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Categoría: Austria

ELISABETH "SISSI", Emperatriz de Austria 1837-1898

Posteado por: retratosdelahistoria el 21 ago En: Biografías Austria Baviera - 2 comentarios

Elisabeth von Wittelsbach, Duquesa en Baviera, Emperatriz de Austria, Reina de Hungría (1837-1898)

La familia Wittelsbach

Los Wittelsbach fueron una de las familias más antiguas y poderosas de Alemania y de Europa, por siete siglos reinó en Baviera –territorio al sur de Alemania- ya sea como electores o como duques e incluso en la calidad de reyes. Como toda familia, vio nacer individuos inteligentes, valientes y poderosos, pero también su estirpe se caracterizó por dar al mundo los personajes más crueles, locos, ambiciosos y extravagantes que se tenga memoria.

Manteniendo la vieja costumbre germana de subdividir sus tierras y gracias a su abundante prole, esta familia se esparció por el sur de Alemania, formando ramas segundonas de la oficialmente reinante, de esta forma los condes palatinos de Zweinbrücken-Birkenfeld-Gelnhausen, se les concedió el titulo de Duques en Baviera en 1799 (no de Baviera, para no disminuir las atribuciones de la línea más antigua, cuyo jefe poseía entre sus títulos el de Duque de Baviera).

Para afianzar los lazos que deberían unir a las dos familias, el rey Maximiliano I, casó a una de sus hijas menores, de nombre Ludovica (habida de su segundo matrimonio con una princesa de Baden) con el duque Maximiliano José en Baviera (1808-1888), lo que permitió a la familia mejorar su condición económica y acercarse aún más a la corte bávara.

El matrimonio tuvo ocho hijos; Luis Guillermo, Elena, Elisabeth, Carlos Teodoro, María, Matilde, Sofía y Maximiliano; quienes emparentaron con la realeza y con la más alta aristocracia europea.

Retrato en grupo de los hijos e hijas de los Duques Max-Joseph y Ludovica en Baviera, según Stieler.

Sissi: de princesa romántica a emperatriz de Austria

Elisabeth Amalie Eugenie von Wittelsbach, conocida como Sissi en el entorno familiar, nació en Munich el 24 de diciembre de 1837, creció en el palacio de Munich y desde muy niña se caracterizo por su personalidad retraída, que casi no se podría llamar bonita, pero con un encanto peculiar, gusta de la naturaleza, especialmente de los animales y las caminatas en los bosques cercanos. Retrato ecuestre de la Duquesa Elisabeth en Baviera, alias "Sissí", ante el castillo de Possenhofen, propiedad de sus padres y lugar de su infancia y adolescencia despreocupada.

Si bien para la pequeña Sissi no estaba contemplado el matrimoniarla, ya que la familia por ahora tenía el anhelo de casar lo mejor posible a la mayor de las mujeres, que cariñosamente llaman Nené, y en vista de la soltería del joven emperador Francisco José de Austria, se trasladaron en 1853 a Ischl, Austria, para presentarla al monarca, que también era su primo, ya que su madre la archiduquesa Sofía era hermana de la duquesa Ludovica.

Retrato oficial del Emperador Francisco-José I de Austria (1830-1916), fechado en 1853.

Sin embargo, el emperador se encandila con la particular belleza y sencillez de la pequeña Sissi, ésta que no ha sido preparada, a diferencia de su hermana, para desenvolverse en una corte y menos aún imperial, se halla cohibida con tan real pretensión, pero de pronto todo esta resuelto, no será Nené la próxima Emperatriz, sino su pequeña hermana de 17 años, Sissi.

Elisabeth debe abandonar su querida Baviera y su familia, para trasladarse a vivir al Palacio Imperial de Viena, los novios contraerán matrimonio en esta ciudad el 24 de abril de 1857.

Retrato de Sofía Federica de Baviera (1805-1872), Archiduquesa de Austria y madre del Emperador Francisco-José I de Austria.

Su tía y suegra, la Archiduquesa Sofía, se convertirá en el peor calvario de la joven emperatriz, que deberá luchar contra el poder de la madre del monarca que ejerce una gran influencia en la corte y también en la vida del recién casado. Aunque Elisabeth no tiene ambiciones políticas, sino que al contrario prefiere hacer su vida en sus aposentos, alejada del protocolo y de la pompa imperial, debe enfrentarse a su suegra, que le exige conductas propias a tan alto rango.

Retrato oficial de Elisabeth "Sissí", Emperatriz de Austria y Reina de Hungría (1837-1898).

