ARTE: La Obra de Norman Rockwell
el 26 oct En: Arte - 2 comentarios
NORMAN ROCKWELL
EL ARTISTA DE LA "AMERICAN LIFE"

"Triple Autorretrato" de Norman P. Rockwell, 1960.
Norman Percevel Rockwell nació el 3 de febrero de 1894 en Nueva York y falleció el 8 de noviembre de 1978 en Stockbridge. Ilustrador, pintor y fotógrafo norteamericano, su obra se caracteriza por sus creaciones realistas repletas de humor e ironía sobre las virtudes y defectos de la población estadounidense.
Nacido en el seno de una familia de la clase media que solía pasar sus veraneos en Nueva Jersey, tuvo una infancia feliz y sin problemas. Pronto despuntó su don para las artes plásticas, siendo sobretodo un talentoso dibujante realista, lo que le llevará a convertirse en un magnífico ilustrador. Conscientes de sus excelentes disposiciones para el dibujo, sus padres le inscribirían a la Chase School de Manhattan, para otorgarle su primera formación artística combinando sus clases con sus estudios escolares.
A los quince años abandona la formación escolar para entrar a la National Academy School, donde como casi todos los artistas de su tiempo en aprendizaje, se dedica a hacer copias de vaciados en yeso. De ahí pasaría a la Art Students League (1910), formándose académicamente en anatomía e ilustración, perfeccionando sus conocimientos bajo las indicaciones de George Bridgman y Thomas Fogarty.

Pocos años después, encuentra su primer empleo de ilustrador oficial en la famosa revista de actualidad y sociedad Saturday Evening Post, para la cual creará su primera portada en 1916. A partir de entonces, su vida estará íntimamente ligada a la revista hasta 1963, creando incontables portadas, anuncios, ilustraciones y publicidades que gozaron de una gran popularidad y a menudo imitadas por otros. Creó para las conocidas marcas de McDonald's y Coca-Cola numerosos carteles publicitarios que, pronto, le supusieron una lluvia de comandas por parte de otras compañías que vendían cereales, chicles, neumáticos, etc.
Artista prolífico, sus obras tuvieron gran difusión sobretodo en la primera mitad del siglo XX, dotadas de un profundo sentido anecdótico que giraba entorno a la cotidianeidad norteamericana, la vida de los norteamericanos de las clases trabajadoras y de clase media, haciendo especial hincapié en los niños y sus actividades. Durante las décadas de 1930 y 1940, se dedicó a plasmar de modo fidedigno el ambiente hollywoodiense, alejado de la preocupación por la IIª Guerra Mundial, lo que no le impidió crear carteles publicitarios que ensalzaban a los soldados norteamericanos a modo de llamamiento público, para que las gentes se implicasen y diesen el necesario apoyo moral a las tropas estadounidense involucradas en el conflicto.
Más allá de la propaganda nacional y patriótica, a la cual contribuyó en su momento, Rockwell se ocupó en retratar a la sociedad norteamericana de entonces con sus convenciones sociales. En cierto modo, y desde su posición de ilustrador a pie de calle y cercano, se dedicó ecuánimamente a criticar los defectos de la sociedad y a subrayar algunos de sus valores.

En las décadas de 1950 y 1960, Rockwell volvería a sus temas familiares: escenas navideñas, reuniones familiares, día de acción de gracias, viajes de familias en automóvil, escenas cotidianas de tenderos y barberos, chismorreos vecinales y callejeros, críos frecuentando las heladerías, retratos individuales muy logrados (como de los presidentes Eisenhower, Kennedy, Nixon)... todo con un realismo tan preciso y perfeccionista que roza el virtuosismo.

"El Entendido" de Norman Rockwell. / Abajo, "El Crítico de Arte".

Sin embargo, Rockwell sufrió a nivel personal y como artista una sensación de incapacidad para ubicarse entre las diferentes corrientes artísticas del momento. Artista y maestro de lo popular, se sentía excluído de los cenáculos artísticos modernos con sus tendencias abstractas, expresionistas e hiperrealistas, creyéndose infravalorado. Por este hecho, el artista sufrió pasajeras crisis depresivas a lo largo de sus últimos años. Pese a todo, Norman Rockwell se caracterizó por su talante sereno y profundamente reflexivo.

"El Problema con el que todos convivimos", de Norman Rockwell, 1964.
A mediados de los 60 y principios de los 70, Rockwell volvería a recuperar su primitiva mordacidad y su mirada crítica con la sociedad norteamericana en una época de grandes cambios para EE.UU. Partidario del multiculturalismo, de la integración de los afro-americanos, de la defensa del débil, de la libertad de culto y de los derechos humanos, dejó patente sus inclinaciones políticas representadas por la figura del entonces presidente John Fitzgerald Kennedy.

