teófilo) tenía una posición muy importante dentro de la misma. Convertido al cristianismo, contribuyó a formular la doctrina de la trinidad, utilizando los principios de la filosofía neoplatónica aprendida de Hypatia. Sinecio tenía una gran admiración y un afecto especial por su maestra y la protegió mientras vivió. Además a Hypatia la amparaba su amigo Orestes, prefecto de Roma que había permanecido leal al paganismo.

Toda esta situación cambió cuando después de la muerte de Sinecio y de su tío Teófilo, nombraron a Cirilo obispo de la ciudad de Alejandría. Para ese entonces la iglesia cristiana había declarado una lucha frontal lo mismo contra las otras religiones como contra el estado laico representado por Orestes.

Se dice que Cirilo era enemigo de esta mujer científica, a la que temía y admiraba a la vez. Pero siguiendo la tónica general de la época, no le era posible comprender ni tampoco consentir que una mujer se dedicase a la ciencia y menos aún a esa clase de ciencia que difícilmente podían comprender las personas que no eran eruditas en el tema. Por lo tanto creó un clima y un ambiente de odio y fanatismo hacia ella, tachándola de hechicera y bruja pagana.

Además, la filosofía neoplatónica de la cual Hypatia era su estandarte, fue declarada hereje por Cirilo. En esta atmósfera explosiva surgieron una serie de desavenencias entre Orestes y Cirilo que dieron origen a revueltas y violentos motines.

Hypatia había sido señalada como hereje y como muy influyente sobre Orestes por el nuevo obispo Cirilo. Así pues, un día del mes de marzo del año 415, Hypatia fue asesinada de la manera más cruel por un grupo de monjes fanáticos. Los hechos están recogidos por un obispo de Egipto del siglo VII llamado Juan de Nikio. En sus escritos justifica la masacre que se hizo durante aquel año contra los judíos de Alejandría y también la muerte de Hypatia. Cuenta cómo un grupo de cristianos atolondrados, impetuosos y violentos, seguidores de un lictor llamado Pedro fueron en su busca, la golpearon, la desnudaron y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar a un templo llamado Cesareo; allí continuaron con la tortura cortando su piel y su cuerpo con conchas afiladas hasta que murió; a continuación descuartizaron su cuerpo y lo llevaron a un lugar llamado Cinaron donde finalmente lo quemaron.

De esta manera creyeron dar muerte a lo que ellos llamaban idolatría y herejía. La biblioteca de Alejandría unida al Museion fue incendiada poco después de la muerte de Hypatia. Desaparecieron miles de ejemplares de una de las más grandes bibliotecas que jamás hayan existido, desaparecieron también los animales vivos y disecados, los aparatos, los instrumentos de medición, los instrumentos musicales, los grandes salones, las fuentes, los patios. Los académicos que allí trabajaban e investigaban fueron perseguidos y en algunos casos asesinados.

Orestes, el prefecto romano amigo de Hypatia informó de los hechos y pidió a Roma una investigación. Pero por "falta de testigos", se fue retrasando, hasta que llegó un momento en que el propio Cirilo aseguró que Hypatia estaba viva y que habitaba en la ciudad de Atenas. Orestes tuvo que huir de Alejandría y abandonar su cargo. Con la muerte de Hypatia se terminó también la enseñanza del pensamiento de Platón no sólo en Alejandría sino en el resto del Imperio. El interés por las ciencias fue debilitándose, pudo sobrevivir en Bizancio y poco después empezó de nuevo a florecer en el mundo árabe.

El obispo Cirilo fue después canonizado por la Iglesia y es conocido como San Cirilo en la Iglesia Ortodoxa.

 

La Escuela de Atenas, por Rafael Sanzio (1514-1516)

Muchos siglos después, el pintor Rafael presentó en Roma su obra "La Escuela de Atenas" y algunos obispos y sacerdotes preguntaron:

-¿Quién es esa mujer que está en el centro?

- Hypatia, la estudiante más famosa de la Escuela de Atenas. -respondió Rafael.

- Quitadla de ahí. Sus conocimientos y su ciencia iban en contra de la fe. -le amonestó uno de los sacerdotes-, por lo demás el cuadro es aceptable.

- Como ordeneis, -le contestó el artista que no tenía elección.

Pero Rafael se salió con la suya, utilizando a Francesco Maria della Rovere como modelo, que por sus suaves facciones podía pasar por una mujer.

Texto de Maralvi / "Hypatia de Alejandría" para Retratos de la Historia.

 

HIPATIA DE ALEJANDRÍA / in Wikipedia

Hipatia

(/hy.pa.'ti.a/; Griego: Ὑπατία; Alejandría, 355 ó 370 - Ibídem, marzo de 415 ó 416 ) fue una filósofa y maestra neoplatónica romana, natural de Egipto, que destacó en los campos de las Matemáticas y la Astronomía, miembro y líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. Seguidora de Plotino, cultivó los estudios lógicos y las ciencias exactas, llevando una vida ascética. Educó a una selecta escuela de aristócratas cristianos y paganos que ocuparon altos cargos, destacándose entre ellos el obispo de Ptolemaida, Sinesio de Cirene -que mantuvo una importante correspondencia con su maestra-, Hesiquio el Hebreo y Orestes, que era prefecto imperial de Egipto cuando murió la filósofa alejandrina.

Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia es la primera mujer matemática de la historia de la humanidad de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió libros sobre geometría, álgebra y astronomía, mejoró el diseño de los primitivos astrolabios -instrumentos que permiten determinar las posiciones de las estrellas sobre la bóveda celeste- e inventó un hidrómetro.

Hipatia murió a una edad avanzada, 45 ó 60 años (dependiendo de cuál sea su fecha correcta de nacimiento), linchada por una turba de cristianos. Su asesinato se produjo en el marco de la hostilidad cristiana hacia el declinante paganismo y las luchas políticas entre las distintas facciones de la Iglesia, el patriarcado alejandrino y el poder imperial, representado en Egipto por el prefecto Orestes, ex alumno de la filósofa. La fuente antigua más cercana a los hechos (la Historia Eclesiástica de Sócrates Escolástico) afirma que la muerte de Hipatia fue causa de no poco oprobio para el Patriarca Cirilo de Alejandría y la iglesia de Alejandría. Otras fuentes antiguas, tanto paganas como cristianas (Damascio, Juan de Nikiû), insisten en la responsabilidad del Patriarca y su entorno, por lo que muchos consideran probada o muy probable la implicación de Cirilo en los hechos, aunque el debate sobre el tema sigue abierto.

Su carácter singular de mujer entregada al pensamiento y la enseñanza en plena Tardoantigüedad, su fidelidad al paganismo en el momento de auge del catolicismo teodosiano como nueva religión del Estado, y su muerte a manos de cristianos le han conferido gran fama. La figura de Hipatia se ha convertido en un verdadero mito: desde la época de la Ilustración se la presenta como a una "mártir de la ciencia" y símbolo del fin del pensamiento clásico ante el avance del Cristianismo.[6] Sin embargo, en la actualidad se destaca que su asesinato fue un caso excepcional y que, de hecho, la escuela neoplatónica alejandrina perduró hasta el siglo VII.

Por su parte, los movimientos feministas la han reivindicado como paradigma de mujer liberada. Según la Suda, estuvo casada con otro filósofo, Isidoro, y se mantuvo virgen. Damascio refiere una anécdota que ilustra la actitud de Hipatia ante el sexo: cuando un discípulo le confesó que estaba enamorado de ella, la filósofa le arrojó un paño manchado con su sangre menstrual, indicando: "De esto estás enamorado, y no tiene nada de hermoso".

También se la ha asociado con la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, si bien no hay ninguna referencia literaria que vincule a ambas: la Gran Biblioteca desapareció en un momento incierto del siglo III, o quizá del IV, y su sucesora, la Biblioteca-hija del Serapeo, fue expoliada en 391. Según las fuentes, Hipatia enseñaba a sus discípulos en su propia casa.

VIDA

"Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales alcances en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción." Sócrates Escolástico.

Hipatia nació en Alejandría, capital de la diócesis romana de Egipto, a mediados del siglo IV, en 370, según algunas referencias, y en 355, al decir de otras. Pero dado que su discípulo Sinesio de Cirene nació en torno a 375, esta última fecha parece la más correcta. Su padre fue Teón de Alejandría, un célebre matemático y astrónomo, muy apreciado por sus contemporáneos, que probablemente debió trabajar y dar clases en la Biblioteca del Serapeo, sucesora de la legendaria Gran Biblioteca ptolemaica. Hipatia, por su parte, se educó en un ambiente académico y culto, dominado por la escuela neoplatónica alejandrina, y aprendió matemáticas y astronomía de su padre, quien además le transmitió su pasión por la búsqueda de lo desconocido.

Según el filósofo pagano del siglo VI Damascio, la maestra alejandrina era "de naturaleza más noble que su padre, [y] no se conformó con el saber que viene de las ciencias matemáticas, en las que había sido introducida por él, sino que se dedicó a las otras ciencias filosóficas con mucha entrega". Hipatia aprendió también sobre la historia de las diferentes religiones que se conocían en aquel entonces, sobre oratoria, sobre el pensamiento de los filósofos y sobre los principios de la enseñanza. Viajó a Atenas y a Roma, siempre con el mismo afán de aprender y de enseñar. Damascio afirmaba que "además de conseguir el grado más alto de la virtud práctica en el arte de enseñar, era justa y sabia, y se mantuvo toda la vida virgen", dato confirmado por la Suda, una enciclopedia bizantina del siglo XI, que sin embargo añade que fue "esposa de Isidoro el Filósofo".

La escuela de Hipatia

En torno al año 400 se había convertido en líder de los neoplatónicos alejandrinos, y, de acuerdo a la Suda, se dedicó a la enseñanza de la filosofía, centrándose en las obras de Platón y Aristóteles. La casa de Hipatia se convirtió en un lugar de enseñanza donde acudían estudiantes de todas partes del mundo conocido, atraídos por su fama. Entre sus alumnos había cristianos, como su alumno predilecto Sinesio de Cirene, futuro obispo de Ptolemaida (409-13), perteneciente a una familia rica y poderosa, que mantuvo una gran amistad con su maestra. Este personaje dejó escrita mucha información sobre Hipatia, y gracias a él conocemos sus obras, aunque ninguna se haya conservado. Dirigió a Hipatia las cartas 10, 15, 16, 46, 81, 124 y 154 de su epistolario. En esta correspondencia se mencionan los nombres de varios alumnos de Hipatia que fueron condiscípulos suyos: el hermano menor de Sinesio, su tío Alejandro, Herculiano, del que fue gran amigo, y al que consideraba "el mejor de los hombres", Olimpio, un rico terrateniente de Seleucia Pieria amigo de Sinesio, Isión, íntimo de Sinesio, Hesiquio de Alejandría, gramático y gobernador de Libia Superior, y su hermano Eutropio, el sofista Atanasio, Gayo, pariente de Sinesio, el gramático Teodosio y el sacerdote Teotecno, y unos tales Pedro y Siro, además del futuro prefecto imperial de Egipto, Orestes. Se han propuesto algunos otros nombres mencionados en las cartas de Sinesio, pero no hay pruebas de ello. En todo caso cabe indicar que sus alumnos fueron un grupo muy unido de aristócratas paganos y cristianos, algunos de los cuales desempeñaron altos cargos.