Pero Elisabeth tiene una forma de aislarse, una forma que ni todo el aparataje imperial podría combatir, es más bien un secreto, un placer culposo; escribe versos a hurtadillas. Si bien es cierto que no son composiciones que vayan a quedar en la retina de la prosa mundial, le permiten abstraerse, abstraerse de la soledad, de los recuerdos, de la ausencia de su imperial esposo, del desprecio -ya declarado- de su suegra, le permiten viajar y alejarse de ese frío y fastuoso palacio. Sin embargo, hay versos que denotan lo atribulada de su alma, y que sí son buenos, como por ejemplo uno que comenzaba así: "hace mucho tiempo que he muerto ya…"

Otro de los pocos placeres que tiene Elisabeth es montar a caballo, lo hace con tal entusiasmo, que sólo podría compararse al placer que siente escribiendo versos. Corre por los bosques y prados, sus camaristas, que por supuesto le son impuestas por la archiduquesa Sofía, se escandalizaron de esta actitud, y llegará a ser, incluso, asunto de estado; pero será una pasión que la acompañará por largos años, hasta cuando las fuerzas se lo permitan.

Otro punto que siempre atormentó a la joven emperatriz fueron los hijos, de su primer embarazo tuvo a una niña que llevó el nombre de Sofía (1855), en honor a su abuela, pensando que de esta forma podría acercarse más a ella, pero el resultado fue que la archiduquesa tomó como suya a la pequeña criatura, provocando profundas depresiones en Sissi. Un año después, el 12 de julio de 1856, nacería la segunda hija del matrimonio imperial cuyo nombre, Gisela, se le dio en honor de una princesa de Baviera que se casó en el 955 con un príncipe pagano de Hungría de nombre Waik, que se convertiría al cristianismo y pasaría a la historia como Esteban I el santo.

Los acontecimientos políticos del imperio recomiendan al emperador que debe hacer un viaje por los territorios mas rebeldes a la dominación, estos son Lombardia-Véneto y Hungría, creyendo que la belleza y carisma de su joven esposa, podrían cautivar a los insurrectos, invita a ésta a un viaje a las posesiones al norte de Italia; Sissi acepta gustosa y sólo se siente triste porque deberá dejar a sus hijas al cuidado de su odiosa suegra.

Francisco-José I (1830-1916), Emperador de Austria y Rey de Hungría de 1848 a 1916.

Al regreso de Italia deben emprender el viaje a Hungría, pero esta vez, Elisabeth, se queja de los cuidados de la Archiduquesa Sofía, juzgados excesivos y agobiantes hacia sus nietas, por lo tanto pide a su esposo que las pequeñas princesas las puedan acompañar; Francisco José acepta.

De ese viaje Sissi retendrá dos recuerdos, uno es lo encantadores que les resultan los húngaros y su tierra, cariño que se hace reciproco; y la trágica muerte el 29 de mayo de 1857, de su hija mayor, la princesa Sofía de dos años de edad.

Obviamente este triste acontecimiento, provocará cada vez mas fricciones entre suegra y nuera, acentuado por el desprecio de la madre del emperador que siente hacia todo lo húngaro. No se sabe si Sissi movida por sus sentimientos de amor hacia Hungría o por revancha hacia la archiduquesa Sofía, se empeña en aprender todo lo que pueda del pueblo húngaro, empezando por su lengua e historia.

El 12 de julio de 1858, en el palacio de Laxenberg, Elisabeth da a luz al ansiado varón, que recibe el nombre de Rodolfo Franz Karl Joseph y sólo después de diez años tendría su última hija, la pequeña Valeria (1868).

Litografía de 1870, que representa a la Familia Imperial Austro-Húngara en los jardines del Palacio de Gödollo, en Hungría.

Hungría y los viajes de la emperatriz

retrato de la Emperatriz Elisabeth según Winterhalter, en 1865.

Elisabeth pasó a la historia por su encantadora belleza, por esa mirada profunda, escrutadora, por su personalidad tornadiza, en fin por sus un y mil atributos de su carácter y de su físico, pero pocos la describen con el profundo amor que sentía hacia su Hungría, ese país que fue para ella lo que nunca pudo ser Austria.

A su alero los nacionalistas de Hungría tuvieron una protectora, a su alero también llegó a ser el primer presidente del gobierno húngaro y posteriormente ministro de relaciones exteriores (1871-79) el conde Gyula Andrássy, revolucionario del 48, a quien la emperatriz llegó a considerar su único amigo.

El pueblo húngaro no reparó en obsequios y muestras de amor a su soberana, que les hablaba y entendía en su propia lengua, los hicieron coronar reyes de Hungría en 1867 y les regalaron el palacio de Gödöllö donde Sissi pasaría largas temporadas.