"El Presidente John Fitzgerald Kennedy" según Norman Rockwell.

















Todas esas maravillas, reagrupadas en el Gran Apartamento del Rey, ofrecían una singular e incomparable sinfonía visual con los oros, los mármoles y las miles de velas de candelabros y arañas de cristal, creando así un ambiente de brillantez y de luces hasta el punto de dejar estupefactos y maravillados a los contemporáneos. Y ¿qué decir del trono del Rey, con sus 2 m. 60 de altura, que impresionó sobremanera a los demás monarcas europeos? En las grandes ocasiones, el monarca disponía que su fabuloso trono presidiera la Gran Galería de los Espejos, desde lo alto de una tarima tapizada en hilo de oro y elevada sobre nueve peldaños, flanqueado por vasijas y antorchas de 9 pies de altura, como en 1686 para la recepción del embajador del Rey de Siam.


El suntuoso mobiliario real realizado en la Manufactura Real de los Gobelinos, solía seguir al Rey en todos sus desplazamientos por los distintos Reales Sitios, hasta que la corte se instala definitivamente en Versailles, en 1682. Puesto que Versailles se ha convertido en la residencia oficial de la Monarquía, del Gobierno y de la Corte Francesa, el mobiliario de plata maciza encuentra naturalmente su sitio en el Gran Apartamento del Rey, que ocupa la planta noble del palacio. Asi pues, ocuparían nada menos que siete estancias seguidas constituyendo el conjunto decorativo más impresionante de la época, desde el Salón de Hércules hasta la Gran Galería de los Espejos. Luis XIV podrá, entonces, ya a partir de la estación invernal de 1682-1683, ofrecer las veladas cortesanas en su Gran Apartamento, tres veces por semana, desde las 6 de la tarde hasta las 10 de la noche. Aquellos días tan especiales y esperados, consistían en un concierto seguido de un baile, partidas de billar y de cartas hasta la hora del "Gran Cubierto" en el Salón de Venus, donde se ofrecía un refrigerio a modo de cena, con mesas cargadas de vajilla de plata bañada en oro fino llenas de frutas, confituras y viandas mientras que los licores, vinos, té, café y chocolate eran servidos en el Salón de la Abundancia.
En 1685, la revocación del Edicto de Nantes lleva al exilio a decenas de miles de hugonotes. En pocos años, toda la Europa protestante se coaliciona contra Francia. Para hacer frente a los costes de la guerra contra la Liga de Augsburgo, el Rey decide sacrificar su mobiliario de plata: el 3 de diciembre de 1689, anuncia a la corte que envía sus muebles a la fundición. El 11 del mismo mes, el Gran Apartamento de Versailles es vaciado. De entre los primeros objetos enviados a la Real Casa de la Moneda, figuran los ornamentos del trono. Cinco meses serán necesarios para fundir aquel tesoro. En mayo de 1690, el mobiliario de plata ha dejado de existir: "La guerra es un arte que destruye todas las otras..."; fueron las escuetas palabras del soberano.
En 2007, los conservadores de los Museos Nacionales de Versailles y de Trianon consiguieron que todos los propietarios de aquellos vestigios de ese esplendor pasado, colaborasen para recrear en el Gran Apartamento de Versailles aquella deslumbrante decoración de tiempos del Rey-Sol con sus preciosas piezas de colección. Incluso el Palacio del Kremlin participó activamente, aportando hermosas piezas de plata maciza procedentes del Tesoro de los Zares de Rusia. Pero fue la reina Margarita II de Dinamarca quien aportó el grueso de aquella muestra, coincidiendo con el cierre temporal del castillo de Rosenborg. Fue cosa hecha el 12 de diciembre de 2007, cuando se inauguró por vez primera la exposición de aquellos tesoros, compuesta por 200 piezas en plata maciza, en el suntuoso marco de Versailles, dando cuerpo a un viejo sueño del equipo de conservación del museo, bajo la dirección de Béatrix Saule, conservadora-jefe de Versailles y de Trianon.

"La Residencia", de Ignacio Goitia. Pintura acrílica sobre lienzo, 2008.
"Llegada a Viena", de Ignacio Goitia. Pintura acrílica sobre lienzo, 2008.
"Salón de Caza", de Ignacio Goitia. Pintura acrílica sobre lienzo, 2008.
"Visita al Walhalla", de Ignacio Goitia. Pintura acrílica sobre lienzo, 2008.
"De compras por el Estado Mayor", Ignacio Goitia 2001.
"Le Cocktail qui tue" (el cóctel que mata), Ignacio Goitia, 2007.