El mencionado Herculiano era probablemente hermano de Flavio Tauro Seleuco Ciro, destacado miembro de la Corte Imperial, que con posterioridad llegó a ser prepósito del sacro cubículo, prefecto urbano de Constantinopla, prefecto pretoriano de Oriente (439) y cónsul (441), convirtiéndose en el hombre más poderoso del Imperio de Oriente después del propio emperador Teodosio II.

El propio Sinesio manifiesta con elocuencia la devoción que Hipatia despertó en sus discípulos: en la carta 16 de su epistolario la saludaba como "madre, hermana y profesora, además de benefactora y todo cuanto sea honrado tanto de nombre como de hecho".

Egipto al comienzo del siglo V

Hipatia era pagana y le tocó vivir en tiempos duros para el declinante paganismo. Egipto se había convertido en sede de una de las comunidades cristianas más importantes del Imperio, y el Patriarca de Alejandría gozaba del máximo prestigio e influencia, junto a sus colegas de Jerusalén, Antioquía, Constantinopla y Roma. Sin embargo, la teórica primacía de Roma no se traducía en autoridad suprema. Durante los siglos IV y V las luchas de poder entre los patriarcados, y en especial entre Alejandría y Constantinopla, fueron constantes.

Teodosio I el Grande había convertido el llamado catolicismo en religión de Estado por el Edicto de Tesalónica de 380, imponiendo la ortodoxia nicena. Ello provocó la reacción tanto de los paganos como de las distintas interpretaciones del cristianismo, ahora oficialmente convertidas en herejías a perseguir y erradicar. A lo largo de las décadas siguientes tuvieron lugar grandes controversias y disputas entre las distintas facciones de cristianos, que llegaron en ocasiones a la violencia. Los filósofos neoplatónicos como Hipatia pronto fueron objeto de fuertes presiones. Algunos se convirtieron al cristianismo, pero Hipatia no consintió en ello, a pesar de los consejos de sus amigos, como Orestes, prefecto imperial y alumno suyo, que se había bautizado en Constantinopla antes de ir a desempeñar su cargo en Egipto. A pesar de su paganismo, Hipatia contó con la estima y protección de estas élites intelectuales cristianas, e incluso 120 años después de su muerte el historiador Sócrates Escolástico, muy valorado por su imparcialidad, la consideraba, a pesar de su religión, un "modelo de virtud". Orestes se dejaba aconsejar por Hipatia en los asuntos políticos y municipales, y el filósofo pagano Damascio confirma que Hipatia fue popular como consejera de las más altas magistraturas de Alejandría. Su alumno Hesiquio sentencia que era adorada y reverenciada en Alejandría: "Vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, o de Aristóteles, o de cualquier filósofo, a todos los que quisieran escuchar (...) Los magistrados solían consultarla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad..."; añadía que había recibido "muchas distinciones cívicas".

Por entonces el enérgico patriarca de Alejandría era el copto Teófilo (385-412), que, según Sinesio de Cirene, tenía tanta influencia entre las clases altas de Alejandría como la propia Hipatia. Gozaba de un inmenso poder, y en 391 obtuvo del emperador Teodosio una orden para demoler los templos paganos de su ciudad, entre ellos el Serapeum. Se supone que fue entonces cuando fue saqueada, o al menos vaciada, su biblioteca, sucesora de la gran Biblioteca de Alejandría. En 416, el teólogo e historiador hispanorromano Paulo Orosio vio con mucha tristeza los restos de la biblioteca del Serapeo, afirmando que «sus armarios vacíos de libros fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo». Hipatia evitó enfrentarse con Teófilo, cuyo gran enemigo fue el antioqueno Juan Crisóstomo, discípulo de Libanio y patriarca de Constantinopla, quien pretendía someterle a su autoridad. Teófilo obtuvo su gran victoria sobre Crisóstomo en el Sínodo de la Encina, en 403, logrando su deposición y exilio.

A pesar de todo cuanto se dijo en su contra, tras estos disturbios el episcopado de Teófilo trajo consigo a Alejandría una tranquilidad social desconocida durante la mayor parte del siglo IV, pletórico de tumultos sangrientos. Además, sus construcciones le granjearon las simpatías de la clase trabajadora.

Teófilo falleció el 17 de octubre de 412, y por su sucesión compitieron el arcediano Timoteo y Cirilo, hijo de una hermana de Teófilo. No era una querella baladí por motivos puramente religiosos, ya que el influyente patriarcado alejandrino era capaz de interrumpir los envíos de grano a la capital imperial y gozaba de una riqueza inmensa, que había permitido a Teófilo realizar grandes y lujosas construcciones, que asombraron a sus contemporáneos y escandalizaron a sus enemigos. Además, Egipto acogía una de las mayores y más organizadas comunidades cristianas del Imperio. Abundancio, el comandante de las fuerzas imperiales en Egipto (dux militum Aegypti), apoyó a Timoteo en contra de Cirilo, ya que la corte imperial pretendía ahorrarse problemas evitando la elección de otro militante anticonstantinopolitano como Teófilo. Sin embargo, Cirilo logró el patriarcado gracias al buen recuerdo dejado por su tío (que llegaría a ser santo de la Iglesia Copta) y a la antipatía de los alejandrinos hacia todo lo que viniera de Constantinopla.

El episcopado de Cirilo muestra una notable continuidad con la política de Teófilo: presión contra los paganos, herejes y judíos, conservación del apoyo de las grandes comunidades monásticas, cultivo de la alianza con Roma y oposición por todos los medios a la creciente influencia del Patriarcado de Constantinopla, íntimo aliado del trono imperial. Empezó por perseguir a los novacianos, a pesar del edicto de tolerancia que había promulgado hacia ellos Teodosio el Grande en 381. Se apoderó de todos sus objetos sagrados, y quitó al obispo novaciano Teopompo todas sus posesiones. Comenzó así una serie de enfrentamientos y una amarga hostilidad entre el Patriarca de Alejandría y el prefecto imperial Orestes, que veía en el poderoso obispo un detractor del poder y autoridad absolutos del Emperador.

Durante los motines antijudíos que tuvieron lugar en esos años, azuzados por Cirilo, Orestes trató de proteger a los hijos de Israel, tras una serie de incidentes de gran violencia, Cirilo logró expulsarlos y permitió que sus bienes fueran robados por la multitud. Con todo, los crímenes de los judíos contra los cristianos también estaban extendidos, y en general imperaba en Oriente un odio entre ambas confesiones religiosas.

Orestes puso estos hechos en conocimiento del Emperador, y, a juzgar por el relato de Sócrates Escolástico, debió solicitar la deposición y destierro de Cirilo, el cual buscó entonces la reconciliación con el prefecto imperial, a lo que éste se negó. Llegaron entonces 500 monjes procedentes del Desierto de Nitria para proteger al Patriarca, y provocaron una sedición. Al ver al prefecto, que circulaba en un carro, se abalanzaron sobre él llamándole adorador de ídolos y pagano, e insultándole. El prefecto gritó que era cristiano y que le había bautizado el propio Patriarca de Constantinopla. Uno de los monjes, llamado Amonio, hirió a Orestes de una pedrada en la cabeza, por lo que fue detenido, torturado y muerto. Cirilo enterró su cadáver en una iglesia y le tributó honores de mártir, con lo que la ruptura entre el Patriarca y el representante imperial fue total.

La muerte de Hipatia

Empezó entonces a correr entre los cristianos de Alejandría el rumor de que la causante de la discordia entre Cirilo y Orestes era la influyente Hipatia, amiga y consejera de su ex alumno y, presumiblemente, opuesta a los abusos del poder religioso. En plena Cuaresma, un grupo de fanáticos, dirigidos por un lector de nombre Pedro se abalanzó sobre la filósofa mientras regresaba en carruaje a su casa, la golpearon y la arrastraron por toda la ciudad hasta llegar al Cesáreo, magno templo edificado por Augusto tras su victoria sobre Marco Antonio y convertido en catedral de Alejandría. Allí, tras desnudarla, la golpearon con tejas hasta descuartizarla, y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad hasta llegar a un lugar denominado el Cinareo (por su nombre, se supone que un crematorio), donde los incineraron. Debía tener unos 60 años en el momento de su muerte.

Hesiquio sugería que el vínculo entre la astrología y la adivinación y la magia negra causaron su muerte. Un exaltado obispo copto del siglo VIII, Juan de Nikiû, la consideraba en plena ocupación árabe una bruja peligrosa, responsable del conflicto entre cristianos y judíos, y entre Orestes y Cirilo. Consideraba que la muerte de Hipatia no fue accidental, sino deseada por el obispo alejandrino, y la estimó una respuesta justificada a las provocaciones de la filósofa. No obstante, hay que señalar que Sócrates Escolástico caracterizó a los asesinos como poseídos por un "ímpetu furioso", y no por el "celo divino" que caracterizaba y legitimaba los actos de violencia religiosa.

Sócrates Escolástico achacó indirectamente a Cirilo la responsabilidad del asesinato de Hipatia, al manifestar que "este suceso acarreó no escaso oprobio tanto a Cirilo como a la iglesia de los alejandrinos", ya que no hay nada más opuesto al espíritu del cristianismo que el crimen. Las demás fuentes narran el suceso de manera similar. El historiador arriano coetáneo Filostorgio se limitó a echar la culpa a los homousianos, fieles al credo de Nicea. El historiador bizantino del siglo VI Juan Malalas se equivocaba al afirmar que Hipatia fue quemada viva (lo fue después de muerta), pero admitía la inducción de Cirilo y culpaba también a la propia naturaleza de los habitantes de Alejandría, violentos y "acostumbrados a toda licencia". Juan de Éfeso decía en la misma época que eran "una horda de bárbaros, directamente inspirada por Satán", y el propio Cirilo reprochó a los alejandrinos su carácter levantisco y pendenciero en su homilía pascual del año 419. De hecho, pocos años después, en 422, el sucesor de Orestes como prefecto imperial, Calisto, fue muerto en un nuevo tumulto. También se ha llegado a sugerir que la turba estaba enloquecida por los rigores del ayuno de Cuaresma.

Finalmente, la entrada referente a Hipatia en la monumental enciclopedia bizantina del siglo XI conocida como Suda atribuye también la responsabilidad del crimen a la envidia de Cirilo y al carácter levantisco de los alejandrinos, y da una clave para comprender la triste muerte de la filósofa al equipararla a los crueles asesinatos de dos obispos impuestos a los alejandrinos por la corte imperial de Constantinopla: Jorge de Capadocia (m. 361) y Proterio (m. 457). El primero fue atado a un camello, despedazado y sus restos quemados; y el segundo arrastrado por las calles y arrojado al fuego, asesinatos muy similares al de la propia Hipatia.