Hungría era el único nexo que tenia la emperatriz con la politica del imperio. Aunque ella nunca participó activamente en la toma de decisiones, siempre hacia ver sus puntos de vista a su esposo, observaciones que siempre tenían un tinte liberal, consecuencia de la corte y de la familia de la que provenía.

Pero una vez apartado del poder su amigo Andrássy, Sissi se alejó completamente del consejo imperial. Su hijo Rodolfo escribió alguna vez: hubo un tiempo en que la emperatriz, con fortuna o no, que eso no quiero discutirlo ahora, se ocupaba de los asuntos políticos, y los hablaba con el emperador, generalmente desde puntos de vista diametralmente opuestos a los de este. Aquellos tiempos han pasado. La emperatriz sólo se ocupa ahora de los deportes y por eso se ha extinguido aquella corriente de ideas liberales.

Una vez muerta su suegra en 1872, Elisabeth sintió un gran alivio, a pesar de que ya no tenía el mismo rencor que en los primeros años de convivencia, es más, estuvo acompañándola en su lecho de muerte hasta el último minuto.

Sus hijos mayores tampoco ya estaban para cuidados personales y se dedicó en cuerpo y alma a la pequeña Valeria. Pero la emperatriz desde hacia un tiempo se iba mostrando más y más inquieta, gustaba de los viajes, y su afición a montar no la había abandonado por nada.

Fotografía de Sissí aka Elisabeth, Emperatriz de Austria y Reina de Hungría en 1869.

Pero su perenne melancolía unida a cierta inquietud en el ánimo, hicieron que sus médicos le recomendasen hacer algún viaje a climas más templados. Ella obedeció y descubrió un mundo nuevo; literalmente. Primero fueron las costas de la isla griega de Corfú, después Italia y el Mediterráneo en general. Gustaba de viajar a esta reina, gustaba demasiado al parecer de la corte vienesa; pero Francisco José, que no veía nada extraño en estos viajes, la dejaba hacer.

Sin embargo estos se volvieron en un ir y venir constante, visitaba la familia en Baviera, en especial a su primo, el excéntrico rey Luis II, que profesaba hacia Sissi una devoción propia de alguien que construye palacios de ensueño en la punta de un cerro; de ahí se iba a Gödöllö, luego visita a su amiga, la reina de Rumania, con quien compartía su gusto por la literatura, después a Viena, después a Corfú, África, España, Italia, Francia, Suiza y un largo etcétera.

Retrato del Rey Luis II de Baviera, según Ferdinand von Piloty en 1865.

Sus viajes a Inglaterra eran de antología, ya que el protocolo le exigía visitar a la Reina Victoria, pero Sissi tan poco dada a las formalidades, se excusaba con cualquier pretexto; estas excentricidades muchas veces valieron más de un dolor de cabeza a los embajadores, que debían dar las explicaciones de las extravagancias de su soberana.

Retrato del Emperador Francisco-José I de Austria-Hungría, según F.X. Winterhalter.

Su maridito, como se firmaba en las cartas Francisco José, comenzó a notar esa perturbación en su mujer, junto con sus obsesión a montar y a las caminatas (en un día podía andar sin parar nueve horas, haciendo desfallecer a sus damas de compañía, que no soportaban tanto traqueteo).

Según consta en diarios personales de sus camaristas y en las cartas que la emperatriz mantenía con su esposo, el año de 1885 se podría decir que fue uno de los más productivos en cuanto a viajes, ya que ese año pasó cuatro semanas paseando por diversas islas griegas.

Sin embargo la vida que llevaba la emperatriz en un momento tenia que pasarle la cuenta al cuerpo, comenzó a sufrir de fuertes dolores de huesos y a sentir que las fuerzas ya no eran las de antes; por el mismo motivo comienza una serie de viajes terapéuticos a Holanda, viajes que se harán una costumbre. De esta forma Francisco José ve como, sea con el pretexto que sea, su mujer tiene que, irremediablemente…, viajar.

A la vez trata de relajar su hiperactividad y de mal humor se presenta en bailes y fiestas en aquellos tormentos que se han inventado para los reyes. En esa frase se puede apreciar lo tedioso que le resultaba la vida cortesana y las murmuraciones en Viena, que contadas veces al año veían en alguna actividad pública a su soberana.

La emperatriz y la muerte

Retrato de Elisabeth "Sissí", Emperatriz de Austria-Hungría, según Georg Raab en 1879.

El poco tiempo que la emperatriz pasaba en Viena trajo como consecuencia que de la vida de sus hijos se enteraba por terceras personas. En 1875 asiste a la boda de su hija Gisela, quien contrajo nupcias con un príncipe de Baviera llamado Leopoldo.

De Rodolfo es poco, o casi nada, lo que sabe. El joven que tiene una vida independiente, vida que incluye una pequeña corte, es de carácter débil y de una endeblez psíquica notoria, incluso más tarde se tornaría enfermizo a causa de una enfermedad que padeció en 1886.

Sissi escucha y piensa en lo que dicen las gentes: los Habsburgos empezaron su poderío con un Rodolfo y con un Rodolfo lo terminarán. En más de una ocasión le dijo a su esposo, que él seria el penúltimo de los soberanos de Austria.

El príncipe heredero se casa en 1881 con la princesa Estefanía de Bélgica, y esto significa el fin definitivo de cualquier intento de acercamiento entre madre e hijo.

El periodo que comprende entre 1882 y 1885, la emperatriz lo dedica única y exclusivamente a viajar. Pero ese periodo de intranquilidad y desasosiego se rompe con una perturbadora noticia, su primo y amigo, el rey Luis II de Baviera ha muerto ahogado en un lago, dos días después de que lo depusieran y encerraban debido a su locura.

Este hecho la marcó fuertemente, ya que la manera en que murió el desgraciado monarca, parece advertirle que por sus venas corre la misma sangre esquizofrénica del difunto. Teme por sus nervios, teme por los hijos que tiene y principalmente teme por el futuro del imperio.

Hasta que los hechos toman ese rumbo indeseado, la muerte se presenta con más poder y más cercana aún. El 30 de enero de 1889 se suicida junto a su amante, Maria Vetsera, en su pabellón de caza de Mayerling, el príncipe Rodolfo a los 31 años de edad, dejando a una pequeña hija, Elisabeth Marie, de 5 años.

Elisabeth sufre como nunca, reniega contra todo e incluso contra sus creencias, pero al rato se arrepiente, sin embargo maldice el día que conoció a Francisco José. Se sumerge en una profunda depresión y se vestirá hasta el día de su muerte de un riguroso negro en señal de duelo.

La muerte de la emperatriz

Elisabeth, después de la muerte de su hijo, se embarca en uno de sus viajes más extensos, se va a ver las obras de su palacio en Corfú y desde ahí decide seguir a África, para pasar de vuelta a Italia y volver a Viena; pero su estado de ánimo, hace recomendable que busque tranquilidad, palabra que tiene verdadero sentido viajando. Es por ello que vuelve a viajar a Corfú y desde ahí a Egipto, donde pasa unos días de sosiego. Mientras tanto, su hija menor Valeria contraía matrimonio en Ischl el 31 de julio de 1890 con el archiduque Francisco Salvador, un pariente de su padre. Esto deja a Elisabeth en verdadera libertad de acción, pues ya no tiene a nadie a su cuidado.

En 1892, vuelve a embarcarse; esta vez se dirige a las Baleares, pasando por Sicilia, y desde ahí a España, viaje que le hace pasar las navidades y por ende su cumpleaños en solitario. Desde Barcelona se va a Turín por la Riviera Francesa y desde ahí a Ginebra y luego a Terriet; es un andar sin rumbo fijo, es la busca de la tranquilidad, o quizás es la forma de huir de sus recuerdos.

Una de las alegrías de la emperatriz en este tiempo (que ya contaba con cincuenta y siete años) es el nacimiento de su primera bisnieta, hija de su nieta la princesa Augusta.

Así pasó estos años la emperatriz: nada más llegar a Austria, ya emprendía un nuevo viaje. El 16 de julio de 1898, Sissi se despidió de su esposo en Ischl, sería la última vez que Francisco José la vería con vida. Se dirigiría a Munich, luego a Alemania y por último a Suiza

El 9 de septiembre la emperatriz llegó a Ginebra y fue de visita a una finca de los barones de Rothschild, donde pasa el día, de regreso al hotel, mira extasiada la vista que tiene al hermoso lago.

El día 10 desea embarcarse hacia Caux y junto a su camarista, la condesa Sztáray, se dirigen al embarcadero; a la salida del hotel, un hombre se abalanza sobre ella haciéndola caer, el individuo huye, Sissi se pone de pie y todos corren a verla, pero ella calmadamente les dice que esta bien y que no se preocupen, se sube al vapor y al estar allí cae inconsciente. La emperatriz ni siquiera se percató, pero el hombre le había clavado acertadamente un estilete en el corazón, lo que provocó su muerte minutos más tarde.

El magnicida se llamaba Luigi Luccheni, un obrero de origen italiano y que, según sus propias declaraciones, lo hizo en pos de la lucha contra los ricos y poderosos. Luccheni era un anarquista que ya estaba fichado por la policía, pero que no se consideraba peligroso. Como en Suiza no existía la pena de muerte el hombre fue condenado a cadena perpétua, pero terminaría ahorcándose en 1910.