Se ha especulado con la intrigante posibilidad de que Cirilo mantuviera contactos con Hipatia a través de su ex alumno el obispo Sinesio de Cirene, amigo de su difunto tío el patriarca Teófilo. La muerte de Sinesio en 413 podría explicar en parte la repentina entrada de Hipatia en la política local y su oposición al Patriarcado. En todo caso, con las fuentes de las que disponemos no deja de ser una mera conjetura.

Sobre la motivación que Cirilo podría haber tenido para ordenar o inducir la muerte de la filósofa, los historiadores han concluido la confluencia de al menos cinco móviles:

La propia intolerancia del obispo hacia el paganismo y el neoplatonismo, que tanto había influido en el arrianismo.

La amistad e influencia de la filósofa sobre el prefecto imperial Orestes y las clases altas de Alejandría.

Los deseos de vengar la muerte del monje Amonio, ordenada por Orestes, quizá aconsejado por su ex-maestra.

La hostilidad de Hipatia hacia Teófilo y su sobrino por la destrucción del Serapeo y el saqueo de su biblioteca en 391, que posiblemente la llevara a azuzar el enfrentamiento entre el prefecto imperial y el patriarca.

El deseo de lanzar una seria advertencia a Orestes, mediante la muerte de alguien tan cercano como Hipatia.

Se ha argumentado que resulta poco verosímil que un político tan avezado como Cirilo llevara a cabo una acción tan contraproducente, y que se demostró perniciosa para los intereses del poderoso patriarcado alejandrino. Christopher Haas, de la Universidad John Hopkins, concluye que, con las fuentes de las que actualmente disponemos, "jamás sabremos si el propio Cirilo orquestó el ataque, o si, al igual que en la agresión contra Orestes, ciertos partidarios se decidieron unilateralmente a luchar en favor del patriarcado".

María Dzielska apunta, sin embargo, que, incluso si el crimen sucedió a sus espaldas, Cirilo debe ser considerado responsable en gran medida, por ser el instigador de la campaña contra la filósofa, como medio de combatir al prefecto imperial y su facción política, contraria a los excesos del Patriarcado.

Consecuencias

La muerte de Hipatia levantó un gran revuelo. Tras el cruel asesinato, Orestes informó de los hechos y pidió a Constantinopla que interviniera. La Suda afirma que el emperador Teodosio II quiso en principio castigar a Cirilo, tanto por justicia como por ser un gran protector de las enseñanzas filosóficas (cuya propia esposa, Eudocia, era una filósofa de origen ateniense), pero, a la postre, la reacción imperial se limitó a retirar al Patriarca los 500 monjes que le servían como guardia, lo que ha llevado a algunos historiadores a suponer que fueron éstos, y no el populacho mencionado en todas las fuentes, los responsables del asesinato de la filósofa. La medida fue sin embargo rescindida al cabo de dos años, permitiéndose además aumentar su número a 600. Que Cirilo saliera tan bien parado fue posiblemente debido a la influencia de la hermana del Emperador, la augusta Pulqueria, cristiana devota de gran ascendente sobre su hermano, en cuyo nombre gobernaba mientras éste se dedicaba a tareas intelectuales.

Según todas las fuentes, el asesinato de la filósofa fue un crimen oprobioso para los cristianos y redujo la influencia política del patriarcado alejandrino. Tras la muerte de Hipatia, sus relaciones con la Corte Imperial se suavizaron y la veneración hacia el monje Amonio desapareció, ya que los mismos alejandrinos reconocían que había merecido la muerte por su atentado y no por haber sido obligado a renegar de Cristo. Cirilo no pudo impedir que su rival doctrinal, Nestorio, gozara del favor imperial y fuera elegido Patriarca de Constantinopla en 428, pero logró finalmente su deposición en el Concilio de Éfeso de 431. Convertido en uno de los personajes más influyentes de la Iglesia, a su muerte en 444 fue santificado, y es considerado uno de los Doctores de la Iglesia debido a su extensa obra doctrinal.

No hubo más actos violentos contra los filósofos paganos de Alejandría, cuya Escuela siguió floreciendo hasta pleno siglo VII, sin que su actividad se viera interrumpida siquiera por el cierre de la Academia de Atenas en tiempos de Justiniano I (529).

Obras

Ninguna de sus obras se ha conservado, pero se conocen gracias a sus discípulos, como Sinesio de Cirene o Hesiquio de Alejandría, el Hebreo.

Comentario a la Aritmética en 14 libros de Diofanto de Alejandría.

Canon astronómico.

Comentario a las Secciones cónicas de Apolonio de Perga, su obra más importante.

Tablas astronómicas: revisión de las del astrónomo Claudio Tolomeo, conocida por su inclusión en el Canon astronómico de Hesiquio.

Edición del comentario de su padre a Los Elementos de Euclides.

Además de cartografiar cuerpos celestes, confeccionando un planisferio, también se interesó por la mecánica. Se sabe que inventó un destilador, un artefacto para medir el nivel del agua y un hidrómetro graduado para medir la densidad relativa y gravedad de los líquidos, precursor del actual aerómetro, descrito por Sinesio de Cirene:

...es un tubo cilíndrico con la forma y dimensiones de una flauta, que en línea recta lleva unas incisiones para determinar el peso de los líquidos. Por uno de los extremos lo cierra un cono, adaptado en posición idéntica, de manera que sea común la base de ambos, la del cono y la del tubo. Cuando se sumerge en el líquido ese tubo, que es como una flauta, se mantendrá recto, y es posible contar las incisiones, que son las que dan a conocer el peso.

Sinesio de Cirene, Carta 15, a Hipatia.

Sinesio también la defendió como inventora del astrolabio, aunque astrolabios más tempranos precedan el modelo de Hipatia al menos un siglo -y su propio padre fue famoso por su tratado sobre ellos.

LA GRAN BIBLIOTECA DEL MUSEION DE ALEJANDRÍA

En una de las paredes de la Biblioteca de Alejandría estaba escrito:
"Alimento para el espíritu"

El libro, entendido como expresión de un sistema de escritura realizado sobre un material duradero y a cuyo contenido se puede acceder sin la presencia del autor, tuvo su primera aparición histórica con los sumerios quienes utilizaron las tablillas de arcilla como soporte de la escritura cuneiforme que realizaban. Esta forma de escritura fue adoptada por otros pueblos como los acadios, babilonios y asirios, creadores todos ellos de vastos imperios e importantes civilizaciones.

En las civilizaciones del mediterráneo oriental se utilizó el papiro como soporte para la escritura. El libro egipcio tenía forma de rollo y se escribía por una sola cara. El texto se dividía en columnas, a modo de las páginas de un libro, que se leían conforme se desenvolvía el rollo. El título se colocaba al final del texto o en una etiqueta que pendía del extremo del eje, al que luego llamarán los romanos umbiculus.

Alejandría fue fundada en el año 332 a.C. por el general macedonio Ptolomeo en honor de Alejandro Magno, rey de Macedonia. Tras la caída del imperio, Ptolomeo se esforzó en lograr para la nueva capital, Alejandría, el predominio, no sólo político y económico, sino también cultural. Él, y especialmente su hijo, Ptolomeo II, llamaron a sabios griegos y les ofrecieron una desahogada posición como miembros de una especie de comunidad religiosa, una academia radicada en el nuevo templo de las Musas, el Museion, a semejanza de la famosa escuela peripatética de Atenas, fundada por Aristóteles. El Museion estaba dedicado a la enseñanza y a la investigación y la gran biblioteca formada allí a lo largo del siglo III a. de C. era sumamente completa.

Este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano.

Por allí pasó Eratóstenes, que demostró que la Tierra era redonda llegando incluso a calcular su radio; Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría; Dionisio de Tracia, que hizo un estudio sistemático de la estructura del lenguaje; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón, inventor de cajas de engranajes y máquinas de vapor; Apolonio de Pérgamo, con su famoso estudio de las cónicas; Hipatia, matemática y astrónoma, poco después de cuya muerte a manos de un motín popular, la Biblioteca fue destruida definitivamente.

"Cuando César conquistó Alejandría en 47 a. de C. ardió una parte de la sección mayor de la biblioteca, pero fue más tarde compensada, si es cierto que Antonio regaló a la reina Cleopatra 200.000 rollos procedentes de la biblioteca de Pérgamo, lo que parece inverosímil. La biblioteca de Alejandría fue destruida probablemente en 391 d. de C., cuando los cristianos, bajo la guía del arzobispo Teófilo de Antioquía, destruyeron el templo de Serapis"

Historia del libro, Svend Dahl

De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeion, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. De los libros que allí había sólo sobrevivió una pequeña fracción y algunos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas que gira alrededor del Sol, y que las estrellas son soles que están a una enorme distancia de nosotros. Sus afirmaciones eran correctas, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Cómo me gustaría leer ese libro para saber cómo llegó a estas conclusiones. Sin embargo, se perdió para siempre. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

 

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -3-

Posteado por: retratosdelahistoria el 24 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

3ª PARTE

¿Qué fue de Königsmarck?

Retrato del Duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Elector de Hannover de 1692 a 1698; grabado de finales del siglo XVII.

Ésa fue la pregunta que se repetía tanto en Hannover como en las otras cortes vecinas. Todo el mundo estaba al tanto del idilio de Philipp Christoph von Königsmarck con la kurprinzessin Sofía-Dorotea, pero la extraña desaparición del amante permanecía siendo una incógnita. Ante la falta de pistas y pruebas fehacientes, los rumores empezaron a multiplicarse a medida que se adelantaban las más inverosímiles especulaciones.

Oficialmente, en la corte hannoveriana no se hablaba del tema. De hecho, el Elector Ernesto-Augusto I y su hermano el Duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle intentaron por todos los medios que se ocultase la verdad y se propagase la noticia fuera de la corte. Pudieron callar bocas durante un mes... pero, pasados 30 días, el vergonzoso "secreto de Estado" hacía aguas por todas partes y se propagó por toda Europa.

Ciertos contemporáneos no dudaron en dar sus propias versiones de los hechos acontecidos en la dramática noche del 1 al 2 de julio de 1694. Algunos afirmaron que los trabanes, tras asesinar al conde, se deshicieron del cadáver metiéndolo en un saco junto con unas pesadas piedras y tirándolo a las aguas del río Leine, que atraviesa la capital. Otros, como Sir Horace Walpole, especularon que habían incinerado el cuerpo en un horno para luego ocultar su esqueleto bajo el entarimado de uno de los salones del palacio de Herrenhausen. Esta última versión es, desde luego, la más escabrosa y siniestra que se ha llegado a contar..., aunque otra versión similar tampoco se queda atrás: habrían supuestamente descuartizado el cadáver de Königsmarck para luego diseminar los trozos, enterrarándolos bajo los parterres que rodean el palacio del elector.

Los que trataron de dar con los restos de Königsmarck, basándose en los delirantes rumores de entonces, no tuvieron éxito. Jamás se encontró su cadáver, y bien puede ser que la teoría del río Leine sea, quizá, la más creíble de todas.