Texto de David S.D.M. "Elisabeth Sissí de Baviera"

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Francisco III Esteban de Lorena, 1708-1765

Posteado por: retratosdelahistoria el 6 jun En: Biografías Duques de Lorena Austria - 2 comentarios

Francisco III Esteban, Duque de Lorena (1708-1765)

Francisco III Esteban de Lorena fue el último soberano de su dinastía en reinar sobre los ducados de Lorena y de Bar. Nacido el 8 de diciembre de 1708 en Lunéville, falleció el 18 de agosto de 1765 en Innsbrück (Tirol Austríaco); fue Duque de Lorena y de Bar de 1729 a 1737. Era el 9º hijo del duque Leopoldo I de Lorena y de la princesa Elisabeth-Carlota de Orléans.

Leopoldo I, Duque de Lorena y de Bar (1679-1729)

Cuarto hijo varón en la línea de sucesión al trono de Lorena, la muerte de su hermano mayor superviviente, Luis, en 1711, le catapultó al segundo rango después del príncipe Leopoldo Clemente que, al morir prematuramente en 1723, le convirtió en el nuevo heredero loreno. A la edad de 15 años (en 1723), Francisco fue enviado a la corte de Viena, dónde fue educado por el propio emperador Carlos VI de Austria, que le consideraba como el hijo varón que nunca tuvo, y planeaba casarlo con su primogénita la archiduquesa Maria-Teresa.

Elisabeth-Carlota de Orléans, Duquesa Vda. de Lorena y su hijo el Duque Francisco III Esteban de Lorena, retratados por Alexis Simon Belle (Palacio Ducal de Lunéville, Lorena, Francia).

Grandes Armas del Ducado Soberano de Lorena y de Bar.

Convertido en duque de Lorena en 1729, al fallecer su padre, el príncipe se convirtió en Francisco III a la edad de 21 años. Pero al término de la Guerra de Sucesión de Polonia, se pone en marcha la maquinaria diplomática de un lado y otro del Rhin: el rey Luis XV de Francia y el emperador Carlos VI empiezan a negociar. El primero pretende hacerse con los Estados del duque Francisco III de Lorena, y entregarlos a título vitalicio a su suegro el rey Estanislao I Leszczýnski, que se ha visto privado de su trono polaco a favor del elector Federico-Augusto "el Fuerte" de Sajonia (con la ayuda militar de Rusia), a modo de consuelo y compensación por la pérdida; obviamente, a su muerte, los Estados de Lorena y de Bar revertirían naturalmente a la corona gala a través de su hija María, reina consorte de Francia.

Estanislao I Leszczynski (1677-1766), Rey de Polonia y luego Duque de Lorena y de Bar de 1729 a 1766, en compensación por la pérdida de su reino a manos de su rival Federico-Augusto I de Sajonia, era el suegro del Rey Luis XV de Francia; retrato fechado en 1711.

A cambio, Luis XV se comprometía a aceptar la Pragmática Sanción del emperador Carlos VI, en virtud de la cual traspasaba sus Estados Hereditarios (Austria, Tirol, Silesia, los Países-Bajos Austríacos, Luxemburgo, Bohemia, Hungría y demás posesiones italianas y alemanas) a su heredera la archiduquesa María-Teresa, cuya mano estaba prometida al duque Francisco III de Lorena. Por su parte, el emperador Carlos VI, aparte de obtener el reconocimiento por parte de Francia de su Pragmática Sanción, que regulaba su sucesión a favor de su primogénita, obtenía el gran-ducado de Toscana para su futuro yerno y la posibilidad de transmitirle la corona imperial a su muerte, y consentía de paso la cesión de Lorena a Estanislao I de Polonia.

Carlos VI de Austria (1685-1740), Emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico de 1711 a 1740.

Para Francisco III, la idea era tentadora. Para su madre, era una trahición inadmisible.

Sin embargo, el intercambio de territorios no se hizo fácilmente: la duquesa viuda de Lorena, Elisabeth-Carlota de Orléans, se opuso violentamente e intentó presionar a su hijo para que no firmase la renuncia. Por otro lado, Francisco III era presionado por austríacos y franceses para que abandonase la Lorena para un territorio más apacible y soleado como la Toscana. Tras semanas de tira y afloja, de pros y contras, Francisco III cedió y abdicó la corona a favor del destronado rey Estanislao I de Polonia (1737).