De lo que no hay duda, es de las implicaciones del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y de la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund en la desaparición del pobre conde, y que su asesinato no fue más que la consecuencia de una vendetta femenina, disfrazada con una falsa acusación de adulterio y tentativa de rapto para que el elector diera orden de ejecutarle.

En 1700, en su lecho de muerte, la condesa von Platen presa de remordimientos, confesaría su crimen, denunciando de paso la complicidad del Elector Ernesto-Augusto I. Otros protagonistas en el asesinato, y más concretamente uno de los trabanes que mataron a Königsmarck y que era italiano*, confesó haber recibido la exorbitante suma de 10,000 táleros (pagados por el mismísimo elector) en recompensa por su participación en el linchamiento.

La Princesa Electriz Sofía de Hannover junto con su hijo el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover, futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda, representados en un cuadro de finales del siglo XIX, realizado por Dieckmann.

¿Estuvo al corriente el marido de Sofía-Dorotea? No cabe duda sobre ello. Fue puntualmente informado por su padre una vez consumados los hechos. Algunos llegarán a barajar la posibilidad de que la orden partió de él y que estuvo implicado desde el primer momento, pero la teoría entra en conflicto con las últimas palabras del que sería Jorge I de Gran-Bretaña e Irlanda en su lecho de muerte: "Fisette! Fisette!... "Yo no he sido! No! No!"

"Fisette" era el apodo que Jorge-Luis y el resto de la familia electoral daban a Sofía-Dorotea.

En cuanto a Sofía-Dorotea, ni siquiera presenció el asesinato como tampoco se enteró enseguida de la suerte que corrió su pobre enamorado.

(*)_se trata del sacerdote Don Nicoló Montalban, convertido en asesino a sueldo. Se le atribuye el golpe fatal que mató a Königsmarck.

Divorcio y sentencia

Pocos días después de que Königsmarck se esfumara de la faz de la Tierra, la Kurprinzessin Sofía-Dorotea fue formalmente arrestada por orden de su suegro el Elector Ernesto-Augusto I. Bajo una fuerte escolta, fue sacada de palacio y trasladada al castillo de Lauenau, dejándole bien claro que ahora era una prisionera del Estado en espera de una sentencia. Su dama de honor corrió una suerte parecida: Eleonore von dem Knesebeck fue separada de la princesa, metida a la fuerza en una carroza con las cortinas echadas y, con nutrida escolta, entregada a sus carceleros de la fortaleza de Scharzfels (*). Su repentino encierro respondía a una medida preventiva en nombre del secreto de sumario.

Internada en el vetusto castillo de Lauenau, Sofía-Dorotea intentó recurrir a sus padres. Pero su padre el duque estuvo de acuerdo con las medidas emprendidas por su hermano el elector. Sofía-Dorotea se había comportado como una cualquiera, deshonrando su alto rango y su familia al permitirse unas libertades impropias de una mujer casada con un príncipe heredero que, para colmo, también era el pretendiente al trono británico. No cabía piedad para ella desde la óptica paterna, ya que era motivo de vergüenza para los suyos. La única que se apiadó fue su madre, la duquesa Eléonore, conmovida por su dramática situación. Intentó, por todos los medios, que no se perjudicase en exceso a la "esposa adúltera", buscando en vano consensuar los términos de una separación entre Jorge-Luis y ella. Pero no hubo miramiento alguno con la madre de la despendolada nuera. Ni siquiera la escucharon.

El 28 de diciembre de 1694, el consistorio de Hannover pronunció oficialmente el divorcio de Jorge-Luis y Sofía-Dorotea, basándose en el intento de "abandono" del hogar conyugal de la esposa (planeado por Königsmarck y ella) y no en la más que dudosa "infidelidad" de la misma, puesto que el verdadero adúltero que, para colmo, vivía en concubinato con la condesa von der Schulenburg y había reconocido a sus bastardos, era el Kurprinz Jorge-Luis de Hannover. Y califico de dudosa la infidelidad o adulterio de Sofía-Dorotea con Königsmarck porque, según numerosos historiadores y estudiosos de este caso, hay altas probabilidades de que nunca hubo sexo entre los dos amantes y que su apasionada correspondencia fuera, sino en parte, una maquiavélica falsificación para cubrir de lodo a la princesa (se conservan un total de 600 cartas!). Dicho esto, no pongo en tela de juicio su idilio que ya venía de la adolescencia, ni el enamoramiento que surgió entre ambos, pero de ahí a fornicar en los rincones sin que fuesen sorprendidos y que no se ventilase...

Posteriormente, los Jacobitas escoceses e irlandeses adjudicaron un orígen espúrio a Jorge II y a su hermana la reina consorte de Prusia, señalando al conde de Königsmarck como su más que probable padre natural. Pero no eran más que unas malintencionadas conjeturas cuyo armazón no se sostiene de ninguna manera. Las relaciones de Königsmarck con Sofía-Dorotea se inician realmente el 1 de julio de 1690 como mucho, tal y como lo atestigua la abundante correspondencia de los amantes, iniciada en esa fecha; la primera respuesta de Sofía-Dorotea tan solo se produciría en 1692! A todas luces, los nacimientos del futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña y de la futura reina Sofía-Dorotea de Prusia son muy anteriores: en 1683 y 1687 respectivamente.

Y, si es cierto que Sofía-Dorotea y Philipp Christoph von Königsmarck se conocían con mucha más anterioridad, tan solo se trataba de un idilio de adolescentes. El primer encuentro se produce en la corte de Celle en 1680, cuando la Condesa von Königsmarck, madre de Philipp, acude a ella con sus hijos y solicita la mano de la princesa Sofía-Dorotea de entonces 14 años, no para Philipp sino para Carl-Johan, su hijo mayor. Dos años después, a mitades del mes de diciembre de 1682, Königsmarck vuelve a reaparecer por la corte ducal de Celle y la abandona un 15 de enero de 1683, tras la boda de Sofía-Dorotea con Jorge-Luis. Luego, Philipp se dedica a las campañas bélicas imperiales, bajo las órdenes del Elector de Sajonia en Hungría, regresando a "casa" en 1688 y comprometiéndose con la condesa von Rantzau en el curso del verano de ese mismo año; compromiso que fue, por cierto, roto poco después. Tras una breve estancia en Venecia, donde rehusa una oferta de la Serenísima, el joven coronel ingresa en el ejército hannoveriano en mayo de 1689 y es nombrado capitán de dos compañías de la Guardia de Palacio. Participa en la campaña del Rhin contra los Franceses, al mando de un cuerpo de élite, y regresa a Hannover en el invierno de 1689-1690, fechas en las que inicia sus amoríos con la condesa von Platen-Hallermund. Toma luego parte en otra campaña en el Henao, desde donde envía su primera carta de amor a Sofía-Dorotea y rehusa reanudar sus relaciones sexuales con la von Platen.

Las princesas de entonces lo tenían rematadamente mal a la hora de poner cuernos a sus maridos, porque siempre estaban acompañadas y estrechamente vigiladas, mientras que los príncipes gozaban de una mayor intimidad y libertad a la hora de cometer adulterio: estaba bien visto, muchas veces alentado por su entorno, y no se podía recriminar porque se asumía naturalmente como una prerrogativa del hombre. La mujer "infiel", a lo sumo, coqueteaba, se dejaba amar, robar besos aprovechando el descuido de la servidumbre, intercambiaba encendidas misivas con la complicidad de sus damas que hacían de correo, pero fornicar, lo que se dice fornicar,...

Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera, Princesa-Electriz de Hannover (1630-1714), consorte del Elector Ernesto-Augusto I de Hannover y presunta heredera del trono de Gran-Bretaña e Irlanda.

A todas luces, parece ser que algunos poderosos personajes de la corte de Hannover, véase la familia política de Sofía-Dorotea, tuvieron algo que ver con esa campaña de difamación. Avalados por su odio hacia ella, podemos hacer resaltar las antipáticas figuras de la Princesa Electriz Sofía del Palatinado, secundada por su hijo Jorge-Luis, la amante de éste Melusine von der Schulenburg, y por la influyente amante del Elector, la condesa von Platen-Hallermund, que tenía motivos más personales si cabe para destrozar a la princesa.

La familia electoral no se apiadó de la suerte de Sofía-Dorotea. Ni siquiera cuando la duquesa Eléonore de Brünswick-Celle intentó recurrir a su inveterada enemiga, la Princesa Electriz Sofía, creyendo en vano que conseguiría conmoverla. Con su sequedad habitual, Sofía del Palatinado se negó a interceder personalmente para atenuar el castigo de su nuera.

Con el divorcio publicado (**), Sofía-Dorotea dejó de ser Su Serenísima Alteza la Kruprinzessin de Hannover, para volver a tener su apellido de soltera. Pero la sentencia no se paraba aqui: se le quitaba toda potestad sobre sus hijos, asi como el contacto con éstos, y se la confinaba de por vida en el vetusto castillo de Ahlden, en el ducado paterno de Celle, confiando su custodia y estrecha vigilancia a 40 guardias. Se le prohibía terminantemente salir del castillo y recibir visitas que no fueran especialmente aprovadas por el Príncipe-Elector Ernesto-Augusto I.

Condenada, en cierta manera, a una muerte civil, Sofía-Dorotea se vio despojada de todo lo que amaba (familia, hijos, amigos) y tan solo mencionada como la "Princesa de Ahlden". Su madre, la duquesa de Celle, desengañada y profundamente dolida con toda esa farsa, abandonó a su marido para reunirse con su hija en Ahlden, y compartir con ella esa "muerte en vida".

(*)_Eleonore von dem Knesebeck conseguiría evadirse de la fortaleza de Scharzfels la noche del 5 de noviembre de 1697.

(**)_el 7 de enero de 1695 (otras fuentes citan el 7 de marzo), ocho juristas de Hannover reunidos por el Elector Ernesto-Augusto I y el Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle, estudiaron el caso de la princesa Sofía-Dorotea, haciendo sobretodo hincapié en su intento de fuga con el conde von Königsmarck, y se pronunciaron favorablemente sobre el divorcio solicitado por el Kurprinz Jorge-Luis, a quien le acordaron la custodia de los hijos habidos con su ex-mujer. Los mismos juristas condenaron a la princesa a ser recluída de por vida.

Final de una tragedia Shakespeariana

El Castillo de Ahlden, lugar de reclusión a perpetuidad de la "Princesa de Ahlden" Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle, entre 1695 y 1726; grabado de finales del siglo XVII.

Menos de 4 años después de producirse su encierro, la Parca empieza a barrer el escenario; su suegro el alcoholizado Elector Ernesto-Augusto I fallecía y ascendía al poder su marido Jorge I Luis (1698). En 1700, la muerte se llevó a la condesa von Platen-Hallermund, la vengativa asesina de Königsmarck y la autora de la caída en desgracia de Sofía-Dorotea. En 1705, era el severo e inflexible padre de Sofía-Dorotea, el duque Jorge-Guillermo de Brünswick-Celle quien fallecía. Nueve años más tarde, en 1714, era su odiosa suegra la Princesa-Electriz Sofía quien rendía el alma, tras ser sorprendida por la tormenta durante uno de sus paseos diarios por los jardines de Herrenhausen; una mala fiebre la llevaba a la tumba. El mismo año, Jorge-Luis se convertía en el nuevo rey de Gran-Bretaña e Irlanda con el ordinal de Jorge I, y su hijo Jorge-Augusto era investido Príncipe de Gales.

Sofía-Dorotea, condenada al olvido, pasaría más de treinta años entre los muros de Ahlden. En esas tres décadas, tan solo tuvo el consuelo de la cálida compañía de su madre, que fallecería el 5 de febrero de 1722, casi ciega. Las únicas noticias que le llegaban del exterior, desde 1706, eran por medio de las cartas que le escribía su hija la flamante Princesa Heredera de Prusia, Sofía-Dorotea de Hannover, que se había convertido en la nuera del rey Federico I, Elector de Brandenburgo. La lectura de sus esperadas cartas eran motivo de alegría en aquella espartana cárcel, y más cuando se enteró que su adorada hija se había convertido en la nueva reina consorte de Prusia en 1713.

Retrato de Sofía-Dorotea de Hannover (1687-1757), Reina consorte de Prusia y Electriz de Brandenburgo, esposa del rey Federico-Guillermo I "el Rey Sargento" y madre del futuro rey Federico II "el Grande"; inmortalizada en su viudedad por Antoine Pesne.

Esas pocas alegrías actuaron, sin duda, como un bálsamo para la prisionera de Ahlden, mientras le consumía lentamente un cáncer de garganta. Exhaló su último suspiro la noche del 13 de noviembre de 1726, a las 23 horas. Tenía 60 años, de los cuales pasó 32 encarcelada.

Su rencoroso ex-marido, el rey Jorge I de Gran-Bretaña y Elector de Hannover (en la miniatura de la izq.), nunca hizo nada para suavizar su cautiverio. Fingió olvidarse de ella y prohibió que se mencionase su nombre en su presencia; eso no le salvó de los ágrios reproches de su hijo y heredero Jorge-Augusto, Príncipe de Gales, que le detestaba profundamente. Padre e hijo se odiaron cordialmente y fueron irreconciliables hasta el final por culpa de la pobre prisionera de Ahlden.

Jorge I sobreviviría a su ex-esposa tan solo 8 meses. Un repentino ataque le fulminaría en el curso de una de sus estancias en Hannover, concretamente en Osnabrück. En su lecho de muerte, el monarca farfulló palabras incomprensibles para los que le atendían, sin embargo fueron muy reveladores; pareció atormentado por el fantasma acusador de Sofía-Dorotea hasta el último momento. Expiró el 11 de junio de 1727, a la edad de 67 años, y su cuerpo inerte sería sepultado el 4 de agosto en la cripta familiar de Herrenhausen. Nadie sintió su muerte, tanto en Londres como en Hannover.

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -2-

Posteado por: retratosdelahistoria el 22 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

2ª PARTE

La Pareja mal avenida

Puesto que se trataba de un asunto político que requería un grado de sacrificio por parte de los contrayentes, Sofía-Dorotea no pudo hacer otra cosa que tomarse su boda como lo que era, un trámite en una operación inmobiliaria familiar en la que no cabían sentimientos. Y dicho sacrificio implicaba, naturalmente, que la flamante esposa cumpliera con la tediosa y no menos peligrosa misión de acostarse con Jorge-Luis y parirle hijos varones que diesen continuidad a la dinastía.

Jorge-Luis, por su parte, tenía bien comido el coco por su madre, la altiva Princesa Palatina Sofía, contagiándole esa actitud fría y distante, llena de desdén incluso, respecto a Sofía-Dorotea. La despreciaba y se mostraba insensible a sus encantos femeninos, tratándola con rudeza a la hora de la coyunda y con indiferencia fuera de la cama. Las relaciones sexuales con su marido dejaban fría a Sofía-Dorotea, e incluso le llegaron a provocar una visceral repugnancia hasta el punto de no poder soportar que la tocase.

Sobreponiendose al asco que le daba cohabitar con el rudo y abrupto Jorge-Luis, Sofía-Dorotea cumplió con su deber de consorte de la que se espera que engendre herederos. Mientras se comunicaba oficialmente a la corte de Herrenhausen que la Princesa Heredera Sofía-Dorotea estaba en estado de buena esperanza, su marido le ponía públicamente los cuernos con una hermosa condesa de quince primaveras, que figuraba como damisela de honor de la Princesa Sofía: Ehrengard Melusine von der Schulenburg, hermana del mariscal Johann-Matthias von der Schulenburg.

Retrato del Duque Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727).

La detestable suegra de Sofía-Dorotea pareció alegrarse con la elección de su hijo, y la alentó dando su consentimiento para que se consumara el adulterio.

En noviembre de 1683, Sofía-Dorotea salió de cuentas y parió al ansiado heredero varón: Jorge-Augusto de Brünswick-Lüneburg, futuro príncipe de Hannover*. Cuatro años más tarde, otra vez encinta, la pobre esposa engendraba en marzo de 1687 a una niña, a la que bautizaron como ella: Sofía-Dorotea de Brünswick-Lüneburg**. Fue su último gesto en el cumplimiento del deber. Después del nacimiento de su hija, Sofía-Dorotea pasaba a un tercer plano en la corte de Herrenhausen, ninguneada por su marido y su suegra, y eclipsada por la brillante y ambiciosa condesa von der Schulenburg, convertida en la amante oficial de Jorge-Luis.

(*)_Jorge-Augusto, Duque de Brünswick-Lüneburg, Príncipe Hdo.de Hannover (1683-1760), sería a la postre el futuro rey Jorge II de Gran-Bretaña e Irlanda a partir de 1727.

(**)_Sofía-Dorotea, Duquesa de Brünswick-Lüneburg y Princesa de Hannover (1687-1757), contraería matrimonio en 1706 con el heredero del rey Federico I en Prusia, Elector de Brandenburgo, el kronprinz y futuro "rey-sargento" Federico-Guillermo I de Prusia.

 

Leyes dinásticas y concesiones imperiales

En el curso del año 1682, el duque Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg y de Hannover (en la ilustración de la izquierda), de acuerdo con su hijo mayor, instituye como ley dinástica el "derecho de primogenitura" que viene a complementar la ley sálica que solo otorgaba a los miembros varones de la familia a heredar. Hasta entonces, cada vez que un padre y jefe de familia fallecía, sus estados eran divididos entre sus herederos varones. A partir de ahora, tan solo podrá heredar el primer hijo varón del soberano, mientras que los segundones se verán privados de la herencia paterna, sin derechos a reclamar compensación alguna y condenados a buscarse el sustento.

A todas luces, su primogénito el príncipe Jorge-Luis era el beneficiado, y la implantación del derecho de primogenitura era clave para asegurar la duradera unión de los Estados y su íntegra transmisión de generación en generación.

Las incesantes quejas de sus otros hijos menores, que reclamaban tierras y feudos en los que establecerse, no fueron de su agrado y contrariaban su política unionista. Se habían acabado los tiempos de repartos, divisiones y saqueos patrimoniales; ahora, tan solo el primogénito Jorge-Luis iba a heredar de todos los ducados que, años atrás, se habían pacientemente reunido.

Mapa del Electorado de Hannover en 1720, en el que figuran las nuevas anexiones territoriales de Bremen, Verden y de Lauenburg. / Abajo, blasón de la Casa Electoral de Hannover.

Por otro lado, aprovechando las necesidades del Emperador Leopoldo I de Austria en su guerra contra los Turcos, Ernesto-Augusto prestó gustosamente sus servicios y ejércitos al César, e incluso acudió personalmente a combatir al invasor. Como pago a su preciosa contribución contra el infiel, Leopoldo I le confirió la dignidad de Elector del Sacro Santo Imperio (1692), creando en su favor un noveno electorado que venía a coronar su exitosa reunión de estados en uno solo: el ducado-principado de Hannover.

Asi pues, Ernesto-Augusto I se convirtió en el primer Elector de Hannover (Kurfürst von Hannover), y su hijo y heredero Jorge-Luis en el Kurprinz.

 

El Amante de la Princesa Heredera de Hannover

Retrato de la Princesa Hda. Sofía-Dorotea de Hannover junto con sus hijos los Príncipes Jorge-Augusto y Sofía-Dorotea de Hannover.

Arrinconada como un trasto inútil que se relega a las golfas, víctima de un ostracismo generalizado por parte de la corte hannoveriana gracias a los desprecios de su suegra y de su marido, Sofía-Dorotea se vuelca en sus hijos intentando encontrar consuelo en su compañía, y sobrellevando con buena cara los desaires que recibe diariamente de su familia política. Quizá, por las noches, haya rezado para que un milagro ocurriese y cambiase su desdichada vida. Fuera cierta esta suposición o no, el milagro va a producirse pero para hacerle aún más desgraciada.

El Palacio de Herrenhausen, a las afueras de la capital de Hannover, según un grabado de 1706. Herrenhausen se debe en gran parte al deseo del Duque Juan-Federico de Brünswick-Calenberg de emular el Palacio de Versailles y sus jardines a la Francesa, que lo mandó construir en la 2ª mitad del siglo XVII. Su ampliación corrió luego a cargo de los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía de Hannover, quienes añadieron más pabellones y palacetes. / Abajo, retrato de Clara-Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), esposa del Primer Ministro de Hannover y amante del Elector Ernesto-Augusto I.

Mientras Jorge-Luis se deleitaba pública y privadamente con la compañía de Melusine, arribó a la corte de Herrenhausen el antiguo pretendiente de Sofía-Dorotea, Philipp Christoph von Königsmarck, aureolado de un recién adquirido prestigio duramente ganado en los campos de batalla húngaros. Al mando de un regimiento de coraceros suecos al servicio del Emperador Leopoldo I de Austria, se había distinguido por su arrojo y valentía en la segunda batalla de Mohacs contra los Turcos. Con semejante hoja de servicios, Philipp se presenta nuevamente ante la Kurprinzessin Sofía-Dorotea, su antigua prometida, convertido en un hombre hermoso, elegante, distinguido y galante a principios de 1690. A su paso, todas las damas de la corte suspiran y muchas de ellas esperan ansiosamente atraer su atención y conquistarle. La que no pierde el tiempo y le abre las puertas de su alcoba y las sábanas de su cama es la Condesa Clara Elisabeth von Platen-Hallermund, nacida von Meysenburg (1648-1700)*, esposa del mariscal de palacio y favorita oficial a la par que madre de dos bastardos del flamante Elector de Hannover, Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, suegro de Sofía-Dorotea.

Pese a la diferencia de edades (Philipp tiene 25 años y Clara 42 primaveras), la Condesa von Platen-Hallermund y el apuesto Königsmarck se convierten en amantes y su "affaire" pronto está en boca de todos.