Desayuno nupcial de la archiduquesa Maria-Teresa de Austria y de su marido Francisco III Esteban de Lorena -a la derecha del cuadro-, en presencia del emperador Carlos VI y de la emperatriz Elisabeth-Christine, que presiden la mesa, el 12 de febrero de 1736, en Viena.

Poco antes, el 12 de febrero de 1736, Francisco III de Lorena desposaba a la archiduquesa María-Teresa de Austria (1717-1780), convirtiéndose automáticamente en archiduque consorte. En 1737, abdicaba la corona de Lorena y se convertía en gran-duque de Toscana con el nombre y ordinal de Francisco II y, junto a su mujer, viajaron a sus nuevas posesiones italianas para una estancia de 3 meses. El mismo año, el emperador le concedía el título de duque de Teschen, habiendo sido anteriormente nombrado virrey de Hungría por cuenta de su suegro Carlos VI.

Corona de los Archiduques de Austria (Cámara del Tesoro Imperial, La Hofburg, Viena).

En cuanto a la madre de Francisco, ésta rehusó abandonar los ducados y consiguió que en beneficio suyo se le entregase en usufructo el principado soberano de Commercy (enclavado en Lorena) a título vitalicio. A su muerte, acaecida en 1744, dicho principado pasó a depender de la Corona de Francia.

En 1740, el emperador Carlos VI fallecía de un atracón de setas y la sucesión era asumida por su primogénita María-Teresa I, que fue inmediatamente proclamada "Rey" de Hungría y reina de Bohemia. Sin embargo, las hostilidades fueron iniciadas inesperadamente por el rey Federico II de Prusia, quien tomó Silesia sin previa declaración de guerra y se la anexionó. Semejante agresión fue el detonante de la Guerra de Sucesión Austríaca y, pronto, las demás potencias pretendieron sacar provecho del conflicto de un bando u otro.

Retrato de Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), "Rey" de Hungría, Reina de Bohemia, Archiduquesa de Austria, Gran Duquesa de Toscana y soberana de los Estados Hereditarios Austríacos de 1740 a 1780; retrato según Martin Van Meytens.

La Corona Imperial del Sacro Santo Imperio Romano Germánico, más conocida como la Corona de Carlomagno (Cámara del Tesoro, La Hofburg, Viena).

María-Teresa I no pudo más que contar con la alianza con Gran-Bretaña y de las Provincias-Unidas para hacer frente a la coalición franco-prusiana (alianza firmada en 1741). A esto se sumó el alzamiento de dos rivales y pretendientes a la corona imperial, que se consideraban perjudicados en sus intereses por la Pragmática de Carlos VI: el elector de Baviera y el elector de Sajonia, quienes en virtud de sus matrimonios con dos archiduquesas austríacas (hijas del emperador José I), pretendieron hacerse elegir por la Dieta Imperial de Frankfurt. Finalmente, fue el duque-elector Carlos VII Alberto de Baviera quien consiguió salir elegido emperador, en detrimento del gran-duque de Toscana Francisco II.

Retrato del Elector Carlos VII Alberto de Baviera (1697-1745), Emperador del S.S.I.R.G. y Rey de Bohemia de 1741 a 1745.

Para empeorar el panorama, España y Baviera se unieron a la coalición franco-prusiana, mientras que Austria, aparte de contar con el apoyo de Gran-Bretaña y de las Provincias Unidas, tradicionalmente opuestas a la hegemonía de Francia, encontró aliados temporales en Cerdeña y Sajonia.

Retrato del Rey Federico II "el Grande" de Prusia (1712-1786), Elector de Brandenburgo y Rey de Prusia de 1740 a 1786; según Antoine Pesne.

Afortunadamente para Maria-Teresa I de Austria, el rey Federico II de Prusia acepta firmar un tratado de paz con tal de conservar Silesia y, en cambio, se compromete a respetar la Pragmática Sanción. Obviamente, la perfidia prusiana deja en mal lugar a su aliada francesa que, trahicionada y abandonada, se encuentra comprometida en un conflicto iniciado por Federico II.

El Rey Luis XV de Francia dando órdenes a sus generales y oficiales en el asedio de la ciudad de Friburgo, el 11 de octubre de 1744.