Pero Philipp von Königsmarck sigue estando enamorado de Sofía-Dorotea, y acabará declarándole su amor. La sabe desgraciada, desdeñada y ninguneada por su marido Jorge-Luis, su suegra la Princesa Sofía y por la amante de éste, Melusine von der Schulenburg. Pese a su escandaloso comercio con la Platen-Hallermund, Königsmarck intenta devolver la ilusión de vivir a la que es realmente la destinataria de su amor. Loca de celos, la condesa von Platen-Hallermund conseguirá alejarle nuevamente de la corte de Herrenhausen, pero será tan solo por un corto espacio de tiempo. Königsmarck regresa con más fuerza y determinación si cabe. Conocedor de las intrigas de Clara para alejarle, se permite el lujo de rechazarla todas las veces que ella intenta reanudar con él las tórridas sesiones de cama a las que la tenía acostumbrada. Dolida y herida en su orgullo de fémina cuarentona, que se ve preferida por una veinteañera, que para colmo es la esposa del kurprinz Jorge-Luis, Clara rumiará su venganza en silencio.

Adulterio, rapto fallido y asesinato

Mientras, Sofía-Dorotea se deja vencer por sus sentimientos y cede ante los avances de Philipp, hasta el punto de escribirle encendidas cartas de amor que, según algunos, aún siguen quemando sobre el papel... Reanudaron su flirteo que, prontamente, pasó a ser un tórrido romance prohibido. La pasión de los amantes fue tal, que se conducieron de la manera más imprudente que se pueda, sin tener cuidado en mantener el decoro y las apariencias ante sirvientes y extraños. En poco tiempo, el romance entre la princesa heredera Sofía-Dorotea y el apuesto conde von Königsmarck hizo reguero de pólvora en la corte. Los chismosos cortesanos no tardaron en soltar ingeniosas frases y ácidas burlas sobre la flamante cornamenta del príncipe heredero que, prontamente se repetían sin pudor hasta en los salones de la furibunda Princesa-Electriz Sofía (en la ilustración contigua).

La resentida condesa von Platen no tardará en poner al marido al corriente de la indecorosa conducta de su mujer, y repetirle las crueles burlas que circulan sobre su persona.

Por su lado, ajenos a la peligrosa publicidad que se hacía de su adulterio, Königsmarck y Sofía-Dorotea planeaban puerilmente su huída lejos de Hannover para vivir abiertamente su historia de amor y proclamarlo a los cuatro vientos.

Retrato de Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y Duquesa de Brünswick-Celle (1639-1722), madre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover. / Abajo, retrato del Príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg, Kurprinz de Hannover (1660-1727), en un grabado realizado en 1706.

Alarmada al enterarse del idilio de su hija con el aventurero sueco, la Duquesa de Brünswick-Celle intervino para hacerle entrar en razón. Pero sus recriminaciones y sabios consejos cayeron en oídos sordos: eufórica y ciega de amor, Sofía-Dorotea tan solo supo responderle que debía alegrarse por ella, que por fin iba a ser feliz y que pronto dejaría atrás a ese odioso hombre que le habían dado por marido.

Todos los intentos de Eléonore para que su hija pusiera un término a sus dislates fueron en vano. Sofía-Dorotea no pensaba renunciar una segunda vez a su suspirante, el único capaz de hacerle sentirse viva.

Poco después, estalla el escándalo (1694). Preso de ira, Jorge-Luis irrumpe en los aposentos de Sofía-Dorotea, la cubre de insultos, la persigue, la agarra de los pelos, le propina varios golpes y se abalanza sobre su cuello para retorcerselo. La escena es espantosa. El marido burlado clama venganza y pretende estrangular a la desvergonzada que ha osado ponerle la cornamenta. A duras penas damas y caballeros consiguen separarlos y tranquilizar a Jorge-Luis. Asustada y magullada, Sofía-Dorotea huye despavorida para refugiarse en casa de sus padres, en Celle. Pretende pedir asilo, pero la acogida no puede ser más gélida en el hogar paterno. Sus padres, aconsejados por el ministro Bernstorff y sin dejarse conmover por sus cardenales y la cara hinchada de su hija, la devuelven de inmediato a Hannover, donde deberá asumir sus faltas e implorar clemencia.

Retrato del Duque Jorge-Guillermo I de Brünswick-Celle (1624-1705), padre de la Princesa Sofía-Dorotea de Hannover.

Técnicamente, Sofía-Dorotea acaba de abandonar el hogar conyugal para refugiarse en casa de sus padres. Y ese hecho pesará en el futuro de la princesa heredera... y será sabiamente explotado por sus suegros y marido.

Ya que su padre le prohibe que permanezca en Celle, Sofía-Dorotea no tendrá más remedio que volver a Herrenhausen e intentar resolver el desaguisado. Pero su fatal error parece no tener solución. Inflexibles, sus suegros y su marido la confinan en sus aposentos de Leineschloss, el palacio de invierno de Hannover. Dentro de poco la sacarán del palacio de Leineschloss para trasladarla al castillo de Lauenau, con la única compañía de su fiel damisela de honor y confidente, la señorita Eleonore von dem Knesebeck. Los Electores Ernesto-Augusto I y Sofía pretenden zanjar el tema, y buscan una solución favorable para su hijo Jorge-Luis: piensan en el divorcio como única solución viable, pero se guardarán mucho de esgrimir contra Sofía-Dorotea el reproche del adulterio, ya que Jorge-Luis fue el primero en serle públicamente infiel. Ante todo, quieren evitar cubrir de ridículo a su heredero...

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694).

Para rescatar a su amada, Philipp von Königsmarck se presenta en la corte de Celle y reclama a los padres de la princesa nada menos que 2.000 coronas para huír con ella y la damisela von dem Knesebeck, escoltados por seis trabanes**, e instalarse en la corte de Wolfenbüttel bajo la protección del duque Anton-Ulrich, y casarse allí. He aqui su solución al problema, viviendo en la vana esperanza de que los duques Jorge-Guillermo I y Eléonore acepten su plan para salvar a su hija de un destino peor.

Maqueta a escala del Palacio de Herrenhausen, (fachada de los jardines) en los alrededores de Hannover. / Abajo, antiguo grabado de 1636 representando la residencia de invierno de los Electores de Hannover en su capital, el Palacio de Leineschloss, cuyo nombre procede del río que pasa a sus pies, el Leine, y posible escenario de la tragedia que se desarrolló en la noche del 1 al 2 de Julio de 1694.

Königsmarck recibirá entonces una carta, supuestamente de la señorita Eleonore von dem Knesebeck y, pensando en una respuesta positiva, decide abandonar su residencia la noche del 1 al 2 de julio de 1694, y presentarse en el palacio de Leineschloss ante Sofía-Dorotea para llevársela lejos, tal y como tenía planeado. Extrañada, Sofía-Dorotea le responde que no le ha escrito carta alguna y pide verla, comprendiendo que se trataba de una falsificación, de un cebo para que Königsmarck cayese de lleno en una trampa que le han tendido... y ha funcionado!

En el mismo instante en que Philipp constataba que le habían engañado para que acudiera a los aposentos de Sofía-Dorotea, la despechada condesa von Platen despertaba al Elector Ernesto-Augusto, que dormitaba, y le informó malévolamente que en ese preciso momento el conde von Königsmarck andaba consumando el delito de adulterio en los aposentos de su nuera. Sin frenarse en su cruel venganza, la condesa von Platen le obliga a levantarse de la cama y le arrastra hasta su escritorio para que firme una orden de ejecución contra el amante de Sofía-Dorotea. Con la orden en mano, Clara Elisabeth von Platen-Hallermund transmite personalmente la consigna a cuatro trabanes para que la sigan hasta las puertas del apartamento de la princesa heredera. Apenas sale Königsmarck de los aposentos, éstos se abalanzan sobre él y, sin mediar palabra, lo cosen a sablazos en presencia de la vengativa amante.

La mañana del 2 de julio, la servidumbre de la casa del conde von Königsmarck se extraña ante la ausencia de su señor. Por mucho que lo busquen, nadie da con él. Nadie sabe nada y las pesquisas no aportan más pistas que la que lleva hasta las puertas de los aposentos de Sofía-Dorotea. Parece haberse esfumado literalmente de Hannover...

La noticia de la desaparición del conde no tarda en llegar a la corte de Dresden, donde vive su hermana Maria-Aurora von Königsmarck (en el retrato de la izq.) amante oficial del Elector Federico-Augusto I de Sajonia. El mismísimo elector sajón, que había sido el superior de Philipp en la campaña imperial contra los Turcos y su amigo, exige que se abra una investigación exhaustiva para dar con el paradero de su "cuñado". La servidumbre de Philipp intentará ayudar a Aurora en sus pesquisas. Pronto la corte de Dresden reclama explicaciones a la corte de Herrenhausen. Las respuestas del Elector Ernesto-Augusto I no son más que vaguedades y el Elector Federico-Augusto I, nada satisfecho, amenazará con romper las relaciones diplomáticas con Hannover.

Muy a pesar de las presiones diplomáticas por parte de Sajonia, de las investigaciones llevadas a cabo bajo la batuta de Aurora von Königsmarck, nada se aclara y todo permanece confuso. Los más delirantes rumores empiezan a circular sobre la suerte del conde en todas las cortes europeas que, por medio de sus espías y embajadores, se han hecho eco del siniestro suceso.

(*)_Clara Elisabeth von Meysenburg, Condesa von Platen-Hallermund (1648-1700), amante y favorita de Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg-Calenberg, Elector de Hannover, sería la madre de sus dos hijos bastardos: el conde Ernst-August von Platen-Hallermund (1674-1726) y la condesa Sophie-Charlotte von Platen-Hallermund (1675-1725), casada en 1701 con el Barón Johann Adolf von Kielmansegg (1668-1717), futura Condesa de Darlington y de Leinster en la paridad inglesa e irlandesa.

(**)_Los Trabanes constituían la guardia personal de los duques de Brünswick-Lüneburg y electores de Hannover, a imagen y semejanza de los Cien-Suizos al servicio de los reyes de Francia o del Pontífice Romano. Sus componentes eran elegidos entre los caballeros de extracción noble.

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SOFIA-DOROTEA DE BRUNSWICK-CELLE -1-

Posteado por: retratosdelahistoria el 19 sep En: Biografías Alemania - sin comentarios

SOFIA-DOROTEA DE BRÜNSWICK-CELLE

KURPRINZESSIN DE HANNOVER

1666 - 1726

LA DESDICHADA PRISIONERA DE AHLDEN

1ª PARTE

 

La Enrevesada Familia Ducal de Brünswick-Lüneburg

 

Retrato del Duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, Príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641).

Cuando el 2 de abril de 1641 murió el duque Jorge I de Brünswick-Lüneburg, príncipe de Calenberg y de Göttingen (1582-1641), éste dejaba tras de si a cuatro varones y una hija habidos con su esposa la landgravina Anna-Eleonore von Hessen-Darmstadt, lo suficiente para asegurar la continuidad de su casa:

-Christian Ludwig, el primogénito (1622-1665), duque de Brünswick-Calenberg reinante en Hannover entre 1641 y 1648, duque de Lüneburg en 1648 y de Celle hasta 1665.

-Georg Wilhelm, el segundo (1624-1705), duque de Brünswick y de Calenberg reinante en Hannover 1648-1665, y luego duque de Brünswick-Lüneburg y de Celle 1665-1705.

-Johann Friedrich, el tercero (1625-1679), duque de Brünswick-Lüneburg y duque de Calenberg en 1665-1679.

-Ernst August I, el cuarto (1629-1698), príncipe-obispo de Osnabrück en 1662, duque de Brünswick-Lüneburg, duque de Calenberg y de Grubenhagen reinante en 1679-1692 y 1er Elector de Hannover en 1692-1698.

-Sophia-Amalia, la única hija, casaría con el rey Federico III de Dinamarca y de Noruega.

Sin embargo, la dinastía Güelfa no se rige por una ley de sucesión por derecho de primogenitura como las otras monarquías europeas; cuando el jefe y padre de familia fallece, sus feudos, tierras y títulos, siguiendo la vieja tradición germana, son repartidos entre su numerosa prole masculina quienes, a su vez, reparten aún más si cabe su feudo heredado entre sus retoños. Es lo que ocurre a la muerte del duque Jorge I en abril de 1641: sus 4 hijos varones se repartirán el pastel con más o menos fortuna y hasta irán a gobernar conjunta y sucesivamente los principados y ducados en un caótico sistema de co-reinados que confunden a sus súbditos. El más perjudicado en el reparto de 1641 sería el príncipe Ernesto-Augusto, el benjamín de los cuatro hermanos que, en apariencia, no parece tener un destino bien definido como tampoco se cree que liderará la dinastía.

El mayor de todos y que parecía ser el nuevo cabeza de familia, el duque Christian-Luis I, casaría el 9 de octubre de 1653 con la princesa germano-danesa duquesa Dorotea von Schleswig-Holstein-Sonderborg-Glücksborg (ob.1689). De 1641 a 1665, Christian-Luis asumió la soberanía sobre el ducado de Calenberg (o Kalenberg) y, en 1648, heredaba de su tío Federico de Brünswick el vasto ducado de Lüneburg, lo que le convertía en el duque soberano de Brünswick y de Lüneburg. Buen hermano, cedió entonces su ducado de Calenberg a Jorge-Guillermo y nombró al más pequeño, Ernesto-Augusto, príncipe-obispo de Osnabrück. Pero, muerto Christian-Luis sin descendencia, el aún soltero Jorge-Guillermo asume a su vez el ducado de Brünswick-Lüneburg (1665) y el de Celle -o Zelle-, como Jorge-Guillermo I (en la ilustración de la izq.) y cede Calenberg a su penúltimo hermano Juan-Federico.

El nuevo cabeza de familia parecía destinado a morir soltero y dejar el sitio a sus dos hermanos menores. Ya en la boda del benjamín de la familia, el príncipe-obispo de Osnabrück Ernesto-Augusto con la Princesa Palatina Sofía de Baviera, celebrado un 30 de septiembre de 1658, el duque Jorge-Guillermo I le había prometido o al menos insinuado que un día "todo" sería para él y su futura prole. Ciertas fuentes afirman incluso que el duque firmó un documento en el que se comprometía a no casarse para asi beneficiar al benjamín y que se operase, a su muerte, una reunión de todos los feudos.

Retrato de la Princesa Palatina del Rhin Sofía de Baviera (1630-1714), Duquesa en Brünswick-Lüneburg & Princesa consorte de Osnabrück tras casarse con Ernesto-Augusto.

Contra todo pronóstico, Ernesto-Augusto había desposado con una de las hijas de los destronados reyes de Bohemia y electores del Palatinado y del Rhin, Federico V y Elizabeth Stuart, nacida ésta princesa real de Inglaterra, Escocia e Irlanda*. El flamante matrimonio iba a ser prolífico, ya que en 1660 nacería el primer hijo varón** de la pareja, seguido por otros seis retoños.

Un encuentro que lo cambió todo

Pero en el invierno de 1664, Jorge-Guillermo I tuvo la ocurrencia de realizar una visita oficial en la corte del Landgrave Guillermo V de Hessen-Cassel, acompañado por su hermano Juan-Federico, duque de Calenberg. Allí coincidieron ambos con otra ilustre visitante, Marie de La Tour d'Auvergne***, princesa francesa calvinista más conocida como Duquesa de Thouars, cuyo hijo, Henri Charles, Duque de La Trémoïlle, estaba casado con la landgravina Amalia de Hessen-Cassel (desde 1648), hija del landgrave Guillermo V. Y, desde 1662, había concedido la mano de su hija Marie-Charlotte al Duque Bernardo II de Sajonia-Iéna.

Retrato del Príncipe Juan-Federico de Brünswick-Lüneburg, Duque de Calenberg (1625-1679).

Es pues en la corte hessiana que el duque Jorge-Guillermo I y su hermano Juan-Federico conocen a la damisela de honor de la Duquesa de Thouars, una belleza morena de hechizante encanto llamada Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse (1639-1722) -en la ilustración de la izq.-, hija de unos nobles calvinistas**** franceses del Poitou. Venía con la sexagenaria duquesa desde La Haya, donde tenía su residencia invernal, y por su cargo estaba obligada a seguirla en todos sus desplazamientos, como el que estaba realizando en Cassel por motivos familiares.

En el mismo instante en que se produjo el encuentro, los dos hermanos cayeron rendidos bajo el encanto de la damisela, alabando su noble porte, su natural dignidad y su gracia, amén de su morena belleza. A Eléonore quizá le pareciera muy halagador tener a sus pies a dos suspirantes altezas Güelfas, pero no le resultó cómodo ni muy decente que el duque de Brünswick-Lüneburg y el duque de Brünswick-Calenberg la cortejasen simultáneamente y compitiesen para ganarse su corazón y su cama. Llegaron a ser los hermanos tan solícitos, que pronto la situación adquirió tintes de vodevil que era menester parar en seco. Eléonore acabaría eligiendo a Jorge-Guillermo por ser sus sentimientos más verdaderos en comparación con los de Juan-Federico, que más bien parecían fruto de un calentón momentáneo. Halagada y enamorada, Eléonore se dejó querer y amar por el duque y, ante la evidencia de que aquello acabaría trascendiendo, la damisela de honor presentó su renuncia formal a la respetable Duquesa de Thouars, para convertirse en la amante oficial de Jorge-Guillermo.

(*)_Elizabeth Stuart era la hija mayor de los reyes de Inglaterra Jacobo I y Ana-Dagmar, princesa de Dinamarca y Noruega, y hermana del malogrado príncipe Enrique-Federico de Gales y del decapitado rey Carlos I.

(**)_el futuro Jorge I Luis de Brünswick-Lüneburg, 2º Elector de Hannover en 1698 y Rey de Gran-Bretaña e Irlanda bajo el nombre de Jorge I en 1714.

(***)_Marie de La Tour d'Auvergne (1601-1665), nacida Princesa de Bouillon, era la hija de Henri de La Tour d'Auvergne, Duque de Bouillon, Príncipe de Sedan y de Elisabeth de Nassau, y hermana del célebre Vizconde de Turenne. Casó en 1619 con su primo el Duque Henri III de La Trémoïlle, Duque de Thouars, Príncipe de Talmont y de Tarento y Par de Francia (1598-1674), con el que tuvo 6 hijos. Pese a la conversión al catolicismo de su marido, permaneció en la fe calvinista y protegió a los hugonotes franceses dentro y fuera de sus posesiones. Su suegra, la duquesa-viuda de La Trémoïlle, era Carlota-Brabantina, nacida princesa de Orange-Nassau e hija, a su vez, de Guillermo I de Orange "el Taciturno", primer estatúder de las Provincias-Unidas.

(****)_Éléonore Marie Desmier d'Olbreuse era hija de Alexandre II Desmier, señor d'Olbreuse y de Jacquette Poussard de Vendre. Es la antepasada común de la reina Elizabeth II de Gran-Bretaña y del difunto François Mitterrand, Presidente de la República Francesa, asi como del Príncipe Ernesto Augusto de Hannover, tercer esposo de la Princesa Carolina de Mónaco, por citar unos pocos.

La Amante del Duque de Brünswick-Lüneburg-Celle

Si algo parecía quedar claro es que Jorge-Guillermo I y Eléonore serían tan solo amantes, que no un futuro matrimonio. Además, estaba el dichoso compromiso del duque con su hermano menor Ernesto-Augusto, en el que había prometido no contraer matrimonio alguno, y ciertamente aquella promesa le empezara a pesar más de la cuenta cuando miraba a su encantadora francesita. De todos modos, Eléonore-Marie Desmier d'Olbreuse no tenía rango como tampoco título que la pudiera equiparar a cualquier otra linajuda cortesana hannoveriana; no pertenecía a la alta nobleza y, por si fuera poco, tampoco tenía fortuna y mucho menos dote, asi que sus posibilidades de casarse con Jorge-Guillermo eran nulas, o al menos eso pensaban los altivos cortesanos hannoverianos.

Para los alemanes de entonces, más que el dinero, el linaje y la nobleza de sangre primaba sobre cualquier consideración. Cuando un noble pretendía casarse, tenía que examinar con lupa la genealogía de su futura esposa con la esperanza de no encontrar alguna alianza deshonrosa que diera que hablar. En el caso de Eléonore, de ínfima nobleza y con padres vetados en la sociedad francesa por ser hugonotes, no era como para presumir de ello.

Retrato de la Princesa Palatina Sofía de Baviera-Simmern, Princesa de Osnabrück y Duquesa en Brünswick-Lüneburg, representada en dama india.

En 1665, al fallecer la antigua protectora de Eléonore, la Duquesa de Thouars, Jorge-Guillermo empezó a asediar a su cuñada Sofía del Palatinado, para que le hiciese un hueco entre sus damas de compañía. Sopesando los inconvenientes, la cuñada del duque consideró que si se negaba ante tal demanda, éste se empeñaría aún más en su relación con la francesa, que se encontraba en ese momento sin oficio ni beneficio; por tanto, Sofía accedió (no sin iniciales reticencias) y acogió a su servicio a la amante de su cuñado quien, para mejorar su situación frente a las demás damas de la Princesa Palatina, le otorgó el título de Dama von Harburg. Por su lado, la consorte de Ernesto-Augusto confiaba en que, andando el tiempo, el idilio se desgastaría hasta que, un buen día, Jorge-Guillermo se aburriera y decidiera sencillamente deshacerse de ella como quien se deshace de un traje pasado de moda.

El Castillo de Celle o Zelle, también llamada Residenzschloss, por ser la sede de los Duques de Celle y de su corte. En ese palacio nació Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle en septiembre de 1666.