Francia, fiel a su compromiso de respaldar al emperador bávaro, se enfrentará a una situación harto espinosa; la campaña bélica resultaría, a la larga, desastrosa para sus ejércitos: sufren una severa derrota en Dettingen (1743), y la campaña austríaca no parece ir mejor, aunque sus ejércitos en el frente de los Países-Bajos resultan victoriosos y consiguen derrotar a los anglo-holandeses. La guerra acabaría con el tratado de Aquisgrán (Aachen en alemán, Aix-la-Chapelle en francés), en 1748. Sobre el plan militar, Francia no ha ganado ni ha perdido, pero sus aspiraciones han sido trahicionadas por la paz austro-prusiana. Sale en todo caso debilitada sobre el plan económico, y en una situación diplomática muy tensa con Berlín, Viena y Londres que, a la larga, desembocarían en la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Tras la paz de 1748, Versailles opera un cambio de alianzas de 180º inspirado por la marquesa de Pompadour y el partido anti-prusiano, y procede a un reacercamiento con Viena que daría lugar a la coalición franco-austríaca frente a la coalición anglo-prusiana, amén de una unión dinástica entre los Borbones y los Habsburgo-Lorena.

Doble retrato del matrimonio imperial: Francisco I de Lorena y Maria-Teresa I de Austria, fundadores de la dinastía Habsburgo-Lorena o, mejor dicho, Austria-Lorena...

Por otro lado, las perspectivas de Austria se cumplen: María-Teresa I consigue el reconocimiento de sus derechos sucesorios en todos los Estados Hereditarios de la Casa de Habsburgo, a expensas de unas pérdidas territoriales menores. A esto se suma la oportuna defunción de Carlos VII de Baviera, fugaz emperador y rey de Bohemia, y la elección de su marido Francisco III de Lorena como nuevo emperador del Sacro Santo Imperio Romano Germánico en 1745, con el nombre de Francisco I.

Francisco I Esteban de Lorena (1708-1765), Emperador del S.S.I.R.G. de 1745 a 1765, retratado por el pastelista suizo Liotard...

Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), Emperatriz consorte del S.S.I.R.G., Reina de Bohemia y de Hungría, Gran Duquesa de Toscana, etc...; retrato del pastelista suizo Liotard.

La nueva dinastía Imperial de Habsburgo-Lorena consigue asentarse en el trono. María-Teresa I gobierna personalmente en Hungría, Bohemia y Austria, dejando poco margen de poder de decisión a su marido Francisco I en los asuntos imperiales, aunque sí le cede el control absoluto de las finanzas austríacas e imperiales, y la autoridad propia del jefe de familia.

Retrato del Príncipe Carlos-Alejandro de Lorena (1712-1780), Archiduque de Austria, Gran Maestre de la Orden Teutónica y Virrey de los Países-Bajos Austríacos en nombre de su hermano y de su cuñada los emperadores Francisco I Esteban de Lorena y Maria-Teresa I de Austria...

Por otro lado, cede el gobierno de los Países-Bajos austríacos a su cuñado, el príncipe Carlos-Alejandro de Lorena (1712-1780), casado con su hermana menor la archiduquesa María-Ana (1718-1744).

El bien avenido matrimonio imperial tuvo una larga descendencia: 16 hijos!

-Mª Elisabeth (1737-1740)

-Mariana (1738-1789)

-Mª Carolina (1740-1741)

-José II (1741-1790), Emperador en 1765

-Mª Cristina (1742-1798), duquesa de Teschen, gobernadora de los Países-Bajos austríacos; casada con el príncipe Alberto de Sajonia, duque de Teschen (1738-1822)

-Mª Elisabeth (1743-1808)

-Carlos José (1745-1761)

-Mª Amalia (1746-1804), casada con Fernando I de Borbón, duque de Parma (1751-1802)

-Leopoldo II (1747-1792), gran-duque de Toscana en 1765, emperador en 1790

-Carolina (+1748)

-Mª Juana (1749-1762)

-Mª Josefa (1751-1767)

-Mª Carolina (1752-1814), casada con Fernando IV de Borbón, rey de Nápoles y de Sicilia (1751-1825)

-Fernando (1754-1806), duque de Módena

-Mª Antonia (1755-1793), casada con Luis XVI, rey de Francia (1754-1793)

-Maximiliano Francisco (1756-1801), arzobispo y elector de Colonia

El Emperador Francisco I de Lorena en su gabinete de geología y otras curiosidades naturales, tan en boga durante el siglo XVIII...

Retrato del Emperador Francisco I de Lorena (1708-1765), con la ropa de su coronación y ciñendo la corona imperial de Carlomagno.

El emperador Francisco I fue, en suma, un personaje que atrajo la simpatía de sus contemporáneos, pero no la admiración, quizás porque no fue un jefe militar de gran envergadura. Inteligente y curioso, entretuvo correspondencia con brillantes artistas y científicos de su época; hombre de gusto, supo formar una prodigiosa colección pictórica en calidad y cantidad. Otra de sus grandes virtudes era el don u olfato que tenía para hacer provechosos negocios: gran accionista de la Compañía de Indias, amasó una fabulosa fortuna que le convirtió en el hombre más rico de Europa. En este aspecto, podemos entender que su mujer Maria-Teresa I tuviese el buen sentido de cederle la dirección de las Finanzas Imperiales y Austríacas, obrando auténticos milagros económicos que pudieron enderezar el Tesoro y acabar con la falta de fondos originada por tantos años de guerra. Gracias a él, la corte vienesa pudo imitar en esplendor a la corte de Versailles, y se pudo llevar a cabo el palacio de verano de Schoenbrunn, y la ampliación del palacio imperial de invierno, La Hofburg, con estancias lujosamente decoradas.

Retrato oficial de la Emperatriz Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), con la corona de Bohemia en las sienes, y las de Hungría, de Austria y del S.S.I.R.G. dispuestas sobre un cojín.

En 1756, estallaba nuevamente la guerra, llamada de "los Siete Años", y en el curso de la cual la emperatriz Maria-Teresa I se alió a Luis XV de Francia para enfrentarse a Prusia, albergando la esperanza de arrancarle a Federico II el ducado de Silesia que le había arrebatado en 1740. Sin embargo, fracasó en el intento. La paz de 1763 (Tratado de París), zanjó el conflicto sin consecuencias para Austria, aunque para Francia supuso la pérdida de la mayor parte de sus colonias de ultramar a favor de Gran-Bretaña, y el agravamiento de su crisis financiera.

Retrato del Príncipe Wenzel-Anton von Kaunitz-Rietberg (1711-1794), Canciller de Austria, apodado "el Cochero de Europa"...

Durante su reinado, llevó a cabo grandes reformas en sus Estados y alentar un progresivo centralismo con el concurso de su canciller el príncipe von Kaunitz, apodado "el Cochero de Europa". Fue también una adepta del mercantilismo. Hemos de señalar que, bajo su reinado personal, suprimió el hierático ceremonial cortesano heredado de los antiguos duques de Borgoña, reemplazándolo por un ambiente más distendido e informal, a la par que familiar.

Francisco I Esteban de Lorena (1708-1765), Emperador del S.S.I.R.G., retratado con el uniforme austríaco y con la banda de la Orden de Maria-Teresa cruzándole el pecho...

José II de Austria-Lorena (1741-1790) Rey de los Romanos y Emperador del S.S.I.R.G. de 1765 a 1790, retratado con el hábito de Gran Maestre de la Orden de San Esteban.

El 18 de agosto de 1765, tras cruzarse con la dama blanca, Francisco I falleció en el palacio imperial de Innsbrück, y fue posteriormente sepultado en el panteón imperial de los Capuchinos de Viena. Le sucedió naturalmente su primogénito José II en la dignidad imperial, pero tan solo asociado a su madre hasta la muerte de ésta, acaecida en 1780, mientras que la corona toscana recayó en su otro hijo, Leopoldo que, a la postre, sucedería a José II en el trono imperial (en 1790) por falta de herederos varones.

Maria-Teresa I de Austria (1717-1780), Emperatriz Viuda del S.S.I.R.G.

En 1770, se produce la unión dinástica entre las dos casas reinantes que habían sido enemigas durante siglos, culminación de la política de reconciliación franco-austríaca fraguada por el ministro galo Choiseul y el canciller austríaco Kaunitz. La emperatriz Maria-Teresa I concede la mano de su última hija, la archiduquesa Maria-Antonia de Austria-Lorena (1755-1793) al nieto y heredero del rey Luis XV de Francia, el Delfín Luis Augusto -futuro rey Luis XVI-.

Retrato de la Familia de Leopoldo II de Austria-Lorena, Gran Duque de Toscana y futuro Emperador del S.S.I.R.G., junto con su esposa la Infanta de España Maria-Luisa de Borbón y sus ocho hijos; obra de Johann Zoffany.

En paralelismo a la unión del heredero de Francia con la archiduquesa Maria-Antonia -o Maria-Antonieta-, se producen uniones semejantes con los Borbones españoles e italianos: las archiduquesas Maria-Amalia y Maria-Carolina de Austria-Lorena contraen matrimonio con el duque Fernando I de Parma y el rey Fernando IV de Nápoles y de Sicilia respectivamente. La Infanta Maria-Luisa de España, hija del rey Carlos III de España, casa con el archiduque Leopoldo I de Austria-Lorena, gran-duque de Toscana -y futuro emperador Leopoldo II en 1790-92-. Otra infanta española, aunque hija ésta del duque Felipe I de Parma y de una princesa de Francia (por tanto nieta de los reyes Felipe V de España y Luis XV de Francia), casaría con el archiduque y príncipe heredero imperial José de Austria-Lorena -futuro emperador José II en 1765-1790-.


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