Muy a pesar de las previsiones de la princesa Sofía, el amor que Jorge-Guillermo profesaba por Eléonore iría creciendo cada vez más. A medida que pasaba el tiempo, el vínculo sentimental que les unía se fortalecía y alcanzó una intensidad que culminó cuando Eléonore, entre avergonzada y preocupada, declaró públicamente que estaba preñadísima de su serenísimo amante. El duque acogió la noticia con una alegría que difícilmente pudo disimular; cubrió de mimos y regalos a la madre de su futuro hijo, y la instaló lujosamente en el castillo ducal de Celle.

Pero las ilusiones iniciales se agriaron. El fruto del amor de Jorge-Guillermo con Eléonore, estaba destinado a ser, legalmente, un bastardo con todas sus letras...

Boda Ducal & Conflictos Familiares

Leopoldo I de Austria (1640-1705), Emperador Romano de 1658 a 1705; detalle de un retrato realizado por Block en 1672.

Cuando nace la pequeña Sofía-Dorotea von Harburg, titulada condesa von Wilhelmsburg, el 15 de septiembre de 1666, y pese a ser la niña bonita de sus padres, no es mirada de otro modo que como lo que es: una hija natural, una bastarda. Por si fuera poco, el parto se reveló tan difícil y peligroso que, en un momento dado, se creyó que la madre no sobreviviría. Jorge-Guillermo y Eléonore, de hecho, se han casado en secreto y morganáticamente. Empezaron entonces a hacer las pertinentes gestiones entre Celle y Viena, para que el Emperador Leopoldo I de Austria diera su permiso para que se celebrase un matrimonio en condiciones y que quedase legitimada y debidamente reconocida la recién nacida, con rango de princesa de Brünswick-Celle.

Huelga decir que las negociaciones entabladas entre las dos cortes, la ducal y la imperial, no fueron bien recibidas en el hogar de los príncipes Ernesto-Augusto y Sofía. Incluso llegarían a intrigar para impedir, a cualquier precio, que se encontrase una solución honrosa para la concubina y la bastarda del duque. Para ambos se trataba de un escándalo inaceptable, una mácula en el honor de la familia, una vergüenza. Es más, podía poner en peligro la política de reunión de los Estados que se estaba llevando cabo.

Entre 1666 y 1674, Jorge-Guillermo y Eléonore no cejaron en su empeño para legalizar su amor y proporcionar un honorable estatus social a su querida hija Sofía-Dorotea. Ocho años de lucha, de discusiones a veces amargas, con desencuentros y desaires por parte de la familia del duque, no amedrentaron la voluntad de la pareja para llegar a sus fines. Y, por fin, en 1674, la situación pareció despejarse y resolverse favorablemente para Jorge-Guillermo. Aprovechando la baza que se presentaba en el complicado panorama político de los territorios germánicos, el duque "vendió" su lealtad al Emperador Leopoldo I a cambio de que éste concediese a Eléonore el título de Duquesa von Wilhelmsburg, y diese su consentimiento para legitimar a su hija Sofía-Dorotea. Fue cosa hecha el mismo año... Dos escasos años después, el camino estaba libre para que Jorge-Guillermo I pudiese cumplir con su promesa y casarse con la madre de su hija (1676).

La boda ducal, bendecida desde Viena, supuso un bofetón para Ernesto-Augusto y Sofía que habían hecho lo indecible para que jamás llegase a buen puerto. Los ánimos se caldearon y el intercambio de reproches no se hizo esperar entre hermanos y cuñadas. Indignados, los príncipes rehusaron acudir al enlace y dieron la espalda a los recién casados con una soberbia insultante. Las relaciones entre Jorge-Guillermo y Ernesto-Augusto se interrumpieron de manera brutal, mientras que Sofía del Palatinado dedicó sus más duras palabras a Eléonore, a la que señalaba como auténtica culpable de la discordia familiar.

En 1679, fallecía Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1)_en el retrato contiguo_. Durante los funerales, los hermanos volvieron a verse las caras en un triste a la par que tenso encuentro delante del ataúd del finado. Para colmo, el difunto cedía mediante testamento sus ducados de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen a Ernesto-Augusto.

(1)_Juan-Federico, duque de Brünswick-Calenberg (1625-1679) casó con la Condesa Palatina Benedicta-Henrietta de Baviera-Simmern el 30 de noviembre de 1668, y tuvieron tan solo 4 hijas: dos de ellas (Charlotte-Felicitas y Wilhelmina-Amalia) fueron casadas con el duque Rinaldo III de Módena y el archiduque José I de Austria, futuro Emperador del Sacro Santo Imperio, respectivamente.

Reconciliación & Compromiso

Retrato del Príncipe Ernesto-Augusto I de Brünswick-Lüneburg (1629-1698), Príncipe-Obispo de Osnabrück, Duque en Brünswick y Lüneburg, Duque de Hannover, de Calenberg, de Göttingen y de Grubenhagen, y futuro Príncipe-Elector de Hannover a partir de 1692. Tenía fama de ambicioso, borracho y glotón, pero gracias a su política unionista, reagrupó todos los ducados y principados hereditarios para conformar un solo Estado bajo su única soberanía, e instauró el derecho de primogenitura para la sucesión. Se le considera como el fundador de la Casa de Hannover.

Pero con el paso del tiempo, las diferencias van enfriándose, aplanándose y perdiendo importancia. No se sabe muy bien quién da el primer paso, pero los hermanos acaban por concertar un reencuentro amistoso, con el objetivo de arreglar sus diferencias. Se celebra una reunión entre Jorge-Guillermo I y el ambicioso Ernesto-Augusto, y ambos convergen en una extraña solución, en un posible arreglo satisfactorio para las dos partes: ofrecer la mano de la duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle al hijo primogénito del duque Ernesto-Augusto, el príncipe Jorge-Luis de Brünswick-Lüneburg... ¿qué mejor solución para sellar la paz fraternal que estrechando lazos?

Retrato de la Duquesa Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle (1666-1726), Duquesa Heredera de Brünswick-Lüneburg y Princesa Hereditaria de Hannover, Kurprinzessin de Hannover a partir de 1692. Era la única hija habida entre Jorge-Guillermo I, Duque de Celle, y Eléonore Desmier d'Olbreuse, Duquesa de Wilhelmsburg y consorte de Celle.

Si la idea convence a los dos duques hermanos, las cuñadas están horrorizadas. Cada una por su lado, ponen el grito en el cielo. A la duquesa Sofía, le provoca un visceral rechazo la sola idea de ver a su querido hijo llevar ante el altar a una chiquilla marcada con el estigma de la bastardía, por muy legitimada que sea. Para Jorge-Luis, en quien deposita todas sus ambiciosas esperanzas como futuro heredero de los ducados y presunto heredero del trono británico, Sofía planea un enlace más brillante, a la altura de su rango.

Retrato del Duque Anton-Ulrich I de Brünswick-Wolfenbüttel (1633-1714), según H. Rigaud en 1700.

En cuanto a la duquesa Eléonore, la idea no era de su agrado; prefería una boda más discreta pero con más números de proporcionar a su hija una mayor felicidad... El duque Anton-Ulrich de Brünswick-Wolfenbüttel, que siempre les había hecho costado en las disputas familiares y buscaba estrechar lazos, le brindaba a Eléonore la oportunidad de escoger marido para Sofía-Dorotea entre sus hijos. Y si no encontraba entre éstos a su futuro yerno, siempre cabía esperar que se presentase la candidatura de algún aristócrata francés.

Retrato del Conde Philipp Christoph von Königsmarck (1665-1694), el apuesto pretendiente de la adolescencia de Sofía-Dorotea de Brünswick-Celle.

De hecho, la joven Sofía-Dorotea se había enamorado de un apuesto y joven soldado sueco, el conde Philipp Christoph von Königsmarck*. Tuvieron un inocente flirteo de adolescentes pubertosos en la corte de Celle, pero lo suficientemente importante como para grabar sus nombres en una ventana, acompañado de un "no me olvides"... El joven conde habría deseado obtener la mano de la princesa de Celle para convertirla en su esposa. No era mal partido: nieto de un ilustre y laureado mariscal de Suecia, sobrino de un no menos reverenciado general y eficaz embajador sueco en París, hijo de un general caído en el asedio de Bonn, tenía un hermano mayor también militar con el rango de general de caballería y, sorprendentemente, también caballero de la Orden de Malta, asi como una hermana mayor que se había convertido en la amante del Elector Federico-Augusto I de Sajonia.

Pero todo fue en vano. Tanto Jorge-Guillermo como Ernesto-Augusto estaban decididos a unir sus retoños tal y como lo habían acordado en su reunión. El duque comunicó a su adorada hija que la decisión era irrevocable, y Sofía-Dorotea no pudo hacer más que desmayarse del disgusto entre los brazos de su madre.

La entrevista organizada entre Sofía-Dorotea y Jorge-Luis (en un retrato de 1680, a la izq.) por sus respectivos padres fue fría y tensa, tanto, que la princesita de dieciséis primaveras sufrió un nuevo desmayo. Las protestas y ruegos de la novia sirvieron de poco; en cuanto al novio, estaba dispuesto a cumplir fríamente con su papel porque estaba en juego la reunión del ducado de Celle al resto de los territorios que ya se habían unido bajo la mano de su padre.

El 18 de noviembre de 1682, en la capilla del castillo de Celle, Sofía-Dorotea fue llevada al altar por su padre para unirse al heredero de los estados de Brünswick, Jorge-Luis, en una atmósfera harto enrarecida y carente de alegrías. Ni el novio lo había querido, ni la novia lo había deseado, como tampoco sus respectivas madres estaban de acuerdo con ese enlace. Todo era puramente político: reunir todos los feudos en un solo Estado para beneficio de Jorge-Luis, erigido en el gran heredero y futuro jefe de la dinastía Güelfa. El sacrificio de los novios era, para ello, necesario.

Decepcionado, el conde von Königsmarck toma la decisión de abandonar Celle para enrolarse en la caballería imperial y ponerse al servicio del Emperador Leopoldo I combatiendo al invasor Turco. Ya que el amor le es negado, espera hacer fortuna en el ejército imperial haciendo saltar unos cuantos turbantes y ganarse asi unos laureles.

(*)_Philipp Christoph von Königsmarck o Koenigsmark (1665-1694), era hijo del general y conde Kurt Christoph von Königsmarck (1634-1673) y de la condesa Maria-Christine von Wrangel (1628-1691), ambos de ilustre y nobilísimo linaje germano-sueco. Su abuelo paterno era el famoso conde Hans-Christoff von Königsmarck, Mariscal de Suecia (1605-1663), compañero de armas y consejero privado del rey Gustavo II Adolfo que le colmó de honores por sus grandes servicios durante la guerra de los Treinta Años, a cuyo final contribuyó al tomar la ciudad de Praga en 1648. Su padre había muerto en acto de servicio durante el asedio de la ciudad de Bonn, y su tío el general y conde Otto Wilhelm von Königsmarck (1639-1688), entonces embajador de Suecia en Londres y París que, en 1686, entraría al servicio de la República Veneciana para combatir a los Turcos.

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